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miércoles, 19 de febrero de 2025

EL GÉNERO EN CRISIS

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Hay una “crisis del género”, o al menos las categorías de género y sus respectivas asignaciones son profundamente cuestionadas y reformuladas. Esto genera fuertes cimbronazos en una sociedad en la cual la división sexual hombre/mujer es determinante en la organización del trabajo y define quiénes somos y qué se espera de nosotros.

El movimiento de mujeres y disidencias, los estudios de género y el reconocimiento de diversas identidades desafían las normas tradicionales o ya no tan tradicionales. Como veremos, no se trata simplemente de “agencia” y libertad de elección de los individuos sino de determinaciones sociales propias del modo de producción capitalista y por tanto de la forma en que reproducimos la sociedad.

Podemos hablar de “crisis”, no en el sentido de un colapso o un problema irresoluble. Estamos experimentando una transformación profunda en la manera en que la sociedad entiende el género. Esta transformación, además de cambios personales, odios y tensiones, permite profundizar en la comprensión de la sociedad y las posibilidades actuales de su superación. Y, más acá de su eventual superación, cabe preguntarnos: ¿vamos hacia una sociedad donde el género se amplía y diversifica, o hacia una en la cual simplemente dejaría de ser una categoría definitoria, tal como es ahora?

Al indagar en cómo las características femeninas y masculinas han estado sujetas a cambios durante el transcurso de la historia, nos aproximamos a comprender el género como el anclaje de cierto grupo de personas a una esfera específica de actividades sociales. Las características que definen al “Hombre” y a la “Mujer” son modelos ideales; en el mundo hay hombres y hay mujeres, aunque no solamente.

«La asignación de ciertas labores a un determinado grupo de personas definido según su capacidad reproductiva es lo que ha constituido históricamente a las mujeres, y a quienes no la tienen como hombres. Es esta división social en dos sexos la que ha creado lo que conocemos como sexo biológico, que naturaliza lo que se ha construido socialmente.» (La Oveja Negra nro. 88, «1° de mayo contra el trabajo»)

El género como ideología

«“Ideología de género” es lo que viene denominándose, errónea, despectiva e inquisitorialmente por sectores reaccionarios, a la puesta en crítica y actualización de las tradiciones, usos y costumbres en relación a lo sexual. Con esta definición, intentan atacar al movimiento de mujeres, a quienes no se ajustan a la heterosexualidad, a la educación sexual en las escuelas y fuera de ellas, así como cualquier expresión, tanto reformista como revolucionaria, que atente contra su terrorismo antisexual, normalizador, familiero y heterosexista. Ironías de la vida, son justamente aquellos que la señalan como un peligro quienes defienden algo que podría denominarse más cabalmente como “ideología de género”.» (Contra el liberalismo y sus falsos críticos, Lazo Ediciones, 2023)

Hablamos de ideología en tanto conjunto de ideas y creencias que pretenden ser objetivas, aún cuando se trata claramente de valoraciones morales más o menos explícitas. Pero la ideología no es un engaño y una ilusión, no es una comprensión equivocada de la realidad para tenernos dominados o sumisos: es un conjunto de creencias prácticas que funcionan para reproducir las relaciones de producción existentes. El género tradicional, la vieja ideología, comienza a no funcionar en algunas situaciones, así como otras formas novedosas de género ya funcionan.

La pregunta es por qué la obsesión reaccionaria con el género. ¿Por qué aparece esta respuesta ante los cambios inevitables que está sufriendo el ordenamiento sexual en nuestra sociedad? ¿Qué hay puntualmente en la crisis del género que tanto les perturba?

Ante las transformaciones, la reacción natural de los conservadores es justamente conservar, no aceptar. Hay en las modificaciones al interior del género algo que les obsesiona: que los homosexuales estarían a un paso de ser pedófilos, que no saben qué tiene tal o cual persona entre las piernas y quieren saber, que hombres eran los de antes, que las mujeres de ahora no son suficientemente femeninas, que alguien debe pensar en los niños, etc., etc., etc.

No comprenden que el género y la familia son transformados por la propia dinámica capitalista y no por la “ideología woke”. El género no tambalea debido a los “estudios de género”, los jóvenes no binaries o personas trans. Desde hace décadas, es un secreto a voces que respetables padres de familia pagan para tener sexo con mujeres trans, y no con fines de deconstrucción precisamente... Los abusos sexuales a menores son mayoritariamente realizados por hombres hetero, “hijos sanos del patriarcado”. Las intervenciones hormonales son moneda corriente entre las adolescentes e incluso entre deportistas; el problema para muchos es cuando se destinan a transiciones.

La inmutabilidad del sistema de sexo-género se cayó a pedazos. Todo esto convive con la apología de la familia, desde los ídolos deportivos de la selección nacional de fútbol y sus fans, hasta las defensas de youtubers de derecha ya entrados en años, pero aún solteros y sin hijos. Nuevamente los modelos ideales: por un lado “la Familia”, y por el otro las familias. Lo que une a toda la derecha, sea liberal o proteccionista, católica, protestante o sionista, no es solo el terror a los cambios en el género, sino también el idealismo. La conciencia determina al ser nos dicen. Y por eso buscan conspiradores y le agregan un “ismo” a cada aspecto que critican: globalismo, wokismo, homosexualismo, etc. Buscan llevar la discusión a su propio terreno celestial, insisten en llamar ideología a las transformaciones sociales y a lo que piensan los demás, y defienden como natural su propia ideología.

En el contexto actual, en el que la sociedad capitalista enfrenta dificultades para su reproducción a partir de las transformaciones que rigen su dinámica desde hace medio siglo, las “nuevas derechas” apuestan a “la batalla cultural”. Así, a “ideología de género” suman “marxismo cultural” y la ecuación está completa. El resultado se supone que es el malestar en el cual nos encontramos. Podemos resumir brevemente que antifeminismo y anticomunismo es lo que une a toda la derecha, sean proteccionistas o liberales, fanáticos religiosos o agnósticos. Sin embargo, el anticomunismo es también propiedad de la izquierda y, por tanto, lo es en gran medida la incomprensión cuasireaccionaria de las cuestiones de género.

¿Un género antifascista?

Del mismo modo que ya es insostenible el binarismo en cuanto al género, también es imposible pensarlo políticamente. La escisión derecha/izquierda, a estas alturas, se cae a pedazos. Es hora de admitir las disidencias y aceptar que más que una oposición se trata de una alternancia.

Luego del repugnante, aunque esperable, discurso de Milei en Davos se generalizó una consigna: “solo existen dos géneros: fascista o antifascista”, con la cual también preferimos disentir. Porque así como hay conservadores en lo político y liberales en lo económico, resulta que hay nobinaristas de lo sexual que son binarios en los político.

A mediados del año pasado publicábamos un libro titulado Fascismo/Antifascismo, y desde Cuadernos de Negación, en el epílogo decíamos que «asistimos a una sobreactuación del “riesgo totalitario” con el solo objetivo de disputar el comando de los Estados democráticos, a ambos lados del centro. (…) Luchar contra quienes hoy gobiernan tachándolos de fascistas no hace más que pedir más democracia, y no ha hecho más que colocar en el gobierno a los progres que los relevan para que luego vuelvan los “fascistas”. Los ejemplos en Argentina son claros y en Chile nos deslumbran. Bachelet y Boric han aplicado leyes que la derecha no podría haber impuesto. En manos de Piñera serían fascistas las leyes que absuelven carabineros asesinos o les permiten disparar sin aviso, en manos de los “socialistas” es orden.»

Por su parte, Milei está haciendo lo suyo por la democracia. Canalizó toda la rabia antipolítica hacia el gobierno y el Estado manteniendo el orden democrático y la paz capitalista.

Género, trabajo y población

Para profundizar en la cuestión de género es necesario abordarla en su relación con el trabajo y la población. Las luchas en curso dan mayor relevancia al cuestionamiento de diferentes aspectos de la reproducción social, en relación a las del movimiento obrero clásico que estuvieron principalmente situadas en torno a la explotación del trabajo asalariado y en las que la perspectiva de lucha se mantuvo ligada a su disminución o la gestión del mismo, su regulación, su distribución, la toma de los medios de producción, etc. Tras la derrota de las expresiones revolucionarias de las primeras décadas del siglo XX y las transformaciones de la sociedad capitalista que le siguieron, surgieron hacia fines del mismo nuevas expresiones de lucha en un escenario diferente. Los cambios en los procesos de trabajo y las modalidades de explotación del trabajo asalariado, que siempre será central mientras exista capitalismo, modifican la forma en que se reproduce la fuerza de trabajo. Las luchas son inseparables de estos cambios.

La capacidad de gestar y parir ya no implica necesariamente la obligación de hacerlo, ni determina la manera en que se realiza la crianza, las subjetividades y tareas que deben realizar las personas que tienen la capacidad y las que no, ni los vínculos entre las mismas. Útero no es sinónimo de mujer, y mujer no es sinónimo de madre. Con los grandes cambios que referíamos es más evidente que la división entre sexos está construida socialmente, esto es lo que comúnmente se entiende por género. Y a su vez, es criticada la noción misma de sexo que naturaliza esta separación.

Por su parte, la población no es simplemente el conjunto de personas que se encuentran en un momento y lugar determinado. La población no es un hecho natural. Su producción y reproducción son producto histórico de las relaciones de clase, que incluye una relación de y entre sexos, de y entre diferentes edades. Cada modo de producción supone un desarrollo particular de su población tanto en su cantidad como en sus características. Su reproducción se encuentra hoy determinada por el Capital: sus alegrías, tristezas, enfermedades, sexualidad, salud, los modos de regular su cantidad y sus formas de vivir o morir no pueden ser entendidas separadas de la dinámica social de la que formamos parte. La explotación sobre la que se basa la división en clases necesita de la división de género, lo cual implica determinaciones específicas sobre quienes se encargan de la reproducción de la población.

En todos los modos de producción, el aumento de la explotación ha requerido del aumento de la población. Pero con el desarrollo del capitalismo esto ha empezado a modificarse. La transformación de los procesos de trabajo y de las formas de explotación del trabajo asalariado modifican la reproducción de la fuerza de trabajo, prolongando la esperanza de vida, disminuyendo los niveles de mortalidad, extendiendo el tiempo disponible para el trabajo más allá de la crianza, y disminuyendo a su vez las tasas de natalidad en el mundo de manera acelerada, sobre todo en los países más desarrollados. La última reestructuración capitalista impuso a su vez la flexibilización generalizada de las condiciones laborales. Es en este marco que se hace masiva la incorporación de las mujeres al mercado de fuerza de trabajo, negando de manera cada vez más profunda el hogar y la crianza como destino.

Los grupos religiosos, curiosamente llamados “provida”, alertan: «La Argentina se está despoblando: en 2023 nació un 40% menos de niños que hace una década». En verdad, la población aún crece, solo que a un ritmo más lento por la disminución de la natalidad y podría empezar a reducirse en 20 o 30 años en caso de mantenerse la tendencia. Sin embargo, la población aún parece crecer muy por encima de la necesidad de fuerza de trabajo del Capital, que no se preocupa tanto por el nivel de natalidad de las mujeres como por el de su explotación asalariada. El aumento o descenso de la población mundial tiene que ser comprendido en el contexto de la dinámica de la acumulación capitalista y sus necesidades de fuerza de trabajo. No hubo una conspiración en los albores de la revolución industrial para que crezca la población: Manchester, por ejemplo, a partir de la introducción de la máquina de vapor y el telar mecánico, pasó de tener 40 mil habitantes en 1760 a 75 mil en 1800, y en 1850 su población era ya de 400 mil personas.

Al menos en los países de Occidente, se han relajado ciertas políticas que apuntalaban el crecimiento poblacional sin que necesariamente se apliquen nuevas políticas en el sentido opuesto, como ocurrió en China con su política del hijo único. Las modificaciones en los requerimientos de la fuerza de trabajo promovieron cambios en los modos de reproducirse. De este modo, se incrementó la soltería, se retrasó la edad de matrimonio, se postergó el primer (y quizás único) hijo, se hizo masivo el uso de la pastilla anticonceptiva y se multiplicó la diversidad en torno a lo sexual.

Reflexión aparte merecería la relevancia de la “liberación sexual” en la dinámica de reproducción de la fuerza de trabajo. El viejo movimiento obrero buscaba la emancipación de las mujeres, económica y sexual, sin poner en duda la categoría “mujer” (mucho menos la categoría “hombre”), la naturalización del sexo biológico, la maternidad, ciertos rasgos de la femineidad.

La disputa por mejorar las condiciones de vida de las mujeres a lo largo de la historia de la sociedad capitalista ha puesto en tensión qué significa ser mujer, hasta el punto en que nos enfrentamos directamente a la pregunta: ¿qué es la mujer?

Más allá de los discursos

El Capital es una contradicción en proceso, pero no en términos discursivos o morales, como generalmente se piensan las “contradicciones”. Es contradictorio porque tiende a reducir a un mínimo el tiempo de trabajo, mientras que por otra parte pone al tiempo de trabajo como única medida y fuente de la riqueza; porque presiona por la universalidad indistinta y abstracta de los individuos mientras necesita de la división sexual del trabajo. Quiere la distinción de género y quiere la universalidad del individuo abstracto y libre. Quiere la familia como lugar privado de reproducción de la fuerza de trabajo y a su vez la destruye. Es el propio Capital el que deconstruye el género y lo desnaturaliza, al tiempo que lo conserva y retiene las tradiciones en su propio desarrollo.

Es en estas circunstancias que hablamos de la comprensión del modo de producción capitalista y la posibilidad de su superación, o al menos de luchas en pos de esa finalidad: abolición de las clases y del género. Es necesario pensar la cuestión de la mujer, la cuestión de las disidencias ¡y la cuestión del hombre y la masculinidad!, más allá de sus manifestaciones y posibilidades de transformaciones individuales e inmediatas. Sin división sexual del trabajo, ¿qué sentido tiene la división sexual binaria y todas las identidades que la rodean?

Si asumimos, como dijimos al comienzo, que la división del género no es más que el anclaje de cierto grupo de individuos a una esfera específica de actividades sociales y que el trabajo es la separación de los seres humanos de los medios de reproducción de sus vidas, hablamos entonces de la posibilidad del comunismo y la anarquía como abolición de las clases y del género tal como los conocemos.

* * *

Próximamente ampliaremos estas reflexiones con la publicación de Cuadernos de Negación nro. 16: Notas sobre aborto, género y población.

sábado, 29 de abril de 2023

1° DE MAYO CONTRA EL TRABAJO

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En un nuevo aniversario del 1° de mayo insistimos con una despiadada crítica del trabajo. Sin dudas se trata de una provocación. Pero una provocación justificada, necesaria y revolucionaria que sostenemos desde hace al menos veinte años en cada conmemoración de esta fecha de memoria y lucha. La primera vez que lo hicimos público fue la mañana del 1° de mayo de 2004 en la Plaza de la Cooperación (Rosario):

«El trabajo no dignifica, mortifica. Gastar sueldo dignifica, competir dignifica, sobre esforzar el cuerpo dignifica, sobre esforzar la mente dignifica, no estar con los seres queridos dignifica, no tener vidas fuera del trabajo dignifica, madrugar para trabajar dignifica, dormir para volver a trabajar dignifica, arriesgar la vida en el trabajo dignifica, ver como se nos fue la vida dignifica, renunciar a los sueños dignifica. ¡¿Estamos dispuestxs a seguir siendo dignxs de esa manera?! No celebremos el trabajo. El trabajo nos somete y nos mata. El trabajo no dignifica

Pensamos que podría causar rechazo, pero sucedió todo lo contrario. Es que cualquier persona que trabaja y quiere cambiar el mundo puede sentir suyas estas palabras.

Con los años la crítica del trabajo de la cual nos hacíamos eco, que ya venía de larga data y desde diferentes puntos del globo, fue gozando de cierta popularidad, o al menos fue creciendo. Esa popularidad en no pocas ocasiones la desligó de su aspecto revolucionario, transformador. Así, comprensiblemente, se critica al trabajo desde los pesares personales, muchas veces para enaltecer el ocio o para suponer que esta crítica significaría abandonar el trabajo ahora, individual o grupalmente. Una propuesta inobjetable, pero buscamos ir más allá. Por nuestra parte, insistimos en la crítica del trabajo como parte del nuevo mundo que queremos:

«Mientras las mayorías festejan el “día del trabajador” o peor aún el “día del trabajo”, algunos seguimos convencidos de la necesidad de librarnos de este. Es decir, de liberarnos de la forma que ha adquirido la actividad humana bajo el capitalismo. (…)

Miseria material, pero también afectiva, social. La realidad son las terribles condiciones de trabajo, las tareas sumamente alienantes, asquerosas y repetitivas que nos vemos obligados a realizar. La realidad es que no decidimos qué producir, ni disponemos de lo que producimos. Sean gigantescas empresas públicas o privadas, o pequeños productores, siempre se trata de unidades de producción aisladas, unidas únicamente por el intercambio mercantil, basándose en la obtención de la mayor ganancia posible. (…)

Mientras quieren convencernos de las virtudes del trabajo asalariado y que si trabajamos duro podremos disfrutarlas, parecieran olvidar las incesantes guerras, la contaminación, los accidentes laborales, los suicidios, los problemas psíquicos y físicos, la explotación infantil y un largo etcétera. Se dirá que todos estos son “detalles” a eliminar, sin embargo son parte constitutiva del mundo del trabajo asalariado, de su normalidad, y sin estos elementos no sería lo que es.» (La Oveja Negra nro. 8, El trabajo no dignifica, 2013)

Ser trabajador no es una identidad escogida, es una imposición de este modo de producción. Por eso comprendemos la crítica al trabajo como una cuestión social y no meramente como un padecimiento individual:

«El ciudadano, en su frenesí de consumo, consume ideología, consume identidad y tarda en comprender que hay realidades impuestas que no ha adquirido en el mercado. Ser proletario no es una identidad elegida, es una realidad social. Y sentir orgullo por esta condición es como enorgullecerse por ser esclavo. No amamos ser proletarios. Y revolución no significa, de ninguna manera, expandir la condición de los trabajadores a toda la humanidad.» (Cuadernos de Negación nro. 4, 2010)

Criticamos el trabajo y aún hablamos de proletariado, porque justamente criticamos lo que nos condena a ser parte de esta clase social. Por proletariado, una vez más, no se trata del trabajador hombre, fabril, sindicalizado y padre de familia:

«Teniendo en cuenta la importancia que tenía el obrero en los comienzos de las grandes luchas proletarias, es comprensible que muchos hayan buscado el “sujeto revolucionario” en los obreros y que “proletariado” haya sido, en muchos casos, interpretado como un sinónimo. (…) se veía al proletario en tanto trabajador y reproductor del Capital, y no como su enterrador, a la vez que se desestimaba, en muchos casos, la importancia de los campesinos y se fortalecía la ideología del progreso capitalista con sus monstruosas ciudades y fábricas, en oposición al “atraso” del campo. Muchos obreros se sentían parte de ese desarrollo y a lo sumo querían quitar a los burgueses del medio para gestionar y “disfrutar” ellos mismos del progreso capitalista. (…)

El obrerismo venera el trabajo manual, el “trabajo con martillos”. Su visión del proletariado es el “hombre musculoso”. Mediante el rechazo del trabajo comercial y de oficinas, rechaza a una gran parte de trabajadoras asalariadas, revelándose a sí mismo también como sexista.» (Cuadernos de Negación nro. 3, 2010)

¡Abajo el trabajo!

Sin duda, no todo lo que hacemos es trabajo. Hacer no es sinónimo de trabajar. El trabajo es una forma de actividad específica en una sociedad específica. Nuestros órganos no hacen su trabajo, ni trabajan un motor u otras máquinas:

«“Trabajo” suena hoy a los oídos de todo el mundo como el perfecto sinónimo de “actividad”, puesto que para la mayoría de los seres humanos el trabajo ha llegado a ser, lamentablemente, la totalidad de su vida. Y no hablamos solo de la forma de conseguir dinero para subsistir, todo es vivido como trabajo: los quehaceres domésticos, la creatividad artística, tener relaciones sexuales, la militancia política, criar un hijo o salir con amigas.» (Cuadernos de Negación nro. 3)

La crítica del trabajo va dirigida principalmente a la crítica de la explotación. En cuanto a la noción de explotación no vamos a emprender una discusión de orden moral. La reproducción de la sociedad capitalista está orientada hacia la máxima obtención de ganancia posible. Y la principal fuente de ganancia es el plusvalor, que se produce a través de la explotación del trabajo asalariado:

«Por “explotación”, se entiende casi siempre un trabajo precario y mal pagado, lo que efectivamente es el caso de la inmensa mayoría de los asalariados del planeta. Pero esta definición restrictiva implica que crear durante seis horas diarias software educativo a cambio de un buen salario y en un ambiente que respete el entorno, sin ninguna discriminación étnica, sexual o de género, en conexión con los habitantes del barrio y las asociaciones de consumidores, ya no sería explotación. En una palabra, una sociedad en la que cada uno se lo pasa bien yendo al mercado el domingo por la mañana, pero sin que nadie sufra la ley de los mercados financieros. En suma, el sueño de las clases medias asalariadas occidentales extendido a seis mil millones de seres humanos…» (Gilles Dauvé, Declive y resurgimiento de la perspectiva comunista)

¡Abajo el ocio!

Trabajo y ocio son las dos caras de la misma moneda. El salario no paga por el trabajo hecho sino por la reproducción de la fuerza de trabajo, la cual precisa algo de esparcimiento: fútbol, netflix, música. Si el “tiempo de ocio” existe es porque existe un “tiempo de trabajo” que lo define.

«Destinamos cierta cantidad de horas a lo que definimos como esparcimiento, para recuperarnos del estrés generalizado en que vivimos diariamente. Pausamos nuestro rol de productores de objetos y servicios, para darle paso a nuestro rol de consumidores de productos y servicios.

Realizar nuestros momentos de ocio y diversión en la sociedad mercantil generalizada tiene similitudes con el trabajo asalariado: hay que hacerlo rápido y bien, se vuelve repetitivo y obligatorio, no hay tiempo para descansar, se rechazan las pasiones, se cumple con la norma de la ideología dominante.

Divertirse parece ser directamente proporcional al dinero gastado, por eso se pasea por shoppings y centros comerciales, por eso se paga para hacer deportes, música o tener sexo, o se paga para ver a otros hacer deportes, música o tener sexo.» (Cuadernos de Negación nro. 3)

¡Abajo el desempleo!

Mientras existan el dinero y la propiedad privada nunca alcanzarán para todos. Bien, lo mismo podemos decir del trabajo:

«En un mundo con trabajo jamás habrá suficiente para todos. El desempleo es una condición del mundo del trabajo. El desempleo es un rasgo permanente y estructural de la sociedad capitalista, que precisa de una masa de desocupados para garantizar bajos salarios y condiciones laborales siempre deficientes. En otras palabras, si todos estuviésemos empleados o tuviésemos la posibilidad de cambiar de un empleo a otro podríamos exigir siempre mejores sueldos o mejores condiciones laborales sin el fantasma del desempleo pisándonos los talones. (…)

Es a partir de nuestras condiciones de existencia que sacamos las lecciones para “hacer teoría” y no tenemos “principios” previos a los hechos. El malestar y la necesidad que padecemos quienes trabajamos, las situaciones de precariedad y peligro a las que nos vemos sometidos, nos fuerzan a tomar conciencia de la sociedad en la que estamos y a la cual contribuimos día a día a mantener. De nosotros depende ampararnos en personajes que nos quieren dirigir y nos llevan a diversos callejones sin salida o comenzar a pensar y explorar otras posibilidades. Para esto es importante que no confundamos la defensa de la fuerza de trabajo con la defensa de la fuente de trabajo. Ni defendamos la ganancia de los explotadores. Ni confiemos en quienes viven de nuestro esfuerzo.» (La Oveja Negra nro. 70, El trabajo es la peste, 2020)

¡Abajo el trabajo doméstico!

Las sociedades de clase, a lo largo de su historia y en pos de su reproducción, debieron controlar cuatro elementos fundamentales e inseparables de la vida de la especie: el cuerpo, la sexualidad, la reproducción y la crianza de los hijos. En este punto, la división sexual y la dominación específica sobre quienes tienen la capacidad de gestar hijos se vuelve esencial. Lo que conocemos como mujer y hombre se basa en esa característica anatómica (la capacidad de gestar hijos) y la división social creada a partir de la misma en las sociedades de clase por la necesidad de crecimiento poblacional.

El control de las mujeres (su cuerpo, su sexualidad, su capacidad reproductiva) permite controlar al mismo tiempo al resto de la población. A su vez, es determinante en la crianza de niñas y niños, así como en el sostenimiento de la familia o al menos de la reproducción de la fuerza de trabajo en la sociedad actual.

El trabajo asalariado requiere de una esfera específica dedicada a ciertas tareas necesarias para la reproducción de la fuerza de trabajo: el trabajo doméstico, cuya asignación reproduce la división sexual construida a través de las diferentes sociedades de clase.

La asignación de ciertas labores a un determinado grupo de personas definido según su capacidad reproductiva es lo que ha constituido históricamente a las mujeres, y a quienes no la tienen como hombres. Es esta división social en dos sexos la que ha creado lo que conocemos como sexo biológico que naturaliza lo que se ha construido socialmente.

Se supone, además, que las mujeres están naturalmente inclinadas hacia el cuidado y a las labores domésticas. Así como se supone que los hombres están naturalmente inclinados a los trabajos rudos y peligrosos, por los cuales mueren a montones todos los años en los mal llamados “accidentes laborales”.

«El modo de producción capitalista, pese a su imagen racionalista y científica también produce mitos. Uno de ellos es que el trabajo es ajeno a la historia, que existe desde siempre y que, por tanto, no podría dejar de existir. (...) cuando miles de proletarios en el mundo insistimos con la consigna “¡Abajo el trabajo!” no estamos proponiendo que haya que dejarse morir de frío e inanición, sino que debemos luchar para constituir una comunidad donde nuestras necesidades de alimento y techo, así como de goce y creatividad sean puestas en común sin ser una coartada para cuantificarlas y generar ganancias. (…)

Otro mito necesario para apuntalar la normalidad capitalista es exponer el trabajo doméstico como un atributo natural de las mujeres, quienes se supone que, por naturaleza, serían buenas cocineras, lavanderas, amantes, sensibles, débiles y, por sobre todo, dependientes. No es ninguna casualidad, el primer paso para la domesticación es la creación de dependencia.

Una dependencia que es tanto económica como ideológica, basada en el mito de que siempre fue el trabajador asalariado hombre el que llevó el pan a la mesa. Y en el pobre imaginario social –¡y aunque estaba a simple vista!– este trabajador habría carecido de la necesidad de cuidados, porque se trataba de un adulto sano que se valía por sí mismo. Esta falacia no sólo invisibilizó –e invisibiliza– esos cuidados, sino que además produce un modelo, especialmente masculino o masculinizante, que se caracteriza por su pretensión de no necesitar de nadie. Un individuo que rechaza la interdependencia humana en nombre de la fuerte y prominente independencia típica del capitalismo.

Tal como sucede con cualquier trabajo, la función de la ideología dominante es que el trabajo doméstico sea naturalizado, amalgamado a cualquier actividad humana, cuando en verdad se trata de un fenómeno social determinado e histórico. El trabajo doméstico de las mujeres se encuentra bajo mayores sombras aún que el trabajo asalariado, por ser considerado, erróneamente, un atributo natural de la personalidad femenina, una aspiración del “ser mujer”. Pero lo que se olvida es que para crear la imagen de ese supuesto atributo natural fueron necesarios siglos enteros de desposesión y de persecución misógina.» (La Oveja Negra nro. 46, ¡Abajo el trabajo doméstico!, 2017)

Lo que proponemos es indagar y asumir la implicancia entre clase y género desde una perspectiva de abolición del trabajo. No se trata de sumar la “cuestión” de la mujer a la “causa de la clase obrera” en tanto luchas paralelas, tal como suele comprender el reformismo.

¡Abajo el proletariado!

La crítica y el rechazo del trabajo expresados en luchas, reflexiones teóricas y en la vida cotidiana están estrechamente vinculados al declive del obrerismo, del orgullo y la identidad obrera. Evidentemente, algo cambió en la sociedad capitalista: precarización y flexibilización del trabajo, globalización y deslocalización de los centros productivos, financiarización creciente de la economía en general y un destacado papel del Estado en la reproducción de la fuerza de trabajo (subsidios, ayudas sociales).

Producto de estas transformaciones, el proletariado no ha desaparecido ni mucho menos, pero las posibilidades de su lucha han cambiado drásticamente. Ya no hay una preocupación predominante en las luchas proletarias acerca de la gestión del mundo del trabajo. Aquello estaba necesariamente ligado a un imaginario de la revolución donde se mantenían muchos de los rasgos fundamentales del modo de producción capitalista y su sociabilidad: gestión de los medios de producción sin cuestionarlos, desarrollo de la industria, crecimiento poblacional, familia y, en los sectores más reformistas, incluso el nacionalismo y el Estado.

Analizamos las luchas recientes y en curso advirtiendo sus límites, pero no en relación a un pasado idealizado que no fue, sino en función de las posibilidades actuales:

«Las revueltas desatadas en diferentes partes del mundo en las últimas décadas, así como los “nuevos movimientos sociales”, a pesar del carácter interclasista y ciudadanista que observamos en muchas ocasiones, dejan en claro la persistencia de la lucha de clases. Al mismo tiempo nos advierten del carácter diverso que el proletariado tiene y ha tenido. La centralidad de la reproducción social en las luchas nos recuerda que la revolución debe implicar bastante más que la certeza de tener techo y comida. Debe atender, no solo como punto de llegada sino de partida, la denominada cuestión de género, lo racial, la sexualidad, la familia, la naturaleza de la cual formamos parte.» (La Oveja Negra nro. 76, 1° de mayo: Memoria y perspectivas, 2021)

La lucha de clases de las últimas décadas no se ha centrado en luchas obreras ni en los lugares de trabajo. Se manifiestan nuevos protagonistas. Nos referimos a las luchas y protestas de proletarios desempleados, al movimiento de mujeres y disidencias sexuales, a las denominadas luchas medioambientales, a las antirrepresivas, o contra el narcotráfico y otras mafias. Que se manifiestan en las calles, las rutas, fuera de las ciudades y hasta en los hogares. Que necesariamente deben frenar la circulación más que la producción y que suelen enfrentarse o dirigirse al Estado más que a una empresa o un patrón (y de ahí la posibilidad de su carácter interclasista y ciudadanista que mencionábamos anteriormente). Esto no significa que la explotación y el trabajo hayan perdido centralidad en la sociedad capitalista, justamente sus transformaciones han modificado y puesto de relieve diferentes aspectos de la reproducción de la fuerza de trabajo.

Esto no sólo ha permitido criticar el obrerismo, sino el cuestionamiento de nuestra existencia como clase:

«Quienes no buscan convertirse en una potencia más entre todas las potencias de este mundo, quienes aspiran a destruir todas esas potencias, podrían resumir su programa así: “Abajo el proletariado”. Evidentemente, no en el sentido de una oposición a los proletarios en cuanto seres humanos. (…) Los revolucionarios no proponen la mejora de la condición proletaria. Proponen su supresión. La revolución será proletaria por quienes la realicen y antiproletaria por su contenido.

Proletarios, un esfuerzo más para dejar de serlo…» (Abajo el proletariado. Viva el comunismo, Les amis du potlatch, 1979)

¡Viva la revolución social!

La historia no es solamente el pasado, y mucho menos un pasado mitificado. Podemos hacer historia, no sólo estudiarla:

«Si damos un vistazo a la sociedad moderna, es evidente que para vivir, la gran mayoría de las personas están obligadas a trabajar, a vender su fuerza de trabajo. El conjunto de las facultades físicas e intelectuales que poseen los seres humanos, sus personalidades, que deben ser puestas en movimiento para producir cosas útiles, no pueden emplearse más que a condición de venderse a cambio de un salario. La fuerza de trabajo generalmente es percibida como una mercancía que se compra y se vende, al igual que las demás. La existencia del intercambio y del trabajo asalariado nos parece algo normal, inevitable. Sin embargo, la introducción del trabajo asalariado implicó conflictos, resistencias y masacres. La separación del trabajador de los medios de producción, lo que hoy ha llegado a ser una cruda realidad aceptada como tal, tomó un largo tiempo y no pudo llevarse a cabo más que por la fuerza. (…)

A través de su sistema educacional como por su vida política e ideológica, la sociedad contemporánea oculta la violencia pasada y presente sobre la que descansa la situación actual. Oculta tanto su origen como la mecánica de su funcionamiento. Pareciera que todo es resultado de un contrato libre en que el individuo, como vendedor de su fuerza de trabajo, se encuentra con la fábrica, la oficina o la tienda. La existencia de la mercancía parecería ser lo más obvio y natural del mundo, y los desastres que causa periódicamente a diferentes escalas, a menudo son vistos como catástrofes cuasi naturales. (…) Lo que en esencia mantiene oculto es que la insubordinación y la revuelta podrían ser lo suficientemente grandes y profundas como para acabar con esta relación y hacer realidad otro mundo.

Las relaciones de producción en las que participan las personas son independientes de su voluntad: cada generación se ve confrontada a las condiciones técnicas y sociales legadas por las generaciones precedentes. Pero puede alterarlas. Aquello que llamamos “historia” está hecho por personas.» (Gilles Dauvé, Capitalismo y Comunismo, Lazo Ediciones, 2020)

En cada época, la lucha del proletariado expresa y enfrenta nuevas preguntas:

«Estas pueden hacernos importantes señalamientos acerca de la sociedad capitalista y su superación, pero la revolución finalmente dependerá de lo que podamos hacer en tanto clase. La lucha es inevitable y necesaria, nos transforma y buscamos transformarla en una definitiva. Nuestra preocupación es que la lucha de clases sea capaz de producir algo más que su propia continuación.

Por esto confiamos en que es tan importante no solo participar sino también comprender, estudiar y debatir el desarrollo de las luchas del presente. Porque en las posibilidades y condiciones de estas luchas, en sus críticas y rupturas, se delinea el horizonte revolucionario.» (La Oveja Negra nro. 76, 1° de mayo: Memoria y perspectivas)

martes, 14 de febrero de 2023

PATRIARCADO, TRABAJO DOMÉSTICO Y GÉNERO

La revista Cuadernos de Negación es una publicación que realizamos desde la Biblioteca Alberto Ghiraldo donde volcamos reflexiones y aportes teóricos acerca de las diferentes problemáticas que vamos abordando, generalmente en números monográficos.

Comenzamos en 2007, dando impulso al boletín La Oveja Negra (2012) y la editorial Lazo Ediciones (2013). Conformando así la propuesta editorial de la biblioteca que venimos sosteniendo desde hace varios años.

Si bien damos importancia a la circulación impresa, también ponemos a disposición todos los números de la revista en su versión digital de descarga gratuita, al igual que del resto de nuestras publicaciones. A su vez, hace algunos años armamos una biblioteca virtual donde compartimos los libros y artículos citados en cada número de la revista, así como otros relacionados que nos parece importante tener en cuenta.

Los últimos tres números de la revista están dedicados a la división sexual en el capitalismo, su vinculación con la división de clase y la superación revolucionaria de ambas. A partir de las luchas masivas por todo el planeta y aportes teóricos de diferentes corrientes abordamos la cuestión del patriarcado, el trabajo doméstico e indagamos en las nociones de sexo y género, profundizando respecto de las formas en que el Capital articula e interviene sobre las diferencias. A su vez, presentamos algunas críticas acerca de los enfoques dominantes sobre estos temas para aportar a las luchas en curso.

En el próximo número que venimos preparando trataremos la cuestión del aborto y la población en la sociedad capitalista. A partir de los procesos de lucha de los últimos años en torno al aborto, fuimos indagando en su relación con el control de la natalidad, el creciente cuestionamiento de la división sexual y en la población como principal fuerza productiva.

miércoles, 14 de julio de 2021

Nuevo: CUADERNOS DE NEGACIÓN NRO.15, NOTAS SOBRE SEXO Y GÉNERO

Con fecha de lanzamiento el mes próximo, en este nuevo número nos aproximamos a las nociones de sexo y género con la intención de seguir profundizando respecto de las formas en que el Capital articula e interviene sobre las diferencias sexuales para la reproducción de esta sociedad. No buscamos las causas de la violencia sexista y la opresión simplemente en las diferencias, sino en su instrumentalización capitalista, ya que por sí solas no dicen nada sobre la brutalidad, dominación o jerarquías que produce el orden social.

Comenzamos abordando la intersexualidad como ejemplo extremo de la aplicación del bisturí de la división sexual sobre quienes no encajan en la norma, para luego adentrarnos en ciertos ejes que entendemos necesario poner en tensión respecto de las discusiones sobre sexo y género: la dicotomía naturaleza y cultura, los debates feministas de la igualdad y la diferencia, la sexualidad, la escisión cuerpo y mente, así como la íntima relación con la tecnociencia de ciertas perspectivas de género actuales.

Los dos números anteriores de esta publicación (Notas sobre patriarcado y Notas sobre trabajo doméstico) los hemos dedicado al análisis histórico y actual del sexismo, el patriarcado, la familia, la sexualidad, la reproducción de la fuerza de trabajo y el trabajo doméstico, así como otros temas relacionados, abarcando entonces muchos aspectos acerca de la división sexual y del trabajo, de la opresión y explotación particulares de las mujeres en el capitalismo. Todo esto lo hemos hecho sin que nos haya resultado imprescindible la profundización en las definiciones de género y su implementación que, en líneas generales, trae aparejada una manera de concebir y, por tanto, transformar la realidad que cuestionamos. Es por ello que, al abordar dicho concepto en este número, no nos proponemos una definición acabada o un aporte a los gender studies, sino un acercamiento crítico. Entendemos a las teorizaciones de género, principalmente, en relación a las transformaciones en la producción y reproducción de la sociedad capitalista de las últimas décadas.

A su vez, realizamos una crítica al feminismo como ideología, así como a la propuesta deconstruccionista. Esto llega tras un largo recorrido, pero no constituye un punto de partida. Es por ello que resaltamos la relación entre esta necesaria crítica y los desarrollos realizados en los números anteriores y los que vendrán, invitando a su lectura, discusión y difusión.

Mientras que en los dos Cuadernos anteriores nos focalizamos en la comprensión de las problemáticas puestas de relieve, principalmente, por las luchas de mujeres y disidencias sexuales, en este número otorgamos mayor énfasis a la crítica de los enfoques predominantes sobre dichas problemáticas y su influencia en las luchas actuales. Consideramos que, más allá de los debates particulares de los movimientos de mujeres y LGTTBIQ+, es preciso comprenderlos de manera más amplia, en relación a las expresiones de lucha de nuestra época. Por ello, a modo de cierre, volvemos sobre ciertos cambios en la reproducción del proletariado, como el interclasismo y el ciudadanismo, ineludibles en los movimientos sociales actuales.

Consideramos que la división sexual capitalista y sus respectivas asignaciones no son solamente cuestiones que deban superarse en el curso de la revolución, sino también una fuente de dicha superación. Esperamos que los Cuadernos sean un aporte a las luchas en curso.

Además de distribuirse en papel, todos los números de la revista así como traducciones y otros artículos publicados están disponibles para descargar en nuestro sitio web: cuadernosdenegacion.blogspot.com

Del mismo modo, los artículos y libros citados a lo largo de estos catorce años que llevamos realizando los Cuadernos pueden encontrarse en: bibliotecacuadernosdenegacion.blogspot.com

Quien estime que estos materiales merecen ser difundidos… ¡A reproducirlos, imprimirlos, copiarlos, discutirlos! Fueron realizados para ser compartidos de la manera que se considere más conveniente.

jueves, 2 de julio de 2020

¡SUSCRIBITE A LA BIBLIO!

Durante el mes de junio lanzamos la segunda entrega de esta propuesta con la que buscamos sostener, profundizar y extender vínculos compañeros a lo largo de la región. En esta ocasión incluimos:

Contagio social. Guerra de clases microbiológica en China, que contiene el artículo homónimo del grupo Chuang (China), con el agregado como anexo de nuestro boletín La Oveja Negra nro. 69: Coronavirus y cuestión social.
La Oveja Negra nro. 70 del 1° de mayo: El trabajo es la peste.
Reflexiones sobre el paro del 8M y otros textos, una compilación respecto a la “cuestión de las mujeres” en el capitalismo.
Cuadernos de Negación nro. 14: Notas sobre trabajo doméstico donde analizamos el trabajo de reproducción de la fuerza de trabajo, la familia, la monogamia, la sexualidad y los cuidados, todo esto en relación al trabajo, al salario, al antagonismo social y al Estado.
A propósito de las revueltas de 2019, realizado desde la biblioteca La Caldera de Buenos Aires.
Contra la pandemia del Capital ¡Revolución social! panfleto del grupo Proletarios Internacionalistas.
• De nuestros folletos de bolsillo incluimos la compilación de dos textos acerca de la represión estatal y la lucha. Las palabras de Leonardo Santillán pronunciadas en el Puente Pueyrredón en 2019, donde a su vez recuerda lo ocurrido en 2017 con Santiago Maldonado; y las de Farid El-Yamni, a quien también el Estado (francés) le arrebató un hermano en 2012.

viernes, 29 de mayo de 2020

Folleto: REFLEXIONES SOBRE EL PARO DEL 8M Y OTROS TEXTOS

DESCARGAR EN PDF
Este folleto es una continuación del titulado 8 de marzo contra el Capital (2018), en el cual recopilamos diferentes textos realizados respecto de la “cuestión de las mujeres” en el capitalismo.

Dos meses después, durante el acto del primero de mayo, reunimos algunas reflexiones sobre el paro del 8M, que en esta ocasión publicamos como texto central. Consideramos que estas reflexiones mantienen su vigencia antagónica respecto del enfoque que continúa dándose mayoritariamente a la problemática.

Para complementar la edición, hemos agregado artículos seleccionados de nuestro boletín La Oveja Negra publicados desde la recopilación anterior a la fecha, así como algunos que habían quedado afuera.

Por último, incluimos también extractos de la revista Cuadernos de Negación nro. 13: Notas sobre el patriarcado, publicada en junio de 2019, para dar a conocer de manera más abarcativa el abordaje que venimos realizando.

Biblioteca y Archivo Alberto Ghiraldo
Rosario, marzo de 2020

Índice:
• Reflexiones sobre el paro del 8M
• Memoria: «¡Maldito foo-ball!»
• Hablando con las paredes: «Somos las nietas de las brujas que no pudiste matar»
• Palabras de lucha: Cárcel de mujeres de Ezeiza
• Aborto: Cuestión social
• Hablando con las paredes: «Hay mujeres con pene»
•¿Ideología de género?
• Memoria: 8 de marzo
• ¿Deconstrucción?
• Cuadernos de Negación nro.13: Notas sobre Patriarcado (extractos)
• Anexo: ¿Yo decido? (Boletín Alta Tensión nro.9)

lunes, 2 de marzo de 2020

8 DE MARZO CONTRA EL ESTADO Y EL CAPITAL

Es muy significativo que en el imaginario popular se haya instaurado como origen del 8 de marzo una historia de mujeres que fueron víctimas, en este caso de un incendio en una fábrica textil de Nueva York. Se eluden además los hechos reales, puesto que las trabajadoras habían sido iniciadoras de una combativa huelga por sus condiciones de existencia. El incendio, ocurrido el 25 de marzo de 1911, puso de manifiesto la terrible realidad laboral que venían enfrentando las mujeres inmigrantes.

Hoy como ayer es preciso retomar la lucha internacional de las mujeres proletarias, pero por la emancipación total y no por más derechos, sino por otra vida. No desde la victimización sino desde la fuerza rebelde. Tampoco desde las conferencias de quienes pretenden representarnos para llevarnos a votar, sino por fuera de y contra las organizaciones, partidos y movimientos del Estado que, a fin de cuentas, es quien brega por el orden de cosas que nos mantienen en la opresión y la explotación.

Al 8 de marzo debemos asumirlo como un día de lucha, de memoria, otra buena ocasión para reconocernos y reflexionar colectivamente.

Sabemos que las circunstancias a las que nos enfrentamos no son nada sencillas y nos movilizan a preguntarnos muchas cosas. Queremos mejorar nuestras condiciones en lo inmediato. No queremos ser encarceladas por abortar, ni tratadas como cuerpos-objeto a los que violar, traficar y asesinar. Pero, ¿para qué nos sirve pedirle al sistema que nos reduce a estos roles, nos encarcela y subyuga, que cambie esta situación? ¿Por qué no pensar en la posibilidad de superar de raíz este estado de cosas? También en esto tenemos que pensar mientras nos encontramos en la calle, y a esto nos referimos cuando proponemos profundizar la lucha. Para no dejar de lado tantos esfuerzos de compañeras del pasado que, como nosotras en el presente, pararon y salieron a la calle masivamente. Los avances logrados fueron parciales, sus límites no permitieron que la situación de las mujeres cambie porque es imposible que se transforme sin transformar todo, porque nuestra lucha se opone prácticamente a este sistema cosificador y valorizador de nuestras vidas.

domingo, 30 de junio de 2019

NUEVOS MATERIALES: CUADERNOS DE NEGACIÓN NRO.13: NOTAS SOBRE PATRIARCADO

En el ámbito político y académico se ha popularizado en las últimas décadas la noción de patriarcado. Parece un concepto de uso obligado para cualquier crítica seria de la realidad que busque la transformación social. Para algunas corrientes pareciera estar fuera de toda discusión que esta sociedad es patriarcal, incluso más fuera de discusión que si es capitalista.

Uno de los grandes problemas que encontramos al abordar la cuestión del patriarcado es asumirlo como el sujeto que determinaría la sociedad. Así, el Capital dejaría de ser el sujeto de esta sociedad, el que lo subsume todo, para dar paso a otro: el patriarcado. Hay una diferencia fundamental entre considerar el patriarcado como algo exterior al Capital y considerarlo como una realidad interna del Capital. La primera comprensión nos presenta el patriarcado por un lado y el Capital por otro, o en el mejor de los casos patriarcado y Capital como dos sujetos separados que en un momento dado se vinculan.

Por el contrario, la comprensión del patriarcado como realidad interna del Capital, lo asume en tanto que incluido y dominado, es decir subsumido. El proceso histórico de esa subsunción incluye y a su vez transforma al antiguo patriarcado. Y aunque puede mantenerse dicho vocablo, debemos tener en cuenta que no estamos hablando de lo mismo. Comprendemos el hecho de que en la propia lucha se siga nombrando al sexismo de esta sociedad como «patriarcado», aunque nos parece poco preciso. Si bien emplearlo es importante para ver la continuidad histórica del sexismo en relación a sociedades de clase anteriores, de alguna manera también oculta las condiciones del sexismo en la actualidad.

Disponible en nuestra feria y en: cuadernosdenegacion.blogspot.com

jueves, 21 de marzo de 2019

DES-MEMORIA: OTRO HOMENAJE ESTATAL A VIRGINIA BOLTEN

El miércoles 6 de marzo el diario de la ciudad de Rosario anunció un acto oficial a realizarse el día 8 por la mañana, «día internacional de las mujeres», en el cual se haría entrega de los «reconocimientos Virginia Bolten» a las mujeres «trabajadoras de oficios no tradicionales».

Este nuevo gesto político del gobierno municipal no puede causarnos más que asco y rabia. Tal como expresamos en 2014, en referencia a la placa conmemorativa que lleva su nombre, quienes abogan por la libertad de culto, quienes dirigen a la sociedad desde sus asquerosas bancas, quienes defienden la institución familiar, jamás estarán de acuerdo con el viejo y pertinente lema «Ni dios, ni amo, ni marido» (ver La Oveja Negra, nro.16).

Sin embargo, no nos sorprende que la burguesía hoy, tal como hizo a lo largo de toda su historia, profane una vez más la memoria revolucionaria y usurpe sus nombres y luchas para intentar vaciar su contenido; para, en definitiva, autoperpetuarse y justificar su dominio.

Virginia Bolten fue una proletaria iniciadora del movimiento de mujeres en esta región, atea y comunista anárquica. Su militancia y sus discursos apuntaban contra los maridos, pero también contra los patrones, contra Dios y contra el Estado. Por eso es difícil imaginar algo más opuesto a sus ideas que un burgués (o burguesa) otorgue un premio al trabajo en el edificio de la Sede de Gobierno.

Sus manipulaciones perversas de nuestro pasado nos revuelven las tripas, a la vez que nos incitan a gritar aún más fuerte: ¡no saquearán nuestra memoria! La historia de lucha por la emancipación humana continúa y no podrán ahogar nuestras voces con sus homenajes hipócritas y sus democráticos premios.

domingo, 30 de diciembre de 2018

RECIBIMOS: MANUAL DE POESÍA NRO.2

Publicación periódica de agitación y propaganda impresa Buenos Aires:
Su nro.2 (diciembre de 2018) puede leerse y descargarse en: manualdepoesia.tumblr.com
 
En este nro: Democracia es Represión - Hasta el coño del Capital - Aborto cuándo y cómo se me da la gana.Las trampas de la legalidad - Actualidad Económica - Carta a los proletarios en Grecia - No somos usuarixs, somos ganado camino al matadero - No hay accidentes, hay desidia - No conocí a Santiago - El socio nro. 14 - Carta abierta a la madre de Rémi Fraisse - Palabras de Mónica Alegre - El proletariado de Brasil fue derrotado por la democracia, no por la dictadura.
 
Contacto: manualdepoesía@riseup.net

viernes, 19 de octubre de 2018

HABLANDO CON LAS PAREDES: «HAY MUJERES CON PENE»

Lxs inconformes hacen hablar a las paredes para reflexionar, para agitar, para sorprender. Nosotrxs queremos hablar con las paredes para profundizar lo que gritan.

¿Por qué es más fácil o atractivo decir que «hay mujeres con pene» o que «algunos hombres también menstruamos», que insistir en la destrucción de los roles de género? ¿Por qué nos cuesta tanto dejar de lado las identidades individuales para afirmar que somos seres humanxs? Con pene, con vagina, con genitales mutilados al nacer por la institución médica o con cuerpos que no entran en los cánones establecidos. Cánones que nos impuso esta sociedad basada en la normalización, la represión de los deseos y la clasificación infinita de todo aquello que se le escapa. ¿Vamos a seguir clasificándonos como aprendimos? ¿De verdad vamos a esperar el reconocimiento del Estado y las instituciones? ¿Por qué mi identidad como individuo es tan importante? ¿Por qué es tan importante que se me reconozca en mi singularidad? Si es el mismo capitalismo el que nos vendió el cuento de que somos individuos separadxs lxs unxs de lxs otrxs, llenos de desconfianza y prejuicios. En realidad, no nos vendieron ningún cuento. Día a día las relaciones mediadas por el trabajo condicionan y determinan casi todos los aspectos de nuestras vidas, y así históricamente nos fuimos transformando en consumidorxs caprichosxs, aisladxs lxs unxs de lxs otrxs exigiendo reconocimiento. Fuimos infantilizadxs y transformadxs en seres sumisxs con caprichos de reconocimiento individual, como cualquier consumidor/a insatisfechx. Y no se puede dejar de lado que las imposiciones de género fueron y son parte fundamental del desarrollo y el mantenimiento de este modo de relacionarnos. Porque históricamente para todas las sociedades de clase la estratificación por géneros fue constitutiva para separar a lxs oprimidxs, creando la familia y los roles de género, y asignándole a cada uno un modo particular de mantener y reproducir la ganancia y el poder para unxs pocxs. Haciendo pasar estos roles por cualidades naturales de cada sexo y encubriendo su verdadera funcionalidad. No vivimos en un eterno presente como nos quieren hacer creer los medios de comunicación, las “redes sociales” y principalmente la reproducción de los tiempos capitalistas que llevamos en casi todas las esferas de nuestras vidas. Las categorías como “cis-género”, “trans-género”, “bio-hombre”, “bio-mujer”, entre infinitas más, según la subjetividad y autopercepción de cada individuo, incluso la de “no-binarie”, pueden ayudar a cuestionar las formas tradicionales binarias de dividir los roles de género creados por la sociedad. Sin embargo, el problema es que no se trata de agregar más categorías, sino de superarlas, de superar la lógica de integración, de destruir las lógicas mercantiles que están presentes hasta cuando creemos estar cuestionándolas. La obsesión de esta sociedad por la identidad sexual no es casualidad. Poco vamos a resolver ampliando su espectro. Debemos enfocarnos en reconocernos como seres humanxs, con cuerpxs diferentes, sin que importe lo que tenemos entre las piernas o cómo nos autopercibimos individualmente. Hay que reconocerse como oprimidxs en lucha y actuar, reflexionar, cuidarse de no hacer lo mismo que creemos estar criticando, porque esa es el arma más poderosa del enemigo. Destruyamos de una vez por todas esta normalidad asesina.

sábado, 28 de abril de 2018

ABORTO: CUESTIÓN SOCIAL

El mismo sistema que prohíbe abortar es el mismo que luego determina a hacerlo, cada vez que las condiciones de existencia truncan la posibilidad de embarazo, incluso deseado. Ya sea por falta de un salario adecuado o no tenerlo, por la angustia y la insalubridad del hogar o el sentimiento de no querer ser madres.

Hay quienes llegan a justificarlo solamente en caso de abuso sexual o si la mujer no tuvo la “culpa”, en cambio, si se trató de placer o algo similar debería aceptar el castigo, “para que aprenda”. Entonces no se trata de una cuestión de si el feto es un bebé o no, se trata de premiar y castigar conductas consideradas apropiadas o inapropiadas.

Es por esto que desde una crítica radical, y por tanto social, tampoco se trata de tomar parte en ese debate, respondiendo a los movimientos “provida” e intentando especificar a partir de cuándo un embrión es un bebé y por ende cuándo un aborto sería o no un asesinato. Porque no se trata de estar a favor o en contra, sino de la posibilidad de decidir, de no morir en el intento. Dentro del territorio dominado por el Estado argentino, se producen alrededor de 450.000 abortos clandestinos por año, y una mujer muere por semana a causa del riesgo que conllevan. Conocidas y cada vez más ampliamente difundidas son estas cifras que, sin embargo, no dejan de sorprendernos. Si se quita el peso de la ley ninguna mujer estará obligada a abortar, pero en estos momentos ninguna está posibilitada de hacerlo sin incurrir más o menos en la ilegalidad con riesgos de perder la vida, determinados por lo que pueda pagar, ya que las que mueren son en su mayoría pobres.

La sociedad que eleva la maternidad a una virtud casi sagrada es la misma que en la práctica niega la responsabilidad y posibilidad de las mujeres a parir según otras concepciones a las impuestas. Enfrentándolas a la denigrante violencia obstétrica, cumpliendo así el viejo mandato bíblico «parirás con dolor». Es la sociedad que considera buena madre y buen padre a quien delega en distintas instituciones la crianza de los hijos desde bebés. Es la que roba la infancia en sus centros de adoctrinamiento estatales, privados y religiosos y que trata a los más pequeños como lisiados emocionales.

La función reproductiva no es un destino intrínseco a la condición femenina. En esta sociedad de la explotación la maternidad está completamente atravesada por las exigencias del mercado de la fuerza de trabajo y del control político. La planificación capitalista, regulada por el Estado, implica a nivel mundial no solo el genocidio a través del hambre y de la guerra sino también el cálculo poblacional en torno a la necesidad de fuerza de trabajo.

El Estado se ha encargado sistemáticamente de esterilizar a comunidades y grandes porciones de población a su antojo. La industria farmacológica luego de testear su productos sobre animales los prueba durante años sobre nosotras, así como hicieron y siguen haciendo con las pastillas anticonceptivas, de las cuales se van descubriendo efectos cada vez más nocivos en la salud. En la mayoría de los países americanos se han aplicado políticas eugenésicas que afectaron especialmente a ciertos sectores sociales. Durante los 60 y 70 miles de mujeres de origen mexicano, afroamericano, puertorriqueño y de grupos originarios fueron esterilizadas sin consentimiento en los Estados Unidos. En la década de los 90 por lo menos 250.000 mujeres indígenas fueron esterilizadas en Perú.

Desde mediados del siglo XIX la función reproductiva ha estado regulada por la legislación burguesa. Primero en su acepción más prohibitiva, luego con la inclusión de determinadas excepciones. Posteriormente, a mediados del siglo XX, se comenzó a ver cómo se relajaba la punitividad del aborto, sobre todo en regiones desarrolladas que tenían saldos inmigratorios positivos y cuya población nativa disminuía progresivamente sus tasas de natalidad. Casos aparte son situaciones como las de China o India, donde rigen todavía mandatos de hijo único y campañas de esterilización (legales o ilegales) sobre sus poblaciones. Sorprende la ligazón histórica inmediata que ha existido siempre entre trabajo disponible para el Capital y legislación sobre el aborto, especialmente porque es un tema del que se supone que la principal diferencia entre ambas posturas es de raigambre teológica.

«Al determinar los métodos del control de la natalidad, se determinan en consecuencia los términos de la relación entre hombres y mujeres, y entre las mujeres y la sociedad en conjunto. Si en algún momento han tenido necesidad de un gran número de mujeres como fuerza de trabajo han estado prontos rápidamente a darnos una variedad de eficaces (si bien bárbaros) métodos de control de natalidad.» decía en 1971 el Movimento di Lotta Femminile de Padua (Italia).

La prohibición del aborto, por sus consecuentes muertes y daños físicos y psíquicos graves, debe ser considerada como otro de los ataques que impone esta sociedad a la condición femenina. Otra de las numerosas desposesiones históricas que realiza la sociedad capitalista sobre una práctica ancestral. Primero despojando el conocimiento mismo y luego además penando a quienes se atrevan a realizarlo. En este sentido, es importante comprender que las muertes producidas por abortos clandestinos son la consecuencia de esa desposesión histórica, cuando el Estado capitalista destruyó la vida comunal y todo un mundo de prácticas autónomas, dentro de las cuales aquellas referidas a las que hoy conocemos como “medicina” eran mayoritariamente llevadas a cabo por mujeres. Luego de siglos de desposesión, hoy en día esto se traduce en que las proletarias y los proletarios nos veamos obligados a recurrir al Estado para conocer nuestro cuerpo y curarlo, a ese mismo Estado que nos desposeyó y nos continúa robando las vidas día a día. Sin embargo esto no es irrebatible, debemos hacernos conscientes de estas contradicciones para superar este orden de cosas.

Es necesaria y urgente la despenalización del aborto. Es necesario rechazar los sermones de la moral cristiana así como también los mandatos del individuo propietario de sí mismo. Porque consideramos importante evidenciar lo peligroso de considerar al cuerpo primero como un elemento separado de nuestro ser, nuestro entorno, y luego como una propiedad privada. ¡Nuestros cuerpos no son nuestros! ¡Somos nuestros cuerpos!

Si el Estado y el Capital se entrometen en cada rincón de nuestras vidas ¿por qué no lo harían cuando parimos o no queremos continuar con un embarazo? Su problema no es que se aborte o no se aborte, su problema es que escape a su control quiénes, cuando y cuántas abortan en relación a sus necesidades.

Expresarse, conversar y manifestarse por la posibilidad del aborto no puede ser un simple tema de agenda política. Hay que superar la lógica de apoyar desde afuera lo que se trata dentro de un congreso. Es necesario luchar por fuera y contra las instituciones. Es preciso hablar también de métodos anticonceptivos y por tanto de la industria farmacéutica, de la megamáquina tecnoindustrial que hay detrás. Es importante también pensar qué tipos de abortos podrían efectuarse y dónde ¿en los malsanos hospitales públicos, en clínicas privadas que podrá pagar quien pueda, o dónde? Hablar de machismo, de cultura, de religión. Pero también hablar de ciencia, de salarios, de vivienda, de migrantes y refugiados, y de un largo etcétera. Por eso desde un comienzo decíamos que no tiene sentido plantear el problema como una cuestión ética o como una decisión personal y nada más. Se trata en definitiva de qué mundo queremos habitar, y en lo inmediato impedir las muertes y los daños evitables.

En cada lucha tomamos fuerza, es preciso también asumir lo que somos y lo que podemos ser y hacer.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Folleto: 8 DE MARZO CONTRA EL CAPITAL Y OTROS TEXTOS


Compartimos un folleto que preparamos con artículos del boletín La Oveja Negra y panfletos repartidos en la ciudad de Rosario:

El primer acto del 1ro de mayo en Rosario y Virginia Bolten
Memoria: La voz de la mujer
Las hogueras aún no se apagaron
Des-memoria: Homenaje estatal a Virginia Bolten
Hablando con las paredes: «Mi cuerpo es mío»
Memoria: Pepita Gherra... La voz de la mujer
Cultura machista y victimización
8 de marzo contra el Capital
Hablando con las paredes: «Mujer bonita es la que lucha»
Palabras de lucha hacia la raíz
Nos están matando
Hablando con las paredes: «...»
¡Abajo el trabajo doméstico!
¡Higui a la calle!
Memoria: «вниз с войной!»
La cultura de la violación
8 de marzo: Paro Internacional de Mujeres
Algunas reflexiones en torno al 8m 2018

domingo, 18 de febrero de 2018

8 DE MARZO: PARO INTERNACIONAL DE MUJERES

Las mujeres revolucionarias paran – paramos – en tanto que mujeres oprimidas y explotadas a lo largo de la historia, del desarrollo del intercambio, de la propiedad privada, de la familia, del Estado, desde su más vastos inicios junto a toda la humanidad despojada. Las mujeres revolucionarias luchamos en tanto que mujeres y seres humanos, porque la verdadera y única emancipación de la mujer es la emancipación humana, y no la lucha por reformas que tarde o temprano se volverán contra nosotras. A las mujeres nos matan, nos violan y nos oprimen en tanto que mujeres, porque históricamente nos han aislado y silenciado, atribuido falsas cualidades y relegado a la esfera privada dentro del hogar y a la reproducción de la fuerza de trabajo. La opresión femenina es parte fundamental de una relación social que nos reduce a objetos y que históricamente se ha desarrollado invisibilizando y naturalizando el trabajo doméstico, pretendiéndonos encerradas en nuestros hogares. Por eso resulta fundamental salir a la calle, así como luchar puertas adentro, encontrarnos y formar lazos solidarios por fuera del Estado y la política. Por eso este 8 de marzo salimos y nos movilizamos no para exigir que se nos considere y se nos visibilice en tanto que víctimas, ciudadanas productoras y reproductoras serviles de esta sociedad. Porque queremos dejar de pedirle al Estado lo mismo que este genera, lo que nunca va a cambiar porque es su propia esencia. Si reflexionamos y luchamos es para comprender y poner en actos que si no hay un cambio de raíz la opresión y la explotación va a seguir recayendo sobre nosotras.

lunes, 12 de junio de 2017

LA CULTURA DE LA VIOLACIÓN

Dice Virginie Despentes que la violación es también un diálogo privado a través del cual un hombre declara a otros hombres: «yo me cojo a sus mujeres brutalmente». Suena exagerado, pero no lo es tanto. Las amenazas y el deseo de vengarse del violador son parte del diálogo que aunque se haga público excluye a las mujeres. Estos hombres que pretenden apropiarse de mujeres siguen considerándolas parte de un decorado que se puede violar o defender pero carente de vida propia. No se dirige la palabra a las mujeres en cuestión ni para preguntar como se sienten, si precisan algo, o simplemente dar fuerzas. Mucho menos se dirige a otras mujeres, para ver cómo es que suceden estas cosas, cómo podemos detenerlo. Porque no les importa. Lo que les urge en las entrañas es recoger el guante y responder lo más virilmente que se pueda.

En este mismo diálogo se supone que, paradójicamente, la violación combatiría la violación. Y así, se expulsan amenazas al blanco viviente en el que se convirtió el violador acusado. Expresan sin pudor sus fantasías sobre cómo debería ser violado el violador, qué cosas deberían hacerse con su culo, a qué debería ser sometido. Para ellos, la violación sigue siendo una forma de colonizar los cuerpos, de disciplinar a los seres humanos. Tal como actúa el violador, consideran la violación como una herramienta válida, aunque neutral, y que cada quien podría darle un buen o mal uso.

Cabe señalar por qué escribimos líneas arriba lo de blanco viviente, es que mientras esa persona no sea popularmente señalada o legalmente acusada mejor no apuntar, «no meterse en la vida privada de los demás». El ciudadano decente actúa, o más bien opina, como si las violaciones fueran hechos fortuitos, extraordinarios. Refuerzan la idea de que son llevadas a cabo por monstruos enfermos cuando en verdad son realizadas por seres humanos normalizados. Refuerzan la idea, premisa de los medios de comunicación, de que son desconocidos acechantes en calles oscuras solo para que las mujeres vivan aterradas, con miedo a la noche, las salidas, los viajes, al sexo, a moverse lo más libremente que se pueda en este mundo. La realidad es que la gran mayoría de las veces ocurre en el seno del hogar, por familiares, parejas y exparejas. Pero eso es ocultado sistemáticamente por quienes mantienen el terror y la incomunicación.

Es descorazonador que ante cada caso se piense en la venganza y no en comenzar a ayudar y a evitar a que no suceda. ¿Cuándo nos podemos dar cuenta de que estamos frente a un abusador? ¿Es posible que no me lo haga si ya lo hizo, solo porque dijo que iba a cambiar? ¿Aceptar y reproducir esta noción de amor romántico y posesivo no será un factor determinante? ¿Cómo podemos protegernos? ¿Cuándo aún podemos zafar de una relación nociva que seguramente terminará mal? Son preguntas que quedan desplazadas ante el aturdimiento de indignación repetitiva y circular.

La cultura de la violación es culpar a la persona abusada y trivializar una violación por no ser lo suficientemente brutal. Pero también es la cosificación de los cuerpos para el beneficio personal y el empleo de la violación como arma de guerra, sea para invadir un país como hacen los militares de las grandes potencias, o como hacen o desean los civiles, para enderezar a unos supuestos desviados, que no son más que miembros sanos de esta sociedad enfermiza.

martes, 2 de mayo de 2017

1° DE MAYO: ¡ANTICAPITALISMO!

Folleto repartido en la ciudad de Rosario en el acto del 1° de Mayo Internacionalista, Anticapitalista y Revolucionario.

Descargar folleto

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«Yo no combato individualmente a los capitalistas; combato el sistema que da el privilegio. Mi más ardiente deseo es que los trabajadores sepan quiénes son sus enemigos y quiénes son sus amigos.»
George Engel, trabajador tipógrafo y anarquista ahorcado en 1887 por el Estado.


Nos encontramos otro 1° de mayo para afirmar la lucha contra el Capital, por la cual fueron ejecutados por el Estado nuestros compañeros en 1887. Nosotros, quienes perdemos la vida en sostener esta sociedad capitalista, somos los mismos que podemos destruirla. La lucha anticapitalista, aunque trastocada o ridiculizada, es tan necesaria como ayer. Porque sufrimos el Capital en carne propia en cada jornada laboral sea asalariada o doméstica, cada vez que buscamos trabajo, en las necesidades que padecemos, y cada vez que nos relacionamos con otros seres humanos a través del dinero que todo lo cosifica para multiplicarse a costa de nosotros.

Padecemos el Capital porque este no es una simple cosa, una acumulación de máquinas en un galpón o de billetes en un banco, sino que es una relación social. Se trata de una sociedad mercantil generalizada, donde los seres humanos nos relacionamos tal como si fuésemos cosas y a través de las cosas.

Son demasiados los motivos para juntarnos y luchar colectivamente, aunque estos son más notorios cuando se intensifican. Ya es suficiente con que nuestra vida tenga precio, pero como nos acostumbramos a eso decidimos luchar cuando su precio baja. Seguramente sea en la propia lucha que nos demos cuenta que nuestra vida no debería tener precio y que esa realidad es también posible.

Hay que organizarnos y luchar, pero también necesitamos desconfiar de las opciones que nos ofrecen, que no ponen en duda la totalidad de la sociedad de clases. Podemos repudiar la cara más obscena del capitalismo, limitarnos a enfrentar al cuco de turno, apelar al oportunismo en contra del ajuste, echar culpas a los enemigos más visibles desligando al resto de explotadores, y prometer mejoras que nunca llegan. Pero las grandes dificultades se presentan cuando buscamos organizarnos colectivamente para luchar contra el capitalismo. Creemos necesario decir una vez más que si no aspiramos a una revolución social, nuestras luchas serán en vano.

Hace dos años, dedicamos nuestro acto a profundizar acerca de la noción de revolución social, criticando al reformismo, así como también a los partidos y sindicatos que negocian con nuestras necesidades. El primero de mayo pasado, lo dedicamos a la crítica del Estado, su ineludible razón de ser y las perspectivas de su superación. Hoy queremos insistir en la necesidad de una perspectiva anticapitalista en relación al contexto actual. Perspectiva que no surge de un dogma o desde un perfeccionismo teórico, sino que surge de las propias condiciones de vida de los explotados y de las experiencias de lucha por transformarlas. Perspectiva anticapitalista que ya era llevada adelante por todo el movimiento del cual formaron parte los “mártires de Chicago” y que nunca dejará de estar vigente mientras la humanidad se encuentre dividida en dos campos antagónicos: burguesía y proletariado.

Frente a los diversos cambios que se vienen dando en el plano político y el imaginario social en esta región, nos parece necesario criticar algunos discursos en función de los hechos y no como simple oposición de ideas, ya que esto no se trata de un panel de debate. Los poderosos imponen sus discursos no por que hablen muy bien o sean demasiado persuasivos, su fraseología solo justifica lo que ya han impuesto por la fuerza que le permite su poder, procedente de su dinero.

Los últimos años, por si aún era necesario, nos han dado una lección magistral en cuanto a la función capitalista de las denominadas izquierda y derecha. Cuando desde una perspectiva revolucionaria decimos «la izquierda del Capital» no se trata de un recurso discursivo para embarrar un oponente, se trata de una cruda descripción de la realidad. Cuando el avance del capitalismo suele asociarse con el avance de la derecha, es necesario poner en evidencia lo que ya era evidente.

Los últimos años de gobiernos progresistas en la región latinoamericana han demostrado la profunda implicación de la izquierda y el progresismo en el desarrollo capitalista
. No solo no han cuestionado los modelos productivos heredados, sino que los han profundizado enormemente. El extractivismo con monocultivos transgénicos y agrotóxicos, la carrera energética que desconoce todo tipo de límites e impulsa proyectos como el de Vaca Muerta en la cuenca Neuquina, y planes megalómanos de infraestructura para el transporte como el IIRSA, (1) son algunos de los principales ejemplos.

Hoy es más claro que nunca que para frenar el avance del Capital, hay que oponernos también al progresismo y la izquierda, que presentan como gran diferencia unos pequeños matices a la hora de gestionar la economía, y por tanto la explotación y opresión de millones de seres humanos en todo el planeta. Aquí la artimaña del “mal menor” se cae a pedazos. ¿Menor que qué? nos preguntamos, si lo menos malo de hoy era lo malo de ayer. A esta altura la astucia de proponer una salida etapista y sin ruptura es irreal y utópico.

La huida desbocada y hacia adelante que nos presenta el capitalismo, no es obra de la mente de unos pocos millonarios de derecha o de izquierda. Ellos mismos están subidos a un caballo incontrolable con sed de ganancias. Controlarlo tirando las riendas más a la derecha o más a la izquierda, es una fantasía. El Capital se dirige hacia nuestra ruina en su carrera por multiplicarse, porque si deja de crecer muere.

Desde hace varias décadas se identifica erróneamente al neoliberalismo con el capitalismo más brutal y despiadado, con el avance de la mercantilización del mundo y la degradación cultural y de los vínculos sociales, y con un Estado orientado hacia la desregulación de los mercados y el avasallamiento de los derechos y libertades más básicas de los explotados, que facilitan la represión y el aumento de la explotación. Nada nuevo bajo el sol negro del Capital, de ese modo se conquistó hace más de 500 años el continente americano. No se trata de igualar todo, sino de no perdernos en las diferencias.

Ese discurso antineoliberal que aparenta criticar duramente al capitalismo, por lo general, acaba idealizando un capitalismo supuestamente más bondadoso en el pasado en torno al cual articula sus propuestas
. Así es que el progresismo se sigue postulando como una forma de resistencia al desarrollo capitalista, cuando esto es claramente falso como mencionábamos antes.

La izquierda más a la izquierda nos dirá que eso no es verdadero antineoliberalismo, que eso no es verdadera izquierda. Esa izquierda que quiere desmarcarse del progresismo pero se limita a exigir y prometer lo que este no cumple. Su horizonte es común, en tanto no vislumbra una ruptura con el orden dominante.

Para ser más precisos, las políticas llamadas neoliberales no fueron posibles únicamente gracias a las últimas dictaduras cívico-militares y su feroz represión. Algunos de los rasgos de lo que mayormente se identifica como neoliberalismo -el avance de la precarización y especialización en el trabajo, la privatización de diversas industrias y servicios-, son inseparables de ese capitalismo añorado por muchos, que en Argentina representa el peronismo, y que tiene su correlato en diferentes regiones del mundo. Nosotros nos oponemos a esa nostalgia capitalista que fantasea con un pasado “mejor”, así como también queremos exponer la continuidad en el desarrollo capitalista, que las últimas décadas han sido producto de ese pasado y no su contrario.

Por supuesto que mientras exista capitalismo nos opondremos a todo aumento de nuestra explotación, que sufrimos a través de nuestros salarios, los precios y la calidad de lo que consumimos, o los impuestos que debemos pagar. Pero mientras creamos que esto es responsabilidad de un sector político o empresario particular, seguiremos enredados en la dinámica capitalista.

Hoy algunos celebran que se discute más política, y eso… ¿qué significa? Significa, sobre todo, que pensemos nuestras necesidades en los términos de la gestión capitalista
. Que si perdemos el trabajo sea por la falta de “industrialización” del país, o la apertura y cierre de importaciones, que las subas de impuestos sean por la falta de soberanía energética, que la inflación sea por las políticas monetarias o la especulación comercial. Se nos invita a discutir y preocuparnos sobre la estatización de alguna industria o sobre la deuda externa. La raíz de los problemas no es cuestionada y nuestra imaginación es destruida. Nos llaman a opinar sobre cada detalle, para que así no tengamos una noción de la totalidad. Nuestros enemigos más evidentes y nuestras acciones más directas se diluyen en problemas de expertos.

La huelga, por ejemplo, surgió con el objetivo de generar el mayor desorden y pérdidas económicas posibles, se trataba de imponer las reivindicaciones a través de la fuerza, estableciendo el menor diálogo posible con la burguesía y el Estado, o al menos un diálogo desde un lenguaje propio. Las últimas huelgas tienen una impronta totalmente diferente. Se las plantea como una forma de “hacer escuchar la voz de los trabajadores”, cuando los únicos que hablan son los sindicalistas y hasta los periodistas en nuestro nombre, mientras el grueso de los explotados lo perciben como un feriado. Los burgueses se organizan lo mejor posible para disminuir su impacto, así como también aprovechan para victimizarse y apretar los cinturones. Son medidas convertidas en políticas, donde los intereses de los proletarios están lejos de ponerse en juego.

Mientras que, al reflexionar acerca de procesos de lucha de hace algunas décadas o de otras latitudes, resulta necesario poner en palabras los rasgos de fortaleza y radicalidad que se plasman en la acción; hoy la situación en nuestra región se presenta a la inversa. En otros contextos, miles de proletarios se han lanzado a la acción directa, al boicot, a la huelga, al saqueo, se han organizado autónomamente para satisfacer sus necesidades, todo ello en muchos casos desprovistos de escritos, consignas, carteles o volantes. Hoy abundan las palabras, pero no parecen potenciar las luchas o dotarlas de una orientación, sino que aparecen como un techo, como una limitación. La obsesión en el discurso es propia de una época que se manifiesta impotente en la acción. Por eso es necesario saber dónde nos encontramos y afirmar una perspectiva revolucionaria de lucha contra el capitalismo, que se nutra de las experiencias del pasado y de los explotados de todo el mundo, que nos permita enfrentar las debilidades actuales, que nos prepare para los enfrentamientos futuros.

No hay posibilidad de frenar al capitalismo con más democracia porque la democracia es, precisamente, una relación entre personas que se saben desiguales, pero presumen no saberlo. La democracia no acaba con la desigualdad, es solamente una manera de gestionarla y mantenerla ordenada para evitar así cualquier tipo de desborde social.

Hoy como ayer sentimos que la única manera de acabar con este orden social que nos mata, nos hambrea, nos viola, nos envenena, nos deprime y nos devasta, es justamente destruyéndolo y no intentando mejorarlo. Una ruptura en la reproducción continua de esta realidad ha sido y es posible, por eso afirmamos que no hay alternativa junto a quienes mantienen la opresión y la explotación. No hay progresismo sin progreso del Capital. Y el progreso del Capital es obligatoriamente nuestro retroceso.


Notas:
(1) El plan IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana) se propone trazar líneas para el transporte de mercancías sobre las tierras y aguas de Suramérica como si se tratase de un mapa. Todo esto es impulsado por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) cuyo presidente actual es Nicolás Maduro.