domingo, 1 de noviembre de 2026

SOBRE EL ASESINATO DE NANCY GODOY

«Falta Nancy. Falta una docente», se lee en un cartelito escrito a mano y pegado en un pizarrón de comunicaciones de alguna escuela pública de Rosario, a modo de denuncia. Pero Nancy no era solo eso: «Hoy nos falta nuestra madre, falta una docente, una compañera, una colega, una vecina, una amiga», declaró uno de sus hijos. ¿Por qué su caso tomó particular relevancia en tanto “maestra”?

Nancy Godoy, de 52 años, fue hallada sin vida, asesinada a puñaladas, luego de 21 días de búsqueda. Había denunciado públicamente graves problemas edilicios, falta de agua potable, presencia de roedores y alimañas, baños inutilizables, en la Escuela N° 626 del paraje El Malezal (departamento de Esquina, Corrientes), donde trabajaba como directora suplente. Dicha institución está ubicada dentro de una estancia privada/latifundio. Según los registros de la investigación judicial, el establecimiento no solo se destina a la explotación agropecuaria, sino que también opera como un coto de caza furtiva.

En las redes leímos:

«El femicidio de Nancy, docente rural, que había denunciado las condiciones de extrema precariedad en las que trabajaba debería ser un escándalo nacional: pocas historias tan concretas sobre cómo se degrada la vida en este territorio convertido en uno de sacrificio». Y también: «En Argentina romantizamos la precariedad docente y llamamos héroes a quienes atraviesan caminos de barro, recorren kilómetros a caballo o caminan para llegar a una escuela rural. Más que héroes son víctimas de un sistema educativo obsoleto que los abandona. Ninguna vocación debería exigir sacrificios que pongan en riesgo la vida. La entrega docente no puede seguir siendo la excusa para naturalizar el abandono del Estado».

Nos inquietan algunas preguntas… porque es harto evidente que no somos solo lxs docentes quienes estamos en riesgo y, por otro lado, porque Nancy no era solo docente: también era una mujer, era trabajadora y era pobre. Estos factores se entrelazan de manera drástica para configurar un perfil de particular vulnerabilidad en el contexto que nos toca atravesar: este sistema de muerte. Cada noticia de esta índole, cada vejación perpetrada a lxs trabajadorxs nos recuerda cuán poco vale nuestra vida y cuán poco se merecen lxs nuestrxs, los que se quedan llorando a lxs muertxs.

«El poder acá manda más que cualquiera», declaró uno de sus hijos. Se trata de una historia que conjuga múltiples factores que dificultan escapar al desenlace de la desaparición y muerte de Nancy: marginalidad, pobreza, desidia estatal, machismo, relaciones de explotación (humana y del entorno/la naturaleza), desmovilización/parcialización de la lucha por visibilizar su reclamo.

Nos incomoda, nos enoja saber que los que asistimos al acto convocado éramos principalmente docentes y que fuimos porque no teníamos clases en ese horario o porque optamos por perder el premio a la asistencia perfecta que otorga el gobernador por no parar, no enfermarnos, no vivir. Pero también nos enoja constatar que la lucha sindical haya canalizado la lucha, absorbiendo la potencia del reclamo al priorizar su rol docente por sobre su carácter de trabajadora. “Trabajadora de la educación” es sinónimo de maestra, sin embargo una definición dice más que la otra. La enseñanza puede llevarse a cabo con cariño y vocación, pero es fundamental subrayar que es realizada principalmente a cambio de un salario, lo cual es determinante. Queremos visibilizar además de la cuestión laboral la cuestión de género. El hecho de que nuestros saberes, sensibilidades y hasta nuestra vocación estén determinados por las asignaciones de género producto de la división sexual del trabajo tampoco es un detalle.

Nos preguntamos por qué la rabia no afloró desde otros sectores, quizás no directamente afectados por —o particularmente empáticos con—  el de la educación. Fue repulsivo por eso que al cierre del acto se cantara el himno nacional; peor aún, que se cantara bien fuerte y con convicción, más que cuando se coreó la consigna «el Estado es responsable». Nos hace mucho ruido que se pida por (o no se pueda pedir más que) justicia, cuando sabemos de sobra que en este sistema sus administradores y ejecutores son íntimamente afines a los interesados en la desaparición de Nancy.

Estamos convencidxs de que ni el Estado como principal garante de injusticias, ni la escuela como aparato ideológico, ni el sindicato como garante del trabajo y cómplice de los intereses patronales y disciplinadores de los trabajadores representan una alternativa para nuestra lucha. Mientras tanto, arde la bronca…

La Oveja Negra, 31/10/2026
boletinlaovejanegra.blogspot.com