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sábado, 4 de mayo de 2024

Intervista: «Il così detto neoliberismo e i suoi falsi critici»

Intervista realizata da CrimethInc.

La Oveja Negra & Cuadernos de Negación, Dicembre 2023, Rosario

Pubblicato in inglese e spagnolo su: crimethinc.com/2023Argentina

Traduzione all’italiano: aprile 2024.

LEGGERE E SCARICARE (PDF)

 

• Quali sono le continuità e le differenze tra la ripugnante figura di Milei e le vecchie tendenze dell’estrema destra? Secondo il vostro punto di vista, come ha fatto a vincere le elezioni?

• Vorremmo che commentasse brevemente la politica argentina degli ultimi 50 anni, tenendo conto delle continuità e delle discontinuità tra dittatura e democrazia.

• Confrontarlo e contrastarlo con Bolsonaro, Trump, ecc. Cosa ci dice la sua vittoria sul contesto più ampio del continente in questo momento?

• Quali sono le probabili conseguenze negative della sua vittoria elettorale? Cosa cambia esattamente?

• Come può la sua gestione riconfigurare il confronto tra le forze in lotta, soprattutto in termini di resistenza anticapitalista?

• Quali sono le possibilità tattiche di lotta in questo contesto? Come possono le persone provenienti da altrove sostenere le forze di resistenza anticapitaliste e antiautoritarie nel territorio dominato dallo Stato argentino?
 


 

sábado, 23 de diciembre de 2023

Contra el liberalismo y todas las variantes de la sociedad capitalista

La megadevaluación y el decretazo del gobierno son un ataque de clase. Contra quienes trabajamos, alquilamos, usamos transporte, salud pública,  recibimos ayudas sociales y/o protestamos.

La burguesía, nacional o extranjera nos explota y nos oprime de diferentes maneras. Tengamos o no trabajo. De cualquier género, de todos los colores y diferentes capacidades.

Es momento de explorar nuevas perspectivas, nuevas maneras de luchar. Más allá de la patria, del Estado, de la democracia, de la lógica de la mercancía, de los partidos políticos y de los sindicatos.

Contra el liberalismo y todas las variantes de la sociedad capitalista. Por el comunismo y la anarquía.

La Oveja Negra, 23/12/23


*

Against liberalism and all the forms the capitalist society takes

The mega devaluation and the mega decree from the government are a class attack. Against everyone who works, rents, uses public transport, public health, receives social aid and/or protests.

The bourgeoisie, national or foreign, explodes us and oppresses us in various ways. Wether we have jobs or not. Of any gender, any color, and in different capabilities.

The time has come to explore new perspectives, new forms of fighting. Beyond homeland, the state, democracy, market-logic, political parties and unions.

Against liberalism and all the forms the capitalist society takes.
For communism and anarchy.

La Oveja Negra, 23/12/23

lunes, 18 de diciembre de 2023

Entrevista: «El denominado neoliberalismo y sus falsos críticos»

Entrevista realizada por CrimethInc.


La Oveja Negra & Cuadernos de Negación
Diciembre 2023, Rosario 

Publicado en inglés y español en: crimethinc.com/2023Argentina

 

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Contenido:

• Introducción por CrimethInc.

• ¿En qué esta figura repugnante como Milei es una continuación de viejas tendencias de extrema derecha y en qué se diferencia? Según tu lectura, ¿cómo logró ganar las elecciones?

• Nos gustaría que comentaran brevemente la política argentina de los últimos 50 años, teniendo en cuenta las continuidades y discontinuidades entre dictadura y democracia.

• ¿Cómo ve a Milei en relación con Jair Bolsonaro y Donald Trump?

• ¿Cuáles son las probables consecuencias negativas de la victoria electoral de Milei? ¿Qué cambia exactamente?

• ¿Qué fuerzas están preparadas para oponerse a Milei? ¿Cuáles son las perspectivas para la resistencia anticapitalista?

• ¿Qué estrategias son posibles en este contexto? ¿Cómo pueden personas de otros lugares apoyar a las fuerzas de resistencia anticapitalistas y antiautoritarias en el territorio dominado por el Estado argentino?

martes, 17 de enero de 2023

¿AL GRAN PUEBLO ARGENTINO, SALUD?

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La inflación en la Argentina acumulada a lo largo del 2022 se ubicó cerca del 100%. Esta cifra se trata de un promedio del aumento interanual de los precios al consumidor de las diversas mercancías, bienes y servicios, necesarias para la reproducción de la fuerza de trabajo. A nivel nacional, los mayores incrementos se registraron en las prendas de vestir y las verduras, que superaron ampliamente el 100%. Todo esto según los datos del propio INDEC. El Instituto Provincial de Censos y Estadísticas de Santa Fe, por su parte, detalló algunos de los productos que tuvieron mayores subas en la provincia en los primeros 11 meses de 2022. Se trata del azúcar (179,52%), la docena de huevos (156,66%), y el kilo de harina (148,54%). Luego están el pan, el aceite, el café, los fideos y la leche en polvo, todos por encima del 100%. Se trata de los alimentos básicos que consumimos los proletarios para sobrevivir, que además de aumentar sus precios, disminuyen sistemáticamente su calidad.

Pocos salarios en Argentina alcanzaron la inflación, siempre hablando de empleos registrados. Completamente por debajo se hallan los empleados informales o los planes y ayudas sociales. A esto debemos agregar el progresivo deterioro del salario sufrido desde hace varios años. De otro modo, y de cara a un año electoral, nos quedamos solo con la foto de 2022. Evidentemente, esta situación no afecta igual a todo el gran pueblo argentino. Porque no estamos “todos en el mismo barco” como gustan decir los dirigentes, ni somos todos iguales por más que nos pongamos la camiseta de la empresa como exigen los patrones.

En este contexto, es evidente que decenas de millones de habitantes del país “necesitan una alegría”, algo de eso significó la victoria en Qatar 2022 de la selección masculina de fútbol.

El fervor mundialista no fue una “vía de escape” frente al malestar social, es parte de este malestar. Tampoco es que el fútbol tape la miseria, es la miseria la que hace del fútbol un suceso tan determinante en la vida de las personas. Y por miseria no nos referimos solamente a la económica.

La puesta en cuestión de la realidad social no implica necesariamente sabotear “la alegría del pueblo”. Y, desde una perspectiva emancipatoria, sería iluso suponer que cada gol argentino desvía al proletariado de la revolución o lo vuelve más nacionalista.

Por otra parte, hay quienes podrán solicitar no racionalizar las emociones porque estas últimas estarían fuera del ámbito de lo racional. Pero las emociones y los sentimientos son un hecho tan construido como un estadio deportivo en Qatar, es decir, tienen su historia, su coyuntura y hasta sus muertos, con los cuales un puñado se llena de guita.

Sentir ira, alegría o tristeza porque gane o pierda un grupo de jugadores nacidos dentro de unas fronteras completamente arbitrarias no es un hecho natural, es un hecho construido en el patriotismo escolar, en la competencia deportiva, en la miseria sexual, en la distinción de género, en el vacío existencial de la sociedad capitalista de nuestro tiempo.

Buscamos comprender por qué ciertos aspectos culturales, religiosos o ideológicos, como puede ser la alegría por una camiseta, tienen tanta relevancia, cuál es su relación con este contexto.

Aunque nos sorprende la enorme falta de coherencia frente al fenómeno del mundial por parte de sectores contestatarios, en lo relativo al sexismo, el patriotismo, el Estado, la competencia, el sacrificio, etc.; no queremos hacer un simple llamado moralista a la conciencia.

Rechazamos la supuesta superioridad intelectual o moral al momento de criticar lo popular, del mismo modo que rechazamos el paternalismo populista que defiende la “alegría del pueblo” en tercera persona, dando cuenta no solo de su oportunismo sino de la construcción social que supone el pueblo a través de la política.

Desde una perspectiva revolucionaria queremos problematizar sobre la propia concepción de “pueblo”. Aun cuando somos considerados parte del pueblo, de lo popular, de lo argentino.

¿Qué pueblo?

No estamos exigiendo nada del “pueblo”, ni antes ni después de la victoria argentina en Qatar 2022. Estamos subrayando que el “pueblo” es un concepto que no distingue entre explotadores y explotados, que no es más que una construcción del Estado que constituye el orden dominante.

La población existe, sin embargo, la forma de categorizarla no es natural, la manera de designarla es política. No existe a la espera de ser reconocida y tener significado, es algo totalmente construido. Sin lo que “pasionalmente” conocemos como pueblo, la razón de Estado carecería de sentido. Los propios límites geográficos gracias a los cuales se puede definir “el pueblo argentino” se establecen a partir del Estado argentino. Primero el Estado después su pueblo, jamás al revés. Es de esta manera que decenas de poblaciones y comunidades quedan encerradas en las fronteras de la Argentina. En su acepción más corriente, para que exista un territorio determinado debe existir un Estado determinado.

“El pueblo” no es un dato de la naturaleza, ni una clase social, siquiera un grupo sociológico, hay que construirlo y representarlo. Acontecimientos como las guerras, los mundiales o ciertos sucesos culturales refuerzan el concepto y ayudan a experimentarlo como realidad. Porque no es que no exista, existe como fuerza social. La vieja consigna de «el proletariado no tiene patria», se trata de una perspectiva de lucha contra el nacionalismo, para evitar ser carne de cañón en las guerras, en las crisis, en la explotación cotidiana. Pero no podemos hacer como si no estuviésemos nacionalizados.

Desde el nacionalismo y el populismo se niega reconocer las contradicciones y escisiones de la sociedad y se acepta su pacificación en el Estado a través de la mediación del ciudadano. De este modo, la sociedad es una comunidad directamente asumida y representada como tal en el Estado. En su forma más desarrollada, el populismo busca ir más allá de las contradicciones sociales capitalistas, pensemos en los regímenes totalitarios. En su forma actual, al menos en países como el nuestro, se trata más bien de un interclasismo ciudadanista, buscando reforzar las instituciones democráticas del Estado, su legalidad, su papel preponderante en la garantía del orden.

En el libro Plomo y humo. El negocio del capital que publicamos recientemente reflexionábamos al respecto de las expresiones de lucha actuales: «No debe entenderse la crítica al interclasismo como un llamado al clasismo. Si el primero existe de manera generalizada en las luchas no es por la debilidad del segundo, sino que este se encuentra simplemente agotado. Producto de las transformaciones de la sociedad capitalista el proletariado no ha desaparecido ni mucho menos, pero las posibilidades de su lucha han cambiado drásticamente. Ya no existe la opción política, sindical o ideológica clasista que añora el obrerismo, ya no existen organizaciones de masas que busquen una afirmación del proletariado al interior de esta sociedad. Luchar como clase ahora solo puede implicar enfrentarnos a nuestra propia condición de seres humanos proletarizados. El interclasismo supone una situación de extrema ambigüedad, pero a la vez su superación solo aparece como una transformación radical de la sociedad contra el Capital y el Estado. De hecho, esta “propuesta” tiene más eco en el común de los manifestantes que cualquier nostálgica apelación a un gobierno obrero. Esa indeseable alternativa de gestión capitalista ya no es siquiera factible.»

En este marco de agotamiento del clasismo, y un interclasismo impotente para realizar cualquier transformación social pero efectivo en términos de integración y reproducción social capitalista, es que 5 millones de argentinos se movilizaron pacíficamente para expresar su alegría por los colores de la patria y algún tipo de éxito o conquista que se experimenta de cierto modo como propia.

Nacional y popular

Quizás tengamos la suerte de dejar de escuchar, al menos por un tiempo, la canción que apenas comenzada ya está hablando de «los pibes de Malvinas que jamás olvidaré». A 40 años del asesinato de jóvenes en esas frías islas el nacionalismo belicista agradece la “malvinización” que hubo con este Mundial.

Antes que finalice la tortuosa canción nos dicen «no te lo puedo explicar porque no vas a entender». Es parecido a cuando un supuesto sabelotodo en el acto de explicar sugiere que somos estúpidos. De todos modos, hay quienes preferimos entender e indagar sobre lo que nos implica, sobre el nacionalismo, lo popular, el deporte e incluso las pasiones que suelen presentarse a salvo de la reflexión.

El nacionalismo necesariamente se hizo presente durante el mundial de fútbol para machacar contra los ingleses y brasileros (sin distinción: explotadores y explotados), con las Malvinas, con una pizca de racismo, con un antieuropeísmo absurdo y un antiimperialismo cada vez más obtuso. Todo este conjunto de juicios es presentando como “popular” y cualquier cuestionamiento o incluso indiferencia puede ser tachada de antiargentino, mayor pecado en época mundialista o de contienda bélica.

La razón populista propone, e impone, que cualquier cosa que haga feliz al pueblo debería ser aprobada. En esta ocasión no hay mayor problema, pero dicha fórmula es riesgosa, especialmente cuando el pueblo se alegra con una guerra, con los pogroms, con un linchamiento, con el ascenso de un sanguinario dictador.

Además del fútbol, uno de los deportes preferidos del pueblo, no solo argentino, es la “caza de culpables”. La costumbre de no cuestionar la sociedad, considerada el pueblo mismo, sino de ir a la búsqueda de responsables a quien echar la culpa. Lo cual sin duda resulta más fácil y tranquilizador que subvertir la situación actual. Pero lo importante es que así no se resuelve el problema de fondo, y siempre estamos abordando los problemas superficiales y no los estructurales.

Los señalados responsables de los padecimientos pueden ir desde el vecino al extranjero, desde la patota de rugbiers asesinos de Fernando Baez Sosa hasta el FMI, del gobierno de turno a su oposición. Y en general no es que no tengan su gran responsabilidad personal, pero personalizar una cuestión social dificulta su comprensión, si no es que la evade completamente. Luego hay otros que proponen a los “yanquis”, los ingleses, los judíos o los inmigrantes de chivo expiatorio. El nacionalismo no puede ver cuestiones estructurales de la sociedad capitalista, no puede ver clases sociales antagónicas al interior de cada país.

Es absurdo defender a la nación y su pueblo para defender a la clase explotada. Sin embargo, el nacionalismo se impone de izquierda a derecha, coincidiendo en que las potencias extranjeras no dejan desarrollar a “nuestro” país. Luego cada sector añade su estilo propio: que el FMI saquea a la Argentina o que los inmigrantes nos vienen a robar el trabajo.

Nosotros proponemos no colocar el relato nacionalista como punto de partida natural. ¿Qué importa el origen geográfico del capitalista que nos explota? ¿Y qué importa dónde nacieron el resto de las personas explotadas?

Ante la desintegración de los lazos sociales tradicionales, la popularidad del fútbol radica en su capacidad de fortalecer una identidad común. Bien lo supieron los burgueses de aquel país “enemigo natural” del futbolero argentino. Durante la primera mitad del siglo XIX los primeros deportes que Inglaterra exportó fueron las carreras de caballos, la caza, o el remo, deportes representativos de la aristocracia, y quienes adoptaron estos juegos en los países destinatarios fueron las clases dominantes locales, que solían ser grandes admiradoras de la alta sociedad británica. En las demás naciones, los deportes fueron adoptados por una élite urbana fascinada por la imagen de modernidad que acompañaba lo inglés. Al principio, allí donde se establecían, los británicos solo jugaban entre sí. Cuando aceptaron a los demás pusieron como condición que el idioma de juego fuese siempre el inglés. De ahí que el término sport fuera adoptado en muchos países para designar las actividades deportivas. La lengua inglesa se impuso en el ámbito del deporte, como atestiguan los términos hockey, match, round, jockey, golf, record; al igual que vocablos relacionados directamente con el “football” como corner u offside, además de designar a los clubes con nombres anglófonos.

Las costumbres heredadas de Inglaterra son muchas, incluso el cacho de carne que cada vez cuesta más caro llamado bife no casualmente proviene de beef.

Mal que les duela a algunos, podría decirse ligeramente que Inglaterra es la “madre patria”. Si «en Argentina nací, tierra de Diego y Lionel» es porque existen países consolidados gracias a la división internacional del trabajo. El “modelo agroexportador” al cual refieren nacionalistas de todo el arco político requiere que esas grandes potencias “nos” compren.

Del mismo modo, y aunque les duela a otros, podríamos decir que Julio A. Roca es uno de los “padres de la patria” ya que, sin sus campañas en el sur, junto a las de Uriburu, Fontana y Obligado en el norte a fines del siglo XIX, no existiría Argentina tal como la conocemos. Como suele decirse: los padres no se eligen, y tampoco estamos obligados a sentir amor u orgullo por el país donde nacemos.

Las nacionalidades se establecen de manera arbitraria. En el caso de los "argentinos" esta arbitrariedad viene dada desde su designación misma. En el marco de la Conquista, desde comienzos del 1600 se comenzó a denominar Argentina y argentinos a la región y los habitantes de toda una enorme zona circundante al Río de la Plata. El primer término cayó en desuso, hasta 1860, cuando el presidente Santiago Derqui decrete como nombre oficial: República Argentina. En cambio, el gentilicio se continuó usando hasta hoy, atravesando el periodo del Virreinato y luego el de las Provincias Unidas, tras la independencia.

El primer registro de su uso se da en el poema histórico Argentina y Conquista del Río de la Plata, con otros acaecimientos de los Reinos del Perú, Tucumán y Estado del Brasil (1602) del extremeño Martin del Barco Centenera. Ya desde el título se habla de la zona rioplatense-paranense como Argentina y de sus habitantes: «Los argentinos mozos han probado / Allí su fuerza brava y rigurosa / Poblando con soberbia y fuerte mano / La propia tierra y sitio del pagano»

Obviamente ese “argentinos” no significa lo mismo que hoy. En ese pasaje se está refiriendo a la fundación de la ciudad de Santa Fe por parte del español de origen vasco Juan de Garay y los mestizos guaraníes nacidos en Asunción (actual Paraguay).

Es interesante saber cuál es el origen de esta denominación. El enorme estuario que se forma con las aguas del Paraná y el Uruguay antes de desembocar en el Atlántico fue llamado Río de la Plata por los conquistadores, en referencia a las legendarias minas de plata que se hallaban hacia el interior. Varias expediciones no encontraron nada, pero, como sabemos, toda leyenda tiene algo de verdad.

El cerro de Potosí (actual Bolivia) saldó con creces los anteriores fracasos, y el noble material, llamado en latín argentum, empezó a ser extraído de a toneladas, arrastrando consigo miles de vidas humanas, en uno de los peores horrores de la Conquista. La actual Sucre, desde donde se empezó a explotar el cerro, se llamaría también Civitas Argentina o en español Ciudad de La Plata.

Nuestro gentilicio se debe a una de las principales mercancías extraídas de la región, y transportadas en gran medida a través de la actual Argentina hasta el puerto de Buenos Aires. Bien podríamos llamarnos ahora “sojenses”. Con la plata extraída también se empezó a acuñar dinero como moneda. De ahí que, en el Cono Sur, llamemos a la moneda de circulación legal, coloquialmente, “plata”.

Es bueno remarcar que “argentino” tampoco fue un término de uso general, conviviendo con el genérico “criollo”, ampliamente usado además, en toda la América hispana. Mulatos, zambos, mestizos, cuarterones, chinos, etc., fueron denominaciones de casta también de uso muy común, de acuerdo a la mezcla de sangre. Los integrantes de las aristocracias locales, hayan nacido en este continente o la península ibérica, gustaban llamarse “españoles”.

Ser “argentino” no significó siempre lo mismo. Sucesión de guerras y despojos en el marco de la Conquista y luego en la creación del Estado moderno fueron delimitando y cambiando lo que hoy conocemos como Argentina y lo “argentino”.

Noción absurda y arbitraria como ya vimos, pero no azarosa si seguimos la ruta de las mercancías. La nacionalidad se acuña mientras se acuña dinero.

domingo, 13 de marzo de 2022

SOBRE EL NUEVO ACUERDO CON EL FMI

Ante un nuevo acuerdo de Argentina con el FMI crece la indignación. ¿De quiénes? La interna del peronismo, la izquierda, nacionalistas de todo color. Este es el resultado del abandono de la crítica de la explotación por la obsesión con la opresión, de hablar de saqueo para no enfrentar a la burguesía nacional, del patriotismo, del antimperialismo, del neo-retro-anticolonialismo, de la tibieza de criticar al capitalismo solo en su aspecto extractivista y destructor de paisajes, así como de la creencia en que la sociedad capitalista podría funcionar mejor sin capital financiero, sin organismos de crédito internacionales como el FMI.

La cuestión es el antagonismo de clase, no “patria o buitres”, ni “pueblo o FMI”. La oposición es de clase, entre explotadores y explotados. No hay salida en la unidad con la burguesía nacional y su progresismo. Detrás de la patria está la sociedad capitalista, detrás del pueblo y la nación se esconde la contradicción de clase.

El ajuste no es simplemente una imposición del FMI ni comenzó en el gobierno anterior. La burguesía que nos explota en la Argentina sea de origen local o extranjero, necesita mantener nuestros sueldos por el piso para mantener la competitividad en el mercado mundial, dada la baja productividad de gran parte de las empresas radicadas en el país. Se trata de un problema estructural acerca de qué y cómo se produce, de la división internacional del trabajo y no simplemente del rol de las finanzas, los organismos de crédito o ciertas políticas en particular.

La pobreza, el hambre, el desempleo, la cuestión de la vivienda no pueden solucionarse con la simple medida de dejar de pagar la deuda como parecen creer los optimistas del capitalismo, desde trotskistas hasta peronistas. Los hay más optimistas, algunos afirman que bastaría con no pagar los intereses de la deuda para arreglar las cosas, al menos las más urgentes.

La nula perspectiva anticapitalista lleva a pensar que la deuda sería un mecanismo de dominación neocolonial, y por lo tanto el no pago sería una medida de soberanía, del tipo “segunda independencia”. Nos hemos acostumbrado a un consignismo oportunista, a aquello que suena bien, da votos o suma adherentes, sin poder comprender la dinámica capitalista y mucho menos enfrentarla. Es ingenuo pensar que, en caso de conseguir frenar el pago al FMI en las calles, se podría dar inicio a un proceso de lucha más amplio y profundo del proletariado. Suponiendo que el Estado se ahorre ese dinero y sin entrar en los posibles resultados de entrar en default: ¿cómo es que el no pago de la deuda significaría un aumento de salarios y jubilaciones o mejoras en los servicios? Si ese es el objetivo, ¿por qué no luchar directamente por conseguirlo en vez de poner el foco en el FMI?

En el contexto actual, el problema de la deuda se ha reducido a una disputa política de cara a las elecciones del 2023: al oficialismo y a la oposición poco les importa realmente qué implicará el acuerdo y su “letra chica”, sino el significado que se le adjudica en torno a la desastrosa situación actual, su pasado reciente y su futuro, y a la que ningún sector político quiere quedar pegado a pesar de ser todos responsables. Por eso, fracciones del kirchnerismo dicen oponerse al acuerdo, para mantener cierta distancia del gobierno del que forman parte. El trotskismo fantasea con que el kirchnerismo le ha dado la razón y supone que con este nuevo acercamiento le podrá quitar algunos votos.

Al margen de lo coyuntural, el “no al pago de la deuda externa” y en particular el rechazo al FMI son, desde hace décadas, consignas que implican al proletariado en la gestión económica del país, abrazando una perspectiva estatista y nacionalista. Por ello, la exigencia del no pago suele venir acompañada de propuestas sobre la nacionalización de la banca o la estatización del comercio exterior, o bien de propuestas básicamente proteccionistas, que ya han demostrado su alcance cada vez más limitado en un mercado mundial crecientemente internacionalizado.

Desde una perspectiva revolucionaria no nos interesa involucrarnos en la gestión de la economía, sino en la crítica para su superación. Pero no podemos dejar de observar cómo quienes se pretenden sus gestores, o en todo caso reclaman una mejor gestión, no comprenden siquiera su dinámica.

La izquierda parlamentaria y su programa de Máximo

A comienzos de febrero Manuela Castañeira, joven promesa del trotskismo argentino, twitteó: «Llamamos a Máximo Kirchner, a Lozano y a todos los sectores kirchneristas críticos del acuerdo a que pasen a los hechos: ¡Hay que tomar las calles junto a la izquierda en repudio a este plan de saqueo brutal para derrotarlo, romper con el FMI e imponer desde abajo una salida en favor de las y los trabajadores!» El candidato a presidente Nicolás del Caño no fue menos: «La renuncia de Máximo Kirchner [como presidente del bloque oficialista en diputados] confirma lo que venimos denunciando desde el @Fte_Izquierda: el acuerdo con el FMI es un nuevo pacto de coloniaje y significará un duro ajuste contra el pueblo trabajador». Por su parte, la diputada Myriam Bregman respondía al diario La Nación: «Lo que acaba de hacer Alberto Fernández es legitimar y ponerle firma a la estafa macrista, algo que nunca puso en duda.» Luego, durante la discusión del acuerdo en el Congreso llegó a hablar de la creación del «virreinato del FMI».

No esperábamos menos. Hasta hace poco, el Frente de Izquierda de los Trabajadores no se distinguía en sus análisis y propuestas del entonces Frente para la Victoria. En la campaña electoral, los trotskistas aseguraban como argumento a su favor que el kirchnerismo no podía realizar tales propuestas y ellos sí. El ahora FIT-Unidad ya no se distingue de los sectores “disidentes” del Frente de Todos. Su programa de máxima es un programa de Máximo.

Es por eso que el socialismo nacional le reclama al presidente que cumpla, que no decepcione a su pueblo. Porque según estos aspirantes a gobierno o ya apoltronados en él, la deuda externa argentina conformaría un mecanismo de dominación “semicolonial”, y por eso llaman a no pagar la deuda, para marcarle el camino a la burguesía nacional. Esta, en cambio, no pareciera hacerse eco del rechazo al FMI, ya que ningún sector del empresariado local se ha pronunciado en contra del acuerdo. Todos, incluso con sus diferencias, aceptan su necesidad. Ocurre que Argentina es un país soberano, con capacidad de autodeterminación. La burguesía argentina no sufre de ninguna prohibición por parte de un país externo sobre qué producir o comerciar, o una apropiación directa del excedente producido. La fuga de capitales que tanto se denuncia en torno a la deuda externa, que ha sido llevada a cabo tanto por burgueses argentinos como extranjeros durante décadas, es el resultado de la dificultad para la reinversión productiva de plusvalía en el país. El problema es estructural, por eso se fuga el dinero, porque rinde más afuera. El capital en su forma dineraria se mueve por la rentabilidad y seguridad de sus inversiones, no por la simple voluntad o maldad de sus poseedores. Evidentemente siempre hay estafadores, pero esa no es la esencia del problema. Suponer que todo se trata de una gran estafa implica un enfoque moralista, subjetivista y hasta conspirativo sobre la dinámica social capitalista, que fomenta la idea de que mejores personas al mando del gobierno y las empresas pueden torcer nuestro destino.

Por eso resulta mejor no hablar de plusvalor y explotación: eso no trae votos ni adhesiones militantes. Mejor hablar de saqueo, de colonia, de estafas y buitres, mover banderitas argentinas, hermanarse con los gobernantes y explotadores. Mejor exigir al Estado que aplique supuestas medidas de transición al socialismo. Se trata de un socialismo que se parece cada vez más a la misma sociedad actual, solo que sin extractivismo y con más paridad de género.

¿Un problema de fondo?

Una crítica usual apunta a que las cláusulas del FMI consisten en la reducción del gasto público y consecuentemente de servicios públicos y beneficios sociales, las cuales deben llevarse a cabo como condiciones de los préstamos realizados. En este nuevo acuerdo, la exigencia que más directamente afectaría al proletariado pareciera ser la reducción del déficit fiscal que buscará obtenerse con el aumento de varios servicios, eliminando o reduciendo, por ejemplo, subsidios a la energía. Por un lado, cabe señalar que estos aumentos ya se veían venir al margen del acuerdo y, de hecho, ya se están implementando. Por otro, el gobierno asegura que los aumentos serán “segmentados” de acuerdo con el nivel de ingresos, pero ya conocemos de sobra los maquillajes redistributivos. Para el grueso de la población se afirma que los aumentos no superarán porcentualmente a los aumentos de salario, pero parecieran olvidar que gran parte de la misma no cuenta con un salario formal. Frente a esta cuestión, una vez más: ¿no sería más sencillo que enfrentemos directamente el aumento de los servicios?

Los argumentos contra el FMI por sus injerencias tienen asidero, pero aislados de una comprensión de conjunto no hacen más que desviar la raíz del problema. Las movilizaciones anti-FMI en Argentina y otros países del mundo fueron muy propias del auge antiglobalización de principios de este siglo, que se caracterizó por limitarse a la crítica de los excesos del capitalismo contemporáneo. Estas protestas solo han logrado avances en la visibilización de la problemática. Sin embargo, más allá de poder situar la cuestión de la deuda en la agenda pública, nunca en la historia reciente se ha conseguido en las calles algo más que resultados simbólicos. Al igual que ocurre con el discurso antineoliberal, se acaba idealizando un capitalismo supuestamente más bondadoso en el pasado en torno al cual se busca articular propuestas, sin comprender que el presente es producto de ese pasado y no su contrario. Más allá de la izquierda parlamentaria y el progresismo, el problema de la deuda es asumido por muchos proletarios en lucha como una cuestión central, lo que constituye otro motivo importante por el cual reflexionar al respecto.

Mientras escribíamos este artículo, la Cámara de Diputados votó a favor del acuerdo en una nueva sesión maratónica entre el jueves 10 de marzo y la madrugada siguiente, siendo rechazado por la izquierda, un sector del kirchnerismo y otros. Ahora queda a la espera de la votación del Senado para hacerse efectivo. Durante la tarde del jueves se produjeron movilizaciones en diferentes partes del país, con su epicentro a las afueras del Congreso, convocadas por numerosas organizaciones de izquierda, gremiales y sectores del kirchnerismo. En general la movilización se desarrolló de manera pacífica, tal como se encargaron de remarcar algunos de los dirigentes que buscaron despegarse de algunas acciones aisladas de violencia como pedradas y quema de contenedores y cubiertas, que fueron reprimidas dejando un saldo de varios detenidos. Ya se han hecho costumbre este tipo de movilizaciones a las afueras del Congreso que, lejos de expresar un rechazo de las instituciones y sus representantes, buscan ser partícipes de lo que ocurre en su interior.

Hace algunos años atrás, en un 1° de mayo decíamos: «Hoy algunos celebran que se discute más política, y eso… ¿qué significa? Significa, sobre todo, que pensemos nuestras necesidades en los términos de la gestión capitalista. Que si perdemos el trabajo sea por la falta de “industrialización” del país, o la apertura y cierre de importaciones, que las subas de impuestos sean por la falta de soberanía energética, que la inflación sea por las políticas monetarias o la especulación comercial. Se nos invita a discutir y preocuparnos sobre la estatización de alguna industria o sobre la deuda externa. La raíz de los problemas no es cuestionada y nuestra imaginación es destruida. Nos llaman a opinar sobre cada detalle, para que así no tengamos una noción de la totalidad. Nuestros enemigos más evidentes y nuestras acciones más directas se diluyen en problemas de expertos».

lunes, 8 de noviembre de 2021

CICLO DE CINE EN LA BIBLIO

En octubre volvimos a las actividades públicas en el local luego de casi dos años completos de restricciones y obstáculos. Los sábados 23 y 30 de octubre proyectamos Diablo, Familia y Propiedad (Dir.: Fernando Krichmar, 1999) y Tierra Adentro (Dir.: Ulises De la Orden, 2011), respectivamente, para conocer y reflexionar acerca de la formación del Estado argentino y el desarrollo del capitalismo en la región, con sus repercusiones hasta la actualidad. Lo titulamos Ciclo de cine anticapitalista y recorrimos de norte a sur la violencia de las fronteras que delimitan “nuestro” mapa. 

Invitamos a reproducir dicho ciclo donde se desee, sea una biblioteca, un centro social o en alguna casa entre amigos, familiares, conocidos… Preparamos un folleto para acompañar las proyecciones y los debates que está disponible en nuestra feria y que también compartimos en nuestro blog, del cual dejamos algunos extractos a continuación: 

«Las regiones del Chaco, la Pampa y la Patagonia tienen, con sus matices, una historia similar. Los montes del Norte y los glaciares del Sur son los puntos extremos de un país que, antes de ser anexados militarmente, era solamente una cuarta parte de lo que es hoy. Muchos años después de haberse declarado libre del Imperio Español su flamante ejército se movilizó para que dichos territorios queden integrados en la República. Considerados heredados del antiguo Virreinato, nunca habían sido realmente ocupados por las fuerzas coloniales. 

La enorme resistencia de casi 400 años en los inmensos montes del Chaco, en la Pampa y el norte patagónico, teniendo su análogo del otro lado de la Cordillera con la Guerra de Arauco, encontró su derrota, no en la Corona Española sino en los nacientes Estados modernos. 

En todas estas regiones, la brutalidad impuesta por la dominación del Estado argentino por medio de la violencia persiste al día de hoy con un mismo objetivo: la coacción a través del trabajo asalariado y la privatización de la tierra.»

Leer y descargar el folleto AQUÍ

sábado, 23 de octubre de 2021

Folleto del Ciclo de Cine Anticapitalista

Disponible en formato digital el texto compartido en el Ciclo de Cine Anticapitalista realizado en octubre de 2021 en la Biblioteca y Archivo Alberto Ghiraldo.

Leer y descargar como folleto AQUÍ.

 

domingo, 19 de septiembre de 2021

LUZ, CÁMARA, ELECCIÓN

Durante agosto y septiembre hemos asistido, quizás, a la campaña política más bizarra de la historia de este país. No vamos a enumerar canciones, actuaciones y demás extravagancias de los políticos. La fiesta de la democracia ya se reduce a un video de Tik Tok.

En las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del 12 de septiembre se definieron las candidaturas de las agrupaciones políticas que disputarán diferentes cargos legislativos en la mayoría de las provincias. Para noviembre nos espera otro show de cara a las generales.

En la elección se expresó un claro rechazo al oficialismo. Producto de esta derrota, comenzaron a desarrollarse varias tensiones internas en el gobierno. Por parte de los sectores más abiertamente kirchneristas se exige un cambio de rumbo inmediato con aumentos en salarios y ayudas sociales. Han desarrollado una desopilante capacidad para no responsabilizarse de nada: primero “pero Macri”, ahora contra su propio presidente.

Referentes de sindicatos y movimientos sociales, provenientes principalmente de un oficialismo crítico, insisten en la urgencia de repartir un poco más para paliar la miseria. Evidentemente, la supuesta inclusión y la ampliación de derechos no reditúan la suficiente cantidad de votos. En una entrevista radial del mes pasado, Juan Grabois, dirigente de Patria Grande y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), insistía sobre el importante rol de este tipo de organizaciones en la actualidad: «Hay que dejar de pensar que el problema de la conflictividad social en argentina somos los movimientos sociales. El Polo Obrero hoy está conteniendo 60 grupos que si no estuvieran desfilando por la 9 de julio estarían haciendo cosas peores. Ustedes no entienden lo que nosotros hacemos por la paz social en este país, no lo dimensionan». Ha sido justamente la profunda institucionalización de la lucha y los movimientos sociales lo que explica las grandes imposibilidades para el desarrollo de expresiones de lucha combativas, que permitan empezar a cambiar este rumbo. A pesar de la terrible situación de pobreza y desempleo y a pesar de las fuertes convulsiones sociales que han sacudido a diferentes países de la región, la paz social aún domina en este país.

La participación en las PASO fue del 67% del padrón. Tendencia similar a la que se venía dando en los comicios previos de este año realizados en Jujuy, Misiones, Salta y Corrientes. En esta última se esperaba una afluencia mayor a las urnas porque se elegía gobernador. Sin embargo, la participación no superó el 65%. Desde hace años los votos en blanco e impugnados son ninguneados mediáticamente para no opacar la fiesta de la democracia. En esta oportunidad, la suma de ambos alcanzó un relevante 7% a nivel nacional que fue interpretado por diversos medios como votos dirigidos contra el gobierno que no logran ser captados por las fuerzas opositoras. Aunque en el “voto bronca” cabe de todo, en definitiva se trata de un fuerte descontento general y no simplemente de temor y apatía producto del coronavirus.

De este descontento han sabido aprovecharse algunos candidatos presentándose como “antipolíticos”. Si bien es un posicionamiento compartido por varios candidatos de izquierda a derecha que buscan sacar tajada del cansancio, fue la fuerza política “La libertad avanza” en la ciudad de Buenos Aires, la que obtuvo mejores resultados en este sentido. Esto podría ser simplemente una curiosidad coyuntural, de no ser porque Trump y Bolsonaro llegaron al poder apelando a dicho sentimiento de descreimiento en los políticos, aunque no en el orden social. Por el momento parece lejana esta posibilidad, a la vez que una parte del caudal de votos de dicha fuerza política se debe a la novedad y a un rechazo de lo establecido (completamente limitado, claro está), más que una adhesión a ciertos postulados liberales o de derecha que promueven este tipo de candidatos.

«Vamos a dinamitar el sistema» gritó Javier Milei en campaña, quien se decía anarcocapitalista y ahora es la sorpresa de las elecciones. No es el primero que dice odiar a la “casta política” y tener que «meterse en el barro de la política para luchar por la libertad y para construir el país que nos merecemos como sociedad». De izquierda a derecha siempre usan la misma metáfora. El personaje en cuestión dijo que su proyecto de país «se resume en una sola consigna: primero estás vos». Y esa es la tónica de la campaña, porque es la tónica de nuestro tiempo. Así puede pensar incluso la mayoría de quienes se asustan de estos nuevos personajes: “primero yo”. Es el mismo ridículo que habla de clase política, en sintonía con quienes afirman el fin de las clases sociales, e inventan nuevas “clases”, ya sea una casta, una élite o unos chetos. Es la misma lógica absurda que se preocupa por los personajes, sus biografías y las características personales, y no por el rol de los funcionarios estatales, justamente, en la máquina estatal. Sobre esa base se asientan las campañas electorales.

Volviendo al outsider economista, este afirmó en conferencia de prensa el domingo tras las elecciones que «no es un problema de personas sino de ideas». En realidad, su discurso se nutre de ambas cuestiones, y aparece tanto la crítica a los políticos ineptos y corruptos, como un profundo idealismo que, como tal, está lejos de comprender lo que está ocurriendo. Su incansable discusión de ideas en los medios se ha basado en citar datos de la realidad seguidos de postulados y conceptualizaciones tautológicas, muy propias del pensamiento económico liberal y que nada explican sobre la dinámica social.(1)

Este discurso, a su vez, se ha moderado en su incursión política, apelando cada vez más a las emociones, al «despertar de los leones de la libertad». Pero no nos detenemos en este suceso electoral únicamente por su peso propio, sino por su relación con la política en general. Cuando el idealismo demócrata y progresista comienza a ser insostenible, qué mejor que un buen contrincante que le permita seguir luchando en su propio terreno, para seguir evitando un desborde social. Y así nos llamarán a hacer frente contra la derecha, junto a una parte de los verdugos del pueblo, así hablarán de “fascismo” para llamar a hacer un Frente antifascista con quienes hoy nos gobiernan y explotan.

Diferentes caras, diferentes personajes para gestionar y administrar la normalidad capitalista. Esa que a veces señalamos como extractivista, injusta, machista, represiva, especuladora, racista. Esa de la cual denunciamos sus supuestos excesos, que en verdad no son más que su esencia. La pregunta del qué ha sido reemplazada por el cómo: ya no se pregunta qué tipo de sociedad es esta, sino cómo puede ser llevada adelante.

Como decíamos en el artículo Repres(entac)iones en el nro. 62 de este boletín: Esta sociedad mercantil generalizada es una sociedad de la representación. No simplemente por la democracia representativa o por la importancia de las apariencias. Es que, el corazón de este mundo, la mercancía, se muestra con un rostro que no es el suyo y nunca expresa su naturaleza profunda. Las mercancías no se detienen, en el momento del intercambio, a decirse qué son. Se relacionan entre sí en función de una forma exterior, de un envoltorio: cada una envuelve una porción de trabajo que le es indiferente. Y puesto que todo es mercancía, nuestro mundo es una sociedad de la representación. 

 

Notas:
(1)
Sobre los argumentos liberales más comunes hemos reflexionado en el nro. 11 de Cuadernos de Negación. Se trata de los apartados Críticas a las críticas de las teorías marxianas del valor y Minusvalías.

miércoles, 14 de julio de 2021

LAS PALABRAS Y LAS COSAS

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Podríamos afirmar que las palabras van y vienen, se las lleva el viento, pero no del todo. En una conferencia a principios de junio, Alberto Fernández, en un intento de halago a su cómplice español Pedro Sánchez, dijo: «escribió alguna vez Octavio Paz que los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva, pero nosotros, los argentinos, llegamos de los barcos. Y eran barcos que venían de Europa. Así construimos nuestra sociedad».

Esto causó un intenso revuelo, indignaciones, críticas, risas, pero ya pasó… Las palabras van y vienen. Desde las del patriota ministro de seguridad bonaerense Sergio Berni diciendo que «el ser nacional, tal cual lo describía Jauretche, es una mixtura de sangre criolla, indígena y extranjera, que nada tiene que ver con esa frase de que han bajado de los barcos», hasta las de latinoamericanistas aprovechando para recordar que lo que llegó de los barcos fue la colonización y el saqueo, refiriéndose a las carabelas que habían llegado siglos antes. No era de esos barcos que hablaba el imbécil del presidente, pero poco importaba. Los principales medios opositores no se indignaban tanto del racismo y la ignorancia presidencial, sino de la falta de diplomacia hacia los países del continente.

La dura realidad cotidiana poco parece ofender y lo que se dice parece molestar más que lo que se hace. De hecho, la política local, más aún de cara a las elecciones, plantea principalmente cuestiones de forma. El gobierno habla de derechos e inclusión, la oposición de la “república”, de la defensa de la institucionalidad. Ya no se habla de medidas económicas, de “modelos” productivos, quizás porque el margen de acción de la política sea cada vez más limitado en un contexto de crisis. Señalar la preponderancia de los discursos no quiere decir que no se hagan cosas, o que simplemente se oculte lo que se hace, sino que esta se relaciona con una particular forma de hacer, para mantener lo existente con el menor sobresalto posible. No decimos esto porque consideremos una cosa mejor que otra, sino para situar el momento en el que nos encontramos, y porque dichas lógicas no se encuentran separadas de una forma de decir y hacer de la sociedad en general. En las discusiones muchos pueden participar, opinar, incluso sentir la indignación en carne propia. Es parte de la fiesta de la democracia.

Las palabras cautivas

En algún momento de nuestra historia tomamos conciencia de que pensamos a través del lenguaje y comenzamos, entonces, a pensar el lenguaje mismo. En el desarrollo de este campo específico, se ha llegado al extremo de establecer que las palabras están separadas definitiva e irremediablemente del mundo material, en lo que se denominó “giro lingüístico”. Dicho argumento viene comúnmente aparejado a la noción de que el lenguaje constituye la realidad, que somos constituidos por discursos mientras que, en verdad, somos construidos por relaciones sociales, y en ese proceso producimos discursos. La sociedad produce los discursos, no los discursos a la sociedad. A menos que consideremos que «En el principio fue la palabra», tal como señala la vulgata de la Sagrada Biblia.

Desde esta perspectiva, tan presente en los tiempos que corren, el estudio de la historia se reduciría a un género literario más. Ya que nos basamos en textos y la realidad que analizamos es accesible por medio del lenguaje, aprenderíamos solamente “la representación discursiva de la realidad”. A partir del momento en que manipulamos sistemas simbólicos no existiría un barco “real”. Lo que pensamos como “realidad” no sería más que una convención de nombres y características. En efecto, según esta preponderancia otorgada al lenguaje, todo lo que se encuentra fuera de las palabras sería inconcebible por definición. Se supone, entonces, la necesidad de nombrar algo para hacerlo real, pero quizás se trate de hacer realidad lo aún no nombrado, que sopla desde el fondo de los tiempos.

«Afirmando que “la realidad consiste en lenguaje” o que el lenguaje “sólo puede ser considerado en sí mismo y por sí mismo”, los especialistas del lenguaje se pronuncian por el “lenguaje-objeto”, por las “palabras-cosas”, y se deleitan con el elogio de su propia reificación. El modelo de la cosa se hace dominante, y la mercancía encuentra una vez más su realización y sus poetas. La teoría del Estado, de la economía, del derecho, de la filosofía, del arte, todo tiene ahora ese carácter de precaución apologética.» (Internationale Situationiste nro. 10, Las palabras cautivas)

Barcos van y vienen

Hacia fines de abril concluía la licitación de la llamada Hidrovía Paraná-Paraguay, más precisamente del tramo principal desde la confluencia del Río Paraná con el Río Paraguay hasta la desembocadura del Río de la Plata. El gobierno inicialmente otorgó una prórroga por 90 días y luego resolvió que, tras dicho plazo, la gestión de este canal navegable pasará a manos del Estado a través de la Administración General de Puertos. Esta Sociedad del Estado se encargará del cobro de peajes, del control de la circulación en la Hidrovía y de contratar los servicios necesarios para garantizar su funcionamiento, como tareas de dragado, redragado y balizamiento. Se mantendrá de este modo al menos por doce meses, mientras se confecciona un nuevo pliego licitatorio donde se contemplan nuevas obras para adaptarse a los crecientes requerimientos de carga, así como la posibilidad de una gestión mixta con mayor injerencia del Estado.

Más allá de los claros fines recaudatorios y las pujas en torno a su administración, esta vía fluvial es de enorme importancia económica, tanto para la Argentina como para los países de la región. Desde el comienzo de su desarrollo hacia fines de los ‘80 las cargas se han multiplicado incesantemente, pasando de 700.000 toneladas en 1988 a cerca de 17,4 millones en 2010, llegando a 36 millones en 2015. El presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario afirma que en 2020 se exportaron 70 millones de toneladas desde la zona del Gran Rosario. Se estima que un 80% de las exportaciones argentinas pasan por este canal, con la clara primacía de la soja y sus derivados.

El desarrollo de la hidrovía ha favorecido ampliamente la extensión de la producción de diferentes granos en la región, a lo que se ha sumado la progresiva instalación de plantas industriales como las aceiteras, puertos y terminales especializadas. El constante tránsito de barcos de ultramar y el asentamiento del cordón agroexportador destruyen sistemática e inevitablemente el río, parte elemental de la vida en este lugar de la tierra.

El impacto ambiental está en boca de todos, especialmente luego de un brutal año de quemas en las islas y frente a una bajante fluvial de cifras históricas. Los defensores del funcionamiento y desarrollo de la hidrovía ya tienen sus argumentos preparados y plantean, por ejemplo, que el impacto ambiental generado por el traslado de los barcos hacia la zona de la producción agrícola es muchísimo menor al del traslado de la carga hacia los puertos más cercanos al mar. Las discusiones técnicas, muy propias del ecologismo ciudadanista, resultan inocuas y hasta necesarias para el desarrollo del Capital. Presentadas de forma aislada, constituyen una clara expresión de la precaución apologética que referíamos. La realidad nos obliga, justamente, a la crítica de la totalidad. En el caso de nuestra región, la necesaria crítica de la hidrovía debe abarcar la producción regional en su conjunto. En el contexto actual, la enorme dependencia de las exportaciones del agro evidencia aún más que los problemas llamados ambientales sólo pueden resolverse con una profunda transformación social, con el rechazo de la valorización y la ganancia como dinamizadores sociales.

El barco de los necios

Motivos para la lucha sobran, pero parece, por lo pronto, tener más peso lo ofensivo de un discurso. Lo característico es la respuesta a este tipo de agravios, que usualmente no va más allá de una burla en las redes. Poco se difunden, se sienten y convocan sucesos como el asesinato a sangre fría del joven qom Josué Lago el 11 de junio; un nuevo caso de gatillo fácil a manos de la policía de Chaco, pocos días después de los dichos del presidente.

La normalidad continúa, mientras la jubilación mínima apenas supera los 23 mil pesos, mientras la inflación y la desocupación continúan creciendo. En tiempos de elecciones las acusaciones se agitan, pero es necesario recordar que la política no es una cuestión de nombres propios. No se trata de señalar los sucesos represivos, las aberraciones de uno u otro gobierno, sino de enfrentar la normalidad que estamos viviendo, que de nueva ya tiene poco.

Casi todos tenemos buenas razones para quejarnos. Pero, a menos que nuestro anhelo sea seguir quejándonos, es necesario cambiar de rumbo, aun contra viento y marea. Si seguimos este camino, tarde o temprano naufragaremos, y entonces los debates sobre las palabras, el derecho a quejarse, no valdrán de nada.

¡QUÉ PATRIA NI QUÉ CARACHO! REFLEXIONES SOBRE EL 9 DE JULIO

Un nuevo aniversario de la declaración de la independencia argentina nos trae la posibilidad de reflexionar sobre la construcción del Estado y la prédica nacionalista en las llamadas fechas patrias.

Que asociemos esta fecha principalmente a la escuela no es casual y es parte de la estrategia de la reproducción simbólica del Estado. Su efectividad precisa de una simplificación que aplaste la complejidad histórica hasta reducirla a una oración que se aprende de memoria: “El 9 de julio de 1816, en Tucumán, se declaró la independencia argentina”.

En los últimos años el progresismo incorporó algunos nuevos personajes marginados en el panteón nacional: Juana Azurduy, Remedios del Valle, el gaucho Rivero, etc. A su vez, el Estado adoptó nuevos formatos de adoctrinamiento vía televisión e internet como Pakapaka, Encuentro y otras plataformas educativas. Pero, a fin de cuentas, el objetivo sigue siendo el mismo.

En 1816 la República Argentina, tal como la conocemos hoy, no existía. No era un Estado unificado. Los ex dominios del Virreinato del Río de la Plata eran llamados Provincias Unidas en Sud América desde 1810. A partir de los sucesos de mayo, y aún en guerra contra los realistas, había comenzado una nueva disputa por la organización del territorio.

En la Asamblea de 1813 en Buenos Aires, son rechazadas las «Instrucciones» de José Artigas que recomendaban declarar urgentemente la independencia. Por esto, la Banda Oriental y las provincias del Litoral van formando la Liga de Los Pueblos Libres, bajo el mando del caudillo federal. El 29 de junio de 1815, realizan el Congreso de Oriente, en la actual Concepción del Uruguay. Allí, entre otras cosas, deliberan sobre la política agraria a seguir, que verá la luz en septiembre de ese año en Paysandú con el «Reglamento de Tierras». De acuerdo a ciertas fuentes, en este congreso, además, la Liga de los Pueblos Libres habría declarado su independencia del Imperio Español.

Los representantes de las provincias del noroeste y el Alto Perú, con Buenos Aires a la cabeza, reunidos en el Congreso de Tucumán, hicieron lo propio el 9 de julio de 1816.

Una compleja y no menos sangrienta guerra civil entre los llamados Federales y Unitarios se estaba cocinando; una guerra que se extendería hasta la batalla de Pavón en 1861 con la victoria del unitarismo. En estas cuatro décadas, donde ambos bandos demostraron una crueldad inaudita, fueron los pobres del campo y la ciudad los que vertieron su sangre por divisas que no los incluían más que para hacerse matar.

Si bien más afín al artiguismo, la lente progresista destaca que la declaración de 1816 fue impresa en aymara y en quechua. Este es otro punto interesante sobre el cual reflexionar. Las poblaciones originarias andinas habían sido rápidamente incorporadas al sistema colonial, y por ende formaban parte de los nuevos territorios independizados. Era necesario sumarlas a la causa contra los realistas a fin de utilizarlas como carne de cañón. Correspondía a los intereses del independentismo en esa zona y por eso se descartó traducirla al guaraní, idioma hablado en territorio federal.

La declaración tampoco se tradujo a los idiomas qom, mapuche, tehuelche, o selk´nam. ¿La razón? Los territorios del Chaco, la Pampa y la Patagonia no habían caído bajo el yugo colonial, por ende, no necesitaban ninguna independencia. El 9 de julio de 1816 no significó nada en los montes de quebracho ni en los inmensos pastizales del sur, aunque tendría un significado trágico décadas después. Será el Estado Argentino, independiente del rey Fernando VII y sus sucesores, así como de toda dominación extranjera, quien conquistará esas tierras en sucesivas campañas para imponer allí la libertad, la igualdad y la fraternidad del Capital.

Los primeros festejos del 9 de julio se decretaron bajo la presidencia de Bernardino Rivadavia en 1826, en el contexto de un primer intento de unificación del país. Pero recién la Generación del ‘80, heredera directa del proyecto unitario, será la que finalmente imponga las bases para el país y la nacionalidad argentina como hoy la conocemos. En este sentido, la fecha del 9 de julio, aunque decretada como festejo en 1826, solo puede ser comprendida cabalmente desde esta década y los gobiernos sucesivos. Es a partir de este momento que se consolida un territorio unificado políticamente, un método de enseñanza obligatorio y masivo, así como fuerzas armadas profesionales y modernizadas que se yerguen como depositarias de los valores nacionales.

La afirmación de que “esa gente hizo el país” es cierta. Lograron, con el tiempo, crear un Estado moderno. Disciplinar y homogeneizar una población. Definir límites artificiales en un papel. Imponer la política como forma enajenada de organización humana. El garrote y la escuela, el desfile militar y las urnas, y de la casa al trabajo. Ese es su mérito.

Hacia 1820 se cantaba un cielito popular en la campaña rioplatense. Hay más verdad en esas coplas anónimas que en todos los decretos ministeriales juntos:

No me vengan con embrollos
de patrias y montoneras
que para matarse al ñudo
le sobra tiempo a cualquiera
Cielito, cielo que sí
Cielito de Canelones
Qué Patria ni qué caracho
han de querer los ladrones
Sarratea me hizo cabo
Con Artigas jui sargento

El uno me dio cien palos
y el otro me aplicó ciento

Cielito, cielo que sí
Cielito del corazón

Para no pagarme el sueldo
era güena la ración

lunes, 15 de febrero de 2021

[es/en/de] Argentina: Crisis y coronavirus

A comienzos de año, el colectivo Angry Workers of the World realizó una encuesta internacional sobre la situación actual de pandemia y confinamiento, que pronto será publicada. Aquí nuestras respuestas.

a) ¿Puede describir brevemente el impacto económico de la crisis actual y dar ejemplos de ataques a los salarios y las condiciones de los trabajadores locales por parte de los jefes y del Estado?
b) La crisis pone al Estado en el centro de las demandas políticas, tanto de los trabajadores como del capital. ¿Cómo reacciona el Estado ante esto? - En algunos casos el Estado puede tratar de difuminar esta vía, en otras situaciones se ofrece como canal político para el descontento de los trabajadores.
c) ¿Ha habido protestas contra de los confinamientos u otras medidas relacionadas con la pandemia tomadas por el Estado? ¿Cuál fue el contenido de las protestas y su composición? ¿Hubo una conexión entre "las calles" y los representantes del capital?
d) ¿Cuáles fueron las principales protestas y huelgas de los trabajadores contra el impacto de la crisis o los ataques? ¿Cuáles fueron sus puntos fuertes y débiles? ¿Qué papel desempeñan los sindicatos? ¿Surgió la cuestión del "control obrero" más allá de la defensa de las condiciones? ¿Hubo confluencias entre los grupos de "ayuda mutua" de base y las luchas de los trabajadores durante el Corona?
e) ¿Qué nuevas divisiones han surgido dentro de la clase obrera local y qué otras se han debilitado?
f) ¿Qué fuerzas políticas nuevas o de oposición surgieron como respuesta a la crisis y al confinamiento?
g) ¿Ha afectado el confinamiento a los trabajadores o a los grupos políticos cuando intentan organizar protestas? ¿Ha cambiado la forma de represión? ¿Cómo reacciona la gente a esto?
h) ¿Cuál es el actual esfuerzo teórico y práctico de su grupo para relacionarse con la nueva situación de crisis? ¿Cómo podría serle útil una colaboración internacional a ese respecto? ¿Cuáles son sus preguntas concretas a los camaradas en el extranjero?

Boletín La Oveja Negra / Cuadernos de Negación
Rosario, febrero 2021

DESCARGAR ARGENTINA: CRISIS Y CORONAVIRUS (PDF)
Segunda opción (PDF)

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Argentina: Crisis and coronavirus

Earlier this year, the Angry Workers of the World collective conducted an international survey on the current pandemic and confinement situation, soon to be published. Here are our responses.

a) Can you briefly describe the economic impact of the current crisis and give examples of attacks on wages and conditions of local workers by the bosses and the state?
b) The crisis puts the state in the centre of political demands, both from workers and from capital. How does the state react to this? - in some cases the state might try to diffuse this focus, in other situations it offers itself as a political channel for workers’ discontent.
c) Have there been protests against the state lockdown or other pandemic related measures? What was the content of the protests and their composition? Was there a connection between ‘the streets’ and representatives of capital?
d) What were the main workers’ protests and strikes against the impact of the crisis or attacks?
e) Which new divisions emerged within the local working class and have some divisions become weakened?
f) Which new or oppositional political forces emerged as a response to the crisis and to the lockdown?
g) Has the lockdown impacted workers or political groups when trying to organise protests? Has the form of repression changed? How do people react to this?
h) What is the current theoretical and practical effort of your group in order to relate to the new situation of crisis? How could an international collaboration be useful for you in that regard? What are your concrete questions to comrades abroad?

Boletín La Oveja Negra / Cuadernos de Negación
Rosario, February 2021

DOWNLOAD ARGENTINA: CRISIS AND CORONAVIRUS (PDF)
Second option (PDF)

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Argentinien: Krise und Coronavirus

Anfang dieses Jahres führte das Kollektiv Angry Workers of the World eine internationale Umfrage zur aktuellen Situation von Pandemie und Einsperrung durch, die demnächst veröffentlicht werden soll. Hier sind unsere Antworten.

a) Könnt ihr kurz die wirtschaftlichen Auswirkungen der aktuellen Krise beschreiben und Beispiele für Angriffe auf die Löhne und Arbeitsbedingungen der lokalen Arbeiter durch die Bosse und den Staat nennen?
b) Die Krise rückt den Staat in den Mittelpunkt der politischen Forderungen sowohl der Arbeiter als auch des Kapitals. Wie reagiert der Staat darauf? – In einigen Fällen mag der Staat versuchen, diesen Weg zu zerstreuen, in anderen Situationen bietet er sich als politischer Kanal für die Unzufriedenheit der Arbeiter an.
c) Gab es Proteste gegen die Einsperrungen oder andere Maßnahmen des Staates im Zusammenhang mit der Pandemie? Welchen Inhalt hatten die Proteste und wie setzten sie sich zusammen? Gab es eine Verbindung zwischen „der Straße“ und den Vertretern des Kapitals?
d) Was waren die wichtigsten Proteste und Streiks der Arbeiter gegen die Auswirkungen der Krise oder der Angriffe? Was waren ihre Stärken und Schwächen? Welche Rolle spielten die Gewerkschaften? Trat die Frage der „Arbeiterkontrolle“ über die Verteidigung der Bedingungen hinaus auf? Gab es Zusammenhänge zwischen den Basisgruppen der „gegenseitigen Hilfe“ und den Arbeiterkämpfen während Corona?
e) Welche neuen Spaltungen sind innerhalb der lokalen Arbeiterklasse entstanden und welche anderen wurden geschwächt?
f) Welche neuen oder oppositionellen politischen Kräfte haben sich als Reaktion auf die Krise und die Einsperrung gebildet?
g) Hat die Einsperrung Auswirkungen auf Arbeiter oder politische Gruppen, wenn sie versuchen, Proteste zu organisieren? Hat sich die Form der Repression verändert? Wie reagieren die Menschen darauf?
h) Was sind die aktuellen theoretischen und praktischen Bemühungen eurer Gruppe, sich auf die neue Krisensituation zu beziehen? Wie könnte eine internationale Zusammenarbeit für euch in dieser Hinsicht nützlich sein? Was sind eure konkreten Fragen an die Genossen im Ausland?

La Oveja Negra / Cuadernos de Negación
Rosario, Februar 2021

viernes, 27 de noviembre de 2020

TIEMPOS DE MODERACIONES PROGRESISTAS

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La política está agitada a lo largo del continente: elecciones, referéndums, revocaciones y acalorados debates locales sobre leyes “históricas” que no cambian ni un poco el curso de la historia. En el fondo, nada trascendental se está definiendo. Desde el Estado nos dicen que son tiempos de moderación y conciliación. No es momento de grandes cambios, sino de cómo hacer para que, a pesar de la catástrofe, nada cambie. Eso es lo que importa a la burguesía en contextos como el presente.

La clase dominante ha tomado nota de los últimos sacudones sociales y trata de mantener la calma al menor costo posible. Y si algo cuesta poco cuando ya no queda mucho por repartir, son las palabras, tanto de sus discursos, como las de la letra muerta de las leyes que nos invitan a acompañar, y que muchos sectores piden a gritos. Es por eso que se reimpone el progresismo como mejor opción para los tiempos que corren. Una canalización estatal de rostro amable ante la desocupación, el hambre, el descontento, la represión, y las medidas pandémicas que completan la catástrofe capitalista cotidiana.

Bolivia: MAS no se puede

El 18 de octubre se realizaron las elecciones generales para elegir al presidente, vice, senadores y diputados. Como presidente resultó elegido en primera vuelta Luis Arce, del Movimiento al Socialismo (MAS), quien obtuvo 55,1% de los votos. Arce ya fue ministro de Economía y aclamado por la burguesía internacional. «El hombre detrás del éxito de Evo Morales», titulaba hace cuatro años The Wall Street Journal.

Extraño “golpe de Estado” aquel que llama a elecciones, pierde y se retira democráticamente. El derrocado Evo Morales, tras una revuelta no iniciada por quienes luego gobernaron, fue la mejor carta para la modernización capitalista de las últimas décadas en la región, en sintonía con el progresismo latinoamericano.(1) Hoy el mejor es Arce, un personaje más tibio, que será el encargado de llevar adelante el ajuste en Bolivia con los menores sobresaltos posibles. Deberá recurrir al ejército “golpista” para repartir comida, destruir aún más la región para extraer litio, administrar, gestionar y reprimir. Y no porque sea igual a la primera “dictadora” latinoamericana Jeanine Áñez, justamente la virtud de los mandatarios estatales reside en su alternancia y en las necesarias diferencias.

Estamos asistiendo a un proceso regional donde dicha alternancia se presenta como fundamental para el mantenimiento del orden. El llamado “socialismo del siglo XXI” ha dejado de estar en la boca de los mandatarios progresistas de Latinoamérica. A excepción del desopilante y hambreador gobierno de Maduro, el resto de asesinos y represores ha bajado el nivel de beligerancia. La necesidad de “sacar a la derecha y los golpistas” justifica una moderación cada vez mayor para garantizar gobernabilidad, que se sostiene gracias a la “amenaza latente” de la derecha. Por eso, el mal menor es aceptado cada vez más sin chistar, mientras se va pareciendo cada vez más al mal mayor que tanto se dice evitar.

El descontento que había en Bolivia con el gobierno de Morales previo al “golpe” fue encausado nuevamente gracias a la polarización política. La derecha, con sus políticas represivas y de ajuste más directas, parece haber funcionado como un castigo aleccionador para que el progresismo retorne y sea abrazado nuevamente en su versión menos izquierdista. El problema, entonces, no es la derecha: es la burguesía. Y tampoco es un problema boliviano. En esta región hemos asistido a un proceso similar en la sucesión Fernández-Macri-Fernández. Y acá también cualquiera es acusado de “golpista” por el gobierno o la izquierda, se trate de un youtuber reaccionario o las manifestaciones algo desquiciadas que exigen el fin de la cuarentena en nombre de las libertades individuales y la propiedad privada. Estas acusaciones sobre dichos sectores minoritarios, y por ahora bastante inofensivos, son completamente trasladables a cualquier lucha proletaria que vaya más allá de los canales instituidos. Es por todo esto que intentamos sacar algunas lecciones, tanto dentro como fuera de Bolivia.

Queremos referirnos a realidades colectivas y no a simples identidades políticas. Que Camacho, Áñez y demás comeostias generen asco e ira no es suficiente para hacer un frente amplio contra ellos. Esos frentes difusos y tan amplios que permiten una cosa y su contrario son desde hace años los rectores de los movimientos sociales. Nos advierten, a la hora de protestar masivamente, que seremos tratados como “golpistas” por sus fuerzas del orden democráticas, torturadoras y desaparecedoras.

Chile: la represión de las urnas

El plebiscito nacional de Chile de 2020 fue un referéndum convocado para el 25 de octubre con el objeto de determinar si la ciudadanía estaba de acuerdo con iniciar un proceso constituyente para generar una nueva Constitución. A casi un año del comienzo del estallido social en Chile, llorando los muertos y con cientos de presos por las revueltas, se habla de apruebo o rechazo “la Constitución de Pinochet”. El apruebo a «¿Quiere usted una nueva Constitución?» ganó con el 78%, aunque cabe recordar que la participación fue del 50% del padrón electoral. Una “fiesta de la democracia” con relativa asistencia.

«Hoy ha triunfado la ciudadanía y la democracia» dijo el presidente Sebastián Piñera, en un discurso utilizable para cualquier ocasión de votaciones en cualquier país de Occidente. Pese a su falta de originalidad, no ha mentido: de eso se trata la ciudadanía y la democracia, de tratar formalmente iguales a quienes se saben socialmente desiguales. Aunque las únicas comunas del país donde ganó el rechazo son las más ricas, o donde se sitúan bases militares, eso no es suficiente ni acertado para exponer una supuesta posición de clase en las urnas.

Si bien es una forma de canalizar la lucha colectiva en una salida institucional, este referéndum no es ni el comienzo ni el final. Podríamos pensar que se trata de una derrota, pero es tan solo un momento de la lucha de largo aliento que sucede en aquella región. Ahora, cabe reflexionar acerca de las debilidades que hacen que una lucha colectiva sin dirigentes estatales, espontánea y multiforme sea tan fácilmente canalizable. En caso contrario, las revueltas tan solo ocurrirán como un hecho tras otro sin que hagamos el balance necesario para poder avanzar. Nuestro horizonte no puede ser simplemente la movilización, el conflicto o incluso el enfrentamiento con las fuerzas represivas: esos son los caminos inevitables, pero la solución está más allá de eso.

«Para la gran mayoría de los grupos extraparlamentarios de izquierda, la única salida para el actual conflicto social en curso es la realización de una “Asamblea Popular Constituyente”, es decir, una Asamblea Constituyente “de verdad” que refunde el Estado, asumiendo en general que éste poseería un carácter neutro o factible de dar respuesta positiva a las “demandas populares” (…)

La ingenuidad de los sectores que defienden este tipo de perspectivas nos parece brutalmente peligrosa, ya que siembra la ilusión de que es posible realizar cambios dentro de los márgenes estrechos de la dictadura del mundo mercantil. No basta con una “mayoría” participando de un movimiento social “genuinamente democrático” para imponer nuestras reivindicaciones. Más temprano que tarde, este delirio se derrumbará y llegará el momento de ir por todo, o sucumbir ante la barbarie que acecha el porvenir.» (2)

Estados Unidos: el mayor mal menor

Luego de varios días de recuento de votos y de que Trump digiriera su derrota, finalmente se supo que ganó Biden del Partido demócrata. Ante la ida del republicano festejan muchos: progresistas de todo color, izquierdistas, trotskistas, kirchneristas y antikirchneristas.

La política de la identidad ha hecho estragos en la mentalidad de izquierdas, si es que esa clasificación aún sirve. Antirracistas y feministas festejan que haya una vicepresidenta negra en uno de los países gendarme de este mundo. Como si el color de piel o los genitales de un funcionario pudiesen cambiar la naturaleza del Estado, como si las funciones en un gobierno dependieran plenamente del genio individual.

La perspectiva de clase ha sido reemplazada por una perspectiva identitaria. No se trata de que la perspectiva de clase rechace o pretenda integrar las cuestiones raciales o de género, sino de que justamente el proletariado comprende esas realidades también. No se pueden pensar las problemáticas particulares “más allá de las clases”, sino apuntar a una comprensión global de la sociedad capitalista.

Cuando Trump ganó las elecciones publicamos un artículo que vale la pena recordar,(3) allí señalábamos que Obama se retiró de la presidencia de los Estados Unidos con un récord de inmigrantes deportados. Lo hizo, aunque no lo haya declarado de manera ofensiva y hasta ridícula en su campaña. Trump había prometido en su campaña anterior 11 millones de deportaciones, pero no cumplió. Se mantuvo incluso por debajo de la media anual de sus antecesores. Si de algo se puede “enorgullecer” Trump respecto a su política migratoria, es del crecimiento de los arrestos de inmigrantes en los centros de detención fronterizos, de los que se han denunciado sus condiciones de hacinamiento.

Los datos, no obstante, parecen no importar cuando lo fundamental es “posicionarse políticamente”. Porque el votante de izquierda se siente satisfecho, piensa que deportar inmigrantes es “de derecha”, así como reprimir. En Argentina hasta hay quienes llegan a pensar que la legalización de la marihuana o el aborto no son cosas de la derecha. Pero basta recordar que fue el gobierno de Macri quien metió el proyecto del aborto en el Congreso, o su atención puesta en la cuestión trans. El imaginario cultural de izquierda también abruma en su superficialidad, como si los fachos no fumaran porro, como si cualquier vecino solidario perteneciera al “campo popular”. Recordamos que en Argentina el pasado triunfo de Trump en 2016 fue festejado por el peronismo clásico, lo cual desorientó a las nuevas generaciones peronistas, que confunden a Evita con una feminista. Cuatro años de un exagerado y desagradable como Trump, más el triunfo de Biden-Harris, dejan allanado el camino para quienes gustan posicionarse “correctamente”.

Perú: no es solo corrupción

El día domingo 15 de noviembre renunció, tras menos de una semana en el cargo, el presidente Manuel Merino, quien había asumido luego de la destitución de Martín Vizcarra. La renuncia resultó de varias jornadas de movilizaciones y protestas que fueron acrecentándose en todo el país. El sábado 14 de noviembre se desató una feroz represión sobre los manifestantes, dejando un saldo de cientos de heridos y dos muertos: Inti Sotelo de 24 años y Jack Pintado de 22 años. El lunes el Congreso finalmente nombró como presidente a Francisco Sagasti, un personaje poco manchado por el historial de corrupción reciente, miembro del Partido Morado y de cierta impronta “renovadora”. En su cínico discurso homenajeó a los dos jóvenes asesinados a manos de la policía, los llamó “defensores de la democracia”, prometió apoyo a los heridos y pidió perdón a las familias de las víctimas en nombre del Estado. Otro ejemplo más de discursos moderados que acompañan la mano dura buscando garantizar la paz social.

Martín Vizcarra había asumido en 2018 tras la renuncia, también por causas de corrupción, del presidente electo en 2016 Pedro Pablo Kuczynski. Cuatro presidentes en dos años y medio, o tres presidentes en menos de una semana, traen algunos recuerdos por estos lados. Todo este proceso de crisis política tiene como trasfondo la crisis económica y social que azota la región, profundizada este año. Las movilizaciones vienen sucediéndose hace años desde diferentes sectores, poniendo mayoritariamente el eje en la corrupción del gobierno. Se han agitado consignas como “Que se vayan todos” pero con una impronta marcadamente ciudadanista, proponiendo una asamblea constituyente, una transformación de las instituciones y de la Constitución fujimorista de 1993 en pos de una renovación política.

Las últimas movilizaciones tras la designación de Merino se han extendido a más sectores de la población, rompiendo incipientemente con las fronteras pacíficas e institucionales de sindicatos, partidos y organizaciones civiles de “Lucha contra la corrupción”.

La situación parece haberse calmado por el momento con el recambio presidencial, pero ningún problema de fondo ha sido resuelto. Este estallido, así como las recientes movilizaciones en Guatemala contra el ajuste y la corrupción, tienen diferentes detonantes pero surgen de una misma situación explosiva que se impone en todas partes y que el aturdimiento basado en estadísticas sanitarias ya no puede tapar.

Argentina: nada fuera del Estado

En Argentina se aprobó en diputados el proyecto de ley oficialista de impuesto a las grandes fortunas, entendido como un aporte “solidario”, a realizarse por única vez, con el objetivo de paliar los “efectos del coronavirus”. Esta nueva medida es anunciada con bombos y platillos por los sectores progresistas del gobierno como una defensa de los trabajadores y una “redistribución de la riqueza”, acompañada en la calle por una “caravana de la militancia” con su epicentro en el Congreso y replicada en diversas partes del país. Todo el aparato dispuesto para dejar en claro lo popular de la medida. En este sentido, medios oficialistas y portavoces del gobierno se obstinaron en discutir con el Frente de Izquierda, cuyos diputados decidieron abstenerse por considerarlo insuficiente y tener un proyecto de ley propio con el que han insistido desde comienzos de la cuarentena. Mientras tanto, diputados impulsores de la ley oficialista como Carlos Heller aclaran hasta el cansancio que solo afecta en porcentajes reducidos, escalonados y por única vez, a las riquezas de unos 9000 empresarios, aproximadamente. No vaya a ser cosa que los bombos de la justicia social opaquen la búsqueda de conciliación y paz entre clases.

Concretamente, de aprobarse en el Senado y finalmente aplicarse, con la ley se recaudarán aproximadamente unos 300 mil millones de pesos, destinados a créditos y subsidios para Pymes (20%), financiar obras de YPF (25%), urbanización (15%), implementos sanitarios (20%) y planes Progresar de ayuda a estudiantes (20%). Es decir, poca plata que en su mayoría se reparte entre la misma burguesía.

Mientras estamos sufriendo las consecuencias de una profunda crisis económica y un ajuste aleccionador con represión, despidos, inflación y aumentos insultantes en sueldos y jubilaciones, sectores del gobierno se dedican a montar espectáculos lamentables orientados a disimular la situación. Mientras se reprimía ferozmente en Guernica, personajes como Grabois hacían el ridículo interfiriendo en defensa de Dolores Etchevehere en una disputa con sus hermanos por una parte de su herencia. Ahora fue el turno de la caravana de la militancia en apoyo al impuesto, en las próximas semanas será el turno de la ley del aborto en lo que será otro intento por apaciguar los ánimos sociales con concesiones completamente integradas a la lógica dominante.(4) Se hace notorio cómo el gobierno, hacia fin de año y habiendo quitado el IFE, con récords de desocupación y tras levantar el aislamiento, busca reforzar el orden canalizando a todas sus filas hacia el plano institucional, apoyando desde la calle a tal o cual ley mientras la realidad social es cada vez más desastrosa. Vía libre a la movilización, siempre que sea en apoyo al propio gobierno.

Una vez más, debemos insistir en que el problema no es tal o cual ley, sino la Ley misma. No se trata de mejores leyes con verdadero apoyo en las calles, sino que la lucha debe tomar otro camino para que nuestros problemas se solucionen realmente. En este sentido la reflexión acerca del funcionamiento de la producción capitalista tiene mucho que aportar al momento de la lucha, donde todo tipo de consignas prefabricadas se repiten una y otra vez. La discusión sobre un impuesto a las grandes fortunas y la redistribución de la riqueza requiere de ciertas precisiones. Si el proyecto del gobierno finalmente se efectiviza es debido justamente a las características que mencionábamos más arriba. La izquierda tiene su propio proyecto, de mayor alcance, para que por primera vez se cumpla aquello de “que la crisis la paguen los capitalistas”. Pero, por más lindo que suene, es completamente impracticable hacer una verdadera quita a la burguesía desde el propio Estado en un contexto como este y además pretender que eso se reparta entre los proletarios. Cuando decimos esto, no lo hacemos desde el clásico posibilismo que limita las luchas, sino que lo hacemos desde un análisis de las relaciones de producción capitalistas, para no ilusionarnos con propuestas que en el fondo solo buscan juntar votos y sumar militantes. Nosotros agitamos la necesidad de la revolución social, asumiendo las dificultades que implica una perspectiva revolucionaria en contextos de pacificación social.

En primer lugar, no hay que perder nunca de vista que el patrimonio de la burguesía es producto de la explotación y desposesión de generaciones proletarias. Por otro lado, la riqueza en el capitalismo no funciona como atesoramiento más que en una pequeña parte, sino como Capital, como valor que se valoriza. Por eso, un impuesto más extensivo como se propone no afectaría meramente al patrimonio de cada gran empresario, como si les sacaran ahorros de abajo del colchón o una cuenta oculta, una mansión o un yate. Los burgueses no se caracterizan por tener la mayoría de su dinero ocioso, sino que, para mantenerse como tales, invierten constantemente en Capital. Si el impuesto afectara esa parte destinada a la valorización del capital, esto supondría reducciones en las empresas, despidos, etc. El Estado no puede quitar mucho a las empresas en tiempos de crisis, de hecho, subsidia muchas de ellas de manera corriente, y más aún en contextos como este, como fue el caso del pago de parte de los salarios y las cargas sociales durante el aislamiento. Dicho de otro modo, las empresas solo pueden pagar más cuando ganan mucho, cuando existe una alta tasa de ganancia en el sector. De otro modo, las empresas quiebran, y ya sabemos lo que esto significa.

Entender algo no significa aceptarlo. Así como no aceptamos el desempleo pero sabemos que nunca habrá trabajo para todos. Así como aborrecemos la miseria pero sabemos que es constitutiva del orden capitalista. Expropiar a la burguesía es deseable y necesario en un contexto de lucha y a manos de los proletarios. Expropiar a ciertos burgueses a manos del Estado o llevarlos a la quiebra en un contexto como este solo significa empeorar la situación, reforzando el poder del Estado que va a tener algo más que repartir a algunos proletarios mientras deja a otros en la calle. Por eso las crisis no las pagan los capitalistas, por eso los compromisos de deuda se van pagando o renegociando, por eso no se puede cobrar un “verdadero” impuesto a la riqueza. Las propuestas que afirman lo contrario son utópicas y reaccionarias, y conducen a una perspectiva cada vez más estatista, nacionalista y electoralista. ¿Impuesto a la riqueza cuando a los salarios se los devora la inflación con la complicidad sindical? Nos quieren dejar impotentes frente a una gran cortina de humo que se suma al que el Estado dejó crecer durante todo el año en las islas del Río Paraná y las sierras cordobesas.

Bajo el capitalismo todo aspecto de la vida busca ser escindido y luego mediado por sus propias instituciones para dejarnos lo más débiles y frágiles posibles. Nos decían que estábamos indefensos frente al coronavirus y que confiáramos en el Estado maternal que priorizaba la vida frente a la economía. Finalmente, atendiendo a las estadísticas oficiales, la Argentina “modelo” no ha quedado bien posicionada a nivel mundial. Solo nos encerraron instalando el terror en la población, mientras hicieron poco y nada en materia sanitaria. Ahora llegó el momento de abrir por completo porque no tienen opción, con las vacunas como pronta salvación. La respuesta siempre tiene que estar afuera, sea en el Estado o la ciencia, pero nunca en nosotros mismos. Quedará la duda, en materia inmunitaria, de cuáles hubiesen sido los efectos de haber tenido otra relación con el virus, sobre el cual sigue habiendo pocas respuestas. De lo que no quedan dudas es que el encierro ha profundizado nuestras debilidades como clase y que la moderación progresista solo puede llevarnos a la paz de los cementerios.

 

Notas:
(1) Ver Bolivia: Revuelta y Golpe de Estado (La Oveja Negra nro. 66, noviembre de 2019)
(2) Ya no hay vuelta atrás, nro. especial: La democracia es el orden del Capital: apuntes contra la trampa constituyente.
(3) EE.UU.: Nuevo presidente (La Oveja Negra nro. 44, diciembre de 2016)
(4) Ver Aborto: cuestión social (La Oveja Negra nro.54, abril de 2018