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viernes, 14 de enero de 2022

PASE SANITARIO Y CUESTIÓN SOCIAL

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A partir del 1 de enero de 2022 el Estado argentino impuso el “pase sanitario”, similar al que ya viene aplicándose en diferentes partes del mundo. Aún es pronto para determinar cuál será su impacto local. Por el momento, continúa desviando la atención social principalmente hacia el coronavirus, y en particular hacia el abordaje que los Estados proponen: aislamiento, desconfianza ciudadana, control estatal y vacunación semiobligatoria.

De este modo, a su vez, se opta deliberadamente por responsabilizar a los no vacunados del nuevo pico de contagios. La frustración producto de esta nueva ola, que se desarrolla a pesar del alto nivel de vacunación y el largo acatamiento de medidas de confinamiento, no ha suscitado un pensamiento crítico, sino todo lo contrario.

Ante el empeoramiento de nuestra supervivencia los gobiernos proponen más control y mayor disciplina de la población. Desplazando discursivamente el enfrentamiento al terreno entre vacunados y no-vacunados. Parecieran querer decir que nuestros problemas no se deben a una sociedad dividida entre explotadores y explotados, sino a una nueva y democrática grieta: el esquema completo de vacunación.

Nuevas restricciones…

Según la reciente normativa nacional, mayores de 13 años deberán acreditar esquema de vacunación completo contra covid-19 para asistir a eventos masivos y viajes grupales, dejando abierta la posibilidad de extenderlo en cada provincia a otras actividades, ya sea gastronomía, gimnasios, centros comerciales, realización de trámites en organismos públicos o entidades privadas, etc. De hecho, varias provincias comenzaron con su aplicación algunas semanas antes y ampliaron su utilización, como es el caso de la gastronomía y entidades bancarias en provincia de Buenos Aires, o para la realización de diferentes trámites en las localidades de Santa Fe. Aunque la vacunación contra la covid-19 no es obligatoria en Argentina, comienza a darse una obligatoriedad de facto.

Aún no sabemos cuál va a ser el efecto de la medida en esta región en torno a cuestiones laborales, pero ya supone un problema en los sectores donde se aplica, como es el caso del gastronómico en provincia de Buenos Aires, donde no hay claridad sobre las exigencias de vacunación de los propios trabajadores, que incluso en algunos casos deben ser los encargados de exigir el pase a los clientes. Esta situación genera conflictos, con la vulnerabilidad característica de aquellos empleados de manera informal. Dirigentes sindicales junto a un grupo de empresarios plantearon, en una reunión realizada la primera semana de enero junto al ministro de economía y la ministra de salud, entre otros, la necesidad de un “pase sanitario laboral obligatorio” con el objetivo de no frenar la producción a causa de los contagios.

El chantaje que se impondrá a los trabajadores de los sectores público y privado sin esquema de vacunación completo ya ha comenzado en algunos países de Europa, donde existe la obligatoriedad en diferentes sectores, según el país, afectando principalmente a la sanidad y educación, aplicando sanciones, traslados forzosos e incluso despidos. Las empresas pretenden introducir despidos sin indemnización si se considera que un empleado no vacunado perjudica la rentabilidad, y el pase ya es un requisito de ingreso a diversos trabajos.

Mientras la obligatoriedad de la vacunación parecía imposible en un primer momento, ya se está barajando como posibilidad en la Unión Europea. Austria ya la anunció para el 1 de febrero y en Alemania se avanza en ese sentido. En Italia, por mencionar un ejemplo, se están aplicando multas de hasta 1000 euros a quien viole las normativas de utilización del pase, y las restricciones incluyen la utilización del transporte público. Allí donde se ha aplicado, no ha ido sino profundizándose. Creemos importante destacar una vez más cómo a partir del coronavirus se han globalizado ciertas medidas, perdiendo de vista cualquier especificidad regional y dejando de lado cualquier análisis social. Poco o nada se habla de lo estacional, de las condiciones de vida como la alimentación y lo habitacional, de la salud en un sentido amplio; si no de vacunas, aislamientos, estadísticas y responsabilidad individual.

En el caso de Argentina, al igual que en el resto de los países que han implementado la medida, se registra una alta tasa de vacunación completa, más del 70% (mayor aún si solo tenemos en cuenta la población adulta). El pase sanitario no es necesario para que la gente se vacune, sino que pareciera ser al revés. Como señaló Giorgio Agamben, frente a la aplicación del “green pass” en Italia, la vacuna es en realidad un medio para obligar a la población a tener un pase sanitario. Lo cual, cabe aclarar, afecta a la gran mayoría que está vacunada. En paralelo a la aplicación de la medida, los gobiernos de algunos países como España evalúan comenzar a tratar la enfermedad como una gripe endémica más.

La salud es un concepto cada día más extraño. La covid-19 (con las sucesivas variantes del virus) continúa desplazando la prevención y el tratamiento del resto de las enfermedades. La vacunación, según se asume oficialmente, no previene las nuevas cepas, ni el contagio, ni la enfermedad; aunque aseguran sí disminuye el número de internaciones y muertes. Quienes intentan debatir seriamente acerca de los efectos secundarios y a largo plazo de las vacunas, las nuevas tecnologías implementadas en muchas de sus versiones, su efectividad y la relación entre riesgos y beneficios, son censurados y amalgamados al conspiracionismo. No tenemos el conocimiento específico sobre vacunas para debatir sobre dichos aspectos, pero sí nos interesa remarcar que en tanto mercancía vinculada a la reproducción de la fuerza de trabajo y la “vuelta a la normalidad”, es necesario poder abordarla desde un panorama más amplio.

Ya hemos recibido otras vacunas, así como también empleamos dispositivos que permiten controlar y rastrear nuestros movimientos tanto físicos como virtuales. No se trata de paranoia, sino de una reflexión sobre las nuevas obligaciones y restricciones que nos imponen. Este sanitarismo punitivista se alimenta del miedo y la confusión reinantes, de la delegación y el individualismo. La historia nos demuestra que es muy posible que las medidas anunciadas como temporales estén acá para quedarse. Cabe recordar, como ejemplo más brutal y reciente, la lucha antiterrorista a nivel internacional. Esta trajo aparejada una serie de innovaciones en materia represiva y control social que se aplicaron sobre el conjunto de la población; las cuales, en su mayoría, son constitutivas de la normalidad actual.

... viejas desorientaciones

La falta de respuestas, o siquiera un debate profundo acerca de los avances en el control social y las medidas pandémicas tras estos casi dos años, no pueden comprenderse sin atender el nivel de integración política del proletariado en esta región, inseparable de la forma que ha adquirido la reproducción de gran parte de la fuerza de trabajo, que depende cada vez más del Estado para subsistir cada vez peor, y que a su vez crece continuamente. Duro contraste con la lucha social de hace dos décadas, mientras nos aproximamos cada vez más a los niveles de desocupación y pobreza de aquellos años. Los sueldos y jubilaciones continúan disminuyendo brutalmente frente a la inflación, que en 2021 cerró con más de un 50% anual según datos oficiales. El aumento de los alquileres, por ley, incluso supera dicha cifra en muchos barrios de las principales ciudades del país, y lo mismo ha ocurrido a lo largo del 2021 con los alimentos de primera necesidad. Como siempre, los números no dan cuenta de la disminución de la calidad de los alimentos que producimos y consumimos masivamente, ni de los lugares que habitamos.

Como ya hemos señalado, las medidas tomadas a partir del coronavirus no fueron el origen sino el catalizador de una crisis anunciada tanto en Argentina como a nivel internacional. No es la intención aquí profundizar al respecto, pero cabe remarcar el carácter cíclico de la economía mundial, así como la tendencia, al menos localmente, a analizar la situación económica y social a muy corto plazo, sin poder evidenciar cómo tras cada crisis nunca se alcanzan los niveles económicos del ciclo anterior. Esto contribuye a la lógica del mal menor y las alternancias en el poder, como ocurrió con la gestión de Macri en el período 2015-2019, que le permitió al oficialismo desligarse de ciertas responsabilidades y recuperar circunstancialmente algo de credibilidad.

Amplios sectores del espectro de izquierda y el progresismo se hallan presos de lo políticamente correcto y el oportunismo. Se pretenden ecologistas pero participan, o así lo pretenden, de la gestión de una economía basada en la explotación de la naturaleza (ver texto Chubut: no es no). En lo relativo al coronavirus se olvidaron súbitamente sus lecciones foucaultianas en materia de biopoder o las cátedras de relativismo epistemológico. Decían querer criticarlo todo, y combatir al poder en sus mínimas expresiones, pero acabaron aceptando sin más un dogmatismo científico y estatal con pocos precedentes.

El “no al pago de la deuda” parece ser la consigna elegida para mantener las apariencias, mientras se continúa apoyando al gobierno y amplios sectores de la burguesía local en el mantenimiento del orden. El vaciamiento discursivo poco tiene que envidiarle a las movilizaciones en defensa de la “libertad”. Se trate de la OMS o el FMI, nos enfrentamos a simplificaciones abrumadoras que no contribuyen a la comprensión y el enfrentamiento del orden social.

Paranoia y movimientos sociales

Una ola de paranoia azota al planeta, unos se sienten rodeados de enemigos, posibles contagiadores por todas partes; otros ven conspiraciones cuasiextraterrestres, chips en las vacunas. Unos temen el advenimiento de dictaduras fascistas y los otros de dictaduras comunistas. Un fantasma reaccionario recorría las redes: “La última variante se llamará comunismo”.

En nuestro medio, e incluso más ampliamente, es común escuchar personas que le llaman fascismo a casi cada cosa que les desagrade políticamente o como insulto genérico. Los hay también quienes lo hacen con la palabra comunismo, lo cual para ellos puede representar Marx, Maduro o Bill Gates. Los segundos son ahora quienes, en general, protagonizan globalmente las manifestaciones contra las medidas de los gobiernos.

Nada muy diferente de las típicas manifestaciones de izquierda y progresistas: banderas nacionales, interclasismo, defensa de algún genocida, alguna que otra incoherencia, así como también un descontento bastante amplio sobre las condiciones de vida en el planeta.

Aquellos que llaman altruismo a su pánico y ya tenían ciertas tendencias agorafóbicas y disgusto por vincularse con seres humanos de carne y hueso no comprenden la desconfianza de grandes sectores de la población respecto de los organismos oficiales, los gobiernos y los medios masivos. Tal desconfianza tiene sus fundamentos, pero el problema no es ese, sino las conclusiones absurdas que en general suelen alcanzar. Conclusiones que, ante la ausencia de expresiones de lucha que permitan dinamizar otras discusiones, son rápidamente instrumentalizadas por la “nueva derecha”.

Como señala el colectivo italiano Wu Ming en una entrevista titulada Conspiración y lucha social: «Nos oponemos al enfoque típico del conspiracionismo, es decir, al enfoque idealista, liberal y cientificista. En este marco, desaparecen las clases sociales, las relaciones sociales, las estructuras de poder, las contradicciones del sistema (…) El efecto del conspiracionismo es desviar el descontento y canalizar las energías potencialmente revolucionarias hacia lugares donde se disipan o, peor aún, acaban alimentando proyectos reaccionarios.»

Lo que está ocurriendo con las manifestaciones contra el pase de movilidad puede ser un ejemplo de lo que pueden ser las futuras movilizaciones. A los Chalecos Amarillos en Francia también se los acusó de fascistas o reaccionarios. «Bello como una insurrección impura» escribían en las paredes de aquel país.

Siguiendo con Wu Ming: «Las luchas serán impuras porque los sujetos que las iniciarán carecen de los antecedentes con los que nos sentimos cómodos: memoria de las luchas obreras y de los movimientos sociales, conciencia de clase, tradición de conflicto social en la familia, etc. Sin embargo, paradójicamente, la falta de memoria también eximirá a esas luchas de seguir patrones preestablecidos (…) La mayoría de los miembros de la clase media precarizada, empobrecida y atemorizada nunca dominaron el lenguaje de la lucha social, no son herederos de tradiciones políticas con vocabularios establecidos, y esto tiene mucho que ver con la razón por la que articulan su ira por su propia degradación social en términos de “libertad”, o la injusticia que sienten que han sufrido por la forma en que se manejó la pandemia. Una cosa es el individualismo y el egoísmo, y otra la esfera de autonomía de la que debe gozar cada ser humano. Sobre todo, es importante decir que la gestión capitalista de la pandemia atacó toda la dimensión colectiva, la sociabilidad, las relaciones entre las personas, etc. En este contexto, “libertad” puede significar también la libertad de estar juntos, de actuar colectivamente, de manifestarse. Descartar todo esto como simplemente “fascista” es, como mínimo, una muestra de torpeza ideológica.»

Es necesaria una crítica de los derechos y libertades burguesas, defendidos a su manera tanto por socialdemócratas como liberales, lo que no se puede es criticar la sed de quien exige su “derecho al agua”.

domingo, 19 de septiembre de 2021

NEGOCIO, DELITO Y MUERTE EN ROSARIO

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En la ciudad de Rosario estamos viviendo un inusitado contexto de violencia que ha venido agravándose en los últimos años. Sumado a la gran cantidad de robos comunes que se suceden en toda la ciudad, los hechos de violencia extrema vinculados al narcotráfico y al crimen organizado han incrementado notablemente la situación de riesgo y miedo en que habitamos.

Evidentemente, la miseria, la marginación, el desempleo y el deterioro de los lazos sociales influyen tanto en el crecimiento de la violencia, como del narcotráfico y del delito en general, retroalimentándose. La corrupción de las fuerzas de seguridad y del sistema judicial, así como de los políticos y empresarios “legales” con su participación directa o indirecta en la industria del delito es notable, y el narcotráfico en particular ha adquirido una dimensión tal que el problema ya se plantea como inabordable por los funcionarios a cargo. Tampoco debe olvidarse el desastre que significa la justicia penal en la Argentina, donde la mayoría de las personas privadas de su libertad no tienen condena y pertenecen prácticamente en su totalidad a los sectores más marginados de la sociedad.

Cuando desde diferentes sectores nos oponemos a pedir más mano dura, somos acusados de defender a los delincuentes, no solo por la burguesía sino también por otros explotados y oprimidos. Si bien como clase somos los que principalmente padecemos los asaltos o la preocupación por zafarlos, esto no puede justificar la brutalidad estatal. Cuando los explotados no pelean contra los explotadores, pelean entre ellos mismos. Y la publicidad del “trabajador honrado” que pide mano dura es la coartada que precisan ciertos sectores de la burguesía para poder implementarla. (Ver: Venganza por mano propia en nro.43 de este boletín)

En la ciudad de Rosario, entre enero y marzo de este año se registró un promedio de 2,3 personas baleadas por día, cifra que incluye los asesinatos y heridos por armas de fuego. Así comenzó el año y así continúa. Entre el lunes 6 y el martes 7 de septiembre, se llegó al récord de 6 muertes por homicidios en 24 horas, 5 de las cuales sucedieron en el plazo de 10 horas. Según un informe del Observatorio de Seguridad Pública, dependiente del Ministerio de Seguridad de Santa Fe, cerca del 80% de los 212 homicidios que este organismo registró el año pasado fueron con un arma de fuego y cerca del 50% tuvieron por motivo «tramas asociadas a organizaciones criminales y/o economías ilegales», relacionados principalmente con lo que se denomina como narcomenudeo. Un 7,5% sucedieron en situación de robo, un 30% por conflictos interpersonales y un 13% están aún en investigación. El 90% de las víctimas fueron hombres y 2 de cada 3 muertos tenían entre 15 y 34 años.

La violencia armada acontece casi en su totalidad fuera del centro y se acrecienta en los barrios de la periferia urbana. Incluso durante el aislamiento social y obligatorio continuó aumentando el número de asesinatos y heridos de bala. Esta situación empezó a evidenciarse hace ya una década, llegando en 2013 a duplicarse las tasas de homicidio que se habían dado hasta 2010. En 2014 se llegó a la cifra de 254 muertes por homicidio, que no ha variado sustancialmente en los últimos años. Entre 2014 y 2020 la tasa de homicidios promedio en Rosario fue de 16 cada 100.000 habitantes, una de las más altas del país junto con la ciudad de Santa Fe, que llega a 19. Recordemos el Triple crimen de Villa Moreno sucedido el 1° de enero de 2012, donde fueron asesinados Mono, Jere y Patom, militantes del Frente Popular Darío Santillán (ver nro.1 de este boletín). Este caso puso de relieve cómo la violencia narco impacta sobre el común de los habitantes de los diferentes barrios de Rosario, completamente al margen de las bandas en conflicto.

Como veíamos, la mayoría de los homicidios están relacionados con disputas territoriales dentro del mapa de la venta de drogas, donde las fronteras de cada grupo narco se establecen y desplazan de acuerdo a su nivel de violencia. Pero no solo son los personajes ligados al narcotráfico quienes asesinan y balean: hay desde barrabravas por el control de la tribuna y sus negocios, hasta empresarios farmacéuticos que contratan sicarios para eliminar a la competencia. No todo es competencia leal en el capitalismo, así como el gatillo fácil existe entre derechos y garantías.

Quienes viven fuera de Rosario sabrán que las balaceras sobre casas, autos y locales comerciales se han vuelto una práctica diaria. Ajustes de cuentas, aprietes para desalojar casas donde instalar “búnkers”, cobro de deudas y hasta infidelidades son algunos de los motivos, aunque muchos de los atacados no encuentran explicación alguna. Ese es el nivel de violencia en la resolución de conflictos interpersonales. Así como aumenta el trabajo precario, con las apps de delivery a la cabeza, otra “salida laboral” en Rosario es el sicariato: también en moto, sin cobertura médica y pago por trabajo hecho.

Más allá del sensacionalismo de los medios de comunicación en torno a estos temas, y de las comparaciones con México o Colombia que poco explican, remarcamos la gravedad de esta situación que dificulta aún más las condiciones de vida de nuestra clase. Qué decir de quienes pierden a seres queridos en robos o disputas, o a sus hijos reclutados como “soldaditos” de los “búnkers”, arriesgando la vida por robar un teléfono o sumergidos en adicciones.

Usos de la inseguridad e industria del delito

Se trata de un secreto a voces que la delincuencia es de utilidad para la sociedad capitalista: como señala Foucault, cuantos más delincuentes y más crímenes existan, más miedo tendrá la población; y cuanto más miedo en la población, más aceptables y deseables se vuelven el control y la protección estatal. Incluso, agregamos, a sabiendas de que esta no protege ni protegerá.

La delincuencia posee también una utilidad para la producción y la circulación, se trata de una empresa provechosa y en continuo crecimiento indispensable para el lucro capitalista: tráfico de armas, de drogas, venta de personas. Toda una serie de negocios que, por una u otra razón, no pueden ser legales.

Por otra parte, ciertas organizaciones criminales contribuyen también a combatir manifestaciones, ocupaciones y piquetes, desaparecer a opositores y luchadores sociales, y proveer de seguridad y guardaespaldas a políticos, sindicalistas y empresarios.

En un artículo titulado sugestivamente Concepción apologética de la productividad de todas las profesiones, Karl Marx dice que, así como el filósofo produce ideas, el poeta poemas o el cura sermones, el delincuente produce delitos. De este modo, produce también la policía, los manuales de derecho y códigos penales, los funcionarios que se ocupan de los delitos y sus castigos, así como también arte y literatura. Marx dice que podríamos poner de relieve hasta en sus últimos detalles el modo en que el delincuente influye en el desarrollo de la productividad. Que los cerrajeros jamás habrían podido alcanzar su actual perfección, si no hubiese ladrones. Y la fabricación de billetes de banco no habría llegado nunca a su actual refinamiento a no ser por los falsificadores de moneda. En este sentido, agregamos el desarrollo tecnológico en materia de seguridad, así como el crecimiento de este sector en particular, que aparece como alternativa frente a la ineficacia o participación estatal en el delito.

Los negocios legales se supone son lo contrario a los negocios ilegales, de modo que la conciencia ciudadana pueda dormir tranquila. Pero unos no existen sin los otros. El turismo se retroalimenta con el tráfico de drogas y personas para esclavizar sexualmente, así como ciertos minerales que son utilizados por empresas altamente tecnologizadas para la producción de teléfonos son extraídos mediante la esclavitud y la guerra en el Congo. En el caso del narcotráfico en Rosario se han demostrado vínculos claros con el desarrollo inmobiliario, las concesionarias de autos o la representación de jugadores de fútbol.

Mientras exista dinero habrá robo

En realidad, el robo es una constante para los explotados, aunque no se perciba como tal: el desempleo, la precariedad del sector “informal”, el aumento de la inflación y los sobreprecios, no parecen indignar tanto como la denominada inseguridad de las calles. Desde el patrón al gobierno, desde el sindicato al empresario, nuestra vida es consumida día a día. Será que la sociedad ha naturalizado la miseria, pero no todavía que un desconocido nos asalte. Costumbre o no, la denominada inseguridad empeora las condiciones de vida de nuestra clase. Reduce la capacidad de movimiento, achica el salario o como sea que nos ganemos la vida en gastos relativos a la seguridad (rejas, taxis, reposición de objetos robados, alarmas comunitarias, cámaras de seguridad, seguros), por no hablar del estrés generado, las consecuencias físicas, o hasta las pérdidas humanas.

“Nos robamos entre pobres” se suele señalar de modo crítico. Eso no importa a las fuerzas ciegas del dinero. La ambición, el lucro y la competencia anteponen la ganancia a cualquier precio. Sí, a cualquier precio. Nosotros también tenemos precio, y no porque el asaltante nos haya puesto uno: ya lo teníamos desde antes. La generalización de la sociedad mercantil y su “guerra de todos contra todos” crea un suelo fértil para estos robos y asaltos, así como el desarrollo del crimen organizado. Mientras exista propiedad, Estado, policía y un culto al progreso individual, habrá enfrentamientos entre explotados. Mientras exista dinero, no habrá suficiente para todos.

lunes, 6 de abril de 2020

La reacción del Estado

Tal como señala el colectivo Angry Workers en un reciente artículo,(1) el debate oscila entre una desconfianza justificada en la motivación del Estado (“el estado usa la crisis para experimentar con medidas de contrainsurgencia y represivas”) y la crítica de la incapacidad del Estado mismo para hacer lo que debería (“la austeridad ha destruido la infraestructura de salud”):

«Podemos asumir que las medidas represivas y los bloqueos se imponen para cubrir y contrarrestar la falta de soporte y equipamiento médico, por ejemplo para realizar testeos masivos. Asimismo, las medidas estatales no deben dejar de considerarse en el contexto de las recientes “protestas populares”, desde los chalecos amarillos [en Francia] hasta las recientes protestas callejeras en Latinoamérica. Todas las protestas antigubernamentales fueron prohibidas en Argelia; el ejército está en las calles de Francia; antes de que se produjeran muertes y de que se adoptaran otras medidas médicas, en Chile se decretó un estado de emergencia de tres meses. El actual régimen que impone el coronavirus no es una conspiración contra esas protestas, pero el Estado sabe que debe ser visto como “la recuperación del control en interés del público en general”

Las medidas de los Estados son contradictorias entre sí. Cada gobierno se ve presionado, por un lado, a controlar a su población (toques de queda, cierre de fronteras) para evitar el colapso del sistema sanitario; y, por otro lado, a la necesidad de mantener la producción en marcha (obligar a la gente a concurrir al trabajo, rescatar empresas). Lo importante es manifestarnos como podamos en estas circunstancias y luchar por nuestras necesidades inmediatas sin fortalecer aún más al Estado y sin permitirle que en su reacción se vuelva aún más reaccionario. Sin duda, las exigencias a endurecer el confinamiento colaboran en ello, por no hablar de la generalizada tendencia a hacer la vista gorda a los atropellos policiales hacia quienes rompen momentáneamente dicho mandato, generalmente por necesidad.

Pero no hace falta ir a los supuestos excesos de las fuerzas del orden defensoras de la propiedad privada, y por tanto de los burgueses. El confinamiento es ya una medida represiva, incluso de reclusión, que consiste en imponerle límites a alguien y no dejarlo salir de ahí. Tiene que ver con lo estático, con el inhibir y con el encierro. Se puede utilizar, por ejemplo, como una medida política de prevención o castigo.(2)

En Argentina, por ejemplo, el gobierno nos ha amenazado con el estado de sitio, y aunque no ha llegado a ello, la situación se asemeja demasiado. La diferencia es la pérdida oficial de las garantías constitucionales. Sin embargo, el aparato policial y militar toma las calles y está envalentonado para hacer de las suyas. Los gobiernos les dicen a sus ciudadanos cómo, dónde y con quién circular. Uno de los atributos del triste ciudadano es la “libre circulación”, bueno, hasta eso se está perdiendo. Si ser ciudadanizado es una condena, quizás pronto seamos menos que eso.

“Circule” dice el policía en la calle generalmente. Ahora en cuarentena lo cambia por un: “métanse en sus casas”. Y si lo considera necesario, pega, obliga a hacer sentadillas y a cantar el himno, como en los barrios de la República Argentina.

Este tipo de medidas desesperadas y agresivas a nivel mundial se asemejan, tal como señala Chuang, a las de los casos de contrainsurgencia, recordando muy claramente a las acciones de la ocupación militar–colonial en lugares como Argelia o, más recientemente, Palestina. Nunca antes se habían llevado a cabo a esta escala, ni en megalópolis que albergan a gran parte de la población mundial. La conducta de la represión ofrece entonces una extraña lección para quienes tienen la mente puesta en la revolución mundial, ya que es, esencialmente, un simulacro de reacción a nivel internacional, coordinada por los Estados.

La contrainsurgencia es, después de todo, una especie de guerra desesperada que se lleva a cabo solo cuando se han hecho imposibles formas más sólidas de conquista, apaciguamiento e incorporación económica. Es una acción costosa, ineficiente y de retaguardia. El resultado de la represión es casi siempre una segunda insurgencia, ensangrentada por el aplastamiento de la primera y aún más desesperada. Pero podemos agregar que esta especie de contrainsurgencia sucede de manera particular, porque no es simplemente contra una población sino con la población, haciendo de cada hogar un cuartel y de cada ciudadano un soldado de sí mismo y del vecino. Sus armas: el whatsapp, la cámara de fotos, las “redes sociales”; y sus trincheras pueden ser sus ventanas o balcones.

Nuestro rechazo al Estado y todas sus medidas no parte de un principismo ideológico, sino de nuestra realidad material de explotación y dominación. Ya hay voces de sobra a las que les encanta decir lo que el Estado debería hacer, a la espera de poder hacerlo ellos mismos. Por el contrario, es preciso criticar el accionar estatal y luchar por su necesaria supresión. Frente a los problemas que no puede resolver, nosotros recordaremos que es parte del problema, y nunca su solución, no importa quién esté al mando.

El coronavirus es ejemplificador en este sentido. No negamos la existencia del problema que representa la propagación de un virus a nivel mundial. Tampoco el hecho de que haya medidas menos destructivas que otras para la clase proletaria. Lo que señalamos es que lo que se pretende como solución está empeorando gravemente la situación.

Desde la política se nos dirá que no hay alternativa, que son medidas criticables pero peor sería que no se haga nada. Los pocos que critican la cuarentena masiva hablan de la necesidad de realizar testeos a gran escala, de aislar únicamente a los enfermos y personas con síntomas, de focalizar los cuidados en la población de riesgo. Quienes van un poco más allá, exigen decisiones fuertes frente al sector privado de la salud, así como medidas económicas que vayan desde subsidios masivos a los trabajadores informales a imposiciones sobre las empresas como freno a los despidos, pago completo de sueldos, incluso reconversiones productivas de algunas fábricas para producir respiradores y demás implementos sanitarios.

Podríamos seguir en ese camino y pensar medidas que tengan el menor impacto posible sobre las condiciones de vida del proletariado, partiendo por esa necesidad esencial de la que dependen todas las demás que es la vinculación entre seres humanos y la lucha colectiva. Esas necesidades que, buscan ser reducidas a derechos por parte del Estado: Derecho a reunirse, a circular, a manifestarse… siempre y cuando el Estado lo considere oportuno. Con nuestras necesidades traficadas en derechos, la lucha se reduce a lo que “el Estado debería hacer”. Esa es la trampa que ha permitido este encierro masivo mientras se realiza la mayor avanzada de las últimas décadas sobre el proletariado a nivel mundial.


Notas:
(2) El terror a lo invisible, Susanna Minguell

domingo, 18 de febrero de 2018

CARA A CARA CON EL ENEMIGO

La escalada represiva continúa. No terminábamos de reponernos del golpe que fue la desaparición y muerte de Santiago en manos de Gendarmería cuando nos enteramos que otra fuerza del aparato de control del orden burgués asesinaba de un tiro por la espalda a Rafael Nahuel durante un intento de desalojo de la comunidad Lafken Winkul Mapu. «Un mapuche murió baleado tras un enfrentamiento con la Prefectura en Villa Mascardi» se apresuró a titular el diario Clarín.

El Estado no ahorra en su poder de fuego, apoyo logístico e institucional para atacar a quienes luchan contra la explotación y la opresión. El asedio a las comunidades mapuche en conflicto, así como a los solidarios con esta lucha, va en total sincronía con sus medios de comunicación. La burguesía unida festeja la represión sobre los hermanos mapuche, y algunos pobres infelices se embriagan escuchando el brindis desde fuera de la fiesta.

Hoy los únicos denunciados por la muerte de Santiago son los acusados por el gobierno: siete miembros de la Lof y un amigo de Santiago, denunciados por falso testimonio por el mismo Ministerio de Seguridad responsable de su muerte. Mientras que, por el asesinato de Rafita, siguen procesados quienes tuvieron la angustiante tarea de bajarlo muerto, a pesar de que hasta las pericias han dejado en claro la cacería realizada por el llamado Grupo Albatros de la Prefectura.

 

 Cuando actúa la Justicia


Debemos guardar en la memoria cómo los pedidos de justicia al Estado le abrieron las puertas a sus fuerzas para allanar las comunidades mapuche, la Biblioteca del Río en El Bolsón e intervenir comunicaciones y espiarnos. El mismo pedido que insistentemente no quería ser empañado por la lucha anticapitalista de Santiago ni con su participación en el movimiento anarquista. ¿De qué sirvió al esclarecimiento del hecho que el entorno familiar ocultara insistentemente quién era el brujo? Si, a fin de cuentas, la versión oficial es la de los asesinos. Ese absurdo mandato de hacer las cosas obedientemente ante el verdugo de poco sirvió. La Justicia de igual modo determinó que no se trató ni de asesinato ni que hubo desaparición forzada. La autopsia confirmó que nuestro compañero falleció por "asfixia por inmersión" e "hipotermia". Y fin de la historia, según ellos, claro…

Ese es el escenario sobre el que el poder ha montado la persecución a Facundo Jones Huala. Detenido en la Unidad 14 de Esquel, espera desde hace siete meses un juicio ilegal con respecto al pedido de extradición a Chile, que finalmente, después de muchos amagues, va a tener lugar el 28 de febrero en la represiva ciudad de Bariloche. A principios de febrero, encima, se le hizo una denuncia por instigación a la violencia en declaraciones durante una entrevista radial, amenazándolo con veinte años de prisión.

A inicios de febrero también allanaron la comunidad de Cushamen y se llevaron entre 14 y 16 animales, según declaraciones policiales. Fueron citados distintos miembros de la comunidad a brindar testimonio por distintas ocurrencias del poder judicial, nada más que ante el juez y verdugo Guido Otranto, otra clara evidencia de la persecución y la criminalización brutal que se está llevando adelante contra los miembros del Pueblo Mapuche.

Al día de hoy distintas comunidades mapuche son hostigadas permanentemente por fuerzas policiales y parapoliciales en ambos lados de la cordillera, como una respuesta de muerte a quienes han asumido una lucha que por su integralidad y profundidad se contrapone con los intereses del Estado y el Capital. Y los garantes de este orden lo saben.

 

 La doctrina Chocobar


La frontalidad con que actúan es asombrosa. Emmanuel Echazú, el gendarme que declaró haber recibido un piedrazo durante el operativo en Cushamen e imputado por la muerte de Santiago, fue galardonado con un ascenso. La resolución fue firmada por la ministra Patricia Bullrich. Y a comienzos de este año el presidente Mauricio Macri recibió al agente de la policía bonaerense Luis Chocobar, quien asesinó de dos disparos por la espalda a quien escapaba luego de robar a un turista. «Estoy orgulloso de que haya un policía como vos al servicio de los ciudadanos. Hiciste lo que hay que hacer, que es defendernos de un delincuente» lo felicitó el presidente, antes de brindarle su apoyo para zafar de ser encausado por el crimen. La sentencia de Bullrich es aún más clara y explica el proyecto del actual gobierno: «Lo importante es que acá damos vuelta la realidad como Gobierno: los victimarios parecían las víctimas y las víctimas parecían los victimarios. En nuestro Gobierno hemos revertido esto, tanto hacia el interior de las fuerzas como con la sociedad. Por eso entendemos el accionar policial de Chocobar».

Bajo el gobierno de Cambiemos hubo un alza de las muertes por gatillo fácil, torturas en lugares de detención y demás modalidades de la represión estatal. El mensaje está clarísimo por parte del Estado. Días después, la ministra de seguridad acusó a Correpi, la única organización que publica anualmente informes de víctimas de las fuerzas de seguridad, de mentir, y desafió: «si quieren les mando el análisis uno por uno de los casos falsos de Correpi».

Las declaraciones desde el gobierno son la expresión verbal de un proyecto económico y político ya en marcha. A principios de año, encargó a la planta de Fabricaciones Militares ubicada en Fray Luis Beltrán (Santa Fe) 15 millones de bastones de balas de goma (cada bastón carga 24 balines) y 7.500 unidades de gases lacrimógenos.

 

Calles, movilización y más cana


El 18 de diciembre brotó el rechazo y la movilización frente a la Cámara de Diputados cuando ésta convirtió en ley la propuesta de modificación del sistema de actualización de los haberes jubilatorios. Ese día los detenidos fueron más de setenta, y los heridos muchos más. La semana anterior Gendarmería ya había practicado una verdadera cacería hacia quienes combatían en las calles aledañas al Congreso, además de levantar gente que solo pasaba por ahí, plantándole “pruebas”, como piedras y panfletos, y deteniendo a más de cuarenta personas.

En enero procesaron a treinta y tres de los detenidos y cinco siguen encarcelados. El procesamiento se basa únicamente en las declaraciones de los policías que los detuvieron. Como admitió el juez federal Claudio Bonadio, no hay en los videos y fotos ninguna imagen que pruebe los hechos que se les imputan.

Tras años de desmovilización pactada que acallaba la represión existente, el retorno de la movilización callejera y el desorden masivo nos alegra. Y muestra también lo efectivos que son los montajes mediáticos a nivel social y la superioridad de medios con los que cuenta la burguesía.

Sabemos que la izquierda y el kirchnerismo apuestan este año a la movilización callejera para presionar al gobierno de Cambiemos, pero no para presionar y hacer estallar las condiciones profundas de esta sociedad que nos explota y nos oprime.

Este año que el G 20 se realizará en distintos puntos de Argentina, va a ser patente el mensaje, del oficialismo y de la oposición: este es el mejor de los mundos posibles y solo pueden hacerse pequeños retoques. La miseria y el control social crecen a lo largo y ancho del territorio, pero también ciertas reacciones y movilizaciones.

Bajo la perspectiva de la continuidad represiva y por tanto de lucha, debemos intentar aprender a cuidarnos para no regalarnos, ni regalar a nadie, en pequeñas batallas contra la policía, pues nuestra batalla es de largo aliento. Las fuerzas del orden son solo una parte del Estado. Necesitamos encontrarnos para dotarnos de una claridad en torno a los objetivos y a la organización de las tareas necesarias para realizarlos. Si queremos luchar por la emancipación humana, se trata de algo más que escaramuzas grandes o pequeñas en las ciudades grises que habitamos.

Cuando se ataca no solo se hace daño, también se toma conciencia de la propia fuerza. Pero el ataque al Capital no se dota únicamente de enfrentamientos callejeros. Mucho menos en los días y en los lugares pactados por los poderosos. Hoy nuestra fuerza debe ser también capaz de solventar a nuestros compañeros presos, solidarizarnos con las comunidades en lucha y ser capaces de incentivar la lucha en nuestros propios contextos. Jamás abandonar la perspectiva que nos mantiene en lucha contra el orden del Estado y el Capital, pues la mejor forma de solidaridad, como ya dijimos, es la extensión de esa lucha.

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¡QUÉ SE VAYAN TODOS!

* Extractos de un panfleto repartido el lunes 18 de diciembre de 2017 en Rosario y Buenos Aires.
… tenemos que ser sinceros, y es por eso que afirmamos que estamos movilizados en solidaridad con nuestros viejos, ya que para los y las trabajadoras jóvenes las jubilaciones parecen un cuento de otra época.

Fue la CGT —que hoy nos invita a salir la calle— la que hace solo unos días puso su firma para una reforma que hace de esa precarización ley. Y son ahora ellos, junto a otros reformistas varios, los que no cuestionan ni por un momento el corazón de la actual reforma: el aumento de la edad jubilatoria. Esto, que para empresarios y administradores del Estado se define como un problema demográfico y de recaudación, lo debemos traducir en la realidad de que la cantidad de dinero que debe recibir la población jubilada excede al dinero que aporta la población laburante.

Para la burguesía el problema es que la gente está viviendo más y no quiere seguir trabajando. Para nosotros es que cada vez pauperizan más nuestras condiciones de vida...

Por eso, si hoy, mañana y cada vez que sea necesario nos convocamos a tomar el terreno para enfrentarnos a la imposición del Estado y el Capital, lo haremos bajo nuestras propias condiciones, organizándonos, cuidándonos y no permitiendo que nuestra vida sea la justificación para pequeños juegos estratégicos de los políticos de mierda. Porque para nosotros lo que está en juego es la vida misma, en confrontación con lo que nos destruye. Porque hoy somos nosotros, nuestros compañeros y compañeras los que han sido sometidos al rigor de la violencia de la represión.

domingo, 3 de enero de 2016

LOS MUERTOS VIVIENTES

El zombi es una figura legendaria propia del culto vudú, un muerto resucitado por un hechicero para convertirlo en su esclavo, sometido para siempre a la voluntad de la persona que lo devuelve a la vida. Si bien cuando pensamos en zombis no nos referimos a esto sino al producto de la industria cinematográfica, es importante tenerlo en cuenta. También es importante tener en cuenta los contextos sociales en los que surgen estas películas: tensión racial, terror nuclear, fiebre consumista, desastres ecológicos… en fin, diversos momentos estelares del fracaso de esta civilización.

En los últimos años, la época dorada de los zombis, han aparecido series, películas y hasta programas de televisión sobre el tema. Desde el año 2000 se hicieron más de 400 películas de zombis solo en idioma inglés, el doble de todas las películas del género que se hicieron en todas las décadas pasadas. Debe ser síntoma de algo. Puede que deliberadamente o no, los escritores y directores estén hablando sobre el momento que nos toca. Así los zombis reclamaban su existencia en Estados Unidos a fines de los 60 tal como lo hacían los negros por entonces, o se chocaban contra las vidrieras de los shoppings en los 80.

En la actualidad, entre series y películas de ficción se presentan informes sobre personas que verdaderamente comienzan a prepararse para una invasión zombi. Parece un chiste, pero no lo es. Ya Hollywood tuvo su cine “anticomunista” (o mejor dicho anti–“soviético”) donde la invasión de los marcianos que venían, no casualmente, de su planeta rojo, amenazaba con terminar con la civilización occidental, cristiana y capitalista. Hoy un texano aparece en televisión luciendo sus armas, su camioneta y sus alimentos no perecederos frente a la posible amenaza de un apocalipsis zombi (¡sic!). Sin embargo, el mensaje es claro, sin decirlo abiertamente está hablando de los pobres y de sus posibles estallidos sociales, habla de saqueos, de proteger la propiedad, y su familia en tanto que propiedad. Según la visión del amo, que es la reproducida por tantos esclavos asalariados, los zombis supondrían ser como los pobres: muchos, tontos, y su fuerza residiría en su estupidez y cantidad.

Pero la cosa va en serio. Desde los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, agencia del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, se lanza un llamado sobre el apocalipsis zombi: «Planee su ruta de evacuación. Cuando los zombis tienen hambre no paran hasta conseguir comida (cerebros), lo cual significa que se tiene que abandonar la ciudad rápidamente. Planee hacia dónde iría y las múltiples rutas que tomaría de antemano para que los comedores de carne no tengan chances. Esto también es útil cuando ocurre un desastre natural y hay que refugiarse rápidamente.» Para mantener la normalidad capitalista se apela a los mismos subproductos que su industria cultural lanza. «Si usted está  preparado para un apocalipsis zombi, está preparado para cualquier situación de emergencia».

Se trate un desastre nuclear, una epidemia, un ataque terrorista (de otra nación, claro) o una insurrección proletaria, lo importante es defenderse como individuo y defender al Estado, pero por sobre todo defender el estado de las cosas. Mientras tanto es primordial mantener a la población sumida en el miedo y la estupidez. Lo importante para toda la burguesía es que nos traguemos la publicidad que afirma la ideología de la naturaleza eternamente egoísta del ser humano, de que el hombre es un lobo para el hombre, de que cada uno debe defender lo suyo, defenderse frente al “distinto”. De seguir así continuaremos arrastrando nuestro cuerpo torpemente sin ir realmente a ninguna parte, recorriendo día tras día los trazados recorridos de la desesperanza, devorándonos unos a otros para sobrevivir como muertos vivientes.

jueves, 1 de octubre de 2015

INSEGURIDAD EN LA CONSTRUCCIÓN

No sabemos si reír o llorar… el pasado 10 de septiembre, el señor Sixto Irrazábal, secretario general de la UOCRA, le exigía a los gobernantes rosarinos que le expliquen «qué proyecto tienen y qué están haciendo para que la gente vaya a trabajar sin tener que estar pensando si vuelve o no a su casa». ¿Es un chiste? nos preguntamos muchos… ¿Estamos hablando del mismo mafioso que para arriar a los obreros hacia alguna manifestación, se pasea por las obras en construcción tirando tiros al aire cuando algún trabajador no quiere sumarse? Sí, y no es un chiste. Es un sindicato. Un sindicato que siempre demostró claramente su función reformista y reaccionaria —en acuerdo con la patronal y el Estado— que, de todos modos, es la única función a la que está llamado a desplegar en esta miseria de sociedad.

El detonante de la movilización, en la cual se concentraron dos mil trabajadores de la construcción para exigirle al gobierno “acciones concretas” para frenar hechos de robo y violencia en Rosario, fue el crimen del arquitecto (¡y no el de miles de obreros!) Sandro Procopio. Parece que la vida de un arquitecto vale más que la de miles de albañiles. Y no es que ambas vidas deberían valer lo mismo ¡los seres humanos no deberíamos tener precio!
A la protesta se sumaron además excusas, como el robo de motos, bicicletas, herramientas, materiales y agresiones a los obreros de la construcción, como fue la perpetrada a un joven albañil que quedó ciego tras ser baleado en una obra.

No somos obtusos, no desestimamos los hechos: robos, delitos y agresiones ocurren en todos lados y a todas horas. De hecho, nos roban cada día, cada mañana desde que nos levantamos para ir a trabajar hasta que salimos del yugo, a veces además nos roban la bicicleta al volver… parece que al primer robo ya estamos acostumbrados, mientras nos sigue horrorizando el robo “a mano armada” por parte de algún delincuente.

Lo que estas consignas y movilizaciones hacen no es otra cosa que dirigir y limitar la lucha de los trabajadores a través de la más torpe y enajenada denuncia ciudadanista de la inseguridad, poniendo el foco en una situación aislada, que además se espera que los políticos resuelvan de inmediato. ¡No se va a resolver mientras exista propiedad privada! Y, por supuesto, no se va a resolver con más policías, porque la policía es el Estado, es lo que sustenta el estado de cosas actuales, los mercados negros, el narcotráfico y el delito. Es el sistema social que perpetúa la división de la sociedad en clases, perpetúa la pobreza, el desamparo, la miseria y, más que nada, ¡el robo! Y también es lo que asegura que una clase deba trabajar (si es que accede a este mercado) o perecer, que deba venderse al mejor postor para poder sobrevivir, que deba ir al trabajo que sea, y si es necesario morir por él.

La construcción es justamente el tercer sector de actividad más riesgoso, en el cual más trabajadores se accidentan y trabajan en condiciones de precariedad extremas; en el cual más se enferman o mueren a causa de las exigencias que las empresas y la actividad misma tienen para con los trabajadores. Los arquitectos y contables de este sector toman a los trabajadores muertos como un gasto más de producción. En muchos casos, estos gastos son menores que los que supondría la introducción de medidas de prevención.

No es que necesitemos reforzar estos argumentos con estadísticas (que sabemos de sobra de donde provienen), pero no está de más responder a tantas estupideces con cifras contundentes (que, recordemos, sólo tienen en cuenta a los trabajadores formales): según la OIT, el trabajo cobra más víctimas que las guerras, más de 2,3 millones de trabajadores mueren por año a causa de accidentes o enfermedades laborales.

¿De qué seguridad estamos hablando señor Sixto Irrazábal? ¿De la que ni se preocupa por denunciar cuando se producen 8.489 accidentes laborales registrados en un sólo año? Aclaremos que a la UOCRA no le estamos exigiendo que luche por los intereses de los trabajadores, porque sabemos que a lo sumo luchará por un ajuste de salario, porque vive de ello. Veamos quiénes se encontraban a su lado el día de la manifestación: representantes de entidades como la Cámara Argentina de la Construcción (CAC), la Asociación Empresaria de la Vivienda (AEV) y el Colegio de Arquitectos… Los patroncitos, esos mismos con los que acuerda cada año el techo salarial, la tasa de explotación… «La comunidad de la construcción: obreros, profesionales arquitectos, ingenieros, técnicos constructores y desarrolladores de obras sentimos la imperiosa necesidad de reunirnos frente a la obra en la que murió uno de nuestros colegas realizando su trabajo…» decía el texto de la convocatoria firmado por el sindicato. Esa comunidad ficticia a la que se refiere es la comunidad del dinero y no expresa más que la intención de negar el antagonismo que hay entre las clases, entre el explotado y el que le da órdenes y se llena los bolsillos a costa de la explotación programada. Esto no es comunidad, esto es capitalismo, es trabajo asalariado y explotación.

No es a los sindicatos a los que hay que exigirles nada; somos los mismos trabajadores los que deberemos salirnos de estos cercos, de las anteojeras de la ideología dominante si queremos realmente cambiar nuestras condiciones de vida. Porque como ya decíamos en La Oveja Negra nro.25: «mientras exista dinero, propiedad, Estado, policía y un culto al progreso individual que se caga en los demás, no habrá bienestar ni felicidad. Y junto a millones en todo el planeta y desde hace siglos esa lucha no se detiene.»

sábado, 6 de junio de 2015

SANTA REPRESIÓN

En Santa fe
Gendarmería vuelve a reforzar la vigilancia en Santa Fe con 1000 efectivos. Rosario sumará unos 400 agentes, la capital provincial 300, y en Rafaela, Venado Tuerto y Reconquista se agregarán 50 más. En el caso de la ciudad de Rosario —en principio Villa Banana y Tablada, a los que se sumarían Las Flores y La Cerámica— habrá también puestos en Circunvalación y en los accesos a la ciudad.

El año pasado, además, se fundó la Policía de Investigaciones, la Policía Comunitaria y la Policía de Acción Táctica, que hizo su bautismo asesinando a Jonathan Herrera de 23 años.

Berni anticipó que no iba a combatir el narcotráfico, a lo que Lifschitz respondió que «si Berni evitara los problemas de narcotráfico no tendríamos los conflictos que tenemos en Santa Fe». En definitiva, más allá de pasarse la pelota hay algo que comparten el gobierno nacional y el provincial: militarizar la ciudad; y cuando queramos darnos cuenta, en el próximo estallido social tendremos una ciudad plagada de milicos y de cámaras.

En Santa Cruz
Si para muestra sobra un botón, veamos qué hacían 500 botones en las rutas de la provincia de Santa Cruz.

El pasado 9 de abril en la localidad de Caleta Olivia es asesinado Reinaldo Vargas y son heridos de bala Bonifacio Barrera y cinco obreros más. Los sicarios se encontraban en un auto frente a la sede del sindicato de petroleros privados, donde Vargas se encontraba junto a otros compañeros reclamando por recientes despidos. Tras el suceso fueron detenidas ocho personas, a quienes les encontraron rastros de pólvora en las manos. Cuatro fueron liberadas por falta de pruebas, y cuatro imputadas: Oscar Carrazana, Juan Quiroga, Damián Roldán y Roberto Hernández, quedando en prisión preventiva bajo la carátula de “homicidio triplemente calificado y tentativa de homicidio triplemente calificado”.

Paralelamente, el juez de Instrucción de Las Heras, Eduardo Quelín, comenzaba una investigación en la cual se ordenaban allanamientos en las sedes sindicales de las localidades santacruceñas de Río Gallegos, Pico Truncado y Las Heras, como así también en la vivienda del Secretario General del gremio petrolero, Claudio Vidal. Tras el operativo se hallaron más de 60 armas, lo que derivó en el arresto de 20 personas de dichas localidades, entre ellas Vidal. La investigación se inició cuando dos integrantes del gremio fueron descubiertos trasladando 20 armas en una camioneta cerca de Las Heras. Se los acusó de formar parte de una asociación ilícita, pero todos fueron liberados dos semanas después por “falta de mérito”.

Fueron enviados 500 efectivos para militarizar los accesos a Caleta, Cañadón, Truncado y Las Heras, con gendarmes de élite respaldados con micros de transporte, camión con equipos de comunicaciones, camionetas, traffics y motocicletas, todo coordinado con la policía provincial y prefectura naval.

Los partidos, los sindicatos y la policía están haciendo lo necesario para mantener el orden capitalista. Cumplen su rol, ni más ni menos, haciendo el trabajo sucio.

En la afirmación de la lucha proletaria y su necesario carácter no localista puede ser comprendido el mundo, el antagonismo entre explotados y explotadores y la necesidad de destrucción del Capital.

El aislamiento y la represión del proletariado como clase mundial se concreta mediante la fuerza. La capacidad de la burguesía se materializa cuando impone el terreno que más le conviene para aplastar al proletariado, y una vez allí su fuerza unificada logra triunfar frente a la acción aislada de nuestra clase. Mientras nosotros tenemos serias dificultades para actuar como una sola fuerza antagónica, nuestros enemigos son capaces de unificar rápidamente todas sus fuerzas para concentrarlas en un solo lugar.

Las condiciones y formas sociales de la explotación capitalista ciertamente no son ni serán idénticas en todas partes, pero nuestra visión debe orientarse a reconocernos en los demás proletarios en una lucha internacional a la vez que internacionalista. Nuestra realidad de represión y aislamiento es un momento de la realidad de nuestra clase a nivel mundial.

sábado, 8 de noviembre de 2014

LOS CÓDIGOS DE LA DEMOCRACIA

Ante las nuevas reformas del Código Civil y del Código Penal, lo primero que sentimos es desconfianza. Mientras el debate transcurre entre la “inseguridad” reducida a los robos callejeros, si éste es o no “el gobierno de los derechos humanos” y otras vociferaciones, la realidad es que se está pergeñando otro episodio en el proyecto general burgués intentando hacer más eficiente y controlador su poder de clase, en este caso intentando perfeccionar su tentáculo judicial. Como sabemos, toda ley es expresión de los intereses de la clase dominante, y su objetivo último es mantener esos intereses.

Ante estos episodios se nos vienen a la mente las palabras de Rafael Barrett, que no dejaremos de repetir: «Por definición, la ley se establece para conservar y robustecer las posiciones de la minoría dominante; así, en los tiempos presentes, en que el arma de la minoría es el dinero, el objeto principal de las leyes consiste en mantener inalterables la riqueza del rico y la pobreza del pobre. Llega el instante de que la idea de justicia nazca porque la ley, que favorece al poderoso, habría de parecer justa al poderoso, y al humilde, injusta. Sin embargo, nace la idea en sentido contrario: el poderoso encuentra la ley todavía estrecha a su deseo, ya que él mismo la dictó y es capaz de hacer otras nuevas.» (Los jueces, publicado en “Germinal”, Asunción, 6 de septiembre de 1908)

Aunque las sufrimos en carne propia, a los proletarios las leyes se nos hacen difíciles de comprender. Es por esto que nos dispusimos a buscar de qué se tratan estas modificaciones. Las leyes viejas son los caprichos de los burgueses de ayer y por lo tanto no hay que luchar por volver a códigos anteriores. Abocar nuestras energías en la presión parlamentaria sería combatir a los poderosos con sus mismas instituciones.

CÓDIGO CIVIL
A comienzos de octubre fue promulgado el Código Civil por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner junto a los jueces de la Corte Suprema, bautizándolo como “hijo de la democracia”.
Después de dos horas de circo de cruces y acusaciones entre oposición y oficialismo en el Congreso Nacional, y tras 8 horas de debate, el oficialismo con 134 votos a favor, y la ausencia de la totalidad de la oposición, convirtió en ley la reforma del Código Civil y Comercial. "En tiempo récord" acusó la oposición.

ART.19. «LA LEY BERGOGLIO»: Las polémicas mediáticas se limitaron a la reforma del artículo 19 del viejo código, cuya nueva versión dictamina que «la existencia de la persona humana comienza con la concepción en el seno materno». Esto supondría un retroceso para garantizar la reproducción asistida y es, por sobre todo, un retroceso en el camino hacia la legalización del aborto, por la que muchas organizaciones luchan desde hace años. Si bien se remarcó en varias ocasiones la clara presión que ejerció la Iglesia con respecto a este artículo en particular, certificada con encuentro entre papa y presidenta, nada pudo escucharse en los debates sobre la artificialización de la vida, legalización de los cuerpos o la existencia de la Iglesia; eso sí, se repitió por enésima vez que «este gobierno que se dice progresista, bla, bla, bla». La declaración de la presidenta el día de la promulgación de este código dejó bien en claro que su proyecto es el mismo que la burguesía ha tenido siempre: “Ahora no sólo reconocemos el derecho a la propiedad privada, sino a otro tipo de valores como el cuerpo, los órganos, los genes”. Desde hace siglos los proletarios debemos entregar forzosamente nuestro cuerpo a la burguesía, como energía, fuerza de trabajo, descendencia o como fuera, es decir, desde hace siglos la clase dominante controla aquello que hacemos con nuestros cuerpos.

LEY PATRONAL: Según el análisis de la Asociación de Abogados Laboralistas de el Nuevo Código Civil y Comercial de la nación (octubre de 2014), las principales modificaciones que afectan a los trabajadores están orientadas a reducir sus posibilidades de extender sus reclamos contra los socios u otras empresas vinculadas al empleador, al reducir las posibilidades de cobrar las deudas que mantienen con sus empleadores, asegurando además a los grupos inversores que el resto de su patrimonio no se vea afectado por reclamos laborales. A su vez, se introducen nuevas figuras contractuales y modificaciones a las ya existentes que permitirían su utilización fraudulenta para ocultar relaciones laborales. De esta manera, las empresas podrán reducir costos, haciendo firmar a sus trabajadores nuevos tipos contractuales que esconden su carácter de trabajadores dependientes.
  • Se permite que las empresas que integran “contratos asociativos” no sean responsables solidarios por los contratos que celebran en nombre de la asociación, pudiendo ellas mismas establecer diferentes grados de responsabilidad y/o de distribución de las deudas entre las mismas.
  • La nueva legislación laboral no permitirá que los trabajadores de una empresa que tiene la franquicia de otra empresa puedan hacer responsable solidario también a la empresa franquiciante por la totalidad de las deudas laborales que tienen con la empresa franquiciada.
    Se permitirá que el empleador/persona física pueda crear dos patrimonios diferentes, de los cuales los trabajadores podrán acceder en sus reclamos sólo a uno de ellos, siendo el otro patrimonio inaccesible para los trabajadores. 
  • Los trabajadores estatales, quienes utilizan reglas del Código Civil en sus reclamos para hacer responsable a la administración pública por los accidentes de trabajo que sufren en sus lugares de trabajo, se verán en problemas ya que el nuevo Código Civil y Comercial establece que sus disposiciones no resultan aplicables al Estado y sus funcionarios, y que todo lo referente a su responsabilidad frente a las personas estará regulado exclusivamente por las reglas y principios del derecho administrativo.
  • Se flexibilizará el concepto de remuneración, entendida como la contraprestación propia del trabajador por haber puesto su fuerza de trabajo a disposición del empleador, ya que utiliza el mismo término para calificar a prestaciones que se dan en el marco de contratos no laborales, lo cual permitirá nuevas prácticas tendientes a eludir la protección constitucional del salario.
ART. 1762: «Si un grupo realiza una actividad peligrosa para terceros, todos sus integrantes responden solidariamente por el daño causado por uno o más de sus miembros. Sólo se libera quien demuestra que no integraba el grupo.» Es decir, se es culpable hasta que no se demuestre lo contrario. Toda ley es interpretable, y ésta se deja interpretar muy bien para criminalizar la protesta y la agitación social.

URBANISMO: Así como hay artículos de ley dictados por empresas religiosas, otros son dictados por los beneficiados del mercado inmobiliario. Investigando un poquito, uno se viene a enterar que en el vigente Código Civil, en sus artículos 2639 y 2640, se pronuncia que «los propietarios limítrofes con los ríos o con canales que sirven a la comunicación por agua están obligados a dejar una calle o camino público de 35 metros hasta la orilla del río, o del canal, sin ninguna indemnización» Con la reforma, estos caminos públicos de las orillas de los ríos de toda la Argentina desaparecerán, pasando a ser completamente privados.

AGUA: Si bien nuestro planeta no es una suma de recursos, así como el agua no es un derecho, sí lo es en una sociedad completamente invertida. El agua es simplemente agua, nosotros somos humanos y la necesitamos para vivir. Con la reforma del Código Civil se eliminará el acceso al agua como derecho humano fundamental. Este cambio servirá, entre otras cosas, para racionar el agua a la población, lo que seguramente no afectará a mineras, petroleras, papeleras y demás industrias.

CÓDIGO PENAL
Ya son de público conocimiento las declaraciones de Berni que vienen en sintonía con otras que apelan a la xenofobia para distraer las verdaderas causas de los conflictos sociales, la vieja táctica burguesa de personificar a los extranjeros como chivos expiatorios. «Estamos infectados de ladrones extranjeros» dijo el teniente coronel. No es sorprendente que todos los fervorosos anti–K, tan adeptos a los comentarios virtuales en los sitios web de los diarios, no critiquen esto sino que insulten pidiendo que se cumpla y que no sea otra “mentira del gobierno” esto de echar a los inmigrantes del país. Massa, uno de los líderes de la oposición y de toda esa masa opinóloga lo dijo bien clarito: «Estamos de acuerdo con herramientas que permitan expulsar a inmigrantes que cometen delitos», rematando que «Argentina necesita un sistema de justicia más estricto». Aquellos extranjeros que tengan una situación irregular de papeles en el país y sean sorprendidos in fraganti cometiendo un delito serán expulsados y no podrán reingresar por 15 años. Claro que cuando hablamos de extranjeros no nos referimos ni a George Soros, ni a Justin Bieber, ni a Dilma Rousseff, sino a los proletarios que migran de país a país tratando de sobrevivir.

«Por otro lado —señala la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional, Correpi—, se refuerza el concepto de prisión preventiva (herramienta infame en su esencia y, mucho más, en su utilización jurídico–política). (…) Se incluye a la conmoción social como una de las acciones de excepción que permite utilizar la herramienta que, según los propios autores del proyecto, debería ser la excepción y no la regla. ¿Se imaginan los usos políticos de la expresión “conmoción social”? ¿Se imaginan quiénes van a poner, una vez más, los presos?

Cabe aclarar que el proyecto oficialista no carece de un cínico humor. En el art. 15 se prescribe que no se podrán alojar presos en “lugares no habilitados o en sitios donde no reúnan las mínimas condiciones de salubridad”. ¿Qué piensan hacer entonces con todas las prisiones y comisarías del país?»

Las reformas del Código Penal tienen diversos argumentos: que es para cumplir con los derechos de las víctimas de delitos o para una justicia más rápida y eficaz. Pero el que más resalta es aquel que presenta la finalidad de estas reformas, como la de mejorar la seguridad para todos los ciudadanos. Nos parece importante retomar alguna de las frases de Marx en Sobre la cuestión judía para recordar que no somos ciudadanos y que estas categorías de derechos humanos y de seguridad no nos pertenecen:

«La seguridad es el supremo concepto social de la sociedad burguesa, el concepto de orden público: la razón de existir de toda la sociedad es garantizar a cada uno de sus miembros la conservación de su persona, de sus derechos, de su propiedad. (…) La idea de seguridad no saca a la sociedad burguesa de su egoísmo, al contrario: la seguridad es la garantía de su egoísmo. Ninguno de los llamados derechos humanos va, por tanto, más allá del hombre egoísta, del hombre como miembro de la sociedad burguesa, es decir, del hombre replegado sobre sí mismo, su interés privado y su arbitrio privado, y disociado de la comunidad. Lejos de concebir al hombre como ser a nivel de especie, los derechos humanos presentan la misma vida de la especie, la sociedad como un marco externo a los individuos, como una restricción de su independencia originaria. El único vínculo que los mantiene unidos es la necesidad natural, apetencias e intereses privados, la conservación de su propiedad y de su persona egoísta.»

miércoles, 10 de septiembre de 2014

LOS SIMULADORES

En estos días ha vuelto a circular un video sobre la gran y sublime actuación del gendarme López Torales, quien finge ser atropellado por un auto durante la movilización en Panamericana por conflicto de los trabajadores de Lear.

Al momento de escribir esto, el jefe del operativo, Roberto Ángel Galeano, fue despedido por Berni en un intento de despegarse del escándalo, así como ahora en 678 todo esto es relatado como una especie de infiltración de la derecha en los puros y nobles objetivos del gobierno. ¿Nadie vió a Berni, en cada programa de TV al que es invitado, gritar como un enloquecido los logros de este gobierno? Incluso el Ministerio de Seguridad publicó un comunicado titulado Sobre video incidente con gendarme, defendiendo el operativo:

«El comandante López Torales actuó en acuerdo con la ley y en cumplimiento de un procedimiento policial dispuesto para liberar las arterias vehiculares interrumpidas por un grupo de personas empeñadas en entorpecer el normal desarrollo del tránsito de todos los ciudadanos.»

Si a esto le sumamos lo sucedido en Las Heras –ínfimo en comparación pero parte de la misma política– al Estado le sobran cualidades de guionista y de fabricante de ficción. El aparato televisivo –opo, corpo y demás- le da el soporte para que este relato llegue a ser creíble para millones de personas, cuando los palos y la cárcel no son de utilería. Su simulación y sus montajes de ficción hacen más real nuestra opresión a un precio altísimo.

A esta ciudad, no hace falta que la compañía llegue de gira, ya está todo dispuesto para que en cualquier momento arranque la función donde los malos somos siempre los mismos. ¿Qué va a pasar en una ciudad recorrida día y noche por estos verdosos actores?

¡Luces desde los helicópteros! ¡Cámaras en cada esquina! ¡Acción y represión!

miércoles, 30 de julio de 2014

REPRESIÓN PARA TODOS Y TODAS

El domingo 15 de junio, aprovechando el debut de la selección nacional de fútbol, la empresa de Quickfood Paty comunicó a sus 250 empleados su cierre y traslado. Los trabajadores se presentaron el lunes en la planta y decidieron ocuparla. La represión no se hizo esperar, y el martes policía federal, gendarmería e infantería arremetieron tanto dentro de la fábrica contra los trabajadores de Paty como afuera contra aquellos solidarizados con la resistencia.

Ese mismo martes en Buenos Aires, en plena fiebre mundialera, la policía federal reprimió la manifestación concentrada en la “Casa de Córdoba” dejando un saldo de 12 detenidos. (Ver: Córdoba: transgénicos y represión, en la Oveja Negra Nro. 18)

El 7 de julio, mientras muchos festejaron y sufrieron el minuto a minuto por la posible victoria de esos nuevos ricos abanderados de la patria, la gendarmería —con Berni a la cabeza— reprimió la protesta de los trabajadores ferroviarios de EMFER S. A. (Emprendimientos Ferroviarios S. A.) y TATSA (Tecnología Avanzada en Transporte S. A.). Al día siguiente, la ofensiva estatal se dirigió contra los trabajadores de Lear Corporation (transnacional autopartista de la industria automotriz, planta Pacheco), quienes cortaban la Panamericana.

El secretario de Seguridad y verdugo del pueblo Sergio Berni fue capaz de dejar al descubierto la verdadera cara del Estado y la función social que está destinado a cumplir (para quien prefiere olvidarla, sea por conformismo o por el miserable anhelo de formar parte de él). En mayo de este año ya había advertido: «Qué tantas leyes e interpretaciones. El que corta la General Paz tiene que ir preso. No hace falta ninguna ley, lea la Constitución, el Código Penal. No hace falta ninguna ley antipiquetes.» ¡Es por esto que no le interesa la ley antipiquetes, no por “sensibilidad social”!

Así es como, mientras los kirchneristas se hacen los distraídos, la izquierda vuelve al enésimo lamento de que el gobierno «había prometido no reprimir la protesta social». A los ciudadanos mediocres, por su parte, y aunque no están del todo de acuerdo, tampoco les molesta tanto.

Mientras tanto en la galaxia peronista, Leonardo Grosso —legislador por el Frente para la Victoria y responsable nacional del Movimiento Evita— twitteaba furioso que «Berni debería explicar por qué hace todo lo contrario a lo que hacía Néstor. Es funcional a la oposición.», y con un poco de demagogia para la muchachada, citaba una canción del artista ricotero y oficialista. Al parecer, la intención sigue siendo construir el mito de que “Él” era el bueno y “Ella” la mala. Recordemos cómo algunos se atrevieron a hablar de un peronismo sin Perón y siguieron adulando a la difunta Evita por el sólo hecho de haber muerto primero y haberse ahorrado algunas manchas de sangre proletaria. Una vez más todo puede ser usado para defender al monstruo peronista que nunca, en su negra historia, tuvo nada que ver con los intereses del proletariado. Siempre en defensa del Estado, la propiedad privada y el trabajo asalariado. Siempre reprimiendo cuando fue necesario.

Si bien todos los politiqueros y empresarios están de acuerdo, sólo Berni se anima a decirlo y a actuar en consecuencia: «Actuamos rápidamente con Gendarmería y Policía Federal para que sea un día normal. No se puede reclamar por 100 trabajadores y avasallar a cientos de ciudadanos».

Frente a la acusación de la promesa no cumplida de «no reprimir la protesta social» Berni responde con claridad: «esta protesta no es social, es política», zafando así con la letra chica del contrato. Pero su respuesta no es una simple salida por la tangente, no se trata de otra mera calumnia al estilo de «Son tan cobardes que ponen a las mujeres en las primeras líneas, son maniobras habituales de estos grupos de izquierda»; cuando este miserable lanza expresiones destinadas a deslegitimar los reclamos de los explotados no es inocente. Al decir que las protestas son obra de «inadaptados de los partidos de izquierda, con una clara intencionalidad de generar disturbios y caos» está repitiendo la máxima leninista de que los trabajadores no pueden llegar a revelarse por sus propios deseos y necesidades, sino gracias a una conciencia aportada desde afuera por la intelligentsia, los intelectuales del Partido. «Las historia de todos los países atestigua que, por sus solas fuerzas, la clase obrera solo puede llegar a tener una consciencia tradeunionista (sindicalista). En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas elaboradas por intelectuales, por hombres instruidos de las clases poseedoras.» (Lenin, ¿Qué Hacer?). Menospreciando la lucha de los explotados, nos dice que salimos a protestar porque nos «lavan el cerebro unos zurdos». Y para colmo de males, encuadra de antemano —como quien tiene la ley y el arma a su favor— el terreno de la confrontación: «es política». Si es política sólo queda emplear el lenguaje del Estado: el de las súplicas y los derechos y deberes, el de la violencia monopolizada.

Tampoco las actuales protestas de los trabajadores sobrepasaron estas limitaciones. La ideología dominante, lamentablemente y como no puede ser de otra manera, continúa siendo la de la clase dominante. Pero las propias contradicciones hacen estallar por los aires las concepciones que hasta el momento del estallido parecían inmutable. Porque los explotados y oprimidos no tenemos los mismos intereses que los patrones y gobernantes, porque si luchamos en su terreno estamos perdidos y si hablamos el lenguaje del amo no podremos esperar nada más que el mantenimiento de lo existente. Berni es una persona despreciable, por sobre la medida de lo repugnante de todo gobernante, pero no es más que el portavoz de todo este entramado de normalidad que sostiene día a día a la sociedad capitalista.

domingo, 27 de julio de 2014

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Alerta antirrepresiva para contagiarla, mejorarla y hacerla práctica. Sobre la invasión de Gendarmería y la represión del Estado capitalista en la región argentina.

Julio de 2014, en algún lugar del estado argentino.

Disponible en la feria de la Biblioteca Alberto Ghiraldo, en algunos de los puntos de distribución de La Oveja Negra y aquí el archivo para descargar e imprimir (ya impreso se dobla una vez al medio y luego otra quedando los tres verdugos al frente y el burgués y su perro guardián al dorso).

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«Cuando los males llegan, no vienen separados como espías, sino reunidos en batallones.» (Shakespeare, Hamlet)

Varias de las ciudades controladas por el Estado argentino finalmente tienen los espacios verdes que los ciudadanos reclamaban: cientos de milicos invaden las calles, los uniformes crean un paisaje desolador, hay verde pero no es césped ni son árboles. Sumándose al azul, ya no del cielo, sino de las diversas policías que organizan día a día la industria del delito, gendarmería invade el territorio y no tarda en instalarse para, en pocas semanas, entrar en confianza y empezar la represión, los chanchullos y los “abusos de autoridad”.

¿Quién puede confiar en quienes escriben las leyes y son dueños de las armas? Los ciudadanos, es decir los seres humanos ciudadanizados, no solo confían sino que orgullosamente los mantienen y, en el máximo de la estupidez, les aplauden. Pudo verse con la llegada de gendarmería a algunos barrios, puede verse en cada período de elecciones cuando se festeja al verdugo de turno o a los aspirantes a ello.

Quienes llegamos a fin de mes con lo justo, si es que llegamos, sabíamos que este iba a ser un año difícil. Los gobernantes también lo sabían y redoblaron la apuesta represiva, sin descuidar el proyecto represivo a largo y corto plazo. Del otro lado, la gran mayoría de los explotados y oprimidos indiferentes en el “mejor” de los casos, aplaudiendo en los peores, ni piensan que la represión les puede tocar a ellos, que mañana podríamos tener que salir masivamente a reclamar como sucedió y sigue sucediendo.

Para apelar a un mínimo de entendimiento de los “honestos ciudadanos que no se meten en nada” hay que tirarles en la cara «el próximo podés ser vos» o «la próxima puede ser tu hija» lo cual es angustiante, ya que no debería ser necesario apelar al dolor propio para poder comprender el ajeno. No hay que enfrentar la situación porque «el próximo puedo ser yo». Que le pase algo a mis semejantes es motivo suficiente. ¿Pero quiénes son mis semejantes? Aquí el concepto de clase social nos parece el más oportuno: semejantes somos quienes tenemos que vender nuestro tiempo y fuerza para vivir, quienes no vivimos de las demás personas. Pero no se trata de una realidad local sino mundial, nos define ser esa clase internacional que en su propia existencia se opone a las ganancias de los explotadores y opresores de todo el planeta, porque a mayor ganancia de ellos mayor es nuestro padecimiento. Es una gran mentira que si les va bien a los ricos nos va bien a todos, que los intereses de la nación son los intereses de todos quienes habitamos allí. Los burgueses ganan más dinero cuando nos dejan sin laburo, cuando nos hacen trabajar más tiempo, más duro, comer peor comida y vivir en peores condiciones. Entonces cuando nosotros, proletarios, aceptamos sin rechistar toda la ideología de la burguesía estamos yendo contra nuestros intereses de clase y nuestras propias necesidades.

La delincuencia existe. Existe uno que te roba el teléfono en la calle y también otro que roba desde su despacho. Al primero se lo culpa de todos los males y al segundo se lo elige, se lo aplaude, se lo vota, se le compran sus productos y se le creen sus mentiras. La ideología del “sálvese quien pueda” es repugnante, tanto cuando un pobre roba a otro como cuando un empresario contamina un río por sus ganancias, aunque claro, hay una pequeña diferencia de condiciones, de billetes y de daños a corto y largo plazo.

El fenómeno de la delincuencia que muestran día y noche por la tele no es una sensación pero tampoco es lo único que sucede. Bien se podrían mostrar constantemente la destrucción del planeta, el robo diario a millones de trabajadores por sus patrones o noticias de personas movilizadas no por su egoísmo sino por un sentido de comunidad. Sin embargo, la publicidad de la inseguridad tiene una utilidad, porque cuantos más crímenes haya, más miedo tendrá la población y cuanto más miedo tenga la población, más aceptables se volverán todas las medidas represivas del Estado y el Capital. Se concede tanto espacio a la “inseguridad” como si se tratase de una novedad cada día. Esto sirve a toda una serie de medidas para reprimir ya no sólo a quienes se manifiestan abiertamente contra este sistema sino también, y especialmente, a todas las mujeres y los hombres que por su condición social son los explotados y oprimidos en este antagonismo de clases. Estas medidas preventivas sirven para el fichaje y el control de quienes tarde o temprano tendrán que rebelarse si no quieren perecer, de quienes no tienen salidas individuales como prometen en la televisión, de quienes deben luchar como un solo ser para poder vencer.

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LEY ANTITERRORISTA: es una reforma al código penal que tipifica el terrorismo y define las “asociaciones ilícitas terroristas” como las que tienen como propósito «aterrorizar a la población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo». A partir de ahora, puede ser “terrorista” cualquier persona u organización acusada de promover el odio, el terror o que según el poderoso de turno ejerza “coacción agravada”, definición que queda abierta para que, según la ocasión, los jueces puedan calificar así la conducta que crean oportuna castigar. Este tipo de leyes son impuestas a los mismos gobiernos por las empresas que vienen a invertir en la región para asegurarse un mínimo de paz social y de herramientas de castigo ante las probables protestas por despidos, sueldos, desalojos y destrucción que la avaricia de cualquier empresa multinacional genera.

PROYECTO DE LEY ANTIPIQUETES: esta es una muestra de cómo la burguesía actúa como una misma clase frente a la clase de los explotados y oprimidos. Diversas empresas y partidos del gobierno nacional y de la oposición están de acuerdo con el pedido, que hiciera la presidenta, de un proyecto de ley para facilitar aún más la represión de la protesta social. El primer proyecto del Frente para la Victoria establece qué diferencia una protesta “legítima” de una “ilegítima”: la clave es que no entorpezca el transporte público y que no se cometan delitos. Teniendo en cuenta que interrumpir el tránsito es un delito en el código penal y obstaculizarlo una contravención, cualquier manifestación puede ser definida como ilegítima. Por lo cual, si no tenemos la suficiente fuerza un pequeño reclamo puede ser disuadido y sus participantes procesados. Esta ridícula ley también estima, no sólo pedir permiso para protestar, sino pedir permiso con días de anticipación, a sabiendas de que muchos reclamos se dan espontáneamente de acuerdo a lo sucedido.

CONDENA A LOS PETROLEROS DE LAS HERAS: el 12 de diciembre de 2013, el Poder Judicial de Santa Cruz condenó a cadena perpetua a cuatro trabajadores petroleros –Ramón Cortez, José Rosales, Franco Padilla y Hugo González– y a otros seis a cinco años de prisión por supuesta coacción agravada, lesiones y asesinato de un policía. El conflicto se remonta al año 2006, cuando los petroleros de Las Heras reclamaban por su encuadramiento sindical en la rama productiva que les corresponde para poder incorporarse a un convenio colectivo que cuenta con mejores escalas salariales y condiciones de trabajo. También demandaban la suba del mínimo no imponible, monto a partir del cual los asalariados tributan el impuesto a las ganancias. Luego de 20 días de huelga y movilizaciones, el poder judicial ordenó la detención de varios trabajadores. Los petroleros reaccionaron marchando sobre la alcaldía a exigir su liberación, siendo brutalmente reprimidos. En circunstancias por demás de confusas, murió un policía. Fueron apresados más de 17 trabajadores y acusados por desmanes y asesinato.

Durante los tres años de detención (2006–2009) les arrancaron testimonios a través de tortura física y psicológica, con los que se rearmó la causa en el 2010, por la cual hoy el Estado intenta encarcelarlos de por vida. Estos hechos no sólo sientan un precedente para el resto de los trabajadores a la hora de luchar por nuestras necesidades, sino que además desenmascaran el verdadero rol del Estado: reprimir ante los conflictos que ponen en riesgo los intereses de quienes nos explotan.

PROYECTO X: es una unidad especial de Gendarmería Nacional Argentina que cuenta con una base de datos creada en el año 2002 y actualizada en el año 2006, obtenida mediante inteligencia y espionaje a militantes y organizaciones sociales. Esta base de datos permite entrecruzar información y acelerar su análisis. No es ninguna novedad que el Estado, tanto en democracia como en dictadura, espía, controla y vigila. Por lo tanto, no vamos a solicitar que lo hagan en un marco de legalidad. Mientras haya Estado habrá servicios de inteligencia y, en consecuencia, espionaje.

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Todo esto se trata de leyes, y no confiamos en que nuestra libertad esté garantizada por escribir unas nuevas, pero tampoco podemos permitir estos atropellos. La ley se establece para conservar y robustecer las posiciones de la minoría dominante. Así, en los tiempos presentes, en que el arma de la minoría es el dinero, el objeto principal de las leyes consiste en mantener inalterables la riqueza del rico y la pobreza del pobre. La idea de justicia que favorece al poderoso habría de parecerle muy justa a éste e injusta al humilde. Sin embargo, nace la idea en sentido contrario: el poderoso encuentra la ley todavía estrecha a su deseo, ya que él mismo la dictó y es capaz de hacer otras nuevas. De todos modos, qué importa que los poderosos juzguen a los débiles según su capricho o según la ley, que no es más que el capricho de los poderosos de ayer.

A estos sucesos no tan extraordinarios cabe sumar otros que, decididos deliberadamente o no, sirven a los mismos fines: mantener el orden de los burgueses para que puedan seguir enriqueciéndose a costa nuestra. El encuadramiento de los proletarios en diversos partidos y sindicatos u otras organizaciones con otros nombres, pero que cumplen sus mismas funciones, han sido y son un freno y un obstáculo para la lucha, una ayuda para que todo este entramado de muerte continúe con normalidad. En los peores casos estas organizaciones llegan a negociar la vida y la existencia de sus miembros, en un sistema de delegación que permite que unos astutos dirigentes se llenen los bolsillos a costa de sus dirigidos. Cuando esto no sucede, estas formas organizativas buscan canalizar toda la rabia, el amor y la creatividad de los proletarios en “políticas serias” o “reclamos entendibles”, lo cual quiere decir buscar en el enemigo un interlocutor válido y hablar su propio lenguaje, entrar en su propio terreno (una de las peores decisiones en cualquier combate). Así, empantanados en una lógica paternalista, se le pide al político que nos de soluciones y al empresario que no nos explote, es decir, dos contradicciones irrealizables. En todo caso, se solicita al primero que emparche un poquito los problemas y al patrón que explote menos, lo cual es un pedido “más realista” así como miserable y asqueroso.

Luchar para transformar la vida es una necesidad vital, así como una posibilidad real que precisa de apoyos y simpatías, pero también de participación, compromiso y decisión. Las luchas deben dejar de entretenerse con lo superficial e ir a la raíz de los problemas. El lenguaje común debe compartirse entre nosotros y no con el oponente. Cuando hay un lenguaje común con el enemigo es porque hay un objetivo común y solo diferimos en cómo alcanzarlo. Al enemigo no se lo dialoga, se lo combate. Decidamos no dejar canalizar nuestras necesidades de manera democrática: la necesidad de organizarse en “derecho a reunión” o “libertad sindical”, la necesidad de expresarse en “libertad de prensa”, la huelga en “derecho a huelga” o la satisfacción de nuestras necesidades humanas como “derechos básicos”.

Alguno pensará que «suena muy bien pero es irrealizable», ¡lo que es irrealizable es modificar timidamente un poquito del sistema! ¡lo que es irrealizable es una revolución parcial, meramente política, económica o cultural, que deje intactos los pilares donde se asienta todo este sistema capitalista!

Quienes difundimos y escribimos textos como este no lo hacemos por altruismo o por caridad, por lástima o por ideología. Lo hacemos por nosotros mismos, y ese nosotros hace referencia a lo que expresábamos anteriormente: una clase social, el proletariado.

Hemos expuesto que las condiciones actuales no son las mejores, que la correlación de fuerzas con los que mandan no nos favorece. Y no tenemos una receta mágica para poder salir instantáneamente de esto. Sin embargo queremos, con estas palabras, contagiar una crítica de lo existente que se vaya propagando por todas partes como si fuese un virus. Una crítica que asumimos conversando, leyendo y estando atentos a lo que pasa y sucede a nuestro alrededor. Una crítica que necesariamente se hace carne y debe hacerse masiva. Para imponerse firme y ferozmente a este estado de cosas. Por estos motivos es muy importante hacer circular estas hojas y este tipo de reflexiones.

¿Hace falta más unidad? Debemos comprender que si hoy somos débiles no es porque estamos divididos, sino que estamos divididos porque aún somos débiles. Nuestras condiciones de existencia pueden juntarnos (en el trabajo, buscándolo, donde habitamos, etc.) pero la lucha nos encuentra y nos hace tomar noción de nuestra fuerza.

Asumamos, en las luchas que ya suceden y en las venideras, que mientras haya trabajo y salario habrá desocupados y reclamos salariales, que mientras exista la propiedad privada habrá especulación inmobiliaria, que mientras haya Estado habrá represión y que mientras exista el dinero habrá codicia (se trate de Monsanto, el patrón de una empresa familiar, los narcos, los políticos, los curas o los sindicalistas).

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Esta alerta antirrepresiva es impotente si seguimos siendo espectadores, si no la hacemos propia para contagiarla, mejorarla y hacerla práctica. Es nuestra responsabilidad responder o no responder ante la explotación y a la represión. De nosotros depende.