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martes, 21 de julio de 2026

DIOS Y LA IA. SOBRE LA ENCÍCLICA PAPAL

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«Magnifica Humanitas» [Magnífica Humanidad], con el subtítulo «Sobre la custodia de la persona  humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial», es la primera encíclica publicada por el nuevo líder máximo de la Iglesia Católica a fines de mayo de 2026 «con motivo del 135º aniversario de la Rerum Novarum», aquella que alertaba sobre los peligros de la creciente lucha obrera y proponía contener al proletariado para garantizar su explotación y la paz de la propiedad privada.

Necesariamente, Robert Francis Prevost alias “León XIV”, no cuestiona los fundamentos del problema sino su superficie. Aparenta profundidad al solicitar una regulación de las nuevas tecnologías digitales junto con el señalamiento de quiénes detentan el poder sobre la IA y hacia qué fines la orientan. Además agrega una obviedad: las nuevas tecnologías no son neutrales, porque responden a los intereses de sus diseñadores y financiadores. Cierto, las viejas tampoco.

Su planteo de “desarmar” la IA, es decir, de liberarla de las lógicas de dominio, explotación y guerra para ponerla al servicio del bien común es, cuanto menos, ilusa. Sucede que en boca de un líder de tamaña autoridad no se trata de un acto de inocencia.

Está claro que la hiperconexión nos expone a una sobrecarga de estímulos poco y mal digeridos que nos deja impotentes en tanto espectadores. Es también el caso de la indignación permanente, el impacto del horror sin reflexión abruma y paraliza. El nuestro no es un debate espiritual y mucho menos al interior del cristianismo. Ese es el marco ideológico en el cual se da la actual contienda entre las autoridades del Vaticano y las de Silicon Valley, representada por figuras como Peter Thiel y corporaciones como Palantir, con su obsesión por el “anticristo”. Abordaremos la cuestión del desarrollo tecnológico y, en particular, la inteligencia artificial desde una perspectiva materialista sobre lo que continuaremos indagando en los próximos números, puntualizando en el polémico “Manifiesto Palantir”.

«¿Quiénes tienen razón, los idealistas o los materialistas? Una vez planteada así la cuestión, vacilar se hace imposible. Sin duda alguna los idealistas se engañan y/o los materialistas tienen razón. Sí, los hechos están antes que las ideas; el ideal no es más que una flor de la cual son raíces las condiciones materiales de existencia. Toda la historia intelectual y moral, política y social de la humanidad es un reflejo de su historia económica.» Así comienza nada más y nada menos que Dios y el Estado de Mikhail Bakunin…

«Sobre la situación de los obreros»

«Rerum novarum» [«De las cosas nuevas» o «De los cambios políticos»] lleva por subtítulo «Sobre la situación de los obreros» y, al igual que en esta nueva oportunidad, la propuesta es ordenar y pacificar. Para los reformistas de toda religión, incluso las ateas, la clave está en pensar en cómo distribuir mejor sin jamás cuestionar el modo de producción.

Podría parecer una tarea inútil confrontar las posiciones de una institución decadente, sin embargo su perspectiva es representativa de todo un arco político alineado con el progresismo, el obrerismo y la romantización de la pobreza.

Con motivo de una ocasión en que la CGT y otros sectores llamaron a marchar a la procesión de la Virgen de Luján, en La Oveja Negra nro. 59 publicábamos:

Solo cinco años después de aquel mayo por el cual aún conmemoramos el 1° de mayo, más precisamente el 15 de mayo de 1891, el papa León XIII promulgó la encíclica «Rerum novarum». En esta carta no invitaba a quemar a los rebeldes en una hoguera sino a calmarlos apoyando su derecho laboral de «formar uniones o sindicatos», reafirmando también su apoyo al derecho de propiedad privada.

El segundo punto de la encíclica «Rerum novarum» es muy claro al respecto: «Para solucionar este mal, los socialistas, atizando el odio de los indigentes contra los ricos, tratan de acabar con la propiedad privada de los bienes, estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean comunes (...) Pero esta medida es tan inadecuada para resolver la contienda, que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras; y es, además, sumamente injusta, pues ejerce violencia contra los legítimos poseedores, altera la misión de la república y agita fundamentalmente a las naciones.»

En aquello de «los legítimos poseedores», hoy podemos ver acuerdos con otro autopercibido “león”, que gobierna este país. Hablan como si la propiedad privada fuese un hecho natural o divino, pero nunca histórico. Cuando, en cambio, se trata de una historia de desposesión, resistencia y explotación.

El punto 15 de la antigua encíclica nos despeja toda duda celestial de la función terrenal de la religión: «para acabar con la lucha y cortar hasta sus mismas raíces, es admirable y varia la fuerza de las doctrinas cristianas. En primer lugar, toda la doctrina de la religión cristiana, de la cual es intérprete y custodio la Iglesia, puede grandemente arreglar entre sí y unir a los ricos con los proletarios, es decir, llamando a ambas clases al cumplimiento de sus deberes respectivos y, ante todo, a los deberes de justicia. De esos deberes, los que corresponden a los proletarios y obreros son: cumplir íntegra y fielmente lo que por propia libertad y con arreglo a justicia se haya estipulado sobre el trabajo; no dañar en modo alguno al capital; no ofender a la persona de los patronos; abstenerse de toda violencia al defender sus derechos y no promover sediciones».

El 1° de mayo, «fiesta de san José obrero» así llamada por los comehostia, pero de 1991, otro funcionario eclesiástico conocido como “Juan Pablo II”, con ocasión del Centenario de «Rerum novarum» promulgó la «Centesimus annus» [«Centenario»], donde venía a reafirmar el progra-
ma invariante de la burguesía: contención de las luchas del proletariado y defensa de la propiedad privada.

La “Doctrina Social de la Iglesia” y su fin último de «la construcción de la Civilización del Amor» (sic) no es más que la justificación espiritual del modo de producción capitalista acá en la Tierra. A fin de cuentas, su reino sí es de este mundo.

«Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial»

Cabe señalar la construcción del relato a posteriori. Ya en la presentación de «Magnifica Humanitas», León XIV dice que hace 135 años un predecesor suyo «observó la situación de los obreros, de sus familias desarraigadas y las nuevas formas de pobreza generadas por la rápida transformación industrial», dicho así y como repiten todos los progresistas de hoy, parece que se trató, en plena Revolución Industrial, de un cuidado de los trabajadores cuando en verdad era un llamado de alerta para la burguesía.

La preocupación de la Santa Sede es que «hoy nos enfrentamos a una transformación de dimensiones similares, con consecuencias tal vez aún mayores. La inteligencia artificial ya afecta muchos ámbitos de nuestra vida e incide en decisiones que moldean la convivencia humana. También está cambiando de manera dramática la forma en que se libra la guerra». Si hacemos una crítica, es porque su forma de abordar el problema es, lamentablemente, muy representativa tanto del ciudadano de a pie como de los movimientos sociales.

La Iglesia alerta por el «riesgo de deshumanización, [es decir] construir el futuro excluyendo a Dios y reduciendo al otro a un medio» (punto 10). Vemos aquí que “lo humano” es un significante vacío que cada quien puede llenar de acuerdo a sus creencias. La Iglesia incluye a Dios, otro dirá que se trata de ser esencialmente solidarios y otro propondrá la competencia o la supervivencia del más fuerte. Si, tal como señala la Encíclica, «hemos llegado a conocer al hombre en estado puro: (…) ese ser capaz de inventar las cámaras de gas de Auschwitz, pero también (…) que ha entrado en esas mismas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shemá Israel en los labios» (21), ¿qué significa «custodiar lo humano»? ¿Cuál de los dos humanos? ¿El torturador o el torturado?

Sucede que, necesariamente, el enfoque cristiano no ve determinaciones sociales sino: «La corrupción moral de nuestro límite creatural ‒el mal que evidentemente agita el corazón del hombre‒ arruina la sociedad y la vida» (21). Respondemos que si el otro se transforma en un medio, es decir, es cosificado, no es porque el mal habita en nuestra alma, sino porque el alma de este mundo es la ganancia. Por tanto, las manifestaciones inmediatas son la competencia y la cosificación propias de esta sociedad.

«El riesgo no es sólo que algunas tecnologías se usen mal, sino que el paradigma tecnocrático en el que estamos inmersos, potenciado por la revolución digital y la IA, haga parecer justa y normal una visión antihumana, según la cual la plenitud de la vida consistiría en tener más, reducir la fragilidad, eliminar lo imprevisto y controlarlo todo.» (112) La pregunta es: ¿por qué alertarse ahora y no antes? Lo mismo podría achacarse a la existencia del dinero, motivo por el cual existe el desarrollo de la IA. Sin embargo, se da por humano y natural el presente y se teme a un futuro “antihumano”. Se da por sentado al individuo producto de esta sociedad como una creación de Dios no adulterada que podría ser arruinada en breve. Vemos que, generalmente, toda crítica de lo existente es un rechazo de los cambios, una defensa del presente (y del pasado reciente) en tanto orden natural. Como señaló Karl Marx «ven en él, el punto de partida de la historia, porque consideran a dicho individuo, como algo natural, en consonancia con su concepción de la naturaleza humana, y no un producto de la historia, sino un dato de la naturaleza.» (Introducción general a la crítica de la economía política)

Si el transhumanismo y el posthumanismo postulan «la centralidad de la técnica y el sueño de superar los límites de la condición humana» (116) es porque son expresiones concretas y extremistas de la sociedad capitalista. Esta considera que no existen los límites y es gracias a esa fantasía que busca el desarrollo y la ganancia al infinito, aunque permanentemente se tope con obstáculos materiales.

La sociedad capitalista constituye un modo en que los seres humanos organizamos nuestra reproducción, histórico y por lo tanto transitorio, en el que el producto de nuestro trabajo se ha convertido en el sujeto mismo de la sociedad. Nos reproducimos reproduciendo al Capital, y de allí brota la forma peculiar que tiene el desarrollo de la técnica bajo su dominio. El Capital es algo que los seres humanos nos hacemos a nosotros mismos. Por tanto, el desarrollo de la IA no se trata de «una construcción grandiosa, pero inhumana» (129), sino de un desarrollo humano, muy humano.

«La dignidad del trabajo en la transición digital»

«Desde el nacimiento de la Doctrina social, con la Rerum novarum, la Iglesia ha llamado la atención sobre la protección de los trabajadores y la necesidad de combatir toda forma de explotación» (148) dice la Encíclica.

Los materialistas, siguiendo la crítica de la economía política desarrollada por Karl Marx, comprendemos que la reproducción de la sociedad capitalista está orientada hacia la máxima obtención de ganancia posible, y que la principal fuente de ganancia es el plusvalor, que se produce a través de la explotación del trabajo asalariado. Por tanto, la explotación no es simplemente un trabajo precario y mal pagado, lo que efectivamente es el caso de la inmensa mayoría de los asalariados y precarizados del planeta. El Capital explota al proletariado en su conjunto, incluso allí donde la iglesia y el progresismo consideran justas las condiciones de compra y venta de la fuerza de trabajo.

El Dios torturador y misógino del Antiguo Testamento nos decía en el «Génesis»: «Por cuanto le hiciste caso a tu mujer, y comiste del árbol del que te prohibí comer, ¡maldita será la tierra por tu culpa! Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida. (…) Te ganarás el pan con el sudor de tu frente». Sin embargo, hasta el año 2026 continúan insistiendo con la dignidad del trabajo, aquel trabajo que fue encomendado como castigo: «el trabajo no es un simple instrumento, sino que expresa y acrecienta la dignidad de nuestra vida. Es una necesidad inherente a la condición humana». (149)

El engaño es absoluto: «la innovación suele acogerse únicamente con el fin de reducir costes y aumentar los beneficios» (151). ¡¿Suele”?! Es la única finalidad de desarrollar tecnología en nuestra sociedad y es el gran problema del Capital: a la vez que depende del trabajo humano como creador de plusvalor, incesantemente reduce la cantidad de trabajo incorporada en cada mercancía, mediante el uso de maquinaria y modernización de la producción.

«El objetivo de obtener mayores beneficios no puede justificar decisiones que sacrifiquen sistemáticamente el empleo, porque la persona humana es un fin y no un medio, y el orden económico debe permanecer subordinado a su dignidad y al bien común.» (152) Todo eso podrá ser en el Cielo o en el Purgatorio, porque acá en la Tierra todo está subordinado al orden económico, incluso la producción ideológica de los autopercibidos enviados de Dios, y las personas hemos sido reducidas a un medio.

“El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones” es un refrán que significa que los buenos propósitos no sirven de nada si no van acompañados de acciones concretas, podemos agregar que esas acciones deben ir acompañadas, a su vez, de análisis correctos.

Por último, pero no menos importante, hoy como ayer la Iglesia propone sindicalizar la precarización: «Las organizaciones sindicales, a las que la Iglesia siempre ha apoyado, están llamadas a abrirse a las nuevas formas de trabajo y a los nuevos trabajadores, para representarlos y defenderlos en un contexto en el que, sin decisiones valientes, surgen más pobreza y más desigualdades» (155). Debido a que las nuevas formas de trabajo pueden producir nuevas formas de asociación entre explotados que prescindan de los sindicatos ‒que se muestran cada vez más caducos ya no para fines revolucionarios sino para las luchas inmediatas del proletariado‒, la Iglesia llama a tomar conciencia a sus hermanos de clase.

«La normalización de la guerra»

El modo de producción capitalista es explotación y comercio pero también es guerra, incesante, en diferentes territorios del planeta. La Iglesia hace mea culpa y reconoce que: «a pesar de los deseos y las proclamas de paz, los últimos sesenta años han estado marcados por conflictos de una ferocidad impresionante, que a menudo han afectado masivamente a las poblaciones civiles, causando víctimas inocentes, oleadas de refugiados, desestabilización social y heridas de larga duración.» (189)

Evidentemente… Al señalar que «la guerra no sólo se libra, sino que también se prepara culturalmente a través de narrativas simplistas, lógicas de amigo-enemigo, desinformación y miedo» (192) hasta pareciera que hacen una descripción de su propia institución.

Ya desde el «Discurso de Presentación» de la Carta, se emplea un lenguaje que parece antibélico: «la inteligencia artificial exige ahora ser “desarmada”, liberada de las lógicas que la transforman en un instrumento de dominación, exclusión y muerte. Al igual que la energía nuclear, debe estar al servicio de todos y del bien común. (…) Esta vigilancia es necesaria hoy. La paz no es solo ausencia de guerra, sino justicia en acción. Pero, cuando la tecnología debilita nuestro sentido crítico, la paz misma está en riesgo».

Más adelante, en el punto 110 aclara: «Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva. (…) Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida». Le exigen a la tecnología que no sea tecnología, del mismo modo que le piden al trabajo que no sea trabajo. Así, piden armas para no matar, o mejor dicho para matar dignamente: «el desarrollo y el uso de la IA en el ámbito bélico deben estar sujetos a las restricciones éticas más rigurosas, y al respeto de la dignidad humana» (197). En ese “dignamente” está el detalle de todo el progresismo: sostener este mundo de explotación, masacre y guerra pero con “dignidad”, sea lo que sea que eso signifique.

Moda decolonial obliga, hasta el Papa sigue sus preceptos y se preocupa además por el denominado “control social”: «El colonialismo muestra en la actualidad un rostro inédito. No sólo domina los cuerpos, sino que se apropia de los datos, transformando las vidas personales en información explotable. Territorios enteros, sobre todo aquellos con menos relevancia geopolítica y mayor fragilidad estructural, se ven, en el presente, atravesados por una nueva lógica de extracción: la de los flujos sanitarios, perfiles epidemiológicos, mapas genéticos y datos demográficos. Estas son las nuevas “tierras raras” del poder: informaciones vitales que, una vez correlacionadas, pueden utilizarse para entrenar modelos predictivos, orientar estrategias de inversión, anticipar crisis y, sobre todo, seleccionar quién y qué importa. Quien posee los datos sanitarios de poblaciones enteras, hoy recopilados a menudo bajo el pretexto de la ayuda, la investigación o la innovación, posee en realidad una palanca estructural sobre el futuro: puede moldear las necesidades y los mercados. Y puede decidir, antes que los demás, a quién destinar medicamentos, inversiones y protecciones. Es aquí donde se juega una de las cuestiones morales más urgentes de nuestro tiempo: transformar el conocimiento compartido en bien común, no en herramienta de dominio; devolver a los pueblos no sólo los datos que los describen, sino también la posibilidad de decidir cómo se utilizarán, quién los utilizará y para quién. De lo contrario, la era digital no será postcolonial, sino colonial bajo otra forma.» (178) Lo que señala es más o menos acertado, pero obviar cuál es la fuente que produce todo aquello, o simplemente posicionarse a favor de las cosas buenas y en contra de las cosas malas no nos ayudará mucho. La pregunta continúa siendo ¿por qué molestarse únicamente con las manifestaciones novedosas, extremas o superficiales del modo de producción capitalista?

«Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA»

De acuerdo, «el uso de la IA nunca es un hecho puramente técnico» (102). Pero las frases genéricas y bien intencionadas no sirven mucho más que para dejar la conciencia tranquila: «que sea siempre la inteligencia humana, con su conciencia y su libertad, la que guíe las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus límites» (102) podría ser tranquilamente la formulación de algún chatbot de inteligencia artificial. Por otro lado, omite que la “inteligencia humana” también crea los campos de concentración o la logística de la masacre en Gaza. Dice que la “inteligencia artificial” no tiene “conciencia moral”: «no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias» (99), ¿acaso la tienen los mercenarios o los torturadores, o siquiera los empresarios al servicio de la ganancia? ¿Y la tenemos nosotros, población proletarizada, en un mundo en el que el Dinero es el Dios que justifica todo acto, por horrendo, rutinario o estúpido que sea?

En ese sentido, y no por casualidad ni maldad, la IA así como el Dinero son absolutamente indiferentes al contenido de lo que acumulan, calculan o intercambian: «(...) escenas violentas o crueles que hieren la sensibilidad, a contenidos pornográficos e hipersexualizados» (141).

Nuestra realidad es indivisible, implica “la dignidad del hombre”, la explotación, la libertad democrática, los residuos nucleares y los drones asistidos por IA que asesinan niños. La verdad está en el conjunto, si uno de los elementos es eliminado de nuestro cuadro, inevitablemente hay que eliminar todos los demás. Hay un peligro mayor que el desarrollo de la IA y es el desarrollo y afianzamiento en el pensamiento de la lógica de separación binaria y excluyente entre bueno y malo, tan propia de la religión cristiana.

Los especialistas y empresarios a los que alude la Iglesia no desarrollan la IA a partir de la nada, ellos mismos son producidos por el desarrollo capitalista e, independientemente de que las negociaciones de “desarme” tengan éxito o no, ya no podremos deshacer lo conocido sobre la IA y su capacidad bélica de destrucción. La única garantía sería desarmar el potencial destructivo del dictado de la ganancia, pero ni la Iglesia ni sus súbditos están dispuestos a semejante tarea.

El núcleo de la propuesta papal es erróneo porque el capitalismo siempre impulsa al desarrollo, a la sustitución de la fuerza de trabajo humano por el empleo de la tecnología para reducir gastos de producción y aumentar las ganancias. Esto reduce el valor de cada mercancía individual y por tanto obliga a aumentar la producción permanentemente para subsistir.

Pensar críticamente la tecnología, el trabajo o la IA significa componer un cuadro general, no en tanto una acumulación de cosas desconectadas sino como una relación social. Por eso nos oponemos a la subordinación de cada actividad humana a la dictadura de la ganancia. Eso va más allá de si Internet es bueno o malo, un avance o un signo de la decadencia cultural y rompe con la ilusión de que el desarrollo tecnológico debería estar al servicio de los gustos de tal o cual sector de la sociedad.

Independientemente de pensarse cristiana o espiritual, la nuestra es una época marcada por la tecnología, por el acceso a y la dependencia de Internet. Basta con prestar atención a las horas dedicadas a la práctica religiosa y compararlas con las horas dedicadas a permanecer online. Las prioridades de nuestra sociedad se advierten en dónde y cómo gastan sus miembros su dinero y su tiempo. Por lo tanto, no es suficiente con decir “esto es importante para mí” si no está respaldado por la forma en que vivimos nuestras vidas. Dentro de la lógica cristiana, lo señala el mismísimo Nuevo Testamento: «Donde está tu tesoro, allí está tu corazón» (Mateo 6, 21). Donde está el dinero, allí está el corazón de esta sociedad.

domingo, 25 de enero de 2026

PETRÓLEO, INTERVENCIÓN Y CAPITAL

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La reciente captura de Maduro marca el fin, por si quedaban dudas, de una época ya acabada. No solo no hubo resistencia popular a la intervención estadounidense sino que el líder fue entregado desde adentro del chavismo.

Está clarísimo que Estados Unidos no combate el narco, que el Cártel de los Soles no existe y que se trata de una violación a la soberanía nacional y el Derecho Internacional. Hay que ser muy iluso para suponer lo contrario o para exigir que EE.UU. se apegue a la ley.

También es claro que el régimen venezolano implica una catástrofe social que expulsó a cerca de ocho millones de personas y lleva adelante un férreo proceso persecutorio y represivo con miles de presos políticos y ejecuciones extrajudiciales. Este proceso no se dio solamente contra la oposición burguesa, gendarmes argentinos y excandidatos a presidentes: se trata de sindicalistas, trabajadores, activistas y referentes de pueblos indígenas.(1)

La cantidad de emigrados significa que cerca del 20% de la población venezolana está viviendo en el extranjero. Así y todo, no hay trabajo o hay trabajos mal pagos, algo conocido en Argentina. Pese a la pérdida de millones de personas del mercado laboral, existe una gran cantidad de población sobrante para el Capital. Venezuela registró una sostenida hiperinflación al menos desde 2017 hasta 2020, que llegó en 2018 a una inflación interanual de 130.060% según el Banco Central de Venezuela y de 1.698.488% según la oposición parlamentaria.

Evidentemente la “revolución bolivariana” es un fracaso indefendible. Los venezolanos no emigran por diferencias políticas, aunque los chavistas de todo el continente consideren lo contrario. En este marco es que debemos interpretar, aunque no acordemos o nos parezcan razones limitadas, el resentimiento de tantos venezolanos con el régimen que los expulsó o los condena a la miseria en su país de origen.

El petróleo venezolano

No obstante Venezuela posee las reservas más grandes del mundo, actualmente sólo produce entre 800.000 y 900.000 barriles de petróleo diarios (bpd) debido a la falta de inversión y problemas de infraestructura. En sus momentos de mayor productividad llegó a más de 3,5 millones de bpd. Arabia Saudita, en un cercano segundo puesto en cuanto a reservas, produce alrededor de 10 a 10.5 millones de bpd. China es actualmente el principal destino del petróleo venezolano, pero se trata de un fenómeno reciente ya que hasta hace algunos años era EE.UU. Mientras Chávez vociferaba que “ni una gota más de petróleo les llegará a Estados Unidos”, la administración venezolana del hidrocarburo se basaba en su relación con las empresas norteamericanas. Por eso insistimos en que cuando de líderes burgueses se trata, es conveniente prestar más atención a las cuentas que a sus discursos. Una lectura bien simplista diría que EE.UU. quiere recuperar ese lugar, pero fue este mismo país el que impuso sanciones desde 2017 a la inversión en Venezuela y a la compra del petróleo venezolano. El crecimiento durante la última década de los vínculos comerciales con China y Rusia por parte de Venezuela no se producen como una búsqueda por ganar mayor autonomía frente al “imperialismo yanqui”, sino porque los capitales norteamericanos dejaron de invertir en el país y de comprar su petróleo (con la importante excepción de Chevron).

Durante los ‘90 Venezuela sufrió un deterioro de sus sectores no petroleros, fundamentalmente de las industrias que abastecían el mercado interno amparadas en la renta petrolera, para convertirse gradualmente en un país dependiente de las importaciones para su reproducción. En síntesis, su ordenamiento económico dejó de ser similar al argentino y comenzó a asemejarse al chileno. Con los precios internacionales del petróleo más altos de la historia a inicios de los 2000, la renta petrolera hizo posible un aumento del consumo en Venezuela, pero con un escaso desarrollo de la estructura productiva no petrolera del país. El desplome del precio del petróleo hizo que esta reproducción de la fuerza de trabajo por parte del Estado fuera completamente insostenible y la continuidad del régimen solo pudo ser garantizada por una profundización del ajuste y un crecimiento de la represión. Este proceso coincide en buena medida con la llegada de Maduro al poder. Adicionalmente, se da la caída del sector petrolero mencionada al comienzo, que agravó la situación social en el país. El desplome en la producción de petróleo se debe principalmente a que sus inversores extranjeros fueron haciendo bajar la producción hasta la llegada de las sanciones por parte de EE.UU. La caída del precio de esta commodity a nivel mundial, sumado a la especificidad del petróleo venezolano, que compite con el petróleo pesado canadiense en el abastecimiento de los EE.UU., llevaron paulatinamente a la inactividad de los pozos venezolanos.

En EE.UU. hay intereses contrapuestos en torno a Venezuela. Las empresas que explotan el petróleo en suelo estadounidense a través del fracking apoyaban el bloqueo, las sanciones y la parálisis productiva venezolana, mientras que las refinerías estadounidenses y las petroleras que participaban y participan de la explotación petrolera en Venezuela bregan por la intervención en el país y un futuro restablecimiento de dicha explotación. Pareciera que ha ganado la segunda opción pero se trata de una opción a largo plazo sin total certeza de que ocurra, dados los precios internacionales. Surge, así, la pregunta por los motivos más inmediatos de la intervención. Uno de ellos es el cobro de la enorme deuda externa venezolana con acreedores norteamericanos, sumado a que China se venía cobrando en barriles de petróleo las deudas de Venezuela acumulada tras años de importaciones. Sin embargo, el motivo más mencionado respecto de los sucesos actuales es el de la disputa geopolítica y la guerra comercial entre China y EEUU, en la que este último buscaría desplazar a la primera del mapa latinoamericano y de su acceso al petróleo venezolano (el cual venía obteniendo por debajo de su precio debido al bloqueo).

El problema de la mirada geopolítica es que no explica los motivos de fondo de las disputas. La obsesión por el control de los flujos de capital aparece en el marco de un estancamiento económico y de sobreproducción a nivel mundial, donde la competencia adopta sus facetas más extremas y de coerción más directa. Entonces el discurso nacionalista y anti-imperialista se reafirma sobre la base de la agresión extranjera, sin comprender la dinámica que llevó a dicha situación. Dicha dinámica, en el caso venezolano y a pesar de los encendidos discursos nacionalistas, dependió del precio internacional del petróleo, su comercialización a nivel mundial, y su explotación en conjunto con capitales principalmente estadounidenses.

Durante el ascenso del chavismo el nacionalismo vino a justificar la consolidación de la población sobrante para el Capital con una estructura clientelar por parte del Estado, condenando a la miseria a millones de personas mientras se comerciaba petróleo sin ningún reparo ideológico. Durante la caída del chavismo, el nacionalismo viene a decirnos que todo es responsabilidad de quien fuera su principal socio comercial. En lugar de partir de lo local para analizar su relación con el resto del mundo, como necesita hacer el nacionalismo, debemos partir de lo mundial y general para entender las especificidades locales.

En este sentido, el análisis de la crisis de sobreproducción en ciernes resulta fundamental para entender la dinámica mundial del Capital y su escalada bélica, así como el análisis de la renta de la tierra es fundamental para comprender la particularidad de la región latinoamericana donde vivimos, la reproducción del capital que opera a nivel local y nuestra reproducción como vendedores de fuerza de trabajo.(2)

La caída del socialismo del siglo XXI

El concepto de “socialismo del siglo XXI” adquirió difusión mundial cuando fue mencionado en un discurso por el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, a comienzos de 2005 en el V Foro Social Mundial. Sus líderes asociados fueron Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, y Luiz Lula da Silva en Brasil. Era la época de oro de una economía en alza en América Latina.

En los decenios previos, las dictaduras militares de los ‘70 y los posteriores gobiernos en los ‘90 tuvieron por función adaptar el continente a una nueva etapa. En Argentina sabemos ya de la desindustrialización (es decir, la liquidación de capitales ineficientes) y la caída salarial. Sin olvidar todo el “costo” humano que ello implicó.

Entrado el nuevo siglo comenzó otra fase ascendente de la economía en la región. Eso no significó plenitud para el proletariado, como suponen quienes creen en la “teoría del derrame” o los beneficios de la “lluvia de inversiones”. No es casual que los herederos locales del difunto socialismo del siglo XXI hoy no repudien a China como polo imperialista. Es que para esos tiempos, China se desarrolló y exigió la importación alimentos, principalmente soja en nuestro caso. Su crecimiento exponencial produjo un ciclo alcista gracias a la exportación de materias primas. No hay socialismo del siglo XXI sin comercio con China.

El BRICS es una asociación, grupo y foro político y económico internacional que surgió en “oposición” al G7. Una asociación económico-comercial conformada por las cinco economías nacionales emergentes de la década de los 2000 –Brasil, Rusia, India, China– que adoptó su nombre definitivo en 2010, tras la incorporación de Sudáfrica, a la ya existente organización BRIC. Este es el contexto de los populismos latinoamericanos.

De esta manera, con ganancias producto de los precios de las materias primas, el kirchnerismo incorporó miles y miles de proletarios al trabajo precarizado, el empleo privado subsidiado y al empleo estatal. La famosa “inclusión”. La fuente de este “crecimiento” fue el agro, la misma fuente que en Brasil, en Venezuela y Ecuador fue el petróleo, en Bolivia el gas.

Estas masas de dinero no solo dieron respaldo a encendidos discursos, a veces hasta pretendidamente revolucionarios, sino que fueron la tentación y causa de sendos problemas de corrupción en cada uno de esos gobiernos. Confiando en la exportación de materias primas, ese dinero se utilizó para sostener proyectos de corto alcance, como reproducir al proletariado sin invertir en producción. Es decir, hubo dinero para sostener el relato y para ayudas sociales y subsidios.

Pero nada dura para siempre: sobrevino la crisis de 2008, junto al desplome del precio de las materias primas. Maduro continuaba a fuerza de menor democracia, y en el resto de los países aparecían los derechistas Macri y Bolsonaro para administrar la caída. Su orientación política no requería cortar relaciones con China. Incluso el expresidente Macri, que no es precisamente una luminaria, lo señaló a fines de 2025: «China es más complementaria que Estados Unidos para Argentina. China necesita nuestra materia prima, nuestros alimentos. Estados Unidos, todo eso lo produce. Culturalmente, hay una enorme distancia entre uno y otro, pero no creo que sea bueno interrumpir ese proceso».

Por otra parte, el discurso populista desarrollista de productividad e industrialización que rivaliza con los derechistas no se condice con la alianza con China, ya que esta sostiene una economía basada principalmente en producir materias primas. No se trata más que de otra variante capitalista, lo que señalamos es que con esta opción ante un desplome de precios o crisis puede suceder lo que en Venezuela: un país con recursos sumido en la miseria que expulsa a ocho millones de habitantes. Sería extraño que en esas condiciones su propia población saliese a defender al régimen.

 

Notas:

1. En 2013 publicábamos «Capitalismo del siglo XXI» (nro. 7) donde hacíamos referencia al asesinato de Sabino Romero, referente de las luchas del pueblo yukpa. Sobre el régimen chavista, ver también «El mito de la izquierda se cae de maduro» (nro. 15, 2014). Recomendamos también: Venezuela y la izquierda, charla de A. Bonnet y F. Souza disponible en YouTube, y «Represión en Venezuela y el silencio de la izquierda» (2019) de Rolando Astarita.

2. Sobre la renta petrolera en Venezuela, ver Artículos sobre la crisis venezolana. El proceso global de acumulación de capital y la contracción de la renta de la tierra petrolera, de Kornblihtt, J., Dachevsky, F., & Casique Herrera, M. (Larga Marcha. Santiago de Chile, 2024) y la reciente entrevista a dos de sus autores: Política venezolana y renta petrolera, disponible en YouTube.

viernes, 4 de julio de 2025

VOCES DESDE IRÁN

Nueva emisión de Temperamento Radio amplificando los testimonios, panfletos e informaciones desde el territorio dominado por la República Islámica y bombardeado por el Estado israelí: temperamentoradio.blogspot.com

Para descargar y escuchar:

https://archive.org/download/tempe-iran/tempe%20iran.mp3

https://youtu.be/iDosaeYvBlY

https://open.spotify.com/episode/3apAMhO7mo0HwrlgOgCRsQ

Para leer los textos completos y sus actualizaciones: panfletossubversivos.blogspot.com

viernes, 11 de abril de 2025

GAZA: «QUEREMOS VIVIR»

Israel puso fin el 18 de marzo al breve “alto al fuego” en Gaza, con la reanudación de sus ataques aéreos. Fue uno de los días más mortíferos hasta la fecha, matando a más de 400 personas mientras dormían, provocando más de 500 heridos y numerosos desaparecidos. Al día siguiente al menos setenta palestinos fueron asesinados por más ataques aéreos perpetrados por el Ejército israelí en distintos puntos de la Franja, durante la segunda jornada de bombardeos.

Las acciones de Israel se dan en el marco de una situación política interna en la cual el gobierno de Netanyahu intenta mantenerse frente a una oposición creciente y protestas de ciudadanos israelíes, que lamentablemente nada tienen que ver con parar la masacre que efectúa su Estado en su nombre.

En Gaza, cientos de personas se movilizaron contra las terribles condiciones de vida. Hablar de la vida allá no es igual a hablar de la vida acá. Los están masacrando, por las noches, en el día, desde el cielo, por agua y por tierra. El movimiento se ha extendido de norte a sur en la Franja, su grito es simple y profundo: «Queremos vivir».

Una vez más, los palestinos son reducidos a poco más que números y sus escasos medios de subsistencia son continuamente destrozados. A pesar de la masacre y la ocupación, los habitantes de Gaza protestan también contra los propios gestores palestinos de Hamás. Porque los antagonismos de clase no pueden ser simplemente disueltos en pueblos y naciones en disputa, ni siquiera en las peores condiciones. Los últimos acontecimientos lo ponen de manifiesto de forma contundente. Y esto no ocurre solo en la Franja con Hamas, sino también en Cisjordania, donde la Autoridad Nacional Palestina tolera los abusos de los colonos, paramilitares y las fuerzas armadas israelíes, e incluso coopera con estas últimas en la persecución de opositores. Esto ha sido defendido públicamente por el presidente palestino de Cisjordania Mahmud Abbas del partido Fatah (que encabeza la OLP), como ejemplo de colaboración contra el accionar terrorista.

El 25 de marzo, cientos de personas salieron a las calles de Beit Lahia (ciudad de la Franja al norte de Jabalia) desafiando la brutal realidad de su vida cotidiana. Ondeaban banderas palestinas, retazos de tela blanca, portaban pancartas caseras y coreaban cánticos. Las protestas se extendieron a otras ciudades y los eslóganes que resonaban entre los escombros hablan por sí solos: «Queremos la paz» y «Fuera Hamás». Los palestinos no solo sufren el bombardeo y el asedió israelí (con la complicidad de todo Occidente) sino que también son reprimidos y entregados como carne de cañón por sus propias autoridades. No esperábamos menos de quienes se benefician del hambre y la masacre de su propio pueblo.

Un manifestante residente en Beit Lahia que vio destruida su casa y perdió a su hermano en un ataque aéreo israelí hace un año declaraba ante medios internacionales: «Nos negamos a morir por nadie, por la agenda de ningún partido o por los intereses de Estados extranjeros. Hamás debe dimitir y escuchar la voz de los afligidos, la voz que surge de debajo de los escombros: es la voz más veraz».

Hamás gobierna Gaza desde 2007. Las críticas abiertas a Hamás han aumentado en Gaza desde el comienzo de lo que los medios internacionales se siguen empeñando en llamar “guerra” o “conflicto”. Sin embargo, muchos proletarios ante la falta de alternativas encuentran que es el único medio para resistir, combatir al Estado de Israel, o simplemente tomar venganza.

Otro palestino del norte de Gaza que salió a protestar afirma que Israel es el principal culpable de la miseria en su región pero que Hamás también es responsable: «Estamos oprimidos por el ejército de ocupación (Israel) y estamos oprimidos por Hamás».

«Han matado a nuestros hijos. Nuestras casas han sido destruidas» declaró otro manifestante que dijo haberse unido a la protesta en Beit Lahiya «contra Hamás y las facciones [palestinas], contra Israel y contra el silencio del mundo».

Estas protestas son un grito valiente y desesperado contra la masacre pero también contra la represión que intenta encuadrar a toda la población palestina en un proyecto estatista y religioso de miseria y malestar permanente. Surgen al igual que otras iniciativas, impulsadas por sus necesidades inmediatas de supervivencia. Como aquellos grupos que desde hace años combaten a los milicos de Israel y a la complicidad de la Autoridad Nacional Palestina. Organizando ataques a las tropas de ocupación y checkpoints, resistiendo expulsiones en sus localidades y ejecutando acciones de defensa frente a las incursiones del ejército en los campos de refugiados y localidades que habitan.

Ya las protestas de julio-agosto de 2023 contra las penosas condiciones de vida existentes, en las que llegaron a quemarse banderas de Hamás como en Jabalia, ponían de manifiesto que la situación iba camino de estallar en cualquier momento. El proletariado de la Franja de Gaza expresaba su hartazgo de tener que vivir hambreado en el encierro israelí, mientras algunos de los dirigentes de Hamás viven en hoteles de lujo de Qatar y Turquía u ostentan una red clientelar sostenida por los fondos de Qatar e Irán. El ataque de Hamás del 7 de octubre del 2023 cambió el curso de los acontecimientos desplazando los conflictos de clase a través de la intensificación del enfrentamiento interburgués. Es importante comprender que la operación diluvio de Al-Aqsa y la posterior respuesta del ejército israelí se sitúan objetivamente en una misma lógica. La lógica de los Estados, del control del territorio y sus recursos, especialmente de los explotados que viven en la región.

Por otra parte, oponer guerra interburguesa y guerra contra el proletariado es una falsa oposición, pues son dos aspectos de una misma realidad. La guerra imperialista es siempre contra el proletariado, independientemente que el factor que desencadene las hostilidades sea la competencia en el mercado mundial o una operación de gendarmería para aplastar una revuelta. En el caso del Estado de Israel, es más que evidente que su función de gendarme regional está vinculada a la defensa de los intereses particulares que aglutina, o sea, a la defensa de la fracción hegemónica de la burguesía, encabezada por EE.UU., frente al de otras fracciones con las que rivaliza en el mercado mundial. Es decir, ese Estado no sólo asume una función policial contra los explotados que amenazan el equilibrio regional, sino que actúa al mismo tiempo contra sectores burgueses por el control de los recursos ‒proletariado incluido‒, por rutas y tratados comerciales, por posiciones geoestratégicas, etc.

Insistimos: Gaza nos recuerda de lo que es capaz un Estado para conseguir sus fines, nos recuerda que para este modo de producción un territorio y su población pueden ser, de un momento a otro, simplemente un obstáculo para la acumulación y las ganancias.


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* Información tomada de diferentes medios internacionales, panfletos y de la revista Revolución nro. 3 (Proletarios Internacionalistas, marzo 2025).

miércoles, 19 de febrero de 2025

GAZA Y NOSOTROS

«La violencia masiva nunca será la misma después de Gaza. Occidente normalizó y trivializó los horrores más gráficos, y solo una civilización diferente, o una revolución, podría sanar esta herida psicológica profunda. No se puede arreglar esto utilizando el conjunto de herramientas del sistema. Está roto.» (Alon Mizrah en X, 20/12/2024)

Con o sin “alto al fuego” el Estado de Israel arrasa democráticamente Gaza. Porque no matan solo mediante bombas, fuego y munición, sino también privando de agua, alimento y medicina a toda la población. Mientras tanto, el nuevo-viejo presidente estadounidense libremente elegido amenaza con administrar las ruinas y expulsar a quienes las habitan. El plan “Gaza 2035”, publicado en mayo del año pasado desde la oficina del primer ministro israelí, propone limpiar toda la Franja y ofrecer un destino paradisíaco con playas, rascacielos, campos solares y de cultivos, plantas desalinizadoras de agua, un corredor ferroviario, plataformas petrolíferas, barcos mercantes y más.

Nosotros, fuera de Palestina y desde hace más de un año, nos convertimos en espectadores de una masacre cotidiana transmitida en directo. Lo que ocurre en Palestina y alrededores no es más importante que lo sucedido ahora mismo, por ejemplo, en el Congo. Porque no se trata de jerarquizar entre masacres, genocidios, o atropellos, de simpatizar con unas víctimas y no con otras, tal como hace la indignación selectiva de la empatía ideológica.

A la magnitud de lo sucedido y a que Israel sea la primera causa de muerte infantil directa del mundo (la ONU denuncia que son casi 17 mil menores quienes han sido víctimas fatales solo en 2024), hay que agregar que todo esto ocurre con el silencio cómplice como cortina de fondo mientras vemos las imágenes minuto a minuto y nos mienten en la cara sobre cómo se trataría de una lucha contra el terrorismo. Mientras el mundo calla, somos testigos de una de las masacres más terribles de esta civilización.

A largo plazo, para acabar con estas matanzas no queda otra opción que acabar con el modo de producción capitalista. En lo inmediato, para el proletariado mundial no queda más opción que luchar contra nuestra propia burguesía en nuestro propio país. Sin embargo, contra esta masacre en curso es fundamental la solidaridad del proletariado que habita Israel, es lo único que puede detener esto. Una oposición bélica contra uno de los Estados más armados del mundo es inútil y Hamas no ha cesado de sacrificar palestinos.

“Palestina libre” es la consigna solidaria que generalmente visibiliza esta situación que las burguesías intentan tapar o desfigurar por todos los medios posibles. Sin embargo, como consigna revolucionaria –consideramos que solo de manera revolucionaria tiene salida todo este horror– propone al proletariado palestino la “liberación nacional” para ser explotado por su propia burguesía, una burguesía que ha demostrado siquiera ser eficiente en términos capitalistas. Y que como cualquier burguesía nacional no tiene problema en mantener a su población en la miseria y ofrecerla como carne de cañón.

Visto y considerando que reflexiones como esta no tienen llegada al territorio palestino y mucho menos incidencia en los acontecimientos, la cuestión es qué hacemos nosotros desde acá, qué pensamos nosotros, y qué sentimos. Qué lecciones podemos sacar de todo este brutal acontecimiento, si por un momento podemos agregar a las emociones un atisbo de reflexión.

A partir de esta situación histórica, ¿esta masacre marca un antes y un después? ¿Es preciso pensar después de Gaza, tal como se dijo hace casi ya cien años “pensar después de Auschwitz”?

Visibilizar esta masacre, movilizarnos para exigir no sólo el alto el fuego sino el fin de la nakba que lleva décadas, es lo menos que podemos hacer frente a esto. Comprender que el flujo constante de dinero y armas excede una región, y que de manera indirecta todos somos partícipes en el financiamiento de esta masacre, así como también somos sus potenciales víctimas. Gaza nos recuerda de lo que es capaz un Estado para conseguir sus fines, nos recuerda que para este modo de producción un territorio y su población pueden ser, de un momento a otro, simplemente un obstáculo para la acumulación y las ganancias.

Por otra parte, cabe subrayar que, a pesar de las similitudes como la simultaneidad entre el arrasamiento de un territorio y la lucha contra el terrorismo, no estamos apelando al miedo de “el próximo país puede ser Argentina” o “el próximo podés ser vos”. No es necesario apelar al dolor propio para poder comprender el ajeno. Lo que sucede a nuestros semejantes es motivo suficiente.

sábado, 30 de noviembre de 2024

ASEDIO Y FUEGO EN PALESTINA

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En septiembre más del 66% de los edificios en Gaza habían sufrido daños como consecuencia de los bombardeos, imposibilitando el retorno de las más de 1,9 millones de personas desplazadas forzosamente durante las repetidas expulsiones provocadas por el ejército israelí. Más del 67% de los terrenos de cultivo han resultado dañados y han sido convertidos en yermo, lo que contribuye a agravar la hambruna junto con las restricciones en el acceso de ayuda humanitaria: solo 100 camiones llegaron a entrar en la Franja de Gaza en todo el mes de octubre de 2024, debido al bloqueo económico impuesto por Israel, muy por debajo de los 500 camiones diarios que entraban antes de octubre de 2023. De noche, los satélites de UNOSAT apenas perciben unos puntos de luz, los que producen los generadores eléctricos que aún funcionan, y los de las llamas. Este es el paisaje que Israel amenaza con reproducir en el Líbano. UNOSAT es el Centro de Satélites de las Naciones Unidas «para la Formación y la Investigación, con la misión de promover la toma de decisiones basada en evidencia para la paz, la seguridad y la resiliencia utilizando tecnologías de información geoespacial», de allí tomamos los datos.

Ya hemos señalado que no se trata de una crisis, un conflicto, y tampoco de una guerra. No hay dos Estados en oposición bélica: se trata de unos de los Estados más fuertes del mundo contra una población desarmada y hambreada. En la coartada de la “lucha contra el terrorismo” quieren hacer pasar a la población palestina como Hamas.

Por otra parte, dejamos la tipificación legal de “genocidio” para las inútiles condenas y discursos burgueses en la ONU o reuniones similares. Y aunque comprendemos que hoy es quizás la única manera de parar en lo inmediato la masacre, no consideramos necesario denunciar en los mismos términos que quienes garantizan la sociedad capitalista que produce estas situaciones.

En Argentina la mera mención, ni siquiera crítica, de la situación en Palestina es tachada de apología del terrorismo. Pero no de la imposición del terror por parte del Estado israelí, sino del “terrorismo islámico”. Nos preguntamos ¿cómo puede ser “terrorismo islámico” la muerte diaria de decenas y decenas de niños producidas por el ejército israelí? El Estado de Israel y sus cómplices periodistas intentan dar largos rodeos: es que “los terroristas usan a la población como escudos humanos”; si se trata del bombardeo de un hospital dirán que “se trataba de un centro de operaciones de Hamas”, etc., etc. En medios de Europa ya hablan del peligro del “comunitarismo islamista” para luego referirse a la defensa de los valores occidentales y democráticoburgueses.

Recientemente los medios locales, siguiendo sus modelos europeos, presentaron como un pogrom el ataque a un grupo de hinchas de fútbol israelíes. Lo que no mostraron son las canciones antiárabes que un grupo de ellos cantaba, la agresión a un taxista y la quita de banderas palestinas por las calles. Condenable o no, contrasta enormemente con sus tibias declaraciones y silencios frente a la matanza de miles de personas en Gaza y el Líbano. La consagración de Israel como única víctima oficial llega así a su paroxismo, en una inversión increíble de roles que no llama la atención de los expertos oficiales en desinformación.

En este contexto el presidente Javier Milei, en la Asamblea General de Naciones Unidas, calificó de “socialista” a la misma ONU y anunció el fin de la posición de neutralidad argentina, resaltando su alineamiento con Israel. En varios fragmentos del discurso recurrió a sus delirios místico-liberales: «...donde entra el comercio no entran las balas porque el comercio garantiza la paz, la libertad garantiza el comercio y la igualdad ante la ley garantiza la libertad. Se cumplió, en definitiva, lo que consignó el Profeta Isaías y se lee en el parque, cruzando la calle: “Dios juzgará entre las naciones y arbitrará por los muchos pueblos; forjarán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podadoras. Nación no tomará espada contra Nación; nunca más conocerán la guerra”.»

Una masacre cotidiana

A lo largo de más de un año, el ejército israelí ha cometido al menos una masacre de civiles por día y con frecuencia supera el centenar diario. De ocurrir en otra parte, una sola de estas matanzas cometidas en hospitales, escuelas o campos de refugiados, hubiera generado portadas en los periódicos, pero la matanza de palestinos no constituye noticia ni es motivo de escándalo.

Las cifras de muertes cometidas de forma directa por ataques israelíes quedan desfasadas inmediatamente. Para inicios de noviembre se contabilizan más de 43.600 muertos confirmados, incluyendo 16.765 niños, unas 10.000 personas desaparecidas, y unos 102.000 heridos. No obstante, estas cifras se quedan cortas, entre otras cosas porque no incluyen las muertes por hambruna, enfermedad, o como resultado de la agonía de los heridos (que carecen de acceso suficiente a medicamentos, anestesia), muy difíciles de verificar con un sistema sanitario colapsado.

A la ya histórica privación del agua, ahora incrementada, se suma la privación de alimento consecuencia de las acciones deliberadas de Israel. Asimismo, la proliferación de enfermedades infecciosas es producto de la destrucción intencionada y casi total del sistema sanitario.

El asedio en curso, el tercero en un año, sobre la población desnutrida del Norte de Gaza que aún resiste la expulsión forzada hacia el sur de la Franja, está derivando en lo que puede llegar a ser un exterminio sin parangón en la historia reciente. Se trata de una población estimada entre trescientas y cuatrocientas mil personas. La población palestina de Gaza solo tiene como opciones morir o seguir desplazándose a lo largo de un territorio vallado e inhabitable, en condiciones cada vez más penosas.

El paisaje es diferente en Cisjordania y Jerusalén Este, al compás de los desahucios, las expulsiones, la construcción de nuevos asentamientos para colonos. Israel también bombardea en campos como los de Jenín, pero en Cisjordania debe calibrar cómo asesina puesto que, al fin y al cabo, son más de 700.000 los colonos israelíes en asentamientos dispersos entre islas de palestinos. Más de 780 palestinos, incluyendo 167 niños, han sido asesinados en Cisjordania desde octubre de 2023, muchos directamente a manos de colonos.

La complicidad democrática de Occidente

Antes de las recientes elecciones presidenciales en Estados Unidos, Bifo Berardi publicaba: «Si tuviera la desgracia de ser ciudadano estadounidense, no votaría a ninguno de los dos candidatos: la señora Harris, que ha prometido que el ejército estadounidense estará siempre equipado con la máxima letalidad, es más peligrosa que el señor Trump desde el punto de vista europeo, porque con la señora Harris como presidente, la guerra ucraniana se extendería hasta el umbral atómico. El señor Trump, que representa consciente y explícitamente los intereses de la raza blanca, sería una catástrofe para los palestinos y, más en general, para los migrantes, a quienes Trump y Vance han prometido “la mayor deportación de la historia”. Pero es difícil imaginar cómo Trump podría ser más despiadado que Biden y Obama, que deportaron a más migrantes durante sus presidencias que Trump. Y es difícil imaginar cómo podría ser más despiadado con los palestinos de lo que lo ha sido Biden, que nunca ha dejado de apoyar financieramente ni enviar armas a los exterminadores israelíes. Tal vez solo sería menos hipócrita.»

La fuerza de esta destrucción es llevada a cabo desde el cielo, con cazas y misiles estadounidenses. Desde octubre de 2023, Estados Unidos ha entregado a Israel más de 10.000 misiles de una tonelada cada uno, de esos que pueden derribar un edificio de diez plantas y abrir enormes cráteres en la calzada. Estados Unidos también ha entregado más aviones, armamento y municiones por un valor total que supera los 20.000 millones de dólares, ofreciendo también cooperación en inteligencia.

Mientras tanto, en Europa es el Estado alemán quien lidera el apoyo a Israel y marca el rumbo en el control de la disidencia. Este apoyo es incondicional, una “obligación nacional”. Alguien rápidamente pude pensar en una culpa histórica, pero a fin de cuentas todo se trata de dinero: Alemania es el segundo exportador de armas a Israel y ha incrementando sus ventas en los últimos meses. A esto se suma una implacable represión interna de cualquier expresión de solidaridad con la población palestina que pueda arruinar el negocio. El gobierno alemán considera oficialmente “antisemita”, y por tanto ilegal, a todo llamamiento al boicot de Israel, a la denuncia del apartheid israelí, y a la descripción del sionismo como colonialismo de asentamiento, incluso si es expresado por judíos.

 

* Artículo de referencia: «Palestina, consumida por el fuego» (Quilombo, 13/11/2024)

domingo, 9 de junio de 2024

miércoles, 7 de febrero de 2024

«1984» ES HOY

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Se cumplen cuarenta años de la fecha planteada para el escenario distópico desarrollado por George Orwell en su famosa novela 1984, escrita en 1948 y publicada al año siguiente. Ahora mismo están transmitiendo por televisión Gran Hermano pero esa no es toda su actualidad.

No hay originalidad en sugerir que, entre otros aspectos, esta sociedad es “orwelliana”, achacándole injustamente al autor semejante situación: donde los alimentos y la calidad de vida son cada vez peores, reina el individualismo, unos trabajan para sobrevivir mientras otros son convertidos en población completamente sobrante (los “proles” de la novela), se manipula la información, la guerra está a la orden del día, así como la coerción, la vigilancia y la represión.

En 1984 lo perturbador es que a la coerción violenta y externa se agrega la interiorización de esa coerción. Sociedad de control y sociedad disciplinaria. Seres humanos autorregulados, reprimidos por sí mismos en nombre de leyes que no controlan y se vuelven contra sus vidas. Ser productivos, eficientes, obedientes. Todos contra todos, y todos para el Partido en el caso de la novela, para el Capital en el nuestro. Hoy la “policía del pensamiento” es la interiorización de la disciplina que surge de las relaciones democráticas y mercantiles, que funcionan más eficazmente que todos los milicos, espías y corporaciones mediáticas juntas. Hoy el régimen totalitario es el modo de producción capitalista.

El Capital convierte a cada uno de sus servidores en un funcionario de la mentira generalizada para beneficio del Partido del orden. Es decir, de la burguesía actuando como clase frente al proletariado, pese a su propia y despiadada competencia interna que no es más que el combustible que la hace funcionar.

Los lemas del Partido en 1984 son: «la Guerra es la Paz, la Libertad es la Esclavitud, la Ignorancia es la Fuerza» explica O'Brien, miembro fanático del Partido, al protagonista Winston Smith. Ambos trabajan en el Ministerio de la Verdad donde se dedican a manipular o destruir documentos históricos de todo tipo (fotografías, libros y periódicos) para que las nuevas “evidencias” del pasado coincidan con la versión oficial de la historia mantenida por el Estado. Del mismo modo son nombrados el resto de los Ministerios. El Ministerio del Amor se encarga de administrar los castigos, la tortura y la reeducación de los desobedientes. El de la Paz de los asuntos relacionados con la guerra. El de la Abundancia de la economía planificada en un duro racionamiento. Recientemente se estrenó en Argentina el Ministerio de Capital Humano, con el sinceramiento apologético que caracteriza este liberalismo extremo. Aunque en verdad la mayoría de la humanidad está desprovista de cualquier capital y solo somos poseedores de la mercancía fuerza de trabajo. Al descaro burgués se han opuesto eufemismos paradójicos más “orwellianos”, como el memorable viceministerio venezolano para la Suprema Felicidad Social del Pueblo.

La guerra es la paz

«Israel es el único Estado judío del mundo y la única democracia en la región, un faro de valores humanos universales y libertades civiles en un vecindario violento. Israel lucha por la paz con todos sus vecinos y ha logrado una coexistencia pacífica y asociaciones prósperas con algunos países árabes y musulmanes.» (Embajador de Israel en Colombia, noviembre de 2023)

En la novela de Orwell los tres grandes Estados existentes están en guerra. Indistintamente, siempre hay dos naciones que se alían contra la otra. Cuando Oceanía cambia de aliado, el Gobierno cambia los registros del pasado para hacer creer que su aliado actual ha sido siempre el mismo. Ninguna nación busca la victoria y no quieren que la guerra acabe, ya que el objetivo de la guerra es mantener al pueblo pobre, ignorante y dirigiendo su odio contra países extranjeros. Otro objetivo de la guerra es mantener la abundante producción armamentística entre la producción de sustitutos de alimento y ocio alienante.

En nuestro mundo no es mentira que la guerra es la paz y la paz es la guerra. Que una no existe sin la otra. Como reza la famosa cita de Clausewitz: «La guerra es la continuación de la política por otros medios».

Si la guerra es el uso de la fuerza para imponer violentamente objetivos políticos y económicos, la guerra es también la economía “por otros medios”. Hoy las guerras puntuales son profundizaciones de la guerra permanente que llamamos paz. Es tan simple y tan triste como mirar el número de muertos en el mundo en guerra y en épocas de paz social: cientos de miles de muertes por bombardeos, hambre, enfermedad y suicidio.

Y si la guerra es el conflicto de intereses entre un sector y otro, en el cual unos pocos ponen a morir a su gente para recibir las ganancias, entonces el modo de producción capitalista es la guerra. Es a esto a lo que le llamamos paz.

Volviendo a 1984, un personaje llamado Syme dice «Los proles no son seres humanos», así como hoy dicen los defensores del Estado israelí contra la población palestina.

La libertad es la esclavitud

«Viva la libertad, carajo.» (Javier Milei)

Milei expresó que existe la «libertad de morirse de hambre», porque todos somos libres de hacer lo que queramos. En primer lugar la posibilidad de trabajar asalariadamente no existe para todos, o muchas veces se presenta bajo condiciones de explotación deplorables, por lo cual no hay mucho para elegir. Pero lo interesante aquí es que Milei expone con brutal claridad el significado de la libertad en el modo de producción capitalista.

Más allá del pesimismo que suscita Orwell nos interesa señalar la noción de libertad de esta sociedad capitalista. Y pensar también que dicha palabra, en un acto de crimental, ha sido históricamente apropiada por revolucionarios para romper el estatus quo a través de los últimos siglos. Para eso vamos a volver sobre el libro que redactamos y publicamos recientemente, Contra el liberalismo y sus falsos críticos (Lazo Ediciones, 2023):

Libertad de empresa, librecambio, libertad de mercado, libertad de prensa, libertad de culto, libertad sindical. «Libertad, libertad, libertad» reza el himno nacional argentino, de ese Estado erigido sobre la masacre y la desposesión.

Los apóstoles de la libertad pretenden, en su mayoría, mantener en su lugar el mundo capitalista de la economía y las cadenas del asalariado. Los explotadores anónimos del mundo de Orwell hacen gritar a sus esclavos: «La libertad es la esclavitud», cuando la realidad ha rebasado, desde hace mucho tiempo, esta ficción ambigua. «El trabajo libera» estaba escrito en las puertas de los campos nazis de trabajo forzado.

La ignorancia es la fuerza

«Si el Partido podía alargar la mano hacia el pasado y decir que este o aquel acontecimiento nunca había ocurrido, esto resultaba mucho más horrible que la tortura y la muerte. (…) Y si todos los demás aceptaban la mentira que impuso el Partido, si todos los testimonios decían lo mismo, entonces la mentira pasaba a la Historia y se convertía en verdad.» (George Orwell, 1984)

La palabra de Oxford Dictionaries del año 2016 fue post-truth, es decir, posverdad. Este neologismo describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. No se trata de la tradicional falsificación de los hechos, sino de darles una importancia secundaria.

Aún en esta desgracia nos dicen que vivimos en el mejor de los mundos, o al menos en el único posible: «La alteración del pasado es necesaria (…) el miembro del Partido, lo mismo que el proletario, tolera las condiciones de vida actuales, en gran parte porque no tiene con qué compararlas.»

Milei señaló recientemente «esta es la herencia que dejan: una inflación plantada del 15.000% anual, que vamos a luchar con uñas y dientes para erradicarla» y agregó que «por más que este número parece un disparate, implica una inflación del 52% mensual». Así es que una inflación de 30% mensual como la de enero parece menos brutal en comparación con los números del Ministerio de la Verdad. Hoy juegan a la confusión, anteriormente el INDEC inventaba cifras.

«Lo más curioso era —pensó Winston mientras arreglaba las cifras del Ministerio de la Abundancia— que ni siquiera se trataba de una falsificación. Era, sencillamente, la sustitución de un tipo de tonterías por otro. (…) Las estadísticas eran tan fantásticas en su versión original como en la rectificada. (…) Por ejemplo, las predicciones del Ministerio de la Abundancia calculaban la producción de botas para el trimestre venidero en ciento cuarenta y cinco millones de pares. Pues bien, la cantidad efectiva fue de sesenta y dos millones de pares. Es decir, la cantidad declarada oficialmente. Sin embargo, Winston, al modificar ahora la “predicción”, rebajó la cantidad a cincuenta y siete millones, para que resultara posible la habitual declaración de que se había superado la producción. En todo caso, sesenta y dos millones no se acercaban a la verdad más que los cincuenta y siete millones o los ciento cuarenta y cinco. Lo más probable es que no se hubieran producido botas en absoluto. Nadie sabía en definitiva cuánto se había producido ni le importaba. Lo único de que se estaba seguro era de que cada trimestre se producían sobre el papel cantidades astronómicas de botas mientras que media población de Oceanía iba descalza. Y lo mismo ocurría con los demás datos, importantes o minúsculos, que se registraban. Todo se disolvía en un mundo de sombras en el cual incluso la fecha del año era insegura.»

La fuerza de la ignorancia no es solo la delegación y desaparición de los conocimientos indispensables para la vida, sino el declive constante de la inteligencia crítica. Es decir la aptitud para comprender el tiempo que nos toca vivir y cuales son las condiciones actuales para su transformación. Orwell escribió en su Diario de guerra: «Si gente como nosotros comprende la situación mejor que los supuestos expertos, no es porque tenga poder alguno para predecir acontecimientos concretos, sino porque puede percibir la clase de mundo en que vivimos».

De nosotros depende no acabar afirmando que “2+2=5” cuando el Partido lo requiera. Que la lucha no termine, no vencernos a nosotros mismos. No amar al Gran Hermano.

NO ES "CONFLICTO PALESTINO", ES UNA MASACRE

Ante el horror de la masacre en Gaza y el persistente atractivo del nacionalismo local, volvemos a preguntar: ¿no están los Estados fundados sobre la masacre, la desposesión y la expulsión de habitantes preexistentes?

En ocasiones, se habla de Israel como “Estado ilegítimo”, pero ¿y los otros Estados? El argentino también está fundado sobre masacres y desposesiones generalizadas que parecen lejanas. Esa es la patria que se supone hay que defender, la que “no se vende”.

Milei y sus “fuerzas del cielo”, la cita bíblica que se convirtió en eslogan y como han dado en llamar su misión mesiánica, apoyan explícitamente las fuerzas aéreas y terrestres del Estado de Israel que lleva adelante una masacre en Gaza. Es la ratificación de un alineamiento incondicional sobre cómo Israel trata a la “población sobrante” en Gaza. Sobrante para el Capital, claro.

El vicepresidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) dijo: «No hay inocentes civiles en Gaza, tal vez los niños de menos de cuatro años», debiendo renunciar poco después. En estas épocas parece ser más reprochable avalar verbalmente una masacre que llevarla a cabo o financiarla en silencio.

A su vez, para los gerentes del capital militarizado esta situación constituye una excelente oportunidad para acumular dinero y multiplicarlo. Para desarrollar y comercializar armas y sistemas de seguridad en todo el mundo a través de la guerra, con la masacre de la población palestina como objetivos de ataque y de pruebas en terreno.

“Población sobrante”

Aquello que se percibe y se nombra como población sobrante es una expresión concreta de la dinámica del modo de producción capitalista. Al interior de la clase proletaria, una porción creciente no logra vender su fuerza de trabajo, o si lo hace es en sectores de bajísima productividad en condiciones de extrema precariedad. Esta porción sobrante para la valorización es mantenida a duras penas, requiriendo de la ayuda estatal, o directamente es desechada, librada a su suerte e incluso asesinada.

La cosificación de los vínculos sociales que significan el intercambio mercantil y la venta de la fuerza de trabajo para sobrevivir, implica en situaciones extremas que una población pueda ser completamente deshumanizada, habilitando a su bombardeo, a su fusilamiento, a privarlos de agua, comida, vivienda y cuidado, tal como en Gaza.

La destrucción de esa “mercancía humana” en algunas regiones y desde hace años es llevada adelante militarmente bajo eufemismos como “guerra contra el terrorismo”. Cada gesto de apoyo al Estado de Israel, cada intervención de gobernantes, periodistas o artistas para “denunciar a los terroristas” es parte de una práctica de complicidad mundial donde la masacre es aceptada y avalada.

En una entrevista titulada Gaza: militarización extrema de la guerra de clases en Israel-Palestina (Le serpent de mer, 30/10/2023) Emilio Minassian señala que en Gaza no hay simplemente una guerra sino una gestión del proletariado “sobrante” con medios militares por parte de un Estado democrático, civilizado y perteneciente al bloque central de la acumulación. “Sobrante”, señala Minassian, en el sentido de que el trabajo en Gaza no permite casi ninguna acumulación capitalista. El capital que circula en Gaza procede esencialmente de rentas de la ayuda exterior (Irán y Qatar) y rentas de situaciones de monopolio como los túneles de tráfico fronterizo. Se han creado fortunas en torno a los túneles de contrabando. Hamás, a diferencia de la Autoridad Palestina (AP), no se encarga de los servicios públicos, ni paga los salarios: éstos los paga siempre la AP. En Gaza, la reproducción de los proletarios y la valorización son dos procesos desacoplados: los beneficios generados no son el resultado directo de la explotación del trabajo por los capitalistas. Sin embargo, se trata de una tendencia mundial. En Argentina, por ejemplo, trabajar precarizados en un sector improductivo o de baja productividad, o recibir una ayuda social financiada con renta o plusvalor extraído de otros sectores, son formas concretas de reproducción de la fuerza de trabajo, que no necesariamente valorizan capital, aunque de momento resultan necesarias para la reproducción social en su conjunto.

La población en Gaza depende también, y en gran medida, de las ayudas exteriores de la ONU, a través de la Agencia para los Refugiados de Palestina en Oriente Medio. Recientemente han suspendido su financiamiento varios de sus principales países aportantes como EEUU, Alemania, Francia, Reino Unido, Suiza, entre otros, debido a la acusación por parte de Israel de una supuesta participación de algunos miembros del personal de esta organización en el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. La complicidad en la masacre parece no tener límites.

Por su parte William Robinson en un artículo de 2014 titulado La economía política del apartheid israelí y el espectro del genocidio también afirma que la globalización capitalista convierte a los palestinos en “humanidad sobrante”:

«La población palestina de los territorios ocupados constituye hasta la década de 1990, una fuerza de trabajo barata para Israel. Pero con incentivos israelíes a la inmigración de judíos de todo el mundo y el colapso de la antigua Unión Soviética, una gran afluencia de asentamiento judío se ha producido en los últimos años. Además, la economía israelí comenzó a convocar mano de obra inmigrante de África, Asia y otros lugares. (…) una opción particularmente atractiva para Israel, ya que elimina la necesidad de mano de obra palestina políticamente problemática. Como la inmigración ha eliminado la necesidad de Israel de mano de obra barata palestina, esta se convirtió en una población marginal sobrante

Pero no es solo una masacre de eliminación sino también de conquista territorial. Se estima que hasta el 85% de la infraestructura gazatí ha sido demolida: viviendas, hospitales… Los capitalistas quieren el territorio del grupo segregado pero no su fuerza de trabajo, ni su existencia física. El racismo estatal constituye a las fuerzas de exclusión e impulsa a la apropiación de los denominados “recursos naturales” (el territorio reducido a cosa). Esa estructura racista acarrea la posibilidad concreta de desatar una masacre como la que estamos observando. Fue la experiencia de los nativos en América del Norte, y en el sur del actual territorio argentino. Es la génesis de los Estados y sus democracias. Particularmente en Gaza, lo étnico-religioso busca ser presentado como núcleo duro del conflicto, ocultando el desenvolvimiento de las necesidades del Capital en la región.

La industria de la guerra

Un capitalista puede producir películas, alimentos o armas si eso genera dinero. Porque no produce sino para incrementar su ganancia y así funciona el Capital, incluso si eso “cuesta” la vida de miles o millones de seres humanos.

La industria de la seguridad israelí es una importante rama de exportación de armas y munición que se ponen a prueba todos los días en Gaza y Cisjordania. La protección de los asentamientos de colonos requiere el desarrollo constante de seguridad, vigilancia y disuasión con cercas, retenes, cámaras de vigilancia y robots. Fuera de Palestina sirven para bancos, empresas y barrios de lujo del mundo.

Argentina compra armas y seguridad a Israel para defender la Patria. Ya desde la guerra en Malvinas, según archivos desclasificados, Israel armó y ayudó secretamente al país, argumentando que la venta de armas para Argentina era esencial para su industria de armamento interna, y que el Reino Unido estaba suministrando municiones a sus enemigos del mundo árabe.

Argentina es un mercado favorable a Israel en la expansión de la industria armamentista y de la disputa por el control hegemónico ante los “nuevos conflictos de seguridad”. A partir de un contrato firmado al finalizar el año 2022, la empresa israelí UVision Air Ltd. venderá a Argentina un sistema de armas que combina características de una aeronave no tripulada (UAV, dron en lenguaje coloquial) y de un misil. Se desconoce la hipótesis de conflicto que sustenta la operación.

Del otro lado de la cordillera también se usa armamento israelí para combatir a los mapuche en lucha. Allanan las Lof con vehículos de lujo, helicópteros y armas de asalto israelíes. En Chile, además de los contratos en tema de seguridad entre ambos países, los soldados reciben entrenamiento, tecnología y armamento militar israelí. «Las balas que asesinan a palestinas y palestinos son las mismas que se usan para reprimir en nuestros territorios» señalan desde el Walmapu. Aunque Boric “se posicione por Palestina”.

Israel progresa específicamente a través de la militarización de alta tecnología. Su economía sufrió dos oleadas de reestructuración afirma Robinson. La primera, en los años 1980 y 1990, fue una transición de la agricultura tradicional y la economía industrial hacia otra basada en la informática y la tecnología de la información. La segunda, seguida por los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 y la rápida militarización de la política mundial, produjo en Israel un giro más hacia un «complejo global de las tecnologías militares, de seguridad, inteligencia y vigilancia contra el terrorismo».

La economía israelí se alimenta de la violencia local, regional y mundial, los conflictos y las desigualdades. Sus principales empresas han pasado a depender de la guerra y el conflicto en Palestina, en Medio Oriente y en todo el mundo.

Como podemos advertir, la guerra no es simplemente el arma capitalista para atacar al proletariado, para subordinarlo o eliminarlo. También se trata de una empresa claramente expansionsita, contra Hamás en tanto principal defensor actual del nacionalismo palestino, y contra los países de la región que lo apoyan, como es el caso de Irán y Qatar, con claras intenciones de dominio regional también.

Y por sobre todo debemos retener que en la guerra de clases diaria y mundial la burguesía no necesita generalmente usar bombardeos con aviones, drones con misiles, ni sistemas de cyberseguridad. Además de la masacre despiadada, el avance abierto sobre los “territorios” y la industria de las máquinas de matar es necesario parar esta guerra silenciosa: del hambre, la enfermedad provocada por sus otras industrias, los “accidentes laborales”, el terror machista, la miseria y el suicidio (una de las principales causas de muerte en todo el mundo).

El fin de las guerras capitalistas solo es posible con el fin del capitalismo, no existe una sin lo otro.