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jueves, 1 de octubre de 2026

ECO-NACIONALISMO

En este boletín acompañamos las luchas socioambientales de los últimos años en Argentina participando, difundiendo y reflexionando. Publicamos diferentes artículos, emisiones de Temperamento Radio, el documental Humo. Reflexiones más allá de las quemas (2020) y el libro Plomo y Humo. El negocio del Capital (Lazo Ediciones, 2022).

Recientemente, las manifestaciones y el descontento sobre estas cuestiones parecen haber tomado una impronta más definida. Ya más cerca de los partidos políticos, del posibilismo institucional y del patriotismo. Las variantes más independientes se han visto reducidas o se plegaron a las mayorías. ¿Qué ha pasado? ¿Se han encontrado en un callejón sin salida? ¿En un impasse? ¿O simplemente han virado su política hacia un gran frente para desgastar a Milei y enfrentarlo democráticamente? Al respecto hay otras preguntas que nos gustaría dejar planteadas para continuar el debate:

• ¿La oposición a grandes proyectos mineros que sí o sí requieren de capital extranjero para su desarrollo no es parecida a la defensa de la “pequeña” burguesía local?

• Estos movimientos que parecen heterogéneos tienen como premisa la defensa de la soberanía, entonces ¿qué harían si las montañas o los glaciares quisieran ser explotados por empresas locales, o “mejor” aún por el Estado?

El ecologismo nacional, cada vez más constituido como parte del amplio “frente contra Milei” comienza a responder las preguntas. Las grandes movilizaciones callejeras de «no es no» han optado por la “defensa de los recursos naturales” acompañadas del reclamo de “soberanía nacional”.

Es normal que en un país como Argentina exista una fuerte “defensa de la Naturaleza”, debido a su producción primarizada y su dependencia de la renta. Es decir, una economía nacional que concentra sus esfuerzos en extraer y exportar materias primas de su propio territorio sin darles un proceso de transformación industrial avanzado. La defensa de esta economía plantea diferentes formas de concebir la Naturaleza: sacralizándola (como Pachamama, por ejemplo) de una manera cuasi religiosa para reducir al mínimo la intervención humana o bien explotándola al máximo (como recurso natural). Ambas formas, aunque opuestas en apariencia, en muchos casos conviven y se complementan, dificultando unas explotaciones y potenciando otras.

Nos preguntamos entonces, en ambos casos, a qué intereses económicos responde esta dinámica. Sospechamos que es la reproducción del modo de producción capitalista con sus propias tensiones lo que se está manifestando en estas diferentes expresiones ecologistas. La Naturaleza, categoría amplia e incluso ambigua, es entonces definida en función de intereses sociales y políticos. Generalmente el ecologismo parte de ese punto ciego. Consideramos necesario continuar profundizando en cómo nos reproducimos como especie y en la relación con nuestro entorno bajo el modo de producción capitalista. Estas inquietudes que podían aparecer de manera incipiente en los movimientos sociales han claudicado progresivamente frente a las visiones meramente soberanistas.

* * *

En una nueva emisión de Temperamento compartimos parte de la historia y crítica al Ecologismo, así como también algunas reflexiones sobre el marcado perfil nacionalista de las últimas movilizaciones socioambientales en Argentina. Disponible en nuestro canal de Youtube, Archive y Spotify.

miércoles, 19 de febrero de 2025

SIN NOVEDADES: INCENDIOS Y ANTITERRORISMO

[versión extendida]

Nada nuevo bajo el sol del Capital. Otra vez arden extensos territorios, al sur y al norte de la Argentina. Nuevamente culpan, allanan y criminalizan a quienes habitan los territorios y el Estado afila su Ley antiterrorista.

Otra vez con que “El Estado está ausente”. Y repetimos lo publicado en marzo de 2021 sobre los incendios en la Comarca Andina (La Oveja Negra, nro. 75): «No. El Estado está presente. Y es cómplice. Primero, como garante de la expansión y desarrollo capitalista en la región hace más de 150 años, y segundo, con todas las acciones concretas y cotidianas que funcionarios políticos realizan en estos casos: “tardar” en mandar los recursos necesarios, entorpecer la solidaridad de los voluntarios organizados, cuando no directamente robar los insumos donados solidariamente, dividir a la población en “buenos”, “malos”, “terroristas”, “hippies”. Así, por ejemplo, ni lerdos ni perezosos, sectores de la burguesía acusan a la Resistencia Ancestral Mapuche de los incendios para seguir remachando la represión, ya agudizada en los últimos años, sobre las comunidades mapuche.»

Patricia Bullrich redobló la apuesta, además de los allanamientos: el 14 de febrero, firmó una resolución para declarar la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) como organización terrorista. El Código Penal tiene previsto una pena mínima de 10 años para los “jefes de asociaciones terroristas”.

«La RAM fue inscripta en el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET). Este grupo pseudomapuche atacó nuestra soberanía, prendiendo fuego nuestros bosques y aterrorizando a nuestros ciudadanos. En nuestro gobierno, no hay lugar para los violentos. A los violentos que desafían la ley: su tiempo se les acabó. Vamos contra ellos hasta las últimas consecuencias.», ladró la Ministra de Seguridad en sus redes sociales.

Por el otro lado, la memoria selectiva. Cabe recordar quién firmó la Ley antiterrorista en Argentina en 2011. No para decir “son lo mismo”, sino para comprender la continuidad y el carácter de clase del Estado. En septiembre de 2019 publicamos un artículo titulado «Deforestación» ( La Oveja Negra, nro. 65):

«(…) durante toda la “década ganada” nuestra región sufrió el récord de desmonte por motivos agropecuarios, mientras se daba la bienvenida a nuevas inversiones de Monsanto y la minera Barrick Gold. Pero esto tampoco es propio de un gobierno en particular. En la Provincia de Santa Fe, por ejemplo, se pasó de tener casi 6.000.000 de hectáreas de bosques en 1935 a 840.000 en 2002, es decir, en ochenta años se “perdió” un 82% de bosques nativos. “Nada se pierde todo se transforma” dirán los eslóganes apaciguadores de la autoayuda, y en algo tienen razón, bajo la lógica de este sistema no se pierde nada mientras se transforme en valor: esos bosques fueron sistemáticamente destruidos para la ganancia.

Remarcar lo mismo a veces es necesario frente a lo invariable del Capital. En marzo de 2012, en el segundo número de este boletín, podíamos leer: “La producción capitalista es intrínsecamente depredatoria con el medio en que se desarrolla. Desde la génesis misma de este sistema perverso, la explotación de elementos naturales tenidos en cuenta como meros “recursos” (carbón, caucho, petróleo, entre los primeros) es una constante que arrasa la biodiversidad por doquier. En la región argentina, como país casi exclusivamente agroexportador, la modificación del bioma ha sido constante desde finales del siglo XIX. La región pampeana ha sido modificada en más de un 90% como causa de la explotación agropecuaria.”»

Parecieran situaciones excepcionales, pero solo si queremos indignarnos todos los días con lo mismo, generar contenidos para un streaming o hacer discursos electorales. El modo de producción capitalista es una catástrofe cotidiana, gobierne quien gobierne. La razón estatal no sabe de excepciones sino de reglas. No es el fin del mundo, pero tampoco es necesario entrar en una suspensión de la memoria, la reflexión y la acción.

jueves, 1 de agosto de 2024

¿ANARCOCAPITALISMO?

«Anarcocapitalismo», «fascismo», «neoliberalismo», «imperialismo», «colonialismo», «extractivismo»… ya no saben qué decir para mantener a salvo el “buen nombre” del modo de producción capitalista. Para no llamarlo por lo que es.

No nos referimos aquí a los burdos defensores actuales del capitalismo sino a sus defensores más sutiles, sus pretendidos reformadores, o presuntos controladores, que hacen foco en la parte que no les gusta de esta sociedad o en algunos de sus “excesos”. Así, tenemos autoproclamados anti-capitalistas que llaman capitalismo a ciertos aspectos del mismo y no van al fondo de la cuestión, como adeptos al buen capitalismo que solo necesitaría una depuración de sus aspectos más nocivos, a los que prefieren llamar de otro modo. El progresismo peronista es la encarnación más palpable y actual de estos últimos, por lo que ha sido el principal partido del orden en las últimas décadas, mientras que los primeros se han limitado a ser su furgón de cola, lo cual resulta cada vez más evidente frente al “avance de la derecha”.

Cristina Fernández de Kirchner señaló respecto del agro y la minería que se trata de «Un sector que tiene crecimiento, pero tal como está desarrollado en nuestro país habla de un plan extractivista, es decir, llevarse todos los recursos naturales sin valor agregado, sin tecnología, sin industrialización, o sea, precapitalista, porque me hace acordar a la Argentina del Virreinato del Río de La Plata donde se llevaban todas las riquezas y no te quedaba nada, entonces más que anarcocapitalismo me parece que suena a anarcocolonialismo».

Aquí no hay un intento de cooptación de los movimientos sociales como algunos piensan cuando comparten con algún funcionario la terminología que consideran propia. Si la principal gestora de las últimas dos décadas de un Estado que representa un espacio de acumulación de capital basado principalmente en la producción primaria, habla de extractivismo y colonialismo, esto nos dice más de los términos empleados que de la persona que los emplea o el sector que representa.

El discurso de una de las referentes de la oposición política al actual gobierno no es muy diferente al de la izquierda y buena parte de los movimientos sociales. Pero no es una cuestión de “apropiación” de discursos, sino de una perspectiva que por errada puede ser compartida con el peronismo, progresista o no. Y de nada sirve recordar la implicación del peronismo en cada una de las transformaciones del capitalismo local, incluido el llamado “neoextractivismo progresista” del kirchnerismo, si luego se abraza la lógica del mal menor.

En lugar de enredarse en los discursos, resulta más pertinente analizar el lugar de la Argentina y la región en la división internacional del trabajo, así como las características de la reproducción del capital y del proletariado, para así poder comprender el contenido de las luchas que se producen y sus perspectivas. De otro modo, a falta de reflexión siempre está a mano la esperanza política y estatista, el nacionalismo de izquierda y peronista para mantener el orden capitalista.

Algunos números atrás hemos reflexionado sobre la consigna de “la patria no se vende”. Allí señalábamos algo tan básico como fundamental: los que no somos dueños de nada, no podemos vender algo que no nos pertenece. Involucrarnos en la defensa de los intereses de algún sector de la burguesía impide una comprensión y una lucha que se oponga a la explotación, pero además no ha demostrado que conduzca necesariamente a una mejora en las condiciones de venta de nuestra fuerza de trabajo.

Insistimos en la necesidad de poner en discusión la normalidad con que se acepta y se festeja una sociedad de clases donde rige la propiedad privada de los medios de producción. Donde es necesario vender nuestro tiempo y energía, nuestra fuerza de trabajo, para poder sobrevivir. Donde no podemos decidir colectivamente ni qué, ni cómo producir. Donde el dinero media en todas las actividades y vínculos humanos. Donde rige el sin sentido, o más bien la razón capitalista de que haya casas vacías mientras muchos duermen en la calle y tantos otros hacinados. Donde se tiran toneladas de alimento disponible. Donde cada vez mayor cantidad de la población es un sobrante para las necesidades del Capital.

Todo eso no está abiertamente en cuestión sino únicamente quiénes administran toda esa privación y enajenación a nivel local. Quién gobierna para servir a los intereses de uno u otro sector burgués.

viernes, 17 de noviembre de 2023

MEKOROT: EL APARTHEID DEL AGUA

El apoyo oficial del Estado argentino al israelí no es un secreto. En eso están de acuerdo las principales fuerzas políticas. En el acto organizado por la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) asistieron dirigentes de La Libertad Avanza, Bullrich y Massa.

Por estos días en Argentina hay quienes se llenan la boca hablando de ascenso del fascismo, de la defensa de la vida, pero a fin de cuentas pareciera que solo están haciendo campaña por un candidato. Queda en evidencia cómo para estos defensores de la democracia local, la lucha contra el terror de la guerra a miles de kilómetros es un detalle. Es decir, hay miles de vidas que no significarían nada, solo una cuestión de discursos. Así estamos.

El apoyo no es solo simbólico, están los negociados. La compra de armas y seguridad al Estado israelí. Ahora se suma el acuerdo con Mekorot («fuente» en hebreo), compañía nacional del agua de Israel, que ha sido denunciada incluso por la ONU, Amnistía Internacional y distintos organismos de derechos humanos por restringir el suministro de agua a la población palestina, en lo que se ha dado en llamar “apartheid del agua”.

Mekorot no tiene un acuerdo directo con el gobierno nacional de Argentina, sino a través del Consejo Federal de Inversiones y convenios con distintas provincias, donde Santa Fe es una de ellas. El objetivo es la implementación de un Plan Maestro del Sector Hídrico que supone el control del agua por parte de esta empresa. De momento no sabemos qué harán en esta región.

No estamos denunciando que “se llevan nuestros recursos”. Primeramente, porque el agua es una necesidad vital reducida a un mero recurso en esta sociedad mercantil. Y, en segundo lugar, porque en tanto recurso no puede ser nuestra, sino de “nuestra” burguesía. En Argentina, Palestina o en cualquier lugar del planeta el agua es una necesidad humana básica.

Mientras tanto, en Gaza, entre el 90% y el 95% del suministro de agua está contaminado y no es apto para el consumo humano. Israel no permite el traslado de agua de Cisjordania a Gaza y la única fuente de agua dulce, el acuífero costero, es insuficiente para satisfacer las necesidades de la población. Este se está agotando gradualmente debido a la extracción excesiva y está contaminado por aguas residuales y por la infiltración de agua del mar.

Si aquí señalamos el caso de Mekorot no es para sumarlo a una lista de empresas a boicotear (se trataría de una lista imposiblemente larga como para enfrentar empresa por empresa), sino porque constituye un buen ejemplo de los múltiples aspectos del asedio israelí.

Según denuncias de organismos internacionales, Israel controla incluso la acumulación de agua de lluvia en la mayor parte de Cisjordania, y es frecuente que el ejército israelí destruya las cisternas que para este fin poseen allí los habitantes palestinos. Asimismo, Mekorot vende parte del agua a Palestina pero el gobierno israelí decide las cantidades. La compra de agua puede significar la mitad de los ingresos mensuales de una familia. Por su parte, los colonos israelíes, que viven junto a los palestinos, en algunos casos separados por unos cientos de metros, no sufren estas restricciones, ni la escasez de agua.

Así funciona el modo de producción capitalista, ni más ni menos. Los argumentos de estos capitalistas particulares son étnicos, pero es solo un discurso para justificar su sed de ganancia.

viernes, 16 de diciembre de 2022

NUEVO LIBRO: PLOMO Y HUMO, EL NEGOCIO DEL CAPITAL

En este nuevo libro que publicamos con Lazo Ediciones compilamos artículos de La Oveja Negra, panfletos, textos y escribimos nuevas reflexiones desde y para las protestas y movilizaciones. 

«En la ciudad de Rosario se ha señalado el plomo y el humo como parte de un mismo negocio. Fue un importante punto de partida para instalar públicamente la vinculación entre estas cotidianas problemáticas: narcotráfico y quemas en los humedales. En las páginas de este libro buscamos ahondar en ese sentido. Desde el boletín La Oveja Negra y otras intervenciones exponemos el impulso capitalista por la obtención de ganancias como el causante de las muertes, la destrucción del territorio y la nocividad en la cual habitamos.

Consideramos la reflexión y la investigación como momentos necesarios de la lucha, de la lucha de clases, que no empieza ni termina con un conflicto o lugar particular.»

Índice:

  • «Plomo y humo, el negocio de matar»
  • Plomo y humo, el negocio del Capital (Emancipación, 1 de septiembre de 2022)
  • La ley de plomo
  • “No se puede respirar”
  • Modelo agroexportador, (ab)uso de la tierra y quemas

Selección de textos:

  • Negocio, delito y muerte en Rosario (La Oveja Negra nro. 78, septiembre de 2021)
  • Narcotráfico y Capital (La Oveja Negra nro. 79, noviembre de 2021)
  • Ecocidio en el humedal (La Oveja Negra nro. 71, julio de 2020)
  • Parques nacionales: naturaleza muerta (La Oveja Negra nro. 59, noviembre de 2018)
  • Una reflexión a orillas del río (Panfleto, 25 de julio de 2020)
  • Aquí y ahora la lucha continúa (Panfleto, 1 de agosto de 2020)
  • Humo. Reflexiones más allá de las quemas (Reseña del documental)
  • Por el río, contra el Capital. Un viaje rebelde por el Paraná (Reseña de emisión nro. 51 de Temperamento Radio)
  • Chubut: No es No (La Oveja Negra nro. 80, enero de 2022)
  • Sobre los incendios en la Comarca Andina (La Oveja Negra nro. 75, marzo de 2021)
  • Deforestación (La Oveja Negra nro. 65, septiembre de 2019)
  • Progre-extractivismo (La Oveja Negra nro. 67, enero de 2020)
  • El Capital o la Tierra (La Oveja Negra nro. 2, marzo de 2012)
  • Memoria: Barrio Refinería y Cosme Budislavich (La Oveja Negra nro. 10, octubre de 2013)
  • Reflexiones desde y para las luchas

El libro está disponible en la biblio para consulta y venta, también hacemos envíos a ciudades de todo el país, así como se enceuntra en diferentes puntos de distribución.

Y como siempre lo compartimos gratuitamente en su versión digital: Leer y/o descargar el libro completo en PDF

Recomendamos también el programa que le dedicamos en Temperamento Radio.

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Esta es una editorial sin fines de lucro, nuestra intención es poner en común los libros que editamos. Por eso mantenemos los precios lo más bajo posibles y casi todos se encuentran disponibles para descargar gratuitamente. Agradecemos cualquier colaboración para seguir con este proyecto. Los aportes se pueden hacer aquí. 

viernes, 14 de enero de 2022

CHUBUT: NO ES NO

Como expresaba una consigna en las protestas contra el proyecto de ley de Zonificación de la Actividad Minera: «Chubut ya decidió. No es No».

El día miércoles 14 de diciembre, aprobada esta ley, una masiva movilización se volcó en las calles de Rawson, con enfrentamientos contra la Policía, que reprimió con balas de goma y gases lacrimógenos, donde además se incendiaron oficinas de Casa de Gobierno y del Tribunal Superior de Justicia. Las movilizaciones en esa ciudad continuaron durante 6 días hasta que, finalmente, el gobernador Arcioni dio marcha atrás el día 20, anunciando la suspensión de la ley, finalmente derogándola. El llamado a un futuro plebiscito también es rechazado por los manifestantes.

Las movilizaciones se extendieron a Comodoro Rivadavia, Esquel y Trelew, donde se incendiaron oficinas del diario El Chubut. A muchos kilómetros de allí se dieron muestras de solidaridad: en Catamarca, Córdoba, Buenos Aires y Rosario.

Es importante recordar que, más allá de que estos hechos se den en las principales ciudades de la provincia, el proyecto de Zonificación afecta directamente a las localidades del interior y zonas rurales de Chubut, específicamente en la zona de la meseta, en el centro-norte provincial.

Zonificar significa habilitar, delimitar en qué regiones de la provincia se podrá instalar la megaminería en contraste con aquellas donde no. Es un recurso surgido tras el rechazo popular a esta práctica a cielo abierto en la zona de Esquel en el año 2003. Por este motivo, se sancionó la ley 5001 que prohíbe dicha actividad y la utilización de cianuro, pero con el poder de exceptuar zonas en las que sí se habilita. Es decir, la Zonificación se intenta vender como una forma más saludable, “inclusiva e innovadora” según el Consejo Federal de Minería, de explotación de la tierra. Hecha la ley, hecha la trampa.

“Traidores” fue la pintada que vimos desde todas partes junto a una ventana que dejaba escapar el fuego y el humo. Contra el gobernador Arcioni y los 14 diputados que el miércoles por la noche aprobaron la ley que habilitó la explotación minera. ¿Son traidores o simplemente hacen lo que tienen que hacer como administradores y defensores del Estado y el Capital?

«A nadie le gusta reprimir, queremos realizar tareas que tienen que ver con el bienestar de la gente, pero hay que hacerse cargo de estas situaciones también … nuestra función es resguardar a los ciudadanos», aseguró Leonardo Das Neves, ministro de seguridad de la provincia.

Además de los balazos de goma y gases por parte del Estado, el día 28 de diciembre se llevó a cabo un gran operativo en la ciudad de Trelew, deteniendo a 3 personas acusadas de ser los responsables del incendio en El Chubut. Las movilizaciones continuaron en apoyo a los detenidos, que fueron liberados el día 31 aunque continúan procesados.

La lucha en Chubut no se trata de “500 ruidosos” como dijo Arcioni, ni puede reducirse a 6 días de disturbios. Las movilizaciones ya cuentan 20 años allí, y lo mismo para Mendoza, La Rioja y Catamarca.

Hace ya diez años, en el segundo número de este boletín, decíamos en un artículo titulado El Capital o la Tierra: «La lucha antiminera es una lucha legítima contra el Capital y si no se deja seducir con los cambios para-que-nada-cambie, recuperaciones o reformas, se profundizará siendo la negación a todas las formas que este puede tener. La llamada “megaminería” o demás desastres naturales motivados por la codicia y el progreso capitalista no son anomalías o hechos aislados, son la vía correcta que toma la ganancia sobre la vida.»

Estas luchas se han mantenido; ahora bien, cabe recordar que tampoco existe algo tal como la miniminería, y que luchar contra estos megaproyectos implica luchar contra toda una concepción de cómo debe reproducirse esta sociedad. Las llamadas luchas medioambientales suelen por lo general abocarse a los excesos del capitalismo en su depredación de la naturaleza, así como por su parte el ecologismo ciudadanista insiste con la regulación estatal y la responsabilidad individual. A pesar de este marco de fuerte influencia, en regiones como la nuestra, donde se depende en gran medida de la explotación de la tierra, las luchas contra el desarrollo de ciertos emprendimientos productivos como la minería pueden representar un verdadero problema para la rentabilidad capitalista. No se trata simplemente del cuidado del medioambiente, sino de un brusco freno al desarrollo capitalista. A diferencia, por ejemplo, del establecimiento de una industria o un comercio, un yacimiento minero o petrolífero, una hidroeléctrica, una hidrovía, o incluso un emprendimiento turístico, no se pueden trasladar a otro lugar si son rechazados por la población.

Creemos necesario asumir la perspectiva anticapitalista latente en estas luchas, comprender sus consecuencias y ponerlas en tensión respecto de otras luchas en curso. Sin cultivos transgénicos y sus agrotóxicos asociados, por ejemplo, no sería viable la reproducción social capitalista en este país. La búsqueda de alternativas productivas es válida, pero estas nunca tendrán la escala suficiente para ser rentables en los términos de esta sociedad, que depende del incesante desarrollo de las fuerzas productivas. No tememos oponernos al mismo, comprendiendo que su superación implica una total reconfiguración de los lazos sociales negando al valor como regulador de los mismos. ¿De qué sirve concientizar sobre los males de este mundo si no podemos comprender nuestra propia lucha? El debate entre todos aquellos que nos encontramos descontentos queda abierto.

La devastación capitalista nunca descansa. Durante las últimas semanas se agravaron los incendios forestales, tanto en la zona del bosque cordillerano como en los campos de la Península Valdés, situación que se extiende a 10 provincias más. El día 30 de diciembre el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Cabandié, dio luz verde a la explotación petrolífera en la costa bonaerense. Diversas manifestaciones se dieron en la zona de la costa, con epicentro en Mar del Plata. Aquí en Rosario los incendios en las islas se intensifican una vez más y nuevamente se reanudan las movilizaciones en defensa de los humedales y el río Paraná.

lunes, 22 de marzo de 2021

SOBRE LOS INCENDIOS EN LA COMARCA ANDINA

Desde hace algunas semanas los bosques de la Comarca Andina del Paralelo 42 entre Río Negro y Chubut están ardiendo. El 9 de marzo se desató el primer foco en inmediaciones de Las Golondrinas, cerca de Lago Puelo. Casi en simultáneo otro se prendió cerca de Cerro Radal, descontrolándose en breve tiempo. Fueron siete en total los focos que se desataron en toda la región de modo simultáneo y que ya arrasaron 15.000 hectáreas. Se calculan entre 200 y 500 familias las que han sido afectadas directamente por el fuego, ya sea con pérdida total o parcial de sus viviendas. A su vez, varias de las localidades sufrieron cortes de luz y agua.

La zona venía siendo azotada por las llamas al menos desde el 24 de enero, cuando desde el barrio El Mirador en El Bolsón se expandió el fuego a lo largo de 13 kilómetros, hasta el paraje Cuesta del Ternero. El fuego pudo ser controlado en ese momento, no por el Estado, sino por la acción colectiva de la región. El mismo esfuerzo se mantiene hoy. Habitantes de las ciudades y parajes, así como de las comunidades mapuche, salen a enfrentar el fuego y ayudar a quienes han perdido todo. Desde diversos lugares del país han llegado donaciones al lugar.

Al día de la fecha se contabilizan tres muertes: Sixto Garcés Liempe, peón rural mapuche de 56 años, María Briones, oriunda de Las Golondrinas de 51 años y José Luis Rivero de 68 años.

Esta situación se suma a los incendios de alrededor de un millón de hectáreas durante el 2020, a lo largo y ancho de la región argentina.

Reflexiones desde el Litoral

Ante esta situación es inevitable la comparación con los terribles incendios que se vivieron en las islas del Paraná durante el 2020 y que aún continúan.

Tras un año de movilizaciones, hay varias cosas que podríamos compartir con los pobladores patagónicos. La pregunta flota en el aire: ¿quién está de detrás de todo esto? Allí como aquí, todo apunta a ciertos sectores empresarios, agropecuarios e inmobiliarios como responsables de las quemas. En el Litoral, después de un año no hay nombres concretos. En cambio, el Estado se ocupó de culpar a kayakistas y acampantes, así como los sectores más rancios del ecologismo señalaron a los pescadores e isleños.

Desde la Municipalidad de Rosario se intentó incluso fomentar un patriotismo de aldea, acusando de todo a la vecina provincia de Entre Ríos.

Desde hace días, en la Comarca Andina se habla de una suerte de venganza por parte del Estado ante el masivo rechazo a la megaminería, que nuevamente se hizo notar con enormes movilizaciones contra el proyecto de zonificación minera. A esta posible acción deliberada se suma el factor de la expansión del monocultivo de pino que, reemplazando al bosque nativo, funciona como verdadero combustible debido a los bruscos cambios de humedad que produce en el suelo y el ambiente.

Más allá de todo, hay que tener en cuenta lo siguiente: los terrenos quemados y vacíos de gente ya son propicios para proyectos productivos de distinta índole. La matriz productiva tiende a expandirse en tragedias como esta. Y en esto siempre ganan los mismos.

Otra afirmación que se suele escuchar es: “El Estado está ausente”. No. El Estado está presente. Y es cómplice. Primero, como garante de la expansión y desarrollo capitalista en la región hace más de 150 años, y segundo, con todas las acciones concretas y cotidianas que funcionarios políticos realizan en estos casos: “tardar” en mandar los recursos necesarios, entorpecer la solidaridad de los voluntarios organizados, cuando no directamente robar los insumos donados solidariamente, dividir a la población en “buenos”, “malos”, “terroristas”, “hippies”. Así, por ejemplo, ni lerdos ni perezosos, sectores de la burguesía acusan a la Resistencia Ancestral Mapuche de los incendios para seguir remachando la represión, ya agudizada en los últimos años, sobre las comunidades mapuche. Desde la mafia sindical y peronista, la UOCRA amedrenta a manifestantes y golpea a quienes razonablemente fueron a increpar al presidente Fernández en su visita a Lago Puelo el 13 de marzo; incidentes que los obligaron a abandonar la zona y volver a Buenos Aires. Luego, tras una serie de allanamientos, seis personas fueron detenidas y posteriormente liberadas por el ataque a piedrazos de la camioneta de Parques Nacionales en que viajaba el presidente, acusadas de “atentado contra la autoridad y daños”. Una vez más, rápidamente surgió desde el progresismo la hipótesis de los infiltrados, que contribuye a criminalizar todo intento de lucha que no se adecúe a sus cánones.

Por otro lado, tanto a orillas del Paraná como en los bosques de la Comarca, se verá asomar la cabeza del nacionalismo progre o de izquierda que nos propondrá la estatización del desastre.

Lo quieren hacer aquí con la hidrovía, y no faltará mucho para que nos propongan nacionalizar y “compartir la riqueza” de la megaminería, el turismo o las plantaciones de pinos.

Mientras tanto, pese a todos los esfuerzos, los incendios en el norte patagónico continúan y aquí, desde las islas del Paraná, todavía llega en ciertas noches un fuerte olor a humo.

viernes, 27 de noviembre de 2020

NUEVO DOCUMENTAL: HUMO. REFLEXIONES MÁS ALLÁ DE LAS QUEMAS

A comienzos de noviembre lanzamos el audiovisual Humo. Reflexiones más allá de las quemas, de libre difusión, que ya ha comenzado a circular no solo por la web, sino también por diferentes espacios, huertas y acampes, como el que se mantiene en el centro rosarino por los humedales.

Aportamos este nuevo material a la lucha en curso, así como lo venimos haciendo con la participación, los volantes y los artículos de este boletín. También desde Temperamento Radio realizamos un especial titulado Por el río, contra el Capital que consta de dos partes a través de las que emprendimos un viaje rebelde por el Paraná.

Compartimos aquí la presentación del video y alentamos su difusión:

Durante el año 2020, antes y durante la llamada pandemia del COVID19, grandes incendios se registraron en todo el cauce del río Paraná. Dentro de las islas, el fuego ha arrasado flora, fauna y ranchos de isleños. En las ciudades de la costa, una nube de humo y ceniza de intenso olor lo cubría todo. Montes nativos destruidos, animales carbonizados, gente sin casa y, tras los barbijos, narices y gargantas lastimadas.

A pesar del aislamiento impuesto, miles de personas nos encontramos en cortes, asambleas, escraches y movilizaciones exigiendo el fin de las quemas. Hasta ahora, ha prevalecido el pedido de más legalidad y el falso supuesto de “la ausencia del Estado”.

El modelo agroindustrial y la especulación inmobiliaria siguen destruyendo la vida en pos de la ganancia, pero también la resistencia y la lucha continúan brotando por todos lados. Consideramos necesario afilar la crítica y las acciones contra el sistema capitalista. Este documental es un aporte en ese sentido.

¡Ni quemas, ni dragado, ni agrotóxicos! ¡Tierra y libertad!

Se puede ver en nuestro canal de YouTube Biblioteca Ghiraldo.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Documental: HUMO. Reflexiones más allá de las quemas

 

Durante el año 2020, antes y durante la llamada pandemia del COVID19, grandes incendios se registraron en todo el cauce del río Paraná. Dentro de las islas, el fuego ha arrasado flora, fauna y ranchos de isleños. En las ciudades de la costa, una nube de humo y ceniza de intenso olor lo cubría todo. Montes nativos destruidos, animales carbonizados, gente sin casa y, tras los barbijos, narices y gargantas lastimadas.

A pesar del aislamiento impuesto, miles de personas nos encontramos en cortes, asambleas, escraches y movilizaciones exigiendo el fin de las quemas. Hasta ahora, ha prevalecido el pedido de más legalidad y el falso supuesto de “la ausencia del Estado”.

Desde una perspectiva anticapitalista y antiestatal nos proponemos analizar lo que viene sucediendo en las islas, a fin de promover una reflexión más profunda acerca del origen de los incendios, así como también una crítica hacia el legalismo y el llamado “desarrollo sustentable”.

El modelo agroindustrial y la especulación inmobiliaria siguen destruyendo la vida en pos de la ganancia, pero también la resistencia y la lucha continúan brotando por todos lados. Consideramos necesario afilar la crítica y las acciones contra el sistema capitalista. Este documental es un aporte en ese sentido.

¡Ni quemas, ni dragado, ni agrotóxicos!
¡Tierra y libertad!

Boletín La Oveja Negra
Rosario, noviembre de 2020

Si considerás que este material merece ser recomendado, ¡a proyectarlo y difundirlo libremente!
Muerte a la propiedad en todas sus formas.

sábado, 1 de agosto de 2020

Aquí y ahora la lucha continúa

Panfleto repartido el 1° de agosto en el corte del puente Rosario-Victoria contra las quemas en las islas
Hoy, es 1 de agosto, algunas compañeras y compañeros no están acá porque en la plaza Sarmiento se está realizando una actividad a tres años de la desaparición y posterior asesinato del compañero Santiago Maldonado.

Hoy nosotros estamos acá, cortando una ruta para que el humedal deje de arder. Hace tres años Santiago estaba en el Sur cortando otra ruta junto a los mapuches para recuperar su territorio. El sábado pasado y el anterior, gendarmería dejó prácticamente vía libre para que algunos camioneros nos atropellen y golpeen, la misma fuerza armada que asesinó a Santiago, la que hace unos años invadió la ciudad con la excusa del narcotráfico. Otra rama del mismo brazo armado de los poderosos es la que hoy tiene a Facundo Castro desaparecido.

Quizás eso lo entendimos, por eso hablamos de no delegar nuestro cuidado a los gendarmes, de no quedarnos tranquilos y hacer una barricada más grande, pero quizás seguimos tropezando con la misma piedra: dialogar con quienes son parte del problema. Es cierto, estamos acá para algo que no es apagar el fuego objetivamente, si no estaríamos del otro lado del río. Pero algunos desconfiamos y marcamos los límites de la legalidad y de las palabras de quienes gobiernan, los de ayer y los de hoy.

Depende cuál sea el conflicto que se atraviese y el descontento social, serán menos o más hostiles, pero jamás dejarán de defender los intereses de los ricos, de los terratenientes, esos que hoy están quemando las islas, esos que ayer construyeron este puente de mierda sobre el que estamos parados y se cagaron en todo, en quienes viven hace más de cien años en el Remanso Valerio, en toda la flora y fauna que hay, o mejor dicho había, en el humedal. “Hay que progresar” dicen algunos, y se van a justificar en que sirvió de conexión, para esto y lo otro. Lo mismo van a hacer el año que viene cuando concesionen el nuevo dragado del río: “vamos a poder exportar más toneladas” dirán. Y es cierto, conecta y se podrá exporta más… ¿Y? ¿Quién se beneficia con esto? ¿Quiénes son los que analizan qué conviene y qué no? ¿Quiénes firman estos acuerdos? ¿Quiénes hicieron vista gorda o formaron parte del negocio cuando se loteó “Los Marinos” frente a La Fluvial? Que no nos sorprenda una copia de Nordelta en un tiempo.

¿Podrán o querrán, mejor dicho, las gobernaciones detener las quemas? ¿Cómo detener las quemas sin detener la producción ganadera? No es por tercos, si a algo venimos acá no es a pelearnos entre quienes queremos que el fuego en las islas pare. Revisamos distintos proyectos que hay para la “ley de humedales”, y nos encontramos con que ninguno podrá literalmente apagar el fuego. En cambio, dicen que se usarán los humedales de forma sustentable, algunas zonas estarán protegidas, y en caso del no cumplimiento: multas, suspensión, cese de la actividad, etc. Y no es que seamos especialistas en leyes, es que ninguna ley podrá apagar un incendio que es causado por la sed de ganar dinero, que es la misma que arruina cada rincón del planeta. Existe ya el artículo 41 de la Constitución Nacional, el Convenio Ramsar aprobado en el año 1991 a través de la sanción de la Ley 23.919, también la ley 26.562 ¿por qué otra ley garantizaría que este modelo productivo no avance sobre nuestro medio? ¿Tantas vueltas hay que darle para entender que esto destruye la vida?

Ahora, mientras codo a codo nos hermanamos en la lucha, podemos también pensar que si no cambia todo no cambia nada, que si queman las islas, o el amazonas, o nos fumigan, es por la insaciable necesidad de ganar dinero de unos pocos. Porque la naturaleza, y nosotros los seres humanos como parte de ella, es vista como mercancía. Y es a este mundo de las mercancías al que debemos derribar.

Rosario, 1° de agosto de 2020

Boletín La Oveja Negra
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*  Ver panfleto anterior Una reflexión a orillas del río (25/07/2020)
** Ver Ecocidio en el humedal (La Oveja Negra nro.71)

sábado, 25 de julio de 2020

Una reflexión a orillas del río

Panfleto repartido el 25 de julio en el corte del puente Rosario-Victoria contra las quemas en las islas

Una vez más nos estamos encontrando.

El espectáculo horroroso del que somos testigos nos trajo hasta aquí para manifestarnos, para gritar, para juntarnos en este tiempo de aislamiento oficial.

Invitamos a reflexionar acerca de todos los atropellos que se llevan adelante contra la vida, que en este caso pone en el centro de la problemática al humedal, por la situación inmediata que se viene repitiendo hace varias semanas de quema permanente de montes y pastizales.

Queremos centrarnos en las acciones que se vienen llevando adelante, sus limitaciones y posibles escenarios de acción. En este sentido, vale recalcar que lo que nos une ante esta situación es la lucha, y que lo único que puede poner en tensión la urgencia de los incendios es la acción colectiva, en el seno de la movilización misma.

La impotencia de los primeros días se transformó en asambleas y encuentros y, sin que nadie nos lo ordene, y aunque más de uno nos haya tratado de delincuentes, el fin de semana pasado cortamos este puente y obstruimos por unas horas la normalidad. Esa normalidad basada en la circulación de mercancías, donde la destrucción de la naturaleza es el núcleo fundamental.

Hay mucha gente que se moviliza sinceramente, pidiendo una Ley de Humedales, una producción sustentable en las islas o un Parque Nacional. Estas soluciones se pintan como realistas e inmediatas pero ¿atacan al problema de fondo?

Desde la reforma del ‘94, la necesidad de una vida sana, reducida a derecho legal, se encuentra consagrada en el artículo 41 de la Constitución Nacional. En ese sentido, Argentina suscribe a todos los acuerdos ambientales internacionales: Protocolo de Kyoto, Protocolo de Montreal, Convención de Humedales y otros. También desde esa reforma, en el artículo 75 inciso 17 se reconoce la preexistencia al Estado de los pueblos originarios y sus territorios. Argentina también ha sido pionera en la creación de áreas protegidas. En 1922 crea el Parque Nacional del Sud, actual Nahuel Huapi, tercero del mundo después del Yellowstone en EEUU (1872) y el Banff en Canadá (1885). En cuestión de humedales, también participa del Convenio Ramsar.

Sin embargo, la realidad ha sido y es bien distinta tras las abstracciones de la legalidad. Desde los años 90 y en especial en los últimos veinte años, la destrucción de la naturaleza ha llegado a límites brutales. La expansión de la frontera agrícola se aceleró como pocas veces en la historia y la comida transgénica puebla nuestras mesas como nunca. 500 millones de litros de agrotóxicos son vertidos cada año en toda el área productiva agroindustrial. Entre 1998 y 2017 se arrasaron más de cinco millones de hectáreas de monte nativo, parte de los 35 millones que se desmontaron en total en el Cono Sur. El éxodo del campo a la ciudad no se detiene y las comunidades rurales, tanto criollas como indígenas, siguen siendo desalojadas, asediadas y reprimidas. Como corolario del histórico apriete que sufren las poblaciones que quedan dentro de los límites de áreas protegidas, en noviembre del 2017, por defender la tierra y la vida de su comunidad, Rafael Nahuel fue asesinado de un balazo en la espalda por Prefectura Naval tras una denuncia de Parques.

Entonces, queremos hacer la pregunta: ¿se podrá frenar todo este desastre con una ley? ¿Son más leyes lo que necesitamos?

El intendente Javkin en recientes declaraciones se lavó las manos, como si no pudiera hacer nada, afirmando que es un problema de Entre Ríos. El ministro de ambiente de la Nación, Juan Cabandié, anticipó en estos días una nueva figura legal, los “faros de preservación”, que daría una solución “de fondo” al problema del humo. Una vez más, el ojo vigilante y controlador señalará a quienes recorremos las islas, pero no a las ganancias de los ganaderos.

Queremos respirar aire puro, queremos caminar por los montes siendo parte de ellos, queremos bañarnos en el río como tantos miles de personas lo hicieron en el pasado. Queremos que otras especies animales sigan su vida tranquilamente, sin agrotóxicos, sin incendios, sin dragados ni alambrados.

El río, como todo lo que llamamos ‘naturaleza’, se halla en permanente cambio. Vida y muerte son una parte constitutiva suya: fluye, se seca, renace, observamos los cambios de color de los ciclos de su flora. Un día aquí una isla desaparece y otro día emerge un banco de arena que mañana será un monte tupido. Toda esa vida en constante ebullición, ¿cabe en la letra muerta de una ley de escritorio? ¿Es algo que se pueda vender al precio de una entrada, cual museo natural? ¿Tiene un funcionario político la sensibilidad de entender todo esto?

Compañeras y compañeros, esta lucha la hacemos entre todos. No es una guerra contra Entre Ríos, ni tampoco debemos permitir que sea el trampolín para que los especialistas de hoy sean los funcionarios de mañana. De este modo, discutamos las acciones que queramos llevar adelante entre nosotros y si los políticos tienen que enterarse, será por nuestras propias actividades, por el eco que de ellas se haga, y no por la invitación a una instancia en particular.

Sigamos luchando y encontrándonos. Sigamos conversando sobre hacia dónde queremos ir.

Después de todo, si hemos observado bien, sabremos que cuando el río se desborda es cuando más fecunda se vuelve la tierra...


Rosario, 25 de julio de 2020

Boletín La Oveja Negra
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* Ver Ecocidio en el humedal (La Oveja Negra nro.71)

jueves, 2 de julio de 2020

ECOCIDIO EN EL HUMEDAL

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Durante varias semanas del mes de junio la ciudad de Rosario amaneció y anocheció bajo una espesa niebla de humo proveniente de la quema de pastizales y montes de las islas, al otro lado del río Paraná. Este humo que se cernía sobre la ciudad como la bruma de una película de ciencia ficción afecta las vías respiratorias y produce alergias e irritación ocular, al punto de que muchas personas sufren severas consecuencias en su salud.

Sin embargo, el problema de fondo es aún peor que el humo que llegó a nuestras narices aprisionadas tras los barbijos. La quema agudizada durante los últimos meses es una práctica común entre los productores ganaderos en las islas de Entre Ríos. El motivo es la progresiva extensión de los terrenos a explotar, así como la rápida preparación de los mismos para la alimentación de su ganado y ahuyentar otros animales que consideran plagas. Las llamas, que han arrasado miles de hectáreas en diferentes focos, dañan principalmente el entorno inmediato donde cientos de especies animales y vegetales mueren o se ven desplazadas como consecuencia del fuego y la asfixia.

Esta expansión es inseparable de una mucho más amplia: la de las fronteras del agro en todo el territorio. Si bien los transgénicos han provocado una intensificación del proceso, esto no puede llevarnos a sacralizar la producción agropecuaria anterior a su implementación, donde la quema, los agrotóxicos y el desmonte eran prácticas usuales. Es necesario comprender que la forma en que se produce en cada sector en cada momento está determinada por lo que dicta la tasa de ganancia, y toda discusión acerca de las “buenas prácticas” es un terreno completamente infértil si no se plantea una crítica profunda al sistema productivo en su conjunto.

El desastre en el humedal no solo se realiza a través de la quema de pastizales y deforestación por parte de quienes ostentan ser sus dueños. No debe olvidarse toda una serie de ataques contra la vida y el ecosistema que se desarrolla en esta zona: la nueva industria turística emergente­—y en este caso también podemos referirnos a todos aquellos que visitan el río con sus vehículos acuáticos motorizados y los evidentes daños que producen—; los terraplenes y elevaciones artificiales de los terrenos; la inescrupulosa actividad pesquera y de caza de animales silvestres (se puede ver cómo, a medida que pasa el tiempo, cada vez son menos las especies animales que siguen habitando los humedales); esto sumado a los desechos cloacales y tóxicos vertidos al río provenientes de las instituciones “sanitarias” e industriales de la ciudad de Rosario y sus alrededores, y los residuos de los pesticidas utilizados en el vasto territorio que conforma la cuenca del río Paraná.

Los incendios provocados en las islas son solo otro eslabón en una cadena de avance sobre el territorio en la región. Ayer fue el puente Rosario-Victoria, inaugurado hace tan solo 17 años. Facilitando el transporte y la comunicación entre las dos provincias, así como el acceso por tierra a muchas de las islas para facilitar su explotación, esta megaobra significó y significa un ataque directo a las diversas especies de la zona, así como a los habitantes de las islas y quienes se sustentan de la pesca a pequeña escala. Y aunque ahora sea parte del paisaje, el puente no estuvo siempre allí. Cada desastre se cimienta sobre otro, y es por eso que, aunque todo sea parte del mismo problema, es importante oponernos a los nuevos ataques, advirtiendo además la interrelación existente.

La próxima catástrofe local es la ampliación del dragado del río Paraná. En abril de 2021, la concesión del dragado se renovará con una profundización y ensanchamiento del canal para los buques de carga. Uno de los interesados en dicha concesión es China, el ya principal comprador de soja argentina. Representantes de China Communications Construction Co (CCCC), el gigante de la construcción estatal en ese país, ofrecieron al gobierno argentino darle mayor profundidad al río Paraná, la principal vía fluvial de Argentina para el transporte y exportación de productos agrícolas. Marcos De Vincenzi, gerente de dragado de Servimagnus, socio local de CCCC, dijo: «Creemos que el dragado de la vía fluvial debe actualizarse para satisfacer sus nuevas necesidades de tráfico y comercio» y agregó «cada pie de profundidad adicional aumentaría la eficiencia al permitir que los barcos transporten desde 1.800 a 2.500 toneladas de carga adicional.»

De los incendios y sus descontentos
Además de organizaciones ecologistas y ONG, personas autoconvocadas nos reunimos en diferentes ocasiones: asambleas, protestas o abrazos simbólicos al río con la propuesta de visibilizar la situación. Sin embargo, lo que primó fue la intención de reducir el problema de los incendios a una cuestión de ilegalidad para que llegue a las agendas políticas y se proceda a la acción judicial con abultadas y efectivas multas para los responsables. Así, se le pide al Estado lo mismo que desde hace años es evidente que no pretende solucionar, y no por un simple desinterés o capricho. Los intereses que están detrás de las quemas son los que defienden, defendieron y defenderán los representantes políticos, los intereses de las ganancias capitalistas que llenan sus bolsillos, sean del partido político que sean.

Como decíamos en el nro. 65 del boletín La Oveja Negra: «Durante toda la “década ganada” nuestra región sufrió el récord de desmonte por motivos agropecuarios, mientras se daba la bienvenida a nuevas inversiones de Monsanto y la minera Barrick Gold. Pero esto tampoco es propio de un gobierno en particular. En la Provincia de Santa Fe, por ejemplo, se pasó de tener casi 6.000.000 de hectáreas de bosques en 1935 a 840.000 en 2002, es decir, en ochenta años se “perdió” un 82% de bosques nativos. “Nada se pierde todo se transforma” dirán los eslóganes apaciguadores de la autoayuda, y en algo tienen razón, bajo la lógica de este sistema no se pierde nada mientras se transforme en valor: esos bosques fueron sistemáticamente destruidos para la ganancia.»

Los pedidos más o menos ingenuos y fragmentarios hacen que resulte muy simple para los políticos de turno buscar culpables particulares con nombre y apellido y dejar intacta la cuestión de raíz que acecha la vida, no solo del río Paraná y sus humedales sino de toda la naturaleza en su conjunto. El intendente de la ciudad de Rosario y el chovinismo provincial tienen la caradurez de considerar “una provocación” de la vecina provincia de Entre Ríos el recrudecimiento de los incendios tras firmarse un acta por el cese de las quemas durante 180 días. En otras ocasiones habrán sido y serán ellos mismos los que avalen todo este tipo de atropellos. Finalmente fue un diluvio el que apagó el fuego.

Quizás una lluvia intensa vuelva a parar un próximo incendio, y probablemente los dueños de los campos no pagarán sus multas. Lo seguro es que las organizaciones ciudadanas y ciudadanistas seguirán pidiendo que se apruebe tal o cual legislación. Actuando como correa de transmisión entre el Estado y quienes quieran parar las nocividades. Aplicando al odio y el amor genuinos de los movimientos sociales, el ungüento tranquilizador del suplicio legal y la confianza en los políticos y los empresarios. No es casual ni ingenuo que quienes se erigen como representantes de las manifestaciones suelen ser los presentadores compulsivos de proyectos de ley o de “producción sustentable” para el municipio, quienes hacen carrera política y a fin de cuentas progresan gracias a la mano del Estado.

Otra de las propuestas es la declaración de un Parque Nacional (1) en la zona, lo que significa poner a la naturaleza como un museo, santuario o vidriera donde se debe pedir permiso y pagar para poder circular. Con la lógica estatal del “cuidado” tan a la moda, la única forma de preservación de la vida se presenta como la prohibición y la regulación por parte del Estado, en este caso de ciertos territorios delimitados, mientras el resto es librado al uso indiscriminado de sus propietarios. Destinados al turismo o a la producción, en ambos casos se trata de la continuidad de la desposesión del ser humano de sus medios de vida y su brutal separación del entorno natural. Así, finalmente se cumplirá aquello de “el Paraná no se toca”, mientras con el Paraná se negocia.

Sumado a esto, el ciudadanismo, en este caso ecologista, desalienta las manifestaciones que apuntan al paro de la producción y circulación de las mercancías, haciendo llamados a seguir hablando en el lenguaje de los amos. “Jamás cometeríamos un delito para denunciar otro delito” decían. Es necesario tener en claro y seguir remarcando que este tipo de razonamientos solo nos llevarán a seguir sumidos en esta lógica de muerte y opresión, que el río Paraná junto con todo su ecosistema es hoy el foco de una problemática, pero el capitalismo no reconoce límites.

La Ley no es lo justo, es solo un consenso entre los burgueses para proteger sus propiedades, cuando se trata de aplicarla en ellos son solo papel mojado. Sin desobediencia no solo no hay revolución, sino el más mínimo cambio en beneficio de la clase de explotados y oprimidos de esta sociedad.

Un río no es frontera
Otra cuestión no menos importante es que no se puede limitar la problemática a una frontera que no existe para un metabolismo natural. Estos incendios no pueden aislarse de los ocurridos en la selva amazónica, ni de los desmontes del Chaco, solo por nombrar los más cercanos. Y esto desnuda el hecho de que una solución no podría venir jamás de tal o cual político o ley que se apruebe. Y no lo decimos para bajar los brazos o porque no nos parezca importante luchar por lo inmediato, para que se deje de prender fuego la vida a nuestro alrededor, sino todo lo contrario, escribimos estas reflexiones porque vemos que se está dando siempre la misma batalla inútilmente.

Como en todas las situaciones en las cuales somos bombardeados por los medios de comunicación, los temas de conversación se vuelven virales y todos pueden opinar a través de las redes sociales, surgen los comentarios del tipo de “cuando pasa en Australia todos se preocupan, pero cuando pasa acá enfrente no”. Esta clase de comentarios solo sirven para minimizar los hechos y perder de vista que todos tienen el mismo origen: la producción de valor. Parecería que solo por estar más cerca nos tenemos que preocupar, cuando incluso incendios ocurridos en lugares tan lejanos como Australia también nos afectan, aunque no sintamos el humo. Pero los ríos y los bosques no tienen patria, ni compiten en sus desgracias.

En los tiempos que nos están tocando vivir, de distanciamiento social y confinamiento obligatorio, se pretende obligarnos a taparnos la boca para salir a la calle. Durante las semanas de abundante humo en la ciudad de Rosario, recordábamos las imágenes que nos llegan de ciertas metrópolis orientales, donde no se puede ver el horizonte debido a las espesas nieblas tóxicas y el uso de máscaras es moneda corriente. Pero más allá del acostumbramiento a lo inimaginable, la situación se torna absurda e insostenible. Quienes ven la salud como estadísticas y protocolos, nos obligaron a dañar nuestra salud con el uso de tapabocas, que no solo dejan pasar el humo, sino que además reducen la capacidad respiratoria.

No nos callemos, no nos tapemos la boca ante la codicia mercantil y predadora de la vida.


Nota:
(1) No olvidemos que en el año 2017 Rafael Nahuel caía asesinado por el Estado, en nombre del cuidado de los parques nacionales. Ver La Oveja Negra nro.59: Parques nacionales: Naturaleza muerta

lunes, 6 de abril de 2020

¿Vuelta a la normalidad?

Evidentemente se trata de una situación crítica que, impuesta de arriba hacia abajo, nos encuentra hiperatomizados. Por tanto, antes de agitar consignas o establecer proyectos de lucha social recordemos que esta situación no fue desatada por luchas grandes o pequeñas sino por el tratamiento que un puñado de Estados le dieron a una enfermedad que comenzaba a propagarse.

Seguramente haya quienes vean la verdadera cara de esta sociedad cuando sucede un sacudón de estas características: relativamente brusco y por sobre todo cercano. Otros ya veníamos percibiendo y enunciando las características de la sociedad capitalista en su conjunto. Bien, es momento de encontrarnos y reflexionar en común. No es un momento para suspender la reflexión ni la acción porque simplemente hay que aislarse, higienizarse y encerrarse. Por otra parte, pensar confinadamente conduce a conclusiones del propio confinamiento. Si bien siempre hay un momento de reflexión personal, no es suficiente. Incluso el llamado autoconocimiento también es con otros.

La burguesía reconoce en muchos artículos de su prensa que “el mundo que conocemos no volverá” y evidentemente será para beneficio del Capital. El panorama no es halagüeño. (ver cuadro)

Este brutal golpe mundial al proletariado ha incrementado el aislamiento, el individualismo, la desconfianza mutua, así como ha barrido de un plumazo con empleos y puede que modifique las formas de trabajo como ha hecho varias veces el Capital desde sus inicios. Finalmente, el encierro y el contacto reducido a lo virtual se han extendido por largas semanas, donde millones de personas no pudieron encontrarse, ni tocarse, ni olerse, pero se mantuvieron conectadas. Volvemos a subrayar que en esta cuarentena mundial se han criminalizado las relaciones directamente humanas y por tanto necesariamente corporales.

Por su parte, miles de patrones finalmente pudieron reducir gastos enviando a sus empleados a trabajar desde la casa. A otros tantos los enviaron a su casa ya sea sin trabajo o sin sueldo. Los Estados van intensificando sus técnicas y tecnologías de control. Mayores controles de desplazamiento, aplicaciones en smartphones, monitoreo de comportamientos y pruebas sanitarias obligatorias. No sería extraño que China comience también a exportar, y en estas cuestiones lleva la delantera, su sistema meritocrático estatal desarrollado con tecnología para medir el “valor social” de cada ciudadano.

El ya implementado sistema de crédito de China es posible gracias a la combinación e integración de varias tecnologías como el big data, el reconocimiento facial y la monitorización de internet, ayudados además por más de 600.000 cámaras de vigilancia con inteligencia artificial. A eso es a lo que descaradamente llaman “comunismo”.

La mayoría de los gobiernos nacionales han salido fortalecidos en una situación sanitaria adversa a la que solo han podido responder con represión y confinamiento. Y la noción de Estado ha salido más fortalecida aún, porque bien ha hecho lo que debía o porque debe venir alguien que sí lo haga.

Hasta ahora la principal reacción ciudadana, de izquierda a derecha, ha sido solicitar al Estado efectividad en sus medidas sanitarias (pidiendo que se refuerce el aislamiento, la cuarentena y, de ser necesario, también la represión). Además, aunque en menor medida, se solicita agua potable y alimentos, parar los despidos, que se paguen los sueldos, mejores condiciones para quienes deben trabajar en estas cuarentenas y hasta reclamos por el cese del pago de alquileres e impuestos. Pero solicitar aislados y/o encerrados no es el mejor escenario para imponer nuestras necesidades. Más aún que en otras ocasiones, no hay lucha, sino demandas que fortalecen la legitimidad del Estado.

Pero no todo es paz y silencio. En esta situación comienzan las huelgas en la industria del automóvil en España, Italia y Canadá. Protestas por parte de los trabajadores de Amazon en Francia, España y Estados Unidos a causa de las condiciones de explotación. Huelgas de alquiler y ocupaciones en algunas ciudades de Estados Unidos.

También ha habido saqueos en diferentes países, y motines en cárceles y centros de detención en Italia, Francia, España, Alemania, Líbano, Argentina y Brasil, entre otros.

Y esto no parece que vaya a desaparecer sino a incrementarse. Pese al miedo, la desconfianza y el control, la solidaridad no se hace esperar, así como tampoco la autoorganización para dar pelea a las consecuencias sociales de una pandemia en un mundo capitalista. Pero aún son minoritarias las redes públicas o discretas entre vecinos, amigos y cercanos, así como ollas populares. La cuestión es cómo podemos evitar que estas luchas no acaben estranguladas por la desesperación o que sean meros gestos limitados en el tiempo y el espacio.

Desde un punto de vista radical, para ir a la raíz del problema, no se trata de proponer medidas que el Estado y el resto de la burguesía deban realizar para simplemente cumplir con su función, sino de imponer las necesidades, a pesar del Estado, que no está aquí más que para hacer prevalecer la ganancia frente a la vida.

Asumiendo que la vida bajo el Capital es una vida de muerte, de pandemias, de enfermedades productos de este modo de producción, tenemos que comenzar a actuar y pensar en cómo luchar contra estas condiciones de vida en este nuevo escenario. Tenemos que reflexionar por qué la burguesía, con los Estados a la cabeza, se lanzó a este tipo de medidas en este caso concreto. Y por supuesto discutir qué hacer, cómo combatir la idiotización mediática y, por sobre todo, cómo contraponernos a la mayor austeridad y control que se vienen.

A su vez, este parate generalizado de la producción y la circulación trajo aparejados drásticos cambios que, aunque no vayan a durar demasiado pueden darnos algunas pistas. Se ha sucedido una drástica reducción de la emisión de gases contaminantes y de efecto invernadero, con la consiguiente mejora en la calidad de vida de las personas que habitan las regiones afectadas, incluso bajando la cantidad de afecciones respiratorias por dicho motivo. Han disminuido notablemente, por ejemplo, los accidentes de tránsito y los mal llamados “accidentes laborales”, cuyas cifras “normales” de muertes no tienen nada que envidiar a una pandemia. Esta inesperada situación debería llevarnos a reflexionar acerca del correlato que alimentar al monstruo de la economía tiene en la destrucción del hábitat donde vivimos, o al menos lo intentamos. Mientras la cuarentena pasa, el aire se limpia y el agua se vuelve cristalina. No somos obtusos, somos conscientes de lo limitado y excepcional de estos fenómenos que se suceden al mismo tiempo que el monocultivo, la megaminería, la tala y tantas otras nocividades, que no se han detenido. Simplemente vemos y hacemos notar cómo el mundo se puede ir transformando en lapsos tan breves de tiempo.

Lamentablemente como fue decisión estatal paralizar la economía en determinadas regiones, la potestad de reiniciarla también corresponderá al Estado, y por esto, los momentáneos beneficios de dicha suspensión se verán revertidos en cuestión de días también. Sin embargo, estos ejemplos dejan una enseñanza al respecto de las prioridades de un sistema en la cual la producción de valor reina notablemente sobre la salud tanto de personas como del ecosistema terrestre mismo. Y nos impulsa a afirmar que el sistema productivo actual debe ser desmantelado para la supervivencia de la especie.

La realidad es tan perversa que confinados y temerosos deseamos volver a la normalidad, pero como gritan desde todas las regiones en revuelta a las que estas medidas han pausado momentáneamente: ¡La normalidad es el problema!

lunes, 2 de marzo de 2020

TEMPERAMENTO RADIO

Desde 2014 programa de radio on-line de crítica anticapitalista, actualidad regional e internacional, historia, libros y canciones.

Para las últimos emisiones entrevistamos a compañeros y compañeras de distintas regiones de Chile involucrados en la revuelta, de Ecuador y de Colombia. Abordando también la lucha de clases en Medio Oriente así como las luchas contra los megaproyectos en esta región.

martes, 28 de enero de 2020

Traducción al inglés de DEFORESTACIÓN

Recibimos la traducción de un artículo de La Oveja Negra, se trata de: Deforestación, publicado en el nro.65 (septiembre de 2019). 

La traducción e introducción corren a cargo de los compañeros de Perspectiva Internacionalista.

DEFORESTATION en el sitio web de Perspectiva Internacionalista.

*

Introducción traducida al español:

La crisis climática se está acelerando ante nuestros ojos y todo el mundo lo ve. Australia arde, abundan las inundaciones y otros desastres. No mucho antes de que el humo de los árboles en llamas oscureciera los cielos de Australia, lo hizo en América del Sur, donde la deforestación de la Amazonía progresa rápidamente. Esta catástrofe es el tema del siguiente texto, traducido de "La Oveja Negra", un grupo y publicación con sede en Argentina, con una perspectiva similar a la nuestra.

A menudo se culpa al presidente de derecha de Brasil por la quema de la selva amazónica, pero este artículo muestra que los gobiernos de izquierda hicieron y hacen lo mismo; que no es un gobierno particular el que causa la crisis climática sino el capitalismo mismo. Tan aterrador como son los bosques en llamas, para La Oveja Negra, es aún más aterrador "que sigamos soportando lo insoportable, que continuemos eligiendo el mal menor. Lo más preocupante es la incapacidad de los seres humanos para imaginar algo distinto de la vida en el capitalismo, justo en el momento en que esta forma de vida se está desmoronando. La deforestación de la imaginación es tan peligrosa como la deforestación de la Amazonía".

¿Es esta incapacidad permanente e irreversible? Hay indicios de que este podría no ser el caso. El futuro es nuestro.

Perspectiva Internacionalista

miércoles, 8 de enero de 2020

PROGRE-EXTRACTIVISMO

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Apenas asumido Rodolfo Suárez como gobernador de la provincia de Mendoza, ingresó el primer proyecto del Ejecutivo a la Cámara de Senadores: la Reforma de la Ley Provincial 7722, que flexibiliza el uso de productos químicos como cianuro y ácido sulfúrico en la explotación minera. Tal reforma buscaba fundamentalmente permitir que se activaran 19 proyectos mineros que sin ésta no podían desarrollarse, debido a las sustancias químicas utilizadas. Y, entre otros puntos, hacer que la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) de cualquier emprendimiento minero no necesite pasar por la Legislatura. El 20 de diciembre pasado, y solo restando su reglamentación, la reforma fue aprobada en ambas cámaras con acuerdo entre la nueva oposición y el nuevo gobierno: en lo importante no hay diferencias partidarias. 

El Capital siempre es extractivista. La maquinaria capitalista depreda la naturaleza, también la humana. El capitalismo no es solo una relación de clase de explotación y dominación, sino también una relación de alienación de la sociedad con la naturaleza, en la cual tanto el proletariado como la naturaleza no humana (comprendida como fuerza productiva) se transforman en objetos dominados y saqueados. La razón capitalista ve “recursos” donde hay naturaleza y desde sus inicios se ha desarrollado en base a la extracción de “recursos naturales” del planeta. La economía mundial está basada en este conjunto de extracciones.

El nuevo presidente Alberto Fernández, almorzando el pasado 18 de diciembre en la Asociación Empresaria Argentina con los gobernadores, advirtió cómo se van a explotar minas de oro y plata en Chubut, y dio por sentada la modificación de la ley 7722 que se daría horas después. Que a diez días del cambio de gobierno suceda todo esto no es una señal, sino el comienzo de lo que viene.

Lino Barañao, ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación del gobierno del Frente para la Victoria, desempeñó tan bien su trabajo que luego continuó en el gobierno de Cambiemos. Es aquel que dijo que «hay gente que se ha tomado un vaso de glifosato, para suicidarse, y no le ha pasado nada». El nuevo ministro Roberto Salvarezza junto al anterior impulsaron el modelo de ciencia que quedó plasmado en el documento oficial llamado Plan Argentina Innovadora 2020, presentado en 2013 en Casa de Gobierno, y basado principalmente, en la biotecnología, la megaminería (oro, plata, litio) y el fracking.

Otra designación escandalosa es la de Alberto Hensel como Secretario de Minería de la Nación, quien ya ocupaba el mismo cargo pero en la provincia de San Juan entre 2015 y 2016, cuando la Barrick Gold derramó tres veces toneladas de agua con cianuro en el río Jáchal mientras el gobernador José Luis Gioja decía que “son cosas que pasan”.(1)

Pero no seamos ilusos. No son estos funcionarios quienes explican el extractivismo en esta región, es justamente al revés. Debido a la necesidad de este extractivismo para la economía nacional e internacional, se designa a los destructores más idóneos y fieles. Si no, vamos a terminar pensando que cambiando las figuritas se puede mejorar nuestra forma de vida, cuando en realidad es un problema estructural. No es la maldad de quien está en tal o cual Ministerio la que explica el desprecio por la vida. Esos ministerios, con sus funcionarios, sus presidentes, inversionistas, partidos políticos y fuerzas represivas, son los que responden al Capital nacional e internacional.

Cuando la izquierda trotskista aspira a gobernarnos dice que gobierno y oposición son lo mismo, para presentarse así como la opción diferente. La cuestión no es que sean o no lo mismo, sino a las funciones a las cuales aspiran: gobernar y gestionar la sociedad capitalista. ¿Qué es el Estado sino el gobierno del Capital?

De izquierda a derecha llaman al progreso, al desarrollo. Que no pueden ser más que el progreso capitalista y el desarrollo de la nación. Y es aún más desde el denominado progresismo, hoy encarnado en el Gobierno Nacional y sus simpatizantes, que se exige terminar con toda mentalidad “conservadora” y “arcaica”. Pareciera que esto hace simplemente referencia a lo político, pero veremos que hace referencia a la totalidad de la cuestión social. Por eso para el desarrollo y el progreso es necesario no conservar la Amazonía, los ríos, los montes, los bosques, los animales de dos y cuatro patas.

El progresismo latinoamericano ha sostenido todas sus políticas en la depredación y el extractivismo, justamente en el progreso. “Conservar” es una mala palabra para todo demócrata bienpensante. Esta palabra es inmediatamente asociada con “conservadurismo”, por tanto encarnaría un estrecho vínculo con “la derecha”, “los fachos”, “los golpistas”. Esto tiene un sentido muy claro. La burguesía, en el transcurso de la historia, es y ha sido la clase de los cambios. Tal como se expresa en el manifiesto comunista de 1848, «Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones anteriores».

Pero el cambio sólo se aprecia en relación a lo conservado, a lo inmutable. Conservadores y promotores del progreso tienen entre sí mucho más en común que lo que sus discursos enuncian. Todos son conservadores en el sentido de la obsesión por preservar un orden social, una estructura que asegure el dominio. El orden conservador es un orden estático, tradicional, que se pretende eterno. El orden moderno es (en cambio) un orden activo, dinámico, novedoso. La modernidad entendió que en un mundo dinámico la mejor forma de conservarse es cambiar. A la estructura de dominación rígida del conservadurismo se le opone la estructura flexible de la modernidad capitalista. El rótulo de “dinosaurio”, de “medieval”, para el conservador tradicional lo impone ese espíritu moderno que condena lo pasado, porque para la ideología del progreso “mañana es mejor”. Ambos eligen un compartimento temporal diferente para ubicar su promesa ante los desposeídos y explotados: los tradicionales en el pasado, los burgueses en el futuro, mientras se disputan el dominio del presente.

El capitalismo es una relación social que consiste en la expansión y el crecimiento ilimitados. La izquierda del Capital se enorgullece entonces de ser la representante del progreso y el “Partido del cambio’’ (o de los cambios, hoy gusta más el plural). Así pues, abrazan lo nuevo solo porque es nuevo y rechazan lo viejo solo por ser viejo, sin importar el contenido social de nada. «Cuando “ser absolutamente moderno” se ha convertido en una ley especial proclamada por el tirano, lo que el esclavo honrado más teme es que se pueda sospechar de él que está anclado en el pasado», escribía Guy Debord en su Panegírico.

El domingo 22 de diciembre se realizó una movilización masiva en Mendoza, luego de la aprobación exprés (en ambas cámaras) de la reforma a la Ley 7722. En asambleas se decidió que la movilización arrancaría desde Eugenio Busto e iría sumando manifestantes en cada pueblo hasta llegar al otro día a la capital mendocina y rodear la Casa de Gobierno. Una semana antes, en Chubut se realizó otra gran movilización en Gan Gan en contra de la megaminería. Rechazaron frente a la Pan American Silver el ataque estatal-capitalista que intenta imponer la explotación de la mayor mina de plata del mundo.

Luego de las marchas y protestas, Suárez anunció en conferencia que no reglamentaría la nueva ley de minería hasta tanto consiga consenso de todos los sectores sociales, aclarando que «infundir el miedo no está haciendo bien al debate». Además se quejó de una campaña contra la minería con mala información y resaltó que su interés es generar puestos de trabajo de calidad, cuidando el ambiente. «No queremos que los violentos ganen este debate por lo que vamos a convocar al diálogo. Vamos a convocar al arzobispado, a las universidades, a los sindicatos y a los partidos políticos». Es decir, no van a hablar con nosotros sino entre quienes dicen representarnos y participan de nuestra opresión. El gobierno nacional por boca del ministro de Ambiente de la Nación, Juan Cabandié, consideró que Mendoza se tenía que ocupar del tema, reforzando la idea de que este es un “problema provincial”. Finalmente antes de terminado el año se derogó la ley. Pero la lucha no termina.

Así de “conservador” y anticuado se expresa el proletariado de esas regiones. Sin duda hay mucho camino por recorrer, mucho político y legalidad por descreer. Hace falta mucha más confianza en nosotros mismos que en los gobernantes y sus legislaciones e intenciones desmovilizadoras. Hace falta comenzar a vislumbrar un mundo donde no tengamos que comparar el precio del oro con el del agua, porque el agua no vale más que el oro ¡el agua no debería tener precio!

“El agua vale más que el oro” es una consigna que nos ahoga en el mundo del intercambio de valores, donde las decisiones son la consecuencia de un cálculo. Pero el agua no se defiende por su valor frente a otros valores, sino porque su falta significa la desaparición de la vida.

Con la lucha colectiva frenamos estos atropellos. Sigamos alertas y movilizados. No a la megaminería. No al fracking. No a los agrotóxicos. No a la energía nuclear. No es no.


Nota:
1. Para conocer en mayor detalle el currículum de estos personajes y otros nuevos, aunque siempre conocidos, ver: Gabinete y modelo extractivo: el perfil de los nuevos ministros.

TEMPERAMENTO RADIO: LUCHAS EN ARGENTINA CONTRA LA MEGAMINERÍA

Grabado a comienzos de año. Actualidad de la lucha en Argentina contra la megaminería y algunas críticas urgentes sobre latinoamericanismo, antiimperialismo y antineoliberalismo. Lo cual está en estrecha relación al artículo Progre-extractivismo de este nro. y lo complementa.
Lecturas Adiós al viejo mundo del Capital (31/12/2019, Chile) y un fragmento de El persistente atractivo del nacionalismo, Fredy Perlman. Además: suscripciones Biblioteca Alberto Ghiraldo, publicaciones La Oveja Negra y Pólvora.

Sitio web para escuchar y descargar el programa: blog.temperamento-radio.com

sábado, 14 de septiembre de 2019

DEFORESTACIÓN

Los incendios en la selva amazónica comenzaron la primera semana del mes de julio de 2019. Estos incendios, sumados a los anteriores del mismo año, conforman la mayor cantidad de fuegos registrados en la región desde que se comenzó a llevar registro en 2013 y un 80% más respecto al año pasado. Cuando hablamos de deforestación nos referimos también a las más de 40.000 especies de plantas, 1.300 tipos de aves, 426 diferentes de mamíferos que viven en la selva tropical del Amazonas, la más grande del mundo, con 6,7 millones de kilómetros cuadrados. A aquella cantidad de mamíferos que intentan ilustrar un “santuario natural” hay que agregarle uno más: las personas que habitan allí, y no solo comunidades indígenas.

La magnitud de las miles y miles de hectáreas quemadas es tal que el humo cubrió el cielo de la ciudad de São Paulo provocando una oscuridad general en plena tarde. Por aquellos días las cenizas se vieron incluso en la ciudad de Rosario al amanecer. Desde la percepción urbana el humo y las cenizas son un indicador de una gravedad que no alcanzamos a dimensionar.

Salir a rebatir que la destrucción del área selvática más importante del planeta no es consecuencia del gobierno de Bolsonaro, sino del capitalismo, parecería a estas alturas cuanto menos ridículo. Cualquiera que lea un par de noticias despegando los ojos de la televisión o de los memes que llegan a la pantalla del celular podría sacar esta conclusión, pero no. Resulta que la ideología dominante no es dominante por que sí. Lo que se nos aparece abiertamente como la mayor destrucción de la naturaleza de estos tiempos no es sino un episodio más en la relación que este sistema de producción tiene con el mundo, su forma de concebirlo: como un recurso de donde extraer más y más valor, más ganancia, más capital. El pulmón de la Tierra está ardiendo y no podemos revertirlo. Quizás por eso, los primeros días del incendio, desde la impotencia llamaron a rezar por la Amazonía.

Está claro que a los políticos en oposición, en pleno o futuro mandato, no les importa la selva, ni su deforestación. La tierra es mercancía tanto para quienes la deforestan como para quienes operan políticamente con el discurso sobre la irresponsabilidad de la deforestación. El señalamiento del criminal sirve para ganar la próxima elección, la “preocupación por la Amazonía”, también. Pero hay un “pequeño problema”: el discurso se puede seguir reinventando, sin embargo, el bosque arrasado no regresa por incluirlo en un nuevo discurso.

Desde el progresismo, el populismo o la izquierda del capital, reducen la catástrofe a una oposición política, a un “fuera Bolsonaro”. Y desde el ecologismo posmoderno nos incitan a aportar individualmente, votando mejor, no comprando a grandes empresas, modificando el consumo. «Los consumidores deben reducir sus posibilidades humanas de protesta colectiva y lucha social a una actitud individual: consumir o no consumir, consumir más o menos. En ambos casos el problema que se desprende es uno y el mismo: cuando se habla con el lenguaje del amo necesariamente se defienden sus reglas... En perfecta igualdad democrática un proletario cualquiera y un burgués de la industria química tienen la misma responsabilidad según la visión de quienes destruyen el planeta y de los ecologistas que administran la catástrofe.» (La Oveja Negra nro. 41, Ahorro energético y disciplinamiento)

Sin entrar en un análisis pormenorizado, una vez más vemos cómo se desvanece la “oposición” entre los distintos gobiernos que se presentan como progresistas o de izquierda, por un lado, y de derecha o fascistas, por el otro. Uno de los focos del actual incendio afecta la zona del Bosque Seco Chiquitano, en la región dominada por el Estado de Bolivia, cuyo presidente Evo Morales aprobó un decreto supremo el 10 de julio pasado autorizado en los departamentos de Santa Cruz y Beni el desmonte para actividades agropecuarias, el que se suma a una ley de 2016 que permite la quema de hasta veinte hectáreas de pastizales para pequeñas propiedades y propiedades comunitarias.

En el año 2009 el gobierno de Lula Da Silva privatizó 670.000 km cuadrados de la selva amazónica. El mecanismo progresista de entregarles gratuitamente parte de estas tierras a pequeños productores (y vender el resto) hoy muestra los resultados reales. El objetivo es ampliar las fronteras agrícolas, ampliar la zona explotable para el Capital. Bien aclaró el propio Bolsonaro frente a los intentos de “proteger” la Amazonía por parte de Europa, y especialmente del gobierno francés: «si seguimos con áreas protegidas y regiones indígenas se termina el agronegocio en Brasil y si se acaba el agronegocio se acaba nuestra economía».

Sin ir más lejos, durante toda la “década ganada” nuestra región sufrió el récord de desmonte por motivos agropecuarios, mientras se daba la bienvenida a nuevas inversiones de Monsanto y la minera Barrick Gold. Pero esto tampoco es propio de un gobierno en particular. En la Provincia de Santa Fe, por ejemplo, se pasó de tener casi 6.000.000 de hectáreas de bosques en 1935 a 840.000 en 2002, es decir, en ochenta años se “perdió” un 82% de bosques nativos. «Nada se pierde todo se transforma» dirán los eslóganes apaciguadores de la autoayuda, y en algo tienen razón, bajo la lógica de este sistema no se pierde nada mientras se transforme en valor: esos bosques fueron sistemáticamente destruidos para la ganancia.

Remarcar lo mismo a veces es necesario frente a lo invariable del Capital. En marzo de 2012, en el segundo número de este boletín, podíamos leer: «La producción capitalista es intrínsecamente depredatoria con el medio en que se desarrolla. Desde la génesis misma de este sistema perverso, la explotación de elementos naturales tenidos en cuenta como meros “recursos” (carbón, caucho, petróleo, entre los primeros) es una constante que arrasa la biodiversidad por doquier. En la región argentina, como país casi exclusivamente agroexportador, la modificación del bioma ha sido constante desde finales del siglo XIX. La región pampeana ha sido modificada en más de un 90% como causa de la explotación agropecuaria.»

Cuando se nos incita a echarle la culpa a Bolsonaro lo que se está haciendo es invisibilizar esta parte del problema, que la productividad del Capital se basa en este tipo de desposesiones y destrucciones, que todos los gobiernos son capitalistas, y que esto significa más desalojos, más asesinados, más desaparecidos. Nos llevaría varias páginas recordar todos los militantes, activistas y comunidades hostigadas y perseguidas por la defensa de la tierra. Por no hablar de los asesinados que hoy no están para defender la selva de las garras de la ganancia, desde la región mexicana hasta la Patagonia a ambos lados de las fronteras, pasando por Colombia con el triste récord de tener la mayor cantidad de referentes sociales asesinados en este continente durante los últimos años.

Hacia fines del año pasado advertíamos, como adelantándonos a estos tristes días de destrucción y de renovada indignación: «Fue bajo los gobiernos del PT, y no bajo gobiernos fascistas, que la deforestación de la Amazonía alcanzó el “punto de no retorno”. Bolsonaro ha llegado a poner orden luego de que la socialdemocracia progresista trabajó duramente justamente para el progreso ¡del Capital! Que la próxima vez no nos sorprenda tanto. No se trata de sabérselas todas ni de extremismos, sino de la posibilidad de hacer algo a tiempo y no lamentarse cuando ya es demasiado tarde» (La Oveja Negra nro. 59, Brasil: Progreso y orden). Lo que nos seguimos preguntando es ¿cuándo será demasiado tarde? Porque así como la indignación y la sorpresa se renuevan también lo hace nuestro margen de soportar lo insoportable.

«Los últimos años de gobiernos progresistas en la región latinoamericana han demostrado la profunda implicación de la izquierda y el progresismo en el desarrollo capitalista. No solo no han cuestionado los modelos productivos heredados, sino que los han profundizado enormemente. El extractivismo con monocultivos transgénicos y agrotóxicos, la carrera energética que desconoce todo tipo de límites e impulsa proyectos como el de Vaca Muerta en la cuenca Neuquina, y planes megalómanos de infraestructura para el transporte como el IIRSA,(1) son algunos de los principales ejemplos... La huida desbocada y hacia adelante que nos presenta el capitalismo, no es obra de la mente de unos pocos millonarios de derecha o de izquierda. Ellos mismos están subidos a un caballo incontrolable con sed de ganancias. Controlarlo tirando las riendas más a la derecha o más a la izquierda, es una fantasía. El Capital se dirige hacia nuestra ruina en su carrera por multiplicarse, porque si deja de crecer muere. 

La raíz de los problemas no es cuestionada y nuestra imaginación es destruida. Nos llaman a opinar sobre cada detalle, para que así no tengamos una noción de la totalidad. Nuestros enemigos más evidentes y nuestras acciones más directas se diluyen en problemas de expertos.» (Estos párrafos son extractos de un folleto que repartimos en la ciudad de Rosario durante el acto del 1° de Mayo del 2017).

Lo más aterrador de estos momentos no es ver arder la selva, es que el fuego no se prenda en barricadas que hagan frente a la destrucción, es seguir aguantando lo inaguantable, es seguir eligiendo el mal menor. Lo más preocupante es la incapacidad de los seres humanos de imaginar algo distinto a la vida en el capitalismo, justo en el momento en que esta forma de vida se está cayendo a pedazos. La deforestación de la imaginación es tan peligrosa como la deforestación de la Amazonía, porque la deforestación de la imaginación significa la deforestación de una imaginación antagonista. Solo es posible una deforestación de la Amazonía sobre una avanzada deforestación de la rebeldía, de la imaginación en acción.

Nota:
(1) El plan IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana) se propone trazar líneas para el transporte de mercancías sobre las tierras y aguas de Suramérica como si se tratase de un mapa. Todo esto es impulsado por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) cuyo presidente en 2017 fue Nicolás Maduro y en la actualidad es Evo Morales.