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domingo, 13 de enero de 2019

Folletos: LA SEMANA DE ENERO. A CIEN AÑOS y LA INSURRECCIÓN DEL '19

El primer mes de este año trae consigo una negra efemérides: el aniversario de la Semana de enero, una de las huelgas más largas y sangrientas ocurridas en territorio argentino, en la semana del 7 al 14 de enero de 1919 bajo el gobierno del caudillo radical Hipólito Yrigoyen.

Hace un siglo se llevó adelante un movimiento que conmovió a la sociedad por su alcance y trascendencia. Lo que en principio aparecía como un conflicto parcial en los talleres Vasena derivó en la Semana Trágica.

Todo aparece como desmesurado en las jornadas de larga semana de enero de 1919, es que todo entonces fue desmesurado.

Compartimos entonces estos dos nuevos materiales que esperamos sean inspiradores para continuar en la lucha contra toda opresión y explotación:

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LA SEMANA DE ENERO. A 100 AÑOS (formato de página A4)
  • A 100 años de la Semana Trágica    
  • Enero 1919, memoria de las llamas
  • La Liga Patriótica Argentina
  • Perón en la Semana Trágica de 1919
  • Vasena (tango anónimo)
  • «La algarabía de la chusma desbordada» (carta del monseñor Ussher)
  • «La Semana Trágica» (Juana Rouco Buela)
  • Testimonio de Vicente Francomano

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LA INSURRECCIÓN DEL 19. SEMANA TRÁGICA

Publicado originalmente en Le Chien. Marzo de 2015, Buenos Aires. Se trata de una suerte de comic sobre aquellos sucesos. (Formato de página A3)

lunes, 30 de enero de 2017

MEMORIA: A 97 AÑOS DE LA SEMANA TRÁGICA

La Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos (SRMU) inicia la lucha en los Talleres Vasena
Esta organización fue fundada en 1918 como una ruptura dentro de la FORA del IX Congreso (de influencia sindicalista y socialista) e impulsada por sectores vinculados al anarquismo, pero no únicamente.

La industria metalúrgica era reducida en Argentina. Tras haber ganado ciertas mejoras en distintos talleres que tenían entre 20 y 50 operarios, el 2 de diciembre los miembros de la SRMU se dispusieron a realizar una medida en un punto central de la industria metalúrgica: los Talleres Vasena.

Metalúrgicos Unidos inició entonces un reclamo por mejores condiciones laborales elaborando un petitorio que fue presentado a la empresa, que la patronal se negó a recibir y a tratar con la delegación. La empresa buscó quebrar a los huelguistas recurriendo a rompe huelgas y matones armados que servían de fuerza parapolicial.

Los obreros en huelga montaron guardias alrededor del lugar, ubicado en el humilde y emergente Barrio de Villa Pompeya. Allí, en San Cristóbal, donde estaban los depósitos de los Vasena y en el local social de la Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos, sucederían graves y sangrientos hechos, de los que hablaremos a continuación.

Entre el 13 y el 20 de diciembre se produjeron balaceras a domicilios de huelguistas y contra las barricadas que impedían el paso de los carneros. El 23 de diciembre, un carnero murió al lanzarse al riachuelo, tras ser perseguido por los obreros. El 3 de enero, luego de un mes de huelga, la policía aumentó su grado represivo en la zona fabril y cercana al local de Metalúrgicos Unidos. El 4 de enero los huelguistas levantaron barricadas y rompieron los caños de agua para inundar las calles. Finalmente echaron a la policía que custodiaba la fábrica, con la muerte de un vigilante como resultado del enfrentamiento. Los huelguistas fueron apoyados por el barrio que reaccionó virulentamente a la represión. El entierro del policía fue el 6 de enero.

La Semana Trágica
El 7 de enero más de cien policías y bomberos armados dispararon salvajemente. El ataque duró dos horas. También balearon el local de la SRMU. Hubo cinco muertos y más de treinta heridos, muchos de los cuales no eran obreros metalúrgicos.

Esta masacre convocó a miles de obreros a la huelga general. Un velatorio se realizó en el local del sindicato de la FORA del IX y el resto en el de la SRMU, destruido por los balazos en puertas, paredes y ventanas. En este punto los comerciantes decidieron no abrir sus puertas en señal de luto y la Federación Obrera Marítima (importante organización adherida a FORA IX), declaró la huelga en torno a un problema del gremio.

El 8 de enero los establecimientos metalúrgicos suspendieron sus tareas. La SRMU volvió a llevar un petitorio pero nuevamente no fueron recibidos por la empresa. Al terminar el día, la FORA del IX expresó su solidaridad con los huelguistas y la FORA del V (de orientación comunista anárquica) declaró la huelga general para el día siguiente. El 9 de enero Buenos Aires se paralizó, una multitud llegó desde los suburbios. Se formaron barricadas, piquetes, se realizaron sabotajes, los canillitas solo difundían boletines de huelga, y la gente se agolpaba en calles y veredas esperando despedir a las víctimas.

En la fábrica, los Vasena, custodiados por cientos de mercenarios armados, fueron rodeados por barricadas. A las dos de la tarde partió el cortejo fúnebre con algunos obreros armados a la cabeza, que pronto comenzaron a saquear las armerías que encontraron a su paso. Empezaron los primeros enfrentamientos y muertos, el cortejo rodeó la fábrica y marchó hacia el cementerio de la Chacarita. A las cuatro de la tarde se produjo otro hecho de importancia, los manifestantes se metieron en un templo destruyendo y saqueando todo a su paso, los niños rompían los vidrios, mientras otros intentaban incendiar la Iglesia, comenzando distintos focos en el establecimiento. El hecho sangriento había enervado a los explotados, pero aún faltaba más violencia y enfrentamiento.

En el cementerio comenzaron a sonar los fusiles del ejército, disolviendo la manifestación, quedando los cuerpos sin sepultar, a los que se le sumaron nuevos muertos. La FORA del IX intentó asumir la conducción de un movimiento auténticamente proletario y decidido. El 10 de enero grupos policiales y parapoliciales patrullaron asesinando y baleando con total impunidad. Mientras tanto, nuevos gremios adhirieron a la huelga y, para el día 11, la FORA del V buscó concretar su objetivo de una «huelga general revolucionaria», luchando además por la libertad de todos los presos sociales, entre ellos el compañero Simón Radowitzky, encarcelado desde hacía diez años.

Pero la burguesía tenía sus fuerzas represivas bien pertrechadas y salió a la caza de “judíos”, “rusos”, “marxistas”, “maximalistas”, “anarquistas” y “bolcheviques”, irrumpiendo en casas y locales, destruyendo y violando, matando niños y golpeando viejos. La huelga se extendió al interior del país y los dirigentes de la FORA del IX, con Sebastián Marotta al frente, intentaron terminar el conflicto negociando en nombre de la SRMU, a lo que sus miembros se opusieron.

El lunes 13 de enero finalmente la SRMU obtuvo respuesta a su reclamo, después de casi cincuenta días de huelga. La FORA del V y La Protesta fueron duramente perseguidas, sus militantes encarcelados y sus locales destruidos, a pesar de que habían negociado un cese del conflicto al ver solucionada la cuestión metalúrgica.

El verano continuó. Enero dejó casi mil muertos, decenas de desaparecidos (entre ellos gran cantidad de niños), miles de heridos, decenas de miles de detenidos, locales, casas y familias destruidas. Desde 1919, el primer mes del año es de una dolorosa conmemoración: el aniversario de la “Semana Trágica”: una de las huelgas más largas y sangrientas ocurridas en territorio argentino.

MEMORIA: A 97 AÑOS DE LA SEMANA TRÁGICA (versión extendida)

[Esta versión no fue publicada en La Oveja Negra nro.45 sino una resumida por razones de espacio]

El primer mes de este año trae consigo una negra efemérides: el aniversario de la “Semana Trágica”, una de las huelgas más largas y sangrientas ocurridas en territorio argentino, en la semana del 7 al 14 de enero de 1919 bajo el gobierno del caudillo radical Hipólito Yrigoyen.

Allí se cristalizó todo un momento histórico: la Primera Guerra Mundial y el auge de movimientos revolucionarios importantes en Rusia y Alemania, en contraposición a un conjunto de movimientos nacionalistas que tenían como base el trabajo y el militarismo. 

Algunos elementos clave
Desde 1850 hubo en Argentina una fuerte oleada inmigratoria, que trajo aparejada la formación de diversas agrupaciones de carácter étnico (italianos, españoles, alemanes y rusos, mayormente). Estos grupos se constituyeron como Sociedades de Socorros Mutuos y tenían un carácter diverso e incluso contradictorio entre sí. 

Para 1870 la formación de agrupaciones étnicas y económicas se aceleraba, sin detenerse el flujo inmigratorio. 

En 1890 las condiciones vividas en Argentina eran precarias y miserables a causa de una gran crisis económica. Esta condición generó rebeliones y organización en distintos sectores del mundo obrero. Las tendencias socialistas y anarquistas eran todavía embrionarias, pero ya estaban separadas de manera doctrinaria hacía tiempo a raíz de una vieja discusión en la lucha social: reformar o revolucionar la sociedad.

En 1901 se fundó la Federación Obrera Argentina (F.O.A.) que unió durante un año ambas corrientes, hasta que en 1902 los socialistas se escindieron de la organización para fundar la U.G.T. 

Mientras tanto en la F.O.A., la influencia del gremialismo anarquista, inspirado en las secciones italianas, suizas y españolas de la Primera Internacional fue ascendente. Tanto así que, para 1904, adoptó como nombre Federación Obrera Regional Argentina (F.O.R.A.), destacando el aspecto internacionalista de la lucha proletaria, dejando en claro que los países no son más que regiones del mundo y que todos los explotados deben unirse más allá y contra las fronteras y Estados nacionales.  

La preponderancia del sector anti estatal y anti político logró, en el V Congreso de la F.O.R.A., una de las declaraciones más avanzadas del movimiento obrero: «Aprobar y recomendar la propaganda e ilustración moral más amplia, en el sentido de inculcar a los obreros los principios científicos filosóficos del comunismo anárquico».

Esta declaración finalista (mantener ligadas las luchas inmediatas a la lucha por la revolución social), junto con el resto de las definiciones de sus congresos le valió el odio de los gobiernos y la conspiración desde las sombras de distintos sectores oportunistas. Entre ellos, por ejemplo, la antes mencionada U.G.T., que irá mutando de piel asumiendo distintos nombres e intentando debilitar la F.O.R.A., al punto de infiltrarse disolviendo una central, para luego eliminar la anterior recomendación a través de un congreso obrero.


Para 1915, cuando el movimiento obrero era fuertemente reprimido y deportado y la reacción avanzaba en todo el mundo, los enemigos del comunismo anárquico tuvieron su oportunidad. La escisión se produjo inevitablemente y, a partir de allí, ambas organizaciones fueron conocidas como la F.O.R.A. del V Congreso y la F.O.R.A. del IX Congreso. La vieja discusión del movimiento social otra vez: reforma o revolución social. La F.O.R.A. del IX se disolvería en 1922, en otro acto oportunista. Pero sigamos en el cauce de la revolución social.

La Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos (S.R.M.U.) inicia la lucha en los Talleres Vasena
Esta organización fue fundada en 1918 como una ruptura dentro de la F.O.R.A. del IX Congreso (de influencia sindicalista y socialista) e impulsada por sectores vinculados al anarquismo, pero no únicamente.

La industria metalúrgica era reducida en Argentina. Tras haber ganado ciertas mejoras en distintos talleres que tenían entre 20 y 50 operarios, el 2 de diciembre los miembros de la S.R.M.U. se dispusieron a realizar una medida en un punto central de la industria metalúrgica: los Talleres Vasena.

Metalúrgicos Unidos inició entonces un reclamo por mejores condiciones laborales elaborando un petitorio que fue presentado a la empresa, que la patronal se negó a recibir y a tratar con la delegación. La empresa buscó quebrar a los huelguistas recurriendo a rompe huelgas y matones armados que servían de fuerza parapolicial. 

Los obreros en huelga montaron guardias alrededor del lugar, ubicado en el humilde y emergente Barrio de Villa Pompeya. Allí, en San Cristóbal, donde estaban los depósitos de los Vasena y en el local social de la Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos, sucederían graves y sangrientos hechos, de los que hablaremos a continuación. 

Entre el 13 y el 20 de diciembre se produjeron balaceras a domicilios de huelguistas y contra las barricadas que impedían el paso de los carneros. El 23 de diciembre, un carnero murió al lanzarse al riachuelo, tras ser perseguido por los obreros.

El 3 de enero, luego de un mes de huelga, la policía aumentó su grado represivo en la zona fabril y cercana al local de Metalúrgicos Unidos. El 4 de enero los huelguistas levantaron barricadas y rompieron los caños de agua para inundar las calles. Finalmente echaron a la policía que custodiaba la fábrica, con la muerte de un vigilante como resultado del enfrentamiento. Los huelguistas fueron apoyados por el barrio que reaccionó virulentamente a la represión. El entierro del policía fue el 6 de enero.

La Semana Trágica
El 7 de enero más de cien policías y bomberos armados dispararon salvajemente. El ataque duró dos horas. También balearon el local de la S.R.M.U. Hubo cinco muertos y mas de treinta heridos, muchos de los cuales no eran obreros metalúrgicos. 

Esta masacre convocó a miles de obreros a la huelga general. Un velatorio se realizó en el local del sindicato de la F.O.R.A. del IX y el resto en el de la S.R.M.U., destruido por los balazos en puertas, paredes y ventanas. En este punto los comerciantes decidieron no abrir sus puertas en señal de luto y la Federación Obrera Marítima (importante organización adherida a F.O.R.A. IX), declaró la huelga en torno a un problema del gremio. 

El 8 de enero los establecimientos metalúrgicos suspendieron sus tareas. La S.R.M.U. volvió a llevar un petitorio pero nuevamente no fueron recibidos por la empresa. Al terminar el día, la F.O.R.A. del IX expresó su solidaridad con los huelguistas y la F.O.R.A. del V (de orientación comunista anárquica) declaró la huelga general para el día siguiente. El 9 de enero Buenos Aires se paralizó, una multitud llegó desde los suburbios. Se formaron barricadas, piquetes, se realizaron sabotajes, los canillitas solo difundían boletines de huelga, y la gente se agolpaba en calles y veredas esperando despedir a las víctimas. 
 
En la fábrica, los Vasena, custodiados por cientos de mercenarios armados, fueron rodeados por barricadas. A las dos de la tarde partió el cortejo fúnebre con algunos obreros armados a la cabeza, que pronto comenzaron a saquear las armerías que encontraron a su paso. Empezaron los primeros enfrentamientos y muertos, el cortejo rodeó la fábrica y marchó hacia el cementerio de la Chacarita.

A las cuatro de la tarde se produjo otro hecho de importancia, los manifestantes se metieron en un templo destruyendo y saqueando todo a su paso, los niños rompían los vidrios, mientras otros intentaban incendiar la Iglesia, comenzando distintos focos en el establecimiento. El hecho sangriento había enervado a los explotados, pero aún faltaba más violencia y enfrentamiento.

En el cementerio comenzaron a sonar los fusiles del ejército, disolviendo la manifestación, quedando los cuerpos sin sepultar, a los que se le sumaron nuevos muertos. La F.O.R.A. del IX intentó asumir la conducción de un movimiento auténticamente proletario y decidido. El 10 de enero grupos policiales y parapoliciales patrullaron asesinando y baleando con total impunidad. Mientras tanto, nuevos gremios adhirieron a la huelga y, para el día 11, la F.O.R.A. del V buscó concretar su objetivo de una «huelga general revolucionaria», luchando además por la libertad de todos los presos sociales, entre ellos el compañero Simón Radowitzky, encarcelado desde hacía diez años.

Pero la burguesía tenía sus fuerzas represivas bien pertrechadas y salió a la caza de “judíos”, “rusos”, “marxistas”, “maximalistas”, “anarquistas” y “bolcheviques”, irrumpiendo en casas y locales, destruyendo y violando, matando niños y golpeando viejos. La huelga se extendió al interior del país y los dirigentes de la F.O.R.A. IX, con Sebastián Marotta al frente, intentaron terminar el conflicto negociando en nombre de la S.R.M.U., a lo que sus miembros se opusieron.

El lunes 13 de enero finalmente la S.R.M.U. obtuvo respuesta a su reclamo, después de casi cincuenta días de huelga. La F.O.R.A. del V y La Protesta fueron duramente perseguidas, sus militantes encarcelados y sus locales destruidos, a pesar de que habían negociado un cese del conflicto al ver solucionada la cuestión metalúrgica. 

El verano continuó. Enero dejó casi mil muertos, decenas de desaparecidos (entre ellos gran cantidad de niños), miles de heridos, decenas de miles de detenidos, locales, casas y familias destruidas.
Como tantas veces en la historia, los sindicalistas y socialistas fueron desbordados en su intento de conciliar, legislar y gestionar la salvaje explotación capitalista. Una vez más, la clase explotada en Argentina dejaba constancia de su gran valor moral, valentía y solidaridad, así como la clase explotadora de su rapacidad nacionalista y militarista.

domingo, 3 de enero de 2016

MEMORIA: PERÓN EN LA SEMANA TRÁGICA DE 1919

La huelga seguía creciendo. El 10 se plegaron al paro más gremios autónomos o afiliados a la FORA sindicalista, como el Sindicato Federativo Gastronómico, los Peluqueros de Boca y Barracas, los Mozos, Cocineros y Anexos de Boca y Barracas o la Sociedad de Lavadores y Limpiadores de Coches; y otros que ya estaban en huelga como la Unión Obreros en Calzado, decidieron darle un carácter práctico al paro, exigiendo para sí mismos las 8 horas de trabajo.

(…) Pero si bien la huelga se fortalecía, las fuerzas hostiles a ella también se estaban organizando; a las 7:30, un camión descargaba armas y ametralladoras en Junín 1063, sede del consultorio médico del Círculo Central de Obreros Católicos.

A las siete de la mañana, por su parte, el general Dellepiane instaló su estado mayor en el Departamento Central de Policía, desde donde desplegó una intensa actividad: primero se reunió con el jefe de policía y el ministro de Guerra para organizar la restitución del servicio de tranvías, con soldados a bordo de la plataforma, y luego se trasladó a la Casa Rosada a encontrarse con el ministro de Marina y el comandante de la zona militar del puerto, para deliberar sobre las medidas a adoptar en vista de llegar esta mañana refuerzos de la armada.

En efecto, el día 10 se esperaba el arribo de 2.000 marineros a la capital, mientras que los regimientos de infantería de la II división de Ejército ya estaban vivaqueando en los cuarteles de Palermo. Y para las 14, se esperaba también la llegada de una tropa de artillería compuesta por dos baterías de artillería liviana y dos de ametralladoras, proveniente de Campo de Mayo.

Las calles, en tanto, se mostraban con la más viva animación: «Las tres cuartas partes de los moradores de la metrópoli se encuentran en la vía pública, en las aceras, calzadas, balcones, azoteas y puertas de calle, y el comentario único gira en torno de los acontecimientos que motivaron el paro general». En la Boca, Barracas, Pompeya, el puerto y otros de concentración obrera, «la congestión en la vía pública, máxime en las cuadras donde existen varios conventillos es constante, y en más de un paraje se han improvisado mitins para dar rienda suelta a la verba revolucionaria». En esos barrios, además, se seguían obstaculizando los cruces de tranvía con «basura y hierros».

En Gerli, Avellaneda, 200 obreros paralizaron toda actividad en las fábricas cercanas a la estación, rompieron barreras del paso a nivel, volcaron carros de repartidores de pan e intentaron izar una bandera roja en el campanario de la iglesia, «impidiéndoselo, según versión particular, el cura párroco y el sacristán, cambiándose una docena de disparos entre éstos y los huelguistas».

(…) Y en este punto del relato, es necesario detenerse para intentar una mirada acerca de la actuación que le cupo en los sucesos a un joven oficial del arma de infantería, el teniente Juan Domingo Perón. A principios de 1919 Perón tenía 23 años, y revistaba desde el 16 de enero de 1918 en el Arsenal Principal de Guerra Esteban de Luca, situado por entonces en la calle Pozos 1681. Desde esa función, le cupo abastecer de municiones a los regimientos que operaron en la Capital Federal durante esos días.

(…) Perón había recibido en el Colegio Militar una formación de acendrado carácter germánico y nacionalista, exacerbada por los puntos de vista de docentes tales como el doctor Manuel Carlés, futuro presidente de la Liga Patriótica Argentina. De esa manera, durante toda su vida sintió una profunda aversión por las ideologías anarquista, socialista y comunista, y en particular por quienes las detentaban, a quienes no consideraba como legítimos obreros, sino como a peligrosos agitadores antiargentinos.
  • Tomás Eloy Martínez: La novela de Perón. Alfaguara, 2003:
En 1918, cuando me destinaron al arsenal Esteban de Luca, el capitán Bartolomé Descalzo, uno de los mejores jefes que ha tenido nuestro ejército dijo al despedirme: «estamos entrando en la oscuridad, teniente Perón. A las puertas de nuestra casa golpea la más atroz de las tormentas, y el presidente (Yrigoyen) no quiere o no sabe oírla. En Europa, la guerra ha terminado con la derrota del mejor ejército del mundo. Los anarquistas vuelven ahora sus ojos hacia nosotros».

Sus palabras me emocionaron. «Voy a pedirle un favor personal. Cuando llegue la hora de hacerle frente a ese enemigo, llámeme. Quiero pelear a su lado, mi capitán.» (…) La profecía del capitán Descalzo se cumplió antes de lo pensado. Los anarquistas volvieron sus ojos hacia nosotros, 1918 había terminado con unas escaramuzas de huelga en los talleres metalúrgicos de Pedro Vasena. Algunos operarios, alentados por los ácratas, exigieron salarios más altos y condiciones de trabajo más relajadas. Hubo muchos que no quisieron plegarse y el movimiento fracasó, pero ya estaba sembrado el descontento. El 3 de enero de 1919 se armó la maroma. (…)

Las muertes del 7 de enero sirvieron de pretexto para que los anarquistas pusieran al país en un estado de sublevación. Di Giovanni, Scarfó, Miguel Arcangel Roscigna y muchos ácratas que ganarían celebridad en los años siguientes hicieron sus primeras armas en esas trifulcas. Se trataba de una conspiración internacional muy bien montada. A tal punto era así, que en esa misma semana de 1919 estallaron en Berlín las revueltas espartaquistas. Allá, el pleito se resolvió en pocos días con la muerte de Rosa Luxemburgo y de su compañero Karl Liebknecht. Al ser descabezado el movimiento se restableció el orden. Aquí, en cambio, Yrigoyen seguía confiando en la providencia.

(…) Mi función en el arsenal consistía en asegurar la provisión de municiones para la tropa. Tuve muchísimo trabajo porque solo en la ciudad de Buenos Aires estaban acuartelados entre ocho y diez regimientos. Tal como se esperaba los funerales degeneraron en combates callejeros. Murieron más de 600 personas.

Pero las heridas, cuando son profundas, no cicatrizan de un día para otro. Hay que estar vigilándolas. Mi antiguo profesor Manuel Carlés, apoyado por el vicealmirante Domecq García, fundó la Liga Patriótica Argentina, en la que se inscribieron muchos jóvenes católicos y nacionalistas. Disponían de una tropa de choque cuya misión principal era poner en vereda a los agitadores extranjeros. A veces usaban métodos violentos, pero eran bien intencionados…
Una vez demolidos los establecimientos de la metalúrgica Vasena, se levantó en esos terrenos una plaza, que se propuso llamar «Parque Mártires de la Semana Trágica», y el dirigente metalúrgico Augusto Vandor se opuso y decidió que se llamara «Plaza Martín Fierro». Nombre que hoy lleva.

Para el 1° de mayo de 1952, en Buenos Aires, el presidente Perón participó de un acto organizado por la UOM en dicha plaza para colocar una placa en honor a los caídos en enero de 1919. En la ocasión, pronunció un discurso en el cual expresó: «Es este un episodio de la vida argentina que representa una época de oprobio y de injusticia para los trabajadores argentinos. La semana de enero no fue sino la culminación de una lucha entre el capital y el trabajo cuando los obreros metalúrgicos se lanzaron a la calle después de aguantar muchos años de vergüenza y esclavitud. Se ha dicho en la campaña electoral que yo tuve intervención en esta zona en la semana de enero. Yo era teniente y estaba en el arsenal de guerra. Hice guardia acá precisamente, al día siguiente de los sucesos. Pude ver entonces la miseria de los hombres, de esos hombres que fingen y de los otros que combaten a la clase trabajadora. Allí una vez más reafirmé el pensamiento de que un soldado argentino, a menos que sea un criminal no podría jamás tirar contra su pueblo».

Según el testimonio de Diego Abad de Santillán, dirigente de la FORA del V Congreso, en un reportaje de la revista Panorama, al evocar los acontecimientos, expresó: «entre los oficiales del ejército que reprimieron a las manifestaciones en esa sangrienta jornada, se encontraba un joven teniente: Juan Domingo Perón. Quizás ahí afirmó su política demagógica, al ver que la represión sólo produce el divorcio del gobierno con el pueblo».

martes, 24 de diciembre de 2013

MEMORIA: LA LIGA PATRIÓTICA ARGENTINA

Las jornadas de enero de 1919, tambien conocidas como «La Semana Trágica», se caracterizan no solo por ser el contexto insurreccional más notorio que haya ocurrido en la región, sino también por haber generado una reacción igualmente remarcable. Hablamos de la formación del mayor grupo parapolicial que conociera el proletariado por estos lares: la infame «Liga Patriótica Argentina».

Es el 19 de enero cuando, en una Buenos Aires caliente que acababa de vivir una inmensa revuelta, a la vez que se sucedían huelgas en Rosario y el sur de la provincia, oeste de Cordoba y Mar del Plata, grupos de pensadores, juristas, clérigos y jovenes de ideas cercanas al fascismo y al nacionalismo católico determinan unir esfuerzos anticomunistas y antianárquicos vía la formación de una organización de alcance nacional «Contra los indiferentes, los anormales, los envidiosos y haraganes; contra los inmorales, los agitadores sin oficio y los energúmenos sin ideas. Contra toda esa runfla sin Dios, Patria, ni Ley, la Liga Patriótica Argentina levanta su lábaro de Patria y Orden… No pertenecen a la Liga los cobardes y los tristes».

El bautismo de fuego de la organización en las calles ocurre aún antes de su formalización, cuando todavía se la conocía como «Comisión pro defensores del orden», durante el 9 y 10 de enero, cuando sus miembros repartieron armas en el Centro Naval a quien quisiera colaborar junto a militares, policías y bomberos en la sangrienta represión de los obreros en revuelta.

Meses más tarde la organización se formaliza y elige a su primer presidente: el rosarino Manuel Carlés. Formando patrullas callejeras antiobreras o difundiendo literatura y material nacionalista, la organización se caracterizó por estar al abrigo del poder estatal y de la financiación de la gran burguesía y de los terratenientes, que en 1921 solicitarían los servicios de la liga durante los eventos de la ya histórica Patagonia Trágica. Aquí en Rosario el 8 de mayo de 1928 serán los responsables del asesinato de Luisa Lallana de 18 años, durante la huelga de los portuarios.

Años más tarde, con el golpe militar y la década infame, y posteriormente bajo los gobiernos peronistas y su proceso de pacificación obrera, la Liga perdió el sustento social que la hacía una necesidad de los explotadores de la década que la vió nacer. Sólo con la profundización de las contradicciones de clase, y en un nuevo contexto internacional de revuelta, verían la luz semejantes grupos, con la secreta y poderosa Alianza Anticomunista Argentina durante los 70 como expresión máxima de la represión paraestatal.

Retornando a la actualidad, es importante mencionar que en las últimas semanas ocurrió el mayor paro de actividades policial en la historia de la región. El velo de la ideología demostró nuevamente que es insuficiente para controlar los deseos de los insatisfechos por esta sociedad de miseria. La sola promesa del no accionar policial produjo una nueva oleada de saqueos a los que las urbes argentinas se están acostumbrando año tras año. Fue en este contexto donde —a la medida de las circunstancias, a desesperados y desorganizados saqueadores respondieron pequeñoburgueses asustados— regresaron los fantasmas del pasado y se formaron grupos de comerciantes y niños bien para defender locales comerciales y perseguir a los saqueadores y sospechosos de serlo. Fastasmas viejos y nuevos, que deberemos ahuyentar, sin concentrarnos en ellos, cuando nuevamente podamos asaltar el cielo, para atacar y destruir a su señor: El Capital.