domingo, 28 de julio de 2019

SOLIDARIDAD - MEMORIA - REBELDÍA

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De la desaparición y asesinato del compañero Santiago Maldonado aún quedan marcas en las calles de muchas ciudades. Afiches a medio arrancar, pintadas, esténciles y, aunque ya pasaron dos años, se nos sigue queriendo convencer de que “lo de Maldonado ya pasó”. Pero no, ahí están presentes sus más cercanos con el recuerdo de su sonrisa intacto. También siguen las luchas por su memoria –aunque con menos intensidad–, así como el conflicto mapuche donde cayó en combate y la lucha por la justicia que emprende su familia y organismos de derechos humanos.

Si bien en la masividad y en lo mediático ha quedado relegado, no sucede así para muchos compañeros y compañeras que hemos continuado realizando una acción constante por la memoria de Santiago y de todo lo ocurrido, con infinidad de actividades y materiales de difusión.

La solidaridad en torno al conflicto mapuche en Cushamen, el encarcelamiento de Facundo Jones Huala y el asesinato de Santiago Maldonado. La posterior recuperación en Lago Mascardi y el asesinato de Rafael Nahuel, pusieron sobre la mesa varios aspectos de la lucha que, aunque nada nuevos, parecían haber quedado en el olvido por esta región: la acción directa, la autonomía, la capucha, el piquete, la crítica del Estado, la democracia y la propiedad privada.

Para muchos de los que defendemos y no hemos abandonado esa perspectiva de lucha, significó un punto de encuentro, una actividad común en muchas ciudades. Es decir, una lucha en común con una perspectiva común. Esto fue posible, incluso en la distancia geográfica, por un lado, por la persistencia y permanencia de grupos y personas que no se dejaron llevar por la avalancha ciudadanista y reformista que barrió con la gran mayoría de los que se han denominado movimientos sociales. Por el otro, gracias a las expresiones de ruptura que reaparecen constantemente en el seno de nuestra clase, sobre todo en los momentos de lucha donde todo se tensiona.

Estos álgidos momentos nos dan una bocanada de aire fresco frente a la sofocante normalidad. Nos permiten poner en práctica las reflexiones de luchas pasadas, así como obtener otras nuevas. Nos permite encontrarnos, conocernos y reconocernos.

Consideramos necesario hacer una reflexión crítica sobre las luchas, coordinaciones y comunicaciones que se dieron en estos dos años. Evidentemente la dificultad de ello radica en la extensión y diversidad de este proceso. Por eso, si bien abordamos lo que conocemos más de cerca por haberlo realizado, también creemos necesario referirnos a esa acción común que, aunque descentralizada geográficamente, comparte una sensibilidad y una proyectualidad. Trataremos de asumir un compromiso profundo, intentando no ser voceros de nadie, pero hablando desde un “nosotros” más amplio, ya que nos asumimos parte de la lucha de otros tantos compañeros en distintos lugares del territorio.

Reflexionar sobre la lucha es inseparable de la misma. No son dos momentos, se trata de una acción conjunta, un movimiento común y continuo.

¿Qué características tiene la lucha por la memoria y la verdad que no pide justicia al Estado? ¿Cómo continúa la lucha antirrepresiva? ¿Qué lecciones sacamos tras dos años de coordinaciones más amplias? ¿Cómo sigue la lucha en las comunidades mapuche? ¿Qué proyectualidad tiene la lucha por y más allá de Santiago?

MEMORIA
La tortura y la desaparición ha sido y sigue siendo un método común del Estado en cualquier rincón del planeta. En esta región, la noción de “desaparecido” tiene su sensibilidad particular debido al plan sistemático de desaparición, torturas y apropiación de bebés que llevó adelante el Estado argentino, entre otros países, en los 70.

La desaparición de Santiago movilizó miles de personas en todo el país. Luego están los usos políticos de aquello, pero incluso en esos usos no se puede negar la sensibilidad que el accionar de la burguesía y su Estado causó.

Nos preguntábamos por qué salió tanta gente si como decíamos una desaparición no es algo extraordinario, mucho menos en el sur del país y de un hombre en ese rango de edad.(¹) Pensábamos que puede ser porque esta vez le tocó a un chico blanco de Buenos Aires… quizás, pero tampoco hay que olvidar que desde un comienzo las amistades, afinidades y complicidades, incluso a nivel internacional, que fue creando el Lechu a lo largo de sus viajes no son poca cosa, y tampoco es poca cosa la visibilización que le dio su familia, más precisamente sus hermanos, desde un comienzo.

Estuvimos en las calles, en las plazas, en las rutas, en las casas, en los espacios compañeros, agitando, llorando, organizándonos. Hoy a dos años queremos profundizar y ver algunas particularidades.

Parece una diferencia sutil, pero hay una divergencia sustantiva entre la consigna de “Aparición con vida” (y las posteriores que hacían referencia a hacer memoria y continuar la lucha), y aquella que preguntaba “¿Dónde está Santiago?”, así como posteriormente la de “Justicia por Santiago”. 

Para quienes vamos por lo primero no es fácil. No es fácil convocar a manifestaciones donde no se pide nada a nadie. Pero eso no significa que no sirvan para nada. El lenguaje político quiere hacer creer que si no hay diálogo con el Estado no hay nada, que fuera de las lógicas estatales no hay nada. Pero hay, y mucho, y no solo mucho sino rico y diverso. Nos embroncamos, sufrimos y reímos juntos y no aislados, fuera del espacio privado donde está legitimado mostrar los sentimientos, irrumpimos en la normalidad de las ciudades, nos organizamos fuera (y si es posible contra) partidos y sindicatos, en nuestra propia práctica proponemos una manera diferente a la establecida de llevar adelante una lucha.

Podía parecer raro convocar movilizaciones, jornadas y escraches, donde nos cuidábamos entre todas las personas presentes, coordinando en situaciones de urgencia, sin siglas, sin aparatos detrás, sin venderle nada a nadie. En fin, se trata de organizarse de forma diferente porque se busca algo diferente. No tendría sentido un cambio en los modos organizativos para tener la misma finalidad que una organización política, sindicalista o de derechos humanos.

¿Qué puede responder la democracia frente a quienes siguen gritando hace décadas “Ni olvido ni perdón”? ¿Qué pueden aportar los defensores de lo existente a “Terrorista es el Estado”? Nada. Como no podían responder frente a quienes clamaban hace décadas “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Como desde los despachos estatales no podían dar respuesta a “Aparición con vida de Santiago Maldonado”.

¿Qué puede proponer la democracia con respecto a los desaparecidos, a los rebeldes que ella misma ha decidido eliminar? Si la movilización social aprieta, sus representantes pueden salir a hacerse los acongojados por las pantallas o constituir una comisión investigadora que en nombre del pueblo constate que ya se los asesinó; anunciarle a la nación que ya no vale la pena seguir peleando pues ya nada se puede hacer; transformar la incertidumbre general acerca del destino dado a los luchadores sociales en certidumbre oficial de que fueron asesinados, es decir, oficializar la muerte que el propio brazo armado de la democracia ha ejecutado.

En algunos casos se reprimió y se reprime abiertamente a quienes pelean por sus presos, por sus desaparecidos; en otros se los reprime de una manera más sofisticada, o menos violenta, pero la finalidad es la misma: evitar la verdad.(²) Se logra entretener a quienes luchan, se movilizan en las calles o simplemente son movilizados emocional y activamente, con la esperanza en juicios, con consignas reaccionarias, como todas las que le piden al Estado, es decir al enemigo mismo, que juzgue a los culpables. Es como pedirle peras al olmo, ¡es exacta y literalmente pedirle al asesino que se declare responsable de asesinato y se autopenalice por el mismo!

Claro que la correlación de fuerzas es desfavorable para quienes estamos fuera y contra el Estado, así como para todas las personas que saben que el Estado es terrorista pero piensan que “ahora no se puede hacer nada”… ¿Y cuándo se podrá hacer algo? ¿Cuándo tendremos la correlación de fuerzas a favor para imponer la violencia proletaria frente a los asesinos y torturadores si seguimos canalizando nuestras fuerzas en las vías legales y en la esperanza estatista?

Toda la historia de la lucha de nuestra clase muestra que somos fuertes cuando actuamos por nuestra cuenta, cuando el proletariado rompe con todas las instituciones democráticas, cuando coordina, se centraliza e impone su insurrección.

Cuando existe una enorme energía proletaria contra los torturadores y asesinos, el Estado de cualquier país hábilmente busca canalizarla hacia adentro del marco institucional, es decir, hacia el propio Estado, hacia los dirigentes de la oposición, de la izquierda. Busca hacerlo con compañeros, con familiares e incluso con los sobrevivientes de su propia represión.

En épocas como esta, el gobierno argentino de turno frente a la debilidad del proletariado en lucha y frente al silencio y la complicidad del resto del proletariado, no necesita ni siquiera encarcelar al último eslabón de la cadena de dominación: el asesino que aprieta el gatillo. Inclusive se da el gusto de felicitarlo, como en el caso de Chocobar, o de celebrar este nuevo 1° de agosto con la apertura de inscripciones al Servicio Cívico Voluntario para jóvenes de 16 a 20 años que impartirá, justamente, la Gendarmería Nacional.

Se nos dirá que es gracias a la lucha que se avanza en la investigación, que algunos milicos asesinos se encuentran en prisión, sean los asesinos de Santiago o de Rafael. Y estamos totalmente de acuerdo, pero si los meten en cana no es precisamente para que la lucha siga y sea cada vez más potente sino, por el contrario, para que la lucha cese. La razón por la que algunos obedientes asesinos van presos, esos soldaditos reemplazables que no son individualmente esenciales para el buen funcionamiento del Capital, es para que no vayan presos los administradores y gestores de la muerte y la miseria. Mejor dicho, para que nosotros no vayamos directamente contra ellos.

Notas: 
1. Según el archivo de Correpi (Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional) del año 2018, el Estado argentino asesina a una persona, en promedio, cada 21 horas. Siendo la amplia mayoría hombres de entre 15 y 35 años de edad.

2. A dos semanas de la desaparición de Santiago ya era evidente que la represión no vendría solamente de las fuerzas del Estado. «Otro tipo de represión y censura más sutil ha sido la ejercida por los medios masivos de comunicación que responden al oficialismo y a la oposición misma. La década ganada del kirchnerismo se erige sobre la derrota de los movimientos sociales. Estos últimos años la movilización social ha sido reprimida abiertamente o reprimida asimilándola e institucionalizándola; en fin, ha sido democratizada. (…) Y todo aquel que se salga de las urnas y los petitorios, que tome la lucha directamente por sus propios medios será motivo de burla, cuando no, acusado de infiltrado o desestabilizador a sueldo para alguna fracción burguesa.» (La otra represión en La Oveja Negra nro.49, agosto de 2017)

Aparición sin vida...
No hay lucha sin pasión, no hay lucha sin identificación de lo que consideramos el enemigo. Desear la muerte no es, obviamente, sinónimo de emancipación. Sin embargo, rehusarse a la violencia, y rechazar de antemano la violencia incluso verbal o nuestros deseos más agresivos, es renunciar a la lucha. La cual no puede reducirse a una simple venganza.

Es cierto que nuestro enemigo es un sistema social y no simplemente los jefes, ejecutivos, expertos o la policía que ponen a su servicio. Un punto fuerte de los movimientos sociales reformistas, incluso los que se presentan como más autónomos o revolucionarios, es reducir el capitalismo a la policía o a un puñado de ricos, a sus abusos y su mala gestión.

Al igual que en el caso del fetichismo de la mercancía, la relación social se presenta entonces como una cosa, encarnada a veces por una persona gorda con galera y fumando un puro, vieja caricatura del burgués de hace más de un siglo. El mantenimiento de la agresividad en contra de estos personajes ayuda a desviar las críticas hacia una vía muerta: atacar a la burguesía en cuanto individuos y no por su función.

Si bien nuestro objetivo es el Capital y no el capitalista, no es menos cierto que las relaciones sociales capitalistas no existen en el plano de las ideas sino en el terreno humano. No ver en un gendarme sino un gendarme es una ilusión óptica. Al igual que no ver en una ministra de seguridad del Estado sino una ministra de seguridad del Estado. No señalar a los responsables directos de la represión con el pretexto (exacto por cierto) de que los mismos no son sino un engranaje en un conjunto que los supera, equivaldría a ver la sociedad como un todo sin poder abordar una parte de esta totalidad. Despersonalizar la historia, es renunciar a actuar. No detestar a los que nos explotan y reprimen lleva a la peor de las resignaciones, en el mejor de los casos a la reforma. Quien no conoce o no se atreve a experimentar un rechazo hacia aquellos que le oprimen, no va a cambiar nunca muchas cosas. Sin embargo, quienes se quedan simplemente en las figuras, en los “responsables políticos” (especialmente cuando no son del gobierno de su agrado) tampoco.

Decir que “a Santiago lo mató el Estado y el Capital” no tiene nada que ver con los intentos de desresponsabilizar a los asesinos tal como cuando Clarín publicó en su tapa «La crisis causó dos nuevas muertes» ante la ejecución policial que terminó con las vidas de Maxi Kosteki y Darío Santillán en junio del 2002. Expresiones como la primera buscan criticar la forma de sociedad que permite a los asesinos actuar, mientras que el recordado titular no fue más que un intento por encubrirlos para, por el contrario, salvaguardar el orden existente.

SOLIDARIDAD
Durante todo el tiempo que el Lechu estuvo desaparecido, mientras se señalaba el carácter terrorista del Estado y del Capital, había que escuchar las mierdas más reaccionarias, las mentiras de Clarín, Infobae o La Nación. En esta sociedad en lo que todo debería hacerse por dinero no se concibe nada fuera de ello. En aquellos momentos se escuchaba sin cesar que los manifestantes eran pagos y que ¡hasta la familia de Santiago recibía dinero a cambio de la búsqueda! Al mismo tiempo, había que combatir la recuperación y el uso político que “por izquierda” se estaba haciendo del compañero.

Cuando su cuerpo fue plantado en el Río Chubut y “apareció”, esto último quedó bien claro, al menos para nosotros en Rosario. En plena noche, los oportunistas de los partidos políticos que emplearon la figura de Santiago, aprovecharon para sacar sus banderas a la calle en plena veda electoral, para seguir haciendo campaña electorera pese a la ley que ellos mismos defienden. No se veía nada reivindicando al compañero, ni carteles ni consignas, solo banderas partidarias. Quisieron incluso hacer una conferencia de prensa en plena plaza para seguir con su miserable campaña.

El “apoyo” de partidos y sindicatos no tiene nada que ver con la solidaridad que buscamos practicar. No se trata de adhesión, sino de cohesión. No se trata de apoyar, sino de ser parte. Santiago era de esos solidarios, y por eso estaba con los compañeros mapuche.

Solidaridad significa también comprender, respetar, defender, confiar. Eso fue lo que nos tocó hacer desde nuestras ciudades a muchísimos compañeros y compañeras. Desde el primer momento defendimos la versión de los mapuche rebeldes, y comprendimos su punto de vista respecto de la intervención de la Justicia en el territorio recuperado con sus allanamientos disfrazados de rastrillajes. También nos tocó defender al Brujo anarquista y luchador frente a las versiones de la opinión pública.

En el acto masivo del 11 de agosto su hermano Sergio leyó el texto «Hola querida población» escrito por Santiago. Para las personas que desconocían fue quizás la primera oportunidad para tomar noción de quién era él. Así y todo, incluso algunos bienpensantes sostuvieron hasta el hartazgo que las canciones de Santa Blasfemia (su proyecto de rap) que circularon posteriormente, donde insultaba y se burlaba de autoridades políticas y eclesiásticas, eran toda una operación mediática para “desprestigiar al inocente artesano”. Por varios rincones muchos seguimos (y seguiremos) ampliando su voz. Pero la voz de un compañero, no la voz de un mártir, ni de un ídolo. Por las oscuras circunstancias es difícil, pero a la vez necesario, tomar conciencia de esto, que la solidaridad no significa una relación acrítica con quien uno se solidariza.

Podríamos señalar lo mismo sobre la solidaridad con las comunidades mapuche en lucha. La solidaridad a la que hacemos referencia, como decíamos, no tiene que ver con la pasividad, con ayudar a los que luchan, sino luchar con quienes luchan. No tiene que ver con la caridad, ni con la lástima, la solidaridad tiene que ver con reconocernos en los compañeros como desposeídos y proletarios en lucha, reconocernos como parte de una misma clase, y aportar en base a las condiciones y posibilidades concretas, que también se fueron desarrollando en la lucha y que difieren de las que tienen los compañeros mapuche. Mucho menos tiene que ver con un ideal exotista, que nos lleva a solidarizarnos con lo que se nos presenta como raro y alejado. No es esa distancia geográfica y cultural lo que nos acerca sino su lucha contra la propiedad privada y su resistencia ante la represión estatal.

A lo largo de estos años fue muy recurrente la cuestión de la identidad originaria o “lo mapuche” como una especificidad incómoda de abordar. Cuando expresábamos la solidaridad desde una perspectiva común de lucha radical, se escucharon ridiculeces como que “influenciar” a los mapuche sería neocolonialista, como si estos fuesen algo puro y como si los no mapuche estuviésemos infectados de algo. Esa mentalidad democrática no busca respetar a los mapuche en lucha, sino respetar a todas las expresiones por igual, en tanto “pueblo oprimido”. En realidad, es una justificación para no luchar junto a los rebeldes y para no reconocer la existencia de dos clases antagónicas.

También escuchamos de manera recurrente lamentos porque “no se hizo lo mismo por Rafael que por Santiago”. Recordemos que no fue lo mismo agosto que noviembre de 2017, así como recuperar tierras a Benetton no es lo mismo, socialmente, que a Parques Nacionales, ni un asesinato lo mismo que un desaparecido. Por otra parte, si las luchas de recuperación de tierras por parte de los compañeros mapuche fueron ampliamente ninguneadas durante los reclamos por la aparición de Santiago ¿por qué eso de un momento a otro cambiaría? Tenemos que exigir al movimiento social, por más difuso que sea, de acuerdo a lo que efectivamente hace y no a lo que suponemos que, moralmente, debería hacer.

A su vez, solidarizarnos con un conflicto latente, defendiendo ciertas prácticas y acciones, no significa tener que replicarlas en lo inmediato. No puede significar una imitación descontextualizada. En esta zona plagada de soja y veneno, por ejemplo, la recuperación de tierras deberá tomar, evidentemente, otras formas. Tampoco es necesario un éxodo urbano hacia zonas en conflicto o una identificación con lo originario como única forma posible de radicalidad.

Quienes no somos mapuche, sino nietos de inmigrantes de cualquier rincón del planeta, mestizos, mezcla de inmigrantes e indios, no debemos olvidar que también somos desposeídos, que nuestros ancestros fueron separados de sus tierras, de sus formas de vida y de producir, que fueron llevados a ciudades y barrios marginales por el desarrollo capitalista.

Nos une ese pasado de desposesión y la certeza de que la humanidad precedió al Estado y al dinero, a la propiedad privada y la avaricia. Esas son nuestras raíces comunes y por lo cual nos sentimos parte de una misma clase sin patria. Comprendemos y gozamos nuestras diferencias sin por ello suponer que una identidad particular sea una premisa necesaria para luchar. Si no podemos volver a nuestras raíces originarias, sí podemos atacar la raíz de la dominación actual.

Por algún tiempo, situamos la solidaridad con Santiago y la lucha mapuche en el centro de nuestra práctica, aunque comprendiéndola siempre como un aspecto inseparable de una lucha total. Es por esto que queremos ahondar también en las probables derivas que socialmente pueden traer luchas específicas donde prima lo inmediato frente a lo global.

Por ejemplo, seguir los mismos procedimientos campañistas del marketing electoral, de la “movilización social” parcial, dependientes de la política o del clientelismo, pero separados de sus motivaciones iniciales. ¡A tal punto que en algunas ciudades los “organizadores oficiales” les negaron la palabra a voceros mapuche pero sin dejar de intentar sacar su tajada a costa de ellos!

Reproducir simplemente por herencia política o imitación pasiva los gestos y consignas, los modos de organizarse y reflexionar porque “es lo que hay” es lo que justamente queremos combatir. Claro que no podemos esperar que de un día para el otro se rompa con la pasividad social que nos ha traído hasta acá. Pero sí podemos desenmascarar una serie de rituales y procedimientos rutinarios que sirven principalmente para constituir una identidad colectiva supuestamente rebelde, más aparente que real. Que sirven más para hacer política partidaria, legalista y por tanto defender lo existente, que para superarlo. Nos referimos concretamente a las multisectoriales, a los actos masivos con pliegos vacíos, a las marchas infinitas y con una impronta pacifista, a la “militancia” en las redes sociales, así como a las campañas de difusión donde prima lo cuantitativo (“llegar a más gente”) frente al contenido.

La represión y desaparición de las que hablamos surgen en condiciones específicas que las hacen posibles: la legitimidad de las fuerzas armadas, la capacidad del poder económico de afirmar sus intereses por sobre todo lo imaginable, un montaje jurídico y mediático inédito, es decir, el modo capitalista de producción.

Entonces, aunque se hubiese cumplido nuestro anhelo de ver a Santiago con vida, sentimiento que perdura en muchos corazones, esas condiciones seguirían intactas. De aquí la necesidad de luchar contra todas esas condiciones sin poner en el centro una sola razón, injusticia o persona. Lo que a su vez sin movilización y, sobre todo, sin reflexión es algo imposible de conseguir.

Se hizo muy poco por desafiar a las leyes y tribunales, y mucho por demostrar las operaciones estatales asesinas y los montajes criminalizantes sobre lo ocurrido. Esto fortalece el concepto de víctima, o peor aún, la idea de que el problema es un gobierno y no los gobiernos.

En términos generales debemos reflexionar críticamente: ¿Por qué existe semejante confianza ciega en las instituciones estatales? ¿No es acaso el común denominador de las dos luchas más masivas de los últimos años (por Santiago Maldonado y por el aborto legal) el reclamo al Estado, el reclamo de leyes, de fortalecer el aparato jurídico y a la vez representativo de la democracia?

REBELDÍA
En los momentos decisivos es preciso hablar sin pelos en la lengua sobre la necesidad de una crítica radical en hechos y en palabras, sobre la relación con la totalidad que esconde cada “injusticia” particular. En los tristes días de septiembre, cuando su foto estaba recorriendo tímidamente el mundo decíamos: «La desaparición de Santiago, la cárcel de Facundo y la represión al movimiento mapuche son parte de una totalidad, de un conflicto violento, histórico y social que excede a los mapuche, un conflicto entre la vida y el capitalismo, imposible de ser resuelto al corto o mediano plazo.»

Son las debilidades, las dudas y las insuficiencias de aquellos momentos de lucha colectiva, las que nos incitan a continuar regenerando los esfuerzos rebeldes y seguir levantándonos contra la opresión. Claro, no es posible sugerir en cada contexto diferente cómo responder a la agresión, que se tome tal o cual forma de acción práctica.

Aprendimos que parte de la lucha es siempre intentar que la voz de nuestros compañeros y la lucha revolucionaria sean colocadas en el centro. No banderío, no política, no personalismo sino, por respeto y por necesidad, que su palabra se escuche.

También comprendimos que es en el desarrollo del conflicto donde es posible descubrir o ampliar nuestros medios de acción, intentando superar el lenguaje de la conciliación y las peticiones respetuosas para con los explotadores y opresores.

Esto nos empuja a pensar también en un futuro no muy lejano. ¿Es posible coordinar a mayor amplitud tales acciones? Que dichas acciones converjan en un mismo objetivo específico, como ocurrió por ejemplo en la lucha de estos dos años, proclamando sus fines revolucionarios en todo momento y multiplicándose con el tiempo ¿es esto suficiente?
Independientemente de si un objetivo preciso se haya alcanzado o no, ¿se verá que una lucha revolucionaria activa ha reaparecido, y se reconocerá y se conocerá a sí misma? ¿De qué modo, se iniciará un movimiento general, que podrá coordinarse mejor y alcanzar una gama de objetivos cada vez mayor?

Consideramos, por lo pronto, que es necesario seguir apostando a la necesidad de revolución, que es posible accionar sobre un tema particular sin perder de vista lo global. Pero es necesario criticar cuando esto no sucede, como los rasgos masivos de la lucha por Santiago. Recordemos una vez más cuando de la exigencia “Aparición con vida…” se pasó a la pregunta “¿Dónde está…?” No son procesos del todo conscientes para quienes participan de las movilizaciones muchas veces de manera genuina y desinteresada, pero sí dejan en evidencia la conciencia ciudadana y la ideología dominante que los determinan. La primera consigna clama por un compañero con vida, la otra por un dato. Una quiere arrancarle al Estado una persona secuestrada, la otra plantea una conversación, quiere información. Como decíamos antes, una vez aparecido el cuerpo, pareciera que solo queda bregar por justicia. Pero para nosotros se trata de otra cosa completamente diferente.

Desde el boletín La Oveja Negra insistimos con una frase de un rap de Santiago: «Aquí y ahora la lucha continúa». Una manera de afirmar la vida y la lucha contra la muerte, contra su muerte. Una manera de afirmar que era además un luchador. Sin embargo, ese «aquí y ahora» también remite a cierto “inmediatismo” que evidentemente es muy propio de nuestra época, no reprochable ya que la realidad es a menudo desesperante. Pero esa inmediatez, si se vuelve permanente y excluyente de otros tiempos para actuar, hace que las posibilidades de intervención reales sean prácticamente nulas, o que remitan simplemente a un desahogo individual o grupal, lo cual no es poco pero no es suficiente para transformar la realidad. Y así, a fuerza de voluntarismo, se llega voluntariamente a la frustración, la desesperanza o la imposibilidad de un cambio social.

Porque el activismo sin perspectivas es pasividad, y la pasividad es la normalidad del Capital. No nos autoengañemos reduciendo la lucha a un solo aspecto del capitalismo: mostremos a cada instante nuestra relación viva con la totalidad del antagonismo de clases y con su historia. Limitar nuestra acción únicamente a un momento del todo social, sin plantear claramente nuestro objetivo que es el fin de la sociedad de clases, sería cavar nuestra propia tumba.

Quien haya participado en las presentaciones del libro Wenüy o haya oído algún audio de Temperamento, o leído algunos números del boletín, sabe que nuestro punto de partida es la necesidad de revolución, aunque esté pasado de moda. La lucha revolucionaria por destruir aquello que impide una vida radicalmente distinta.

Sin entrar en un estado de fascinación por cualquier lucha o cualquier cosa que se le asemeje, es importante advertir por qué se lucha, para qué se lucha y cuáles pueden ser las consecuencias de luchar. Son preguntas que en la exaltación competitiva y guerrera tan en sintonía con la razón dominante de estos tiempos capitalistas quedan sin formular, pues lo importante parece ser “dar pelea”, “salir a la calle”, aunque esto signifique solicitar el mantenimiento del actual estado de cosas.

Sea en el caso de la valentía mapuche, del solidario Santiago o del luchador anónimo de cualquier parte, la exaltación de la lucha sin preocupaciones por el cómo o el porqué, a veces se nos pinta como una virtud frente a la aparente quietud del momento, como algo rebosante frente al aparente vacío de la vida cotidiana.

Si hoy estamos hablando de esto es porque no estamos proponiendo esperar, “tomar conciencia” y recién así entrar en acción. En los hechos nada sucede así. El contenido social de una lucha puede radicalizarse en la misma práctica, con aciertos y con errores, con experiencias cercanas y lejanas (en tiempo y espacio), con los balances necesarios. También se puede hacer una apología de la conflictividad o de la valentía evitando dirigirse hacia los objetivos necesarios. No es nuestra intención, lo urgente no es lo que los oportunistas nos presentan como “lo posible”, lo urgente es ir más allá de lo existente, comprender el conflicto y la valentía en una lucha global contra el estado de cosas.

La lucha contra el capitalismo es comenzar a romper con la lógica que nos impone a los oprimidos. Más allá de cuestiones necesarias como el uso de la violencia y los gestos simbólicos, la visibilidad y lo fácilmente reconocible, debemos prestar atención a que la posibilidad de terminar con esta sociedad mercantil generalizada incluye también momentos menos fotografiables, ceremoniales o catalogables que son imprescindibles. Muchas veces lo que está en movimiento no sale en la foto o no llega a comprenderse.

No llamamos a hacer abstracción de nuestras debilidades, sino justamente a visibilizarlas para superarlas colectivamente. Este, como tantos textos y reflexiones revolucionarias, no fue escrito para ser enseñado de manera pedagógica según los dictados escolares o expuesto de manera utilitaria, funcional y eficientista según las leyes del mercado. Esto no es una mercancía ni un objeto de estudio, solo es accesible a través de la puesta en común, de la implicación que no se reduce al grupúsculo o al culto a lo identitario sino al todo social.

Esperamos haber brindado elementos para la reflexión y el debate.

¡SANTIAGO PRESENTE! ¡TERRORISTA ES EL ESTADO!

A Santiago intentaron desaparecerlo dos veces: primero Gendarmería el 1° de agosto de 2017 tras la represión del corte de ruta en el que estaba participando, y luego otros que, aun hoy, ocultan su lucha, su vida. Santiago era una persona sensible, anarquista, un rebelde cuyos escritos y rapeos hablan tan fuerte que el viento no los lleva. Agita y nos conmueve, contra el papa, los presidentes, los megaproyectos, contra el progreso y el orden existente.

El compañero buscó una vida fuera de lo establecido, se solidarizó con los presos, luchó en las asambleas y barricadas de Chiloé contra las salmoneras, cortó la ruta 40 por la liberación de Facundo Jones Huala y en solidaridad con los mapuche en lucha.

¡Santiago presente! ¡Terrorista es el Estado!


** En esta edición hemos vuelto a difundir, luego de dos años, «Hola querida población». Texto de Santiago leído en la movilización masiva del 11 de agosto por su hermano Sergio.

ACTUALIDAD DE LA LUCHA MAPUCHE

En los territorios del sur, tanto a un lado como el otro de la Cordillera, a pesar de las balas, las persecuciones y las instancias judiciales, las comunidades mapuche que se han plantado contra el Capital continúan su resistencia.

Pilmaiquén
La defensa del río Pilmaiquén, al sur de Chile, entre la región de Los Lagos y De los Ríos, es un largo conflicto contra la empresa noruega Statkraft que pretende construir un gran complejo hidroeléctrico inundando espacios vitales, naturales y sagrados de las comunidades. Fue a raíz de este conflicto que el Estado chileno pidió la extradición y cárcel de Facundo Jones Huala, quien participó de algunas acciones allí, desencadenando todo lo que vino después.

En este marco, el 30 de junio del año en curso, se recuperó el fundo Carrimallín para evitar el inminente inicio de las obras. Los rebeldes fueron desalojados entre el 6 y el 7 de julio, tras balazos, gases e incendios. No dándose por vencidos, y aun frente al hostigamiento constante de las Fuerzas Especiales de Carabineros, reingresaron al fundo el día 11, manteniendo la recuperación hasta la fecha. Se puede contactar con ellos y seguir los acontecimientos a través de Facebook: Red de Apoyo A La Resistencia Del Pilmaiquén.

Un nuevo crimen de Estado
Este 19 de julio de 2019, por la madrugada fue asesinado Lemuel Fernández de 26 años, en la localidad de Tranaquepe, de la comuna de Tirúa en Chile. Un burgués local disparó el gatillo. Cuando sus familiares y compañeros se acercaron a recuperar el cadáver fueron reprimidos por Carabineros.

La comunidad María Collipi de la que Lemuel formaba parte había denunciado, en ocasiones anteriores, hechos de violencia, militarización, persecución y violencia. Se encuentran en recuperación de un fundo de la región desde 2018.

El mismo viernes por la noche se realizó una marcha en Santiago de Chile que terminó en disturbios y barricadas.

Costa de Lepá
El 13 de julio se hizo pública una nueva recuperación territorial en el Departamento Cushamen en Chubut, a la vera del río Lepá. En un paraje ubicado 67 kilómetros al norte de Esquel, la medida de fuerza se sitúa en tierras usurpadas por el Estado en 1948 y regaladas a estancieros locales.

Dicen los compañeros: «Al Pueblo Nación Mapuche, a la opinión pública en general. La comunidad Newentuaiñ Iñchin declara: 

Kiñe: reunidos en trawun la comunidad decide reafirmar sus derechos territoriales sobre las tierras comunitarias del lof.

Epu: llevamos adelante esta acción en base a la ocupación tradicional de las tierras a la vera del río Lepá, agotadas todas las instancias legales y burocráticas y ante la negativa del Estado de sostener un diálogo político serio que tienda a la restitución de las tierra sagradas y productivas que ancestralmente pertenecen al pueblo mapuche-tehuelche.

Kula: como pueblo originario nos vemos en la necesidad de reconstruir nuestra forma de vida en equilibrio con la naturaleza y los nien que la habitan. Junto al renacimiento de nuestras autoridades espirituales y filosóficas, llevamos a cabo la recuperación de espacios sagrados ceremoniales.

Meli: para un real ejercicio de nuestra autonomía y autosustento es indispensable el retorno a los territorios de los que fuimos despojados.

Hacemos un llamado a pu peñi, pu lagmien, pu huenuy y a la sociedad consciente a acompañar y difundir este proceso.

¡¡¡Marici weu!!! ¡¡¡Marici weu!!! ¡¡¡Marici weu!!!»

Inmediatamente el Estado acusó a los mapuche de tener secuestrado un peón de la estancia, cuestión que fue desmentida por la propia policía. También la comunidad avisó al estanciero Pintos que no se lo dejaría ingresar.

Mientras terminamos de escribir esta edición del boletín, el 22 de julio, compañeros del sur nos alertan de la llegada de las fuerzas del orden a la recuperación territorial de Costa de Lepá, el corte del camino más cercano a la comunidad para aislarla y un violento allanamiento. Las fuerzas policiales, fuertemente armadas, obligaron a los comuneros a identificarse. Luego se retiraron dejando la zona liberada para que Mario Pintos junto a otros terratenientes locales y matones armados hostigaran a la comunidad cerrando los caminos.

Facebook para más información: Lofcosta De Lepa Antieco 

Fentren Newen: Desde el lunes 1° de julio volvió al aire Fentren Newen, por FM Alas de El Bolsón. Recomendamos este programa realizado por compañeras y compañeros en lucha, que brinda información desde el territorio y comparte elementos de la cultura mapuche. Sale todos los lunes de 19:30 a 21:00 hs. Y también se puede escuchar por internet en fmalas.org.ar

LAZO EDICIONES, NUEVOS TÍTULOS

Rodrigo Vescovi desde Barcelona, retoma en Acción directa en Uruguay, 1968-1973, los principales acontecimientos del convulsionado periodo y las expresiones de ruptura en su seno. Insistiendo en que la historia de la lucha no puede limitarse a los aparatos, así como tampoco puede centrarse en los discursos y la palabra escrita. Los recuerdos de los propios hechos, las experiencias, los balances, los compañeros olvidados, ponen de manifiesto una combatividad ocultada por la izquierda del Capital.

El libro La reproducción de la vida cotidiana reúne, junto al ensayo que le da su nombre, algunos de los textos más notables de Fredy Perlman: El fetichismo de la mercancía, El persistente atractivo del nacionalismo, El antisemitismo y el pogromo de Beirut, Progreso y energía nuclear: la destrucción del continente y sus gentes y Diez tesis acerca de la proliferación de ególatras. Acompañados de una introducción escrita por su compañero David Watson para el lector en español, nos adentramos en el pensamiento de este autor que fue más allá de los fuertes dogmas de su tiempo para abordar de manera radical problemáticas centrales de la sociabilidad capitalista. 

Miguel Amorós nos relata en Los situacionistas y la anarquía, el recorrido de estos grupos radicales hasta la inminente revuelta del 68, a través del examen de una ingente correspondencia, folletos, publicaciones, ediciones críticas y conversaciones con sus protagonistas. En el transcurso de los encuentros y desencuentros recogidos en este libro, realiza una radiografía definitiva de la diversidad de enfoques en el complejo universo libertario y de su relación con los situacionistas en Francia, así como en Gran Bretaña y los Estados Unidos. Asimismo, a través de este recorrido se puede comprender no solo la ocasión política que se gestaba ante aquella ebullición social, sino los conocimientos históricos, antecedentes ideológicos, debates en curso y organizaciones formales que podían recoger el guante de la revuelta.

En julio del 2013 editamos nuestro primer libro, Barricadas en Barcelona, han pasado ya seis años de esfuerzo, constancia y cariño por compartir y difundir textos que nos parecen importantes. Libros que de una u otra forma hacen presente la necesidad de cuestionar desde la raíz el funcionamiento y desarrollo del orden social capitalista y el dominio represivo del Estado, manteniendo viva la memoria y perspectiva revolucionaria.
 
Hace seis años decíamos que «publicar un libro excede a la sencilla pero apasionante lectura —considerado el acto individual por excelencia. Desde su concepción, el libro es un modo de comunicar e incluso de intervenir en la vida social. Estrechando lazos entre personas conocidas e incluso entre quienes jamás se cruzarán, sea por la distancia en el espacio como en el tiempo. Creando un lazo entre el lector y el escritor así como entre quienes han protagonizado la historia documentada y quienes simplemente la leerán.»... hoy seguimos tejiendo y estrechando lazos que hacen que este proyecto editorial sea posible y tenga sentido.

Tres nuevos títulos, con temas, sucesos y autores bien diversos, pero con la crítica radical y el compañerismo como elemento común invariante.

WENÜY SIGUE ENCONTRÁNDONOS

A poco de haber sido editado, este libro colectivo nos llevó por diversos lugares con una calurosa recepción por parte de muchos compañeros y compañeras. En enero dábamos cuenta de los primeros recorridos en el número 60 de La Oveja Negra. Las presentaciones continúan y las propuestas desde diversos lugares siguen llegando.

Luego de las primeras presentaciones realizadas por las sierras de Córdoba durante el mes de enero, hubo una más en la localidad de La Bolsa el 9 de febrero. El día 16 fue presentado en la Biblioteca Popular Chinaski de González Catán en el Gran Buenos Aires. Durante el mes de febrero se concretaron también las presentaciones patagónicas que habíamos anticipado, visitando las localidades de Puerto Madryn, Trelew, Playa Unión, Puerto Pirámides, Caleta Olivia, Trevelin, Esquel, Puerto Deseado, Neuquén, Senillosa, Cipolletti y Fiske Menuco (General Roca). Agradecemos a los compañeros que difunden Wenüy por la región y pedimos disculpas si nos olvidamos de nombrar alguna de las tantas actividades.

El viernes 12 de abril fue presentado en La Plata y el día 13 en Berisso en la hermosa Biblioteca Anarquista de La Ribera. Fue emocionante poder encontrarnos una vez más con compañeras y compañeros del Brujo.

Luego viajamos hasta La Pampa con tres presentaciones en General Pico, Santa Rosa y la pequeña localidad de Anguil, los días 11, 12 y 13 de mayo respectivamente. Allí fuimos acompañados con la música de Desobediencia Civil, banda de amigos del Lechu que se arrimaron desde La Plata.

El 1° de junio fue por partida triple. En Las Rosas, interior de Santa Fe, se realizó en el Centro Cultural Al Horno, una bonita actividad que incluyo también lecturas y teatro. En Capital Federal se presentó en el nuevo Ateneo Anarquista de Constitución. Y en Comodoro Rivadavia en el marco de la Feria del Libro Usado.

El 12 de junio participamos de una presentación-taller junto a los integrantes del Bachillerato Popular La Grieta en Pergamino. Localidad que ya habíamos visitado el 17 de marzo, hablando sobre el libro en el marco de una FLIA en la plaza Atahualpa Yupanqui.

En Rosario, el viernes 14 de junio Wenüy se hizo presente en la Biblioteca El Hormiguero.

Más allá de las fronteras impuestas, el día 26 de junio fue presentando en Santiago de Chile con una gran concurrencia. A su vez, se realizaron nuevas presentaciones en Madrid y Barcelona.

Durante agosto viajaremos a Paraná y Santa Fe los días 3 y 4 respectivamente. También estaremos en las cercanas localidades de Capitán Bermúdez el 9 y San Lorenzo el 30. Los días 23, 24 y 25 volveremos a Córdoba, con presentaciones en la capital y en el espacio compañero Catalina Clandestina de Laguna Larga. 


Desde su publicación en diciembre de 2018 el libro se ha difundido ampliamente por diversos ámbitos contestatarios y anticapitalistas en la región argentina y otros lugares del mundo, realizándose a la fecha más de sesenta presentaciones.

La primera impresión de Wenüy y su difusión, se financiaron principalmente desde el grupo editor, y los libros se distribuyeron a un precio bajísimo para alentar su llegada.

Hoy nos quedan solo algunos ejemplares y para poder volver a imprimirlo, así como seguir viajando para presentarlo, se nos hace necesario repartir el esfuerzo.

Por eso próximamente estaremos solicitando la colaboración con este proyecto, sea a través de donaciones, así como con la compra anticipada de libros para su distribución.

Agradecemos una vez más a quienes hacen posible este ejercicio de memoria rebelde. ¡La lucha continúa!

domingo, 30 de junio de 2019

LA PAZ Y EL ORDEN

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Aún quedan en las calles de Rosario algunos carteles de las recientes elecciones provinciales. «Ahora la paz y el orden» prometía el candidato ganador, un “peronista de ley”.

Todos los representantes de las diferentes facciones de la clase dominante consciente de sus intereses históricos, del “Partido del Orden” a lo largo de la historia y a lo ancho del planeta han estado de acuerdo. Hacia mediados del siglo XIX, con el surgimiento de los Estados modernos, la dicotomía Civilización y Barbarie se hizo carne de organización. El positivismo racionalista e higienista trazó una línea, acá lo civilizado: el trabajo, la escuela, la iglesia, los puertos, la ciudad, los edificios monumentales, en el campo las estancias como apéndice de todo aquello. Más allá lo bárbaro: “los indios”, las poblaciones rurales rebeldes. La inmensidad de la naturaleza como desierto hostil. Lo que es necesario, controlar, domesticar, atemorizar, y en ocasiones eliminar.

«Paz y Administración» dictaba el genocida Roca; «Pacificación de la Araucanía» que llevó adelante Cornelio Saavedra Rodríguez; «Paz y Orden» era el lema de Porfirio Díaz en México; «Orden y Progreso» reza la bandera del Brasil.

A principios del XX, ya con el Estado afianzado, esta dicotomía continuó pero invertida: con el surgimiento del proletariado organizado, la ciudad con sus barrios obreros llenos de mugre y conventillos sobrepoblados empezó a ser vista como corruptora y el campo y sus habitantes como lo cándido, reservorio de los más puros valores nacionales. Obviamente esto era falso, los peones rurales alzados en Santa Cruz y los obreros y hacheros rebeldes en Santa Fe no parecían muy dados al patriotismo… La clase dominante argentina hablaba del paso «de los malones indios, a los malones rojos».

Hoy los cinturones de miseria rodean las ciudades y los ex barrios obreros quedaron en decadencia. Las fábricas ya no echan humo, ya casi nadie tiene un trabajo para toda la vida. La desocupación, la precarización, la informalidad y la autoexplotación configuran hoy la vida proletaria. El mundo rural que nos rodea, más domesticado que nunca, es un enorme lote inhabitable, lleno de soja y veneno. El panorama ha cambiado, hoy la guerra de la Civilización contra la Barbarie es preventiva, contra la amenaza de un malón de pobres y hambrientos que la primera crea.

En el marco del año electoral, no es solo el gobierno de Cambiemos el que sigue apostando al “voto bala” y al “voto cárcel”, no son solo los reaccionarios de la unidad evangélico-católica o los nostálgicos de la Alianza Anticomunista Argentina. Cualquiera de los partidos democráticos que tengan una posibilidad real de ganar las elecciones debe prometer bala y cárcel, porque es lo que la mayoría del ganado electoral clama. Porque esa masa de explotados ha aprendido a naturalizar el robo sistemático y permanente de su vida y a horrorizarse por el robo de sus pocas pertenencias. Ante la violencia de “los choros” claman por el Estado, es decir, por el monopolio de violencia.

El Estado considera a su propia población como una amenaza. La seguridad interna y la defensa internacional se mezclan, el enemigo no es percibido como una potencia extranjera invasora, sino que estaría dentro. El método del enemigo interno, desarrollado por Francia en la guerra anticolonial en Argelia, es exportada a Latinoamérica en los 70. Solo que en la actualidad el enemigo trasciende la idea de un subversivo armado u organizado en una fábrica. Ahora serían directamente los pobres, organizados o no, a quienes controlar y eliminar.

«Todos los ciudadanos son iguales, pero algunos más que otros». Hay sectores de la clase explotada y oprimida que se llevan la peor parte: los jóvenes varones y desocupados de los barrios más pobres, quienes lideran desde hace años y ampliamente los casos de gatillo fácil y torturas a manos de las fuerzas estatales, los sectores pobres de las denominadas minorías sexuales y los miembros de comunidades indígenas, especialmente si resisten al Estado.

El decreto 683/2018, aprobado en julio del año pasado, permite la intervención de las Fuerzas Armadas en materia de la Ley de Seguridad Interior. Hablando claro, permite sacar los milicos a la calle ante las protestas sociales por el constante empeoramiento de las condiciones de vida, pero también les permite, y alienta, a movilizarlos a los territorios donde se llevan adelante diversas obras del Progreso como el yacimiento petrolífero Vaca Muerta.

Una guerra declarada

En septiembre de 2015 el entonces gobernador de Santa Fe, Antonio Bonfatti, recibió en Rosario a Elías Soae Freue, quien fue el encargado de organizar sistemas de seguridad con el involucramiento de los gobiernos locales, las fuerzas, y los vecinos. Desde 2008, Soae Freue trabaja con el Departamento de Cooperación Internacional del Ministerio Israelí de Relaciones Exteriores (MASHAV) en el asesoramiento a otros países para la concepción y consolidación de cuerpos de Policía Comunitaria, voluntariado vecinal, diseño de planes y modelos de prevención de violencia juvenil, deserción escolar y reinserción social de “jóvenes vulnerables”.

El gobierno provincial anunciaba descaradamente que «el programa Multipol es el mismo que fue empleado en Israel para generar un esquema de Policía Comunitaria en zonas conflictivas». Al respecto, Elías Soae Freue indicó que «este modelo fue implementado en ese país y en otras ciudades de Latinoamérica con resultados positivos». Pero ¿cuáles son las “zonas conflictivas” en Israel? Se trata lisa y llanamente de una fuerza de ocupación.

Santa Fe pionera e innovadora compró, literalmente, este modelo tres años antes de que Argentina firme su convenio con Israel. Ya en 2012, con la Ley de Emergencia en Seguridad bajo el brazo, la policía engordó con 4000 nuevos agentes, se instalaron las cámaras de seguridad que ya son parte del paisaje urbano y compraron dos carros hidrantes que esperan ser estrenados. A todo esto, hay que sumar que la cantidad de presos se duplicaron y no en relación al aumento del delito sino gracias a la gestión de seguridad que, prometían, traería paz, tranquilidad y orden a los vecinos.

Para febrero de este año se confirmó la instalación de una base de la DEA (Administración para el Control de Drogas, agencia del Departamento de Justicia de los Estados Unidos) en Misiones y en mayo la construcción de una “Sede de Ayuda Humanitaria” del Comando Sur del Ejército estadounidense, a tan solo 30 minutos del enorme yacimiento petrolífero Vaca Muerta.

Mientras tanto, y en pleno ajuste, el Ministerio de Seguridad que conduce Patricia Bullrich realizó numerosas compras de armamento, vehículos y drones a empresas e instituciones israelíes. Y que no se malinterprete, no se trata de un despilfarro ante el hambre, la desocupación y la miseria, se trata de una inversión ante los estallidos que pueden generar el hambre, la desocupación y la miseria. Se trata de prevenir el delito, el delito de la rebelión.

Independientemente de la facción del Partido del Orden que gobierne y gestione, la tendencia es la acción disuasiva y la represión. Mario Montoto es el proveedor ininterrumpido de todos los gobiernos desde Alfonsín en adelante, dueño de CODESUR, el principal empresario armamentístico del mercado nacional, también ex montonero como Bullrich, fue quien ofició de nexo entre Mauricio Macri y Netanyahu, presidente de Israel, en su reciente visita. Montoto es presidente de la Cámara de Comercio Argentino Israelí y por tanto responsable y beneficiario directo en la compra de armamento de última tecnología que produce ese país.

En esta guerra, en este territorio, el Estado argentino está rompiendo sus propios récords. El 22 de mayo Correpi (Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional) contabilizaba 26 muertes por gatillo fácil o en lugares de detención. No había terminado el mes y ya había más asesinados que días en el calendario. Durante 12 años se contabilizó un muerto cada 30 horas, bajando a 28 en 2015. En la transición entre los últimos años de Cristina Fernández de Kirchner y los primeros de Macri cada 25; en 2017 llegamos a la cifra de un muerto cada 23 horas, siendo actualmente de un asesinado cada 21 horas.

Sin embargo, como señalábamos hace algunos números atrás, no podemos olvidar el informe Basta de Asesinatos Laborales: una persona muerta cada 20 horas. Y la situación es aún peor porque, tal como señalan los realizadores de este informe, solo se incluyen los accidentes en el trabajo, excluyéndose los que sufren los trabajadores “en negro”, así como los llamados accidentes in itinere (en el viaje del hogar al trabajo y del trabajo al hogar) que son de una magnitud semejante a los accidentes en el trabajo. Por no hablar de todas las enfermedades mortales provocadas por la exposición repetida a una misma nocividad que luego no es directa ni formalmente vincula al trabajo en cuestión.

A fin de cuentas, de eso se trata todo esto: del mantenimiento del trabajo asalariado, de la propiedad privada y de una sociedad basada en la división de clases. Esa es la producción de cadáveres de esta industria de la seguridad. Ese es el genocidio silencioso y permanente de la sociedad capitalista. Por eso es un problema internacional y no simplemente local. Por eso compran armas a los Estados gendarmes del planeta, por eso vienen a Rosario los carabineros chilenos a dar cátedra de represión.

Por eso en mayo de este año en San Miguel del Monte, provincia de Buenos Aires, la policía asesinó a tres menores y un mayor, mientras que una chica quedó internada en estado muy delicado, quien está recuperándose favorablemente.

Rápidamente se derrumbó la insostenible versión policial, pero los pibes ya están muertos. «Auto se estrelló contra un camión con acoplado: 4 muertos» tituló el simpático diario Crónica. La realidad es que los pibes no pararon en un control y los balearon, hasta que asustados acabaron estrellándose contra un camión. Actualmente hay doce policías y un funcionario comunal detenidos, y otros cuatro agentes desplazados de sus funciones. Pero no se trata simplemente de una decisión aislada sino de una metodología de Estado. Podrán ir presos los verdugos que dispararon, pero no los funcionarios que dan la orden y mucho menos los burgueses que generan las condiciones propicias para estas carnicerías.

Días después de la masacre de Monte, la policía mató a un joven con varios tiros en el pecho en Tres de Febrero (provincia de Buenos Aires). Otra persecución policial que terminó en asesinato. Las cámaras de seguridad muestran cómo la policía disparó a jóvenes que se encontraban con las manos en alto. La versión policial intentó instalar que se trataba de una persecución luego de un robo a un supermercado por un “grupo comando”, pero no hubo robo tal como muestran las cámaras de vigilancia. Y para mayor maldad tuvieron presos a sus amigos por cinco días hasta que cayó el montaje del robo al supermercado. Como en el caso anterior, los hechos van siendo esclarecidos, pero la demostración de fuerza ya está hecha: pueden hacer lo que quieren y disponer de nuestras vidas, y esa es una forma de ejercer democráticamente el terrorismo de Estado.

Mientras cerrábamos este artículo, en Santiago del Estero la policía asesinó a Silvia Maldonado de 17 años. Dejó un hijo de dos años y una hijita de un mes. El 18 de junio, luego de agonizar dos días, murió. Vecinos y familiares se enfrentaron a la policía en la comisaría del barrio. No todo es complicidad y silencio.

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«Orden es esclavitud, el pensamiento encadenado, la degradación de la especie humana mantenida por la espada y el látigo. Es la repentina muerte por una explosión o la muerte lenta por sofoco de cientos de mineros que estallan o son enterrados cada año por la codicia de sus patrones, y son fusilados tan pronto como osan quejarse. (...) Desorden es el estallido de las más finas pasiones y los más grandes sacrificios, ¡es la épica del supremo amor a la humanidad!» expresaba Piotr Kropotkin.

A la «Paz y el Orden» de Porfirio Díaz, replicó Ricardo Flores Magón: «Y bien, predicar la paz es un crimen. Predicar la paz cuando el tirano nos deshonra imponiéndonos su voluntad; cuando el rico nos extorsiona hasta convertirnos en sus esclavos; cuando el Gobierno, y la Burguesía y el Clero matan toda aspiración y toda esperanza; predicar la paz en tales circunstancias es cobarde, es vil, es criminal. La paz con cadenas es una afrenta que se debe rechazar. Hay paz en la ergástula, hay paz en el cementerio, hay paz en el convento; pero esa paz no es vida (…). Una paz así, ¡maldita sea!»

CONCILIACIÓN O BARBARIE

«Ellos son la burguesía –declaran–, nosotros el proletariado. Hablamos dos idiomas distintos y no tenemos nada que hacer juntos en ningún encuentro» (Alberto Ghiraldo). Encontramos esta cita sin más referencia en un libro de David Viñas titulado De los montoneros a los anarquistas. Escrito en 1971, el autor historiza las rebeliones populares en la región argentina desde mediados de 1800 a comienzos del 1900, fuera y contra las interpretaciones liberales más tradicionales así como de la perspectiva nacional/populista.

Esta misma sentencia se hace presente en muchos párrafos de nuestro boletín La Oveja Negra. La necesidad de no hablar el lenguaje de los amos, sino el de los rebeldes. Insistimos una y otra vez en no traducir nuestras necesidades con la letra muerta de la ley. Y encontrar muchos años después esta cita de Alberto Ghiraldo entre los libros de la biblioteca que lleva su nombre es una grata sorpresa.

Algo de eso ya habíamos leído en el texto anónimo Ai ferri corti. Romper con esta realidad, sus defensores y sus falsos críticos. Los compañeros desde Italia escribían: «Los explotados no tienen nada que autogestionar, a excepción de su propia negación como explotados. Solo así junto a ellos desaparecerán sus amos, sus guías, sus apologetas acicalados de las más diversas maneras. En esta “inmensa obra de demolición urgente” debe encontrarse, cuanto antes, la alegría. “Bárbaro”, para los griegos, no significaba solo “extranjero”, sino también “balbuceante”, tal como definía con desprecio a aquel que no hablaba correctamente la lengua de la polis. Lenguaje y territorio son dos realidades inseparables.»

Y hace algún tiempito unos compañeros en Madrid elegían nombrar su acción común como Barbaria: «Allí donde no llega el lenguaje de los amos».

La política del diálogo ha fracasado... luego de haberse demostrado ya inútil desde el comienzo. Porque no hay diálogo posible entre quienes quieren, necesitan, desean una cosa y quienes imponen lo contrario.

La huelga, por ejemplo, surgió con el objetivo de generar el mayor desorden y pérdidas económicas posibles, tratando de imponer las reivindicaciones a través de la fuerza, estableciendo el menor diálogo posible con la burguesía y el Estado, o al menos un diálogo desde un lenguaje propio. Las huelgas de las últimas décadas tienen una impronta totalmente diferente. Se las plantea como una forma de «hacer escuchar la voz de los trabajadores», cuando los únicos que hablan son los sindicalistas y hasta los periodistas en nuestro nombre, mientras el grueso de los explotados las perciben como feriados. Los burgueses se organizan lo mejor posible para disminuir el impacto de las huelgas, victimizarse y ajustar los cinturones. Para estos motivos fueron y son necesarios los intermediarios entre ambas clases. Es decir, los traductores que codifican nuestras necesidades en plegarias: partidos políticos, sindicatos, religiones.

A estas alturas ya hemos interiorizado a fuerza de rutina, castigo y pedagogía la lengua necesaria para mantener el orden. «Allí donde existe una necesidad existe un derecho» dicen los peronistas, astutos comprenden la existencia y urgencia de las necesidades y urgentemente las hacen entrar en el terreno de los derechos, del Estado. «Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado» decía Benito Mussolini.

Por eso la lucha contra el Estado y el Capital, es incomprensible para los representantes del Estado y el Capital. Y para dimensionarla hay que salirse al menos un poquito de sus estrechos márgenes de entendimiento.

¡NO AL DESALOJO DEL CENTRO SOCIAL CORDÓN NORTE EN MONTEVIDEO!

En Uruguay, panacea progresista de América, la persecución a luchadoras y luchadores no cesa.

En el 2017 luego de varios años de hostigamiento fue desalojado el Centro Social La Solidaria. Pero la rebeldía también es porfiada y el 19 de mayo del 2018 nacía el Centro Social Cordón Norte.

Este 5 de junio llegó una intimidación de desalojo. Nuevamente el Estado busca destruir los lazos solidarios que se activan en la lucha anticapitalista.

Dicen los compas: «Los jerarcas controladores del mundo, nos imponen un sistema de miseria y lucro que nosotrxs queremos erradicar de nuestras vidas, motivo por el cual llevamos adelante un proyecto contrario a todas sus lógicas asquerosas, donde nos paramos sobre la base de la solidaridad y el mutuo apoyo para resolver. Las personas no valen nada para el capitalismo, son números, mercancías, recursos humanos a quienes recurrir para lucrar. La propiedad privada es sagrada, inviolable, y es uno de los pilares que asegura la pobreza y la desigualdad. Lxs grandes empresarixs toman decisiones en función al rédito económico que consiguen, obligando a lxs habitantes de un territorio a que se acomoden forzosamente a las condiciones que ellxs implantan arbitrariamente y con todo el aval del Estado. Cada unx de ellxs también representa el poder, junto con toda la casta de políticos de todos los colores.

Este espacio se opone a todo eso, manteniendo formas organizativas distantes de los organismos estatales y de las intenciones lucrativas. Entendemos que las maneras de hacer dicen mucho, y son igual de importantes que los objetivos que nos proponemos. Por eso tratamos de mantener una coherencia, y constantemente revisamos nuestras formas organizativas para que sean efectivas y estén atravesadas por criterios éticos y valores antiautoritarios. La autoorganización sin líderes es posible y necesaria.(…)

En cualquier momento las aguas se pueden agitar, no siempre es predecible. Es ahora cuando más debemos reforzar nuestra presencia, replicar nuestras propuestas. No nos rindamos, es un constante comenzar, un constante incorporarse e impulsarse. Ante esta amenaza de desalojo, ni un paso atrás. Triunfará la vida ante la decadencia, la autonomía ante el dominio, los proyectos sociales ante la transa política.»

¡Toda la solidaridad y apoyo internacionalista! ¡El Cordón Norte resiste!

Info. directa en Facebook: Centro social Cordón Norte
Periódico Anarquía: periodicoanarquia.wordpress.com

TEMPERAMENTO RADIO NRO.36

En esta nueva edición actualizamos las presentaciones del libro Wenüy. Por la memoria rebelde de Santiago Maldonado y el conflicto entre isleros y parques nacionales en Santa Fe. Charlamos sobre la masacre en San Miguel del Monte y entrevistamos a Vanesa Orieta de Familiares y amigos de Luciano Arruga. En el último bloque, hablamos sobre los asesinatos en el mundo laboral.

Este y todos los programas de Temperamento, así como los registros de las charlas realizadas en la Biblioteca Alberto Ghiraldo pueden escucharse y descargarse en: blog.temperamento-radio.com

NUEVOS MATERIALES: CUADERNOS DE NEGACIÓN NRO.13: NOTAS SOBRE PATRIARCADO

En el ámbito político y académico se ha popularizado en las últimas décadas la noción de patriarcado. Parece un concepto de uso obligado para cualquier crítica seria de la realidad que busque la transformación social. Para algunas corrientes pareciera estar fuera de toda discusión que esta sociedad es patriarcal, incluso más fuera de discusión que si es capitalista.

Uno de los grandes problemas que encontramos al abordar la cuestión del patriarcado es asumirlo como el sujeto que determinaría la sociedad. Así, el Capital dejaría de ser el sujeto de esta sociedad, el que lo subsume todo, para dar paso a otro: el patriarcado. Hay una diferencia fundamental entre considerar el patriarcado como algo exterior al Capital y considerarlo como una realidad interna del Capital. La primera comprensión nos presenta el patriarcado por un lado y el Capital por otro, o en el mejor de los casos patriarcado y Capital como dos sujetos separados que en un momento dado se vinculan.

Por el contrario, la comprensión del patriarcado como realidad interna del Capital, lo asume en tanto que incluido y dominado, es decir subsumido. El proceso histórico de esa subsunción incluye y a su vez transforma al antiguo patriarcado. Y aunque puede mantenerse dicho vocablo, debemos tener en cuenta que no estamos hablando de lo mismo. Comprendemos el hecho de que en la propia lucha se siga nombrando al sexismo de esta sociedad como «patriarcado», aunque nos parece poco preciso. Si bien emplearlo es importante para ver la continuidad histórica del sexismo en relación a sociedades de clase anteriores, de alguna manera también oculta las condiciones del sexismo en la actualidad.

Disponible en nuestra feria y en: cuadernosdenegacion.blogspot.com

NUEVOS MATERIALES: SOBRE LOS CHALECOS AMARILLOS

  • No solo arde París... Anotaciones sobre los chalecos amarillos por Proletarios Internacionalistas.
  • Guerra de Clases Nro.9: Chalecos amarillos.
En ambos materiales se critica y se advierte sobre las debilidades expresadas por el movimiento, pero no se lo limita a ellas. Esta lucha manifiesta la confusión actual, nuestra debilidad como clase, la falta de memoria que los vencedores nos expropiaron a los vencidos. Pero también muestra la defensa instintiva, inevitable, de unas necesidades que el Capital niega para poder expandirse. La defensa de sus necesidades empuja al proletariado a negar a su vez al Capital y su dominio sobre nuestras vidas.
Disponibles en nuestra feria y en proletariosinternacionalistas.org y autistici.org/tridnivalka, respectivamente.

jueves, 25 de abril de 2019

REPRES(ENTAC)IONES

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«Macrisis», «la policía de Mónica Fein», «la gendarmería de Bullrich», etc, etc, etc… ¿Cuándo fue que nos olvidamos que hay dos clases sociales con intereses antagónicos? ¿Cuándo fue que pensamos que el rumbo de un país lo define una persona o un grupo de personas? ¿Cuándo fue que comenzamos a preferir un gobernante a otro? ¿Cuándo fue que pensamos que hay sucesiones de gobiernos, pero no la continuidad del Estado?

Imaginemos por un momento una conversación entre dos esclavos discutiendo hasta el enojo por cual amo es mejor que el otro. Bien, es lo que a menudo hacen los esclavos asalariados.

Imaginemos a dos condenados a muerte, caminando hacia la silla eléctrica, la inyección letal o el hambre, nombrando las virtudes de sus verdugos. Eso es lo que hacen cotidianamente muchos de los condenados a trabajar hasta la muerte en el capitalismo. ¡Sí! trabajar hasta la muerte, o morir trabajando, o yendo o volviendo del trabajo, o antes de llegar a la siempre miserable, pero cada vez más lejana, jubilación. Por no hablar de quienes mueren por las penurias de la desocupación y la sucesión de trabajos informales…

Cuando dejemos de indignarnos por el “gobierno K”, el “gobierno de Macri” o el “gobierno narco–socialista” para hablar del gobierno a secas, del Estado y de la burguesía, se nos van a aclarar varios problemas. Porque no alcanza con decir que «Macri y Cristina son lo mismo» sin señalar que el problema no son los personajes sino la función que cumplen. A su vez, esa función requiere, evidentemente, que no sean exactamente lo mismo. Si lo fuesen, Macri y Cristina no podrían alternarse en el poder de acuerdo a las necesidades del Capital. Quienes sostienen que son lo mismo, son quienes quieren despejar el sillón presidencial para sentarse ellos. Para poner a la izquierda a administrar la gestión de la miseria, tener a su propio comandante en jefe, sus ministros de economía… Por eso no les molesta el rol, el papel que cumplen, solo les molesta quién lo cumple. ¿Acaso se puede hacer algo mejor en el rol de verdugo? ¿Ser más humanitario? ¿Menos verdugo?

Como ya sabemos «la injusticia no es anónima, tiene nombre y dirección» pero no basta con señalar a los responsables sin señalar su rol social. Cuando responsabilizamos al Estado y a todos sus funcionarios por sus actos más atroces, los mencionamos con nombre y apellido, como a la miserable Patricia Bullrich, para no olvidarnos que esos grises agentes del Capital son seres humanos de carne y hueso. Despersonalizar la historia es renunciar a actuar. No detestar a quienes nos gobiernan y explotan lleva al peor de los conformismos. Pero, una cosa es comprender esto y otra muy distinta es el pedido de renuncia o de justicia para luego, con cualquier “argumento”, cambiar al gobernante de turno dejando intacto su rol en la maquinaria.

En estas épocas de elecciones, tenemos que ver más allá del restringido panorama electoral que nos reduce a simples votantes, consumidores, trabajadores y nada más; tenemos que ver más allá del horizonte capitalista. Lo dice clarito la Constitución Nacional de la clase dominante: «el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de este, comete delito de sedición». Es como en el cristianismo: dios existe porque la biblia lo dice y, casualmente, dice también que los representantes de dios en la Tierra son aquellos que la escribieron. La democracia, tal como la fe religiosa, castiga sin piedad a los herejes.

Por eso hay desaparecidos en democracia, torturados en comisarías, personas pudriéndose en la cárcel, procesamientos. Todo lo que sea necesario para la defensa de la propiedad privada y de este orden de cosas, en un gobierno o en otro. Porque es una función de clase mantenernos a raya y mantener la desigualdad social. No hay sorpresa entonces entre un gobierno y otro. ¿Qué esperaban sino represión, opresión y explotación?

Resulta que, en épocas de crisis capitalista como la actual, hay más pobres. Pero a los “progres” parece no molestarle que haya pobres, sino que haya muchos, o que haya más que antes. Aceptan sin chistar la inequidad de esta sociedad, pero parece que cuando son tantos que ya empiezan a verse en sus ciudades o sus zonas de residencia es una molestia, y ponen el grito en el cielo. Traduzcamos sus reclamos a un lenguaje sencillo: «¡Queremos que haya menos pobres, pero no acabar con la pobreza porque no se puede! ¡Por eso hay que ser realistas y en las próximas elecciones votar a tal-o-cual candidato!»

Pero es necesario identificar que esta crisis no tiene nada de argentina, así como tampoco podría serlo su verdadera solución. Los funcionarios de este u otro país responden a los intereses de empresas transnacionales que, a imagen y semejanza del Capital, no tienen patria para sus ganancias, ni fronteras para los negocios. Así como también hay cada vez menos caras visibles tras el velo de los anónimos accionistas que están detrás de las corporaciones. El Capital tiene un funcionamiento cada vez más automático, donde sus agentes, sean empresarios o políticos, están determinados por la ganancia en su toma de decisiones. Su continuidad en sus miserables roles depende de su habilidad de gestionar y hacer crecer el Capital, lo cual incluye contener a los revoltosos.

Los ricos no van a pagar las crisis, nunca las han pagado y los perjudicados somos siempre y directamente las personas proletarizadas. Las crisis son intrínsecas a la economía capitalista y no se trata de la responsabilidad de tal o cual grupo de empresarios, banqueros o Estados. El enemigo es el Capital, nacional, extranjero, privado o estatal.

El enemigo es el Capital, sea extractivista o especulador. ¿Se han dado cuenta de que se habla de especuladores y extractivistas para tampoco hablar de capitalistas a secas? ¿Qué capitalista no es especulador o extractivista? ¿En qué momento del capitalismo no ha habido extracción de recursos naturales de la Tierra para vender en el mercado mundial? Nuevamente, a algunos no les preocupa esto, sino que una economía nacional se base en dicha extracción. Pero, además, hay un extractivismo permanente que no se nombra nunca: el de nuestras vidas, que se van en cada momento de explotación para agrandar las ganancias de la burguesía y mantener en pie todo el edificio que nos chupa la sangre, cuerpo y cerebro.

Mientras exista capitalismo continuaremos oponiéndonos a todo aumento de nuestra explotación, que sufrimos no solo a través de nuestros salarios, sino de los precios, la calidad de lo que consumimos y los impuestos que debemos pagar para vivir. Como decían por ahí, antes de ser anti-capitalistas el capitalismo es anti-nosotros. Sin embargo, mientras creamos que esto es responsabilidad de un sector político o empresario particular, seguiremos enredados en la dinámica capitalista, yendo de un amo a otro, buscando consuelo hasta la muerte.

Esta sociedad mercantil generalizada es una sociedad de la representación. No simplemente por la democracia representativa o por la importancia de las apariencias. Es que, el corazón de este mundo, la mercancía, se muestra con un rostro que no es el suyo y nunca expresa su naturaleza profunda. Las mercancías no se detienen, al momento del intercambio, a decirse qué son. Se relacionan entre sí en función de una forma exterior, de un envoltorio: cada una envuelve una porción de trabajo que le es indiferente. Y puesto que todo es mercancía, nuestro mundo es una sociedad de la representación.

Las relaciones sociales en el capitalismo se encuentran invertidas: son relaciones entre cosas donde los seres humanos somos reducidos a un medio. En tales circunstancias, no es de extrañar que las representaciones se confundan con lo representado, que los intereses de los gobernantes se confunden con los de los gobernados, los de los explotadores con los de los explotados. Y defendiendo a nuestros representantes nos olvidamos de defendernos a nosotros mismos.

¿DECONSTRUCCIÓN?

Cada vez más, en ciertos ámbitos anarquistas, feministas, militantes o de lucha en general, resuena el concepto de deconstrucción. Para muchos pareciera un elemento ineludible y necesario, el camino hacia un grado de mayor conciencia y puesta en práctica efectiva, que si alguna vez llegara a generalizarse haría posible un cambio social real. Se lo propone como una especie de autoanálisis y de toma de conciencia de privilegios, que dependerían y responderían a una serie de “interseccionalidades” (sexo, género, edad, raza, clase, etc.) que definen la identidad de cada individuo diferenciándolos de los demás y llevándolos a reproducir comportamientos y posiciones de poder o subordinación en relación a otros individuos. Es así que una persona en proceso de deconstrucción sería aquella que se está cuestionando sus “privilegios” y cambiando su forma de comportarse y relacionarse, intentando no reproducir ciertas formas, lógicas, comportamientos… de no oprimir con su existencia a otras personas.

Ahora bien, esta idea de que, de alguna manera, todos seríamos al mismo tiempo opresores y oprimidos ya que por todos lados hay relaciones de poder y es imposible escapar de ellas, muy simpática debe caerle a quienes se encuentran en altas posiciones de poder.

No es casualidad que estas ideas no deriven de las luchas ni de los balances de sus propios protagonistas sino de académicos, filósofos, intelectuales, así como tampoco lo es que estén tan presentes en ámbitos universitarios y de charlatanes a sueldo, perpetuadores del orden existente. De repente, nos hacen saber que el problema está en nuestro interior. El problema no es que nuestras vidas estén sometidas al trabajo, a los tiempos mercantiles, a la dictadura de la economía, del dinero y los relojes. Para los defensores de la deconstrucción, son a lo sumo condicionantes, pero no condiciones materiales a superar. Pareciera que lo más importante a resolver serían las relaciones de poder entre pares, quizás porque sea lo único que se presenta como posible. Así, todos podemos ser mejores con una simple toma de conciencia. Pero creer que es posible que la sociedad cambie por una toma de conciencia generalizada es tan ingenuo como creer que un funcionario del Estado, un político, un cura, un empresario, un policía, dejarían de beneficiarse de sus “privilegios” por hacerse conscientes de ellos.

De alguna manera, en todo esto, está implícita la actitud subjetivista, tan posmoderna, en donde la realidad ya no existe y todo se enfoca cada vez más en las percepciones y sensibilidades individuales. Así, se termina igualando la opresión del Estado con los “micropoderes” que ejerce cada quien. No es casualidad tampoco que este tipo de modas aparezcan en un momento de atomización absoluta, de susceptibilidad generalizada, de victimización paternalista. Luchar contra los que nos oprimen está pasado de moda y ahora nos oprimimos todos entre todos, incluso somos enemigos de nosotros mismos.

Tiempos de autoayuda, autosuperación, eliminación de malas influencias y energías dañinas para el progreso personal. Alimentación consciente, lenguaje inclusivo, conciencia sobre contaminación, estilos de vida. Todo está en nosotros como individuos y depende de nosotros como individuos. Y si fallamos, somos condenados como individuos y culpables. Otra vez, lo viejo se hace pasar por nuevo.

La teoría de la deconstrucción, supone que existen identidades o determinaciones de las cuales podríamos desprendernos por simple voluntad, como si estas fuesen una elección y no estuviesen definidas por un proceso de cientos de años y millones de personas. Además de la cuestión del individuo, surge la idea de que uno es lo que es porque lo elije, en otras palabras, porque quiere. Es así que una estudiante universitaria puede dedicarle más tiempo a su deconstrucción que una madre de cinco hijos. La perspectiva, en ciertos ámbitos de lucha, pareciera haber dejado de orientarse hacia un cambio social real para enfocarse en la creación de espacios seguros, donde no haya incomodidades ni conflictos, donde nadie se sienta discriminado ni excluido.

Con todo esto no estamos negado la importancia del cambio subjetivo o personal, ni del modo en que nos comportamos en lo cotidiano. Porque esto nos parece un elemento fundamental para la lucha revolucionaria y hasta una cuestión de supervivencia. Decir que «quienes hablan de revolución sin hacerla real en sus propias vidas cotidianas, hablan con un cadáver en la boca» es muy diferente a perder de vista el hecho de que todo aquello que reproducimos es parte de una relación social (no interpersonal) que debe ser destruida de raíz y superada. Y no por gusto, sino porque es la única manera. Porque justamente, si decimos que somos una “construcción”, esta construcción es social y social será su destrucción. Es de vital importancia comprender que lo que somos, muchas de las actitudes de mierda que reproducimos y que tenemos que destruir (no deconstruir) son producto de una vida que está sometida a las necesidades de otros, a las necesidades de la economía antihumana que muchas veces nos vuelve inhumanos. Y mientras eso perdure, nos podemos hacer conscientes de ello y tensionar al máximo las posibilidades de no reproducción de sus lógicas. Eso no implica generar una atomización y desconfianza cada vez mayores que justifiquen y continúen reproduciendo los modos que nos impone el capitalismo.

LEYES TERRORRISTAS

Esto sucede en Córdoba, primeros días de abril. La Policía de Seguridad Aeroportuaria y la Gendarmería Nacional tienen una orden: buscar a Felipe Zegers y a Gabriela Medrano, ambos chilenos y participantes de Malas Lenguas, como han llamado a un conjunto de actividades académicas realizadas durante el mes de marzo.

Su crimen: «Se fueron sin pagar del hotel y dejaron un portafolio que tanto la policía de Córdoba como un juez consideraron que era un artefacto de características explosivas», «no fueron lo suficientemente prolijos en su accionar», dice Bullrich.

Dejaron en el cuarto del hotel un maletín con herramientas para montar un parlante, que habían utilizado días antes para reproducir, a modo de intervención, la Declaración de los Derechos del Hombre en lenguaje inclusivo. La policía hizo explotar la maleta.

Esto fue prueba suficiente para pertenecer a una «célula anarco-mapuche» que pretendía realizar un atentado contra el Congreso Internacional de la Lengua Española, que se desarrollaba por esos días en Córdoba. Aunque fueron liberados rápidamente algo quedó claro: dos chilenos y un maletín les bastaron para su operación.

En ningún caso, el Ministerio de Seguridad pudo acreditar una conspiración terrorista.

Pero estos supuestos delitos son un excelente vehículo para el castigo, la estigmatización y el encierro, por el solo hecho de pertenecer a un ambiente sospechoso.

Las leyes antiterroristas se derivan, en gran medida, de las directivas de Naciones Unidas contra el terrorismo. En su mayor parte, se redactaron posteriormente a los sucesos del 11 de septiembre. Los protocolos de guerra contra el terrorismo avanzan y continúan modernizándose, siempre abiertos a las interpretaciones de los jueces. Alrededor del mundo se pueden aplicar a todo aquel que tenga la desgracia de ser detenido y mantenido cautivo por el Estado. Claro que si el cautiverio es transitorio o permanente dependerá de su origen, religión, clase social u orientación política. Este montaje represivo que vimos en Córdoba, se parece a muchos que vimos y vemos cada día más en esta parcela de territorio. La mentirosa dicotomía entre terrorismo y antiterrorismo, es empleada intensamente por el sistema penal en la tarea punitiva de un cierto tipo de violencia social y política. Por sus actos o discursos, son tipificadas y perseguidas aquellas personas que significan un “peligro de Estado”.

Resulta significativo cómo la actividad estatal ha sido excluida de la idea de terrorismo, aun cuando conocemos que el método de acumulación capitalista es abiertamente terrorista, es decir, que aplica una estrategia de dominación a través del terror.

El terrorismo de Estado no es una definición aplicable únicamente a los setenta como suele oírse por estas tierras. El Estado no somos todos, y por mucho que insista la restauración democrática no existe pacto social, ni acuerdo, ni contrato, ni nada que se le parezca. Todos los intereses capitalistas se han impuesto y se imponen bajo el terror. Las leyes antiterroristas solo llegaron para darle un marco legal al terrorismo de Estado.

Vamos a ser sinceros, si realmente existiera algo capaz de poner en peligro el Estado no alcanzarían las cárceles ni las leyes. Este no es el caso, son actos preventivos, porque lo que es impuesto nunca es impuesto totalmente y requiere de más fuerza y mecanismos materiales y simbólicos para perdurar, de buenos y malos. Pero, lo que no mata nos hace más fuertes y los yuyos siguen creciendo a pesar del glifosato.