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domingo, 19 de mayo de 2024

ROSARIO, CIUDAD CULTURAL

La “cultura rosarina” está basada en miles de trabajadores precarizados, tanto en el ámbito privado como estatal. Lo sabemos porque vivimos aquí y además algunos participamos del amplio y difuso ámbito cultural local desde hace años o décadas. Lo sabemos porque muchos trabajamos precarizados en el sector privado y en el estatal, ya sea en bares, instituciones o autogestionando nuestra miseria, “aportando a la cultura”, así como también en actividades culturales sin fines de lucro o como consumidores… Padecemos ser “trabajadores de la cultura” como cualquier otro trabajo: por migajas, sin aportes ni vacaciones, y luchando colectivamente cuando es posible.

Vamos a hablar de cultura en un sentido restringido y errado: vamos a referimos a ocio, entretenimiento, manifestaciones artísticas y un poco de erudición. De momento no vamos a referimos a los procesos que “producen significado”, ni al “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico” (RAE), ni a lo que implica comer con cuchillo y tenedor, usar determinada vestimenta o no casarse entre hermanos.

En el ambiente cultural, a diferencia de otros ámbitos, hay una característica común: en el grupo de explotadores de trabajo ajeno abundan los progres. Están profundamente culturizados e ideologizados. Suelen ser profesionales o “agentes culturales”.

Uno de esos patrones, meses atrás hacía reuniones en el lugar de trabajo para que sus empleados no votasen a Milei. Otros adornan sus lugares con consignas de otra época, contestataria, vintage, inclusiva… adornos y figuritas para caer bien pero, principalmente, para apuntar a un segmento de mercado particular. Una ex ministra de Cultura se acercaba a las asambleas de precarizados y les decía que le alegraba mucho que luchasen. En 2024 tienen miedo de que el gobierno de turno haga con toda la población lo que ellos hacen a sus pocos empleados: pagar poco, confundir trabajo con ocio, hacer pasar trabajo por tiempo libre, precarizar, privar de jubilación, vacaciones y de cobertura médica, asustar y abusar de su autoridad. Tienen miedo de que la derecha quite “los derechos conquistados”… derechos que ellos no otorgaron ni otorgan. Estos fanáticos del mal menor no pueden entender que gran parte de la población vote al mal mayor o que ni siquiera le importe quién gobierne. Ellos están acostumbrados a las migajas… a repartirlas. Son esos que quieren que un político gane lo mismo que un docente y no al revés. Hasta para desear son mezquinos.

Por lo general, los artistas y agentes culturales pretenden tener un aura especial, se suponen fuera de la ruindad y barbarie capitalistas. Muchos explotadores del trabajo ajeno de este sector no se consideran como tales. Por su parte, los trabajadores de la cultura han asumido de manera creciente esta identidad, lo que consideramos se halla vinculado a la expansión del sector, a la mayor dedicación en este tipo de tareas de manera exclusiva, y a una transformación más general de la reproducción de la fuerza de trabajo. Nos referimos a la identificación de ciertas tareas como trabajo al momento de depender cada vez más de un ingreso a cambio de las mismas.

Lo que definimos amplia y vagamente como cultura es un aspecto de nuestra reproducción, que se puede convertir más o menos en un negocio, pero nunca lo es completamente. Las políticas públicas llevadas a cabo por el Estado en materia cultural, al igual que en salud y educación, dejan claro que no está completamente mercantilizada, y en todo contexto de ajuste sufre mayores recortes que otras áreas más imprescindibles.

Por otro lado, está la cuestión de los artistas independientes o autogestivos, a quienes se les dificulta la subsistencia y suelen depender de las contrataciones o programas estatales. Existen unos pocos que aún consideran que la “contracultura” debe ser autosustentable, incluso buscando compartir en la gratuidad o repartiendo meramente los “costos técnicos” de las producciones y actividades (sonido, luces, alquiler, imprenta, difusión, etc.).

Problematizando, la identidad de “trabajadores de la cultura” está más extendida que antes, posiblemente porque cada vez más personas lo asumen como un medio para su supervivencia además de una actividad recreativa, y quieren o necesitan cobrar por hacerlo. También por políticas públicas orientadas al sector cultural, con más presupuesto, personal, instituciones, programas y estructuras administrativas como por ejemplo ministerios provinciales o nacional.

Muchos experimentan disgusto frente a la “mercantilización” o la “degradación” de la cultura. Ni el funcionario ni el dueño de un bar quieren tu diversión sino mantener el status quo y/o tu dinero, del mismo modo que el kiosquero al momento de vender cualquier mercancía le interesa tu dinero, así como a vos el producto que te ofrece. Así de simple funciona el intercambio en el capitalismo.

En ocasiones, la despiadada lógica capitalista se acepta en todos los ámbitos pero se supone debería dejar gentilmente a la cultura fuera del alcance de sus garras. Una esperanza ingenua. Aceptar la lógica de la competencia capitalista debería significar aceptar todas sus consecuencias. Si es justo que una cerveza o un pantalón se valoren exclusivamente en base a la cantidad de trabajo que representan, es un tanto ilógico esperar que esta misma lógica no rija para los productos de la industria cultural. Hay un mismo principio, si nos oponemos a los “excesos” liberales de la mercantilización sería bueno pensar en los fundamentos más generales.

La lógica capitalista no renuncia ni al narcotráfico, ni al trabajo formal ni a la precarización si puede obtener una ganancia. La “mercantilización” de la cultura frente a las exigencias económicas forma sólo una parte de la mercantilización tendencialmente total de todos los aspectos de la vida, y es en vano poner en discusión sólo la cultura sin atentar contra la totalidad de la economía en todos los niveles. No existe ningún motivo por el cual la cultura pudiese lograr mantener su autonomía respecto a la lógica de la ganancia, si ninguna otra esfera logra hacerlo.

En estas épocas de recorte y despidos nos solidarizamos con todos los trabajadores que defienden su supervivencia. Y somos conscientes de que, como señaló Theodor Adorno, «la abolición del arte en una sociedad semi-bárbara y que avanza para la completa barbarie se convierte en su colaboradora». Pero eso no obtura pensar y pensarnos, cuestionar que la cultura, el arte o lo que sea se presenta cómodamente separado del resto de las actividades humanas. Queremos quitarle el velo sagrado que intenta mantenerlo al margen de la dinámica capitalista.

Tampoco es un llamado a dejar de consumir en tal o cual bar, tal o cual producto, dejar de concurrir a determinado teatro o museo. Es un humilde llamado a comprender cómo en la cultura hay consumo pero también producción. Como en el resto de los ámbitos de esta sociedad, no nos involucramos solo como consumidores, sino también como productores.

«Pero si pongo en blanco a todos los empleados tengo que cerrar». «Todos los lugares son capitalistas de una u otra manera.» Hello! Así funciona.

miércoles, 27 de marzo de 2024

«ROSARIO SANGRA»

El mes de marzo comenzó con aumentos que reducen más el salario y a lo que hay que agregar, ahora en Rosario, una escalada del terror narco. Como dice la canción popular «pa’ los giles rafagazo», los “giles” somos los trabajadores. El fusilamiento fue de trabajadores mientras perdían su vida laburando. Asesinatos cometidos con balas de la policía. Mensajes mafiosos, miedo, paralización del transporte, el comercio, la educación, promesas políticas y bronca, mucha bronca.

Las nuevas medidas económicas de la burguesía juegan para el narcocapitalismo, preparan un terreno fértil de miseria y competencia, de sálvese quien pueda. Eso es poco si oficializan la dolarización, el blanqueo de capitales y la posibilidad de aportar anónimamente a las campañas políticas.

Gran parte de la población pide militarizar la ciudad, una política que no acabó con el narcotráfico en ningún país donde se implementó. Los milicos se meten en el negocio y significa un aterrorizamiento de civiles que siguen en el fuego cruzado de las mafias, incluidas las estatales. Las fuerzas policiales ya forman parte activa del negocio, y sumar a los militares podría significar un mayor armamento y profesionalización de las bandas dedicadas al narcotráfico en los barrios rosarinos. Atendiendo a las últimas décadas y las experiencias de otros países, con dichos métodos la violencia solo crece y muta su forma. En el Gran Rosario se ubican los principales puertos de la región, por los que pasan toneladas de cocaína hacia el Atlántico. Una pequeña parte de este gran negocio es comercializada en el llamado “narcomenudeo” que se disputan las bandas de los barrios, y en el que existe una gran participación de la policía, pero sin ser gestionado por esta como en otras ciudades del país. Al igual que la política es una gran cómplice y beneficiaria del negocio, pero no lo controla. Este problema es grave y profundo. Aunque ante la desesperación se anhelen soluciones mágicas, no existen. El circo al estilo Bukele tampoco es una.

Mientras tanto, los muertos los ponemos los trabajadores y sobre nosotros recae además el gasto en seguridad (transporte, rejas, y el “costo” en salud mental). Pero la situación de inseguridad es solo el lado más visible del fenómeno. Detrás, están los empresarios que no se manchan las manos de sangre y no son investigados, los políticos que agarran las coimas, los policías implicados, los jueces cómplices, el puerto que despacha soja y cocaína. Por tanto, meter presos o ejecutar a todos los soldaditos o incluso a los narcos, o presionar aún más a quienes están en prisión no soluciona la situación. Porque el negocio persiste, a lo sumo cambiará de manos, y la porción de población disponible para efectuar de “tiratiros” o sicarios continúa creciendo. Burgueses seguirán ganando fortunas y otros agarrarán billetes de la corrupción.

De momento «acá ladran los perros y se escuchan los tiros», no queda mucho que hacer más que protegernos y no escuchar los cantos de sirena de las Bullrich, los Berni y demás. Comprender el fenómeno para no creer promesas vacías ni generarlas nosotros mismos. Comprender que se trata de un problema más grande que el “narcoterrorismo”, que lo que manda es la ley del dinero y por eso hay quienes están dispuestos a mandar a matar, matar y ganar guita gracias al trabajo sucio de otros.

Abordamos este problema en el primero número de La Oveja Negra cuando asesinaron a Jere, Mono y Patom en febrero de 2012. Publicamos además Negocio, delito y muerte en Rosario (septiembre de 2021), Narcotráfico y Capital (noviembre de 2001) y «Todxs somos Jimi» (febrero de 2023) y compilamos algunos de estos artículos junto a otras reflexiones al respecto en el libro Plomo y humo. El negocio del Capital (Lazo Ediciones, 2022).

Volver a leer, conversar y reflexionar colectivamente, en esta sinrazón social que ya es parte de la normalidad capitalista.

martes, 14 de febrero de 2023

«TODXS SOMOS JIMI»

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En la ciudad de Rosario ocurrió un hecho brutal. Chuparon al azar en auto a una persona que volvía caminando de noche a su casa, lo pasearon, lo bajaron y le metieron tres tiros para una vez baleado dejarle una nota en sus ropas.

Todas las semanas mueren en Rosario personas a manos de la violencia mafiosa: tiratiros, balaceras, balas perdidas y ajustes de cuenta. Cada día escuchamos las detonaciones o nos lo cuenta alguien cercano, sino basta con abrir los diarios locales, prender la radio o la televisión para enterarnos sobre nuevas muertes y heridos de bala. ¡Hasta eso íbamos normalizando! Pero este caso es un salto en la gravedad de los asesinatos a los que nos habituamos desde hace ya más de diez años en la ciudad. Jimi no tenía absolutamente nada que ver con las tramas mafiosas que se disputan los territorios, tribunas y venta de drogas, ni siquiera simpatizaba por el fútbol. Ni siquiera fue víctima de un tiroteo a una casa, negocio o institución y se cruzó una bala que no iba dirigida a él. Los cuales son hechos gravísimos pero corrientes. A Jimi lo mataron solo para dejar un mensaje, antes de volver a su casa, un mensaje mafioso a algún rival, pero dejando implícitamente otro mensaje mafioso a toda la población: parece no importar la vida de casi nadie.

Lo primero que salió a decir públicamente un fiscal fue que se trataba de un problema entre barrabravas, ya que el cuerpo fue dejado en la puerta del estadio de Newell’s. Si se asume que “se matan entre ellos” el hecho es socialmente aceptable y parece menos grave. Pero no, nos están matando, los empresarios de la legalidad y la ilegalidad, sus soldaditos. Quienes por unos pesos tirotean, matan, golpean y también mueren, todo bajo el amparo del Estado, sus fuerzas de seguridad y sus funcionarios que por complicidad de negocios o por omisión también tienen las manos manchadas de sangre. Ese mismo aparato estatal que ni siquiera fue capaz de notificar a la familia de Jimi acerca de su muerte. Por eso puede ser que ninguno sale a dar la cara, o la darán cuando el caso sea lo suficientemente mediático o utilizable políticamente, porque para eso están. Quizás cuando la escalada de violencia crezca y estén en peligro sus hijos en sus barrios privados, o empiecen a secuestrar y matar policías, políticos y periodistas.

Mientras tanto matan a los nuestros. El día 1 de febrero después de pasar un día con amigos y ensayar con su banda punk asesinaron a Lorenzo Altamirano (Jimi) de 28 años quien, entre otras cosas, tocaba el bajo y era malabarista. El hecho sucedió cerca de la medianoche, cuando lo cargaron violentamente en un auto, y lo remataron en una de las puertas de la cancha de Newell’s.

En este contexto de tristeza y rabia el domingo 5 hubo una manifestación convocada por sus cercanos, amigos, familiares. El cierre del volante difundido decía: «Jimi era un pibe como vos y como yo, malabarista y músico, que solo volvía a su casa después de compartir una tarde con amigos. No sea indiferente, no espere a que le pase a uno de los suyos. Justicia x Jimi». Así fue que varias personas nos concentramos en 27 de febrero y Oroño, esquina donde él hacía malabares para ganar unos pesos y donde lo despidieron sus amistades por última vez. Al aproximarnos al punto de encuentro se veía gente con remeras de bandas, muchos punkis que en otro contexto nos cruzamos en recitales, varios niños y también gente mayor, todos con la angustia impregnada en las caras y los cuerpos. Luego de algunas breves palabras de quienes podían emitir un mensaje sin quebrarse, con volantes, pintura, ruido, pancartas y banderas arrancó una marcha por Oroño hacia Pellegrini, donde se encuentran los Tribunales. Allí se cortó el tránsito en la rotonda y se decidió ir hacia el estadio de Newell’s, a la puerta donde fue encontrado el cuerpo de Jimi. En ese lugar, después de un rato de concentración, aparecieron policías motorizados a toda velocidad, y otros con armas en mano para proteger unas paredes y dar otro mensaje mafioso: que ellos y solo ellos son el monopolio de violencia, que comparten por unos millones de pesos con quien pueda pagar una porción de dicho monopolio. Esa policía que, al igual que un ministerio, no significa seguridad, y que por más que cambie su jefe o el ministro una y otra vez, incluso si “hiciera bien su trabajo” no está para protegernos a nosotros sino a la propiedad y al buen funcionamiento de las instituciones. No debemos olvidar que el Estado está constituido a fin de cuentas por una “banda de hombres armados” en defensa de la propiedad, el intercambio y el trabajo asalariado.

Así como para los asesinos no valió nada la vida de Jimi, tampoco la valió para las autoridades estatales que salieron a decir que era una más del montón de muertes de personas relacionadas al narcotráfico en Rosario, presentando de alguna manera este caso como algo normal y preocupándose en primera instancia por garantizar que se juegue con público el partido del viernes 3 en dicho estadio, cosa que sucedió para la tranquilidad de la ciudadanía que mira para otro lado.

Ante toda esta tristeza y malestar es necesario dar importancia a las instancias de encuentros genuinos donde nos podemos reconocer en el otro y canalizar el miedo y el hartazgo en la complicidad de los que estamos podridos de esta vida de mierda y somos cada día más víctimas de esta sociedad violenta.

«Por más que callen, por más vueltas que dé el mundo, por más que nieguen los acontecimientos, por más represión que el Estado instaure; por más que se laven la cara con la democracia burguesa; (…) por más pactos que desarrollen con los controladores de clase; por más guerras y represión que impongan; por más que intenten negar la historia y la memoria de nuestra clase. Más alto diremos: asesinos de pueblos, miseria de hambre y libertad, negociadores de vidas ajenas, más alto que nunca, en grito o en silencio, recordaremos vuestros asesinatos de gentes, vidas, pueblos y naturaleza. De labio en labio, paso a paso, poco a poco.» (Salvador Puig Antich)

Jimi presente.

EL NEGOCIO DE MATAR

La sociedad capitalista y su consecuente “guerra de todos contra todos”, crea un terreno propicio para las mafias. Lo que las frena del exterminio mutuo es saber que la convivencia asegura su supervivencia. Han aprendido a negociar y a tolerarse, aún si están legalmente proscritas. En medio nos encontramos el resto de la población, a su merced, encerrados en las fronteras de su explotación, extorsiones e imposiciones.

Aunque el término mafia se refería inicialmente a un tipo de crimen organizado extendido desde su origen en Italia, hoy llamamos mafia a cualquier grupo de crimen organizado con similares características, independientemente de su origen o lugar de acción. Incluso podemos ampliar su uso, notando sus similitudes con instituciones y grupos respetados, que son quienes llaman mafia a los demás criminales.

El Estado es una mafia, y como en toda mafia la protección es tan sólo un pretexto. Su verdadera utilidad consiste en la consolidación de la administración de la vida social en el sentido más favorable para la explotación, se trate de “recursos humanos” o “recursos naturales”. Sus fuerzas de seguridad, esa “banda de hombres armados” al servicio de la burguesía nos cuida de lo que sus jefes sostienen: la organización de la escasez fruto de la propiedad privada y luego “nos cuida” de los mismos problemas que genera. Como en el caso de las extorsiones del crimen organizado no-estatal, nos “protegen” de una inseguridad que ellos mismos generan.

Los capitalistas conforman una mafia no simplemente porque algunos empresarios o algunos capitalistas sean mafiosos, sino porque son estructuras mafiosas, que exceden la supuesta voluntad de funcionarios y explotadores “honestos”… Si es que puede llamarse honestidad a la omisión y el mirar para otro lado en medio de una institución estatal o de explotación.

Empresas legales e ilegales conforman la sociedad capitalista. Son además mutuamente dependientes, bajo el amparo del Estado. Porque no se trata de un Estado ausente sino de un Estado cómplice. Esto no es simplemente el resultado de años de dejar crecer el crimen organizado mirando para otro lado, sino de la participación en la ganancia. Por eso se pueden cambiar figuritas, echar a tal o cual ministro o funcionario y la estructura sigue intacta.

Matar no es un negocio en sí mismo, matar es consecuencia de los negocios, o su presupuesto. La producción capitalista produce y administra la muerte, tanto en su faceta legal como ilegal desprecia la vida en pos de la ganancia.

Los asesinatos del narco se llevan a cabo por dinero, como cuando un empresario legal asesina por desprecio u omisión. No son fenómenos psicoindividuales ni hechos extraordinarios.

No se trata de excepciones o excesos de la sociedad capitalista, sino de la regla. No hay sociedad capitalista sin todas estas mafias. Por todo esto no se trata de una cuestión de principios sino de imposibilidad, no se puede terminar con las mafias y sus supuestos excesos sin terminar con el Estado y el Capital. ¡Si no cambia todo no cambia nada!

 

* Para ampliar recomendamos el libro Plomo y humo. El negocio del Capital que publicamos con Lazo Ediciones a fines del año pasado. Disponible también en su versión libre y gratuita en nuestro sitio web. Al igual que el audio de su presentación en la biblio y el especial nro. 63 de Temperamento Radio.

sábado, 17 de diciembre de 2022

NUEVO LIBRO: PLOMO Y HUMO, EL NEGOCIO DEL CAPITAL

Antes de que finalice el año publicamos un nuevo libro con Lazo Ediciones que incluimos en la nueva suscripción de la biblio. En la última emisión de Temperamento Radio también referimos a ello.

«En la ciudad de Rosario se ha señalado el plomo y el humo como parte de un mismo negocio. Fue un importante punto de partida para instalar públicamente la vinculación entre estas cotidianas problemáticas: narcotráfico y quemas en los humedales. En las páginas de este libro buscamos ahondar en ese sentido. Desde el boletín La Oveja Negra y otras intervenciones exponemos el impulso capitalista por la obtención de ganancias como el causante de las muertes, la destrucción del territorio y la nocividad en la cual habitamos. Consideramos la reflexión y la investigación como momentos necesarios de la lucha, de la lucha de clases, que no empieza ni termina con un conflicto o lugar particular.»

* Disponible gratis en versión digital en el sitio web de Lazo.

viernes, 16 de diciembre de 2022

NUEVO LIBRO: PLOMO Y HUMO, EL NEGOCIO DEL CAPITAL

En este nuevo libro que publicamos con Lazo Ediciones compilamos artículos de La Oveja Negra, panfletos, textos y escribimos nuevas reflexiones desde y para las protestas y movilizaciones. 

«En la ciudad de Rosario se ha señalado el plomo y el humo como parte de un mismo negocio. Fue un importante punto de partida para instalar públicamente la vinculación entre estas cotidianas problemáticas: narcotráfico y quemas en los humedales. En las páginas de este libro buscamos ahondar en ese sentido. Desde el boletín La Oveja Negra y otras intervenciones exponemos el impulso capitalista por la obtención de ganancias como el causante de las muertes, la destrucción del territorio y la nocividad en la cual habitamos.

Consideramos la reflexión y la investigación como momentos necesarios de la lucha, de la lucha de clases, que no empieza ni termina con un conflicto o lugar particular.»

Índice:

  • «Plomo y humo, el negocio de matar»
  • Plomo y humo, el negocio del Capital (Emancipación, 1 de septiembre de 2022)
  • La ley de plomo
  • “No se puede respirar”
  • Modelo agroexportador, (ab)uso de la tierra y quemas

Selección de textos:

  • Negocio, delito y muerte en Rosario (La Oveja Negra nro. 78, septiembre de 2021)
  • Narcotráfico y Capital (La Oveja Negra nro. 79, noviembre de 2021)
  • Ecocidio en el humedal (La Oveja Negra nro. 71, julio de 2020)
  • Parques nacionales: naturaleza muerta (La Oveja Negra nro. 59, noviembre de 2018)
  • Una reflexión a orillas del río (Panfleto, 25 de julio de 2020)
  • Aquí y ahora la lucha continúa (Panfleto, 1 de agosto de 2020)
  • Humo. Reflexiones más allá de las quemas (Reseña del documental)
  • Por el río, contra el Capital. Un viaje rebelde por el Paraná (Reseña de emisión nro. 51 de Temperamento Radio)
  • Chubut: No es No (La Oveja Negra nro. 80, enero de 2022)
  • Sobre los incendios en la Comarca Andina (La Oveja Negra nro. 75, marzo de 2021)
  • Deforestación (La Oveja Negra nro. 65, septiembre de 2019)
  • Progre-extractivismo (La Oveja Negra nro. 67, enero de 2020)
  • El Capital o la Tierra (La Oveja Negra nro. 2, marzo de 2012)
  • Memoria: Barrio Refinería y Cosme Budislavich (La Oveja Negra nro. 10, octubre de 2013)
  • Reflexiones desde y para las luchas

El libro está disponible en la biblio para consulta y venta, también hacemos envíos a ciudades de todo el país, así como se enceuntra en diferentes puntos de distribución.

Y como siempre lo compartimos gratuitamente en su versión digital: Leer y/o descargar el libro completo en PDF

Recomendamos también el programa que le dedicamos en Temperamento Radio.

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Esta es una editorial sin fines de lucro, nuestra intención es poner en común los libros que editamos. Por eso mantenemos los precios lo más bajo posibles y casi todos se encuentran disponibles para descargar gratuitamente. Agradecemos cualquier colaboración para seguir con este proyecto. Los aportes se pueden hacer aquí. 

martes, 9 de noviembre de 2021

lunes, 8 de noviembre de 2021

NARCOTRÁFICO Y CAPITAL

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Es por sus aspectos más superficiales que el narcotráfico llega a la discusión pública y a la prensa. Intentaremos atravesar la superficialidad del asunto. El narcotráfico es un síntoma de la situación económica que está causando estragos en el tejido social a lo largo y ancho del país. Inseparable de los graves y generalizados problemas de adicciones, se trata de un fenómeno que crece en la sociedad capitalista. Buscaremos abordar este problema social desde un punto de vista de clase.

La droga es otra mercancía producida y distribuida según los criterios de la sociedad capitalista. De hecho, antes de ser prohibidas, algunas drogas eran producidas por laboratorios y vendidas como productos farmacéuticos.

La heroína y la cocaína, desde principios y mediados del siglo XIX respectivamente, fueron desarrolladas y producidas a escala industrial en decenas de países por empresas químicas y farmacéuticas. Ambas eran ampliamente prescritas, suministradas en hospitales y recomendadas por la medicina moderna, fundamentalmente para continuar con el trabajo o soportar dolores de heridas producidas durante las guerras. La fuerte dependencia fisiológica provocada por estas nuevas mercancías generó en los soldados y explotados en general, la veloz formación de un mercado cautivo. A través de las épocas y cambios culturales, el tráfico, las drogas legales e ilegales y los adictos han existido y tomado diversas formas hasta llegar al modo que hoy conocemos.

El tráfico de drogas en la actualidad es una rama más de la economía capitalista y, como en cualquier otra, la explotación, la muerte y la extorsión se hacen presentes. No es la primera ni la única rama productiva en la cual se emplea trabajo esclavizado o medios ilegales para eliminar a la competencia. Sin embargo, por su condición de casi absoluta ilegalidad, su escala internacional, sus consecuencias sobre una gran parte de la población y el abordaje mediático y estatal, la violencia toma una notoriedad mayor. Los productores y vendedores de droga deben asegurar su territorio, extorsionar, desalojar, tirotear, encargar asesinatos, explotar, invertir en negocios lícitos, contribuyendo a la economía. Según un estudio de la ONU el tráfico global de sustancias generó aproximadamente 321.6 miles de millones de dólares en 2003, aproximadamente un 1% del PBI mundial de ese mismo año.

… y Estado

La producción de miedo y la consecuente extensión del silencio garantizan importantes ganancias para los traficantes y sus socios, así como un efecto disciplinario en la población. Lo que hoy vivimos en Rosario ya ha sucedido o está sucediendo en otras ciudades del mundo. De hecho, ya se esperaba que esto ocurriese por parte de quienes “regulan” estas actividades. A mediados de los noventa, dos agentes especiales de la DEA (Drug Enforcement Administration: agencia estadounidense de “Administración para el Control de Drogas”) disertaron para una decena de oficiales de Inteligencia de Drogas Peligrosas de Santa Fe. Uno de ellos cerró la charla diciendo: «Todavía en la Argentina viven una relativa calma urbana con el delito de drogas. Pero esto se terminará no bien empiecen a instalarse cocinas de cocaína. Eso creará un rubro nuevo en la economía local, dará empleo, abaratará la mercadería y también la multiplicará. Cuando eso pase, tengan por seguro que habrá dos efectos: se diseminarán las muertes violentas y la corrupción policial alcanzará niveles que jamás vieron.»

Las mafias aprovechan la miseria y la complicidad estatal para actuar, lo cual no termina en las avenidas que separan los barrios del macrocentro. Hay que ser muy inocente para creer que los proyectos mafiosos que operan en una ciudad se encuentran fuera del territorio de dominio de los Estados, que ocurren donde hay un “Estado ausente”: este no mira para otro lado, ofrece protección e impunidad a los negocios. Es evidente que las mafias no podrían tener negocios millonarios sin recibir el apoyo de amplios sectores del Estado y de la burguesía, dentro y fuera de los gobiernos. Existe una fina línea entre la actividad legal e ilegal, y más delgada aún entre mafia y corrupción. Esto dificulta cada vez más la distinción entre aparato de gobierno y mafia, al igual que ocurre con sindicatos, partidos políticos y empresas.

Diferentes sectores hacen uso de la extorsión, la protección o la desprotección, el adulteramiento de mercancías, el robo y el fraude para hacer negocios. Y no se trata necesariamente de organizaciones ilegales. Quien las define o no como tales es la mafia estatal, para la criminalización de sus rivales menores o de aquellos que no trabajan con ella. Es el Estado el que tiene el poder de declarar legal o ilegal una mercancía o una práctica. En casos específicos, como las mafias del narco, estas pueden adquirir inmenso tamaño e influencia, adentrándose en la estructura estatal y no solo a través de la policía. Es conocido en Rosario que un grupo de narcos fue el encargado de desalojar a los vecinos que habitaban las tierras donde se iba a construir el casino City Center, uno de los más grande de Sudamérica, y un hotel cinco estrellas. Alguien tiene que hacer el trabajo sucio para emprender negocios limpios, aportando tanto mano de obra como financiamiento.

Ley y moral

Los narcotraficantes son presentados como los enemigos de la salud pública y la sociedad en conjunto, y el gobierno como quien los combate. A esta simpleza se reduce la justificación del Estado en su embate contra el tráfico de drogas. Por su parte, la sociedad meritocrática del Capital admira a sus narcotraficantes triunfantes, sean los protagonistas de una serie o los reales devenidos en protagonistas de ficción. Y así sus caras se portan en remeras o se pintan en las paredes.

A menudo la moral está estrechamente relacionada con la ley. La ideología dominante no es más que la ideología de la clase dominante. La economía formal también produce y hace circular otros venenos para la salud, desde cigarrillos hasta comida chatarra. Dicho sea de paso, industrias como las del tabaco comercializan un tercio de su producción de manera ilegal para evadir impuestos. El narcotráfico, la “otra acumulación”, está entroncada estructuralmente con la economía capitalista tradicional. Un método adecuado para abordar este estudio, dejando de lado deliberadamente las formas habituales “moralistas” de realizarlo, es hacer a un lado los discursos y recordar que, tanto en esta como en otras cuestiones, no existen dos o más economías, sino solo una.

El narcotráfico precisa fuerza de trabajo que valorice el valor. ¿De dónde la adquiere? En general, de los desempleados del campo y la ciudad, o de los sectores más desvalidos y peor remunerados de la economía. La sociedad capitalista, además de ser una permanente fábrica de pobres, jamás puede ni podrá lograr el pleno empleo. La desocupación estructural hace que la fuerza de trabajo dependa de las ayudas sociales, se dirija hacia la emigración, la economía informal, o el narcotráfico. A pesar de los peligros que acarrea es una práctica atractiva para un sector joven de esa masa de población excedente, ya que, además de la retribución económica, puede brindar cierto estatus. Y en la corta expectativa de vida de estos proletarios la muerte no se presenta como mayor amenaza.

En el mundo…

Pero no todo se reduce a una villa, un barrio pobre, una zona rural o siquiera una ciudad. Al hablar del narcotráfico es preciso poner de relieve su carácter internacional. El avance del negocio de la droga en el mundo se dio conjuntamente con el de su supuesto control por parte de las fuerzas policíacas y militares. Hacia 1960 la lucha y colaboración internacional contra las drogas, así como contra la subversión se generalizaron. Ambas se cristalizaron en un modelo de seguridad y vigilancia estatal que se ha ido perfeccionando y adaptando a las oscilaciones de cada contexto pero, básicamente, lo que hace es operar en la construcción de la figura del enemigo interno que se esconde y se confunde con la población, legitimando el reforzamiento y la generalización policial-militar de técnicas y dispositivos de control de la población.

Países donde el narco es una referencia, como México o Colombia, no tienen su principal consumo o demanda en su interior, sino en Estados Unidos. Dicho país prohibió, entre los años ‘20 y ‘50 del siglo pasado, la distribución de heroína y cocaína, que en aquel entonces eran producidos principalmente por la industria farmacéutica de Alemania, enemigo que había que enfrentar tanto militar como económicamente. Estados Unidos tomó las riendas del movimiento prohibicionista mundial, sin que esto mejore en nada la situación de los barrios proletarios en sus zonas de influencia. De hecho, como puede comprobarse hasta el día de hoy, la ilegalización de una sustancia solo cambia las reglas del negocio, incluso aumentando su rentabilidad, pero claramente no lo suprime.

Por el contrario, su posición tenía como ventaja poder cuestionar e intervenir en los intereses económicos que otras grandes potencias capitalistas tenían en la producción y la distribución de ciertas drogas. Mientras tanto, la industria estadounidense desarrollaba otras sustancias energizantes o contra el dolor para sus soldados, tales como la morfina, la codeína, el café instantáneo, el tabaco, el alcohol, las metanfetaminas, etc.

Y fue así que el gendarme del continente comenzó a regular los negocios a través del ejército, la CIA o la DEA. Esta última, a la que nos referimos anteriormente, es la agencia del Departamento de Justicia de los Estados Unidos dedicada supuestamente a la lucha contra el contrabando y el consumo de drogas en los Estados Unidos, además del lavado de activos. Pese a compartir jurisdicción con el FBI en el ámbito interno, es la única agencia responsable de coordinar y perseguir las investigaciones antidroga en el extranjero. Sin ironías, sus siglas significan literalmente: Administración para el Control de Drogas.

Empresarios de la violencia

A diferencia del bandido, el mafioso es un empresario: no se limita a tomar una parte de la riqueza, sino que participa en su producción. Al interior de la burguesía, las capas mafiosas tienen su originalidad. En el caso del narcotráfico, sobre la base de la ilegalidad, existe un mayor control del mercado y los precios, posibilitando una enorme rentabilidad, sumado a las deplorables condiciones de explotación en que se suele realizar la producción y distribución de estas mercancías. Estas características hacen que la violencia sea un factor principal en la competencia, en comparación con otros sectores donde la productividad del trabajo y la innovación tecnológica son determinantes. Eso no quita que se busque ampliar aún más los márgenes de ganancia en la producción, fundamentalmente con la disminución de costos, como ocurre con la generalización de sustancias cada vez más nocivas para la salud. Un claro ejemplo es el notable crecimiento de muertes por sobredosis en los principales países consumidores, como Estados Unidos (cerca de cien mil en el último año), muchas de las cuales se atribuyen a la adulteración y disminución de la calidad de aquellas.

Con el narcotráfico, la competencia “desleal” y la violencia extraeconómica (coacción, patotas, secuestros, asesinatos, torturas), aplicada tanto entre mafias como hacia las poblaciones que explotan, someten, o sus consumidores, se ven a plena luz con su rostro más extremo. Pero esto no quiere decir que la competencia capitalista habitual esté exenta de los procedimientos extraeconómicos, así como la explotación de una clase por otra es fundamental en ambas expresiones burguesas.

El narcocapitalismo no puede hallarse separado del capitalismo tradicional, es su engendro y no puede dejar de establecer una innegable y permanente interinfluencia. Esto queda de manifiesto en la ineludible necesidad de lavar las cuantiosas sumas de dinero sucio producidas por el narcotráfico para contribuir a la reproducción del Capital en su conjunto.

Hay múltiples y cambiantes formas de lavar dinero. Una frecuente es entrar en complicidad con una empresa que opera legalmente en la economía formal, de manera tal que el dinero obtenido de las transacciones ilícitas se “mezcle” e incorpore al capital legal, cumpla sus obligaciones fiscales y oculte de esa manera su origen. Otra, es la creación de empresas fantasma, que directamente fingen realizar ciertas operaciones con el objetivo de lavar dinero. Con sus diversos procedimientos, este dinero contribuye a sus socios clandestinos de la banca, la bolsa de valores, empresas de todo tipo, e incrementan la recaudación estatal en países donde es tan habitual la evasión fiscal. Una parte del excedente capitalizado en el narcotráfico, además, se utiliza para sobornos y compra de conciencias, tanto de individuos como de instituciones, tanto con dinero sucio como lavado, dependiendo de las circunstancias en que se realizan dichas transacciones.

En el número anterior del boletín mencionábamos los vínculos del narcotráfico en la región con el desarrollo inmobiliario, las concesionarias de autos o la representación de jugadores de fútbol. A esto sumamos las casas de cambio, las “cuevas”, las financieras, cuyos vínculos son cada vez más evidentes. El lavado de dinero progresivamente aparece también asociado a la comercialización de criptomonedas por la posibilidad del anonimato y la virtualidad para mover grandes sumas, fenómeno ya generalizado en otras partes del mundo.

Un problema sin solución

El desarrollo del narcotráfico en las últimas décadas es inseparable de las dificultades para la obtención de grandes ganancias en diferentes ramas de la producción, así como de la desocupación que arrastra tanto al consumo como al trabajo en esta creciente industria. Se encuentra completamente arraigada en la reproducción del Capital, así como en la reproducción de la fuerza de trabajo.

En este sentido cabe preguntarse si, para las fuerzas del orden, es posible erradicarlo o no existe otro camino que el de ponerle límites. El gran problema en Rosario, asumido por periodistas y funcionarios, es que se trata de un crimen no muy bien organizado, principalmente descentralizado, de una competencia poco regulada y de una fuerza de trabajo poco controlada que no respeta los territorios asignados. En fin, se reclama una falta de monopolio para acabar, de momento, con la extrema violencia.

Los modos más visibles de combatir al narcotráfico por parte de los Estados pueden sintetizarse así: 1) Ataque frontal al avispero, que tiene como resultado no solo los severos daños “colaterales” con niveles de violencia y asesinatos cada vez más alarmantes, sino también, que la aprehensión y muerte de los capos produzca la dispersión, subdivisión y proliferación del narcotráfico, efecto que estamos sufriendo en esta ciudad en los últimos años. 2) Declarar públicamente que se continúa el ataque frontal, pero negociar bajo la mesa con los jefes de la “otra economía”. Esta política que, hasta cierto punto, puede restablecer la paz y corregir los aspectos más negativos del ataque frontal (destinado en realidad al fracaso) está lejos de eliminar la narcoeconomía. Más bien la protege, la alienta y le da un seguro de vida. Y al hacerlo, deja sin corregir los problemas de la salud pública aparejados a la existencia del narcotráfico. 3) Combatir, no tanto directa como indirectamente, al narcotráfico; es decir, dar prioridad a la lucha contra el lavado de dinero y todo lo que implica, en vez de enfrentarse directamente con los carteles productores y comercializadores de las drogas y estupefacientes de todo tipo. Esta táctica, de la que se habla mucho actualmente en la región, ha sido inútil o de efectos muy limitados donde ya fue aplicada, por la obvia e innegable razón de que el régimen capitalista tradicional (importantes sectores de la burguesía y una parte nada desdeñable del Estado) no está dispuesto a deshacerse en verdad de esos recursos económicos que benefician a ciertos particulares y al sistema tomado en conjunto. 4) Pugnar porque se legalicen las drogas, empezando por las menos dañinas, como por ejemplo la marihuana. Esto supone dos problemas: la desaparición abrupta de un sector de la narcoeconomía que acarrearía una crisis de impredecibles consecuencias; y agregamos la impredecible fuga de esas fuerzas narco a otros sectores que puedan producir ganancia. El otro obstáculo tiene que ver con la opinión pública. Su parte más conservadora está convencida de que la legalización de las drogas dañaría más que nunca la salud pública, razón por la cual cada vez que se habla de legalizar las drogas pone el grito en el cielo.

Por otro lado, en Rosario se ha aplicado en varias ocasiones la saturación de la región mediante fuerzas federales como Gendarmería, lo que ocurre actualmente una vez más. Su resultado es una relativa pacificación de breve duración en las zonas de mayor violencia y un efecto de tranquilidad en el humor social, pero no un enfrentamiento directo al narcotráfico, lo cual se evidencia en la falta de avance en las investigaciones, detenciones, incautaciones de droga, etc.

Sin minimizar la situación, tampoco queremos dar la imagen de un escenario apocalíptico. El futuro no está en el reinado de la ilegalidad y la violencia, sino en una mezcla creciente de norma y transgresión, de ilegalidad y legalidad. El llamado Estado de Derecho es una necesidad capitalista. Los negocios rompen las reglas, pero las reglas son necesarias, incluso para el comercio ilegal. Sin la prohibición, determinadas mercancías serían menos rentables. El auge de las mafias es ciertamente un signo de crisis, pero de una crisis que también produce la ilusión de un capitalismo que se ha vuelto ajeno a sí mismo: o virtual, o bárbaro, o en proceso de eliminación progresiva del Estado, y que ya no se basa en las relaciones de clase y en la explotación del trabajo, sino sólo en la depredación mediante la violencia.

De ahí la otra ilusión, la de querer “volver” a un capitalismo decente: virtuoso, pacificado o saneado. Porque la imagen del monstruo alimenta la esperanza de la posibilidad de un mal menor, de un ablandamiento democrático.

 

 * * *

Para el presente artículo nos han servido de referencia los textos:

• Prolegómenos para un estudio del narcotráfico, Enrique González Rojo Arthur. México, 2013

• Capitalismo más drogas igual genocidio, Michael “Cetewayo” Tabor (Panteras Negras). Estados Unidos, 1969

• Empresarios en la violencia (Sicilia, mafia y capitalismo), Gilles Dauvé. Francia, 2015, del cual no existe traducción al castellano.

domingo, 19 de septiembre de 2021

NEGOCIO, DELITO Y MUERTE EN ROSARIO

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En la ciudad de Rosario estamos viviendo un inusitado contexto de violencia que ha venido agravándose en los últimos años. Sumado a la gran cantidad de robos comunes que se suceden en toda la ciudad, los hechos de violencia extrema vinculados al narcotráfico y al crimen organizado han incrementado notablemente la situación de riesgo y miedo en que habitamos.

Evidentemente, la miseria, la marginación, el desempleo y el deterioro de los lazos sociales influyen tanto en el crecimiento de la violencia, como del narcotráfico y del delito en general, retroalimentándose. La corrupción de las fuerzas de seguridad y del sistema judicial, así como de los políticos y empresarios “legales” con su participación directa o indirecta en la industria del delito es notable, y el narcotráfico en particular ha adquirido una dimensión tal que el problema ya se plantea como inabordable por los funcionarios a cargo. Tampoco debe olvidarse el desastre que significa la justicia penal en la Argentina, donde la mayoría de las personas privadas de su libertad no tienen condena y pertenecen prácticamente en su totalidad a los sectores más marginados de la sociedad.

Cuando desde diferentes sectores nos oponemos a pedir más mano dura, somos acusados de defender a los delincuentes, no solo por la burguesía sino también por otros explotados y oprimidos. Si bien como clase somos los que principalmente padecemos los asaltos o la preocupación por zafarlos, esto no puede justificar la brutalidad estatal. Cuando los explotados no pelean contra los explotadores, pelean entre ellos mismos. Y la publicidad del “trabajador honrado” que pide mano dura es la coartada que precisan ciertos sectores de la burguesía para poder implementarla. (Ver: Venganza por mano propia en nro.43 de este boletín)

En la ciudad de Rosario, entre enero y marzo de este año se registró un promedio de 2,3 personas baleadas por día, cifra que incluye los asesinatos y heridos por armas de fuego. Así comenzó el año y así continúa. Entre el lunes 6 y el martes 7 de septiembre, se llegó al récord de 6 muertes por homicidios en 24 horas, 5 de las cuales sucedieron en el plazo de 10 horas. Según un informe del Observatorio de Seguridad Pública, dependiente del Ministerio de Seguridad de Santa Fe, cerca del 80% de los 212 homicidios que este organismo registró el año pasado fueron con un arma de fuego y cerca del 50% tuvieron por motivo «tramas asociadas a organizaciones criminales y/o economías ilegales», relacionados principalmente con lo que se denomina como narcomenudeo. Un 7,5% sucedieron en situación de robo, un 30% por conflictos interpersonales y un 13% están aún en investigación. El 90% de las víctimas fueron hombres y 2 de cada 3 muertos tenían entre 15 y 34 años.

La violencia armada acontece casi en su totalidad fuera del centro y se acrecienta en los barrios de la periferia urbana. Incluso durante el aislamiento social y obligatorio continuó aumentando el número de asesinatos y heridos de bala. Esta situación empezó a evidenciarse hace ya una década, llegando en 2013 a duplicarse las tasas de homicidio que se habían dado hasta 2010. En 2014 se llegó a la cifra de 254 muertes por homicidio, que no ha variado sustancialmente en los últimos años. Entre 2014 y 2020 la tasa de homicidios promedio en Rosario fue de 16 cada 100.000 habitantes, una de las más altas del país junto con la ciudad de Santa Fe, que llega a 19. Recordemos el Triple crimen de Villa Moreno sucedido el 1° de enero de 2012, donde fueron asesinados Mono, Jere y Patom, militantes del Frente Popular Darío Santillán (ver nro.1 de este boletín). Este caso puso de relieve cómo la violencia narco impacta sobre el común de los habitantes de los diferentes barrios de Rosario, completamente al margen de las bandas en conflicto.

Como veíamos, la mayoría de los homicidios están relacionados con disputas territoriales dentro del mapa de la venta de drogas, donde las fronteras de cada grupo narco se establecen y desplazan de acuerdo a su nivel de violencia. Pero no solo son los personajes ligados al narcotráfico quienes asesinan y balean: hay desde barrabravas por el control de la tribuna y sus negocios, hasta empresarios farmacéuticos que contratan sicarios para eliminar a la competencia. No todo es competencia leal en el capitalismo, así como el gatillo fácil existe entre derechos y garantías.

Quienes viven fuera de Rosario sabrán que las balaceras sobre casas, autos y locales comerciales se han vuelto una práctica diaria. Ajustes de cuentas, aprietes para desalojar casas donde instalar “búnkers”, cobro de deudas y hasta infidelidades son algunos de los motivos, aunque muchos de los atacados no encuentran explicación alguna. Ese es el nivel de violencia en la resolución de conflictos interpersonales. Así como aumenta el trabajo precario, con las apps de delivery a la cabeza, otra “salida laboral” en Rosario es el sicariato: también en moto, sin cobertura médica y pago por trabajo hecho.

Más allá del sensacionalismo de los medios de comunicación en torno a estos temas, y de las comparaciones con México o Colombia que poco explican, remarcamos la gravedad de esta situación que dificulta aún más las condiciones de vida de nuestra clase. Qué decir de quienes pierden a seres queridos en robos o disputas, o a sus hijos reclutados como “soldaditos” de los “búnkers”, arriesgando la vida por robar un teléfono o sumergidos en adicciones.

Usos de la inseguridad e industria del delito

Se trata de un secreto a voces que la delincuencia es de utilidad para la sociedad capitalista: como señala Foucault, cuantos más delincuentes y más crímenes existan, más miedo tendrá la población; y cuanto más miedo en la población, más aceptables y deseables se vuelven el control y la protección estatal. Incluso, agregamos, a sabiendas de que esta no protege ni protegerá.

La delincuencia posee también una utilidad para la producción y la circulación, se trata de una empresa provechosa y en continuo crecimiento indispensable para el lucro capitalista: tráfico de armas, de drogas, venta de personas. Toda una serie de negocios que, por una u otra razón, no pueden ser legales.

Por otra parte, ciertas organizaciones criminales contribuyen también a combatir manifestaciones, ocupaciones y piquetes, desaparecer a opositores y luchadores sociales, y proveer de seguridad y guardaespaldas a políticos, sindicalistas y empresarios.

En un artículo titulado sugestivamente Concepción apologética de la productividad de todas las profesiones, Karl Marx dice que, así como el filósofo produce ideas, el poeta poemas o el cura sermones, el delincuente produce delitos. De este modo, produce también la policía, los manuales de derecho y códigos penales, los funcionarios que se ocupan de los delitos y sus castigos, así como también arte y literatura. Marx dice que podríamos poner de relieve hasta en sus últimos detalles el modo en que el delincuente influye en el desarrollo de la productividad. Que los cerrajeros jamás habrían podido alcanzar su actual perfección, si no hubiese ladrones. Y la fabricación de billetes de banco no habría llegado nunca a su actual refinamiento a no ser por los falsificadores de moneda. En este sentido, agregamos el desarrollo tecnológico en materia de seguridad, así como el crecimiento de este sector en particular, que aparece como alternativa frente a la ineficacia o participación estatal en el delito.

Los negocios legales se supone son lo contrario a los negocios ilegales, de modo que la conciencia ciudadana pueda dormir tranquila. Pero unos no existen sin los otros. El turismo se retroalimenta con el tráfico de drogas y personas para esclavizar sexualmente, así como ciertos minerales que son utilizados por empresas altamente tecnologizadas para la producción de teléfonos son extraídos mediante la esclavitud y la guerra en el Congo. En el caso del narcotráfico en Rosario se han demostrado vínculos claros con el desarrollo inmobiliario, las concesionarias de autos o la representación de jugadores de fútbol.

Mientras exista dinero habrá robo

En realidad, el robo es una constante para los explotados, aunque no se perciba como tal: el desempleo, la precariedad del sector “informal”, el aumento de la inflación y los sobreprecios, no parecen indignar tanto como la denominada inseguridad de las calles. Desde el patrón al gobierno, desde el sindicato al empresario, nuestra vida es consumida día a día. Será que la sociedad ha naturalizado la miseria, pero no todavía que un desconocido nos asalte. Costumbre o no, la denominada inseguridad empeora las condiciones de vida de nuestra clase. Reduce la capacidad de movimiento, achica el salario o como sea que nos ganemos la vida en gastos relativos a la seguridad (rejas, taxis, reposición de objetos robados, alarmas comunitarias, cámaras de seguridad, seguros), por no hablar del estrés generado, las consecuencias físicas, o hasta las pérdidas humanas.

“Nos robamos entre pobres” se suele señalar de modo crítico. Eso no importa a las fuerzas ciegas del dinero. La ambición, el lucro y la competencia anteponen la ganancia a cualquier precio. Sí, a cualquier precio. Nosotros también tenemos precio, y no porque el asaltante nos haya puesto uno: ya lo teníamos desde antes. La generalización de la sociedad mercantil y su “guerra de todos contra todos” crea un suelo fértil para estos robos y asaltos, así como el desarrollo del crimen organizado. Mientras exista propiedad, Estado, policía y un culto al progreso individual, habrá enfrentamientos entre explotados. Mientras exista dinero, no habrá suficiente para todos.

miércoles, 28 de abril de 2021

ACTO: 1° DE MAYO ANTICAPITALISTA, INTERNACIONALISTA Y REVOLUCIONARIO

Proponemos un nuevo acto del 1° de mayo para encontrarnos y compartir una jornada de agitación y reflexión. Habrá oradores, recitados, música en vivo y feria de publicaciones.

Sábado a las 17 hs.
Plaza Sarmiento (Entre Ríos y San Luis)
Rosario

viernes, 27 de noviembre de 2020

NUEVO DOCUMENTAL: HUMO. REFLEXIONES MÁS ALLÁ DE LAS QUEMAS

A comienzos de noviembre lanzamos el audiovisual Humo. Reflexiones más allá de las quemas, de libre difusión, que ya ha comenzado a circular no solo por la web, sino también por diferentes espacios, huertas y acampes, como el que se mantiene en el centro rosarino por los humedales.

Aportamos este nuevo material a la lucha en curso, así como lo venimos haciendo con la participación, los volantes y los artículos de este boletín. También desde Temperamento Radio realizamos un especial titulado Por el río, contra el Capital que consta de dos partes a través de las que emprendimos un viaje rebelde por el Paraná.

Compartimos aquí la presentación del video y alentamos su difusión:

Durante el año 2020, antes y durante la llamada pandemia del COVID19, grandes incendios se registraron en todo el cauce del río Paraná. Dentro de las islas, el fuego ha arrasado flora, fauna y ranchos de isleños. En las ciudades de la costa, una nube de humo y ceniza de intenso olor lo cubría todo. Montes nativos destruidos, animales carbonizados, gente sin casa y, tras los barbijos, narices y gargantas lastimadas.

A pesar del aislamiento impuesto, miles de personas nos encontramos en cortes, asambleas, escraches y movilizaciones exigiendo el fin de las quemas. Hasta ahora, ha prevalecido el pedido de más legalidad y el falso supuesto de “la ausencia del Estado”.

El modelo agroindustrial y la especulación inmobiliaria siguen destruyendo la vida en pos de la ganancia, pero también la resistencia y la lucha continúan brotando por todos lados. Consideramos necesario afilar la crítica y las acciones contra el sistema capitalista. Este documental es un aporte en ese sentido.

¡Ni quemas, ni dragado, ni agrotóxicos! ¡Tierra y libertad!

Se puede ver en nuestro canal de YouTube Biblioteca Ghiraldo.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Documental: HUMO. Reflexiones más allá de las quemas

 

Durante el año 2020, antes y durante la llamada pandemia del COVID19, grandes incendios se registraron en todo el cauce del río Paraná. Dentro de las islas, el fuego ha arrasado flora, fauna y ranchos de isleños. En las ciudades de la costa, una nube de humo y ceniza de intenso olor lo cubría todo. Montes nativos destruidos, animales carbonizados, gente sin casa y, tras los barbijos, narices y gargantas lastimadas.

A pesar del aislamiento impuesto, miles de personas nos encontramos en cortes, asambleas, escraches y movilizaciones exigiendo el fin de las quemas. Hasta ahora, ha prevalecido el pedido de más legalidad y el falso supuesto de “la ausencia del Estado”.

Desde una perspectiva anticapitalista y antiestatal nos proponemos analizar lo que viene sucediendo en las islas, a fin de promover una reflexión más profunda acerca del origen de los incendios, así como también una crítica hacia el legalismo y el llamado “desarrollo sustentable”.

El modelo agroindustrial y la especulación inmobiliaria siguen destruyendo la vida en pos de la ganancia, pero también la resistencia y la lucha continúan brotando por todos lados. Consideramos necesario afilar la crítica y las acciones contra el sistema capitalista. Este documental es un aporte en ese sentido.

¡Ni quemas, ni dragado, ni agrotóxicos!
¡Tierra y libertad!

Boletín La Oveja Negra
Rosario, noviembre de 2020

Si considerás que este material merece ser recomendado, ¡a proyectarlo y difundirlo libremente!
Muerte a la propiedad en todas sus formas.

sábado, 1 de agosto de 2020

Aquí y ahora la lucha continúa

Panfleto repartido el 1° de agosto en el corte del puente Rosario-Victoria contra las quemas en las islas
Hoy, es 1 de agosto, algunas compañeras y compañeros no están acá porque en la plaza Sarmiento se está realizando una actividad a tres años de la desaparición y posterior asesinato del compañero Santiago Maldonado.

Hoy nosotros estamos acá, cortando una ruta para que el humedal deje de arder. Hace tres años Santiago estaba en el Sur cortando otra ruta junto a los mapuches para recuperar su territorio. El sábado pasado y el anterior, gendarmería dejó prácticamente vía libre para que algunos camioneros nos atropellen y golpeen, la misma fuerza armada que asesinó a Santiago, la que hace unos años invadió la ciudad con la excusa del narcotráfico. Otra rama del mismo brazo armado de los poderosos es la que hoy tiene a Facundo Castro desaparecido.

Quizás eso lo entendimos, por eso hablamos de no delegar nuestro cuidado a los gendarmes, de no quedarnos tranquilos y hacer una barricada más grande, pero quizás seguimos tropezando con la misma piedra: dialogar con quienes son parte del problema. Es cierto, estamos acá para algo que no es apagar el fuego objetivamente, si no estaríamos del otro lado del río. Pero algunos desconfiamos y marcamos los límites de la legalidad y de las palabras de quienes gobiernan, los de ayer y los de hoy.

Depende cuál sea el conflicto que se atraviese y el descontento social, serán menos o más hostiles, pero jamás dejarán de defender los intereses de los ricos, de los terratenientes, esos que hoy están quemando las islas, esos que ayer construyeron este puente de mierda sobre el que estamos parados y se cagaron en todo, en quienes viven hace más de cien años en el Remanso Valerio, en toda la flora y fauna que hay, o mejor dicho había, en el humedal. “Hay que progresar” dicen algunos, y se van a justificar en que sirvió de conexión, para esto y lo otro. Lo mismo van a hacer el año que viene cuando concesionen el nuevo dragado del río: “vamos a poder exportar más toneladas” dirán. Y es cierto, conecta y se podrá exporta más… ¿Y? ¿Quién se beneficia con esto? ¿Quiénes son los que analizan qué conviene y qué no? ¿Quiénes firman estos acuerdos? ¿Quiénes hicieron vista gorda o formaron parte del negocio cuando se loteó “Los Marinos” frente a La Fluvial? Que no nos sorprenda una copia de Nordelta en un tiempo.

¿Podrán o querrán, mejor dicho, las gobernaciones detener las quemas? ¿Cómo detener las quemas sin detener la producción ganadera? No es por tercos, si a algo venimos acá no es a pelearnos entre quienes queremos que el fuego en las islas pare. Revisamos distintos proyectos que hay para la “ley de humedales”, y nos encontramos con que ninguno podrá literalmente apagar el fuego. En cambio, dicen que se usarán los humedales de forma sustentable, algunas zonas estarán protegidas, y en caso del no cumplimiento: multas, suspensión, cese de la actividad, etc. Y no es que seamos especialistas en leyes, es que ninguna ley podrá apagar un incendio que es causado por la sed de ganar dinero, que es la misma que arruina cada rincón del planeta. Existe ya el artículo 41 de la Constitución Nacional, el Convenio Ramsar aprobado en el año 1991 a través de la sanción de la Ley 23.919, también la ley 26.562 ¿por qué otra ley garantizaría que este modelo productivo no avance sobre nuestro medio? ¿Tantas vueltas hay que darle para entender que esto destruye la vida?

Ahora, mientras codo a codo nos hermanamos en la lucha, podemos también pensar que si no cambia todo no cambia nada, que si queman las islas, o el amazonas, o nos fumigan, es por la insaciable necesidad de ganar dinero de unos pocos. Porque la naturaleza, y nosotros los seres humanos como parte de ella, es vista como mercancía. Y es a este mundo de las mercancías al que debemos derribar.

Rosario, 1° de agosto de 2020

Boletín La Oveja Negra
boletinlaovejanegra.blogspot.com


*  Ver panfleto anterior Una reflexión a orillas del río (25/07/2020)
** Ver Ecocidio en el humedal (La Oveja Negra nro.71)

sábado, 25 de julio de 2020

Una reflexión a orillas del río

Panfleto repartido el 25 de julio en el corte del puente Rosario-Victoria contra las quemas en las islas

Una vez más nos estamos encontrando.

El espectáculo horroroso del que somos testigos nos trajo hasta aquí para manifestarnos, para gritar, para juntarnos en este tiempo de aislamiento oficial.

Invitamos a reflexionar acerca de todos los atropellos que se llevan adelante contra la vida, que en este caso pone en el centro de la problemática al humedal, por la situación inmediata que se viene repitiendo hace varias semanas de quema permanente de montes y pastizales.

Queremos centrarnos en las acciones que se vienen llevando adelante, sus limitaciones y posibles escenarios de acción. En este sentido, vale recalcar que lo que nos une ante esta situación es la lucha, y que lo único que puede poner en tensión la urgencia de los incendios es la acción colectiva, en el seno de la movilización misma.

La impotencia de los primeros días se transformó en asambleas y encuentros y, sin que nadie nos lo ordene, y aunque más de uno nos haya tratado de delincuentes, el fin de semana pasado cortamos este puente y obstruimos por unas horas la normalidad. Esa normalidad basada en la circulación de mercancías, donde la destrucción de la naturaleza es el núcleo fundamental.

Hay mucha gente que se moviliza sinceramente, pidiendo una Ley de Humedales, una producción sustentable en las islas o un Parque Nacional. Estas soluciones se pintan como realistas e inmediatas pero ¿atacan al problema de fondo?

Desde la reforma del ‘94, la necesidad de una vida sana, reducida a derecho legal, se encuentra consagrada en el artículo 41 de la Constitución Nacional. En ese sentido, Argentina suscribe a todos los acuerdos ambientales internacionales: Protocolo de Kyoto, Protocolo de Montreal, Convención de Humedales y otros. También desde esa reforma, en el artículo 75 inciso 17 se reconoce la preexistencia al Estado de los pueblos originarios y sus territorios. Argentina también ha sido pionera en la creación de áreas protegidas. En 1922 crea el Parque Nacional del Sud, actual Nahuel Huapi, tercero del mundo después del Yellowstone en EEUU (1872) y el Banff en Canadá (1885). En cuestión de humedales, también participa del Convenio Ramsar.

Sin embargo, la realidad ha sido y es bien distinta tras las abstracciones de la legalidad. Desde los años 90 y en especial en los últimos veinte años, la destrucción de la naturaleza ha llegado a límites brutales. La expansión de la frontera agrícola se aceleró como pocas veces en la historia y la comida transgénica puebla nuestras mesas como nunca. 500 millones de litros de agrotóxicos son vertidos cada año en toda el área productiva agroindustrial. Entre 1998 y 2017 se arrasaron más de cinco millones de hectáreas de monte nativo, parte de los 35 millones que se desmontaron en total en el Cono Sur. El éxodo del campo a la ciudad no se detiene y las comunidades rurales, tanto criollas como indígenas, siguen siendo desalojadas, asediadas y reprimidas. Como corolario del histórico apriete que sufren las poblaciones que quedan dentro de los límites de áreas protegidas, en noviembre del 2017, por defender la tierra y la vida de su comunidad, Rafael Nahuel fue asesinado de un balazo en la espalda por Prefectura Naval tras una denuncia de Parques.

Entonces, queremos hacer la pregunta: ¿se podrá frenar todo este desastre con una ley? ¿Son más leyes lo que necesitamos?

El intendente Javkin en recientes declaraciones se lavó las manos, como si no pudiera hacer nada, afirmando que es un problema de Entre Ríos. El ministro de ambiente de la Nación, Juan Cabandié, anticipó en estos días una nueva figura legal, los “faros de preservación”, que daría una solución “de fondo” al problema del humo. Una vez más, el ojo vigilante y controlador señalará a quienes recorremos las islas, pero no a las ganancias de los ganaderos.

Queremos respirar aire puro, queremos caminar por los montes siendo parte de ellos, queremos bañarnos en el río como tantos miles de personas lo hicieron en el pasado. Queremos que otras especies animales sigan su vida tranquilamente, sin agrotóxicos, sin incendios, sin dragados ni alambrados.

El río, como todo lo que llamamos ‘naturaleza’, se halla en permanente cambio. Vida y muerte son una parte constitutiva suya: fluye, se seca, renace, observamos los cambios de color de los ciclos de su flora. Un día aquí una isla desaparece y otro día emerge un banco de arena que mañana será un monte tupido. Toda esa vida en constante ebullición, ¿cabe en la letra muerta de una ley de escritorio? ¿Es algo que se pueda vender al precio de una entrada, cual museo natural? ¿Tiene un funcionario político la sensibilidad de entender todo esto?

Compañeras y compañeros, esta lucha la hacemos entre todos. No es una guerra contra Entre Ríos, ni tampoco debemos permitir que sea el trampolín para que los especialistas de hoy sean los funcionarios de mañana. De este modo, discutamos las acciones que queramos llevar adelante entre nosotros y si los políticos tienen que enterarse, será por nuestras propias actividades, por el eco que de ellas se haga, y no por la invitación a una instancia en particular.

Sigamos luchando y encontrándonos. Sigamos conversando sobre hacia dónde queremos ir.

Después de todo, si hemos observado bien, sabremos que cuando el río se desborda es cuando más fecunda se vuelve la tierra...


Rosario, 25 de julio de 2020

Boletín La Oveja Negra
boletinlaovejanegra.blogspot.com


* Ver Ecocidio en el humedal (La Oveja Negra nro.71)

jueves, 2 de julio de 2020

ECOCIDIO EN EL HUMEDAL

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Durante varias semanas del mes de junio la ciudad de Rosario amaneció y anocheció bajo una espesa niebla de humo proveniente de la quema de pastizales y montes de las islas, al otro lado del río Paraná. Este humo que se cernía sobre la ciudad como la bruma de una película de ciencia ficción afecta las vías respiratorias y produce alergias e irritación ocular, al punto de que muchas personas sufren severas consecuencias en su salud.

Sin embargo, el problema de fondo es aún peor que el humo que llegó a nuestras narices aprisionadas tras los barbijos. La quema agudizada durante los últimos meses es una práctica común entre los productores ganaderos en las islas de Entre Ríos. El motivo es la progresiva extensión de los terrenos a explotar, así como la rápida preparación de los mismos para la alimentación de su ganado y ahuyentar otros animales que consideran plagas. Las llamas, que han arrasado miles de hectáreas en diferentes focos, dañan principalmente el entorno inmediato donde cientos de especies animales y vegetales mueren o se ven desplazadas como consecuencia del fuego y la asfixia.

Esta expansión es inseparable de una mucho más amplia: la de las fronteras del agro en todo el territorio. Si bien los transgénicos han provocado una intensificación del proceso, esto no puede llevarnos a sacralizar la producción agropecuaria anterior a su implementación, donde la quema, los agrotóxicos y el desmonte eran prácticas usuales. Es necesario comprender que la forma en que se produce en cada sector en cada momento está determinada por lo que dicta la tasa de ganancia, y toda discusión acerca de las “buenas prácticas” es un terreno completamente infértil si no se plantea una crítica profunda al sistema productivo en su conjunto.

El desastre en el humedal no solo se realiza a través de la quema de pastizales y deforestación por parte de quienes ostentan ser sus dueños. No debe olvidarse toda una serie de ataques contra la vida y el ecosistema que se desarrolla en esta zona: la nueva industria turística emergente­—y en este caso también podemos referirnos a todos aquellos que visitan el río con sus vehículos acuáticos motorizados y los evidentes daños que producen—; los terraplenes y elevaciones artificiales de los terrenos; la inescrupulosa actividad pesquera y de caza de animales silvestres (se puede ver cómo, a medida que pasa el tiempo, cada vez son menos las especies animales que siguen habitando los humedales); esto sumado a los desechos cloacales y tóxicos vertidos al río provenientes de las instituciones “sanitarias” e industriales de la ciudad de Rosario y sus alrededores, y los residuos de los pesticidas utilizados en el vasto territorio que conforma la cuenca del río Paraná.

Los incendios provocados en las islas son solo otro eslabón en una cadena de avance sobre el territorio en la región. Ayer fue el puente Rosario-Victoria, inaugurado hace tan solo 17 años. Facilitando el transporte y la comunicación entre las dos provincias, así como el acceso por tierra a muchas de las islas para facilitar su explotación, esta megaobra significó y significa un ataque directo a las diversas especies de la zona, así como a los habitantes de las islas y quienes se sustentan de la pesca a pequeña escala. Y aunque ahora sea parte del paisaje, el puente no estuvo siempre allí. Cada desastre se cimienta sobre otro, y es por eso que, aunque todo sea parte del mismo problema, es importante oponernos a los nuevos ataques, advirtiendo además la interrelación existente.

La próxima catástrofe local es la ampliación del dragado del río Paraná. En abril de 2021, la concesión del dragado se renovará con una profundización y ensanchamiento del canal para los buques de carga. Uno de los interesados en dicha concesión es China, el ya principal comprador de soja argentina. Representantes de China Communications Construction Co (CCCC), el gigante de la construcción estatal en ese país, ofrecieron al gobierno argentino darle mayor profundidad al río Paraná, la principal vía fluvial de Argentina para el transporte y exportación de productos agrícolas. Marcos De Vincenzi, gerente de dragado de Servimagnus, socio local de CCCC, dijo: «Creemos que el dragado de la vía fluvial debe actualizarse para satisfacer sus nuevas necesidades de tráfico y comercio» y agregó «cada pie de profundidad adicional aumentaría la eficiencia al permitir que los barcos transporten desde 1.800 a 2.500 toneladas de carga adicional.»

De los incendios y sus descontentos
Además de organizaciones ecologistas y ONG, personas autoconvocadas nos reunimos en diferentes ocasiones: asambleas, protestas o abrazos simbólicos al río con la propuesta de visibilizar la situación. Sin embargo, lo que primó fue la intención de reducir el problema de los incendios a una cuestión de ilegalidad para que llegue a las agendas políticas y se proceda a la acción judicial con abultadas y efectivas multas para los responsables. Así, se le pide al Estado lo mismo que desde hace años es evidente que no pretende solucionar, y no por un simple desinterés o capricho. Los intereses que están detrás de las quemas son los que defienden, defendieron y defenderán los representantes políticos, los intereses de las ganancias capitalistas que llenan sus bolsillos, sean del partido político que sean.

Como decíamos en el nro. 65 del boletín La Oveja Negra: «Durante toda la “década ganada” nuestra región sufrió el récord de desmonte por motivos agropecuarios, mientras se daba la bienvenida a nuevas inversiones de Monsanto y la minera Barrick Gold. Pero esto tampoco es propio de un gobierno en particular. En la Provincia de Santa Fe, por ejemplo, se pasó de tener casi 6.000.000 de hectáreas de bosques en 1935 a 840.000 en 2002, es decir, en ochenta años se “perdió” un 82% de bosques nativos. “Nada se pierde todo se transforma” dirán los eslóganes apaciguadores de la autoayuda, y en algo tienen razón, bajo la lógica de este sistema no se pierde nada mientras se transforme en valor: esos bosques fueron sistemáticamente destruidos para la ganancia.»

Los pedidos más o menos ingenuos y fragmentarios hacen que resulte muy simple para los políticos de turno buscar culpables particulares con nombre y apellido y dejar intacta la cuestión de raíz que acecha la vida, no solo del río Paraná y sus humedales sino de toda la naturaleza en su conjunto. El intendente de la ciudad de Rosario y el chovinismo provincial tienen la caradurez de considerar “una provocación” de la vecina provincia de Entre Ríos el recrudecimiento de los incendios tras firmarse un acta por el cese de las quemas durante 180 días. En otras ocasiones habrán sido y serán ellos mismos los que avalen todo este tipo de atropellos. Finalmente fue un diluvio el que apagó el fuego.

Quizás una lluvia intensa vuelva a parar un próximo incendio, y probablemente los dueños de los campos no pagarán sus multas. Lo seguro es que las organizaciones ciudadanas y ciudadanistas seguirán pidiendo que se apruebe tal o cual legislación. Actuando como correa de transmisión entre el Estado y quienes quieran parar las nocividades. Aplicando al odio y el amor genuinos de los movimientos sociales, el ungüento tranquilizador del suplicio legal y la confianza en los políticos y los empresarios. No es casual ni ingenuo que quienes se erigen como representantes de las manifestaciones suelen ser los presentadores compulsivos de proyectos de ley o de “producción sustentable” para el municipio, quienes hacen carrera política y a fin de cuentas progresan gracias a la mano del Estado.

Otra de las propuestas es la declaración de un Parque Nacional (1) en la zona, lo que significa poner a la naturaleza como un museo, santuario o vidriera donde se debe pedir permiso y pagar para poder circular. Con la lógica estatal del “cuidado” tan a la moda, la única forma de preservación de la vida se presenta como la prohibición y la regulación por parte del Estado, en este caso de ciertos territorios delimitados, mientras el resto es librado al uso indiscriminado de sus propietarios. Destinados al turismo o a la producción, en ambos casos se trata de la continuidad de la desposesión del ser humano de sus medios de vida y su brutal separación del entorno natural. Así, finalmente se cumplirá aquello de “el Paraná no se toca”, mientras con el Paraná se negocia.

Sumado a esto, el ciudadanismo, en este caso ecologista, desalienta las manifestaciones que apuntan al paro de la producción y circulación de las mercancías, haciendo llamados a seguir hablando en el lenguaje de los amos. “Jamás cometeríamos un delito para denunciar otro delito” decían. Es necesario tener en claro y seguir remarcando que este tipo de razonamientos solo nos llevarán a seguir sumidos en esta lógica de muerte y opresión, que el río Paraná junto con todo su ecosistema es hoy el foco de una problemática, pero el capitalismo no reconoce límites.

La Ley no es lo justo, es solo un consenso entre los burgueses para proteger sus propiedades, cuando se trata de aplicarla en ellos son solo papel mojado. Sin desobediencia no solo no hay revolución, sino el más mínimo cambio en beneficio de la clase de explotados y oprimidos de esta sociedad.

Un río no es frontera
Otra cuestión no menos importante es que no se puede limitar la problemática a una frontera que no existe para un metabolismo natural. Estos incendios no pueden aislarse de los ocurridos en la selva amazónica, ni de los desmontes del Chaco, solo por nombrar los más cercanos. Y esto desnuda el hecho de que una solución no podría venir jamás de tal o cual político o ley que se apruebe. Y no lo decimos para bajar los brazos o porque no nos parezca importante luchar por lo inmediato, para que se deje de prender fuego la vida a nuestro alrededor, sino todo lo contrario, escribimos estas reflexiones porque vemos que se está dando siempre la misma batalla inútilmente.

Como en todas las situaciones en las cuales somos bombardeados por los medios de comunicación, los temas de conversación se vuelven virales y todos pueden opinar a través de las redes sociales, surgen los comentarios del tipo de “cuando pasa en Australia todos se preocupan, pero cuando pasa acá enfrente no”. Esta clase de comentarios solo sirven para minimizar los hechos y perder de vista que todos tienen el mismo origen: la producción de valor. Parecería que solo por estar más cerca nos tenemos que preocupar, cuando incluso incendios ocurridos en lugares tan lejanos como Australia también nos afectan, aunque no sintamos el humo. Pero los ríos y los bosques no tienen patria, ni compiten en sus desgracias.

En los tiempos que nos están tocando vivir, de distanciamiento social y confinamiento obligatorio, se pretende obligarnos a taparnos la boca para salir a la calle. Durante las semanas de abundante humo en la ciudad de Rosario, recordábamos las imágenes que nos llegan de ciertas metrópolis orientales, donde no se puede ver el horizonte debido a las espesas nieblas tóxicas y el uso de máscaras es moneda corriente. Pero más allá del acostumbramiento a lo inimaginable, la situación se torna absurda e insostenible. Quienes ven la salud como estadísticas y protocolos, nos obligaron a dañar nuestra salud con el uso de tapabocas, que no solo dejan pasar el humo, sino que además reducen la capacidad respiratoria.

No nos callemos, no nos tapemos la boca ante la codicia mercantil y predadora de la vida.


Nota:
(1) No olvidemos que en el año 2017 Rafael Nahuel caía asesinado por el Estado, en nombre del cuidado de los parques nacionales. Ver La Oveja Negra nro.59: Parques nacionales: Naturaleza muerta