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viernes, 11 de abril de 2025

GAZA: «QUEREMOS VIVIR»

Israel puso fin el 18 de marzo al breve “alto al fuego” en Gaza, con la reanudación de sus ataques aéreos. Fue uno de los días más mortíferos hasta la fecha, matando a más de 400 personas mientras dormían, provocando más de 500 heridos y numerosos desaparecidos. Al día siguiente al menos setenta palestinos fueron asesinados por más ataques aéreos perpetrados por el Ejército israelí en distintos puntos de la Franja, durante la segunda jornada de bombardeos.

Las acciones de Israel se dan en el marco de una situación política interna en la cual el gobierno de Netanyahu intenta mantenerse frente a una oposición creciente y protestas de ciudadanos israelíes, que lamentablemente nada tienen que ver con parar la masacre que efectúa su Estado en su nombre.

En Gaza, cientos de personas se movilizaron contra las terribles condiciones de vida. Hablar de la vida allá no es igual a hablar de la vida acá. Los están masacrando, por las noches, en el día, desde el cielo, por agua y por tierra. El movimiento se ha extendido de norte a sur en la Franja, su grito es simple y profundo: «Queremos vivir».

Una vez más, los palestinos son reducidos a poco más que números y sus escasos medios de subsistencia son continuamente destrozados. A pesar de la masacre y la ocupación, los habitantes de Gaza protestan también contra los propios gestores palestinos de Hamás. Porque los antagonismos de clase no pueden ser simplemente disueltos en pueblos y naciones en disputa, ni siquiera en las peores condiciones. Los últimos acontecimientos lo ponen de manifiesto de forma contundente. Y esto no ocurre solo en la Franja con Hamas, sino también en Cisjordania, donde la Autoridad Nacional Palestina tolera los abusos de los colonos, paramilitares y las fuerzas armadas israelíes, e incluso coopera con estas últimas en la persecución de opositores. Esto ha sido defendido públicamente por el presidente palestino de Cisjordania Mahmud Abbas del partido Fatah (que encabeza la OLP), como ejemplo de colaboración contra el accionar terrorista.

El 25 de marzo, cientos de personas salieron a las calles de Beit Lahia (ciudad de la Franja al norte de Jabalia) desafiando la brutal realidad de su vida cotidiana. Ondeaban banderas palestinas, retazos de tela blanca, portaban pancartas caseras y coreaban cánticos. Las protestas se extendieron a otras ciudades y los eslóganes que resonaban entre los escombros hablan por sí solos: «Queremos la paz» y «Fuera Hamás». Los palestinos no solo sufren el bombardeo y el asedió israelí (con la complicidad de todo Occidente) sino que también son reprimidos y entregados como carne de cañón por sus propias autoridades. No esperábamos menos de quienes se benefician del hambre y la masacre de su propio pueblo.

Un manifestante residente en Beit Lahia que vio destruida su casa y perdió a su hermano en un ataque aéreo israelí hace un año declaraba ante medios internacionales: «Nos negamos a morir por nadie, por la agenda de ningún partido o por los intereses de Estados extranjeros. Hamás debe dimitir y escuchar la voz de los afligidos, la voz que surge de debajo de los escombros: es la voz más veraz».

Hamás gobierna Gaza desde 2007. Las críticas abiertas a Hamás han aumentado en Gaza desde el comienzo de lo que los medios internacionales se siguen empeñando en llamar “guerra” o “conflicto”. Sin embargo, muchos proletarios ante la falta de alternativas encuentran que es el único medio para resistir, combatir al Estado de Israel, o simplemente tomar venganza.

Otro palestino del norte de Gaza que salió a protestar afirma que Israel es el principal culpable de la miseria en su región pero que Hamás también es responsable: «Estamos oprimidos por el ejército de ocupación (Israel) y estamos oprimidos por Hamás».

«Han matado a nuestros hijos. Nuestras casas han sido destruidas» declaró otro manifestante que dijo haberse unido a la protesta en Beit Lahiya «contra Hamás y las facciones [palestinas], contra Israel y contra el silencio del mundo».

Estas protestas son un grito valiente y desesperado contra la masacre pero también contra la represión que intenta encuadrar a toda la población palestina en un proyecto estatista y religioso de miseria y malestar permanente. Surgen al igual que otras iniciativas, impulsadas por sus necesidades inmediatas de supervivencia. Como aquellos grupos que desde hace años combaten a los milicos de Israel y a la complicidad de la Autoridad Nacional Palestina. Organizando ataques a las tropas de ocupación y checkpoints, resistiendo expulsiones en sus localidades y ejecutando acciones de defensa frente a las incursiones del ejército en los campos de refugiados y localidades que habitan.

Ya las protestas de julio-agosto de 2023 contra las penosas condiciones de vida existentes, en las que llegaron a quemarse banderas de Hamás como en Jabalia, ponían de manifiesto que la situación iba camino de estallar en cualquier momento. El proletariado de la Franja de Gaza expresaba su hartazgo de tener que vivir hambreado en el encierro israelí, mientras algunos de los dirigentes de Hamás viven en hoteles de lujo de Qatar y Turquía u ostentan una red clientelar sostenida por los fondos de Qatar e Irán. El ataque de Hamás del 7 de octubre del 2023 cambió el curso de los acontecimientos desplazando los conflictos de clase a través de la intensificación del enfrentamiento interburgués. Es importante comprender que la operación diluvio de Al-Aqsa y la posterior respuesta del ejército israelí se sitúan objetivamente en una misma lógica. La lógica de los Estados, del control del territorio y sus recursos, especialmente de los explotados que viven en la región.

Por otra parte, oponer guerra interburguesa y guerra contra el proletariado es una falsa oposición, pues son dos aspectos de una misma realidad. La guerra imperialista es siempre contra el proletariado, independientemente que el factor que desencadene las hostilidades sea la competencia en el mercado mundial o una operación de gendarmería para aplastar una revuelta. En el caso del Estado de Israel, es más que evidente que su función de gendarme regional está vinculada a la defensa de los intereses particulares que aglutina, o sea, a la defensa de la fracción hegemónica de la burguesía, encabezada por EE.UU., frente al de otras fracciones con las que rivaliza en el mercado mundial. Es decir, ese Estado no sólo asume una función policial contra los explotados que amenazan el equilibrio regional, sino que actúa al mismo tiempo contra sectores burgueses por el control de los recursos ‒proletariado incluido‒, por rutas y tratados comerciales, por posiciones geoestratégicas, etc.

Insistimos: Gaza nos recuerda de lo que es capaz un Estado para conseguir sus fines, nos recuerda que para este modo de producción un territorio y su población pueden ser, de un momento a otro, simplemente un obstáculo para la acumulación y las ganancias.


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* Información tomada de diferentes medios internacionales, panfletos y de la revista Revolución nro. 3 (Proletarios Internacionalistas, marzo 2025).

miércoles, 19 de febrero de 2025

GAZA Y NOSOTROS

«La violencia masiva nunca será la misma después de Gaza. Occidente normalizó y trivializó los horrores más gráficos, y solo una civilización diferente, o una revolución, podría sanar esta herida psicológica profunda. No se puede arreglar esto utilizando el conjunto de herramientas del sistema. Está roto.» (Alon Mizrah en X, 20/12/2024)

Con o sin “alto al fuego” el Estado de Israel arrasa democráticamente Gaza. Porque no matan solo mediante bombas, fuego y munición, sino también privando de agua, alimento y medicina a toda la población. Mientras tanto, el nuevo-viejo presidente estadounidense libremente elegido amenaza con administrar las ruinas y expulsar a quienes las habitan. El plan “Gaza 2035”, publicado en mayo del año pasado desde la oficina del primer ministro israelí, propone limpiar toda la Franja y ofrecer un destino paradisíaco con playas, rascacielos, campos solares y de cultivos, plantas desalinizadoras de agua, un corredor ferroviario, plataformas petrolíferas, barcos mercantes y más.

Nosotros, fuera de Palestina y desde hace más de un año, nos convertimos en espectadores de una masacre cotidiana transmitida en directo. Lo que ocurre en Palestina y alrededores no es más importante que lo sucedido ahora mismo, por ejemplo, en el Congo. Porque no se trata de jerarquizar entre masacres, genocidios, o atropellos, de simpatizar con unas víctimas y no con otras, tal como hace la indignación selectiva de la empatía ideológica.

A la magnitud de lo sucedido y a que Israel sea la primera causa de muerte infantil directa del mundo (la ONU denuncia que son casi 17 mil menores quienes han sido víctimas fatales solo en 2024), hay que agregar que todo esto ocurre con el silencio cómplice como cortina de fondo mientras vemos las imágenes minuto a minuto y nos mienten en la cara sobre cómo se trataría de una lucha contra el terrorismo. Mientras el mundo calla, somos testigos de una de las masacres más terribles de esta civilización.

A largo plazo, para acabar con estas matanzas no queda otra opción que acabar con el modo de producción capitalista. En lo inmediato, para el proletariado mundial no queda más opción que luchar contra nuestra propia burguesía en nuestro propio país. Sin embargo, contra esta masacre en curso es fundamental la solidaridad del proletariado que habita Israel, es lo único que puede detener esto. Una oposición bélica contra uno de los Estados más armados del mundo es inútil y Hamas no ha cesado de sacrificar palestinos.

“Palestina libre” es la consigna solidaria que generalmente visibiliza esta situación que las burguesías intentan tapar o desfigurar por todos los medios posibles. Sin embargo, como consigna revolucionaria –consideramos que solo de manera revolucionaria tiene salida todo este horror– propone al proletariado palestino la “liberación nacional” para ser explotado por su propia burguesía, una burguesía que ha demostrado siquiera ser eficiente en términos capitalistas. Y que como cualquier burguesía nacional no tiene problema en mantener a su población en la miseria y ofrecerla como carne de cañón.

Visto y considerando que reflexiones como esta no tienen llegada al territorio palestino y mucho menos incidencia en los acontecimientos, la cuestión es qué hacemos nosotros desde acá, qué pensamos nosotros, y qué sentimos. Qué lecciones podemos sacar de todo este brutal acontecimiento, si por un momento podemos agregar a las emociones un atisbo de reflexión.

A partir de esta situación histórica, ¿esta masacre marca un antes y un después? ¿Es preciso pensar después de Gaza, tal como se dijo hace casi ya cien años “pensar después de Auschwitz”?

Visibilizar esta masacre, movilizarnos para exigir no sólo el alto el fuego sino el fin de la nakba que lleva décadas, es lo menos que podemos hacer frente a esto. Comprender que el flujo constante de dinero y armas excede una región, y que de manera indirecta todos somos partícipes en el financiamiento de esta masacre, así como también somos sus potenciales víctimas. Gaza nos recuerda de lo que es capaz un Estado para conseguir sus fines, nos recuerda que para este modo de producción un territorio y su población pueden ser, de un momento a otro, simplemente un obstáculo para la acumulación y las ganancias.

Por otra parte, cabe subrayar que, a pesar de las similitudes como la simultaneidad entre el arrasamiento de un territorio y la lucha contra el terrorismo, no estamos apelando al miedo de “el próximo país puede ser Argentina” o “el próximo podés ser vos”. No es necesario apelar al dolor propio para poder comprender el ajeno. Lo que sucede a nuestros semejantes es motivo suficiente.

sábado, 30 de abril de 2022

1° DE MAYO CONTRA EL NACIONALISMO

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En Argentina, Rusia o Ucrania, en Cuba o en Suecia, en “Oriente” u “Occidente” hay explotadores y hay explotados, hay gobernantes y hay gobernados. Nuestra clase, el proletariado, es una clase mundial. Las condiciones para su explotación o la condena al hambre y la escasez son tan mundiales como la necesidad de destruirlas.

Asumir la lucha internacionalista es solidarizarse con las luchas de los proletarios de otros países, asumirla como nuestra y luchar también en “nuestro” país, contra “nuestro” Estado, contra “nuestra” burguesía; en tiempos de guerra y en tiempos de paz, inseparables para el funcionamiento de la sociedad capitalista. La guerra no es algo extraordinario, es constante, y se prepara en la paz social. ¡Para terminar con las guerras hay que destruir el capitalismo!

En Ucrania, al igual que en todas las demás “zonas en conflicto” como Palestina, Siria, Etiopía, Afganistán o Yemen, las consecuencias de la guerra son sufridas de manera brutal por la clase explotada. Las demás naciones implicadas, como es el caso de Rusia, los miembros de la OTAN y demás gendarmes, también depositan sobre los proletarios los costos y consecuencias de la guerra. Aquellos que habitan en Rusia, además de sufrir más duramente las consecuencias económicas debido al papel del país en el conflicto, son reprimidos frente a cualquier intento de oponerse o criticarla. Incluso al margen de los Estados protagonistas, se hace sentir sobre nuestras espaldas el impacto de las disputas interburguesas, con sus sanciones económicas y su correspondiente aumento de precios, o sus medidas de “excepción” en materia de control social que la guerra “justifica”. Nos hablan de paz y nos hacen la guerra, aunque por otros medios. Nuestra paz es la sumisión al dinero.

En épocas de globalización, de empresas multinacionales, de desterritorialización del Capital, el nacionalismo parecía en vías de extinción. Sin embargo, continúa vivo y fuerte. El nacionalismo dejó de ser cosa exclusiva de los conservadores y se convirtió en credo de la izquierda y los progresistas, incluso como falsa salida a los malestares del capitalismo mundial. Este es el marco que comparten con las nuevas derechas que temen y dicen combatir.

Como señala Fredy Perlman en El persistente atractivo del nacionalismo, los nacionalistas izquierdistas insisten en que sus nacionalismos no tienen nada que ver con el nacionalismo de los fascistas o los nacionalsocialistas, y que el suyo es un nacionalismo de los oprimidos que ofrece no solo la liberación individual sino también cultural. Para refutar estas pretensiones es necesario comprender la división de clase de la sociedad capitalista, que mientras exista trabajo o dinero jamás habrá suficiente para todos y que en nombre de la patria se cometen las peores aberraciones.

A 40 años de la guerra de Malvinas vale la pena recordar cómo los milicos torturadores y asesinos, junto a la ciudadanía cómplice, estaban de acuerdo con la izquierda argentina, prácticamente en su totalidad, en que se trataba de una guerra justa. Las diferencias estaban en cómo y quiénes llevarían adelante esa guerra, siendo de este modo responsables de sus consecuencias y –por acción o aval– de la muerte de más de 600 jóvenes.

Este año también seremos censados por el Estado. Según palabras oficiales, esta información estadística sirve para diseñar políticas públicas y para que las empresas planifiquen y lleven adelante proyectos. En la publicación oficial del primer censo, allá por 1869, cuando se erguía esta nación sobre el genocidio indígena, se puede leer: «el indio arjentino [sic] es tal vez el enemigo más débil y menos temible de la civilización; bárbaro, supersticioso, vicioso, desnudo». Hoy el censo contempla a los “pueblos originarios”: la “patria inclusiva” reconoce a los descendientes de aquellos pueblos que habitan este país, aunque sólo de palabra. En incontables ocasiones, dicho reconocimiento no equivale siquiera al acceso a lo requerido por las necesidades más básicas.

Como si fuera poco, este año habrá que soportar el mundial de fútbol. Otra fiesta empresarial de la burguesía que entretiene con nacionalismo, competencia y contemplación no-participativa. Se trata de exaltaciones del más básico nacionalismo y se trata del mundial de fútbol más infame hasta la fecha. Según cifras del informe «Detrás de la pasión», publicado en mayo del año pasado, ya había más de 6.500 trabajadores muertos para la construcción de los estadios y la infraestructura necesaria. Denuncias actuales por parte de diferentes organismos internacionales estiman que esa terrible cifra ya asciende a 10.000. En Qatar hay más de dos millones de migrantes provenientes principalmente de India, Bangladesh, Nepal, Egipto, Pakistán, Filipinas y Sri Lanka que constituyen el 95% de los trabajadores en el país. Alrededor del 40% trabaja en el sector de la construcción, que ha repuntado por el mundial. Trabajando entre 16 y 18 horas diarias, 7 días a la semana, soportando temperaturas de hasta 50°. Sin embargo parece no importar demasiado, porque son pobres, porque están lejos, porque son extranjeros…

Los partidos de la selección nacional son televisados hasta en las escuelas, institución donde se nos inculca desde bien chicos no solo una rutina de trabajo –o teletrabajo durante los pasados dos años–, sino la identidad nacional, marcadamente ficticia en una región con una historia de fuerte inmigración y aniquilamiento de los nativos. Aunque nos hemos acostumbrado generación tras generación, no podemos dejar de señalar lo ridículo de saludar una bandera todas las mañanas y tardes, jurarle lealtad, y someternos a infinitos actos patrios desde los primeros años de vida.

Incluso al 1° de mayo que estamos conmemorando se lo pretende reducir a un feriado patrio: como día del trabajador, con banderitas argentinas, locro y empanadas. Se intentan borrar así sus orígenes y su significado actual, el de una conmemoración de reflexión y de lucha: internacionalista, anticapitalista y revolucionaria. En las resistencias actuales el nacionalismo pareciera proporcionar cierto amparo comunitario o ligazón, algo común entre quienes se disponen a desobedecer y reunirse para bloquear, hacer asambleas, construir proyectos o simplemente destruir. En no pocas ocasiones muchos lo hacen con la bandera de su país en las manos, que no es más que el símbolo del exterminio en la región, e incluso fuera de sus fronteras. Pero los proletarios rebeldes no se disponen a luchar gracias a su patriotismo, sino a pesar de él. Es la propia lucha en actos la que aplasta esos símbolos de mierda impuestos por los poderosos para hacernos creer que dentro de unas fronteras delimitadas artificialmente coincidimos en nuestros intereses, que todos somos “el pueblo” más allá de las diferencias de clase. Sin embargo, pese a las acciones antipatrióticas, ese patriotismo persiste y es un peligro para la extensión y profundización de la revuelta. Y es un peligro también fuera de las revueltas cuando, para salvaguardar a la burguesía nacional, nos dicen por derecha que el inmigrante nos roba el trabajo y por izquierda que el problema son los ricos, pero de otro país.

No lo olvidemos: a la hora de atacarnos, la burguesía actúa como una fuerza internacional, al contrario de los nacionalismos y regionalismos. Comprender la dimensión internacional del capitalismo nos ayuda a combatir las limitaciones que nos impiden accionar desde una perspectiva que no se restrinja al lugar donde vivimos.

Hablamos de proletariado o burguesía porque nos parecen categorías precisas, mientras otros rebeldes prefieren hablar de oprimidos y opresores, o pueblo y élite. No nos preocupan tanto las terminologías, pero sí nos importa comprender la dimensión internacional y de clase de esta sociedad. Por motivos de este tipo es que insistimos en hablar de capitalismo y no simplemente de neoliberalismo, mucho menos de soberanía o liberación nacional, o siquiera de suma de liberaciones nacionales.

Nuestra consigna de agitación y de provocación «El proletariado no tiene patria» no puede olvidar que mientras exista capitalismo sí tendremos patria tal cual la conocemos. Mientras tanto, habitaremos en un país, incluso a pesar de nuestros deseos. La nacionalidad escrita en nuestras identificaciones es una imposición entre tantas otras. Tristemente, hemos naturalizado tanto el modo de vida que llevamos como asalariados que nos olvidamos de que también somos desposeídos, que nuestros ancestros fueron separados de sus tierras, de sus formas de vida y de producir, que fueron llevados a ciudades y barrios marginales para cubrir las necesidades de la vida mercantil. Esto es así, tanto seamos descendientes de “pueblos originarios”, nietos de inmigrantes de cualquier rincón del planeta, mestizos, o mezcla de inmigrantes e indios.

La patria es la organización que se dieron ricos y opresores en sus competencias: ellos crearon Naciones y Estados a costa de miles y miles de vidas proletarias que sucumbieron en trincheras, campos de trabajo, defendiendo fronteras que no eran las suyas. La patria no es más que la excusa para separarnos y oponernos, porque mientras no estemos luchando contra el Capital estaremos luchando entre nosotros y contra nosotros mismos.

MEMORIA: EXTRANJEROS "INDESEABLES" Y LUCHA INTERNACIONALISTA

De los ocho trabajadores revolucionarios conocidos como “mártires de Chicago” solo dos habían nacido en suelo estadounidense: Oscar Neebe, condenado a 15 años de trabajos forzados, y Albert Parsons, que se entregó a la Justicia para estar con sus compañeros y ser juzgado igualmente. El 11 de noviembre de 1887 fue ahorcado junto a tres alemanes: George Engel, Adolph Fischer y August Spies. Louis Lingg, también alemán, se suicidó en su celda para no ser ejecutado. Tampoco eran estadounidenses los dos condenados a cadena perpetua: Samuel Fielden era inglés y Michael Schwab era alemán.

Es justamente este último quien señala que, antes de partir de Europa, abrigaba la ilusión de que en la llamada “tierra de la libertad” no presenciaría el hambre y el desempleo: «Sin embargo he tenido ocasión de convencerme de lo contrario. En los grandes centros industriales de los Estados Unidos hay más miseria que en las naciones del viejo mundo. Miles de obreros viven en Chicago en habitaciones inmundas, sin ventilación ni espacio suficiente; dos y tres familias viven amontonadas en un solo cuarto y comen piltrafas de carne y algunos vegetales. Las enfermedades se ceban en los hombres, en las mujeres y en los niños, sobre todo en los infelices e inocentes niños».

Pero estos compañeros no luchaban por mejorar Estados Unidos o sus países de origen, luchaban por su clase, luchaban por la revolución social, contra el Estado y el Capital ¡de todos los países!

Desde que existe el trabajo jamás hubo suficiente para todos, y es por eso que los proletarios migran de un país a otro. Y es por eso que Marx pudo afirmar que el obrero no es ni francés, ni inglés, ni alemán, que su nacionalidad es el trabajo, la esclavitud libre, la venta de sí mismo y del propio trabajo. Y es por eso, entre otras razones, que se nos impone el internacionalismo. «El proletariado no tiene patria», y nunca tuvo patria. La patria nos separa y nos enfrenta. «El patriotismo se cree amor y no lo es», decía Rafael Barrett. Nuestro amor y nuestro odio no se detienen en una frontera. Así como a los burgueses no los detiene una frontera en su explotación, sus inversiones, sus ventas legales e ilegales, sus guerras.

Extranjeros “indeseables” junto a proletarios locales han propagado la lucha internacionalista por los rincones del mundo. Argentina ha sido históricamente un país de inmigración y la burguesía local ha intentado expulsar y deportar proletarios revolucionarios con la ley en la mano. Apenas comenzaba el siglo XX confeccionaban a nivel continental el Tratado de extradición y protección contra el anarquismo y, a nivel nacional, la Ley de residencia. Hasta la dictadura cívico-militar que acabaría en el ‘82, los milicos mantendrían oficialmente la idea de que la subversión provenía del extranjero, más precisamente de la URSS, país con el cual comerciaban libremente.

Retomamos las palabras del compañero Albert Parsons antes de ser ejecutado por el Estado:

«Soy internacional: mi patriotismo va más allá de las fronteras que limitan una nación; el mundo es mi patria, todos los hombres son mis paisanos. Eso es lo que el emblema de la bandera roja significa (…). Los trabajadores no tienen patria: en todas partes se ven desheredados; América no es una excepción de la regla. Los esclavos del salario son instrumentos que alquilan los ricos en todos los países; en todas partes son parias sociales sin patria ni hogar. Así como crean toda la riqueza, así también riñen todas las batallas, no en provecho propio, sino de sus amos.»*

 

* Extracto del libro: La Tragedia de Chicago, Ricardo Mella. Lazo Ediciones, Rosario, 2018.

MALVINAS: NO TODO FUE COMPLICIDAD Y SILENCIO

Así se tituló una publicación realizada hacia fines de 1982 por el grupo Emancipación Obrera en la que sus miembros recopilaron varias de las pocas expresiones en rechazo a la guerra de Malvinas durante su preparación y desarrollo. Encontrarse con las minoritarias voces allí rescatadas del olvido, así como con otras que continúan apareciendo, sirve de impulso y reflexión frente al patriotismo de los tiempos que corren.

El 2 de abril pasado se cumplieron 40 años de la toma de las islas por parte de las Fuerzas Armadas argentinas, que desencadenaría la guerra con Reino Unido. La conmemoración de aquellos sucesos por parte del gobierno argentino condensa la brutal hipocresía que caracteriza al Estado en la actualidad respecto de su propia historia: se recuerda a los caídos en la guerra de Malvinas en tanto héroes nacionales, se critica a los dictadores que la llevaron a cabo y se continúa reclamando la soberanía nacional respecto de las islas, todo a la vez.

«Malvinas nos une» es el nombre dado a la campaña de conmemoración a nivel nacional. En el marco de la misma, en un «Mensaje de la Mesa Interministerial “Malvinas 40 años”» podemos leer: «Cabe recordar que en 1982, al momento de las hostilidades en el Atlántico Sur, nuestro país estaba gobernado por una dictadura militar, ilegal e ilegítima, que actuó de espaldas al pueblo argentino y apartándose del compromiso tradicional de la Argentina con el principio de arreglo pacífico de las controversias internacionales y, en particular, con la búsqueda de una solución pacífica de la cuestión de las Islas Malvinas.

Como todo conflicto bélico, el del Atlántico Sur dejó un trágico saldo con la pérdida de numerosas vidas de combatientes. Su memoria, junto con la de quienes combatieron con la legítima convicción de defender el interés nacional, merece ser honrada. Además debe disponerse la capacidad del Estado para reconocer en términos concretos y atender las necesidades de los veteranos y veteranas y sus familias.»

Una vez más, no podemos pretender que el verdugo se juzgue a sí mismo, pero sí denunciar cómo el Estado pretende lavarse la cara poniendo sus masacres al servicio de su propio interés. El oportunismo de las diferentes fuerzas políticas se hace evidente. Hoy día, en su mayoría, son las mismas que apoyaron la guerra de 1982 y que hoy critican; incluso utilizando su recuerdo con el mismo objetivo por el cual fue llevada a cabo: apelar a la unidad nacional en tiempos de crisis. Si bien hoy no pareciera calar hondo aquello de sacrificarse por la patria y el nacionalismo argentino parece un tanto sobreactuado como la política local en general, sí persiste aquello de situar el responsable fuera, como reflexionábamos en torno al FMI en el número anterior del boletín.

Los documentos preservados en la publicación Malvinas: no todo fue complicidad y silencio recuerdan justamente la difícil situación que enfrentaba el gobierno en marzo del 82, con movilizaciones en diferentes lugares del país producto de la dura situación económica y el rechazo al terrorismo de Estado desplegado durante la dictadura. En uno de los artículos se señala que lo que se buscaba con la intervención en las islas era: «Distraer la atención de quienes temerosamente empezaban a emprender el camino de lucha contra las injusticias actuales. Acallar el creciente descontento de la población. Fortificar su imagen interna. Mejorar su posición respecto de la multipartidaria a la hora del “nuevo reparto” de Argentina. Incentivar el nacionalismo de manera tal que solo se hable de unidad, de unidad con quien reprime, con quien mata, quita la libertad, explota.»

En ese mismo texto titulado Nuestro desacuerdo con lo que se ha hecho y se está haciendo con las Malvinas publicado la tercera semana de abril, cuando aún no habían comenzado las batallas, se hacía la elemental pregunta sobre cuáles podrían ser los beneficios para la clase trabajadora de Argentina en caso de recuperar las islas. Se problematizaba sobre la dudosa utilidad de ese pedazo de tierra y sus “recursos”, a la vez que se ponía en cuestión la propia noción de utilidad en una sociedad cuya producción se basa en la obtención de ganancias y está organizada sobre la base de la propiedad privada. Con sencillos pero profundos argumentos el nacionalismo es puesto al descubierto y la gesta de Malvinas se muestra como completamente ajena a una perspectiva emancipatoria. Al mismo tiempo se denunciaban los intereses del gobierno inglés, que encontró también en la guerra un motor para levantar su debilitada imagen en un contexto de reestructuración capitalista y conflictividad social.

Vista la gestión estatal local en su conjunto, la guerra constituyó una importante herramienta para garantizar una pacífica transición democrática un año y medio después. A los pocos días de la finalización del conflicto en junio de 1982, en el artículo titulado ¿Qué nuevas mentiras nos preparan? ya se podía leer: «¿Qué pasará ahora? ¿Qué nuevo engaño prepararán? No nos extrañemos que se nos siga llamando a que dejemos de lado nuestros intereses, en pos de una pretendida unidad nacional (de sus bolsillos) después de la guerra. Seguramente, para restarle importancia a la historia reciente, tratarán de crear un nuevo espejismo: dar una salida democrática, otorgar mayor libertad a los partidos políticos y sindicatos, y seguir amordazándonos. En definitiva, tratarán de montar un nuevo circo y cada vez menos pan…»

En este mismo artículo se remarcaba otro aspecto fundamental, que hoy la cobertura respecto de la guerra en Ucrania vuelve a poner sobre la mesa: «Hay revistas que estimularon el odio irracional y el placer y la alegría ante la muerte de otros seres humanos: esto es la guerra capitalista. (…) Algunos han llegado a decir que si vieran a un inglés desangrándose le echarían aún más sal en sus heridas. A estos le mataron lo humano. Y estos serán parte de los muchísimos inválidos por la guerra de Malvinas que no figurarán en ninguna estadística oficial.»

A lo largo de los diferentes artículos se critica a todo el espectro político por su apoyo a la guerra, incluida la izquierda casi en su totalidad que, bajo la bandera del antiimperialismo, consideró y sigue considerando que se trataba de una “guerra justa llevada a cabo de manera injusta”. Uno de los textos mencionados en la recopilación es Todo el poder a Lady Di. Militarismo y anticolonialismo en la cuestión de las Malvinas, escrito por Néstor Perlongher y publicado bajo el seudónimo de Víctor Bosch en la revista Persona en 1982. Para este artículo hemos realizado recientemente una reseña que puede encontrarse en el canal de youtube de la Biblioteca. El texto nos recuerda:

«Decir que la movilización por la guerra sirve para verter consignas antidictatoriales –por otra parte inconcebibles, dada la ruina del país– es por lo menos una hipocresía: ya que ellas estaban, pese a tan inconstantes voceros, desatándose antes con más claro vigor. El gobierno, aplaudido unánimemente como anticolonialista, acaba de prohibir los filmes pacifistas y las críticas antibélicas, que pueden desmoralizar a los guerreros.

La ultraburocratizada y semiclandestina CGT ha donado un día de salario, ya esmirriado, para las tropas. Y hasta la masacrada izquierda, delirante de euforia patriótica, tiene que apoyar esas medidas y otras más radicales. Así, presuntas vanguardias del pueblo revelan su verdadera criminalidad de servidores del Estado.

En medio de tanta insensatez la salida más elegante es el humor: si Borges recomendó ceder las islas a Bolivia y dotarla así de una salida al mar, podría también proclamarse: “Todo el poder a Lady Di” o “El Vaticano a las Malvinas”, para que la ridiculez del poder que un coro de suicidas legitima quede al descubierto. Como propuso alguien con sensatez: antes que defender la ocupación de las Malvinas, habría que postular la desocupación de la Argentina por parte del autodenominado Ejército Argentino.»

 

* Escuchar nuestra columna en Pabellon Textual del 31/03/22 sobre la revista Persona, Néstor Perlongher y su artículo «Todo el poder a Lady Di. Militarismo y anticolonialismo en la cuestión de las Malvinas»

domingo, 3 de abril de 2022

Contra la guerre capitaliste !

Recibimos la traducción al francés del artículo de La Oveja Negra: ¡Contra la guerra capitalista! (marzo de 2022).  

Contra la guerre capitaliste ! (PDF)

Carpeta con traducciones de La Oveja Negra

 

La traducción corre a cargo de Controverses, que se agrega a una serie de textos que presentan mas o menos así: «Más allá de la insistencia o de elementos de análisis a veces diferentes, recogemos aquí un conjunto de posiciones claramente internacionalistas sobre el conflicto de Ucrania para contribuir a la reflexión y al compromiso de nuestros lectores en un terreno verdaderamente revolucionario... análisis que consideramos muy necesarios para resistir al machaque dominante que llama a la unidad nacional y que nos insta por todos los medios a defender la ideología nacionalista mortifera y el binarismo ambiente.»

Ukraine : prises de positions internationalistes / Ucrania: posiciones internacionalistas

martes, 22 de marzo de 2022

Tegen de kapitalistische oorlog!

Recibimos la traducción de un artículo de La Oveja Negra: ¡Contra la guerra capitalista! (marzo de 2022). 

La traducción corre a cargo de Arbeidersstemmen, que podemos traducir como La voz de los trabajadores.

Tegen de kapitalistische oorlog!  

Carpeta con traducciones de La Oveja Negra

 

«In Nederland begrijpt – voor zover bekend – geen enkele politieke groep de oorlog in Oekraïne vanuit het standpunt van de internationale arbeidersklasse. Daarentegen komen uit andere landen – zelfs uit Rusland – de eerste proletarische internationalistische geluiden die stelling nemen tegen alle bij deze inter-imperialistische oorlog betrokken landen. Zowel tegen de direct betrokken staten van Rusland, van de Oekraïne en van de afgescheiden ‘Volksrepublieken’, alsook tegen al de staten die hopen te profiteren van een nieuwe verdeling van militaire en economische invloedssferen, en die daarom geld, militaire instructeurs, troepen voor de vreemdelingenlegioenen aan beide kanten en massa’s wapens hebben geleverd en nog leveren. Laatste zijn alle staten van de wereld, waaronder ook Nederland. En alle staten van de wereld laten hun eigen arbeidersklasse betalen voor deze deelname aan de oorlog, onmiddellijk door de inflatie de inkomens van de arbeiders te laten opvreten, en door wat zal volgen, meer bezuinigingen op zorg, onderwijs, pensioenen en uitkeringen, meer aantasting van lonen, hogere arbeidsintensiteit, en meer oorlogspropaganda en repressie tegen wie zich tegen dat alles verzetten. Daarom: arbeidersstrijd ter verdediging tegen de kapitalistische aanvallen op onze levenssituatie, tegen de imperialistische deelname van Nederland aan de oorlog in de Oekraïne!
Volgt nu het artikel uit Argentinië.»

Una traducción aproximada de esta introducción:

«En Holanda -que sepamos- ningún grupo político entiende la guerra de Ucrania desde el punto de vista de la clase obrera internacional. Por otra parte, desde otros países -incluso desde Rusia- surgen las primeras voces proletarias internacionalistas que se posicionan contra todos los países implicados en esta guerra interimperialista. Tanto contra los estados directamente implicados de Rusia, Ucrania y las "Repúblicas Populares" escindidas, como contra todos aquellos Estados que esperan beneficiarse de un nuevo reparto de las esferas de influencia militar y económica, y que por tanto han suministrado y suministran dinero, instructores militares, tropas para las legiones extranjeras de ambos bandos y masas de armas. Los últimos son todos los Estados del mundo, incluidos los Países Bajos. Y todos los estados del mundo hacen pagar a su propia clase obrera por esta participación en la guerra, inmediatamente dejando que la inflación se coma los ingresos de los trabajadores, y por lo que seguirá, más recortes en la sanidad, la educación, las pensiones y las prestaciones, más erosión de los salarios, mayor intensidad laboral, y más propaganda de guerra y represión contra los que se oponen a todo eso. Por lo tanto: ¡lucha obrera contra los ataques capitalistas a nuestras condiciones de vida, contra la participación imperialista de los Países Bajos en la guerra de Ucrania!
Sigue ahora el artículo de Argentina.»

domingo, 13 de marzo de 2022

¡CONTRA LA GUERRA CAPITALISTA!

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Ninguna guerra es fácil de comprender, ninguna situación “geopolítica” es simple de captar. Y, menos aún, cuando se supone que en el mundo no hay clases sociales: sólo quedan países, líderes e ideologías políticas. Así hay quienes apoyan y justifican las masacres y el horror de la guerra. Son quienes olvidan o quieren hacer olvidar que las guerras se hacen por dinero. Tal como señalan compañeros en Rusia en estos momentos, detrás de la guerra sólo están los intereses de quienes detentan el poder político, económico y militar: «Para nosotros, trabajadores, jubilados, estudiantes, sólo trae sufrimiento, sangre y muerte. El asedio de ciudades pacíficas, los bombardeos, la matanza de personas no tienen justificación.» (ver panfleto)

La guerra explicita el horror de una sociedad basada en la acumulación y la ganancia. Es la paz capitalista por otros medios. La que acontece en Ucrania se suma a las guerras e invasiones que lamentablemente ya no reportan novedad alguna (Palestina, Yemen, Siria) y a los millones de muertos por el hambre, la miseria, el trabajo, las enfermedades prevenibles o el suicidio.

En las zonas en conflicto se agregan las muertes y penurias por los bombardeos, la falta de agua, comida, medicamentos, abrigo y energía. Así como también ocurre en los campos de refugiados, en las cárceles, en el frente. Reclutan a proletarios de distintos países para masacrarse por los intereses de sus explotadores y gobernantes, ¡por los intereses de la burguesía! Encarcelan a quienes en Rusia se oponen a la guerra y lo manifiestan pública y colectivamente. Militarizan y aumentan la intensidad del trabajo mientras agudizan los ajustes. ¡Eso es una guerra! ¡Estas son las guerras contra el proletariado!

La guerra es la esfera de lo destructivo controlado, del desastre premeditado, de la gestión y administración de la muerte y la miseria. Esta competencia es inherente al Capital. Proletarios luchan, mueren y sufren el estado de guerra en nombre de uno u otro bloque, cuando los proletarios no tenemos patria ni nación que defender. Como señalaba Marx: «El obrero no es ni francés, ni inglés, ni alemán, pues su nacionalidad es el trabajo, la esclavitud libre, la venta de sí mismo y del propio trabajo. No está gobernado por Francia, Inglaterra ni Alemania, sino por el capital. El aire de su tierra no es ni francés, ni inglés, ni alemán, sino el aire de la fábrica. La tierra que le pertenece no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, sino aquella que se encuentra a unos pocos metros bajo tierra. Al interior de un país, el dinero es la patria del industrial.»

Pese a todo hay a quienes, empecinados en pertenecer o identificarse con algún bando capitalista, es decir asesino, justifican una u otra guerra, uno u otro ataque, uno u otro Estado. Con argumentos rancios, sean estos estalinistas o liberales, fascistas o antifascistas, incluso antiimperialistas, todos se concentran en apuntalar la explotación y la opresión: el capitalismo.

Claro que existen diferencias, que sean todos una mierda no significa que sean la misma mierda: Zelenski, Biden, Putin, la OTAN, los neonazis ucranianos, los neonazis rusos. Los dirigentes de Estados, sus conflictos y alianzas, sus paces y guerras, sus desarrollos y destrucciones, sus ciencias y religiones, sus ayudas humanitarias y controles de seguridad ¡todos sirven a un solo interés!: el mantener el dominio de la paz social, que no es más que la paz de los cementerios.

No existe, ni existió, ni existirán “buenos” o “malos” dirigentes burgueses, “buenos” o “malos” partidos burgueses; ni tampoco tiene sentido hablar de “buenas” o “malas” naciones o Estados. Ayer, hoy y mañana, el interés de la clase burguesa se encuentra y se encontrará siempre en guerra contra el proletariado. El trabajo, la explotación, la miseria y la guerra son las formas concretas de ese interés.

En la guerra y en la paz nos ajustan “por los intereses del país”. Pero como decimos desde hace décadas y décadas en todos los continentes: el enemigo también se encuentra “en nuestro propio país”, es “nuestra” burguesía.

La fuerza revolucionaria del proletariado depende de su capacidad para luchar contra las diferentes fracciones burguesas, contra las diferentes formas de dominación que el Capital despliega. Es en este sentido que frente a toda guerra burguesa los revolucionarios se solidarizan con sus pares de las otras regiones y, así como lo han hecho en el pasado, hoy levantan y levantarán siempre una consigna internacionalista y revolucionaria contra la guerra. Puede que estas consignas no tengan actualmente la fuerza necesaria para ser una práctica masiva del proletariado, pero no por ello dejan de ser una dirección y perspectiva.

En la pacífica y mortuoria Argentina los gobiernos nos ajustan por el bien del país, los falsos críticos nos dicen que el problema no es la burguesía local sino el FMI. Nos hablan de “pueblo” como si en esta tierra solo hubiese intereses nacionales y no de clase. Así, nos quieren amansar en la paz y nos preparan para condiciones aún peores, o incluso para la guerra. En Ucrania se ha decretado ley marcial para reprimir todo tipo de acciones consideradas antipatrióticas, desatando a su vez una violenta campaña contra las personas que roban en tiendas o participan en saqueos. En el resto del mundo, el empeoramiento de las condiciones de vida a causa de la guerra ya ha comenzado. Tanto en los países directamente implicados, en sus vecinos de Europa, como en el resto del mundo, quien pagará los costos será el proletariado. Cuando la “guerra” al virus parecía terminar, otra ha comenzado. Una nueva justificación para ajustarnos los cinturones. En Argentina, durante la primera semana de marzo la harina aumentó el 52% en cuatro días. Desde el comienzo del conflicto se dispararon los precios de la materia prima base de la deficiente alimentación de esta región. Y aún hay quienes piensan que deciden el rumbo del país porque votan cada algunos años.

jueves, 2 de julio de 2020

CONTROL Y CONFINAMIENTO

La app del gobierno nacional tiernamente llamada “Cuidar”, dice tener como función principal indagar sobre síntomas de los ciudadanos y rastrear pacientes con coronavirus a partir de la geolocalización. Para esto, entre una serie de datos, hay que brindar a través de un autoexamen la temperatura corporal y posibles síntomas de covid-19. El sistema advertirá sobre el carácter de declaración jurada de los datos ingresados por lo que, dicen, es necesario ingresar datos correctos y actualizados.

Su extendido uso está dado principalmente por la posibilidad de tramitar los permisos de circulación a través de la misma, así como también por las idas y vueltas en torno a su obligatoriedad en Capital Federal y el Área Metropolitana, que también se replicó en varias ciudades a lo largo y ancho de este Estado maternal que nos tocó en suerte. En Rosario, por ejemplo, los medios marearon bastante al respecto.

Si bien los diferentes permisos de circulación pueden tramitarse a través del sitio web del gobierno, se insiste con la utilización de la app para estos fines, así como las bondades del “autocuidado” a través de la misma.

La cuestión es que, sin descargarla, se pueden leer las reseñas de los usuarios advirtiendo que la app tiende a diagnosticar Covid-19 y por tanto denegar el permiso de circulación: si te equivocás, si ingresás una temperatura que no excede los 36.8, e incluso cuando se tilda al volver a prenderla. Esto no solo deja impedidas a miles de personas de trasladarse con el permiso otorgado, sino que alimenta aún más el miedo al virus con diagnósticos erróneos, principalmente entre quienes confían en este tipo de tecnologías y en el Estado protector en general. Otra queja es que en los números telefónicos de reclamo no atiende nadie.

En fin, la típica burocracia de oficina pública y largas filas, pero ahora aislados y tecnificada. Entre tanta paranoia de cybercontrol es un hálito de esperanza advertir que la tan publicitada tecnología, a fin de cuentas, no es tan perfecta y siempre hay huecos. Del mismo modo, es posible salir sin el permiso y sortear los controles de la manera que sea posible. Para trabajar, para cuidar un enfermo o simplemente para vivir.

El confinamiento obligatorio y la vigilancia por parte de Estados y empresas privadas no es simplemente un atropello a las libertades civiles. Es un bloqueo a quienes sobrevivimos con trabajos informales, a quienes tenemos que cuidar ¡pero de verdad, no como el Estado! a nuestros enfermos. Es una medida objetiva de ataque a nuestra salud tanto física como mental, en estos tiempos que tan hipócritamente se habla de la salud de los ciudadanos.

Mientras no reivindiquemos nuestras necesidades inmediatas, las protestas contra estas medidas del Estado serán apropiadas por quienes explican la realidad a través de “conspiraciones judeo-masónicas” o quieren que vuelvan los milicos al gobierno, o al menos un Bolsonaro o un Trump. Y los medios de comunicación oficialistas y demás adictos al gobierno seguirán ridiculizando cualquier crítica de las medidas estatales. Comparando la crítica del capitalismo al terraplanismo, mientras promueven una extraña pseudoteoría que promete “un capitalismo donde todos ganen”. Pero la realidad es que simplemente una estupidez es menos popular que la otra, es lo mismo que distingue a una secta de una religión: la legitimidad brindada por el poder económico.

Es sano reírse de la necedad ajena, pero cabe recordar que quienes garantizan la desigualdad social con sus agrotóxicos, su corrupción, su gatillo fácil o su justicia sexista no han sido hasta ahora los terraplanistas.

Si bien es necesario poner en tensión los discursos y las polarizaciones arraigadas localmente de cara a la conflictividad futura, es imprescindible alzar la mirada más allá de las fronteras nacionales, no para analizar estadísticas, sino para hacernos eco de las luchas del proletariado que comienzan a desarrollarse aquí y allá, a pesar del coronavirus y el confinamiento (1). Las revueltas sucedidas a lo largo y ancho de Estados Unidos a partir del asesinato de George Floyd, que se extendieron a diversas ciudades del mundo, o las desatadas en Líbano a raíz de la profunda crisis económica y social, son la clara expresión de nuestras necesidades contra los mandatos de la economía y el Estado. Las medidas desplegadas en la “guerra contra el coronavirus” han agudizado la situación precedente y están llevando al límite de la supervivencia a franjas cada vez más amplias del proletariado a nivel mundial. Las revueltas y diversas expresiones de lucha que comienzan a retomar fuerza en diferentes partes del globo tras el impasse “sanitario”, nos recuerdan que la lucha y reflexión colectivas, la acción directa en las calles, permiten superar fácilmente muchas de las discusiones estériles a las que venimos siendo sometidos en este confinamiento mundial.

Nota:
(1) Recomendamos al respecto El contagio de la revuelta se extiende… ¡Luchas por doquier! del grupo Proletarios Internacionalistas.

¡SUSCRIBITE A LA BIBLIO!

Durante el mes de junio lanzamos la segunda entrega de esta propuesta con la que buscamos sostener, profundizar y extender vínculos compañeros a lo largo de la región. En esta ocasión incluimos:

Contagio social. Guerra de clases microbiológica en China, que contiene el artículo homónimo del grupo Chuang (China), con el agregado como anexo de nuestro boletín La Oveja Negra nro. 69: Coronavirus y cuestión social.
La Oveja Negra nro. 70 del 1° de mayo: El trabajo es la peste.
Reflexiones sobre el paro del 8M y otros textos, una compilación respecto a la “cuestión de las mujeres” en el capitalismo.
Cuadernos de Negación nro. 14: Notas sobre trabajo doméstico donde analizamos el trabajo de reproducción de la fuerza de trabajo, la familia, la monogamia, la sexualidad y los cuidados, todo esto en relación al trabajo, al salario, al antagonismo social y al Estado.
A propósito de las revueltas de 2019, realizado desde la biblioteca La Caldera de Buenos Aires.
Contra la pandemia del Capital ¡Revolución social! panfleto del grupo Proletarios Internacionalistas.
• De nuestros folletos de bolsillo incluimos la compilación de dos textos acerca de la represión estatal y la lucha. Las palabras de Leonardo Santillán pronunciadas en el Puente Pueyrredón en 2019, donde a su vez recuerda lo ocurrido en 2017 con Santiago Maldonado; y las de Farid El-Yamni, a quien también el Estado (francés) le arrebató un hermano en 2012.

miércoles, 10 de junio de 2020

Revolução em Rojava?

O texto foi traduzido por Matheus Ávila e revisado por Diego Marques. O original faz parte dos boletins da Biblioteca e Arquivo Histórico-Social “Alberto Ghiraldo”, localizada em Rosário na Argentina. Os boletins são publicados no blog “La Oveja Negra” (A Ovelha Negra):



Traducción del artículo ¿Revolución en Rojava? aparecido en La Oveja Negra nro.31, septiembre de 2015. Publicada en el sitio Crítica Desapiedada.

Para continuar en la crítica a la lógica que parte del análisis de los conflictos interburgueses en una región para luego tomar partido por un aparato, un ejército o un partido político ¡la lucha proletaria en cualqueir región del mundo es algo más que las siglas que intentan representarla! Debemos partir de las expresiones de lucha de nuestra clase, para encontrar la forma de solidarizarnos y de colaborar en su proyección y contagio, para comprender su dimesión internacional.

También existe traducción al checo, francés e inglés.

lunes, 30 de marzo de 2020

RECIBIMOS: ERUPCIÓN NRO.1

Erupción es un Boletín Anarquista de Análisis desde América Latina.

Quienes lo publican anuncian que «el boletín busca, desde una perspectiva anarquista, ser un espacio de intercambio, debate y profundización del análisis político, dando cuenta de la situación de cada territorio mediante la publicación de dos número anuales.»

Les pueden buscar en las redes sociales: @boletin.erupcion en Instagram y Erupcion en Facebook.

Desde nuestro boletín La Oveja Negra participamos con el artículo Argentina y la erupción postergada, y también agregaron Haití: ¡Viv Revolisyon! incuído en el nro. especial En tiempo de revueltas: Chile y Ecuador.

Para descargar Erupción nro.1:
versión PDF WEB.pdf

RECIBIMOS: A PROPÓSITO DE LAS REVUELTAS DEL 2019

Compartimos una nueva publicación de compas de la Biblioteca La Caldera (Buenos Aires):

A PROPÓSITO DE LAS REVUELTAS DEL 2019

Durante parte del verano y estos días de cuarentena, realizamos esta publicación que surge de charlas entre compañerxs de la biblioteca y el intercambio con camaradas de otras regiones. Intentamos es hacer algunas reflexiones que comprendan las revueltas de la última mitad del 2019 desde un punto de vista abarcativo, que supere la separación espectacular de los sucesos para «compartir algunos aspectos que puedan ayudar a entender las posibilidades del momento en curso desde una perspectiva que considera necesaria la revolución.» .

• PRESENTACIÓN
• EL CAPITALISMO ES LA CRISIS
• LA REPRESENTACIÓN COMO DELEGACIÓN
• IMPERIALISMO Y ANTI-IMPERIALISMO: COMPETENCIA MONOPÓLICA Y COMPETENCIA IDEOLÓGICA
• APUNTE SOBRE ARGENTINA: LA COMODIDAD DE SER DOMINADOS
• HACIA LA COMUNIDAD HUMANA

Para leer o descargar (en varios formatos):
lacalderalibros.tumblr.com

lunes, 2 de marzo de 2020

HERIDAS INTERNACIONALES

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En los últimos años de aguda crisis capitalista las protestas se multiplicaron alrededor del mundo. Esto trajo aparejado un marcado aumento de la violencia por parte de las fuerzas armadas de la burguesía, generando lesiones graves, discapacidades y muerte a los manifestantes. En un contexto de conflicto creciente, frente a una vida que se ve pauperizada cotidianamente, el armamento antidisturbios toma una importancia central para los Estados.

Se desarrollaron tecnologías represivas que, según sus propios estándares asesinos, se clasifican como “no letales”. No hay nada casual. Por dar un ejemplo, en Argentina hace relativamente poco comenzó a introducirse cada día más la recomendación de las pistolas táser, para reprimir en lugares públicos donde accionar un arma sería, según la lógica del Estado, un acto “irracional”.

A la hora de atacarnos la burguesía actúa como una fuerza internacional, al contrario de los nacionalismos, regionalismos y ¡hasta localismos! que muchas veces cargamos los proletarios en lucha. Comprender la dimensión internacional del conflicto nos ayuda a combatir las limitaciones que nos impiden accionar desde una perspectiva que no se restrinja al lugar donde vivimos.

Del mismo modo, hablamos de proletariado o burguesía porque nos parecen categorías precisas, mientras otros rebeldes prefieren hablar de pueblo y élite. No nos preocupan tanto las terminologías, pero sí nos importa comprender la dimensión de clase de este conflicto mundial, y del antagonismo que hay entre estos dos sujetos. Por motivos de este tipo es que insistimos en hablar de capitalismo y no simplemente de neoliberalismo.

Para mantener la aplastante normalidad del Capital, la burguesía recurre a palos y balas de distintos tipos, numerosos y diversos agentes químicos irritantes a los que solemos llamar sencillamente gases lacrimógenos, camiones hidrantes, granadas de aturdimiento, dispositivos acústicos de largo alcance y armas de energía dirigida. Y claro, sus mercenarios, sin los cuales todo este armamento no podría funcionar. Con acuerdos y desacuerdos en matices, los órganos internacionales del Capital mantienen un esmero incesante en términos represivos.

Nos lo cuentan compañeros de las revueltas en Francia, en Chile, en Ecuador, en Colombia. Leemos situaciones casi idénticas en el Líbano, en Irak. Y aun cuando los vemos, oímos y sentimos, en líneas generales los conocimientos básicos sobre la represión nos pasan de largo. Sin embargo, en todas partes es la misma lucha y en todas partes se reprime de la misma manera: se revientan ojos con armas no letales y se envenena cada vez más con gases lacrimógenos que van modificando sus agentes químicos.

Es evidente que en las revueltas ya existentes y en las que estén por venir hay que aprender a cuidarse si se quiere salir a la calle a protestar: gafas de seguridad, cascos, máscaras, guantes. Nos lo enseñan quienes están luchando, resistiendo y atacando a las fuerzas del orden que protegen la propiedad privada en diferentes ciudades. A medida que las represiones son cada vez más habituales, se hace un hábito el cuidado, la prevención y la atención a los heridos, como puede observarse en las luchas en Francia y Chile.

Las balas de goma, lo sabemos de sobra, generan graves lesiones. Gatilladas a corta distancia, logran un poder de penetración en la piel similar al de las municiones convencionales, pueden matar. Las armas se usan para herir y matar. Ariel Moreno Molina, de 24 años, fue asesinado por carabineros de Chile mientras escribimos este artículo. Un proyectil con componentes metálicos impactó en su sien y murió días después.

Lanzadas o disparadas desde lejos, estas armas son imprecisas y muchas veces impactan en las partes más vulnerables del cuerpo o eventualmente ocasionan lesiones a personas cercanas que no estuvieran participando de la protesta. Esto explica, en gran parte, cómo cientos de manifestantes alrededor del mundo están quedando parcial o completamente ciegos.

En abril de 2007, Carlos Fuentealba, docente en la provincia de Neuquén, fue asesinado durante una represión a un corte de ruta. Las fuerzas policiales avanzaron y se dispersó a la gente, en uno de los autos iba Carlos, que murió al ser impactado por una lacrimógena.

Los llamados “gases lacrimógenos” incluyen una gran variedad de sustancias químicas que irritan la piel y las mucosas. Como consecuencia, provocan efectos inmediatos: ojos irritados, dificultades respiratorias y efectos psicológicos adversos, tales como sensación de desorientación y agitación. Estas granadas provocan lesiones traumáticas al impactar en la cabeza, el cuello o torso de las víctimas, y también lesiones neurovasculares en las extremidades. Si alguna vez pensamos que se trataba de casos aislados, de seguro hoy no.

Los camiones hidrantes, con su poderoso alcance tienen la fuerza de impedir la comunicación de los manifestantes, además de generar pánico por su inmenso tamaño. En Chile, recientemente ha muerto atropellado Jorge Mora, en la misma semana que Ariel Molina. Además, hace tiempo se denuncia el uso de tinturas de color identificatorias o líquidos nocivos mezclados en el agua de los camiones hidrantes que generan graves afecciones en la piel.

Como señalábamos en La Oveja Negra Nro. 66 (especial sobre las revueltas en Chile y Ecuador), en Francia ha habido manifestaciones de “mutilados para el ejemplo”, parafraseando la expresión “fusilados para el ejemplo”, referida a los soldados franceses ejecutados en la Primera Guerra Mundial por evitar el combate. Estos heridos de guerra (de clases) han quedado tuertos o mancos por el uso de armas no letales.

Recientemente el presidente argentino Alberto Fernández visitó Francia y se refirió a Emmanuel Macron como «un nuevo e inesperado amigo». Agregó que «Francia es un inversor muy importante en la Argentina, sus empresas expresan lo mejor del capitalismo, que es invertir para producir y dar trabajo». Pero el capitalismo da trabajo y necesariamente da desocupación, así como da gases lacrimógenos y balas, produce mercenarios y asesinos.

La otra represión

La finalidad de la represión por las armas es acallar a los manifestantes, dispersarlos, no dejarlos avanzar, no dejarlos organizarse, proteger la propiedad privada, proteger los intereses de la burguesía. Pero esta no es la única manera de acabar con una revuelta, hay otras formas igualmente democráticas.

Invirtiendo el lema del Estado chileno podemos decir que no siempre es «por la razón o por la fuerza», de hecho en aquella región viene siendo por la fuerza y luego por la razón. El gobierno poco puede lograr disparando, golpeando, mutilando, torturando y encarcelando. Frente a la continuidad de la lucha, recurre a la razón, más precisamente a la razón estatal.

La burguesía internacional vuelve a advertir a sus pares de esta región: «El mensaje para la próxima generación de líderes latinoamericanos es difícil de ignorar. Los políticos que no logran brindar bienestar o involucrar a los grupos locales en las decisiones políticas son una especie perecedera.»(1)

La democracia representativa ya se ha vuelto más inclusiva y participativa en algunas regiones. En otras, como en Chile, deberá hacerlo para adaptarse a los nuevos tiempos. Los procesos constituyentes no son más que agendas impuestas desde arriba a la clase explotada y oprimida. Una nueva Constitución Nacional puede escribirla el pueblo, pero el lápiz es del Estado y el papel del Capital.

La Asamblea Constituyente de Bolivia en 2006 sirvió para asegurar la democracia mercantil y mantener la explotación y la opresión frente a movilizaciones masivas con el cuento de “una nueva independencia”, el “Estado plurinacional” y “el socialismo comunitario”, tal como dijo Evo Morales en la promulgación de 2009.

En Cataluña hay quienes prometen un Procés Constituent, que mezcla la independencia de una región con el fin del capitalismo. ¿En una sola región también? ¿Cómo terminar con el capitalismo en un solo país si se trata de un sistema mundial? Nuevamente se intenta dejar hacer, pero en el terreno del enemigo, nos dejan jugar siempre que sea en su patio. Y lo que queremos, a fin de cuentas, no es más que lo que ellos nos proponen que juguemos. Haciendo un solo equipo entre patrones y trabajadores, torturadores y torturados, todos unidos en nombre de la patria.

En Argentina no pareciera que estemos cerca de algo así, por el momento los poderosos tienen un consenso garantizado. La grieta entre gobierno y oposición, que se van alternando, no representa más que dos maneras de gestionar el capitalismo en este país: matar de hambre a unos, dejar sobrevivir a otros. En suma, extraer “recursos” de norte a sur.

Para quienes quieren mantener todo como está, en este momento es al pedo reflexionar, pensar colectivamente, actuar globalmente, y cuando la situación se agudice nos dirán que ya no hay tiempo para ello. Por tanto, estas cuestiones “teóricas” son inmediatamente “prácticas”. Una praxis social de enfrentamiento a lo establecido, de desobediencia al Capital, a sus defensores y a sus falsos críticos.


Nota:

lunes, 18 de noviembre de 2019

EN TIEMPO DE REVUELTAS: CHILE Y ECUADOR

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NRO. ESPECIAL (32 páginas)

¡VAMOS HACIA LA VIDA!
Reemergencia global de la lucha
Una acción común contra el Capital

REVUELTA EN ECUADOR
Solidaridad
Represión y criminalización
Carta desde el pasado
Breve balance
Un mes después del Paro Nacional…

REVUELTA EN CHILE
«¡Evade!»
¿Guerra?
¿Vuelta a la normalidad?
Sobre las asambleas constituyentes
Notas provisionales...
Esto no termina…
Cuadros:
Primer detenido bajo la Ley de Seguridad Interior del Estado por las revueltas de octubre: Roberto Campos
Izquierda en Ecuador, derecha en Chile
Contra el patriotismo

Anexos:
Haití: ¡Viv Revolisyon!
Bolivia: Revuelta y Golpe de Estado

¡VAMOS HACIA LA VIDA!

«El abismo no nos detiene:
el agua es más bella despeñándose.»
(Vamos hacia la vida. Ricardo Flores Magón, 1907)

En distintas regiones del planeta estalla la revuelta proletaria, sincronizando el hartazgo, pero también la creatividad, la desobediencia, el amor y la rabia. Francia, Hong Kong, Irak, Ecuador, Chile, Líbano, Colombia, Bolivia, Haití (ver anexos) son solo algunos de los países donde ahora mismo o en las últimas semanas se agudiza la lucha de clases.
Por compartir el mismo idioma y por cercanía, pero también por los testimonios de primera mano de compañeros, nos enfocaremos en Ecuador y Chile, siendo Chile además una situación sobresaliente. Sin embargo, no podemos dejar de hacer referencias a otras luchas que vienen de largo aliento como es el caso de Haití o Francia con los denominados “chalecos amarillos”(1).

Sin tampoco desmerecer otras más recientes como en el Líbano donde, tras dos semanas de conflicto que significaran cortes de calle en las principales entradas de la capital, mientras bancos, escuelas y universidades estaban cerrados, el primer ministro debió renunciar(2).

Sí, hemos dicho proletariado, hemos dicho lucha de clases. Aunque nos digan que es algo antiguo, anticuado. Y claro que es antiguo, el proletariado no es una nueva identidad en las góndolas de los supermercados, es una realidad social de hace siglos. Así de anticuados somos quienes día a día, debemos vender nuestra fuerza de trabajo esperando que alguien la compre y esclavizarnos por turnos para alquilar algún lugar, transportarnos, llenar la panza, comprar algún medicamento, distraernos y sobrevivir. Y también quienes no logramos venderla, los llamados “población sobrante”, que hacemos todo tipo de malabares para conseguir algo de dinero para seguir adelante.

Acá o allá nos hablan de derecha e izquierda, de neoliberalismo o populismo, de diferencias políticas, de patrias, pero ocultan lo esencial: el antagonismo de clases.Este significa la imposibilidad material de la coincidencia de necesidades e intereses con nuestros explotadores y gobernantes.

Por eso nos interesamos desde tan lejos sobre estos conflictos en curso. Simplemente porque el capitalismo es mundial y nuestra clase también. Pese a la aplastante paz social reinante de esta nueva transacción democrática en Argentina (3) y aunque nos digan que acá "el estallido fue en las urnas" queremos aprender de las luchas de nuestra clase, de sus formas de organizarse, de las características distintivas de este nuevo ciclo de revueltas.

En Argentina, pese a un mayor empeoramiento de las condiciones de vida que en Chile o Ecuador, el Partido del Orden(4) provee una vía constitucional y por tanto de representación para el proletariado.

El presente y el futuro gobierno acuerdan la transición ordenada del palo y la zanahoria. Represión armada, política y económica: golpes, electoralismo, encarcelamientos, gatillo fácil, subsidios y planes sociales miserables. ¿Han persuadido a tanta gente que no hay otro horizonte que esperar y esperar mientras nos matan de hambre, con “accidentes” laborales, sus fuerzas represivas o mientras nos arruinan con agrotóxicos y otras nocividades propias de este sistema de muerte? Ya veremos cuánto tarda en explotar esta burbuja inflada a mentiras.

En la lucha contra el paquetazo en Ecuador podía escucharse que no querían "terminar como Argentina" refriéndose a la aceptación de las medidas del FMI, a lo que también debería agregarse una ineludible referencia al hecho de quedarse en la pasividad y no salir a luchar.

El asesor de la burguesía John Authers, en el portal de Bloomberg, empresa dedicada a ofrecer servicios de información financiera, lo alertaba muy bien a su clase: «el hecho de que los chilenos se hayan rebelado contra el costo de la vida es alarmante y sugiere que una situación similar podría suceder fácilmente en el resto del mundo en desarrollo.» Y le da una posible solución a la burguesía chilena: «Chile carece de un movimiento populista, o de un caudillo político astuto. Tal figura podría haber sido capaz de usar la ira pública para sus propios fines (...). En Chile, donde la política convencional carece de un partido o una personalidad para canalizar sus quejas, los manifestantes han recurrido al vandalismo autodestructivo.» Esa es la necesidad del Capital con sus líderes carismáticos ¡y ya no lo decimos nosotros sino la propia burguesía!

Los gobiernos populistas o, en su defecto, las oposiciones populistas de cada región ya no son ninguna novedad. Que el apoyo al “populismo de base” sea en realidad el reclutamiento de la base proletaria para el populismo tampoco. Apoyar al populismo es apoyar no solo la representación y la delegación sino también la represión, el inminente aumento de la tasa de explotación "en favor del país y su pueblo", es en definitiva la defensa del capitalismo y el Estado.

Desde la voz oficial de los gobernantes de todos los partidos políticos o su tropa de obsecuentes, vemos que quienes se salen de las urnas y los petitorios, tomando las riendas de sus acciones, acelerando el trote y dejando atrás a quienes intentar representarles, son motivo de burla cuando no de lástima, incluso son acusados de infiltrados o desestabilizadores a sueldo para alguna fracción burguesa (que no es la suya). Es que quienes solo se mueven por dinero y prestigio piensan que todo el mundo tiene los mismos móviles que ellos, que no hay otra manera de vivir.

A los poderosos la voz de los rebeldes se les hace incompresible, al igual que sus acciones. Los primeros días del estallido en Chile, se filtró un audio de su "primera dama" Cecilia Morel: «Estamos absolutamente sobrepasados, es como una invasión extranjera, alienígena, no sé, y no tenemos las herramientas para combatirlas (...). Lo que viene es muy, muy, muy grave.» Es que no se trata de una petición ordenada ni de un diálogo con el Estado, entonces este nos trata de inadaptados, de bárbaros, de extranjeros, de alienígenas(5).

Nosotros comprendemos qué hacen, qué dicen y qué sienten los rebeldes de diferentes latitudes porque hay una existencia compartida, pese a la diversidad de territorios, a los distintos niveles de explotación, o las características culturales, sexuales y étnicas. Para asumir y profundizar la lucha, hacemos nuestros en este número del boletín los testimonios de compañeros cercanos que participan activamente en las revueltas, y extractamos diferentes panfletos, artículos y reflexiones. Solo por razones de espacio estos materiales no están completos, así que invitamos a leerlos completos ya que en la web pueden encontrarse(6). Además recomendamos escuchar los últimos programas especiales de Temperamento Radio que realizamos junto a compañeros de aquellas regiones: Lucha en Ecuador y perspectiva internacional (15/10/2019), Revueltas en Ecuador y Chile (24/10/2019) y Testimonios y Reflexiones desde Chile - Catalunya: Critica al nacionalismo (02/11/2019) (7).

Remarcamos la perspectiva común con estos compañeros que han compartido sus palabras, ya que no pretendemos dar una imagen homogénea del movimiento a partir de ellas, sino compartir aprendizajes de la lucha y las rupturas revolucionarias que se van desarrollando en su seno. Estas rupturas son impulsadas por diversos grupos, pero su extensión los excede completamente, y es ahí donde el salto de calidad se produce.
«Esta revuelta que no tiene nombres ni dirección única no es de nadie porque es de todxs lxs rebeldes e insurrectxs que estamos en la calle combatiendo, por lo que pretender de manera ridícula adjudicarse tal o cual acción dentro del marco de esta revuelta es sencillamente intentar burdamente hegemonizarla.» escribían manos, justamente, anónimas(8).

Los días pasan vertiginosamente, si leemos las noticias de dos semanas atrás parecen viejas, sin embargo, desde el epicentro del conflicto nos dicen que se les hacen aún más extrañamente antiguas, aunque los días de revuelta parecen más largos de lo habitual.

Es cierto que, desde lejos, aunque desde cerca puede ocurrir, se corre el riesgo de quedarse con la imagen fija y no con el movimiento. Y no hacemos referencia solamente a las fotografías que aparecen en las pantallas que nos idiotizan, sabemos de la relevancia que tienen estas imágenes en nuestra sociedad, pero hacemos referencia a algo más: a no captar lo que está en movimiento. La mayoría de los momentos de la lucha suelen no ser fotografiados y cuando lo son, difícilmente expresan el trasfondo humano del cual fueron tomadas. Así podemos deslumbrarnos por las imágenes de represión y de ataques a la policía y el contenido social de las luchas queda caricaturizado a una serie de sucesos fotografiables, reducido a una finalidad en sí misma. De este modo, las fuerzas represivas del Estado son vistas no como un obstáculo sino como el objetivo a destruir. Evidentemente, la normalidad capitalista precisa ¡y mucho! de estos asesinos y torturadores a sueldo, pero el capitalismo no es una simple de suma de cosas y gentes, es una relación social, y una relación social no es destruida simplemente a palazos.

«Ninguna revolución es pacífica, pero la dimensión militar no es la central. La pregunta no es si los proles finalmente deciden irrumpir en las armerías, sino si revelan lo que son: seres mercantilizados que ya no pueden y ya no quieren existir como mercancías, y cuya rebelión hace explotar la lógica de capitalismo. Las barricadas y las ametralladoras fluyen de este "arma". Una revolución comunista jamás se parecerá a una matanza: no por cualquier principio no violento, sino porque será una revolución más por subvertir que por destruir al ejército profesional. Imaginarse un frente proletario contra un frente burgués es concebir al proletariado en términos burgueses, sobre el modelo de una revolución política o una guerra (tomar el poder de alguien, ocupar su territorio).» (Gilles Dauvé, Cuando las insurrecciones mueren).

«"Las balas se van a devolver” o "ya van a ver, ya van a ver, todas las balas se van a devolver" son variantes de una consigna que estos últimos días se ha rayado y gritado en las calles, se lee y suena bien, pero si somos responsables hemos de preguntarnos y ser capaces de responder entre otras cuestiones: ¿Estamos en condiciones de responder y rebasar la violencia del Estado y los empresarios? ¿Cuáles son las condiciones necesarias para una respuesta satisfactoria desde el pueblo?

¿Cómo interactúa la violencia institucional con la de aquellos que pretenden oponérsele? ¿Qué organización hemos de darnos para ejercer esa respuesta? ¿En un periodo breve de tiempo hemos podido o podremos prepararnos para ejercer acciones que superen a las fuerzas del orden? No tengo una respuesta a ciencia cierta, pero lo que tengo claro es que debemos ser responsables y no pretendernos mártires.» (Escrito desde Chile, tomado de un muro de Facebook)


Notas:
(1) Ver No solo arde París... Anotaciones sobre los chalecos amarillos (Proletarios Internacionalistas) y Guerra de Clases nro.9: Chalecos amarillos (Tridni Valka).
(2) El estallido sucedió el 17 de octubre luego del anuncio de un impuesto sobre las llamadas telefónicas a través de WhatsApp, esa fue la gota que colmó la paciencia. La rápida anulación de la medida, tal como en Ecuador o Chile, no impidió que la revuelta llegara a todo el país. El 21 de octubre, Hariri anunció un plan de reformas que no convenció: medidas contra la corrupción, presupuesto sin nuevos impuestos, programa de privatizaciones para luchar contra el mal funcionamiento de los servicios públicos y ayudas en favor de los más desfavorecidos, de todos modos, debió dimitir. La acampada en la plaza Mohamed al Amin de la capital del país es el símbolo de la lucha.
(3) Ver Nueva transacción democrática en La Oveja Negra nro.65
(4) Ver La paz y el orden en La Oveja Negra nro.63
(5) Ver Conciliación o barbarie en La Oveja Negra nro.63
(6) La gran mayoría pueden encontrarse en panfletossubversivos.blogspot.com y los de Chile en hacialavida.noblogs.org
(7) Todos los programas puedes escucharse y descargarse en
blog.temperamento-radio.com
(8) Algunxs antiautoritarixs por la catástrofe social, ¿A dónde vamos? ¡Hacia la incertidumbre y la permanente conflictividad! Algunas palabras desde y por la revuelta de octubre. Chile, 28 de octubre.