La fundación del Estado de Israel es,
para los expulsados y quienes lloran a sus muertos, la Nakba
(«catástrofe» en árabe): el momento en que los palestinos debieron
comenzar su exilio, desposesión y desarraigo. La creación de cada Estado es una catástrofe y así deberían ser conmemoradas todas.
¿No está, acaso, el Estado argentino también fundado sobre la masacre,
la desposesión y la expulsión de habitantes preexistentes? Se habla a veces de Israel como “Estado ilegítimo”, pero ¿qué Estado lo sería?
En 1948 el proceso de ocupación del
territorio palestino para la creación del Estado de Israel supuso el
abandono forzoso de los habitantes de sus tierras y hogares. Durante
décadas, esta ocupación territorial se ha ido extendiendo bajo distintas
formas de violencia sistemática. En estas últimas semanas, y tras una
rápida escalada del conflicto, nos encontramos ante una brutal
continuación de la Nakba. Con los habitantes de Gaza desplazados, bajo
un asedio continuo mediante bombardeos, incursiones terrestres, y
bloqueando el acceso de la población al agua, alimentos, sanidad,
electricidad y comunicación.
Mientras tanto, los
funcionarios de Estado de los países occidentales únicamente condenan
el ataque del 7 de octubre para alinearse con la masacre que está
llevando a cabo Israel con el apoyo de EE.UU. De igual modo
proceden la mayoría de los medios masivos de (in)comunicación
occidentales, que asimilan cualquier protesta a antisemitismo y
cualquier reivindicación de la resistencia del proletariado palestino,
incluso la mera condena al ataque llevado a cabo por Israel, con el
apoyo a Hamás.
Con más de 15.000 muertos, la expulsión de
800.000 árabes palestinos en 1948 fue un acto de violencia y
desplazamiento en masa sin precedentes en la historia de la región. La
mayoría de los refugiados palestinos se asentaron precariamente en la
Franja de Gaza (en ese entonces ocupada por Egipto) y en Cisjordania
(ocupada por Transjordania, hoy Jordania), así como en Siria, Líbano,
Egipto, Irak. La Nakba no se ha detenido,
como el nuevo éxodo que sufrieron alrededor de 300.000 refugiados
palestinos en 1967 durante la Guerra de los Seis Días, cuando Israel
ocupó la Franja de Gaza y Cisjordania. Hoy asistimos en vivo y en directo a otro episodio de esta catástrofe, mientras la mayor parte del mundo mira para otro lado.
Pese a la distancia geográfica, no
escribimos estas palabras a la ligera, con indiferencia ante el
sufrimiento de las víctimas y sus seres queridos. Sin embargo, para el
análisis de los acontecimientos debemos, por momentos, no partir de las
emociones para apreciar adecuadamente lo sucedido. Este
puñado de reflexiones, tienen como objetivo denunciar la presente
matanza en Palestina así como comprender la situación actual.
En su ataque a Gaza, Israel ha
proclamado abiertamente una intención genocida. El 31 de octubre y el 1
de noviembre Israel arrasó Jabalía, antiguo campo de refugiados ya
urbanizado, al norte de Gaza, dejando unos 190 muertos. Ante este suceso
renunció un alto funcionario de la ONU quien declaro: «sé bien que el
concepto de genocidio a menudo ha sido objeto de abuso político, pero la
actual matanza generalizada del pueblo palestino, arraigada en una
ideología colonial etnonacionalista de colonos, la continuación de
décadas de su persecución y purga sistemáticas, basada en su condición
de árabes y sumada a declaraciones explicitas de intenciones por parte
de los líderes del gobierno y ejercito israelíes, no deja lugar a
dudas.» Hasta la misma ONU declaró que «Gaza es un cementerio de niños».
Al cierre de este boletín, el número de
asesinados en la Franja de Gaza asciende a más de 11.000, de los cuales
alrededor de 5.000 son niños. Estas cifras oficiales continúan
creciendo, con miles de desaparecidos y heridos. De los 2.3 millones de
habitantes en la Franja, se estima que 1.6 millones se han debido
desplazar a causa de los ataques, siempre al interior del reducido
territorio, principalmente desde el norte hacia el sur.
Ahora bien, la
definición de genocidio propia del derecho internacional puede hacernos
perder de vista los motivos de clase detrás de un ataque étnico,
nacionalista y religioso sobre una población. Israel funciona
como un Estado confesional, brindando ciudadanía al “pueblo judío”, y
más aun brindando apoyo económico y militar a los colonos en su afán
expansionista. Evidentemente, los beneficios no son por igual, se trata
de una sociedad profundamente estratificada (y zonificada) incluso entre
la población judía, y fundamentalmente respecto de la población árabe
(dejamos de lado aquí la inmigración como mano de obra barata
proveniente de países como Tailandia). Israel fomenta la etnificación de
parte del proletariado en tanto judíos, enfrentándolos al resto del
proletariado etnificado en tanto árabe.
Desde este boletín hemos criticado la noción de pueblo desde
nuestra propia realidad como “argentinos”. Decíamos en el nro. 86: «La
población existe, sin embargo, la forma de categorizarla no es natural,
la manera de designarla es política. No existe a la espera de ser
reconocida y tener significado, es algo totalmente construido. Sin lo
que “pasionalmente” conocemos como pueblo, la razón de Estado carecería
de sentido. Los propios límites geográficos gracias a los cuales se
puede definir “el pueblo argentino” se establecen a partir del Estado
argentino. Primero el Estado después su pueblo, jamás al revés.
Es de esta manera que decenas de poblaciones y comunidades quedan
encerradas en las fronteras de la Argentina. En su acepción más
corriente, para que exista un territorio determinado debe existir un
Estado determinado. “El pueblo” no es un
dato de la naturaleza, ni una clase social, siquiera un grupo
sociológico, hay que construirlo y representarlo. Acontecimientos
como las guerras, los mundiales o ciertos sucesos culturales refuerzan
el concepto y ayudan a experimentarlo como realidad.»
En este caso, es el Estado Israelí el que
ha construido una forma bien determinada de lo que significa ser “judío”
y “palestino”, reforzadas por los frustrados intentos de un Estado
Palestino separado. Desde una perspectiva anticapitalista no es
necesario negar diferencias étnicas, culturales, religiosas entre
proletarios para hablar de clases sociales, sino comprender cómo estas
son abordadas, transformadas e impuestas por los Estados.
La población palestina segregada en Gaza y
Cisjordania, ha sido empleada tras la anexión de estos territorios como
mano de obra barata en Israel principalmente en los sectores de la
construcción y la agricultura, lo cual fue mermando con las décadas,
sobre todo en el caso de los habitantes de la Franja que se fue
convirtiendo cada vez más en una cárcel gigante de población sobrante
para el Capital. La limpieza étnica llevada
históricamente adelante por el Estado de Israel es aberrante, y en
términos de contradicción de clase significa una matanza de fuerza de
trabajo sobrante y opositora, con una tradición de lucha inquebrantable.
En cuanto a la situación geopolítica, se
señala la intención de Hamás con su ataque de interceder sobre los
avances en las negociaciones entre Arabia Saudita e Israel, así como la
brutal respuesta de Israel y EE.UU. buscando preservar cierto equilibrio
de fuerzas en Medio Oriente, de igual modo que la OTAN interviene en
Ucrania frente a Rusia. En estos tiempos de marcado nacionalismo tanto
en derechas como izquierdas, es importante no confundir el análisis geopolítico con posicionamiento en favor de uno de sus bloques.
La situación geopolítica debe analizarse en el conjunto del Capital
mundial, sus transformaciones y sus dificultades de valorización. La
vinculación entre economías nacionales no funciona como un mero agregado
de disputas y alianzas, son partes inseparables de una economía
mundial, de la división internacional del trabajo de esta sociedad de
clases. Y sus transformaciones no son más que cambios en ciertos
aspectos de la explotación y valorización mundial, y de la reproducción
de la fuerza de trabajo. La fragmentación y el conflicto interno son
tendencias de los capitales, la competencia interburguesa dinamiza este
modo de producción mundial.
En esta división global del trabajo,
Israel es uno de los mayores proveedores de armamento y sistemas de
seguridad para las clases dominantes del mundo. Aun siendo una sociedad
muy pequeña, en 2007 su industria armamentista cubrió el 10% del mercado
mundial, abasteciendo a 145 Estados. La industria bélica de Israel es
una pieza clave en la represión y control de los movimientos sociales y
en la repartición de los territorios para su explotación.
No existe, ni existió, ni existirán
“buenos” o “malos” dirigentes burgueses, “buenos” o “malos” partidos
burgueses; ni tampoco tiene sentido hablar de “buenas” o “malas”
naciones o Estados. Ayer, hoy y mañana, el interés de la clase burguesa
se encuentra y se encontrará siempre en guerra contra el proletariado.
El trabajo, la explotación, la miseria y la guerra son las formas
concretas de ese interés.
... A LA INTIFADA
Desde Israel y sus
países aliados en todo el mundo remarcan en estos días que el
antisionismo es igual al antisemitismo. Una mentira de patas muy cortas,
que no resiste el menor estudio de la historia contemporánea. Desde la
creación misma del proyecto sionista a fines del siglo XIX, judíos de
todo el mundo se han opuesto al mismo, en un amplio abanico que incluye
tanto posiciones revolucionarias como democráticas o religiosas.
Asimismo, vemos en estos días cómo en diferentes países miles de judíos
salen a la calle contra las matanzas que está perpetuando Israel.
Otra de las mentiras que intentan imponer
los sionistas es que la resistencia palestina es igual a Hamás, así como
en su momento se la asimilaba a la Organización para la Liberación de
Palestina (OLP). Aquellos que somos críticos de la ideología de
liberación nacional y los procesos de lucha en torno a la misma, hayan
sido derrotados o exitosos, cuestionamos tanto el accionar de la OLP y
otras expresiones “laicas y socialistas”, como sus oposiciones o
canalizaciones fundamentalistas en Medio Oriente, incluida Hamás. Estos
grupos, que llamaron y llaman a los palestinos a “martirizarse” por la
nación, tienen una clara historia de represión de las luchas obreras a
punta de pistola, de opresión de mujeres y disidencias sexuales, y de
difusión de las doctrinas virulentamente reaccionarias del nacionalismo y
el islamismo. No podemos ignorar que Hamás y su proyecto de Estado
islámico tenga participantes y adherentes entre los proletarios
palestinos, sumidos en el terror y la desposesión durante décadas, pero
también es necesario remarcar que históricamente su lucha y combatividad
ha excedido por mucho a cualquier grupo que se la quiera adjudicar.
La primer Intifada, en diciembre de 1987,
es el gran ejemplo de eso. ¿Y con qué salieron a luchar los proletarios
palestinos por aquellos días? Con lo mismo que lo hacen sus hermanos de
todo el mundo: con huelgas, piedras y disturbios callejeros, pero
también con asambleas, huertas, canciones y pinceles. Todo se trastornó,
incluso a nivel familiar, cuando las mujeres empezaron a participar en
los disturbios y protestas. «Intifada» en árabe significa justamente eso: agitar, transgredir.
Yasser Arafat, sempiterno líder de la OLP
fallecido en 2004, apareció para la claudicación, los llamados “Acuerdos
de Oslo” en 1993 auspiciados por Bill Clinton. La OLP abandonaba su
programa de creación de un Estado laico mientras Israel reafirmaba su
poder de control; a los palestinos se les concedía tener quien los
gobierne al interior de Israel, la llamada Autoridad Nacional Palestina y
su propia policía…
Desde 1993, entonces, la resistencia en el
cotidiano no es solo contra el ejército israelí sino también contra la
policía palestina. Nuevas revueltas han estallado en estas décadas,
siendo la más reciente la de los años 2018-2019, conocida como la Gran
Marcha del Retorno, donde miles de palestinos se concentraban en la
frontera Gaza-Israel para enfrentarse al ejército sionista. Uno de los
días de mayor violencia fue el 14 de mayo del 2018, con decenas de
muertos y miles de heridos en la frontera, día en que EE.UU. trasladó su
embajada hacia Jerusalén.
La lucha cotidiana en Gaza, Cisjordania y
los barrios árabes de Israel no puede quedar reducida al encuadramiento
militarista. Molotovs y hondas, túneles para mover alimentos y
medicamentos, solidaridad en las fronteras entre explotados nacidos aquí
y allá, asambleas y poesía, deserción y desobediencia. La llegada de la
noche para desgastar a soldados y colonos. De eso estamos hablando.
En el año 2013, durante una manifestación
apareció una pintada en los muros de la cárcel de Ofer, Cisjornadia,
llena de presos políticos. Allí se leía: «Global Intifada». La mejor
solidaridad es entonces dentro de “nuestras” propias fronteras. Internacionalmente: de la Nakba a la Intifada. De la catástrofe global a la revuelta global.
Sin lugar a dudas hoy en día el
proletariado en Israel no tiene aún la capacidad de desarrollar una
práctica revolucionaria que se articule en torno a estas audaces
formulaciones. Ni en Palestina, ni en la pacífica Argentina o en el
resto del mundo. Pero saludamos las rupturas fugaces e incipientes de
los trabajadores que en diversos rincones del planeta se niegan a
producir y distribuir armas, así como a extraer los minerales necesarios
para la industria armamentística y el envío de combustible para esta
masacre, de los estudiantes que hacen huelga en Cisjordania, de los
miles y miles de manifestantes que salen en todo el mundo a visibilizar y
a protestar contra estas matanzas.
Quedará para otra ocasión profundizar en
la crítica de la ideología de liberación nacional, así como continuar
combatiendo la ignorancia de quienes suponen que la usura, el comercio o
el accionar terrorista sean propios de un pueblo u otro, definidos en
función de su etnia o religión. El sionismo y el islamismo en Medio
Oriente son al mismo tiempo encuadramientos burgueses y justificaciones
de las masacres sobre el proletariado que habita en la región.
Es en estas crueles y sangrientas
ocasiones cuando queda claro, más allá de las consignas panfletarias,
que estas guerras y estas masacres solo pueden tener fin acabando con
las fronteras, las naciones y la sed de dinero que genera el modo de
producción capitalista.
* Recomendamos los artículos y panfletos disponibles en panfletossubversivos.blogspot.com