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viernes, 27 de noviembre de 2020

NUEVO DOCUMENTAL: HUMO. REFLEXIONES MÁS ALLÁ DE LAS QUEMAS

A comienzos de noviembre lanzamos el audiovisual Humo. Reflexiones más allá de las quemas, de libre difusión, que ya ha comenzado a circular no solo por la web, sino también por diferentes espacios, huertas y acampes, como el que se mantiene en el centro rosarino por los humedales.

Aportamos este nuevo material a la lucha en curso, así como lo venimos haciendo con la participación, los volantes y los artículos de este boletín. También desde Temperamento Radio realizamos un especial titulado Por el río, contra el Capital que consta de dos partes a través de las que emprendimos un viaje rebelde por el Paraná.

Compartimos aquí la presentación del video y alentamos su difusión:

Durante el año 2020, antes y durante la llamada pandemia del COVID19, grandes incendios se registraron en todo el cauce del río Paraná. Dentro de las islas, el fuego ha arrasado flora, fauna y ranchos de isleños. En las ciudades de la costa, una nube de humo y ceniza de intenso olor lo cubría todo. Montes nativos destruidos, animales carbonizados, gente sin casa y, tras los barbijos, narices y gargantas lastimadas.

A pesar del aislamiento impuesto, miles de personas nos encontramos en cortes, asambleas, escraches y movilizaciones exigiendo el fin de las quemas. Hasta ahora, ha prevalecido el pedido de más legalidad y el falso supuesto de “la ausencia del Estado”.

El modelo agroindustrial y la especulación inmobiliaria siguen destruyendo la vida en pos de la ganancia, pero también la resistencia y la lucha continúan brotando por todos lados. Consideramos necesario afilar la crítica y las acciones contra el sistema capitalista. Este documental es un aporte en ese sentido.

¡Ni quemas, ni dragado, ni agrotóxicos! ¡Tierra y libertad!

Se puede ver en nuestro canal de YouTube Biblioteca Ghiraldo.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Documental: HUMO. Reflexiones más allá de las quemas

 

Durante el año 2020, antes y durante la llamada pandemia del COVID19, grandes incendios se registraron en todo el cauce del río Paraná. Dentro de las islas, el fuego ha arrasado flora, fauna y ranchos de isleños. En las ciudades de la costa, una nube de humo y ceniza de intenso olor lo cubría todo. Montes nativos destruidos, animales carbonizados, gente sin casa y, tras los barbijos, narices y gargantas lastimadas.

A pesar del aislamiento impuesto, miles de personas nos encontramos en cortes, asambleas, escraches y movilizaciones exigiendo el fin de las quemas. Hasta ahora, ha prevalecido el pedido de más legalidad y el falso supuesto de “la ausencia del Estado”.

Desde una perspectiva anticapitalista y antiestatal nos proponemos analizar lo que viene sucediendo en las islas, a fin de promover una reflexión más profunda acerca del origen de los incendios, así como también una crítica hacia el legalismo y el llamado “desarrollo sustentable”.

El modelo agroindustrial y la especulación inmobiliaria siguen destruyendo la vida en pos de la ganancia, pero también la resistencia y la lucha continúan brotando por todos lados. Consideramos necesario afilar la crítica y las acciones contra el sistema capitalista. Este documental es un aporte en ese sentido.

¡Ni quemas, ni dragado, ni agrotóxicos!
¡Tierra y libertad!

Boletín La Oveja Negra
Rosario, noviembre de 2020

Si considerás que este material merece ser recomendado, ¡a proyectarlo y difundirlo libremente!
Muerte a la propiedad en todas sus formas.

lunes, 8 de junio de 2020

Libro: CONTAGIO SOCIAL. GUERRA DE CLASES MICROBIOLÓGICA EN CHINA + CORONAVIRUS Y CUESTIÓN SOCIAL

DESCARGAR EN PDF
La primera edición de Contagio social. Guerra de clases microbiológica en China la terminamos de preparar el 19 de marzo de 2020, mismo día en que el «aislamiento social preventivo y obligatorio» fue impuesto por el Estado argentino, motivo por el cual dicha edición solo circuló en formato digital. Al momento de poder publicar el libro finalmente en papel, nos pareció oportuno incluir, además del prólogo que realizamos para la primera edición, algunas reflexiones propias en torno a la pandemia de Covid–19 y el impacto de las medidas tomadas en este país, así como en gran parte del mundo.
Es por ello que agregamos como anexo nuestro boletín La Oveja Negra nro. 69: Coronavirus y cuestión social, del 6 de abril de 2020.


«Este momento, aunque lleno de temor, ha hecho que todos se hagan simultáneamente algunas profundas preguntas: ¿qué me sucederá a mí? ¿A mis hijos, a mi familia y a mis amigos? ¿Tendremos suficiente comida? ¿Me pagarán?  ¿Pagaré el alquiler? ¿Quién es responsable de todo esto? De una manera extraña, la experiencia subjetiva es algo así como la de una huelga de masas, pero una que, en su carácter no–espontáneo, de arriba hacia abajo y, especialmente en su involuntaria hiperatomización, ilustra los enigmas básicos de nuestro estrangulado presente político de una manera tan clara como las verdaderas huelgas de masas del siglo anterior dilucidaron las contradicciones de su época. La cuarentena, entonces, es como una huelga vaciada de sus características comunales pero que es, sin embargo, capaz de provocar un profundo choque tanto en la psique como en la economía. Este hecho por sí solo la hace digna de reflexión.»

Sitio web de Lazo Ediciones

lunes, 6 de abril de 2020

Fe en la ciencia

En este contexto, parece que es la ciencia la que ha tomado el comando de la situación, la que viene a traer certezas en medio del caos, a salvarnos de la catástrofe. Pero esta idea, cinematográfica por cierto, de una ciencia que despliega todo su potencial para garantizar la salud de las personas es algo que necesitamos quebrar definitivamente. La tecnociencia, tal como caracterizamos el estado actual del conocimiento racional, es un sistema complejo empresarial-técnico-científico y constituye una de las múltiples y simultáneas facetas articuladas por la maquinaria capitalista. No es neutral en absoluto. No hay ciencia separada del Capital. Se han desarrollado en forma sinérgica, nutriéndose mutuamente.

No podemos olvidar que estos enviados de la Ciencia en la Tierra son los mismos que justifican el uso de agrotóxicos en esta misma región, que desarrollan no solamente las armas para las guerras sino también los medicamentos que nos enferman y matan, así como un sinfín de elementos que apuntalan este sistema aparentemente irracional.

El Capital produce expertos científicos como expresión plena de la división del trabajo. Definen el problema y demarcan la estrategia, aprovechando una de las tantas desposesiones que sostienen a la sociedad moderna: la quita de los saberes del cuidado y la preservación de la dinámica de lo vivo. Los especialistas cuantifican el mundo, ejercen una reducción matemática de lo real, creando modelos de entendimiento-dominación de la naturaleza humana y no-humana. Un saber que, al trascender el plano discursivo y devenir acción concreta, violenta la materialidad de modo irreversible.

Esta forma de comprensión del mundo asigna “propiedades” a los “objetos de estudio”, en este caso al virus, como poseedores de ciertas características absolutas, independientes del medio en el que surgen y despliegan su existencia. Todo se focaliza en el agente. La operación borra las condiciones materiales donde la acción se desarrolla. Se habla sobre el virus, la enfermedad y las medidas para la mitigación de las consecuencias, pero nunca de las relaciones sociales de producción y reproducción que incuban los acontecimientos.

Otro aspecto de la codificación que el saber dominante hace sobre el mundo es el de identificar a lo extraño como enemigo. Es el totalitarismo impuesto por la metáfora militar, el juego macabro de la defensa y el ataque, la destrucción sistemática de lo otro. Los gobiernos aplican la táctica, el cómo hacer del qué hacer impuesto por el ejército racional, y así ejecutan decisiones determinantes como declarar una cuarentena, parar tal o cual línea de producción, cerrar uno u otro establecimiento, obligar y desobligar al trabajo, perseguir, encerrar y torturar a quien no acata sus directivas.

La subordinación de las acciones a una determinada rama tecnocientífica es temporal y cambiante. Cuando se necesite otro tipo de acción sobre lo real, asumirá la conducción el saber experto que mejor se adapte al manejo de esa situación social particular. Se intercambian con la facilidad con que se reemplaza un repuesto. Porque son parte de lo mismo. Engranajes de este sistema que se ponen alternativamente al comando o a disposición. Que si es necesario hablan de las personas, del ambiente, del pasado, del futuro o de la vida, pero siempre con la calculadora en la mano.

lunes, 12 de junio de 2017

S.O.S.

El sábado 27 de mayo se realizó un SOS humano sobre las playas de Puerto Madryn, en el norte de la Patagonia Argentina. ¿Cuál fue el motivo de dicha actividad?: ¿la erosíón de las playas y litorales de toda la región? ¿el crecimiento del nivel del mar por el cambio climático? ¿la extinción de especies y la disminución de poblaciones marinas por la acción humana directa e indirecta?

No. El SOS fue realizado para alertar a la población acerca de la baja del presupuesto en ciencia y educación del gobierno nacional y sus contrapartes provinciales, y las personas que formaron las gigantescas letras fueron principalmente científicos y docentes universitarios.

Hace algunos meses se presentó el libro Un futuro sin porvenir. Por qué no hay que salvar la investigación ciéntifica, editado por Lazo Ediciones. Allí se compartieron opiniones sobre este resurgir de movimientos en defensa de la ciencia, justo en el momento histórico en donde es más claro que nunca que esta ha sido responsable directa no solo de la catástrofe ambiental y la guerra, sino también de la creciente mercantilización de todos los aspectos de nuestras vidas.

Comprendemos la necesidad y el malestar que atraviesa cualquier trabajador cuyo puesto de trabajo peligra. Pero, como ya hemos dicho en numerosas ocasiones, no tenemos que confundir la defensa de la fuerza de trabajo con la defensa de la fuente de trabajo y el Estado que valida, norma y regula esa condición, cuando no es él mismo nuestro empleador. La situación de los proletarios de la empresa científica es sin lugar a dudas precaria, pero no podemos dejar pasar que ha sido justamente la ciencia la que, con su desarrollo de maquinaria, sistemas y técnicas ha precarizado notablemente la situación de la totalidad de los y las trabajadoras.

* * * 

El sábado 17 de junio a las 17 horas, nos encontraremos nuevamente conversando sobre Un futuro sin porvenir, y la cada vez más necesaria crítica de la ciencia, en el Ateneo Anarquista de Constitución, ubicado en Brasil 1551, en la Ciudad de Buenos Aires.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

PRESENTACIÓN DEL LIBRO UN FUTURO SIN PORVENIR. POR QUÉ NO HAY QUE SALVAR LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA

Publicado por Lazo Ediciones, con la colaboración y prólogo de la agrupación La Unidad, el día miércoles 30 de noviembre se realizó una presentación conjunta en la Facultad de Ciencias Exactas, Ingenería y Agrimensura de la UNR del libro Un futuro sin porvenir. Por qué no hay que salvar la investigación científica del grupo francés Oblomoff.

El libro consiste en una recopilación de varios de los textos reflexivos y de agitación que el grupo Oblomoff ha venido realizando desde el 2004. A lo largo éstos nos encontramos con una profunda crítica de la Ciencia y el sistema científico-tecnológico, que busca enfrentar grandes mitos arraigados a través de la historia que, como en el caso de su supuesta neutralidad, nos alejan de preguntarnos el porqué de la necesidad de la investigación científica, de sus fines y sus medios, o del tipo de mundo que contribuye a forjar y perpetuar.
Con sus escritos e intervenciones buscan poner en cuestión las nociones de investigación pública y «ciencia pura», así como el concepto mismo de Progreso, sugiriendo que la ciencia moderna ha sometido la curiosidad humana por la comprensión del universo a las necesidades del desarrollo capitalista, reduciendo así la realidad a simples mecanismos y números.

Mientras la ciencia ha sido indispensable para el desarrollo capitalista sobre la vida humana y la naturaleza, se la sigue situando como posible herramienta de transformación. Por este motivo, y frente al brutal empeoramiento de nuestras condiciones de vida, estas reflexiones se vuelven cada vez más imprescindibles en el seno de nuestras luchas.

Como dicen los compañeros de La Unidad en su prólogo: «No podemos seguir pensando cómo sería posible mejorar la maquinaria capitalista. Tampoco es posible ralentizarla, es necesario detenerla abruptamente. Los pozos petrolíferos en los pantanos del Delta del río Niger, los trenes de alta velocidad entre Turín y Lyon, los parques eólicos en el Istmo de Tehuantepec, las minas a cielo abierto en Andalgalá, las autopistas en el TIPNIS boliviano, son solo algunos de los proyectos que han suscitado duras resistencias entre los habitantes de esas regiones. De la mano de todas estas expresiones van proliferando también iniciativas como la del Grupo Oblomoff y otros compañeros a lo largo del mundo, que aportan con acciones y escritos a reflexionar sobre la profunda necesidad de poner un freno. Esperamos poder contribuir a ese esfuerzo con esta edición.»

sábado, 17 de septiembre de 2016

LLEGAN LOS CYBORG

El primer ser humano reconocido como cyborg estará de visita por la Argentina a mediados de octubre, para participar de un Encuentro Internacional de Diseño en Mar del Plata llamado Trimarchi. No se trata de un relato de ciencia ficción. Los cyborgs existen, están entre nosotros y son menos estrambóticos de lo que prometían las películas. El acrónimo cyborg proviene de cyber (cibernético) y organism (organismo), y Neil Harbisson es la primera persona en el mundo reconocida como tal por un gobierno. Nacido con acromatopsia (solo percibía los valores blancos, negros y grises) decidió solucionarlo implantándose una antena en la cabeza de forma permanente. Esta le permite oír las frecuencias del espectro de luz incluyendo colores invisibles para el resto de los mortales, como infrarrojos y ultravioletas, desarrollando, según los organizadores del evento, «una sinestésica teoría del color y el sonido que no podíamos dejar de compartir». Sucede que esta criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos viene en calidad de artista y activista, acompañado por otra artista y activista cyborg llamada Moon Ribas, quien posee un implante sísmico online en su brazo que le permite percibir terremotos mediante vibraciones en tiempo real en cualquier lugar del planeta, que aplica a sus coreografías. También pertenece a la Cyborg Foundation, una organización especializada en facilitar a los humanos el deseo de convertirse en cyborg.

No vamos a opinar de sus disciplinas artísticas sino de su actividad política, del transhumanismo y de la coartada políticamente correcta con la cual buscan difundir su propuesta: «El ser humano está destinado a convertirse en cyborg; llevamos siglos usando la tecnología como herramienta y el siguiente escalón es que pase a ser parte de nuestro cuerpo». Claro, siempre que se pueda acceder a la megamáquina tecnológica que cumpla los caprichos de quien quiera ser un transhumano. Ya desde hace años en el ámbito feminista circula el Manifiesto Cyborg escrito por Donna Haraway, donde afirma que: «El cyborg es una criatura de un mundo posgénero; no tiene nada que ver con la bisexualidad, la simbiosis preedípica o el trabajo no alienado». Nuevamente se intenta dar un contenido positivo a esta pesadilla capitalista.

Zoltan Istvan, líder del Partido Transhumanista en Estados Unidos, es aún más claro: «Un día, nuestra herramienta será la inteligencia artificial y la herramienta nos reemplazará. Por supuesto, nos convertiremos en parte de la herramienta. Nos convertiremos en parte de la tecnología y nos fundiremos con ella». Promete que así viviremos más de quinientos años y que desaparecerá la discriminación porque podremos cambiarnos de sexo o de color de piel cada semana gracias al desarrollo de la nanotecnología. Suena escalofriante, aunque ridículo, y sin embargo es el extremo de un razonamiento que no tarda en extenderse.

Los obedientes de nuestra época —caracterizada por el dogma imperturbable de dudar de todo y de todos con su necesaria dosis de indeterminación—, se arrodillan ciegamente ante la ciencia y toda la tecnología que la hace posible. Los interminables y fofos debates sobre poderes, micropoderes y macropoderes muestran su verdadero carácter al confiar sus esperanzas y sus vidas en manos de la institución médica, de las multinacionales farmacéuticas y del mismo Estado. Sea con terribles definiciones de sometimiento como la de Istvan, o con la infinidad de indefiniciones propias de aquellos que quieren “liberarse” a fuerza de tecnología, todos acompañan los delirios productivos de esta época decadente. Por el momento vamos a ahorrarnos las tentadoras suposiciones sobre un mundo en el cual la cantidad de estos personajes sea cada vez mayor, pero no vamos a pasar por alto la peligrosidad de esta proposición ya en marcha y la realidad que la hace posible.

Los intentos de los seres humanos por transformarse a sí mismos no son hechos recientes sino todo lo contrario, parecería ser propio de la condición humana. Sin embargo, ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar? Los transhumanistas apoyan la emergencia de la nanotecnología, la biotecnología y las posibilidades de la inteligencia artificial. Desde una perspectiva emancipatoria afirmamos que esos desarrollos son solo necesarios para el Capital. Sucede que la asimilación de la lógica capitalista por parte de cada persona y su determinación en cada una de las relaciones sociales hace pasar sus necesidades como las nuestras: es su coartada perfecta. No sabemos cuáles serían nuestros deseos si el Capital no existiese, y este tipo de elucubraciones tampoco aportan demasiado. Lo que sí es fundamental es pensar qué es lo que necesita este sistema asqueroso para mantenerse en su posición dominante, así como entender que muchas de las necesidades que se nos plantean como tales no son ni naturales ni eternas para nuestra especie. El progreso burgués no debe ser cambiado de manos, no tenemos manera de administrar y gestionar algo que desde un comienzo existe no solo a pesar de nosotros sino contra nosotros, los oprimidos y explotados del planeta entero.

Nos ponemos en alerta ante un nuevo atropello a nuestra condición de seres humanos, a nuestra especie toda. Maximilien Rubel en su artículo Contra el pacifismo nuclear afirmaba: «Si es técnicamente posible hacer una cosa, esta debe hacerse. Si es posible fabricar armas nucleares, deben fabricarse aunque se corra el riesgo que nos destruyan a todos. Si es posible ir a la Luna o a otros planetas, debe irse aunque queden muchas necesidades insatisfechas en la Tierra. (…) Todo lo que la tecnología hace posible, lleva consigo la obligación de realizarlo». Sabemos cómo funciona el capitalismo a través de la tecnología. Desde el momento en que “gracias” a los teléfonos móviles existe la posibilidad de ser localizables de forma permanente, esto se nos impone socialmente como una obligación, los mismos localizados contribuimos a hacer cumplir tal condena.

Si no luchamos contra las condiciones materiales que garantizan la explotación y la dominación de la ganancia sobre la vida, con su necesario racismo, machismo y diferentes maneras de desprecio entre seres humanos, acabaremos ajustando nuestros cuerpos a las necesidades del mercado, de los designios tecnológicos, y no seremos ya tratados como cosas, seremos literalmente cosas.

lunes, 11 de julio de 2016

TECNÓPOLIS, LA RENDICIÓN DE LA CULTURA A LA TECNOLOGÍA

Lino Barañao, ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación del gobierno anterior, ha desempeñado muy bien su función y al día de hoy, con el cambio de gestión gubernamental, continúa en su mismo puesto. Desde aquí no olvidamos que fue quien en una entrevista realizada por Hebe de Bonafini, titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, para el programa Pariendo Sueños en su emisión del 15 de agosto de 2011, respaldó el uso del glifosato argumentando que sirve para matar las malezas que crecen alrededor de las plantaciones. Cuando se le comentó que este herbicida también mata personas, Barañao replicó: «No está probado. Hay gente que se ha tomado un vaso de glifosato, para suicidarse, y no le ha pasado nada», y se atrevió a decir además que el glifosato causa el mismo daño que el “agua con sal”. Debido a su función estatal, es portavoz oficial de Tecnópolis y ante la continuidad de lo que se consolidó como un bastión del gobierno anterior respondió afirmativamente: «Tecnópolis es un derecho adquirido para el ciudadano común y es algo que no podemos perder. Y, como es un derecho adquirido, tiene que seguir siendo gratuito.»

Técnopolis es el nombre de una megamuestra —la más grande de América Latina— de ciencia, tecnología, industria y arte con sede en Buenos Aires, más precisamente en el Parque del Bicentenario, inaugurada en julio de 2011 por Cristina Fernández de Kirchner. Es también el nombre de un libro que Neil Postman escribió en 1993 y que lleva por subtítulo La rendición de la cultura a la tecnología. Este nos dice que: «El ordenador redefine a los humanos como procesadores de información y a la propia naturaleza como información que ha de ser procesada. El mensaje metafórico fundamental del ordenador, en resumen, es que somos máquinas; máquinas pensantes, sin duda, pero máquinas al fin y al cabo. Por esta razón el ordenador es la máquina casi perfecta, incomparable, la quintaesencia de Tecnópolis.» Por su parte Adrián Paenza, matemático estrella y animador de feria en Tecnópolis, decía a cientos de niños que las matemáticas son importantes porque «al fin y al cabo somos números». Una vieja idea difundida de que el mundo es naturalmente matemático, pero hay una gran diferencia: es el ser humano quien lo matematiza, más precisamente el recientísimo ser humano de esta época. La lógica emanada de las relaciones sociales capitalistas hace creer que se esconde una ley matemática en todo lo que vemos. Pero los seres humanos no somos números ni las relaciones sociales son matemáticas.

Tecnópolis no fue un acierto del kirchnerismo mientras que el “permiso” a Monsanto fue un error. Una cosa es inseparable de la otra y no simplemente porque ambas estén avaladas desde el mismo despacho sino porque ambas son parte de la misma lógica que emana de una sociedad que antepone la ganancia a la vida.

Queremos compartir algunas reflexiones urgentes en esta época de optimismo tecnológico, de confianza en que gracias a las máquinas tendremos un mundo mejor, que las nuevas tecnologías de la información resolverán nuestras vidas. No sin antes dejar otra cita de Postman:

«En este vacío entra el relato de Tecnópolis, con su énfasis en el progreso sin límites, en derechos sin responsabilidades y en tecnología sin costos. El relato de Tecnópolis carece de centro moral. En su lugar coloca la eficacia, el interés y el avance económico. Promete el cielo en la tierra gracias a las ventajas del progreso tecnológico. Descarta todos los símbolos y narraciones tradicionales que sugieren estabilidad y disciplina, y habla, en su lugar, de una vida de técnicas, pericias mecánicas y del éxtasis del consumo. Su objetivo es producir funcionarios para una Tecnópolis en curso.»

Debemos remarcar que la investigación científica sirve ante todo al poderío económico, con especial importancia en lo militar y represivo, y no para que el conocimiento avance. La supuesta voluntad de saber es la coartada perfecta que intenta hacernos aceptar la competición económica internacional y la carrera armamentística. Claro que es importante un corpus de conocimientos establecido con rigor, al igual que la elaboración de técnicas para la vida humana, pero ello es marginal en la publicitada investigación, ese discurso solo viene a justificar todo lo antes nombrado.

La investigación actual produce saberes separados, los conocimientos científicos impiden que entendamos lo que hacemos todos los días, desde “nuestras” herramientas de trabajo a los objetos de consumo que hemos naturalizado como parte de nuestra cotidianeidad. Con la objetividad como coartada, la investigación científica ampara e impulsa una lógica de la separación de los ámbitos de nuestra existencia. ¿Y cómo une lo separado? Con los novedosos, y ya obligatorios, equipos multidisciplinarios. Donde especialistas de cada asunto se unen para un mismo objetivo que no es sino el mantenimiento de la normalidad y la ganancia, con la fachada de solucionarnos la vida. Han agravado considerablemente los problemas de la humanidad, degradando el planeta que habitamos y acentuando el control social, en la carrera por transformar cada vez más a la humanidad en una acumulación que solo bastaría explotar, administar y gestionar. Llegan inclusive al cinismo de admitir los daños que la ciencia y la industria —matrimonio indivisible— producen a nuestro planeta y a nosotros con él. Están dando lugar a una epidemia de cánceres, alergias y nuevas enfermedades y, lejos de denunciar las causas de estos males, se dedican a parchear a los humanos para adaptarlos a este planeta enfermo.

Producidos como cualquier mercancía, los frutos de la investigación están designados por las necesidades de la ganancia, y así también por el apuro, el fraude, la falsificación y la ausencia de reflexión de conjunto.

«El tótem de la ciencia pura tiene como función precisa enmascarar: pasar por alto una realidad (el trabajo de investigador, sus condiciones de producción, su financiación, sus consecuencias prácticas) para erigir una figura idealizada, provista de todas las virtudes (valentía, abnegación, genialidad) y al servicio del bien y de la humanidad. Según esta imagen religiosa y mesiánica de la ciencia, todos los efectos catastróficos que puedan señalarse serán considerados invariablemente meras desviaciones respecto al modelo científico puro, improbable híbrido de Galileo, Pasteur y Hubert Reeves. Ahora bien, la realidad es exactamente lo contrario: los escasos ejemplos de investigaciones desinteresadas y no recuperables de forma inmediata por la industria y el ejército son las verdaderas desviaciones, las anomalías, los parásitos del sistema. En numerosos casos, los investigadores no conocen las conclusiones finales de su trabajo, y a menudo ni siquiera intentan conocerlas. Identificarse con Galileo les basta para dormir tranquilos y para resolver todos los dilemas que pese a todo podrían surgir de su práctica cotidiana.» (Un futuro sin porvenir... Grupo Oblomoff)

En esta reciente apología de la ciencia y de su nacionalización y estatización muchos nos hablan, ya desde el gobierno anterior, de la superada “fuga de cerebros”, de los brillantes científicos que debieron emigrar y que volvieron porque vuelve a haber dinero para la investigación. Ahora el fantasma de la falta de becas o dinero para investigación reaparece. Y se esquiva, conscientemente, reflexionar sobre la investigación, sus medios y sus fines, del mundo que contribuye a forjar y perpetuar. El mito de una ciencia pura e independiente obnubiló a un sector de la población votante así como la recuperación de «los goles secuestrados» (CFK dixit) mediante el “Fútbol para todos”. Otros se dejan deslumbrar con promesas de alegría.

Tecnópolis es algo más que una mera muestra de ciencias, es parte de la ideología dominante y toda su fuerza material. Para nosotros no se trata de acercar la ciencia a los explotados sino de acabar con la lógica de los explotadores.

Y para que nadie se alarme por estas palabras, advertimos que lo catastrófico no son nuestras reflexiones sino la situación actual.

lunes, 6 de junio de 2016

HABLANDO CON LAS PAREDES: «50.000 BECAS O LAVAR PLATOS»

Los inconformes hacen hablar a las paredes para reflexionar, para agitar, para sorprender al transeúnte distraído. Nosotros queremos hablar con las paredes para profundizar lo que gritan.

Hay personas que lavamos platos, lavamos vasos y cubiertos, lavamos pisos y vidrios, y lo hacemos por dinero. Una actividad sumamente degradante para ciertos profesionales de la ciudad que se ven representados por este stencil pintado frente a la Universidad Tecnológica Nacional (Facultad Regional Rosario).

¿No es irónico que aquellos cuyo oficio consiste en el control del proceso de trabajo, la gestión de los “recursos humanos” y la eficiencia en los tiempos de producción —criterios a los que ellos mismos se ven sometidos—, se escandalicen porque una nueva gestión gubernamental pueda prescindir de ellos bajo la misma lógica? ¿No es tremendamente curioso, por no decir egoísta, luchar contra la precarización individual (o de gremio) contribuyendo a la precarización de los demás explotados?

No, porque cuando cada uno lucha por sus pequeños y mezquinos intereses el resto «que se arregle». Muchos ciudadanos han asumido como propia la competencia despiadada que ofrece el mercado ¡y con qué ímpetu compiten!

Cada asalariado tiene la necesidad de intentar mejorar sus condiciones de vida dentro del capitalismo. Las luchas salariales serán ineludibles y necesarias mientras exista el salario; sin embargo, hay un gran trecho entre reconocer esta necesidad y vociferar sobre “salario digno”. Y ese trecho se transforma en un abismo cuando se entra en una lógica de prestigio profesional y se denigra a los proletarios “no cualificados”.

El Capital sólo puede sobrevivir a costa de ajustes de cinturones cada vez más apretados y masacres cada vez más despiadadas. Pero para esto también precisa de una imbecilidad cada vez más masiva y de un egoísmo que esté a la altura de las circunstancias.

lunes, 7 de marzo de 2016

ZIKA: CIENCIA Y PARANOIA

El anuncio de una enfermedad contagiosa siembra el pánico y la desorientación entre la población. El escenario perfecto para que el Estado haga su entrada triunfal para salvarnos de nosotros mismos, de nuestra supuesta ignorancia. Tras él, el batallón de vacunas y antibióticos de la monstruosa industria farmacológica, las medidas de seguridad, el control y la catarata informativa nos deja paralizados ante su complejidad o confusión.

En la década pasada hicieron su aparición la cepa de la Influenza H1N1, la “gripe aviar” y el SARS, durante los 90 del siglo pasado el rebrote del cólera y, desde décadas atrás, los persistentes HIV, dengue y Hepatitis B y C. Esta vez es el turno del Zika.

De origen africano, nos dicen, este virus se transmitiría entre seres humanos en gran medida mediante las picaduras del mosquito Aedes aegypti, aunque afirman que también se produciría su contagio de manera reproductiva y sexual. Una vez en el organismo, y tras entre 3 y 12 días de incubación, generaría una enfermedad llamada Fiebre del Zika, con numerosos síntomas —bastantes similares a los del dengue— pero que, en personas sanas y con una buena dieta, no provocaría casos fatales. Sin embargo, su posible correlación con el síndrome de Guillain–Barre —enfermedad autoinmune que produce microcefalia— es lo que presupone el grado de paranoia y disciplinamiento que están intentando inocularnos tanto medios de comunicación como organismos estatales latinoamericanos.

En Rosario el Estado aparece presencialmente en los barrios, fumigando y haciendo el ridículo vaciando recipientes con agua en las casas (dicen que para prevenir la reproducción del mosquito) a metros de las zanjas. Lo importante es que salga por la tele y que papá Estado lleve la tranquilidad a los hogares.

En todas partes, por la razón o por la fuerza, “recomiendan” a los ciudadanos un uso eficiente y racional del agua y estándares de limpieza más estrictos. En Brasil, la recomendación ya la dio el ejército rompiendo puertas y entrando en las casas de los proletarios, como hicieron apenas un tiempo atrás.

Como en cada uno de estos furores virósicos, el Zika también ha originado enormes controversias. Muchos científicos han advertido que no existe tal relación con la microcefalia y que se está utilizando el virus como tapadera de desastres provocados por el uso de determinados pesticidas. Otras teorías involucran malformaciones ocasionadas por la vacuna TdaP o recombinaciones causadas por mosquitos genéticamente modificados para que resistan al dengue. Estas voces disidentes son regularmente catalogadas como conspiranoicas, es decir, crédulas a todo tipo de conspiraciones de forma paranoica. En general, con contadas excepciones de personalidades de renombre académico, aquellos que se arriesgan a contradecir las versiones oficiales sobre estas pandemias son suspendidos, despedidos y lanzados al ostracismo. Sin embargo, su destino no garantiza la verdad de sus afirmaciones.

La Fiebre del Zika tiene efectos beneficiosos para la industria farmacológica y el creciente control estatal, por ello no nos sorprendería si esto no fuera una mera casualidad. ¿Pero qué sentido tiene suponer conspiraciones planeadas con minuciosidad por las tres familias más ricas del planeta? ¿Qué sentido tiene suponer que la peste capitalista depende solamente de un puñado de millonarios cuando en realidad se trata de una relación social mundial y los responsables no son una centena que vive en una fortaleza sino miles de capitalistas que habitan las mismas ciudades que nosotros? Sea previsto o imprevisto lo indudable es que los burgueses procurarán lucrar lo más posible como hacen siempre…

Con los mismos fines lucrativos, a través de la ciencia y la tecnología, han desplegado un nivel de control formidable, aunque no absoluto, sobre los fenómenos humanos. Los virus se han convertido entonces, en un objetivo central de hordas de investigadores independientes, burócratas de la ciencia estatal, compañías farmacéuticas y de su cada vez más numeroso ejército de académicos asalariados.    

El desafío de poder ejercer un control sobre los virus —en tanto que formas de existencia bisagra entre la vida y la no–vida— forma parte de la arrolladora carrera de la competencia capitalista en pos de la mercantilización de más y más esferas y de la gestión de todo proceso evolutivo, sea biológico, climático o geológico. Que se pueda conocer más a un virus, cercarlo geográficamente, mapear su ARN, combatir sus vectores y, en el mejor de los casos, erradicarlo y almacenarlo en laboratorios (como fue el caso de la viruela), no es entonces ninguna victoria para la humanidad toda. Es, en todo caso, una demostración palpable de que ya existe un control tan intenso sobre nuestra especie que ahora incluso van a por nuestros patógenos.

La desposesión sin fin que experimentamos los explotados de este mundo reviste, en materia de ciencias biológicas, un panorama desolador. Sin saber a quién creer, si a científicos oficiales o disidentes, y casi sin herramientas para tener una posición autónoma frente a estos fenómenos, parecería no quedarnos más opción que someternos a las campañas estatales. Así nos vacunamos religiosamente o usamos en nuestros trabajos y nuestras casas químicos que ni sospechamos qué son. Nos hemos acostumbrado peligrosamente a decir que si.

En nuestros cuerpos sólo el 10% de nuestras células contienen nuestra información genética o, para decirlo de otra forma, son humanas. Bacterias, parásitos y virus son tan constituyentes de nuestra existencia, que el solo hecho de pensar en un nosotros y un ellos, en un individuo y un ambiente, es una prueba fehaciente de cuán calado hasta el tuétano tenemos al cartesianismo, racionalismo, empirismo, positivismo y todas las demás sectas científicas con sus propias religiones. Estas son las verdaderas enfermedades, esto es lo que debemos extirpar para siempre.