sábado, 14 de septiembre de 2019

NUEVA TRANSACCIÓN DEMOCRÁTICA

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La crisis no van a pagarla los capitalistas. La burguesía jamás ha pagado ninguna crisis y no parece que vayan a pagarla. Individualmente algún burgués fracasará en cierto negocio, otro perderá algunos millones. Socialmente el peso de la crisis lo aguantaremos el proletariado. Nos aplastarán a cada franja proletaria un poco más en nuestra existencia. Quienes tenían poco tendrán menos y quienes tenían casi nada caerán en la miseria absoluta.

De las crisis cíclicas se sale con ajustes, es decir, bajando los salarios y reprimiendo. Estas medidas no se deciden necesariamente en una cámara de representantes de ese pueblo que no delibera ni gobierna. No fue magia ni es la inutilidad o inexperiencia del actual presidente, es el Capital mundial el que baja los sueldos y a su vez exige garantías para su desarrollo, a saber: represión y condiciones legales (leyes antiterroristas, reforma laboral y reforma previsional).

Así funciona el Capital y mientras exista habrá crisis. Comprenderlo no significa denunciarlo y complacerse apáticamente en su funcionamiento. De lo que se trata es de no pedirle peras al olmo, de no conciliar con quienes nos explotan, ni depositar esperanzas en quienes siempre mienten. De entender que solo imponiendo nuestras necesidades se puede hacer frente a un ajuste y que, sin embargo, solo en una ruptura total con este modo de producción explotador van a terminar las crisis y los ajustes.

En la parcela argentina, pasadas algunas horas del cierre del circo electoral de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias realizadas el 11 de agosto, donde la fórmula opositora alcanzó una amplia victoria, hubo una brusca devaluación del peso respecto al dólar con su consecuente aumento en el costo de vida.

Al evidente problema que representa sobrevivir una crisis económica se le suma el tener que escuchar tanta boludez al respecto. Las discusiones se dan en el lenguaje del enemigo y en su terreno. Las culpabilizaciones entre un sector y otro de la burguesía no son más que la coartada de su verdadera disputa de fondo: cómo se reparten el fruto de la explotación que sufrimos a diario.

Las urnas en lugar de las calles, la pelea interburguesa en lugar de la lucha abierta de clases, los discursos en lugar de la realidad, todas buscando explicar o justificar nuestras miserias con las figuritas de siempre: la “economía nacional”, la “situación de los argentinos” o la “realidad del país”, siempre negando la existencia de clases sociales e intentando hacernos creer que gobernantes, empresarios y explotados sufrimos por igual.

Los ciudadanos que habían votado contra el ajuste llamaron a no movilizar contra el ajuste. Acusando de provocadores, de funcionales al gobierno a quienes sufrimos la explotación. Inclusive algunos de quienes sufren este ajuste en carne propia no quieren ensuciar la transición democrática. El respeto por el Estado y sus instituciones se convierte en un argumento clave para una gobernabilidad que se espera exitosa. Entonces las esperanzas en el nuevo gobierno se traducen en aguantar la transición como sea. Desde este gran constructo ideológico es posible que haya felicidad y esperanza por la victoria electoral de la oposición y, sobre todo, que estas persistan a pesar de una devaluación del 30%. Esperanza que se aferra a un relato donde los gobiernos kirchneristas aparecen como un pasado inmediato que ha sido idealizado, principalmente en torno al aumento de los salarios y los niveles de consumo. Pero se olvida que ese aumento fue a partir de un descenso brutal durante los gobiernos anteriores que nunca llegó a recuperarse realmente.

Mientras se recuerda lo “ganado” se olvida cada vez más que ningún gobierno o burgués regala nada por que sí. Se olvidan las grandes manifestaciones por «que se vayan todos», se olvidan los movimientos de trabajadores desocupados, los espacios de discusión y organización que existían en muchos ámbitos de sociabilidad proletaria, las faltas de respeto frente a las instituciones y la propiedad privada. Ese pasado de lucha se recuerda solo como un pasado de miseria. Y las consignas e instancias organizativas, como un estadio de inmadurez política, un mal necesario frente a la incompetencia de la clase política.

El 15 de agosto y con el dólar a 60 pesos, Alberto Fernández aprobó el ajuste afirmando que «el dólar estaba retrasado y no se podía contener con fórceps. Hoy digo que el dólar tiene un valor razonable, no hay argumentos para que siga aumentando. Esas cosas a nadie le hacen bien». Esto lo señalamos, no para decir que todos los políticos son lo mismo, sino para comprender la continuidad entre un gobierno y otro. El ampliamente probable futuro presidente de la Argentina festeja el ajuste económico aprobando un nuevo descenso del salario real producto de la devaluación del peso que ya prometía en su campaña, para realizar la ansiada “lluvia de inversiones” incentivada por salarios bajos en dólares y fomentar las exportaciones.

La complementariedad de gobiernos es evidente pese a las aparentes diferencias. Y así como el gobierno de Macri recibió de los gobiernos Kirchner-Fernández una región amansada e institucionalizada en lo que a conflictividad social se refiere, el próximo gobierno recibirá de Macri una fuerza de trabajo brutalmente abaratada, que quizás en algún momento recupere algo de poder adquisitivo pero que no alcanzará el nivel del cual se partió, tal como viene sucediendo entre cada nuevo mandato y el anterior.

Permanentemente nos dictan lo contrario: reducir la situación actual a un problema de gestión política. Si seguimos poniendo el énfasis en cuestiones como políticas monetarias, deuda externa o «la deuda es con el pueblo y no con el FMI», etc., nos adentramos en un callejón sin salida para nuestra clase.

Es el Capital en tanto sujeto automático el que determina, en su sed de valorización, la dinámica de las relaciones sociales y, por tanto, las cuestiones políticas.(1) Es la búsqueda del Capital por nuevas esferas de valorización la que explica las deforestaciones y la destrucción de la Tierra en general. Es su búsqueda abstracta de valor la que destroza lo concreto y que, a su vez, promueve el desarrollo del capital financiero a escalas insólitas. Pero mientras este último se presenta como la panacea capitalista de generar dinero solo a partir del dinero, recordaremos una vez más que somos la clase proletaria quien no para de sufrir y amortiguar sus sucesivas crisis con el aumento de nuestra explotación a nivel mundial, a través del incremento sideral de los alimentos y alquileres, procesos de inflación descontrolada y la disminución de la calidad de todo lo producido.

Poco se habla del lugar que tiene Argentina en el mercado mundial, de los precios internacionales de los granos, es decir, del mandato del Capital mundial para los gobiernos argentinos y los capitalistas que operan en este territorio. Mandato que no ha cambiado sustancialmente en los últimos años y donde el margen de actuación de los gobiernos es cada vez menor. De hecho, las últimas décadas nos han demostrado que la alternancia política ha sido fundamental para la concreción de sucesivos ajustes y medidas de crisis, y no para ponerles un freno.

En este sentido, es imprescindible comprender el lugar que ocupan políticos, empresarios, banqueros y terratenientes como agentes del Capital. No por negar su responsabilidad, sino por comprender de qué son responsables. Es decir, luchar contra ellos y contra el orden que los contiene. Pero, por el contrario, la política insiste en la actuación de los gobernantes como determinantes del curso de nuestras vidas, a veces incluso con marcados personalismos.

Del mismo modo, la represión no puede entenderse como la suma de hechos aislados o como políticas de gobiernos determinados, sino como la naturaleza misma del Estado, en tanto monopolio de la violencia. Sabemos que sus atropellos no necesariamente se dictan a través de una orden judicial, se amparan en una ley o decreto. Incluso, que no son únicamente las fuerzas estatales las que llevan a cabo las represiones, en innumerables ocasiones las terceriza en sus patotas sindicales u otras mafias. Pero, a fin de cuentas, todo hecho represivo responde a una violencia sistemática del Estado para el mantenimiento del orden capitalista y democrático. La represión viene a terminar el trabajo que el disciplinamiento no pudo realizar y funciona a su vez como advertencia.

Recientemente en Chubut una patota del sindicato de petroleros irrumpió en el corte de ruta que realizaban trabajadores y trabajadoras docentes y estatales para desalojarlos. Hubo golpes, empujones, pisoteadas y tiros al aire. Los manifestantes fueron muy claros: «el Estado estuvo al servicio del ataque», y agregaron que «Federico Massoni, el ministro de gabinete, habría sido testigo presencial del ataque, o dirigido él mismo, ya que su camioneta estaba presente».

Aunque ya salió de la escasa repercusión mediática, cabe recordar que el 22 de agosto personal de seguridad y un empleado de un supermercado Coto en Buenos Aires dieron muerte a un hombre de 70 años acusado de robar queso, aceite y un chocolate, y peor aún ante la mirada de los compradores. Al otro día, en un escrache a dicho supermercado, un cartel decía: «Si Coto mantuvo un arsenal dispuesto a matar frente a los saqueos ¿Qué te hace pensar que no es capaz de matar a un anciano a golpes por una botella de aceite?»

Por aquellos días un policía asesinó a un hombre de una patada en el pecho en plena calle y frente a las cámaras de seguridad quedando todo registrado. Otra imagen que recorrió las pantallas y pronto se olvidó. La ministra de seguridad Patricia Bullrich como es ya de costumbre rápidamente defendió al asesino recordando para qué está el Estado.

Cuando hablamos de sociedad capitalista, es decir, de propiedad privada, Estado, mercancía, fetichismo, dictadura del valor, no hablamos más que de todo esto. En la destrucción del Amazonía y en unos empleados matando a un jubilado por robar un chocolate rige la misma lógica de la normalidad capitalista, la que dicta que las mercancías son más importantes que los seres humanos, pero también que el resto de los animales, las selvas, los montes, los ríos, mares, océanos...

La mercancía es el corazón de un mundo sin corazón, donde se mata y se muere por el dios dinero. Nuestra misma existencia está cosificada, porque bajo el Capital somos cosas, y en no pocas ocasiones valemos menos que otras cosas. Al reducirnos a objetos y negarnos como sujetos es que el Capital logra erigirse como sujeto de la sociedad.


Nota:
(1) Desde la publicación Cuadernos de Negación hemos abordado estas cuestiones, particularmente en los números que van del 9 al 12.

DEFORESTACIÓN

Los incendios en la selva amazónica comenzaron la primera semana del mes de julio de 2019. Estos incendios, sumados a los anteriores del mismo año, conforman la mayor cantidad de fuegos registrados en la región desde que se comenzó a llevar registro en 2013 y un 80% más respecto al año pasado. Cuando hablamos de deforestación nos referimos también a las más de 40.000 especies de plantas, 1.300 tipos de aves, 426 diferentes de mamíferos que viven en la selva tropical del Amazonas, la más grande del mundo, con 6,7 millones de kilómetros cuadrados. A aquella cantidad de mamíferos que intentan ilustrar un “santuario natural” hay que agregarle uno más: las personas que habitan allí, y no solo comunidades indígenas.

La magnitud de las miles y miles de hectáreas quemadas es tal que el humo cubrió el cielo de la ciudad de São Paulo provocando una oscuridad general en plena tarde. Por aquellos días las cenizas se vieron incluso en la ciudad de Rosario al amanecer. Desde la percepción urbana el humo y las cenizas son un indicador de una gravedad que no alcanzamos a dimensionar.

Salir a rebatir que la destrucción del área selvática más importante del planeta no es consecuencia del gobierno de Bolsonaro, sino del capitalismo, parecería a estas alturas cuanto menos ridículo. Cualquiera que lea un par de noticias despegando los ojos de la televisión o de los memes que llegan a la pantalla del celular podría sacar esta conclusión, pero no. Resulta que la ideología dominante no es dominante por que sí. Lo que se nos aparece abiertamente como la mayor destrucción de la naturaleza de estos tiempos no es sino un episodio más en la relación que este sistema de producción tiene con el mundo, su forma de concebirlo: como un recurso de donde extraer más y más valor, más ganancia, más capital. El pulmón de la Tierra está ardiendo y no podemos revertirlo. Quizás por eso, los primeros días del incendio, desde la impotencia llamaron a rezar por la Amazonía.

Está claro que a los políticos en oposición, en pleno o futuro mandato, no les importa la selva, ni su deforestación. La tierra es mercancía tanto para quienes la deforestan como para quienes operan políticamente con el discurso sobre la irresponsabilidad de la deforestación. El señalamiento del criminal sirve para ganar la próxima elección, la “preocupación por la Amazonía”, también. Pero hay un “pequeño problema”: el discurso se puede seguir reinventando, sin embargo, el bosque arrasado no regresa por incluirlo en un nuevo discurso.

Desde el progresismo, el populismo o la izquierda del capital, reducen la catástrofe a una oposición política, a un “fuera Bolsonaro”. Y desde el ecologismo posmoderno nos incitan a aportar individualmente, votando mejor, no comprando a grandes empresas, modificando el consumo. «Los consumidores deben reducir sus posibilidades humanas de protesta colectiva y lucha social a una actitud individual: consumir o no consumir, consumir más o menos. En ambos casos el problema que se desprende es uno y el mismo: cuando se habla con el lenguaje del amo necesariamente se defienden sus reglas... En perfecta igualdad democrática un proletario cualquiera y un burgués de la industria química tienen la misma responsabilidad según la visión de quienes destruyen el planeta y de los ecologistas que administran la catástrofe.» (La Oveja Negra nro. 41, Ahorro energético y disciplinamiento)

Sin entrar en un análisis pormenorizado, una vez más vemos cómo se desvanece la “oposición” entre los distintos gobiernos que se presentan como progresistas o de izquierda, por un lado, y de derecha o fascistas, por el otro. Uno de los focos del actual incendio afecta la zona del Bosque Seco Chiquitano, en la región dominada por el Estado de Bolivia, cuyo presidente Evo Morales aprobó un decreto supremo el 10 de julio pasado autorizado en los departamentos de Santa Cruz y Beni el desmonte para actividades agropecuarias, el que se suma a una ley de 2016 que permite la quema de hasta veinte hectáreas de pastizales para pequeñas propiedades y propiedades comunitarias.

En el año 2009 el gobierno de Lula Da Silva privatizó 670.000 km cuadrados de la selva amazónica. El mecanismo progresista de entregarles gratuitamente parte de estas tierras a pequeños productores (y vender el resto) hoy muestra los resultados reales. El objetivo es ampliar las fronteras agrícolas, ampliar la zona explotable para el Capital. Bien aclaró el propio Bolsonaro frente a los intentos de “proteger” la Amazonía por parte de Europa, y especialmente del gobierno francés: «si seguimos con áreas protegidas y regiones indígenas se termina el agronegocio en Brasil y si se acaba el agronegocio se acaba nuestra economía».

Sin ir más lejos, durante toda la “década ganada” nuestra región sufrió el récord de desmonte por motivos agropecuarios, mientras se daba la bienvenida a nuevas inversiones de Monsanto y la minera Barrick Gold. Pero esto tampoco es propio de un gobierno en particular. En la Provincia de Santa Fe, por ejemplo, se pasó de tener casi 6.000.000 de hectáreas de bosques en 1935 a 840.000 en 2002, es decir, en ochenta años se “perdió” un 82% de bosques nativos. «Nada se pierde todo se transforma» dirán los eslóganes apaciguadores de la autoayuda, y en algo tienen razón, bajo la lógica de este sistema no se pierde nada mientras se transforme en valor: esos bosques fueron sistemáticamente destruidos para la ganancia.

Remarcar lo mismo a veces es necesario frente a lo invariable del Capital. En marzo de 2012, en el segundo número de este boletín, podíamos leer: «La producción capitalista es intrínsecamente depredatoria con el medio en que se desarrolla. Desde la génesis misma de este sistema perverso, la explotación de elementos naturales tenidos en cuenta como meros “recursos” (carbón, caucho, petróleo, entre los primeros) es una constante que arrasa la biodiversidad por doquier. En la región argentina, como país casi exclusivamente agroexportador, la modificación del bioma ha sido constante desde finales del siglo XIX. La región pampeana ha sido modificada en más de un 90% como causa de la explotación agropecuaria.»

Cuando se nos incita a echarle la culpa a Bolsonaro lo que se está haciendo es invisibilizar esta parte del problema, que la productividad del Capital se basa en este tipo de desposesiones y destrucciones, que todos los gobiernos son capitalistas, y que esto significa más desalojos, más asesinados, más desaparecidos. Nos llevaría varias páginas recordar todos los militantes, activistas y comunidades hostigadas y perseguidas por la defensa de la tierra. Por no hablar de los asesinados que hoy no están para defender la selva de las garras de la ganancia, desde la región mexicana hasta la Patagonia a ambos lados de las fronteras, pasando por Colombia con el triste récord de tener la mayor cantidad de referentes sociales asesinados en este continente durante los últimos años.

Hacia fines del año pasado advertíamos, como adelantándonos a estos tristes días de destrucción y de renovada indignación: «Fue bajo los gobiernos del PT, y no bajo gobiernos fascistas, que la deforestación de la Amazonía alcanzó el “punto de no retorno”. Bolsonaro ha llegado a poner orden luego de que la socialdemocracia progresista trabajó duramente justamente para el progreso ¡del Capital! Que la próxima vez no nos sorprenda tanto. No se trata de sabérselas todas ni de extremismos, sino de la posibilidad de hacer algo a tiempo y no lamentarse cuando ya es demasiado tarde» (La Oveja Negra nro. 59, Brasil: Progreso y orden). Lo que nos seguimos preguntando es ¿cuándo será demasiado tarde? Porque así como la indignación y la sorpresa se renuevan también lo hace nuestro margen de soportar lo insoportable.

«Los últimos años de gobiernos progresistas en la región latinoamericana han demostrado la profunda implicación de la izquierda y el progresismo en el desarrollo capitalista. No solo no han cuestionado los modelos productivos heredados, sino que los han profundizado enormemente. El extractivismo con monocultivos transgénicos y agrotóxicos, la carrera energética que desconoce todo tipo de límites e impulsa proyectos como el de Vaca Muerta en la cuenca Neuquina, y planes megalómanos de infraestructura para el transporte como el IIRSA,(1) son algunos de los principales ejemplos... La huida desbocada y hacia adelante que nos presenta el capitalismo, no es obra de la mente de unos pocos millonarios de derecha o de izquierda. Ellos mismos están subidos a un caballo incontrolable con sed de ganancias. Controlarlo tirando las riendas más a la derecha o más a la izquierda, es una fantasía. El Capital se dirige hacia nuestra ruina en su carrera por multiplicarse, porque si deja de crecer muere. 

La raíz de los problemas no es cuestionada y nuestra imaginación es destruida. Nos llaman a opinar sobre cada detalle, para que así no tengamos una noción de la totalidad. Nuestros enemigos más evidentes y nuestras acciones más directas se diluyen en problemas de expertos.» (Estos párrafos son extractos de un folleto que repartimos en la ciudad de Rosario durante el acto del 1° de Mayo del 2017).

Lo más aterrador de estos momentos no es ver arder la selva, es que el fuego no se prenda en barricadas que hagan frente a la destrucción, es seguir aguantando lo inaguantable, es seguir eligiendo el mal menor. Lo más preocupante es la incapacidad de los seres humanos de imaginar algo distinto a la vida en el capitalismo, justo en el momento en que esta forma de vida se está cayendo a pedazos. La deforestación de la imaginación es tan peligrosa como la deforestación de la Amazonía, porque la deforestación de la imaginación significa la deforestación de una imaginación antagonista. Solo es posible una deforestación de la Amazonía sobre una avanzada deforestación de la rebeldía, de la imaginación en acción.

Nota:
(1) El plan IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana) se propone trazar líneas para el transporte de mercancías sobre las tierras y aguas de Suramérica como si se tratase de un mapa. Todo esto es impulsado por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) cuyo presidente en 2017 fue Nicolás Maduro y en la actualidad es Evo Morales.

REABREN LA "CAUSA MALDONADO"

La Cámara de Apelación de Comodoro Rivadavia reabrirá la causa que investiga la desaparición y muerte del compañero Santiago Maldonado. Los jueces explicaron que las pruebas existentes confirman que la «hipótesis más probable del hecho es la asfixia por sumersión», pese a lo cual sostuvieron que buscan «despejar cualquier duda razonable y favorecer el derecho a la verdad». Agregando que «se investigó una única hipótesis delictiva –aquí definitivamente descartada– sin que haya sido objeto de valoración y pronunciamiento algún posible nexo causal entre cualquier omisión del personal de Gendarmería o de quienes se introdujeron en el río con Maldonado». Sabemos lo que esto último puede significar.

Por su parte, la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich, sentenció en una entrevista radial respecto a la reapertura: «Hubo una fuerte presión para que se investigase la línea de desaparición forzada, y ahora hay que seguir investigando la de abandono de persona. Me parece que está más dirigido a los compañeros de Maldonado, que no hicieron nada».

Aunque en un comunicado posterior la familia Maldonado señala que «en este fallo no se menciona ni se escribe en ninguna parte abandono de persona, por consiguiente esa versión instalada desde el mismo momento en que se conocía el fallo por todos los medio de comunicación y el Poder Ejecutivo, a través de la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich, es falso».

Más allá de las provocaciones y burradas de la ministra, no nos asombraría que una vez más la justicia persiga a compañeros bajo una supuesta investigación. Como lo hicieron los meses posteriores al 1° de agosto y como ocurrió con el asesinato de Rafael Nahuel. Nosotros seguiremos insistiendo en que el terreno de la ley no es el nuestro, que las autopsias y las investigaciones son una trampa en favor del Estado y que, aún más, se condecora a los asesinos de las fuerzas estatales y se encarcela o mata a las personas combativas y solidarias. 

Ese es el gobierno, esa es su justicia y esa es su moral.

BIBLIOTECA ANARQUISTA DE LA TIERRA

En Comodoro Rivadavia (Chubut) ha abierto sus puertas la Biblioteca de la Tierra en el barrio Pietrobelli, más precisamente en Ingeniero Huergo 1379. Luego del cálido encuentro del 24 de agosto para su inauguración, cargado de emociones, reflexiones y compañerismo, se abre la invitación a consultar el material disponible, a tomar unos mates y charlar los martes y jueves de 17 a 20 horas. Pronto, además, se estará avisando de los talleres y actividades que se proyectan realizar dentro del espacio.

Saludamos entonces este nuevo espacio compañero para fortalecer y multiplicar la solidaridad, la memoria y la subversión.

domingo, 28 de julio de 2019

SOLIDARIDAD - MEMORIA - REBELDÍA

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De la desaparición y asesinato del compañero Santiago Maldonado aún quedan marcas en las calles de muchas ciudades. Afiches a medio arrancar, pintadas, esténciles y, aunque ya pasaron dos años, se nos sigue queriendo convencer de que “lo de Maldonado ya pasó”. Pero no, ahí están presentes sus más cercanos con el recuerdo de su sonrisa intacto. También siguen las luchas por su memoria –aunque con menos intensidad–, así como el conflicto mapuche donde cayó en combate y la lucha por la justicia que emprende su familia y organismos de derechos humanos.

Si bien en la masividad y en lo mediático ha quedado relegado, no sucede así para muchos compañeros y compañeras que hemos continuado realizando una acción constante por la memoria de Santiago y de todo lo ocurrido, con infinidad de actividades y materiales de difusión.

La solidaridad en torno al conflicto mapuche en Cushamen, el encarcelamiento de Facundo Jones Huala y el asesinato de Santiago Maldonado. La posterior recuperación en Lago Mascardi y el asesinato de Rafael Nahuel, pusieron sobre la mesa varios aspectos de la lucha que, aunque nada nuevos, parecían haber quedado en el olvido por esta región: la acción directa, la autonomía, la capucha, el piquete, la crítica del Estado, la democracia y la propiedad privada.

Para muchos de los que defendemos y no hemos abandonado esa perspectiva de lucha, significó un punto de encuentro, una actividad común en muchas ciudades. Es decir, una lucha en común con una perspectiva común. Esto fue posible, incluso en la distancia geográfica, por un lado, por la persistencia y permanencia de grupos y personas que no se dejaron llevar por la avalancha ciudadanista y reformista que barrió con la gran mayoría de los que se han denominado movimientos sociales. Por el otro, gracias a las expresiones de ruptura que reaparecen constantemente en el seno de nuestra clase, sobre todo en los momentos de lucha donde todo se tensiona.

Estos álgidos momentos nos dan una bocanada de aire fresco frente a la sofocante normalidad. Nos permiten poner en práctica las reflexiones de luchas pasadas, así como obtener otras nuevas. Nos permite encontrarnos, conocernos y reconocernos.

Consideramos necesario hacer una reflexión crítica sobre las luchas, coordinaciones y comunicaciones que se dieron en estos dos años. Evidentemente la dificultad de ello radica en la extensión y diversidad de este proceso. Por eso, si bien abordamos lo que conocemos más de cerca por haberlo realizado, también creemos necesario referirnos a esa acción común que, aunque descentralizada geográficamente, comparte una sensibilidad y una proyectualidad. Trataremos de asumir un compromiso profundo, intentando no ser voceros de nadie, pero hablando desde un “nosotros” más amplio, ya que nos asumimos parte de la lucha de otros tantos compañeros en distintos lugares del territorio.

Reflexionar sobre la lucha es inseparable de la misma. No son dos momentos, se trata de una acción conjunta, un movimiento común y continuo.

¿Qué características tiene la lucha por la memoria y la verdad que no pide justicia al Estado? ¿Cómo continúa la lucha antirrepresiva? ¿Qué lecciones sacamos tras dos años de coordinaciones más amplias? ¿Cómo sigue la lucha en las comunidades mapuche? ¿Qué proyectualidad tiene la lucha por y más allá de Santiago?

MEMORIA
La tortura y la desaparición ha sido y sigue siendo un método común del Estado en cualquier rincón del planeta. En esta región, la noción de “desaparecido” tiene su sensibilidad particular debido al plan sistemático de desaparición, torturas y apropiación de bebés que llevó adelante el Estado argentino, entre otros países, en los 70.

La desaparición de Santiago movilizó miles de personas en todo el país. Luego están los usos políticos de aquello, pero incluso en esos usos no se puede negar la sensibilidad que el accionar de la burguesía y su Estado causó.

Nos preguntábamos por qué salió tanta gente si como decíamos una desaparición no es algo extraordinario, mucho menos en el sur del país y de un hombre en ese rango de edad.(¹) Pensábamos que puede ser porque esta vez le tocó a un chico blanco de Buenos Aires… quizás, pero tampoco hay que olvidar que desde un comienzo las amistades, afinidades y complicidades, incluso a nivel internacional, que fue creando el Lechu a lo largo de sus viajes no son poca cosa, y tampoco es poca cosa la visibilización que le dio su familia, más precisamente sus hermanos, desde un comienzo.

Estuvimos en las calles, en las plazas, en las rutas, en las casas, en los espacios compañeros, agitando, llorando, organizándonos. Hoy a dos años queremos profundizar y ver algunas particularidades.

Parece una diferencia sutil, pero hay una divergencia sustantiva entre la consigna de “Aparición con vida” (y las posteriores que hacían referencia a hacer memoria y continuar la lucha), y aquella que preguntaba “¿Dónde está Santiago?”, así como posteriormente la de “Justicia por Santiago”. 

Para quienes vamos por lo primero no es fácil. No es fácil convocar a manifestaciones donde no se pide nada a nadie. Pero eso no significa que no sirvan para nada. El lenguaje político quiere hacer creer que si no hay diálogo con el Estado no hay nada, que fuera de las lógicas estatales no hay nada. Pero hay, y mucho, y no solo mucho sino rico y diverso. Nos embroncamos, sufrimos y reímos juntos y no aislados, fuera del espacio privado donde está legitimado mostrar los sentimientos, irrumpimos en la normalidad de las ciudades, nos organizamos fuera (y si es posible contra) partidos y sindicatos, en nuestra propia práctica proponemos una manera diferente a la establecida de llevar adelante una lucha.

Podía parecer raro convocar movilizaciones, jornadas y escraches, donde nos cuidábamos entre todas las personas presentes, coordinando en situaciones de urgencia, sin siglas, sin aparatos detrás, sin venderle nada a nadie. En fin, se trata de organizarse de forma diferente porque se busca algo diferente. No tendría sentido un cambio en los modos organizativos para tener la misma finalidad que una organización política, sindicalista o de derechos humanos.

¿Qué puede responder la democracia frente a quienes siguen gritando hace décadas “Ni olvido ni perdón”? ¿Qué pueden aportar los defensores de lo existente a “Terrorista es el Estado”? Nada. Como no podían responder frente a quienes clamaban hace décadas “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Como desde los despachos estatales no podían dar respuesta a “Aparición con vida de Santiago Maldonado”.

¿Qué puede proponer la democracia con respecto a los desaparecidos, a los rebeldes que ella misma ha decidido eliminar? Si la movilización social aprieta, sus representantes pueden salir a hacerse los acongojados por las pantallas o constituir una comisión investigadora que en nombre del pueblo constate que ya se los asesinó; anunciarle a la nación que ya no vale la pena seguir peleando pues ya nada se puede hacer; transformar la incertidumbre general acerca del destino dado a los luchadores sociales en certidumbre oficial de que fueron asesinados, es decir, oficializar la muerte que el propio brazo armado de la democracia ha ejecutado.

En algunos casos se reprimió y se reprime abiertamente a quienes pelean por sus presos, por sus desaparecidos; en otros se los reprime de una manera más sofisticada, o menos violenta, pero la finalidad es la misma: evitar la verdad.(²) Se logra entretener a quienes luchan, se movilizan en las calles o simplemente son movilizados emocional y activamente, con la esperanza en juicios, con consignas reaccionarias, como todas las que le piden al Estado, es decir al enemigo mismo, que juzgue a los culpables. Es como pedirle peras al olmo, ¡es exacta y literalmente pedirle al asesino que se declare responsable de asesinato y se autopenalice por el mismo!

Claro que la correlación de fuerzas es desfavorable para quienes estamos fuera y contra el Estado, así como para todas las personas que saben que el Estado es terrorista pero piensan que “ahora no se puede hacer nada”… ¿Y cuándo se podrá hacer algo? ¿Cuándo tendremos la correlación de fuerzas a favor para imponer la violencia proletaria frente a los asesinos y torturadores si seguimos canalizando nuestras fuerzas en las vías legales y en la esperanza estatista?

Toda la historia de la lucha de nuestra clase muestra que somos fuertes cuando actuamos por nuestra cuenta, cuando el proletariado rompe con todas las instituciones democráticas, cuando coordina, se centraliza e impone su insurrección.

Cuando existe una enorme energía proletaria contra los torturadores y asesinos, el Estado de cualquier país hábilmente busca canalizarla hacia adentro del marco institucional, es decir, hacia el propio Estado, hacia los dirigentes de la oposición, de la izquierda. Busca hacerlo con compañeros, con familiares e incluso con los sobrevivientes de su propia represión.

En épocas como esta, el gobierno argentino de turno frente a la debilidad del proletariado en lucha y frente al silencio y la complicidad del resto del proletariado, no necesita ni siquiera encarcelar al último eslabón de la cadena de dominación: el asesino que aprieta el gatillo. Inclusive se da el gusto de felicitarlo, como en el caso de Chocobar, o de celebrar este nuevo 1° de agosto con la apertura de inscripciones al Servicio Cívico Voluntario para jóvenes de 16 a 20 años que impartirá, justamente, la Gendarmería Nacional.

Se nos dirá que es gracias a la lucha que se avanza en la investigación, que algunos milicos asesinos se encuentran en prisión, sean los asesinos de Santiago o de Rafael. Y estamos totalmente de acuerdo, pero si los meten en cana no es precisamente para que la lucha siga y sea cada vez más potente sino, por el contrario, para que la lucha cese. La razón por la que algunos obedientes asesinos van presos, esos soldaditos reemplazables que no son individualmente esenciales para el buen funcionamiento del Capital, es para que no vayan presos los administradores y gestores de la muerte y la miseria. Mejor dicho, para que nosotros no vayamos directamente contra ellos.

Notas: 
1. Según el archivo de Correpi (Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional) del año 2018, el Estado argentino asesina a una persona, en promedio, cada 21 horas. Siendo la amplia mayoría hombres de entre 15 y 35 años de edad.

2. A dos semanas de la desaparición de Santiago ya era evidente que la represión no vendría solamente de las fuerzas del Estado. «Otro tipo de represión y censura más sutil ha sido la ejercida por los medios masivos de comunicación que responden al oficialismo y a la oposición misma. La década ganada del kirchnerismo se erige sobre la derrota de los movimientos sociales. Estos últimos años la movilización social ha sido reprimida abiertamente o reprimida asimilándola e institucionalizándola; en fin, ha sido democratizada. (…) Y todo aquel que se salga de las urnas y los petitorios, que tome la lucha directamente por sus propios medios será motivo de burla, cuando no, acusado de infiltrado o desestabilizador a sueldo para alguna fracción burguesa.» (La otra represión en La Oveja Negra nro.49, agosto de 2017)

Aparición sin vida...
No hay lucha sin pasión, no hay lucha sin identificación de lo que consideramos el enemigo. Desear la muerte no es, obviamente, sinónimo de emancipación. Sin embargo, rehusarse a la violencia, y rechazar de antemano la violencia incluso verbal o nuestros deseos más agresivos, es renunciar a la lucha. La cual no puede reducirse a una simple venganza.

Es cierto que nuestro enemigo es un sistema social y no simplemente los jefes, ejecutivos, expertos o la policía que ponen a su servicio. Un punto fuerte de los movimientos sociales reformistas, incluso los que se presentan como más autónomos o revolucionarios, es reducir el capitalismo a la policía o a un puñado de ricos, a sus abusos y su mala gestión.

Al igual que en el caso del fetichismo de la mercancía, la relación social se presenta entonces como una cosa, encarnada a veces por una persona gorda con galera y fumando un puro, vieja caricatura del burgués de hace más de un siglo. El mantenimiento de la agresividad en contra de estos personajes ayuda a desviar las críticas hacia una vía muerta: atacar a la burguesía en cuanto individuos y no por su función.

Si bien nuestro objetivo es el Capital y no el capitalista, no es menos cierto que las relaciones sociales capitalistas no existen en el plano de las ideas sino en el terreno humano. No ver en un gendarme sino un gendarme es una ilusión óptica. Al igual que no ver en una ministra de seguridad del Estado sino una ministra de seguridad del Estado. No señalar a los responsables directos de la represión con el pretexto (exacto por cierto) de que los mismos no son sino un engranaje en un conjunto que los supera, equivaldría a ver la sociedad como un todo sin poder abordar una parte de esta totalidad. Despersonalizar la historia, es renunciar a actuar. No detestar a los que nos explotan y reprimen lleva a la peor de las resignaciones, en el mejor de los casos a la reforma. Quien no conoce o no se atreve a experimentar un rechazo hacia aquellos que le oprimen, no va a cambiar nunca muchas cosas. Sin embargo, quienes se quedan simplemente en las figuras, en los “responsables políticos” (especialmente cuando no son del gobierno de su agrado) tampoco.

Decir que “a Santiago lo mató el Estado y el Capital” no tiene nada que ver con los intentos de desresponsabilizar a los asesinos tal como cuando Clarín publicó en su tapa «La crisis causó dos nuevas muertes» ante la ejecución policial que terminó con las vidas de Maxi Kosteki y Darío Santillán en junio del 2002. Expresiones como la primera buscan criticar la forma de sociedad que permite a los asesinos actuar, mientras que el recordado titular no fue más que un intento por encubrirlos para, por el contrario, salvaguardar el orden existente.

SOLIDARIDAD
Durante todo el tiempo que el Lechu estuvo desaparecido, mientras se señalaba el carácter terrorista del Estado y del Capital, había que escuchar las mierdas más reaccionarias, las mentiras de Clarín, Infobae o La Nación. En esta sociedad en lo que todo debería hacerse por dinero no se concibe nada fuera de ello. En aquellos momentos se escuchaba sin cesar que los manifestantes eran pagos y que ¡hasta la familia de Santiago recibía dinero a cambio de la búsqueda! Al mismo tiempo, había que combatir la recuperación y el uso político que “por izquierda” se estaba haciendo del compañero.

Cuando su cuerpo fue plantado en el Río Chubut y “apareció”, esto último quedó bien claro, al menos para nosotros en Rosario. En plena noche, los oportunistas de los partidos políticos que emplearon la figura de Santiago, aprovecharon para sacar sus banderas a la calle en plena veda electoral, para seguir haciendo campaña electorera pese a la ley que ellos mismos defienden. No se veía nada reivindicando al compañero, ni carteles ni consignas, solo banderas partidarias. Quisieron incluso hacer una conferencia de prensa en plena plaza para seguir con su miserable campaña.

El “apoyo” de partidos y sindicatos no tiene nada que ver con la solidaridad que buscamos practicar. No se trata de adhesión, sino de cohesión. No se trata de apoyar, sino de ser parte. Santiago era de esos solidarios, y por eso estaba con los compañeros mapuche.

Solidaridad significa también comprender, respetar, defender, confiar. Eso fue lo que nos tocó hacer desde nuestras ciudades a muchísimos compañeros y compañeras. Desde el primer momento defendimos la versión de los mapuche rebeldes, y comprendimos su punto de vista respecto de la intervención de la Justicia en el territorio recuperado con sus allanamientos disfrazados de rastrillajes. También nos tocó defender al Brujo anarquista y luchador frente a las versiones de la opinión pública.

En el acto masivo del 11 de agosto su hermano Sergio leyó el texto «Hola querida población» escrito por Santiago. Para las personas que desconocían fue quizás la primera oportunidad para tomar noción de quién era él. Así y todo, incluso algunos bienpensantes sostuvieron hasta el hartazgo que las canciones de Santa Blasfemia (su proyecto de rap) que circularon posteriormente, donde insultaba y se burlaba de autoridades políticas y eclesiásticas, eran toda una operación mediática para “desprestigiar al inocente artesano”. Por varios rincones muchos seguimos (y seguiremos) ampliando su voz. Pero la voz de un compañero, no la voz de un mártir, ni de un ídolo. Por las oscuras circunstancias es difícil, pero a la vez necesario, tomar conciencia de esto, que la solidaridad no significa una relación acrítica con quien uno se solidariza.

Podríamos señalar lo mismo sobre la solidaridad con las comunidades mapuche en lucha. La solidaridad a la que hacemos referencia, como decíamos, no tiene que ver con la pasividad, con ayudar a los que luchan, sino luchar con quienes luchan. No tiene que ver con la caridad, ni con la lástima, la solidaridad tiene que ver con reconocernos en los compañeros como desposeídos y proletarios en lucha, reconocernos como parte de una misma clase, y aportar en base a las condiciones y posibilidades concretas, que también se fueron desarrollando en la lucha y que difieren de las que tienen los compañeros mapuche. Mucho menos tiene que ver con un ideal exotista, que nos lleva a solidarizarnos con lo que se nos presenta como raro y alejado. No es esa distancia geográfica y cultural lo que nos acerca sino su lucha contra la propiedad privada y su resistencia ante la represión estatal.

A lo largo de estos años fue muy recurrente la cuestión de la identidad originaria o “lo mapuche” como una especificidad incómoda de abordar. Cuando expresábamos la solidaridad desde una perspectiva común de lucha radical, se escucharon ridiculeces como que “influenciar” a los mapuche sería neocolonialista, como si estos fuesen algo puro y como si los no mapuche estuviésemos infectados de algo. Esa mentalidad democrática no busca respetar a los mapuche en lucha, sino respetar a todas las expresiones por igual, en tanto “pueblo oprimido”. En realidad, es una justificación para no luchar junto a los rebeldes y para no reconocer la existencia de dos clases antagónicas.

También escuchamos de manera recurrente lamentos porque “no se hizo lo mismo por Rafael que por Santiago”. Recordemos que no fue lo mismo agosto que noviembre de 2017, así como recuperar tierras a Benetton no es lo mismo, socialmente, que a Parques Nacionales, ni un asesinato lo mismo que un desaparecido. Por otra parte, si las luchas de recuperación de tierras por parte de los compañeros mapuche fueron ampliamente ninguneadas durante los reclamos por la aparición de Santiago ¿por qué eso de un momento a otro cambiaría? Tenemos que exigir al movimiento social, por más difuso que sea, de acuerdo a lo que efectivamente hace y no a lo que suponemos que, moralmente, debería hacer.

A su vez, solidarizarnos con un conflicto latente, defendiendo ciertas prácticas y acciones, no significa tener que replicarlas en lo inmediato. No puede significar una imitación descontextualizada. En esta zona plagada de soja y veneno, por ejemplo, la recuperación de tierras deberá tomar, evidentemente, otras formas. Tampoco es necesario un éxodo urbano hacia zonas en conflicto o una identificación con lo originario como única forma posible de radicalidad.

Quienes no somos mapuche, sino nietos de inmigrantes de cualquier rincón del planeta, mestizos, mezcla de inmigrantes e indios, no debemos olvidar que también somos desposeídos, que nuestros ancestros fueron separados de sus tierras, de sus formas de vida y de producir, que fueron llevados a ciudades y barrios marginales por el desarrollo capitalista.

Nos une ese pasado de desposesión y la certeza de que la humanidad precedió al Estado y al dinero, a la propiedad privada y la avaricia. Esas son nuestras raíces comunes y por lo cual nos sentimos parte de una misma clase sin patria. Comprendemos y gozamos nuestras diferencias sin por ello suponer que una identidad particular sea una premisa necesaria para luchar. Si no podemos volver a nuestras raíces originarias, sí podemos atacar la raíz de la dominación actual.

Por algún tiempo, situamos la solidaridad con Santiago y la lucha mapuche en el centro de nuestra práctica, aunque comprendiéndola siempre como un aspecto inseparable de una lucha total. Es por esto que queremos ahondar también en las probables derivas que socialmente pueden traer luchas específicas donde prima lo inmediato frente a lo global.

Por ejemplo, seguir los mismos procedimientos campañistas del marketing electoral, de la “movilización social” parcial, dependientes de la política o del clientelismo, pero separados de sus motivaciones iniciales. ¡A tal punto que en algunas ciudades los “organizadores oficiales” les negaron la palabra a voceros mapuche pero sin dejar de intentar sacar su tajada a costa de ellos!

Reproducir simplemente por herencia política o imitación pasiva los gestos y consignas, los modos de organizarse y reflexionar porque “es lo que hay” es lo que justamente queremos combatir. Claro que no podemos esperar que de un día para el otro se rompa con la pasividad social que nos ha traído hasta acá. Pero sí podemos desenmascarar una serie de rituales y procedimientos rutinarios que sirven principalmente para constituir una identidad colectiva supuestamente rebelde, más aparente que real. Que sirven más para hacer política partidaria, legalista y por tanto defender lo existente, que para superarlo. Nos referimos concretamente a las multisectoriales, a los actos masivos con pliegos vacíos, a las marchas infinitas y con una impronta pacifista, a la “militancia” en las redes sociales, así como a las campañas de difusión donde prima lo cuantitativo (“llegar a más gente”) frente al contenido.

La represión y desaparición de las que hablamos surgen en condiciones específicas que las hacen posibles: la legitimidad de las fuerzas armadas, la capacidad del poder económico de afirmar sus intereses por sobre todo lo imaginable, un montaje jurídico y mediático inédito, es decir, el modo capitalista de producción.

Entonces, aunque se hubiese cumplido nuestro anhelo de ver a Santiago con vida, sentimiento que perdura en muchos corazones, esas condiciones seguirían intactas. De aquí la necesidad de luchar contra todas esas condiciones sin poner en el centro una sola razón, injusticia o persona. Lo que a su vez sin movilización y, sobre todo, sin reflexión es algo imposible de conseguir.

Se hizo muy poco por desafiar a las leyes y tribunales, y mucho por demostrar las operaciones estatales asesinas y los montajes criminalizantes sobre lo ocurrido. Esto fortalece el concepto de víctima, o peor aún, la idea de que el problema es un gobierno y no los gobiernos.

En términos generales debemos reflexionar críticamente: ¿Por qué existe semejante confianza ciega en las instituciones estatales? ¿No es acaso el común denominador de las dos luchas más masivas de los últimos años (por Santiago Maldonado y por el aborto legal) el reclamo al Estado, el reclamo de leyes, de fortalecer el aparato jurídico y a la vez representativo de la democracia?

REBELDÍA
En los momentos decisivos es preciso hablar sin pelos en la lengua sobre la necesidad de una crítica radical en hechos y en palabras, sobre la relación con la totalidad que esconde cada “injusticia” particular. En los tristes días de septiembre, cuando su foto estaba recorriendo tímidamente el mundo decíamos: «La desaparición de Santiago, la cárcel de Facundo y la represión al movimiento mapuche son parte de una totalidad, de un conflicto violento, histórico y social que excede a los mapuche, un conflicto entre la vida y el capitalismo, imposible de ser resuelto al corto o mediano plazo.»

Son las debilidades, las dudas y las insuficiencias de aquellos momentos de lucha colectiva, las que nos incitan a continuar regenerando los esfuerzos rebeldes y seguir levantándonos contra la opresión. Claro, no es posible sugerir en cada contexto diferente cómo responder a la agresión, que se tome tal o cual forma de acción práctica.

Aprendimos que parte de la lucha es siempre intentar que la voz de nuestros compañeros y la lucha revolucionaria sean colocadas en el centro. No banderío, no política, no personalismo sino, por respeto y por necesidad, que su palabra se escuche.

También comprendimos que es en el desarrollo del conflicto donde es posible descubrir o ampliar nuestros medios de acción, intentando superar el lenguaje de la conciliación y las peticiones respetuosas para con los explotadores y opresores.

Esto nos empuja a pensar también en un futuro no muy lejano. ¿Es posible coordinar a mayor amplitud tales acciones? Que dichas acciones converjan en un mismo objetivo específico, como ocurrió por ejemplo en la lucha de estos dos años, proclamando sus fines revolucionarios en todo momento y multiplicándose con el tiempo ¿es esto suficiente?
Independientemente de si un objetivo preciso se haya alcanzado o no, ¿se verá que una lucha revolucionaria activa ha reaparecido, y se reconocerá y se conocerá a sí misma? ¿De qué modo, se iniciará un movimiento general, que podrá coordinarse mejor y alcanzar una gama de objetivos cada vez mayor?

Consideramos, por lo pronto, que es necesario seguir apostando a la necesidad de revolución, que es posible accionar sobre un tema particular sin perder de vista lo global. Pero es necesario criticar cuando esto no sucede, como los rasgos masivos de la lucha por Santiago. Recordemos una vez más cuando de la exigencia “Aparición con vida…” se pasó a la pregunta “¿Dónde está…?” No son procesos del todo conscientes para quienes participan de las movilizaciones muchas veces de manera genuina y desinteresada, pero sí dejan en evidencia la conciencia ciudadana y la ideología dominante que los determinan. La primera consigna clama por un compañero con vida, la otra por un dato. Una quiere arrancarle al Estado una persona secuestrada, la otra plantea una conversación, quiere información. Como decíamos antes, una vez aparecido el cuerpo, pareciera que solo queda bregar por justicia. Pero para nosotros se trata de otra cosa completamente diferente.

Desde el boletín La Oveja Negra insistimos con una frase de un rap de Santiago: «Aquí y ahora la lucha continúa». Una manera de afirmar la vida y la lucha contra la muerte, contra su muerte. Una manera de afirmar que era además un luchador. Sin embargo, ese «aquí y ahora» también remite a cierto “inmediatismo” que evidentemente es muy propio de nuestra época, no reprochable ya que la realidad es a menudo desesperante. Pero esa inmediatez, si se vuelve permanente y excluyente de otros tiempos para actuar, hace que las posibilidades de intervención reales sean prácticamente nulas, o que remitan simplemente a un desahogo individual o grupal, lo cual no es poco pero no es suficiente para transformar la realidad. Y así, a fuerza de voluntarismo, se llega voluntariamente a la frustración, la desesperanza o la imposibilidad de un cambio social.

Porque el activismo sin perspectivas es pasividad, y la pasividad es la normalidad del Capital. No nos autoengañemos reduciendo la lucha a un solo aspecto del capitalismo: mostremos a cada instante nuestra relación viva con la totalidad del antagonismo de clases y con su historia. Limitar nuestra acción únicamente a un momento del todo social, sin plantear claramente nuestro objetivo que es el fin de la sociedad de clases, sería cavar nuestra propia tumba.

Quien haya participado en las presentaciones del libro Wenüy o haya oído algún audio de Temperamento, o leído algunos números del boletín, sabe que nuestro punto de partida es la necesidad de revolución, aunque esté pasado de moda. La lucha revolucionaria por destruir aquello que impide una vida radicalmente distinta.

Sin entrar en un estado de fascinación por cualquier lucha o cualquier cosa que se le asemeje, es importante advertir por qué se lucha, para qué se lucha y cuáles pueden ser las consecuencias de luchar. Son preguntas que en la exaltación competitiva y guerrera tan en sintonía con la razón dominante de estos tiempos capitalistas quedan sin formular, pues lo importante parece ser “dar pelea”, “salir a la calle”, aunque esto signifique solicitar el mantenimiento del actual estado de cosas.

Sea en el caso de la valentía mapuche, del solidario Santiago o del luchador anónimo de cualquier parte, la exaltación de la lucha sin preocupaciones por el cómo o el porqué, a veces se nos pinta como una virtud frente a la aparente quietud del momento, como algo rebosante frente al aparente vacío de la vida cotidiana.

Si hoy estamos hablando de esto es porque no estamos proponiendo esperar, “tomar conciencia” y recién así entrar en acción. En los hechos nada sucede así. El contenido social de una lucha puede radicalizarse en la misma práctica, con aciertos y con errores, con experiencias cercanas y lejanas (en tiempo y espacio), con los balances necesarios. También se puede hacer una apología de la conflictividad o de la valentía evitando dirigirse hacia los objetivos necesarios. No es nuestra intención, lo urgente no es lo que los oportunistas nos presentan como “lo posible”, lo urgente es ir más allá de lo existente, comprender el conflicto y la valentía en una lucha global contra el estado de cosas.

La lucha contra el capitalismo es comenzar a romper con la lógica que nos impone a los oprimidos. Más allá de cuestiones necesarias como el uso de la violencia y los gestos simbólicos, la visibilidad y lo fácilmente reconocible, debemos prestar atención a que la posibilidad de terminar con esta sociedad mercantil generalizada incluye también momentos menos fotografiables, ceremoniales o catalogables que son imprescindibles. Muchas veces lo que está en movimiento no sale en la foto o no llega a comprenderse.

No llamamos a hacer abstracción de nuestras debilidades, sino justamente a visibilizarlas para superarlas colectivamente. Este, como tantos textos y reflexiones revolucionarias, no fue escrito para ser enseñado de manera pedagógica según los dictados escolares o expuesto de manera utilitaria, funcional y eficientista según las leyes del mercado. Esto no es una mercancía ni un objeto de estudio, solo es accesible a través de la puesta en común, de la implicación que no se reduce al grupúsculo o al culto a lo identitario sino al todo social.

Esperamos haber brindado elementos para la reflexión y el debate.

¡SANTIAGO PRESENTE! ¡TERRORISTA ES EL ESTADO!

A Santiago intentaron desaparecerlo dos veces: primero Gendarmería el 1° de agosto de 2017 tras la represión del corte de ruta en el que estaba participando, y luego otros que, aun hoy, ocultan su lucha, su vida. Santiago era una persona sensible, anarquista, un rebelde cuyos escritos y rapeos hablan tan fuerte que el viento no los lleva. Agita y nos conmueve, contra el papa, los presidentes, los megaproyectos, contra el progreso y el orden existente.

El compañero buscó una vida fuera de lo establecido, se solidarizó con los presos, luchó en las asambleas y barricadas de Chiloé contra las salmoneras, cortó la ruta 40 por la liberación de Facundo Jones Huala y en solidaridad con los mapuche en lucha.

¡Santiago presente! ¡Terrorista es el Estado!


** En esta edición hemos vuelto a difundir, luego de dos años, «Hola querida población». Texto de Santiago leído en la movilización masiva del 11 de agosto por su hermano Sergio.

ACTUALIDAD DE LA LUCHA MAPUCHE

En los territorios del sur, tanto a un lado como el otro de la Cordillera, a pesar de las balas, las persecuciones y las instancias judiciales, las comunidades mapuche que se han plantado contra el Capital continúan su resistencia.

Pilmaiquén
La defensa del río Pilmaiquén, al sur de Chile, entre la región de Los Lagos y De los Ríos, es un largo conflicto contra la empresa noruega Statkraft que pretende construir un gran complejo hidroeléctrico inundando espacios vitales, naturales y sagrados de las comunidades. Fue a raíz de este conflicto que el Estado chileno pidió la extradición y cárcel de Facundo Jones Huala, quien participó de algunas acciones allí, desencadenando todo lo que vino después.

En este marco, el 30 de junio del año en curso, se recuperó el fundo Carrimallín para evitar el inminente inicio de las obras. Los rebeldes fueron desalojados entre el 6 y el 7 de julio, tras balazos, gases e incendios. No dándose por vencidos, y aun frente al hostigamiento constante de las Fuerzas Especiales de Carabineros, reingresaron al fundo el día 11, manteniendo la recuperación hasta la fecha. Se puede contactar con ellos y seguir los acontecimientos a través de Facebook: Red de Apoyo A La Resistencia Del Pilmaiquén.

Un nuevo crimen de Estado
Este 19 de julio de 2019, por la madrugada fue asesinado Lemuel Fernández de 26 años, en la localidad de Tranaquepe, de la comuna de Tirúa en Chile. Un burgués local disparó el gatillo. Cuando sus familiares y compañeros se acercaron a recuperar el cadáver fueron reprimidos por Carabineros.

La comunidad María Collipi de la que Lemuel formaba parte había denunciado, en ocasiones anteriores, hechos de violencia, militarización, persecución y violencia. Se encuentran en recuperación de un fundo de la región desde 2018.

El mismo viernes por la noche se realizó una marcha en Santiago de Chile que terminó en disturbios y barricadas.

Costa de Lepá
El 13 de julio se hizo pública una nueva recuperación territorial en el Departamento Cushamen en Chubut, a la vera del río Lepá. En un paraje ubicado 67 kilómetros al norte de Esquel, la medida de fuerza se sitúa en tierras usurpadas por el Estado en 1948 y regaladas a estancieros locales.

Dicen los compañeros: «Al Pueblo Nación Mapuche, a la opinión pública en general. La comunidad Newentuaiñ Iñchin declara: 

Kiñe: reunidos en trawun la comunidad decide reafirmar sus derechos territoriales sobre las tierras comunitarias del lof.

Epu: llevamos adelante esta acción en base a la ocupación tradicional de las tierras a la vera del río Lepá, agotadas todas las instancias legales y burocráticas y ante la negativa del Estado de sostener un diálogo político serio que tienda a la restitución de las tierra sagradas y productivas que ancestralmente pertenecen al pueblo mapuche-tehuelche.

Kula: como pueblo originario nos vemos en la necesidad de reconstruir nuestra forma de vida en equilibrio con la naturaleza y los nien que la habitan. Junto al renacimiento de nuestras autoridades espirituales y filosóficas, llevamos a cabo la recuperación de espacios sagrados ceremoniales.

Meli: para un real ejercicio de nuestra autonomía y autosustento es indispensable el retorno a los territorios de los que fuimos despojados.

Hacemos un llamado a pu peñi, pu lagmien, pu huenuy y a la sociedad consciente a acompañar y difundir este proceso.

¡¡¡Marici weu!!! ¡¡¡Marici weu!!! ¡¡¡Marici weu!!!»

Inmediatamente el Estado acusó a los mapuche de tener secuestrado un peón de la estancia, cuestión que fue desmentida por la propia policía. También la comunidad avisó al estanciero Pintos que no se lo dejaría ingresar.

Mientras terminamos de escribir esta edición del boletín, el 22 de julio, compañeros del sur nos alertan de la llegada de las fuerzas del orden a la recuperación territorial de Costa de Lepá, el corte del camino más cercano a la comunidad para aislarla y un violento allanamiento. Las fuerzas policiales, fuertemente armadas, obligaron a los comuneros a identificarse. Luego se retiraron dejando la zona liberada para que Mario Pintos junto a otros terratenientes locales y matones armados hostigaran a la comunidad cerrando los caminos.

Facebook para más información: Lofcosta De Lepa Antieco 

Fentren Newen: Desde el lunes 1° de julio volvió al aire Fentren Newen, por FM Alas de El Bolsón. Recomendamos este programa realizado por compañeras y compañeros en lucha, que brinda información desde el territorio y comparte elementos de la cultura mapuche. Sale todos los lunes de 19:30 a 21:00 hs. Y también se puede escuchar por internet en fmalas.org.ar