martes, 17 de enero de 2023

¿AL GRAN PUEBLO ARGENTINO, SALUD?

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La inflación en la Argentina acumulada a lo largo del 2022 se ubicó cerca del 100%. Esta cifra se trata de un promedio del aumento interanual de los precios al consumidor de las diversas mercancías, bienes y servicios, necesarias para la reproducción de la fuerza de trabajo. A nivel nacional, los mayores incrementos se registraron en las prendas de vestir y las verduras, que superaron ampliamente el 100%. Todo esto según los datos del propio INDEC. El Instituto Provincial de Censos y Estadísticas de Santa Fe, por su parte, detalló algunos de los productos que tuvieron mayores subas en la provincia en los primeros 11 meses de 2022. Se trata del azúcar (179,52%), la docena de huevos (156,66%), y el kilo de harina (148,54%). Luego están el pan, el aceite, el café, los fideos y la leche en polvo, todos por encima del 100%. Se trata de los alimentos básicos que consumimos los proletarios para sobrevivir, que además de aumentar sus precios, disminuyen sistemáticamente su calidad.

Pocos salarios en Argentina alcanzaron la inflación, siempre hablando de empleos registrados. Completamente por debajo se hallan los empleados informales o los planes y ayudas sociales. A esto debemos agregar el progresivo deterioro del salario sufrido desde hace varios años. De otro modo, y de cara a un año electoral, nos quedamos solo con la foto de 2022. Evidentemente, esta situación no afecta igual a todo el gran pueblo argentino. Porque no estamos “todos en el mismo barco” como gustan decir los dirigentes, ni somos todos iguales por más que nos pongamos la camiseta de la empresa como exigen los patrones.

En este contexto, es evidente que decenas de millones de habitantes del país “necesitan una alegría”, algo de eso significó la victoria en Qatar 2022 de la selección masculina de fútbol.

El fervor mundialista no fue una “vía de escape” frente al malestar social, es parte de este malestar. Tampoco es que el fútbol tape la miseria, es la miseria la que hace del fútbol un suceso tan determinante en la vida de las personas. Y por miseria no nos referimos solamente a la económica.

La puesta en cuestión de la realidad social no implica necesariamente sabotear “la alegría del pueblo”. Y, desde una perspectiva emancipatoria, sería iluso suponer que cada gol argentino desvía al proletariado de la revolución o lo vuelve más nacionalista.

Por otra parte, hay quienes podrán solicitar no racionalizar las emociones porque estas últimas estarían fuera del ámbito de lo racional. Pero las emociones y los sentimientos son un hecho tan construido como un estadio deportivo en Qatar, es decir, tienen su historia, su coyuntura y hasta sus muertos, con los cuales un puñado se llena de guita.

Sentir ira, alegría o tristeza porque gane o pierda un grupo de jugadores nacidos dentro de unas fronteras completamente arbitrarias no es un hecho natural, es un hecho construido en el patriotismo escolar, en la competencia deportiva, en la miseria sexual, en la distinción de género, en el vacío existencial de la sociedad capitalista de nuestro tiempo.

Buscamos comprender por qué ciertos aspectos culturales, religiosos o ideológicos, como puede ser la alegría por una camiseta, tienen tanta relevancia, cuál es su relación con este contexto.

Aunque nos sorprende la enorme falta de coherencia frente al fenómeno del mundial por parte de sectores contestatarios, en lo relativo al sexismo, el patriotismo, el Estado, la competencia, el sacrificio, etc.; no queremos hacer un simple llamado moralista a la conciencia.

Rechazamos la supuesta superioridad intelectual o moral al momento de criticar lo popular, del mismo modo que rechazamos el paternalismo populista que defiende la “alegría del pueblo” en tercera persona, dando cuenta no solo de su oportunismo sino de la construcción social que supone el pueblo a través de la política.

Desde una perspectiva revolucionaria queremos problematizar sobre la propia concepción de “pueblo”. Aun cuando somos considerados parte del pueblo, de lo popular, de lo argentino.

¿Qué pueblo?

No estamos exigiendo nada del “pueblo”, ni antes ni después de la victoria argentina en Qatar 2022. Estamos subrayando que el “pueblo” es un concepto que no distingue entre explotadores y explotados, que no es más que una construcción del Estado que constituye el orden dominante.

La población existe, sin embargo, la forma de categorizarla no es natural, la manera de designarla es política. No existe a la espera de ser reconocida y tener significado, es algo totalmente construido. Sin lo que “pasionalmente” conocemos como pueblo, la razón de Estado carecería de sentido. Los propios límites geográficos gracias a los cuales se puede definir “el pueblo argentino” se establecen a partir del Estado argentino. Primero el Estado después su pueblo, jamás al revés. Es de esta manera que decenas de poblaciones y comunidades quedan encerradas en las fronteras de la Argentina. En su acepción más corriente, para que exista un territorio determinado debe existir un Estado determinado.

“El pueblo” no es un dato de la naturaleza, ni una clase social, siquiera un grupo sociológico, hay que construirlo y representarlo. Acontecimientos como las guerras, los mundiales o ciertos sucesos culturales refuerzan el concepto y ayudan a experimentarlo como realidad. Porque no es que no exista, existe como fuerza social. La vieja consigna de «el proletariado no tiene patria», se trata de una perspectiva de lucha contra el nacionalismo, para evitar ser carne de cañón en las guerras, en las crisis, en la explotación cotidiana. Pero no podemos hacer como si no estuviésemos nacionalizados.

Desde el nacionalismo y el populismo se niega reconocer las contradicciones y escisiones de la sociedad y se acepta su pacificación en el Estado a través de la mediación del ciudadano. De este modo, la sociedad es una comunidad directamente asumida y representada como tal en el Estado. En su forma más desarrollada, el populismo busca ir más allá de las contradicciones sociales capitalistas, pensemos en los regímenes totalitarios. En su forma actual, al menos en países como el nuestro, se trata más bien de un interclasismo ciudadanista, buscando reforzar las instituciones democráticas del Estado, su legalidad, su papel preponderante en la garantía del orden.

En el libro Plomo y humo. El negocio del capital que publicamos recientemente reflexionábamos al respecto de las expresiones de lucha actuales: «No debe entenderse la crítica al interclasismo como un llamado al clasismo. Si el primero existe de manera generalizada en las luchas no es por la debilidad del segundo, sino que este se encuentra simplemente agotado. Producto de las transformaciones de la sociedad capitalista el proletariado no ha desaparecido ni mucho menos, pero las posibilidades de su lucha han cambiado drásticamente. Ya no existe la opción política, sindical o ideológica clasista que añora el obrerismo, ya no existen organizaciones de masas que busquen una afirmación del proletariado al interior de esta sociedad. Luchar como clase ahora solo puede implicar enfrentarnos a nuestra propia condición de seres humanos proletarizados. El interclasismo supone una situación de extrema ambigüedad, pero a la vez su superación solo aparece como una transformación radical de la sociedad contra el Capital y el Estado. De hecho, esta “propuesta” tiene más eco en el común de los manifestantes que cualquier nostálgica apelación a un gobierno obrero. Esa indeseable alternativa de gestión capitalista ya no es siquiera factible.»

En este marco de agotamiento del clasismo, y un interclasismo impotente para realizar cualquier transformación social pero efectivo en términos de integración y reproducción social capitalista, es que 5 millones de argentinos se movilizaron pacíficamente para expresar su alegría por los colores de la patria y algún tipo de éxito o conquista que se experimenta de cierto modo como propia.

Nacional y popular

Quizás tengamos la suerte de dejar de escuchar, al menos por un tiempo, la canción que apenas comenzada ya está hablando de «los pibes de Malvinas que jamás olvidaré». A 40 años del asesinato de jóvenes en esas frías islas el nacionalismo belicista agradece la “malvinización” que hubo con este Mundial.

Antes que finalice la tortuosa canción nos dicen «no te lo puedo explicar porque no vas a entender». Es parecido a cuando un supuesto sabelotodo en el acto de explicar sugiere que somos estúpidos. De todos modos, hay quienes preferimos entender e indagar sobre lo que nos implica, sobre el nacionalismo, lo popular, el deporte e incluso las pasiones que suelen presentarse a salvo de la reflexión.

El nacionalismo necesariamente se hizo presente durante el mundial de fútbol para machacar contra los ingleses y brasileros (sin distinción: explotadores y explotados), con las Malvinas, con una pizca de racismo, con un antieuropeísmo absurdo y un antiimperialismo cada vez más obtuso. Todo este conjunto de juicios es presentando como “popular” y cualquier cuestionamiento o incluso indiferencia puede ser tachada de antiargentino, mayor pecado en época mundialista o de contienda bélica.

La razón populista propone, e impone, que cualquier cosa que haga feliz al pueblo debería ser aprobada. En esta ocasión no hay mayor problema, pero dicha fórmula es riesgosa, especialmente cuando el pueblo se alegra con una guerra, con los pogroms, con un linchamiento, con el ascenso de un sanguinario dictador.

Además del fútbol, uno de los deportes preferidos del pueblo, no solo argentino, es la “caza de culpables”. La costumbre de no cuestionar la sociedad, considerada el pueblo mismo, sino de ir a la búsqueda de responsables a quien echar la culpa. Lo cual sin duda resulta más fácil y tranquilizador que subvertir la situación actual. Pero lo importante es que así no se resuelve el problema de fondo, y siempre estamos abordando los problemas superficiales y no los estructurales.

Los señalados responsables de los padecimientos pueden ir desde el vecino al extranjero, desde la patota de rugbiers asesinos de Fernando Baez Sosa hasta el FMI, del gobierno de turno a su oposición. Y en general no es que no tengan su gran responsabilidad personal, pero personalizar una cuestión social dificulta su comprensión, si no es que la evade completamente. Luego hay otros que proponen a los “yanquis”, los ingleses, los judíos o los inmigrantes de chivo expiatorio. El nacionalismo no puede ver cuestiones estructurales de la sociedad capitalista, no puede ver clases sociales antagónicas al interior de cada país.

Es absurdo defender a la nación y su pueblo para defender a la clase explotada. Sin embargo, el nacionalismo se impone de izquierda a derecha, coincidiendo en que las potencias extranjeras no dejan desarrollar a “nuestro” país. Luego cada sector añade su estilo propio: que el FMI saquea a la Argentina o que los inmigrantes nos vienen a robar el trabajo.

Nosotros proponemos no colocar el relato nacionalista como punto de partida natural. ¿Qué importa el origen geográfico del capitalista que nos explota? ¿Y qué importa dónde nacieron el resto de las personas explotadas?

Ante la desintegración de los lazos sociales tradicionales, la popularidad del fútbol radica en su capacidad de fortalecer una identidad común. Bien lo supieron los burgueses de aquel país “enemigo natural” del futbolero argentino. Durante la primera mitad del siglo XIX los primeros deportes que Inglaterra exportó fueron las carreras de caballos, la caza, o el remo, deportes representativos de la aristocracia, y quienes adoptaron estos juegos en los países destinatarios fueron las clases dominantes locales, que solían ser grandes admiradoras de la alta sociedad británica. En las demás naciones, los deportes fueron adoptados por una élite urbana fascinada por la imagen de modernidad que acompañaba lo inglés. Al principio, allí donde se establecían, los británicos solo jugaban entre sí. Cuando aceptaron a los demás pusieron como condición que el idioma de juego fuese siempre el inglés. De ahí que el término sport fuera adoptado en muchos países para designar las actividades deportivas. La lengua inglesa se impuso en el ámbito del deporte, como atestiguan los términos hockey, match, round, jockey, golf, record; al igual que vocablos relacionados directamente con el “football” como corner u offside, además de designar a los clubes con nombres anglófonos.

Las costumbres heredadas de Inglaterra son muchas, incluso el cacho de carne que cada vez cuesta más caro llamado bife no casualmente proviene de beef.

Mal que les duela a algunos, podría decirse ligeramente que Inglaterra es la “madre patria”. Si «en Argentina nací, tierra de Diego y Lionel» es porque existen países consolidados gracias a la división internacional del trabajo. El “modelo agroexportador” al cual refieren nacionalistas de todo el arco político requiere que esas grandes potencias “nos” compren.

Del mismo modo, y aunque les duela a otros, podríamos decir que Julio A. Roca es uno de los “padres de la patria” ya que, sin sus campañas en el sur, junto a las de Uriburu, Fontana y Obligado en el norte a fines del siglo XIX, no existiría Argentina tal como la conocemos. Como suele decirse: los padres no se eligen, y tampoco estamos obligados a sentir amor u orgullo por el país donde nacemos.

Las nacionalidades se establecen de manera arbitraria. En el caso de los "argentinos" esta arbitrariedad viene dada desde su designación misma. En el marco de la Conquista, desde comienzos del 1600 se comenzó a denominar Argentina y argentinos a la región y los habitantes de toda una enorme zona circundante al Río de la Plata. El primer término cayó en desuso, hasta 1860, cuando el presidente Santiago Derqui decrete como nombre oficial: República Argentina. En cambio, el gentilicio se continuó usando hasta hoy, atravesando el periodo del Virreinato y luego el de las Provincias Unidas, tras la independencia.

El primer registro de su uso se da en el poema histórico Argentina y Conquista del Río de la Plata, con otros acaecimientos de los Reinos del Perú, Tucumán y Estado del Brasil (1602) del extremeño Martin del Barco Centenera. Ya desde el título se habla de la zona rioplatense-paranense como Argentina y de sus habitantes: «Los argentinos mozos han probado / Allí su fuerza brava y rigurosa / Poblando con soberbia y fuerte mano / La propia tierra y sitio del pagano»

Obviamente ese “argentinos” no significa lo mismo que hoy. En ese pasaje se está refiriendo a la fundación de la ciudad de Santa Fe por parte del español de origen vasco Juan de Garay y los mestizos guaraníes nacidos en Asunción (actual Paraguay).

Es interesante saber cuál es el origen de esta denominación. El enorme estuario que se forma con las aguas del Paraná y el Uruguay antes de desembocar en el Atlántico fue llamado Río de la Plata por los conquistadores, en referencia a las legendarias minas de plata que se hallaban hacia el interior. Varias expediciones no encontraron nada, pero, como sabemos, toda leyenda tiene algo de verdad.

El cerro de Potosí (actual Bolivia) saldó con creces los anteriores fracasos, y el noble material, llamado en latín argentum, empezó a ser extraído de a toneladas, arrastrando consigo miles de vidas humanas, en uno de los peores horrores de la Conquista. La actual Sucre, desde donde se empezó a explotar el cerro, se llamaría también Civitas Argentina o en español Ciudad de La Plata.

Nuestro gentilicio se debe a una de las principales mercancías extraídas de la región, y transportadas en gran medida a través de la actual Argentina hasta el puerto de Buenos Aires. Bien podríamos llamarnos ahora “sojenses”. Con la plata extraída también se empezó a acuñar dinero como moneda. De ahí que, en el Cono Sur, llamemos a la moneda de circulación legal, coloquialmente, “plata”.

Es bueno remarcar que “argentino” tampoco fue un término de uso general, conviviendo con el genérico “criollo”, ampliamente usado además, en toda la América hispana. Mulatos, zambos, mestizos, cuarterones, chinos, etc., fueron denominaciones de casta también de uso muy común, de acuerdo a la mezcla de sangre. Los integrantes de las aristocracias locales, hayan nacido en este continente o la península ibérica, gustaban llamarse “españoles”.

Ser “argentino” no significó siempre lo mismo. Sucesión de guerras y despojos en el marco de la Conquista y luego en la creación del Estado moderno fueron delimitando y cambiando lo que hoy conocemos como Argentina y lo “argentino”.

Noción absurda y arbitraria como ya vimos, pero no azarosa si seguimos la ruta de las mercancías. La nacionalidad se acuña mientras se acuña dinero.

VIOLENCIA Y MÁS VIOLENCIA

En enero de 2020 a la salida de un boliche en Villa Gesell, Fernando Báez Sosa de 18 años es brutalmente asesinado por una patota. Se trata de diez varones de entre 18 y 21 años que también estaban de vacaciones. Varios de los implicados jugaban al rugby en el Club Náutico Arsenal Zárate, razón por la cual los conocemos como “rugbiers”. Y si todos son ubicados en esa descripción es porque parecen dar con un perfil sociológico común.

¿Por qué el brutal asesinato de Fernando nos impactó tan fuertemente hace tres años? ¿Y por qué, ahora en pleno juicio oral y público, nos vuelve a conmover?

Es una historia donde la brutalidad y la falta de empatía se presentan sin complejidades. Fernando era un pibe hijo de inmigrantes nacido en argentina, de familia trabajadora. Y los “rugbiers” unos desagradables que se regocijan en su matonería, racistas y de lo que se considera clase media alta.

En los canales de televisión, las redes sociales, han hecho lo propio. Han aprovechado las características del caso y el morbo existente para hacer del suceso el centro de su programación. Como en todas las ocasiones que los medios masivos de comunicación convierten un hecho en noticia hacen un recorte de la realidad. Y, paradójicamente, un asesinato sirve para ocultar decenas de otros. Jóvenes hombres, de la edad y la clase social de Fernando son quienes mueren a diario en Argentina. Son las características que tristemente lideran las estadísticas de muertos en “accidentes laborales”, por las fuerzas de seguridad, en el narcotráfico y la delincuencia, y en lo que se ha denominado el problema de la “inseguridad”.

Los medios presentan el caso como una serie de Netflix. Todos los días un nuevo detalle más escabroso: las declaraciones judiciales de los testigos, los mensajes de wasap de los asesinos, la vida privada de la víctima, los videos, la zapatilla con sangre. Incluso se juega con la fantasía de que los asesinos sean torturados y violados por los presos. En esta cultura de la violación, la violación es justamente un castigo, tal como la ejercen muchos de los violadores fuera de las prisiones, pero en las prisiones tiene la aprobación de millones de ciudadanos “de bien”.

Escuchamos que una vez más la violencia machista salpica al deporte. Como si la agresiva competencia deportiva, los ataques en manada, los rituales de iniciación masculina, o el pacto de silencio sobre los abusos no fueran hechos constitutivos de este machismo que es presentado como una amenaza externa que ensucia el buen desarrollo de esta sociedad.

La cultura del odio y la estupidez no son patrimonio del deporte en general ni del rugby en particular. Está presente en los hogares, en los centros de trabajo o de educación, en el campo y la ciudad. Por eso el Código Penal no puede resolver el problema, solo puede dar algo de paz a los familiares y amigos del asesinado.

En lo relativo a este caso se habla también de clasismo, el cual es comprendido como una actitud discriminatoria basada en la supuesta pertenencia a una clase social. Anteriormente, en el viejo movimiento obrero, se le llamaba clasismo al hecho de luchar y defender los intereses de la clase obrera.

Este boletín asume la existencia de clases sociales y lo considera fundamental para comprender y transformar la sociedad, pero no por ello es clasista, en ninguna de sus dos acepciones. Ni la clásica reafirmación del movimiento obrero, ni mucho menos en el sentido discriminatorio.

Generalmente se habla de clase como un atributo moral, así un explotador millonario podría ser “del pueblo” por su forma de vestir o expresarse. Evidentemente no se hace referencia a las clases en torno a la explotación capitalista, sino desde un punto de vista cultural e identitario. Por otra parte, es un clasismo que orbita en torno a lo que en Argentina se considera clase media. Pero quienes organizan, ejercen o encubren los asesinatos de todos los días no son “aburguesados” o “clasistas”, son burgueses.

En tanto que gobierno de la burguesía, el Estado conceptualiza la violencia de tal modo que le permite presentarse como externo al problema y, por tanto, como una potencial fuerza para el bien. Pero puede castigar justamente porque detenta el monopolio de la violencia y es responsable de su producción cotidiana.

Las denominadas políticas “contra la violencia” permiten legitimar jueces, ejércitos, policías y oficinas multidisciplinarias del Estado. Y en ocasiones son la coartada perfecta para incrementar el control de las poblaciones. Es preciso notar cómo, y no es nada reciente, se introduce en la opinión pública el debate sobre nuevas reglamentaciones punitivas y tecnologías de control a partir del castigo a los agresores.

sábado, 17 de diciembre de 2022

REVUELTAS EN IRÁN

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Cuando llegan noticias de países lejanos, pese a las diferencias culturales y geográficas, hay cuestiones estructurales que identificamos rápidamente. Así, nos reconocemos en quienes se rebelan contra el orden establecido en distintas partes del planeta.

Mediante noticias, panfletos y textos nos acercamos a las revueltas en Irán. Asumiendo el carácter internacional de la lucha de clases, presupuesto de la agitación por una revolución mundial contra el Capital.

Mahsa Amini, una joven kurda de 22 años que estaba de vacaciones en Teherán con su familia, fue detenida el 13 de septiembre por la Gasht-e Ershad, “Patrulla de Guía” también conocida como Policía de la moral. La joven fue acusada de usar el hiyab “de forma inapropiada” y llevada a un centro de detención para ser reeducada. Dos horas después fue trasladada en coma a un hospital donde murió el 16 de septiembre. La policía declaró un repentino ataque al corazón. Sus familiares fueron testigos de una golpiza en la detención y vieron como ella perdía el conocimiento.

El sábado 17, ya durante el funeral en Saqez, comenzaron las protestas con un grupo de mujeres kurdas que se quitaron el velo, y algunas lo quemaron. Al día siguiente las manifestaciones se extendieron a ciudades de todo el país. Diferentes sectores de trabajadores fueron entrando en huelga, gran parte de los comercios cerraron en apoyo a las protestas y desde entonces diversas expresiones de lucha se suceden de manera ininterrumpida.

“¡Muerte al dictador!” en referencia a Alí Jamenei, “líder supremo de Irán”, ha sido el lema más gritado junto a “¡Jin, jiyan, azadî!” (¡Mujer, vida, libertad!). Esta última consigna en kurdo es un acto de solidaridad por parte del resto de Irán hacia la región kurda, fronteriza con Irak y Turquía. Jina (“la que da vida”), es el nombre kurdo que los padres de Mahsa no pudieron ponerle hace 22 años en la localidad de Saqez.

En tanto reproductoras de la población, las mujeres son la vida y la vida emana de ellas, están en el centro de las sociedades y son el punto de partida de todos los procesos de producción. La República Islámica ha entendido tan bien el significado y el peso de esta asignación que busca reducir a la mujer a una propiedad, de la que el hiyab es el título. La cuestión abierta, en un contexto de lucha internacional del movimiento de mujeres, es poder avanzar en el cuestionamiento de la división sexual sin seguir necesariamente los parámetros liberales de occidente. No se trata simplemente de igualdad, sino de subvertir la propia división.

La situación de las mujeres fue el detonante de una revuelta que se desarrolla y potencia a partir de las insoportables condiciones de vida que vive el proletariado en Irán y sus innumerables antecedentes de lucha. Y es justamente a partir de estas luchas que vamos comprendiendo la implicación (no intersección) entre las asignaciones de género y la explotación, entre la producción y la reproducción.

En Irán, dado el régimen confesional establecido por la llamada “revolución islámica” de 1979, el control y la represión se imponen de forma religiosa. Desde la instauración del actual régimen se han sucedido diversas modalidades de esta “Policía de la moral”. Las fuerzas represivas fieles al régimen se encuentran deslegitimadas y desmoralizadas, y cada vez son más las mujeres y niñas que se muestran orgullosas sin el hiyab acompañadas de las sonrisas cómplices y alentadoras de los transeúntes.

Desde hace 43 años un régimen burgués de características islámicas gobierna Irán. Se trata de una República Islámica que, tras la caída del sha Reza Pahleví, combina una teocracia islámica con democracia representativa, a través de una compleja red de instituciones electivas y no electivas. El poder está concentrado en el Líder supremo, cargo ocupado por Jomeini entre 1979 y 1989, y por Jamenei desde 1989 a la actualidad.

Irán se encuentra frente a un relativo aislamiento internacional, y crecientes dificultades internas por las características de su desarrollo económico.

Una particular gestión del Capital

Renta de la tierra (petróleo y gas fundamentalmente), industria improductiva, inflación elevada, devaluación y tipos de cambio paralelos, salarios reales a la baja, altos niveles de desempleo, de trabajo informal y de la denominada población sobrante, subvenciones y ayudas estatales (tanto a proletarios como empresas), lo cual implica un gran desarrollo de la corrupción. Ciertas características de la economía iraní nos suenan familiares desde estas tierras.

Pero no toda economía rentista asume de la misma forma las limitaciones que supone. El populismo, la injerencia del Estado y sus redes clientelares, se reproduce en el caso iraní de una forma extrema, donde la religión cumple un papel fundamental.

Todos los Estados tienen un cierto peso económico y actividades productivas; hay empresas en las que los Estados se constituyen como accionistas mayoritarios o incluso industrias de propiedad estatal, pero la propia República Islámica se ha convertido en una relación productiva por la forma en que ha evolucionado. Es el punto de partida y el punto final, determina la propiedad del Capital y elige el camino de su crecimiento. Al estar basado en las rentas del petróleo, su existencia se vuelve más difícil e improductiva para grandes sectores de la economía, ya que dificulta el “normal” desarrollo de la actividad económica basado en la competitividad.

Es en este marco que debemos comprender las diferentes fracciones de la burguesía iraní. Empecemos por aquellos con mayor historia, como el sector de los grandes comerciantes denominados bazaris, burgueses dedicados al comercio que, frente a una producción local defectuosa orientada al mercado interno, se han enriquecido sideralmente a partir de gestionar la importación con generosas bonificaciones del Estado. La renta petrolera se ha utilizado en gran parte para importar bienes de consumo y equipos, con los bazaris de intermediarios.

Por otro lado, a partir de las propiedades expropiadas tras la revolución de 1979 y su sostenimiento posterior a través de la renta, se han constituido poderosas fundaciones religiosas denominadas bonyads, que además de conservar su función clientelar mediante la asistencia a los pobres, se han convertido en consorcios de empresas exentas de impuestos que dependen directamente del “Líder Supremo”. Se estima que estas fundaciones controlan alrededor del 20% del PBI, buscando garantizar el apoyo al régimen.

Desde 1990, se aplicó lentamente una privatización de las empresas estatales y una relativa apertura del comercio exterior cuyo resultado fue la creación de una burguesía que vive y se enriquece bajo la tutela del Estado. La mayoría de las veces, los beneficiarios de estas “transferencias de propiedad” son los directivos de estas empresas, antes estatales.

La República Islámica, además del ejército regular iraní, cuenta desde su creación con un ejército paralelo de mayor jerarquía y fidelidad al régimen denominado Guardia Revolucionaria o Pasdaran, que cuenta a su vez con milicias estrictamente paramilitares como el Basij. Los jerarcas de estas organizaciones se vieron notablemente beneficiados por la “privatización” de los ‘90, siendo ahora propietarios de grandes industrias del petróleo, gas, acero, construcción y comunicaciones, entre otras. A su vez, como contratistas privados se benefician de gigantescas licitaciones de proyectos de infraestructura como represas que quedan a medio hacer, sumando al derroche y deterioro del medio ambiente. Alrededor del 30% de la economía se encuentra bajo su control y mantienen estrechas relaciones con las bonyads.

El proletariado y sus luchas

El proletariado en Irán se halla entre el mercado informal de trabajo, el campesinado, jóvenes desempleados, empleados estatales rasos (dispuestos a soportar la degradación de sus salarios mientras el aparato administrativo siga siendo la garantía de su empleo), una masa de desempleados estructurales que dependen de las fundaciones religiosas o de su participación en las milicias, los trabajadores de los servicios (40% de la población activa) divididos entre su dependencia de los bazaris y la visión de su futuro en la apertura y liberalización de todo el comercio, una minoría empleada en las principales industrias orientadas a la exportación (las únicas competitivas en términos internacionales), los empleados en las industrias dedicadas al mercado interno (empresas que sólo deben su supervivencia a la perpetuación de una economía que vive de las subvenciones discrecionales y que, por tanto, está intrínsecamente ligada al nacionalismo económico). También existen divisiones “étnicas” entre persas, árabes, kurdos y tribus nómadas.

Los trabajadores vinculados al sector de los hidrocarburos, dada su importancia fundamental en la economía iraní, se encuentran bajo relaciones de explotación particulares. Este sector ha sufrido varias reformas laborales en pos de la flexibilización a partir de la década del ‘90, trastocando por lo tanto su funcionamiento y desatando diversos conflictos. De este modo, existen organizaciones de trabajadores contratados del petróleo, que se han integrado a la revuelta, yendo a la huelga en reiteradas ocasiones desde principios de octubre.

Al margen de este sector y otros puntuales como la siderurgia, los trabajadores de la industria son por lo general empleados por empresas dedicadas a la producción para el mercado interno. Este funciona fundamentalmente a partir de la distribución de renta en forma de subsidios y asistencia social, por lo que la función de los salarios como reguladores entre las distintas esferas de la producción a través del consumo queda completamente desdibujada. El salario y el poder adquisitivo queda desconectado de la acumulación. De este modo, los salarios son aplastados y no hay un interés de la burguesía por elevar la productividad. Su competitividad en términos internacionales es nula (algo muy parecido a la mayor parte de la industria argentina). En dicho marco, se producen innumerables conflictos por aumentos salariales y demoras en los pagos. En el contexto actual se han desarrollado numerosas huelgas por estos reclamos, por las condiciones laborales y en solidaridad con la revuelta en diversas industrias (autopartes, automotrices, siderurgia, electrodomésticos, etc.), así como también en el sector servicios, como las huelgas de camioneros y conductores de ómnibus.

Sin duda la generalización de la huelga en la producción y distribución y el cierre masivo de comercios son un salto cualitativo en las situaciones de revuelta. Pero el estallido encuentra su origen en el ámbito de la reproducción social, por el empeoramiento de la vida en general y la constante represión, que atraviesa a todos los sectores del proletariado.

Las revueltas masivas, entonces, han detonado en los últimos años por el empeoramiento general de las condiciones de vida. Entre noviembre de 2019 y enero de 2020 estallaron manifestaciones en todas las ciudades importantes por el aumento del 50% al 200% de los precios de los combustibles y, por tanto, de los precios de los productos de primera necesidad. La represión fue brutal, con un saldo de más de 1000 muertos según algunas fuentes. Las violentas acciones de los manifestantes se tradujeron en la destrucción de 731 sucursales de bancos gubernamentales, incluido el banco central de Irán, nueve centros religiosos islámicos y estatuas del líder supremo Alí Jamenei, así como el ataque de al menos 50 bases militares gubernamentales.

En mayo de este año el gobierno puso fin al precio subvencionado del pan, lo cual produjo aumentos de hasta un 300%, en el marco de una inflación anual de alrededor del 40%. Se desataron diversas manifestaciones, entre las cuales se atacaron bases de las milicias islámicas Basij con un saldo de varios muertos, heridos y detenidos. Por otra parte, el derrumbe de un edificio comercial en Abadán tuvo como consecuencia la muerte de más de veinte personas, lo que provocó nuevos disturbios contra el régimen y la corrupción. A partir de junio las manifestaciones relacionadas con la supervivencia fueron cotidianas en Teherán. Este es el contexto en el que hay que situar los acontecimientos posteriores al asesinato de Mahsa.

Sobre la cuestión de las mujeres

Mahsa Amini se ha convertido en un símbolo de la lucha del mismo modo que en Estados Unidos George Floyd, asfixiado indefenso en el suelo por la policía del país más occidental y democrático del mundo, se convirtió en el símbolo de protestas y revueltas.

Los estallidos sociales tienen su historia. Remontémonos a febrero de 1979. El régimen del sha, socavado por diversas revueltas desde el año anterior y una huelga general especialmente violenta, se derrumbó en pocos días bajo los golpes de una insurrección. El “gobierno revolucionario” que le sucedió estuvo en gran medida en manos de los islamistas, bajo la autoridad tutelar del Gran Ayatolá.

El 7 de marzo de 1979 el Ayatolá Jomeini denunció el carácter occidental del Día Internacional de la Mujer y declaró que, a partir de ese momento, las mujeres iraníes debían llevar velo y no maquillarse. La ofensiva sobre el velo es cultural, religiosa y fundamentalmente política. Trata de afirmar el poder existente, de dar ejemplo y de obligar a las demás fuerzas políticas a retroceder.

El 8 de marzo decenas de miles de mujeres, 100.000 según las estimaciones más generosas, en su mayoría jóvenes y sin velo, circularon por la capital. Cabe señalar la participación de hombres en las manifestaciones.

“Imponernos de nuevo el velo es inaceptable” señalaban miles de mujeres, pero las reivindicaciones también evocaban la cuestión de las guarderías gratuitas, el derecho al aborto o la igualdad salarial entre hombres y mujeres. Se pudo escuchar que “la libertad no es occidental ni oriental, es universal”. La noche del 8 de marzo las autoridades anunciaron que prohibirían el aborto y la píldora anticonceptiva, y pondrían fin a la Ley de Protección de la familia promulgada en 1967 y revisada en 1975. Esta era una de las normas más progresistas de la región: otorgaba a las mujeres el derecho a solicitar el divorcio y garantías sobre la custodia de los hijos, elevando la edad del matrimonio a 18 años y regulando la poligamia, entre otras legislaciones que contribuían a mejorar la situación de las mujeres.

Nadie lo hubiera imaginado, pero al día siguiente las manifestaciones se reanudaron de forma más o menos espontánea durante cinco días. Fueron la primera expresión de oposición al nuevo régimen. Pero si a partir del 11 de marzo se podía oír “¡Abajo Jomeini, es un dictador!”, tal clarividencia era entonces inaudible para la masa de la población, incluida la izquierda y no solo la iraní.

No se trataba ni se trata de un velo como accesorio femenino ocasional, sino del símbolo más evidente que vincula a las mujeres y a sus familias con la República Islámica y la cultura que conlleva. Es la manifestación más evidente que permite reconocer a los “propios” de los “ajenos”.

A la vez que se mantienen y refuerzan estas tradiciones, durante el régimen islámico creció progresivamente la incorporación de las mujeres al mercado laboral (aunque su participación se mantiene muy por debajo de la de los hombres), aumentó notablemente la escolarización de las niñas, así como la proporción de mujeres en la educación superior ronda el 60% (muchas de ellas con dificultades de conseguir trabajo). La tasa de natalidad, por su parte, bajó de 6 a 2 hijos por mujer. Es importante no perder de vista que, bajo el manto religioso y la gran cantidad de restricciones que este supone para las mujeres, las modalidades de reproducción de la fuerza de trabajo se desarrollan con aspectos similares a las del resto de las llamadas “economías en desarrollo”.

Religión

Muy a menudo el régimen iraní se reduce a su dimensión religiosa. La instauración de la República Islámica en abril de 1979 aumenta la confusión. Ceñirse a esta observación nos impide comprender las razones de aquel levantamiento, vinculado a la crisis mundial del Capital y su desarrollo. El vasto movimiento que nació y creció en el transcurso de 1978 queda así frecuentemente eclipsado; sin embargo, fue este movimiento el que, a fuerza de huelgas, manifestaciones y disturbios, hizo caer el régimen del sha en 1979.

La religión aboga por el orden y el desorden, exalta un absoluto que es difícilmente compatible con las medias tintas y el respeto a los poderes fácticos, mientras que requiere que hagamos la paz, obedezcamos a la ley y nos reconciliemos con los ricos. Como el cristianismo, el islam es un conquistador convertido en establishment. Se nutre de la guerra y de la paz. Por su parte, el llamado gobierno islamista moderado de Turquía es duro con el modo de vestir, pero no lleva el arcaísmo a la gestión de la industria y gestiona la economía según los estándares liberales “occidentales”. Representan dos modos capitalistas de administrar su economía nacional.

La religión, la política y la economía vinculan a los individuos definidos por y dentro de un modo de producción particular. El populismo, bajo su forma religiosa o incluso peronista, no se alza simplemente en nombre del “pueblo” como si dicha comunidad de intereses interclasistas estuviese dada al interior del capitalismo a la espera de que los estrategas de la política encuentren la manera de representarla. En conclusión, los populismos se establecen produciendo al pueblo. En el caso iraní, lo propio fue posible a partir de la religión. Así se alzó un particular populismo que ha logrado, aunque de manera inestable, perdurar.

La revuelta continúa

La revuelta continúa, se extiende y profundiza a pesar de la dura represión. Nombramos algunos sucesos de las últimas semanas, aunque es imposible abordar sintéticamente todo lo que viene ocurriendo.

El 17 de noviembre la casa natal del ayatolá Jomeini (convertida en museo) fue incendiada por manifestantes. En una filtración de noviembre, jefes de las fuerzas paramilitares Basij admiten que la policía está desmotivada y no está pudiendo contener la revuelta, que las huelgas de comerciantes de mediados de noviembre fueron masivas (más del 70% del país), que sus sedes son frecuentemente atacadas, al igual que las oficinas de los parlamentarios con cócteles molotov, mientras que miembros del clero son burlados públicamente con insultos y “robos de turbante”.

Hacia fines de noviembre el gobernador de Teherán ha sido destituido y sustituido por un antiguo general del ejército revolucionario Pasdaran, lo que trae el recuerdo de maniobras similares en los últimos días del sha. Simpatizantes del régimen lentamente comienzan a sumarse a las protestas. Vuelve a la memoria el proceso de revueltas de más de un año iniciado en 1978, con un movimiento que se construye a sí mismo a su propio ritmo.

En un régimen caracterizado por su inmenso aparato represivo, está claro que la revuelta no se puede proponer una victoria militar. Por ello el desmembramiento, deserción y rebelión de sus miembros se vuelve fundamental como freno a la represión y posibilidad de victoria. Por lo pronto, el gobierno inició conversaciones con Rusia en caso de necesitar apoyo militar (recordemos su accionar en Siria de los últimos años).

Desde el comienzo de la revuelta hasta el 7 de diciembre al menos 458 personas, entre ellas 63 menores de edad, fueron asesinadas por el Estado, según cifras de Iran Human Rights. A estas muertes hay que sumar detenciones, torturas, enjuiciamientos y condenas: de acuerdo con organismos internacionales de derechos humanos, hay más de 18.000 personas detenidas, once de las cuales fueron sentenciadas a la pena de muerte. Para el 12 de diciembre ya son dos los manifestantes ahorcados públicamente con el objetivo de infundir el miedo. En las regiones del Kurdistán y el Baluchistán iraníes las protestas son incesantes y reprimidas de manera brutal, con armamento de guerra.

Respecto a las huelgas, agregamos que muchos de sus partícipes y referentes están siendo duramente perseguidos, y los trabajadores hacen uso de diferentes tácticas menos visibles para perjudicar la producción, como los sabotajes. Los jubilados también se han hecho presentes con sus demandas particulares, debido a sus escasas pensiones y sus deficientes coberturas de salud.

A fines de noviembre la selección de fútbol de Irán quedó fuera de Qatar 2022 y hubo festejos en aquel país. Tras cada derrota, se sucedieron concentraciones con consignas contra el régimen.

Entre las informaciones más recientes, se ha iniciado en Irán otra serie de protestas, manifestaciones y huelgas de tres días de duración para el 5, 6 y 7 de diciembre. Estas convocatorias, que se lanzan por intervalos irregulares, las realizan jóvenes de los barrios de una ciudad y son replicadas por otros barrios y ciudades para convertirse en una convocatoria nacional. La idea es correr la voz por todos los medios imaginables: octavillas distribuidas a mano o lanzadas desde los edificios a la multitud, notas manuscritas repartidas bajo las puertas o dejadas en los limpiaparabrisas de los autos, pintadas, manifestaciones por la noche de pequeños grupos.

Sea cual sea la forma que adopte este movimiento, lo cierto es que el proletariado iraní está haciendo todo lo posible por librarse de este régimen, abriéndose paso entre la represión y complejas contradicciones sociales. Más allá de expresar nuestra solidaridad y afirmar la necesidad de revolución social, no podemos estimar cuál será el resultado de este estallido. Tras sus primeros meses, lo que parece seguro es que no va a detenerse, confirmando que la división sexual capitalista y sus respectivas asignaciones no son cuestiones que deben superarse “después de la revolución”, sino que son un motivo para hacer la revolución.

 

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Para el presente artículo nos hemos basado en gran medida (incluso con extractos o reescrituras) en:

 

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Ilustración de tapa: «Así fue asesinada Qorat-al-Aïn», collage que el surrealista iraquí Abdul Kader El Janabi dedicó a Fátimih Baraghání, más conocida como Tahirih, erudita, poeta y teóloga babí que vivió en el Irán de la primera mitad del siglo XIX. La imagen y la historia nos la han hecho llegar miembros del Grupo Surrealista de Madrid. En 1848 Tahirih se quitó el velo públicamente frente a una asamblea repleta de hombres. Fue encarcelada, sentenciada a muerte y cuatro años más tarde fue estrangulada en 1852 con su propio velo. Se le atribuye haber citado este verso en el momento de su martirio: «Podéis matarme tan pronto como queráis, pero no podréis parar la emancipación de la mujer».

 

NUEVO LIBRO: PLOMO Y HUMO, EL NEGOCIO DEL CAPITAL

Antes de que finalice el año publicamos un nuevo libro con Lazo Ediciones que incluimos en la nueva suscripción de la biblio. En la última emisión de Temperamento Radio también referimos a ello.

«En la ciudad de Rosario se ha señalado el plomo y el humo como parte de un mismo negocio. Fue un importante punto de partida para instalar públicamente la vinculación entre estas cotidianas problemáticas: narcotráfico y quemas en los humedales. En las páginas de este libro buscamos ahondar en ese sentido. Desde el boletín La Oveja Negra y otras intervenciones exponemos el impulso capitalista por la obtención de ganancias como el causante de las muertes, la destrucción del territorio y la nocividad en la cual habitamos. Consideramos la reflexión y la investigación como momentos necesarios de la lucha, de la lucha de clases, que no empieza ni termina con un conflicto o lugar particular.»

* Disponible gratis en versión digital en el sitio web de Lazo.

viernes, 16 de diciembre de 2022

NUEVO LIBRO: PLOMO Y HUMO, EL NEGOCIO DEL CAPITAL

En este nuevo libro que publicamos con Lazo Ediciones compilamos artículos de La Oveja Negra, panfletos, textos y escribimos nuevas reflexiones desde y para las protestas y movilizaciones. 

«En la ciudad de Rosario se ha señalado el plomo y el humo como parte de un mismo negocio. Fue un importante punto de partida para instalar públicamente la vinculación entre estas cotidianas problemáticas: narcotráfico y quemas en los humedales. En las páginas de este libro buscamos ahondar en ese sentido. Desde el boletín La Oveja Negra y otras intervenciones exponemos el impulso capitalista por la obtención de ganancias como el causante de las muertes, la destrucción del territorio y la nocividad en la cual habitamos.

Consideramos la reflexión y la investigación como momentos necesarios de la lucha, de la lucha de clases, que no empieza ni termina con un conflicto o lugar particular.»

Índice:

  • «Plomo y humo, el negocio de matar»
  • Plomo y humo, el negocio del Capital (Emancipación, 1 de septiembre de 2022)
  • La ley de plomo
  • “No se puede respirar”
  • Modelo agroexportador, (ab)uso de la tierra y quemas

Selección de textos:

  • Negocio, delito y muerte en Rosario (La Oveja Negra nro. 78, septiembre de 2021)
  • Narcotráfico y Capital (La Oveja Negra nro. 79, noviembre de 2021)
  • Ecocidio en el humedal (La Oveja Negra nro. 71, julio de 2020)
  • Parques nacionales: naturaleza muerta (La Oveja Negra nro. 59, noviembre de 2018)
  • Una reflexión a orillas del río (Panfleto, 25 de julio de 2020)
  • Aquí y ahora la lucha continúa (Panfleto, 1 de agosto de 2020)
  • Humo. Reflexiones más allá de las quemas (Reseña del documental)
  • Por el río, contra el Capital. Un viaje rebelde por el Paraná (Reseña de emisión nro. 51 de Temperamento Radio)
  • Chubut: No es No (La Oveja Negra nro. 80, enero de 2022)
  • Sobre los incendios en la Comarca Andina (La Oveja Negra nro. 75, marzo de 2021)
  • Deforestación (La Oveja Negra nro. 65, septiembre de 2019)
  • Progre-extractivismo (La Oveja Negra nro. 67, enero de 2020)
  • El Capital o la Tierra (La Oveja Negra nro. 2, marzo de 2012)
  • Memoria: Barrio Refinería y Cosme Budislavich (La Oveja Negra nro. 10, octubre de 2013)
  • Reflexiones desde y para las luchas

El libro está disponible en la biblio para consulta y venta, también hacemos envíos a ciudades de todo el país, así como se enceuntra en diferentes puntos de distribución.

Y como siempre lo compartimos gratuitamente en su versión digital: Leer y/o descargar el libro completo en PDF

Recomendamos también el programa que le dedicamos en Temperamento Radio.

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Esta es una editorial sin fines de lucro, nuestra intención es poner en común los libros que editamos. Por eso mantenemos los precios lo más bajo posibles y casi todos se encuentran disponibles para descargar gratuitamente. Agradecemos cualquier colaboración para seguir con este proyecto. Los aportes se pueden hacer aquí. 

viernes, 7 de octubre de 2022

LIBERTAD A LAS PRESAS MAPUCHE. TERRORISTA ES EL ESTADO

El 4 de octubre por la mañana el Estado argentino desalojó la lof Lafken Winkul Mapu, a 35 kilómetros de Bariloche. El operativo involucró más de 200 efectivos del “comando unificado de seguridad zona Villa Mascardi” creado recientemente por el ministro de Seguridad de la Nación, Aníbal Fernández.

Dos días antes “vecinos de Bariloche” realizaron una caravana bajo el lema “basta de terrorismo en la Patagonia”. Había consignas como “Roca volvé, terminá lo que empezaste”. A la cabeza iba la presidenta del PRO y exministra de Seguridad Patricia Bullrich, quien el 1° de agosto del año pasado fue hasta donde secuestraron y asesinaron a Santiago Maldonado para festejar su victoria.

Si se quiere seguir el lenguaje presidencial se puede decir que hay discursos de odio. Pero acá lo importante son las acciones, las acciones perpetradas por el Estado argentino, donde los discursos solo vienen a justificar lo ya sucedido o planificado.

Esta vez no hubo asesinados como cuando los disparos de las fuerzas del orden dieron muerte a Rafael Nahuel de la lof Lafken Winkul Mapu o Elías Garay de la lof Quemquemtrew. Esta vez la demostración de fuerzas fue la represión, desalojo y el posterior traslado de mujeres y niños hasta Buenos Aires.

El traslado de las mujeres mapuche detenidas hasta Ezeiza fue bajo el argumento que en Bariloche y cercanías no hay dónde alojar a presas amamantando. La situación es muy dolorosa e indignante. Trascendió que una lamgen fue trasladada sola a un hospital en  trabajo de parto y dio a luz en el cautiverio. Por su parte, niños y niñas mapuche fueron obligados a estar solos durante más de 12 hs. dentro del territorio, resguardándose de las fuerzas policiales que los quería detener también montaña adentro.

Hay quienes dicen que estamos en el siglo XIX o en la dictadura de los 70. ¿Y se preguntan que viene después? Después vienen, juicios y elecciones, cárcel y alguna renuncia de algún que otro funcionario estatal. Porque estamos en democracia. Y esto es también la democracia.

El gobierno nacional no está siguiendo la agenda de Patricia Bullrich, es una política de Estado.

Esto no es como “en la época de Roca”, acá reprime un gobierno elegido libremente, con la ley en la mano, en defensa de la propiedad privada de la burguesía nacional y extranjera.

Los mapuche y otras comunidades que habitaron lo que bajo sangre y fuego hoy se llama Argentina fueron exterminados para el desarrollo de la sociedad capitalista. Hoy no son perseguidos por SER mapuche, son perseguidos por HACER. Hay cientos de miembros de otras comunidades que no son perseguidos. Lo que se intenta reprimir, encarcelar y asesinar es el desprecio por la propiedad privada y el Estado, la firme oposición contra lo que nos arruina la vida.

Si compartimos estas reflexiones es porque pensamos posible acabar con todo esto. Para que, de cara al futuro, no haya injusticias que señalar ni Estado asesino al cual implorar clemencia.

Boletín La Oveja Negra
07/10/2022