Mostrando entradas con la etiqueta Brasil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Brasil. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de marzo de 2020

RECIBIMOS: ERUPCIÓN NRO.1

Erupción es un Boletín Anarquista de Análisis desde América Latina.

Quienes lo publican anuncian que «el boletín busca, desde una perspectiva anarquista, ser un espacio de intercambio, debate y profundización del análisis político, dando cuenta de la situación de cada territorio mediante la publicación de dos número anuales.»

Les pueden buscar en las redes sociales: @boletin.erupcion en Instagram y Erupcion en Facebook.

Desde nuestro boletín La Oveja Negra participamos con el artículo Argentina y la erupción postergada, y también agregaron Haití: ¡Viv Revolisyon! incuído en el nro. especial En tiempo de revueltas: Chile y Ecuador.

Para descargar Erupción nro.1:
versión PDF WEB.pdf

martes, 28 de enero de 2020

Traducción al inglés de DEFORESTACIÓN

Recibimos la traducción de un artículo de La Oveja Negra, se trata de: Deforestación, publicado en el nro.65 (septiembre de 2019). 

La traducción e introducción corren a cargo de los compañeros de Perspectiva Internacionalista.

DEFORESTATION en el sitio web de Perspectiva Internacionalista.

*

Introducción traducida al español:

La crisis climática se está acelerando ante nuestros ojos y todo el mundo lo ve. Australia arde, abundan las inundaciones y otros desastres. No mucho antes de que el humo de los árboles en llamas oscureciera los cielos de Australia, lo hizo en América del Sur, donde la deforestación de la Amazonía progresa rápidamente. Esta catástrofe es el tema del siguiente texto, traducido de "La Oveja Negra", un grupo y publicación con sede en Argentina, con una perspectiva similar a la nuestra.

A menudo se culpa al presidente de derecha de Brasil por la quema de la selva amazónica, pero este artículo muestra que los gobiernos de izquierda hicieron y hacen lo mismo; que no es un gobierno particular el que causa la crisis climática sino el capitalismo mismo. Tan aterrador como son los bosques en llamas, para La Oveja Negra, es aún más aterrador "que sigamos soportando lo insoportable, que continuemos eligiendo el mal menor. Lo más preocupante es la incapacidad de los seres humanos para imaginar algo distinto de la vida en el capitalismo, justo en el momento en que esta forma de vida se está desmoronando. La deforestación de la imaginación es tan peligrosa como la deforestación de la Amazonía".

¿Es esta incapacidad permanente e irreversible? Hay indicios de que este podría no ser el caso. El futuro es nuestro.

Perspectiva Internacionalista

sábado, 14 de septiembre de 2019

DEFORESTACIÓN

Los incendios en la selva amazónica comenzaron la primera semana del mes de julio de 2019. Estos incendios, sumados a los anteriores del mismo año, conforman la mayor cantidad de fuegos registrados en la región desde que se comenzó a llevar registro en 2013 y un 80% más respecto al año pasado. Cuando hablamos de deforestación nos referimos también a las más de 40.000 especies de plantas, 1.300 tipos de aves, 426 diferentes de mamíferos que viven en la selva tropical del Amazonas, la más grande del mundo, con 6,7 millones de kilómetros cuadrados. A aquella cantidad de mamíferos que intentan ilustrar un “santuario natural” hay que agregarle uno más: las personas que habitan allí, y no solo comunidades indígenas.

La magnitud de las miles y miles de hectáreas quemadas es tal que el humo cubrió el cielo de la ciudad de São Paulo provocando una oscuridad general en plena tarde. Por aquellos días las cenizas se vieron incluso en la ciudad de Rosario al amanecer. Desde la percepción urbana el humo y las cenizas son un indicador de una gravedad que no alcanzamos a dimensionar.

Salir a rebatir que la destrucción del área selvática más importante del planeta no es consecuencia del gobierno de Bolsonaro, sino del capitalismo, parecería a estas alturas cuanto menos ridículo. Cualquiera que lea un par de noticias despegando los ojos de la televisión o de los memes que llegan a la pantalla del celular podría sacar esta conclusión, pero no. Resulta que la ideología dominante no es dominante por que sí. Lo que se nos aparece abiertamente como la mayor destrucción de la naturaleza de estos tiempos no es sino un episodio más en la relación que este sistema de producción tiene con el mundo, su forma de concebirlo: como un recurso de donde extraer más y más valor, más ganancia, más capital. El pulmón de la Tierra está ardiendo y no podemos revertirlo. Quizás por eso, los primeros días del incendio, desde la impotencia llamaron a rezar por la Amazonía.

Está claro que a los políticos en oposición, en pleno o futuro mandato, no les importa la selva, ni su deforestación. La tierra es mercancía tanto para quienes la deforestan como para quienes operan políticamente con el discurso sobre la irresponsabilidad de la deforestación. El señalamiento del criminal sirve para ganar la próxima elección, la “preocupación por la Amazonía”, también. Pero hay un “pequeño problema”: el discurso se puede seguir reinventando, sin embargo, el bosque arrasado no regresa por incluirlo en un nuevo discurso.

Desde el progresismo, el populismo o la izquierda del capital, reducen la catástrofe a una oposición política, a un “fuera Bolsonaro”. Y desde el ecologismo posmoderno nos incitan a aportar individualmente, votando mejor, no comprando a grandes empresas, modificando el consumo. «Los consumidores deben reducir sus posibilidades humanas de protesta colectiva y lucha social a una actitud individual: consumir o no consumir, consumir más o menos. En ambos casos el problema que se desprende es uno y el mismo: cuando se habla con el lenguaje del amo necesariamente se defienden sus reglas... En perfecta igualdad democrática un proletario cualquiera y un burgués de la industria química tienen la misma responsabilidad según la visión de quienes destruyen el planeta y de los ecologistas que administran la catástrofe.» (La Oveja Negra nro. 41, Ahorro energético y disciplinamiento)

Sin entrar en un análisis pormenorizado, una vez más vemos cómo se desvanece la “oposición” entre los distintos gobiernos que se presentan como progresistas o de izquierda, por un lado, y de derecha o fascistas, por el otro. Uno de los focos del actual incendio afecta la zona del Bosque Seco Chiquitano, en la región dominada por el Estado de Bolivia, cuyo presidente Evo Morales aprobó un decreto supremo el 10 de julio pasado autorizado en los departamentos de Santa Cruz y Beni el desmonte para actividades agropecuarias, el que se suma a una ley de 2016 que permite la quema de hasta veinte hectáreas de pastizales para pequeñas propiedades y propiedades comunitarias.

En el año 2009 el gobierno de Lula Da Silva privatizó 670.000 km cuadrados de la selva amazónica. El mecanismo progresista de entregarles gratuitamente parte de estas tierras a pequeños productores (y vender el resto) hoy muestra los resultados reales. El objetivo es ampliar las fronteras agrícolas, ampliar la zona explotable para el Capital. Bien aclaró el propio Bolsonaro frente a los intentos de “proteger” la Amazonía por parte de Europa, y especialmente del gobierno francés: «si seguimos con áreas protegidas y regiones indígenas se termina el agronegocio en Brasil y si se acaba el agronegocio se acaba nuestra economía».

Sin ir más lejos, durante toda la “década ganada” nuestra región sufrió el récord de desmonte por motivos agropecuarios, mientras se daba la bienvenida a nuevas inversiones de Monsanto y la minera Barrick Gold. Pero esto tampoco es propio de un gobierno en particular. En la Provincia de Santa Fe, por ejemplo, se pasó de tener casi 6.000.000 de hectáreas de bosques en 1935 a 840.000 en 2002, es decir, en ochenta años se “perdió” un 82% de bosques nativos. «Nada se pierde todo se transforma» dirán los eslóganes apaciguadores de la autoayuda, y en algo tienen razón, bajo la lógica de este sistema no se pierde nada mientras se transforme en valor: esos bosques fueron sistemáticamente destruidos para la ganancia.

Remarcar lo mismo a veces es necesario frente a lo invariable del Capital. En marzo de 2012, en el segundo número de este boletín, podíamos leer: «La producción capitalista es intrínsecamente depredatoria con el medio en que se desarrolla. Desde la génesis misma de este sistema perverso, la explotación de elementos naturales tenidos en cuenta como meros “recursos” (carbón, caucho, petróleo, entre los primeros) es una constante que arrasa la biodiversidad por doquier. En la región argentina, como país casi exclusivamente agroexportador, la modificación del bioma ha sido constante desde finales del siglo XIX. La región pampeana ha sido modificada en más de un 90% como causa de la explotación agropecuaria.»

Cuando se nos incita a echarle la culpa a Bolsonaro lo que se está haciendo es invisibilizar esta parte del problema, que la productividad del Capital se basa en este tipo de desposesiones y destrucciones, que todos los gobiernos son capitalistas, y que esto significa más desalojos, más asesinados, más desaparecidos. Nos llevaría varias páginas recordar todos los militantes, activistas y comunidades hostigadas y perseguidas por la defensa de la tierra. Por no hablar de los asesinados que hoy no están para defender la selva de las garras de la ganancia, desde la región mexicana hasta la Patagonia a ambos lados de las fronteras, pasando por Colombia con el triste récord de tener la mayor cantidad de referentes sociales asesinados en este continente durante los últimos años.

Hacia fines del año pasado advertíamos, como adelantándonos a estos tristes días de destrucción y de renovada indignación: «Fue bajo los gobiernos del PT, y no bajo gobiernos fascistas, que la deforestación de la Amazonía alcanzó el “punto de no retorno”. Bolsonaro ha llegado a poner orden luego de que la socialdemocracia progresista trabajó duramente justamente para el progreso ¡del Capital! Que la próxima vez no nos sorprenda tanto. No se trata de sabérselas todas ni de extremismos, sino de la posibilidad de hacer algo a tiempo y no lamentarse cuando ya es demasiado tarde» (La Oveja Negra nro. 59, Brasil: Progreso y orden). Lo que nos seguimos preguntando es ¿cuándo será demasiado tarde? Porque así como la indignación y la sorpresa se renuevan también lo hace nuestro margen de soportar lo insoportable.

«Los últimos años de gobiernos progresistas en la región latinoamericana han demostrado la profunda implicación de la izquierda y el progresismo en el desarrollo capitalista. No solo no han cuestionado los modelos productivos heredados, sino que los han profundizado enormemente. El extractivismo con monocultivos transgénicos y agrotóxicos, la carrera energética que desconoce todo tipo de límites e impulsa proyectos como el de Vaca Muerta en la cuenca Neuquina, y planes megalómanos de infraestructura para el transporte como el IIRSA,(1) son algunos de los principales ejemplos... La huida desbocada y hacia adelante que nos presenta el capitalismo, no es obra de la mente de unos pocos millonarios de derecha o de izquierda. Ellos mismos están subidos a un caballo incontrolable con sed de ganancias. Controlarlo tirando las riendas más a la derecha o más a la izquierda, es una fantasía. El Capital se dirige hacia nuestra ruina en su carrera por multiplicarse, porque si deja de crecer muere. 

La raíz de los problemas no es cuestionada y nuestra imaginación es destruida. Nos llaman a opinar sobre cada detalle, para que así no tengamos una noción de la totalidad. Nuestros enemigos más evidentes y nuestras acciones más directas se diluyen en problemas de expertos.» (Estos párrafos son extractos de un folleto que repartimos en la ciudad de Rosario durante el acto del 1° de Mayo del 2017).

Lo más aterrador de estos momentos no es ver arder la selva, es que el fuego no se prenda en barricadas que hagan frente a la destrucción, es seguir aguantando lo inaguantable, es seguir eligiendo el mal menor. Lo más preocupante es la incapacidad de los seres humanos de imaginar algo distinto a la vida en el capitalismo, justo en el momento en que esta forma de vida se está cayendo a pedazos. La deforestación de la imaginación es tan peligrosa como la deforestación de la Amazonía, porque la deforestación de la imaginación significa la deforestación de una imaginación antagonista. Solo es posible una deforestación de la Amazonía sobre una avanzada deforestación de la rebeldía, de la imaginación en acción.

Nota:
(1) El plan IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana) se propone trazar líneas para el transporte de mercancías sobre las tierras y aguas de Suramérica como si se tratase de un mapa. Todo esto es impulsado por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) cuyo presidente en 2017 fue Nicolás Maduro y en la actualidad es Evo Morales.

sábado, 26 de enero de 2019

¿IDEOLOGÍA DE GÉNERO?

DESCARGAR EN PDF
Los sectores más reaccionarios de la sociedad argentina están insistentes con lo que han denominado, errónea, despectiva e inquisitorialmente, como “ideología de género”. Con esto, intentan atacar al movimiento de mujeres, las sexualidades que consideran disidentes, la educación sexual en las escuelas (o fuera de ellas) y cualquier expresión que atente contra su terrorismo normalizador, familiero y heterosexista. No entraremos en este artículo en las hipocresías cometidas por aquellos defensores de la familia, la heterosexualidad y la ley; pero sí intentaremos reflexionar sobre la reacción que se viene suscitando entre los sectores más retrógrados de la sociedad y la oposición a estos.

Ni el “matrimonio igualitario”, ni la aprobación del divorcio –en 1987– han sido un freno a la ganancia capitalista. De hecho, se han abierto nuevos mercados y mercantilizado más espacios sociales. El matrimonio homosexual finalmente ha sido autorizado, cuando la sociedad comprendió que la homosexualidad no era ninguna amenaza para el matrimonio, excepto para los valores innecesarios al capitalismo democrático moderno (que no reina en todo el planeta, eso está claro). Evidentemente, sigue siendo muy difícil ser homosexual en una ciudad pequeña o en algunos círculos, sean burgueses o proletarios. Pese a todo, el discurso oficial e incluso el gubernamental, así como la mayor parte de los medios de comunicación, celebran la igualdad, la apertura, las normas y el respeto a las diferencias. Y de pronto, son «los fachos» los que se hacen los inconformistas.(1)

Podemos suponer que se debe a que, en esta región, estos buenos conservadores solo conocen lo que el capitalismo ha sido hasta ahora: entre otras cosas, gracias al fundamentalismo familiar, la empresa religiosa, la división sexual del trabajo, el machismo y la educación antisexual sea estatal o privada. Por este motivo se aferran a ese ideal con uñas y dientes.

Esta disputa interburguesa entre conservadores y progresistas se ve teñida por el identitarismo tan caro a nuestra época. La derecha religiosa, los nostálgicos de los regímenes de corte fascista, presionan a sus propios rebaños a alinearse en torno a una identidad que traspasa los argumentos para ejercer control sobre sus súbditos, pero también para exhibir ese control ante sus adversarios. A los soldados que combaten por un ideal se les reparten insignias no se los incita a reflexionar.

El primer día de este año Jair Bolsonaro, nuevo abanderado de la reacción por estas tierras, asumió la presidencia del Brasil. Comenzó fuerte: «Vamos a unir al pueblo, a valorar la familia, respetar las religiones y nuestras tradiciones judeocristianas, combatir la ideología de género, conservando nuestros valores». Y también vociferó que «Brasil volverá a ser un país libre de amarras ideológicas». Mientras que Damares Alves, pastora evangélica y actual ministra de la Mujer, Familia y Derechos Humanos, gritaba alegremente: «Atención, atención. Comienza una nueva era. Los niños visten de azul, las niñas de rosa».

Ironías de la vida, podemos afirmar que estos funcionarios, los de las campañas de «con mis hijos no te metas», los que reparten globos rosas o celestes en las calles, y demás personajes, son justamente los defensores de algo que podría denominarse “ideología de género”... justamente aquellos que la señalan como un peligro.

Porque el género no es natural y los defensores de su naturalidad son en verdad quienes afirman estupideces tales como «el diseño original de la familia tal como Dios la creó». Sin duda no pueden más que defender lo existente, que ha sido impuesto históricamente y es no un «orden natural».

Es en el Génesis, primer libro del Antiguo Testamento, y la Torá donde se escribe: «Y Dios creó al hombre a su imagen. Lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó». Pero la historia no sucede de tal manera. Ha habido millones de años de evolución y limitándonos solo a los últimos siglos hemos atravesado fuertes transformaciones sociales, por lo que “ser hombre” o “ser mujer” tampoco tiene las mismas significaciones en diversos momentos o espacios geográficos. Solo en las explicaciones bíblicas los hechos ocurren de un momento a otro, y puede crearse un mundo en seis días según los caprichos de un solo individuo, representado en dios.

Vastos sectores de la clase dominante en el capitalismo, es decir la burguesía, para perpetuar el mundo en función de su imagen y sus intereses pretenden naturalizar permanentemente las relaciones sociales existentes. Esta naturalización es llevada adelante por científicos, periodistas, curas, intelectuales y políticos, por la industria del cine y la televisión, pero también activamente por vastos sectores de la clase explotada que evidentemente no pueden más que apropiarse de la ideología de la clase dominante. Así se impone la idea según la cual el mundo siempre fue y será como es ahora o, mejor dicho, como la imagen idealizada del presente que se nos inculca y, por ello, jamás se podrá encontrar una alternativa de superación, una revolución.

En esta imagen idealizada siempre ha habido hombres y mujeres de acuerdo a los estereotipos actuales. Estereotipos que en realidad no pueden ser cumplidos por millones de seres humanos. En ese imaginario automático, en todas las sociedades habidas y por haber hay hombres y mujeres, hay familias y hogares familiares. Intentan hacernos reflexionar sin historia, se trate de “cavernícolas”, campesinos de la Edad Media o tribus no contactadas del Amazonas.

Evidentemente no se nace mujeres ni hombres, se llega a serlo. ¿En qué momento un niño llega a ser hombre o la niña llega a ser mujer? La sociedad no tiene más que inventar algún hito para este pasaje. Que cuando una niña tenga su primer menstruación se considere que «se hizo mujer» dice bastante al respecto. Nos señala que la categoría mujer es una construcción social.

La mujer es una construcción social. La misma categoría de mujer está organizada dentro y a través de un conjunto de relaciones sociales a partir de las cuales la división sexual de la humanidad en dos, mujer y hombre (y no solo femenino y masculino) es inseparable. De esta forma, se le otorga a la diferencia sexual una relevancia social particular que de otro modo no poseería. La diferencia sexual recibe este significado fijo dentro de las sociedades de clases cuando la categoría de mujer se define por la función que la mayoría (pero no todas) las hembras humanas ejecutan, por un período de sus vidas, en la reproducción sexual de la especie. Por lo tanto, la sociedad de clases le otorga un propósito social a los cuerpos: puesto que algunas mujeres “tienen” bebés, todos los cuerpos que posiblemente “producen” bebés están sujetos a la regulación social.(2)

Una construcción social no puede destruirse individualmente. Reducir los problemas sociales a situaciones personales o grupales surge justamente de la ideología dominante y a su vez la fomenta y consolida. Porque una ideología no son las ideas que podamos o queramos tener en la cabeza. La ideología es el conjunto de ideas con que cada sociedad se explica el mundo en función de su modo de producción de la vida. Y las ideas dominantes son las de la clase dominante, que cuanto mejor domina más afirma que no existe. Lo cual significa que presenta sus intereses como los intereses de toda la sociedad.
Comprender que lo asignado como hombre o mujer está determinado por cada sociedad no implica abrir la puerta de entrada a un cúmulo de propuestas prácticas propias de las necesidades actuales del Capital: obsesión y a la vez indefinición frente al poder, identitarismo, integración de clase, falta de posicionamiento frente al antagonismo social o mayor interés por cambiar el lenguaje que la realidad toda.

Los conservadores del orden moral dominante, que en algunos países ya no es extremadamente necesario para la conservación del modo de producción actual, intentan pasar por natural lo histórico. Intentan acusar de ideológico lo que es un intento por desmontar parte de la ideología dominante de esta sociedad.

Pero la sociedad capitalista, o más precisamente el Capital, no tiene como finalidad la perpetuación de los géneros binarios sino la acumulación y la ganancia. Sin embargo, estas no son y no habrían sido posibles sin esta imposición, llamémosle, de género. Denunciar el género como un simple suceso aislado no explica cómo la sociedad funciona, cambia y, sobre todo, cómo podría ser revolucionada para terminar con ella de una vez por todas. Sin embargo, es preciso asumir la importancia fundamental de la división sexual en el modo de producción capitalista.

La división sexual y sus respectivas asignaciones de conducta obligatorias al interior de la clase explotada son, por lo tanto, no solamente aquello que debe superarse en el curso de la revolución, sino también una fuente de esta superación. La emancipación de las mujeres y los hombres es también liberarse de los mandatos de ser mujeres y hombres, lo cual no es una simple consecuencia de la revolución, sino que es una condición de la revolución.

Puesto que la revolución debe abolir todas las divisiones en la vida social, también debe abolir las divisiones sexuales, no porque sean simplemente inconvenientes u objetables, sino porque son parte de la totalidad de relaciones que diariamente reproducen el modo de producción capitalista. No podemos esperar hasta después de la revolución. Por el contrario, para que haya revolución, debe haber una lucha contra las asignaciones que nos otorga esta sociedad, pero también contra el matrimonio, la familia y la herencia, así como contra la propiedad privada y el Estado, es decir contra el Capital, no solo como acumulación sino como la relación social que es. 


Notas:

domingo, 30 de diciembre de 2018

RECIBIMOS: MANUAL DE POESÍA NRO.2

Publicación periódica de agitación y propaganda impresa Buenos Aires:
Su nro.2 (diciembre de 2018) puede leerse y descargarse en: manualdepoesia.tumblr.com
 
En este nro: Democracia es Represión - Hasta el coño del Capital - Aborto cuándo y cómo se me da la gana.Las trampas de la legalidad - Actualidad Económica - Carta a los proletarios en Grecia - No somos usuarixs, somos ganado camino al matadero - No hay accidentes, hay desidia - No conocí a Santiago - El socio nro. 14 - Carta abierta a la madre de Rémi Fraisse - Palabras de Mónica Alegre - El proletariado de Brasil fue derrotado por la democracia, no por la dictadura.
 
Contacto: manualdepoesía@riseup.net

miércoles, 14 de noviembre de 2018

BRASIL: PROGRESO Y ORDEN

El 28 de octubre, Jair Messias Bolsonaro fue electo presidente de Brasil. Es importante retener este dato para luego no excederse con acusaciones de golpista y antidemocrático. Mucho menos necesario es acusar a los votantes de masa anestesiada o similares cuando los resultados electorales no son los deseados. El representante del Partido Social Liberal ganó con casi 58 millones de votos y su adversario Fernando Haddad (Partido de los Trabajadores) obtuvo algo más de 47 millones. Otra fiesta de la democracia. Cabe recordar también, ahora que suele invisibilizarse, que aproximadamente un tercio de quienes están inscriptos en el padrón no votaron, votaron en blanco o anularon.

Podríamos detenernos en sus nauseabundas declaraciones, hay citas de sobra para demostrar su capitalismo fervoroso, misoginia, homofobia, anticomunismo, apología del terrorismo de Estado... pero no vamos a hacerlo por razones de estómago y espacio. Tampoco queremos hacer prevalecer los discursos sobre la realidad. Cuando ganó Trump en EE.UU. señalábamos que Obama había deportado más inmigrantes que ningún otro presidente, sin embargo, se tenía miedo a Trump por lo que podía hacer con ellos. Los progresistas llamaban a continuar la política del Partido Demócrata y muchas personas crédulas eran enceguecidas por quién–dice–qué en vez de ir a los datos de la realidad. Así, decíamos que el discurso sobre los inmigrantes se vuelve más importante que los inmigrantes mismos.

De la misma manera, ahora surge un cúmulo de sorprendidos de que las corporaciones evangélicas intervengan en la política brasilera. Ya habían apoyado a Lula da Silva y posteriormente a Dilma Rousseff, pero poco se dijo de ello. Habrá que pensar si los pastores saben dónde apostar su dinero o si realmente definen los resultados electorales.

«Ele Não» fue la consigna de los perdedores de la contienda. Los parecidos con la política argentina son sorprendentes. Con la campaña «Macri No» el kirchnerismo intentó alzarse con el botín completo del “campo popular”, aglutinando a quienes no estuviesen de acuerdo con el burgués que actualmente gobierna. El representante de ese frentepopulismo que, a fin de cuentas era el Frente Para la Victoria, fue, tal como Haddad, un candidato poco carismático y poco querido; los millones de votos recibidos eran más por espanto que por convicción.

Evidentemente Haddad y Bolsonaro no son lo mismo. Seguro es que el gobierno de Bolsonaro ejercerá su poder con una mano más dura y que garantizará actuar con mayor libertad contra el proletariado en general, y particularmente contra los rebeldes y disidentes políticos y sexuales, o quienes simplemente quieran salir a protestar. Instigando, claro, a la guerra entre explotados. Si personajes como Haddad y Bolsonaro fuesen lo mismo no podrían alternarse en el poder de acuerdo a las necesidades del Capital.

En Brasil, así como en Argentina, durante estos últimos años de gobiernos progresistas, la movilización social ha sido reprimida o asimilada e institucionalizada, en fin, democratizada
. Las expresiones de organización por fuera de partidos y sindicatos han sido disueltas, o más bien se han dejado disolver, y cada vez que urge una necesidad parece que hay que esperar a las próximas elecciones o despuntar el vicio yendo a pedir a la puerta de algún ministerio o sesión de gobernantes. «Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado», decía Benito Mussolini.

Lula garantizó el pago de la deuda pública, asegurando al resto de los capitalistas un piso mínimo de estabilidad fiscal que les permitiese invertir con seguridad. Ninguno de los gobiernos del PT alteró en nada las condiciones de la explotación social y la acumulación capitalista en Brasil. ¿Por qué deberían de hacerlo? Tales gobiernos fueron el soporte de una “amplia negociación nacional” destinada a garantizar que la explotación capitalista pudiese proseguir sin contratiempos.

Para cumplir su cometido, a lo largo de sus tres períodos de gobierno, el PT cooptó y puso bajo su control lo susceptible de ser cooptable: a la mayoría de las dirigencias sindicales y sociales, transformando a los líderes populares en ministros, asesores de mercado, administradores de fondos de pensión e inversionistas. Se las arregló para calmar el descontento social con una calculada combinación de programas sociales y terror represivo. Cuando Lula aceptó dirigir la Misión de ocupación de Haití en 2004, no solo le demostró a EE.UU. que era un aliado confiable para aplastar democráticamente la protesta social en el continente. Al llevar al ejército brasileño a los barrios pobres de Haití, le proporcionó a las tropas un laboratorio para intervenir en las favelas de Río de Janeiro, tal como ocurrió durante las masivas agitaciones populares en contra del Mundial de fútbol del 2014.

Fue el gobierno de Dilma Rousseff el que recalificó los cortes de carreteras y las tomas de tierras como delitos terroristas. Fue bajo gobiernos socialdemócratas, y no de derecha, que las cárceles de Brasil batieron los récords mundiales de hacinamiento y degradación de las condiciones de “vida” de los reclusos.

Durante los gobiernos del PT la producción de alimentos en Brasil disminuyó en más de 35%, con el consiguiente aumento de los precios cobrados a la clase trabajadora, debido a las facilidades dadas a las multinacionales agrarias para introducir monocultivos. Miles de campesinos fueron desplazados gracias a las políticas de gobierno y las grandes empresas agropecuarias.

Fue bajo los gobiernos del PT, y no bajo gobiernos fascistas, que la deforestación de la Amazonía alcanzó el “punto de no retorno”. Bolsonaro ha llegado a poner orden luego de que la socialdemocracia progresista trabajó duramente justamente para el progreso ¡del Capital!

Que la próxima vez no nos sorprenda tanto. No se trata de sabérselas todas ni de extremismos, sino de la posibilidad de hacer algo a tiempo y no lamentarse cuando ya es demasiado tarde. Es más difícil entrar en pánico cuando la cara amable de la burguesía está preparando el terreno para la catástrofe, a menos que seamos los asesinados por sus fuerzas de seguridad, sus muertos de hambre, sus encarcelados, sus suicidados por las condiciones impuestas o los expulsados de sus territorios por sus negociados, por las “inversiones extranjeras” por las que ruegan los progresistas. A quienes padecen la cara feroz de la opresión y explotación en Brasil quizás esta victoria no les sorprenda tanto.

sábado, 28 de abril de 2018

NI CÁRCELES NI PRESIDENTES

El 7 de abril entró en la cárcel Lula da Silva. Sindicalista, luego político, hasta llegar a presidente de Brasil entre 2003 y 2010. Formó parte de los referentes del socialismo del siglo XXI, período en que la burguesía en Latinoamérica se benefició del aumento de la intensidad de la explotación, el narcotráfico y la devastación de la tierra. Y, por otra parte, de represión vía palo e institucionalización de los movimientos sociales más combativos.

Desde sectores del progresismo y la izquierda se hizo un llamado a defender, sino a Lula, al menos a la democracia. En tiempos de represión y cárceles abarrotadas, los presos de la clase dominante se erigen como los presos dominantes. Se nos dice que si van contra esos “referentes” de peso luego irán más fácilmente contra todos nosotros. Lo que tenemos que entender de una vez por todas es que nuestra debilidad no está en tener menos progresistas en el gobierno ni más progresistas en la cárcel, sino en seguir depositando en ellos algún tipo de esperanza.

Es ya moneda corriente en Latinoamérica que los cambios de gobierno, vía elecciones o no, se produzcan bajo el argumento de la corrupción, lo que permite efectuar los cambios gubernamentales necesarios para el Capital, sin recurrir ya ni siquiera a un debate acerca de tales o cuales políticas. Un argumento completamente vacío de contenido pero que cumple con su cometido. Alguna coima, un auto no declarado por acá, un departamento por allá, motivos suficientes para poner en marcha el aparato judicial contra algunos políticos, hasta que sea haga falta otro recambio. Es decir, que si bien los partidos se denuncian entre sí por sumas siderales como las de la operación Lava Jato, en la que se enmarca la condena a Lula por corrupción, los políticos que terminan encarcelados son los menos y por cuestiones más bien menores en relación a todo lo que se afanan.

La Justicia está siempre contra los pobres, los luchadores, los marginados y solo eventualmente se mete con algún político miembro de la clase dominante. Pero esto nunca puede ser interpretado como si se tratara de burgueses que comparten con nosotros algún tipo de interés, sino todo lo contrario. Los poquísimos presos de la burguesía son para ellos un mal necesario que asumen como clase dominante para el mantenimiento del orden. Y aunque no le deseamos la cárcel a nadie, ni siquiera a los mismísimo carceleros, sean presidentes o explotadores, no vamos a luchar por los presos de la clase opresora. Hay algo que trasciende la política y es el papel jugado en la explotación y la opresión, el papel de clase.

Muy difícilmente vemos un político condenado por su responsabilidad en represiones y asesinatos, porque la Justicia no está para esas cosas. Los políticos cuanto mucho pueden incriminarse entre sí por sus robos, porque incluso cuando recurren a la Justicia para alguna maniobra política, el mensaje debe seguir siendo que la defensa de la propiedad privada está siempre por sobre la defensa de la vida del proletariado. Cuando en 1987 se declaró en la Argentina la Ley de Obediencia Debida, que impedía el procesamiento de los soldados por debajo del rango de coronel que habían participado de las torturas, asesinatos y desapariciones... ¡los únicos juicios que se continuaron contra ellos fueron los casos de robo hacia los mismos desaparecidos y asesinados! Para que nos quede bien clarito que en esta sociedad las cosas importan mucho más que las personas.

Volviendo a Brasil, mientras muchos ojos están puestos en las próximas elecciones y el encarcelamiento de uno de los principales candidatos, nosotros volvemos a recordar aquellos meses de agitación y revuelta que se desencadenaron en 2013 en respuesta al aumento del precio en el transporte público, así como frente a los gastos excesivos y las consecuencias de los megaeventos deportivos de la Copa Confederaciones de 2013, la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.(1) Una vez más, es necesario hacer memoria y tomar nota de lo que también somos capaces como clase para retomar la lucha revolucionaria en momentos de deriva como el actual.

Nota al pie:
(1) Recomendamos los artículos sobre el tema: Brasil: ¿Disturbios sin sentido? y ¡Não vai ter copa! de los nros. 9 y 17 de La Oveja Negra.

martes, 10 de junio de 2014

¡NÃO VAI TER COPA!

Las crecientes movilizaciones en Brasil están poniendo seriamente en duda el normal desarrollo del mundial de fútbol a pocos días de su inicio. Las protestas en varias ciudades, sobre todo en las anfitrionas del mundial, no se han detenido desde su comienzo en mayo de 2013 y comienzan a retomar fuerza. El nro. 9 de esta publicación lo dedicamos a esta ola de protestas desatada principalmente por el aumento del transporte y los desorbitantes gastos ocasionados por el mundial, así como la avanzada represiva de los últimos años en las favelas y los desalojos en las ciudades anfitrionas. También remarcábamos, asumiendo la lucha del proletariado en Brasil como propia, cómo esos reclamos, inicialmente con claros matices ciudadanistas, en muchos casos abrieron rápidamente paso a la generalización de las reivindicaciones y la violencia, rompiendo con las limitadas consignas iniciales y reconociendo en sus luchas los intereses mundiales que tenemos los proletarios como clase. En aquellos días podíamos leer en algunos carteles y banderas consignas como «Brasil/Turquía estamos juntos», «somos griegos, turcos, mexicanos... no tenemos patria... somos revolucionarios».

En estos años de aparente paz social, siempre sorprende la rapidez con que el proletariado logra tomar las calles y romper con muchas de las típicas canalizaciones burguesas como el sindicalismo, el politicismo o el nacionalismo. (1)

De todas formas, para nada podemos afirmar que sea algo generalizado. «Não vai ter copa» (no va a haber copa) es la consigna más popular bajo la cual salen actualmente a la calle miles de proletarios en Brasil, pero tras ésta los motivos son muy diversos. En esta nueva ola de protestas previas al mundial podemos ver cómo, en muchos casos, se vuelve a caer en el típico politicismo y reformismo, en la tan de moda “indignación”.

Con los estadios ya construidos, inversiones que podrían superar los 20 mil de millones de dólares, obreros muertos, miles de asesinados en las favelas a manos de las fuerzas represivas, todavía hay quienes tienen ganas de reclamarle derechos al Estado, de pedir una eficiente utilización de los recursos en salud y educación. «Sin derechos no hay copa» es una de las consignas promovidas por quienes sólo ven en el mundial una gran oportunidad para arrancarle migajas al Estado. Una vez más, el capitalismo pareciera funcionar mal por culpa de unos malvados políticos y unos oscuros organismos internacionales. Una vez más, el problema no sería la producción con miras a la ganancia sino cómo ésta se distribuye.

Es posible que de no aflojar las movilizaciones el Estado no pueda continuar con su política meramente represiva y comience a ceder un poco frente al temor de un papelón de cara al resto del mundo. También es posible, aunque menos probable, que el Estado no solo militarice, reprima y asesine en las favelas como viene ocurriendo sino que pase a enfrentar directamente las protestas. Recordemos la masacre de los juegos olímpicos de México DF 1968, cuando se ahogó en sangre el grito de «¡No queremos olimpiada, queremos revolución!» con cientos de muertos en los días previos al inicio, a manos del Batallón Olimpia, fuerza creada especialmente para la ocasión. Frente a todo esto es necesario que las protestas se generalicen, que se logre romper con las fronteras y las canalizaciones burguesas, extendiendo la revuelta y asumiendo que la necesidad de revolución es inseparable del resto de nuestras necesidades.

Lo que no deja de sorprender, más allá de las grandes limitaciones mencionadas, es que este masivo rechazo al mundial se haya podido dar en Brasil, país futbolero por excelencia. Los organizadores se muestran convencidos de que la «pasión por el fútbol» será más fuerte. A comienzos de enero de 2014, inquieto por los retrasos acumulados en la preparación del mundial de fútbol, Joseph Blatter, presidente de la FIFA, declaraba lo siguiente: «Yo soy un optimista, no un miedoso. El fútbol será protegido, no creo que los brasileños ataquen directamente al fútbol, porque para ellos es una religión». Por su parte, el coordinador técnico del seleccionado carioca, Carlos Alberto Parreira desestimó las protestas pues aseguró que en cuanto comience el mundial el pueblo apoyará al equipo: «Tengo absoluta certeza que la selección es un patrimonio cultural y deportivo del pueblo brasileño, que la apoyará durante el torneo». Los manifestantes se burlan de ellos y, hasta el propio rei Pelé, se convirtió en uno de los blancos predilectos después de que declarase «Vamos a olvidar toda esa confusión que está sucediendo en Brasil y vamos a pensar que la selección brasileña es nuestro país, es nuestra sangre», y que minimizace las muertes en “accidentes” laborales ocurridas en la construcción de los estadios.

La corrupción en el deporte y su utilización política y económica son ya conocidos por cualquiera, así como las necesidades represivas y los enormes gastos que requieren estas celebraciones burguesas. Jérôme Valcke, el secretario general de la FIFA, es sincero al respecto: «Voy a decir algo demencial, pero a veces, para organizar un mundial de fútbol es preferible un nivel menor de democracia. Cuando hay un jefe de Estado fuerte y con capacidad de decisión, como ocurrirá con Putin en 2018, para nosotros, los organizadores, será más fácil negociar a varios niveles». Blatter no se quedó atrás y apoyó las declaraciones de su secretario general e incluso, yendo más lejos, recordó que la copa del mundo de 1978 en Argentina fue «una forma de reconciliación del público, del pueblo argentino, con el sistema, con el sistema político, que en aquella época era un sistema militar», y se felicitó a la vez por el éxito de su organización. No debe existir manera más gráfica de comprender la relación entre el espectáculo deportivo y la opresión que recordando cómo los gritos de gol en el Monumental ahogaban los gritos de los torturados en la ESMA a unas cuadras de distancia.

Volviendo a los futuros mundiales, los dirigentes de la FIFA están tranquilos y orgullosos de las sedes elegidas, tanto por Rusia en 2018 así como por Qatar en 2022. Esta pequeña monarquía del medio oriente, con la renta per cápita más alta del planeta (del cuarto de su población que son ciudadanos), vive de la explotación de los yacimientos de petróleo y gas de su región, empleando principalmente mano de obra extranjera. Este país, cada vez más influyente en la política internacional de la región, ha intervenido en las revueltas de la Primavera Árabe apoyando económicamente a los sectores burgueses más liberales. En pleno apogeo, Qatar se mofa de su progresismo mientras que las terribles condiciones de trabajo en la construcción de los estadios mundialistas ya han dejado un saldo de más de 1200 muertos. ¡Sí! 1200 trabajadores provenientes de India, Nepal y Tailandia murieron y mientras tanto, muchos otros continúan trabajando en condiciones esclavistas con los documentos retenidos por sus empleadores, viviendo en los lugares de trabajo sin las mínimas condiciones de higiene, sufriendo jornadas de 12 horas a 50 grados de temperatura.

Desgraciadamente, estas noticias nos llegan por la misma burguesía que nos mata, sin poder contar con una información de primera mano respecto a esta terrible situación. Frente a las denuncias realizadas por medios y organismos internacionales la FIFA ha salido a dar algunas tibias declaraciones, alegando que no puede intervenir en las políticas laborales de un Estado. Nos interesa muy poco lo que haga o no la FIFA, pero todo este cinismo nos retuerce las tripas porque, mientras esto ocurre, lo que sí discute la FIFA es la necesidad de modificar para Qatar 2022 la fecha en la que se realizan habitualmente los mundiales debido a las altas temperaturas en este país en verano que pueden afectar a jugadores y turistas. Los organizadores en

Qatar responden asegurando que sus estadios de muerte estarán climatizados.
Podríamos seguir con innumerables ejemplos históricos de mundiales, olimpíadas y demás certámenes deportivos repletos de sangre y miseria, pero nos surge una pregunta fundamental que no queremos esquivar: ¿Se trata de una mera utilización capitalista del deporte? ¿O es el deporte también un producto de la sociedad capitalista inseparable de ella?

El sentido común nos habla del deporte como un inocente juego. Los deportes en sí no serían el problema sino su utilización por parte de políticos y burgueses. La política y la ganancia han venido a corromper una supuesta actividad natural del hombre. Se opone el deporte–espectáculo, el profesionalismo, a un inocente amauterismo o a una práctica popular desarrollada por cualquiera. Pero, ¿cómo nace el deporte? ¿Cuáles son sus raíces sobre las cuales surge el profesionalismo y esas grandes mafias?

Para perpetuar su dominación la burguesía necesita mitificar muchos de los hábitos actuales, ocultando o tergiversando el origen de un montón de prácticas y relaciones humanas. Patear un objeto cualquiera es algo tan instintivo que entonces, según su lógica, lo que hoy podemos considerar como fútbol tendría orígenes milenarios. Pero pensar las cosas así es ridículo. Por empezar, en los juegos de antaño, la gran mayoría de las separaciones actuales eran irrisorias: los límites espacio–temporales, las reglas estrictas, los equipos bien definidos, los espectadores, los puntajes, así como las instituciones que reglamentan todo aquello.

Lo más cercano al fútbol en la Edad Media era un juego en el que decenas, cientos o incluso miles de personas hacían rodar un balón de cuero con los pies en un campo abierto, a partir de lo cual surgían situaciones de lo más diversas.

El deporte surge en oposición al juego, y es con el ascenso de la burguesía que multitud de juegos tradicionales fueron suprimidos o reformados como deportes. En este sentido, podemos observar históricamente cómo trabajo asalariado y deporte son indisociables, cómo su desarrollo es el desarrollo del capitalismo. La competencia, la disciplina, el sacrificio y demás valores deportivos, son esencialmente los valores de esta sociedad. Lo que producen el deporte y la educación física son fundamentalmente rendimientos y récords, es decir, datos computables, cosas. Tal como ocurre con la producción de las demás mercancías lo importante es la cantidad en detrimento de la calidad. Así los deportistas son exprimidos al máximo, como en las mejores fábricas.

En los juegos tradicionales lo que mayor satisfacción proporcionaba a los participantes no era la obtención de la victoria, el premio o una posible ganancia, sino la diversión y el placer que suscitaba el propio juego, habitualmente asociado a la taberna, la fiesta y la calle.

Frente a los anteriores elementos lúdicos el deporte presupone la aceptación de un conjunto de reglas inviolables que los asfixian. En el juego, dado que el “resultado material” no es lo decisivo, es perfectamente posible que ambas partes sean desiguales y se constituyan de forma accidental, como también puede darse el caso de que una persona o un grupo de personas desafíe a todas las demás. El punto de partida del juego es un desequilibrio fundamental, pero no se trata de una deficiencia, sino de su esencia misma. En el deporte, por el contrario, siempre tenemos dos partes formalmente “iguales” que luchan por la obtención de un resultado “justo” y reglas que pretenden establecer y garantizar un equilibrio que conduzca a ese resultado justo. La igualdad democrática, que no es más que la libertad de compradores y vendedores de enfrentarse en el mercado en “igualdad de condiciones”, encuentra en el deporte un notable reflejo.

Este tipo de análisis históricos no deben llevarnos a mitificaciones o defensas del pasado, ni tampoco deben entenderse como una propuesta alternativa al deporte. De lo que se trata es de comprender las limitaciones de las diversas actividades que realizamos actualmente. Cuando profundizamos en esas limitaciones, enseguida vemos que no son aspectos de la vida que podamos transformar voluntaria e individualmente sin revolucionar las actuales condiciones de vida.

Podríamos dejar de comer tanta basura, buscar más contacto con la naturaleza, generar alternativas lúdicas, etc., etc., etc. En realidad, con suerte solo podremos hacer alguna de ellas durante algún tiempo, a costa de sacrificar otros aspectos de nuestras vidas y, claro está, del sacrificio de muchos otros. La que se mantendrá intacta es una vida basada en la separación. Separados nosotros mismos y de los demás.

Cada vez que se trata de pensar en una sociedad distinta se suele caer en pensar lo “bueno” de este mundo separado de lo “malo”. La revolución es algo bien diferente. Se trata de criticar desde la raíz la sociedad existente y de tirar abajo todo lo que se considere necesario en dicho proceso.

En esa apasionante búsqueda no sabemos qué quedará de lo que actualmente conocemos como deporte, pero es fundamental comenzar a reconocer sus limitaciones para poder superarlo. Creemos que el proletariado en Brasil ha iniciado ese camino. ¡No va a haber copa! ¡Extendamos la revuelta!

1 Recomendamos al respecto el último número de la revista Comunismo: Brasil. Protesta social y contrarrevolución, disponible en internet y en la feria de la biblio.

domingo, 28 de julio de 2013

BRASIL: ¿DISTURBIOS SIN SENTIDO?

La lucha contra la suba del precio del transporte público en Brasil tiene ya más de 100 años, siendo una de las históricas luchas del proletariado de dicho país. El origen más próximo de la actual revuelta se ubica en las protestas del 2004 que fueron creciendo en convocatoria y radicalidad. En este año se agregan a las protestas el Mundial de Fútbol 2014 y las Olimpíadas 2016 que han generado una verdadera catástrofe social. Repasemos algunos datos:
  • El costo total del Mundial será de 33.000 millones de dólares.
  • Se desalojarán en total 170.000 personas para la construcción de estadios (algunos que no se volverán a usar), aumentando a su vez los alquileres en la zonas cercanas a ellos.
  • 1.800 millones de dólares es el presupuesto para seguridad, casi 50 millones solo en gases lacrimógenos.
  • Mientras dure el Mundial la FIFA manejará 2 km² alrededor de los estadios controlando la circulación y que se vendan solo productos de auspiciantes oficiales, por lo que ya se desplazaron 1.000 vendedores ambulantes, previendo que la cifra llegue a 100.000.
  • El tráfico de niños para el turismo sexual ya ha comenzado a aumentar desde el interior hacia las capitales del Nordeste; así como también han aumentado los implantes de siliconas y las clases de inglés entre las prostitutas.
Los gastos y consecuencias de estos espéctaculos deportivos y el aumento de 20 centavos de real en los colectivos catapultaron la rebelión, que pronto estalló en 90 ciudades del país, donde se ve una gran masa de gente volcada a las calles, desde ONGs con sus discursos ciudadanistas y reformistas hasta sectores radicales, no necesariamente militantes, que reconocen cuál es el enemigo y no dudan en atacarlo.

El 28 de mayo en Goiânia se produce la primera manifestación violenta hasta ese momento. Se atacan los colectivos prendiéndolos fuego y se reprime ferozmente.

El 1 de junio en San Paulo entra en vigor el nuevo precio de la tarifa del colectivo: de 3 reales a 3,20. El 6 de junio se reprime a los autoconvocados contra el aumento, acelerando el camino hacia la revuelta. A partir de ese momento las manifestaciones y marchas empezarán a crecer en todo Brasil y se hacen casi diarias.

El 17 de junio en Río de Janeiro durante la concentración frente a la Asamblea Legislativa, se ataca con petardos a la policía que custodiaba el edificio. Los pacifistas gritan a coro “¡Sem Violencia!” para despejarle dudas a las fuerzas represivas de quienes eran los manifestantes que atacaban. A pesar de esto los revoltosos avanzan tumbando las vallas y la policía retrocede a esconderse dentro de la Asamblea, lo que hierve aún más los ánimos y se produce una corrida hacia la puerta prendiéndola fuego con molotovs y golpeándola con las mismas vallas o a patada limpia. Cerca de allí también un grupo de manifestantes logra no sólo hacer retroceder a la policía, sino, ésta vez sí, rodearla y golpearla. En ese mismo momento en Brasilia es tomado el Congreso Nacional de Brasil, burlando su diseño urbanístico, que pretendía, entre otras cosas, disuadir protestas.

El día 20, un millón de personas sale a las calles de todo Brasil. Se producen violentos disturbios en Salvador de Bahía, fuera del estadio donde jugaban Uruguay y Nigeria por la Copa Confederaciones,  en el marco de una marcha que convoca a 10.000 personas. Ese día 14 ciudades suspenden la suba del boleto.

El 22 se producen nuevos violentos disturbios esta vez en Belo Horizonte, donde se atacan concesionarias y, otra vez, la policía tiene que retroceder ante los ataques proletarios. Hay saqueos y en la periferia se quema un colectivo. Trasciende en los medios masivos el rumor de que el Mundial se podría llegar a suspender y realizarse en México.

El 26 los habitantes de las “Favelas da Maeré” en Río de Janeiro expulsan al BOPE (Batallón de Operaciones Especiales de la Policía Militar, grupo de élite de la policía brasilera).

Al 30 de junio seis son las víctimas fatales de la represión.

Los sindicatos reaccionan y llaman a una huelga general para el 11 de julio intentando aprovechar y canalizar las protestas.

En todo Brasil al momento se observan asambleas de barrio en las calles o en las universidades, manifestaciones y enfrentamientos aún en poblaciones chicas.

La mente política hierve al tratar de categorizar las protestas y los disturbios que se están dando en la región dominada por el Estado brasilero. Su problema es que muchos de quienes se encuentran en las calles no hablan el lenguaje político que los especialistas gustan interpretar y traducirnos. Muchos de quienes se encuentran en las calles nos recuerdan algo que solemos olvidar: la celebración de la vida frente a un mundo que se ha vuelto una cosa o una mera suma de cosas. Los desobedientes danzan junto al fuego mientras confraternizan en este mundo de aislamiento, mientras se imponen al espíritu del dinero, mientras los policías huyen.

La mente económica lee los carteles cercanos a las banderas de los fanáticos patriotas o de quienes suponen inocentemente que la bandera “nos representa a todos”, esos carteles que piden más de lo mismo pero mejor... lo cual no deja de ser más de lo mismo. Pero hay muchos otros que no llevan banderas de países, incluso a veces las queman, y no llevan pancartas con frases. Tampoco aguardan en silencio y sus actos hablan por sí mismos. No se trata de una suba de pocos centavos en la tarifa de transporte, se trata de pagar para transportarse, de transportarse para trabajar y de trabajar para pagar ese transporte ¡qué para colmo aumenta! ¿Cómo los disturbios no van a comenzar con ese pequeño detalle? Si en cada detalle se encuentra una muestra de toda nuestra vida cotidiana subordinada al dinero. ¿Quién no comprende que se comience protestando por el boleto y se termine por destrozar un cajero automático? Seguramente los dueños, o quienes no son dueños de nada pero que han aprendido a pensar como ellos.

La mente policial se desespera. «Las protestas no tienen líderes ni cadena de mando. Las movilizaciones rara vez tienen una estructura organizativa o líderes claramente definidos», aúllan y se lamentan los periodistas junto a los otros perros guardianes del orden. «No hay con quién negociar ni a quién encarcelar. La naturaleza informal, espontánea, colectiva y caótica de las protestas confunde a los gobiernos. ¿Con quién negociar? ¿A quién hacerle concesiones para aplacar la ira en las calles? ¿Cómo saber si quienes aparecen como líderes realmente tienen la capacidad de representar y comprometer al resto?» escribe un periodista de El País, sin embargo es el cerebro del Estado quien dicta.

La mente de la política razonable babea imaginando armar un Frente, una Organización, con aplicar el chaleco de fuerza de la ideología a las personas llenas de vida que se encuentran en las calles, que se saludan a kilómetros de distancia con sus acciones rebeldes. Fantasea con poder hacer los reclamos “menos excesivos”, “más razonables” para poder dialogar con el Estado, en el lenguaje del Estado, en el lenguaje de la política. Hablar de igual a igual con el Estado es imposible, se puede hablar en su mismo lenguaje, pero para ello hay que entrar en su lógica donde las necesidades son convertidas en derechos y deberes, las decisiones en consenso y votaciones, y donde renunciamos a nuestras capacidades como seres humanos para entregarlas a las instituciones democráticas.

La mente civilizada quiere convertir el asco a la vida mercantilizada en un mero desagrado ciudadano a los excesos de los empresarios. Quiere convertir el asco al gobierno en la creación de un nuevo partido político para las próximas elecciones, quiere convertir a la solidaridad en una ONG y la violencia callejera en un “ejército del pueblo”.

La mente de la nueva política quiere mantener cada cosa en su lugar, y a los oprimidos como cosas en su lugar, para que luchen por detalles sin poder cambiar nada de raíz. Los bienpensantes expertos de la democracia se especializan en sacar por la puerta lo que en poco tiempo van a volver a hacer entrar por la ventana. En una lógica interminable donde los problemas del pasado son las soluciones del presente o a la inversa.

La mente conformista se queda en la casa y rezonga. Se queja cuando es enfrentado el monopolio de la violencia del Estado, sufre por los símbolos del Capital dañados. Señalaría a los desobedientes  pero es cobarde hasta para eso y se desahoga opinando: «este gobierno roba pero hace», «pobreza hubo siempre», «esto siempre fue así».

La mente competitiva que encuentra su deleite en el deporte y los negocios no puede salir de su asombro, los desobedientes ponen en duda los beneficios del deporte y los negocios al protestar contra el mundial ¡ponen en peligro la copa mundial de fútbol! Esa copa amiga de dictaduras cívico-militares, que desaloja barrios enteros de todo el mundo para realizarse, que brinda la posibilidad a los Estados anfitriones de invertir en control y represión, que exacerba el estúpido nacionalismo y nos propone admirar a unos millonarios deseando ser como ellos.

Mientras tanto hay cuerpos que danzan y danzan. Cuerpos negros y blancos, de cualquier sexualidad, de todas las edades, de aquí y de allá. Enfrentan a la policía porque es la cara del Estado que siempre han visto, atacan a los símbolos del capitalismo y a la mercancía porque es el rostro que más recuerdan del Capital. Es probable que si no ponen en palabras sus reclamos se entremezclen los nacionalistas, la oposición política que quiere sacar tajada y los oportunistas de cada ocasión. Pero también existe el riesgo de que si comienzan a hablar terminen haciéndolo en el lenguaje del Estado y el Capital para pedir reformas parciales.

Mientras tanto los cuerpos se reconocen entre sí, en la crítica en actos a esta sociedad. Y al golpear toman conciencia de su propia fuerza, de sus posibilidades como algo más que una suma de individuos. Y nos tiran por la cara que es posible detener la marcha fúnebre del Capital, interrumpiendo esa normalidad capitalista que los poderosos nos refriegan como una característica natural del planeta.

Es en estos disturbios y manifestaciones donde el espacio urbano que habitamos se trastorna. Las personas ya no caminan por el estrecho margen de las veredas con la mirada solitaria y desconfiada, sino en conjunto, riendo, cantando, reconociéndose en el otro, atacando y defendiéndose de la policía que busca disuadirles de todo aquello. Ya no son los autos los que atropellan a las personas, sino las personas quienes pasan por encima a los autos. Las vidrieras que nos separan de aquello que estamos obligados a producir y comprar ahora estallan al primer golpe. La cartelería publicitaria que nos bombardea se destruye y se usa para obstaculizar el paso a los policías o se cubre de graffitis dando paso al ingenio y a las reivindicaciones combativas. Los monumentos de los próceres asesinos que nos vigilan día y noche con sus miradas de piedra se pintan, escupen,  tapan e incluso se tumban. Las plazas, los últimos espacios verdes que acostumbramos a ver, ya no sirven sólo para el esparcimiento que nos impone la dictomía ocio/trabajo, ahora son el lugar de asambleas para decidir que acciones llevar a cabo y conocernos entre todos.

Toda ruptura de la normalidad encarna desafíos, toda expresión de personas asqueadas de esta forma de vivir el mundo puede ser parcial y limitada. Sin embargo, es en esos momentos donde se pueden romper los límites y afrontar los peligros que supone seguir sobreviviendo así.