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lunes, 2 de marzo de 2020

HERIDAS INTERNACIONALES

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En los últimos años de aguda crisis capitalista las protestas se multiplicaron alrededor del mundo. Esto trajo aparejado un marcado aumento de la violencia por parte de las fuerzas armadas de la burguesía, generando lesiones graves, discapacidades y muerte a los manifestantes. En un contexto de conflicto creciente, frente a una vida que se ve pauperizada cotidianamente, el armamento antidisturbios toma una importancia central para los Estados.

Se desarrollaron tecnologías represivas que, según sus propios estándares asesinos, se clasifican como “no letales”. No hay nada casual. Por dar un ejemplo, en Argentina hace relativamente poco comenzó a introducirse cada día más la recomendación de las pistolas táser, para reprimir en lugares públicos donde accionar un arma sería, según la lógica del Estado, un acto “irracional”.

A la hora de atacarnos la burguesía actúa como una fuerza internacional, al contrario de los nacionalismos, regionalismos y ¡hasta localismos! que muchas veces cargamos los proletarios en lucha. Comprender la dimensión internacional del conflicto nos ayuda a combatir las limitaciones que nos impiden accionar desde una perspectiva que no se restrinja al lugar donde vivimos.

Del mismo modo, hablamos de proletariado o burguesía porque nos parecen categorías precisas, mientras otros rebeldes prefieren hablar de pueblo y élite. No nos preocupan tanto las terminologías, pero sí nos importa comprender la dimensión de clase de este conflicto mundial, y del antagonismo que hay entre estos dos sujetos. Por motivos de este tipo es que insistimos en hablar de capitalismo y no simplemente de neoliberalismo.

Para mantener la aplastante normalidad del Capital, la burguesía recurre a palos y balas de distintos tipos, numerosos y diversos agentes químicos irritantes a los que solemos llamar sencillamente gases lacrimógenos, camiones hidrantes, granadas de aturdimiento, dispositivos acústicos de largo alcance y armas de energía dirigida. Y claro, sus mercenarios, sin los cuales todo este armamento no podría funcionar. Con acuerdos y desacuerdos en matices, los órganos internacionales del Capital mantienen un esmero incesante en términos represivos.

Nos lo cuentan compañeros de las revueltas en Francia, en Chile, en Ecuador, en Colombia. Leemos situaciones casi idénticas en el Líbano, en Irak. Y aun cuando los vemos, oímos y sentimos, en líneas generales los conocimientos básicos sobre la represión nos pasan de largo. Sin embargo, en todas partes es la misma lucha y en todas partes se reprime de la misma manera: se revientan ojos con armas no letales y se envenena cada vez más con gases lacrimógenos que van modificando sus agentes químicos.

Es evidente que en las revueltas ya existentes y en las que estén por venir hay que aprender a cuidarse si se quiere salir a la calle a protestar: gafas de seguridad, cascos, máscaras, guantes. Nos lo enseñan quienes están luchando, resistiendo y atacando a las fuerzas del orden que protegen la propiedad privada en diferentes ciudades. A medida que las represiones son cada vez más habituales, se hace un hábito el cuidado, la prevención y la atención a los heridos, como puede observarse en las luchas en Francia y Chile.

Las balas de goma, lo sabemos de sobra, generan graves lesiones. Gatilladas a corta distancia, logran un poder de penetración en la piel similar al de las municiones convencionales, pueden matar. Las armas se usan para herir y matar. Ariel Moreno Molina, de 24 años, fue asesinado por carabineros de Chile mientras escribimos este artículo. Un proyectil con componentes metálicos impactó en su sien y murió días después.

Lanzadas o disparadas desde lejos, estas armas son imprecisas y muchas veces impactan en las partes más vulnerables del cuerpo o eventualmente ocasionan lesiones a personas cercanas que no estuvieran participando de la protesta. Esto explica, en gran parte, cómo cientos de manifestantes alrededor del mundo están quedando parcial o completamente ciegos.

En abril de 2007, Carlos Fuentealba, docente en la provincia de Neuquén, fue asesinado durante una represión a un corte de ruta. Las fuerzas policiales avanzaron y se dispersó a la gente, en uno de los autos iba Carlos, que murió al ser impactado por una lacrimógena.

Los llamados “gases lacrimógenos” incluyen una gran variedad de sustancias químicas que irritan la piel y las mucosas. Como consecuencia, provocan efectos inmediatos: ojos irritados, dificultades respiratorias y efectos psicológicos adversos, tales como sensación de desorientación y agitación. Estas granadas provocan lesiones traumáticas al impactar en la cabeza, el cuello o torso de las víctimas, y también lesiones neurovasculares en las extremidades. Si alguna vez pensamos que se trataba de casos aislados, de seguro hoy no.

Los camiones hidrantes, con su poderoso alcance tienen la fuerza de impedir la comunicación de los manifestantes, además de generar pánico por su inmenso tamaño. En Chile, recientemente ha muerto atropellado Jorge Mora, en la misma semana que Ariel Molina. Además, hace tiempo se denuncia el uso de tinturas de color identificatorias o líquidos nocivos mezclados en el agua de los camiones hidrantes que generan graves afecciones en la piel.

Como señalábamos en La Oveja Negra Nro. 66 (especial sobre las revueltas en Chile y Ecuador), en Francia ha habido manifestaciones de “mutilados para el ejemplo”, parafraseando la expresión “fusilados para el ejemplo”, referida a los soldados franceses ejecutados en la Primera Guerra Mundial por evitar el combate. Estos heridos de guerra (de clases) han quedado tuertos o mancos por el uso de armas no letales.

Recientemente el presidente argentino Alberto Fernández visitó Francia y se refirió a Emmanuel Macron como «un nuevo e inesperado amigo». Agregó que «Francia es un inversor muy importante en la Argentina, sus empresas expresan lo mejor del capitalismo, que es invertir para producir y dar trabajo». Pero el capitalismo da trabajo y necesariamente da desocupación, así como da gases lacrimógenos y balas, produce mercenarios y asesinos.

La otra represión

La finalidad de la represión por las armas es acallar a los manifestantes, dispersarlos, no dejarlos avanzar, no dejarlos organizarse, proteger la propiedad privada, proteger los intereses de la burguesía. Pero esta no es la única manera de acabar con una revuelta, hay otras formas igualmente democráticas.

Invirtiendo el lema del Estado chileno podemos decir que no siempre es «por la razón o por la fuerza», de hecho en aquella región viene siendo por la fuerza y luego por la razón. El gobierno poco puede lograr disparando, golpeando, mutilando, torturando y encarcelando. Frente a la continuidad de la lucha, recurre a la razón, más precisamente a la razón estatal.

La burguesía internacional vuelve a advertir a sus pares de esta región: «El mensaje para la próxima generación de líderes latinoamericanos es difícil de ignorar. Los políticos que no logran brindar bienestar o involucrar a los grupos locales en las decisiones políticas son una especie perecedera.»(1)

La democracia representativa ya se ha vuelto más inclusiva y participativa en algunas regiones. En otras, como en Chile, deberá hacerlo para adaptarse a los nuevos tiempos. Los procesos constituyentes no son más que agendas impuestas desde arriba a la clase explotada y oprimida. Una nueva Constitución Nacional puede escribirla el pueblo, pero el lápiz es del Estado y el papel del Capital.

La Asamblea Constituyente de Bolivia en 2006 sirvió para asegurar la democracia mercantil y mantener la explotación y la opresión frente a movilizaciones masivas con el cuento de “una nueva independencia”, el “Estado plurinacional” y “el socialismo comunitario”, tal como dijo Evo Morales en la promulgación de 2009.

En Cataluña hay quienes prometen un Procés Constituent, que mezcla la independencia de una región con el fin del capitalismo. ¿En una sola región también? ¿Cómo terminar con el capitalismo en un solo país si se trata de un sistema mundial? Nuevamente se intenta dejar hacer, pero en el terreno del enemigo, nos dejan jugar siempre que sea en su patio. Y lo que queremos, a fin de cuentas, no es más que lo que ellos nos proponen que juguemos. Haciendo un solo equipo entre patrones y trabajadores, torturadores y torturados, todos unidos en nombre de la patria.

En Argentina no pareciera que estemos cerca de algo así, por el momento los poderosos tienen un consenso garantizado. La grieta entre gobierno y oposición, que se van alternando, no representa más que dos maneras de gestionar el capitalismo en este país: matar de hambre a unos, dejar sobrevivir a otros. En suma, extraer “recursos” de norte a sur.

Para quienes quieren mantener todo como está, en este momento es al pedo reflexionar, pensar colectivamente, actuar globalmente, y cuando la situación se agudice nos dirán que ya no hay tiempo para ello. Por tanto, estas cuestiones “teóricas” son inmediatamente “prácticas”. Una praxis social de enfrentamiento a lo establecido, de desobediencia al Capital, a sus defensores y a sus falsos críticos.


Nota:

lunes, 18 de noviembre de 2019

Sobre las asambleas constituyentes

Con la rabia reprimida y el repliegue de la lucha, la burguesía comienza a hablar fuertemente de pacto social. Organizaciones sociales, sindicatos y partidos políticos como el FA o el PC proponen una “Asamblea Constituyente” para la presunta elaboración de una nueva Constitución para Chile. «Esa vía pacífica y democrática permitiría a Chile dotarse de una Constitución que genere nuevas instituciones y leyes para construir una sociedad diferente.»

Compañeros recordaban las palabras de Errico Malatesta en 1930: «Una Asamblea Constituyente es el medio utilizado por las clases privilegiadas, cuando una dictadura no es posible, ya sea para prevenir una revolución, o, cuando una revolución ya ha estallado, para detener su progreso con la excusa de legalizarla, y retirar muchos de los posibles logros que el pueblo haya obtenido durante el período insurreccional.» Parecía escrito para la ocasión, y para cada vez que se usan los mismos métodos para desactivarnos… una y otra vez si carecemos de memoria subversiva.

Compartimos dos panfletos que expresan el deseo de no dejarse asimilar y su práctica en consecuencia:

«El ciudadanismo neoliberal pretende institucionalizar la rebeldía a través de asambleas formateadas y cabildos coloniales, entre la ingenuidad bien-intencionada de algunos y la empatía asistencialista de otros solo lograrán reciclar el orden hegemónico que se reproduce en la sociedad mercado-céntrica, las fuerzas represivas y la acumulación capitalista. Iniciando así un nuevo ciclo de dominación y traición de las revueltas pasadas.

El proceso "constituyente" funciona como aparato de desarticulación de la Comunidad de Lucha encausando las respuestas a la crisis generalizada para apaciguar la cólera de lxs explotadxs y así reconstruir una nueva cotidianidad con el mismo olor que la anterior a la revuelta de Octubre. Desde barrios e instituciones gubernamentales gestionan la carnada lanzada por el consenso neoliberal para desmovilizar la rebeldía a través de diálogo, respeto y tolerancia con quienes solo merecen juicio y castigo, es decir, la burguesía y sus secuaces. Este nuevo "Pacto Social" solo traerá más de lo mismo, esclavitud y miseria. Nos dicen que la Guerra entre Clases no existe y que es la "unidad nacional" nuestro único salvavidas. Ellos estipulan dónde y cuándo lo harás, sobre qué hablarás, cuánto tiempo te tomará. Tecnócratas amigables profesionales y populares se preparan para dar fin consciente o inconscientemente al último respiro de la humanidad, la lucha final contra el Capital. Nunca podremos construir nueva vida sobre los cimientos de una realidad podrida, agrietar la cotidianidad capitalista y destruir las relaciones sociales capitalistas es tarea inmediata para impulsar un proceso revolucionario eficaz y anticapitalista que no permita la metamorfosis de ninguna forma de dominación humana.

No permitamos que se apague la llama de la revuelta, evitemos que capitalicen nuestra rebeldía y reventemos el ajuste adaptativo de la dominación capitalista. Vida o catástrofe, el porvenir es incierto, pero hemos sabido navegar en aguas turbulentas.

¡Contra lxs dirigentes, contra el Estado que roban los frutos de nuestros combates!» (Autor desconocido, Asambleas destituyentes por la abolición del capital, estado y trabajo asalariado. Desde el norte semiárido de Chile, 28 de octubre 2019)

«Durante los últimos días se ha venido repitiendo una idea que ya se había difundido, con menos eco, tiempo antes: la idea de avanzar hacia una Asamblea Constituyente y la creación de una nueva constitución política. Se plantea que esos sean los objetivos generales que dirijan a las asambleas territoriales. ¿Son esos nuestros objetivos? ¿Responden estas propuestas realmente a nuestros intereses? Como hemos discutido, el Estado no es un aparato neutro que está ahí para organizar nuestra vida, sino una institución que resguarda los intereses de la clase dominante. Para eso es que existen sus Fuerzas Armadas y sus policías. Y esa labor la han dejado lo suficientemente clara durante la revuelta: decenas de personas asesinadas, cientos de otras golpeadas, torturadas, secuestradas, sexualmente abusadas, miles de compañerxs detenidxs. No podemos engañarnos ante esta sangrienta evidencia. Nuestras vidas dependen de tener esto siempre en mente.

Entonces, la canalización política de nuestro malestar, para al final del día dejar intacto el sistema que ha producido todos los conflictos que hoy enfrentamos, no puede ser nuestra opción. Ya la institucionalidad habla de realizar “cabildos”, oponiéndolos a las asambleas territoriales, o fagocitándolas, para que la “clase política” supuestamente nos escuche. Pero para eso nos impondrán condiciones. (…)

Es evidente que ya no nos conformamos con las migajas de los gobernantes de turno, ni nos convencen las críticas de su seudo-oposición, la que en bloque no duda en condenar la masiva combatividad vista en las calles.

No tenemos recetas, ni es posible tenerlas. Pero tampoco podemos celebrar nuestra dispersión, ni tomar por positivas lo que precisamente son nuestras debilidades. Fortalezcamos las organizaciones autónomas que la lucha ha creado: las Asambleas Territoriales. Estrechemos los lazos entre ellas. Rechacemos la intervención politiquera. Generemos reivindicaciones mínimas que alivien nuestra existencia, con miras a cambiar verdaderamente este sistema que está podrido desde sus cimientos.

No volvamos a su “normalidad”, ni hagamos nuestro su “sentido común”, el que es incapaz de concebir un mundo sin explotación, sin maquinaria estatal que nos controle y reprima. No ocupemos el lenguaje de nuestros amos.» (Anónimo. Ya no hay vuelta atrás: la autoorganización y sus desafios. Chile, 30 de octubre)

Siendo la Asamblea Constituyente la carta más segura de la burguesía para sortear con éxito la crisis, y no existiendo por otra parte una fuerza capaz de agitar la perspectiva revolucionaria es importante asegurar la mayor coordinación y comunicación posible entre asambleas para en la medida de lo posible desarrollar una fuerza capaz de seguir impulsando protestas y movilizaciones masivas y procesos de organización fuera y en lo posible contra los organismos oficiales.

Las protestas y movilizaciones masivas, así como la organización territorial autónoma, por sí solas, no aseguran ningún devenir revolucionario. Es la comprensión de sus límites lo que abre la posibilidad de rupturas posteriores más profundas y continuadas. En este sentido, extractamos a continuación algunos párrafos del panfleto: Asambleas territoriales: órganos autónomos creados por la comunidad en lucha:

«El terreno fértil de la insurrección en Chile trajo como su principal fruto las asambleas territoriales, instancias auto convocadas por los pobladores de todo el país como canal para resolver las necesidades inmediatas de la lucha y su propagación. En ellas se están debatiendo las medidas, horizontes y reivindicaciones de este movimiento. En muchos casos, con un fuerte carácter anti institucional y anti partidista. Las asambleas reflejan, de forma embrionaria, la necesidad real del proletariado para dotarse de órganos de poder representativos de la clase, que defiendan e impongan sus necesidades hasta el último aliento, sin transar con la clase política.

Estas organizaciones, aún incipientes, manifiestan el sentir y la necesidad de incidir directamente en la realidad, cuestionando la soberanía de nuestra vida al Estado y al Capital, ya que, en la práctica, organizarse colectivamente para resolver nuestros problemas, y profundizar esta lucha, expresa una disputa contra el Estado por el control y dirección de la vida en sociedad. Por ello es necesario que estas asambleas se planteen autónomas, dirigiendo el diálogo hacia lxs mismxs explotadxs y no hacia la institucionalidad burocrática: son los propios intereses de clase los que están en juego y será enfrentando sus limitaciones que recuperaremos todo lo perdido, no mediando entre las bases y el Estado.

Al ser un órgano barrial, las asambleas están inmersas en la cotidianidad del territorio, por ello su funcionamiento es su principal arma. Su capacidad de cubrir expansivamente las necesidades de la lucha como el abastecimiento, la auto-defensa, la salud, el transporte, las comunicaciones, la solidaridad con sus presxs, etc. será la fuerza que las dotará de legitimidad. En este sentido, las asambleas son la expresión autónoma de la comunidad que auto-organiza sus necesidades y su lucha contra el Estado y el Capital. Es por ello, que su funcionamiento NO PUEDE agotarse en los petitorios o en la asamblea constituyente. Entendemos que muchas personas aún creen en las cantinelas social-demócratas y en que el Estado pueda resolver sus problemas inmediatos, pero sabemos que eso no ocurrirá, de hecho, se agudizará la precarización. Es esencial que para cuando el estallido revolucionario comience, este preludio haya servido para sacar las mejores lecciones: fortalecer las asambleas y su carácter autónomo, que son nuestro principal triunfo hasta ahora. (…) ¡¡¡Todo el poder a las asambleas territoriales!!!»

Esto no termina...

Mientras vamos preparando este boletín los sucesos continúan en desarrollo por lo cual es imposible poder abordar todo lo sucedido. El miércoles 6 de noviembre continúan grandes movilizaciones, saqueos, barricadas con adoquines y enfrentamientos con las fuerzas del orden. Lo cual incrementa la cifra de heridos y detenidos. Sin embargo, la revuelta no se detiene.

El gobierno de Chile ya ha suspendido la final de la Copa Libertadores, la conferencia de la COP25, el foro APEC y el evento burgués por excelencia, la Teleton.

El 11 comienza la semana en Peñalolen con mas de 300 familias tomando terrenos de la Viña Cousiño Macul. Demandando incumplimientos de acuerdos del Ministerio de Vivienda. Señalando abiertamente, con la acción y la palabra, como se deja el espacio para los ricos y nada para los pobres.

Al otro día se efectúa la huelga general y paro nacional de los gremios estratégicos, excepto los mineros estatales que no se han pronunciado recibiendo el desprecio de gran parte de la población.

El 15 de noviembre el gobierno y la oposición llegan a un histórico acuerdo para cambiar la Carta Magna, un “Acuerdo por la paz social y la nueva Constitución”. Los asesinos y torturadores se han sentado con quienes pretenden representar a los asesinados y torturados para cambiar “la Constitución de Pinochet” que rige desde 1981. Tras casi dos días de negociaciones en el Congreso, Chile Vamos (UDI-RN-Evópoli), la ex Concertación (DC-PPD-PS-PR) y los principales partidos del Frente Amplio (RD, CS, PL y Comunes), “cocinaron” entre cuatro paredes, como se viene diciendo en la calle, sacar al movimiento de masas de las calles, ahogar el pedido de renuncia de Piñera y canalizar la rabia por vía representativa. Mientras en las calles se recordaba el primer aniversario del asesinato de Camilo Catrillanca.

El tercer punto del Acuerdo señala que «La convención mixta constitucional será integrada en partes iguales por miembros electos para el efecto, y parlamentarios y parlamentarias en ejercicio.» Lo cual pone a las asambleas territoriales al servicio de la institucionalidad estatal. En la consulta ciudadana que se realizaría en abril de 2020 para aprobar o rechazar esta nueva Constitución y qué tipo de órgano lo hará, los proletarios que actuaron colectivamente en asambleas, ataques, defensas, cuidados y ollas populares serán nuevamente reducidos a individuos: un ciudadano = un voto. Ese es el terreno del Estado y el Capital, en el cual mantiene la paz y el silencio.

Si la Asamblea Constituyente podía verse como un freno y obstáculo a las asambleas territoriales y autónomas esta nueva Convención Constituyente es aún peor porque representa un freno hasta de la Asamblea Constituyente, por tanto las asambleas ya quedan completamente desmerecidas.

La misma tarde del 15, cientos de miles de personas de personas se movilizan hasta la ex Plaza Italia, hoy bautizada Plaza de la Dignidad, continuando los enfrentamientos y la represión estatal. Al cierre de esta edición, conocimos la noticia de un nuevo compañero muerto en lucha, Abel Acuña fallecido por un paro caridorespiratorio en medio de la represión. Mientras personal del SAMU intentaba reanimarlo Carabineros continuó atacando con el carro lanzaaguas, gran cantidad de gases lacrimógenos y balines de goma, demorando su traslado e hiriendo al personal médico.