viernes, 22 de noviembre de 2019

Video: Rafael Nahuel presente en la lucha




El 25 de noviembre de 2017 Rafael Nahuel (o “Rafita” como le decían concariño) fue asesinado por la espalda por el grupo Albatros. En eldesalojo de una recuperación territorial en la zona del Relmu Lafken, más conocido como lago Mascardi. «Esta recuperación se basa en la necesidad en la cual nos encontramos luego de ser reducidos, reubicados y despojados de nuestra mapu, por parte de los wingka», decía unadeclaración pública de la Lof Lafken Winkul Mapu días antes. 

A dos años seguimos con Rafael Nahuel en la memoria para seguir en la lucha. Compartimos «Espíritu de niño», un texto de Santiago Maldonado.

Realizado por compas de la Biblioteca y Archivo Alberto Ghiraldo
(Rosario)

Más información: 
¡Rafael Nahuel Presente! ¡Terrorista es el Estado! (artículo del Boletín La Oveja Negra, nov.2018)

lunes, 18 de noviembre de 2019

EN TIEMPO DE REVUELTAS: CHILE Y ECUADOR

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NRO. ESPECIAL (32 páginas)

¡VAMOS HACIA LA VIDA!
Reemergencia global de la lucha
Una acción común contra el Capital

REVUELTA EN ECUADOR
Solidaridad
Represión y criminalización
Carta desde el pasado
Breve balance
Un mes después del Paro Nacional…

REVUELTA EN CHILE
«¡Evade!»
¿Guerra?
¿Vuelta a la normalidad?
Sobre las asambleas constituyentes
Notas provisionales...
Esto no termina…
Cuadros:
Primer detenido bajo la Ley de Seguridad Interior del Estado por las revueltas de octubre: Roberto Campos
Izquierda en Ecuador, derecha en Chile
Contra el patriotismo

Anexos:
Haití: ¡Viv Revolisyon!
Bolivia: Revuelta y Golpe de Estado

¡VAMOS HACIA LA VIDA!

«El abismo no nos detiene:
el agua es más bella despeñándose.»
(Vamos hacia la vida. Ricardo Flores Magón, 1907)

En distintas regiones del planeta estalla la revuelta proletaria, sincronizando el hartazgo, pero también la creatividad, la desobediencia, el amor y la rabia. Francia, Hong Kong, Irak, Ecuador, Chile, Líbano, Colombia, Bolivia, Haití (ver anexos) son solo algunos de los países donde ahora mismo o en las últimas semanas se agudiza la lucha de clases.
Por compartir el mismo idioma y por cercanía, pero también por los testimonios de primera mano de compañeros, nos enfocaremos en Ecuador y Chile, siendo Chile además una situación sobresaliente. Sin embargo, no podemos dejar de hacer referencias a otras luchas que vienen de largo aliento como es el caso de Haití o Francia con los denominados “chalecos amarillos”(1).

Sin tampoco desmerecer otras más recientes como en el Líbano donde, tras dos semanas de conflicto que significaran cortes de calle en las principales entradas de la capital, mientras bancos, escuelas y universidades estaban cerrados, el primer ministro debió renunciar(2).

Sí, hemos dicho proletariado, hemos dicho lucha de clases. Aunque nos digan que es algo antiguo, anticuado. Y claro que es antiguo, el proletariado no es una nueva identidad en las góndolas de los supermercados, es una realidad social de hace siglos. Así de anticuados somos quienes día a día, debemos vender nuestra fuerza de trabajo esperando que alguien la compre y esclavizarnos por turnos para alquilar algún lugar, transportarnos, llenar la panza, comprar algún medicamento, distraernos y sobrevivir. Y también quienes no logramos venderla, los llamados “población sobrante”, que hacemos todo tipo de malabares para conseguir algo de dinero para seguir adelante.

Acá o allá nos hablan de derecha e izquierda, de neoliberalismo o populismo, de diferencias políticas, de patrias, pero ocultan lo esencial: el antagonismo de clases.Este significa la imposibilidad material de la coincidencia de necesidades e intereses con nuestros explotadores y gobernantes.

Por eso nos interesamos desde tan lejos sobre estos conflictos en curso. Simplemente porque el capitalismo es mundial y nuestra clase también. Pese a la aplastante paz social reinante de esta nueva transacción democrática en Argentina (3) y aunque nos digan que acá "el estallido fue en las urnas" queremos aprender de las luchas de nuestra clase, de sus formas de organizarse, de las características distintivas de este nuevo ciclo de revueltas.

En Argentina, pese a un mayor empeoramiento de las condiciones de vida que en Chile o Ecuador, el Partido del Orden(4) provee una vía constitucional y por tanto de representación para el proletariado.

El presente y el futuro gobierno acuerdan la transición ordenada del palo y la zanahoria. Represión armada, política y económica: golpes, electoralismo, encarcelamientos, gatillo fácil, subsidios y planes sociales miserables. ¿Han persuadido a tanta gente que no hay otro horizonte que esperar y esperar mientras nos matan de hambre, con “accidentes” laborales, sus fuerzas represivas o mientras nos arruinan con agrotóxicos y otras nocividades propias de este sistema de muerte? Ya veremos cuánto tarda en explotar esta burbuja inflada a mentiras.

En la lucha contra el paquetazo en Ecuador podía escucharse que no querían "terminar como Argentina" refriéndose a la aceptación de las medidas del FMI, a lo que también debería agregarse una ineludible referencia al hecho de quedarse en la pasividad y no salir a luchar.

El asesor de la burguesía John Authers, en el portal de Bloomberg, empresa dedicada a ofrecer servicios de información financiera, lo alertaba muy bien a su clase: «el hecho de que los chilenos se hayan rebelado contra el costo de la vida es alarmante y sugiere que una situación similar podría suceder fácilmente en el resto del mundo en desarrollo.» Y le da una posible solución a la burguesía chilena: «Chile carece de un movimiento populista, o de un caudillo político astuto. Tal figura podría haber sido capaz de usar la ira pública para sus propios fines (...). En Chile, donde la política convencional carece de un partido o una personalidad para canalizar sus quejas, los manifestantes han recurrido al vandalismo autodestructivo.» Esa es la necesidad del Capital con sus líderes carismáticos ¡y ya no lo decimos nosotros sino la propia burguesía!

Los gobiernos populistas o, en su defecto, las oposiciones populistas de cada región ya no son ninguna novedad. Que el apoyo al “populismo de base” sea en realidad el reclutamiento de la base proletaria para el populismo tampoco. Apoyar al populismo es apoyar no solo la representación y la delegación sino también la represión, el inminente aumento de la tasa de explotación "en favor del país y su pueblo", es en definitiva la defensa del capitalismo y el Estado.

Desde la voz oficial de los gobernantes de todos los partidos políticos o su tropa de obsecuentes, vemos que quienes se salen de las urnas y los petitorios, tomando las riendas de sus acciones, acelerando el trote y dejando atrás a quienes intentar representarles, son motivo de burla cuando no de lástima, incluso son acusados de infiltrados o desestabilizadores a sueldo para alguna fracción burguesa (que no es la suya). Es que quienes solo se mueven por dinero y prestigio piensan que todo el mundo tiene los mismos móviles que ellos, que no hay otra manera de vivir.

A los poderosos la voz de los rebeldes se les hace incompresible, al igual que sus acciones. Los primeros días del estallido en Chile, se filtró un audio de su "primera dama" Cecilia Morel: «Estamos absolutamente sobrepasados, es como una invasión extranjera, alienígena, no sé, y no tenemos las herramientas para combatirlas (...). Lo que viene es muy, muy, muy grave.» Es que no se trata de una petición ordenada ni de un diálogo con el Estado, entonces este nos trata de inadaptados, de bárbaros, de extranjeros, de alienígenas(5).

Nosotros comprendemos qué hacen, qué dicen y qué sienten los rebeldes de diferentes latitudes porque hay una existencia compartida, pese a la diversidad de territorios, a los distintos niveles de explotación, o las características culturales, sexuales y étnicas. Para asumir y profundizar la lucha, hacemos nuestros en este número del boletín los testimonios de compañeros cercanos que participan activamente en las revueltas, y extractamos diferentes panfletos, artículos y reflexiones. Solo por razones de espacio estos materiales no están completos, así que invitamos a leerlos completos ya que en la web pueden encontrarse(6). Además recomendamos escuchar los últimos programas especiales de Temperamento Radio que realizamos junto a compañeros de aquellas regiones: Lucha en Ecuador y perspectiva internacional (15/10/2019), Revueltas en Ecuador y Chile (24/10/2019) y Testimonios y Reflexiones desde Chile - Catalunya: Critica al nacionalismo (02/11/2019) (7).

Remarcamos la perspectiva común con estos compañeros que han compartido sus palabras, ya que no pretendemos dar una imagen homogénea del movimiento a partir de ellas, sino compartir aprendizajes de la lucha y las rupturas revolucionarias que se van desarrollando en su seno. Estas rupturas son impulsadas por diversos grupos, pero su extensión los excede completamente, y es ahí donde el salto de calidad se produce.
«Esta revuelta que no tiene nombres ni dirección única no es de nadie porque es de todxs lxs rebeldes e insurrectxs que estamos en la calle combatiendo, por lo que pretender de manera ridícula adjudicarse tal o cual acción dentro del marco de esta revuelta es sencillamente intentar burdamente hegemonizarla.» escribían manos, justamente, anónimas(8).

Los días pasan vertiginosamente, si leemos las noticias de dos semanas atrás parecen viejas, sin embargo, desde el epicentro del conflicto nos dicen que se les hacen aún más extrañamente antiguas, aunque los días de revuelta parecen más largos de lo habitual.

Es cierto que, desde lejos, aunque desde cerca puede ocurrir, se corre el riesgo de quedarse con la imagen fija y no con el movimiento. Y no hacemos referencia solamente a las fotografías que aparecen en las pantallas que nos idiotizan, sabemos de la relevancia que tienen estas imágenes en nuestra sociedad, pero hacemos referencia a algo más: a no captar lo que está en movimiento. La mayoría de los momentos de la lucha suelen no ser fotografiados y cuando lo son, difícilmente expresan el trasfondo humano del cual fueron tomadas. Así podemos deslumbrarnos por las imágenes de represión y de ataques a la policía y el contenido social de las luchas queda caricaturizado a una serie de sucesos fotografiables, reducido a una finalidad en sí misma. De este modo, las fuerzas represivas del Estado son vistas no como un obstáculo sino como el objetivo a destruir. Evidentemente, la normalidad capitalista precisa ¡y mucho! de estos asesinos y torturadores a sueldo, pero el capitalismo no es una simple de suma de cosas y gentes, es una relación social, y una relación social no es destruida simplemente a palazos.

«Ninguna revolución es pacífica, pero la dimensión militar no es la central. La pregunta no es si los proles finalmente deciden irrumpir en las armerías, sino si revelan lo que son: seres mercantilizados que ya no pueden y ya no quieren existir como mercancías, y cuya rebelión hace explotar la lógica de capitalismo. Las barricadas y las ametralladoras fluyen de este "arma". Una revolución comunista jamás se parecerá a una matanza: no por cualquier principio no violento, sino porque será una revolución más por subvertir que por destruir al ejército profesional. Imaginarse un frente proletario contra un frente burgués es concebir al proletariado en términos burgueses, sobre el modelo de una revolución política o una guerra (tomar el poder de alguien, ocupar su territorio).» (Gilles Dauvé, Cuando las insurrecciones mueren).

«"Las balas se van a devolver” o "ya van a ver, ya van a ver, todas las balas se van a devolver" son variantes de una consigna que estos últimos días se ha rayado y gritado en las calles, se lee y suena bien, pero si somos responsables hemos de preguntarnos y ser capaces de responder entre otras cuestiones: ¿Estamos en condiciones de responder y rebasar la violencia del Estado y los empresarios? ¿Cuáles son las condiciones necesarias para una respuesta satisfactoria desde el pueblo?

¿Cómo interactúa la violencia institucional con la de aquellos que pretenden oponérsele? ¿Qué organización hemos de darnos para ejercer esa respuesta? ¿En un periodo breve de tiempo hemos podido o podremos prepararnos para ejercer acciones que superen a las fuerzas del orden? No tengo una respuesta a ciencia cierta, pero lo que tengo claro es que debemos ser responsables y no pretendernos mártires.» (Escrito desde Chile, tomado de un muro de Facebook)


Notas:
(1) Ver No solo arde París... Anotaciones sobre los chalecos amarillos (Proletarios Internacionalistas) y Guerra de Clases nro.9: Chalecos amarillos (Tridni Valka).
(2) El estallido sucedió el 17 de octubre luego del anuncio de un impuesto sobre las llamadas telefónicas a través de WhatsApp, esa fue la gota que colmó la paciencia. La rápida anulación de la medida, tal como en Ecuador o Chile, no impidió que la revuelta llegara a todo el país. El 21 de octubre, Hariri anunció un plan de reformas que no convenció: medidas contra la corrupción, presupuesto sin nuevos impuestos, programa de privatizaciones para luchar contra el mal funcionamiento de los servicios públicos y ayudas en favor de los más desfavorecidos, de todos modos, debió dimitir. La acampada en la plaza Mohamed al Amin de la capital del país es el símbolo de la lucha.
(3) Ver Nueva transacción democrática en La Oveja Negra nro.65
(4) Ver La paz y el orden en La Oveja Negra nro.63
(5) Ver Conciliación o barbarie en La Oveja Negra nro.63
(6) La gran mayoría pueden encontrarse en panfletossubversivos.blogspot.com y los de Chile en hacialavida.noblogs.org
(7) Todos los programas puedes escucharse y descargarse en
blog.temperamento-radio.com
(8) Algunxs antiautoritarixs por la catástrofe social, ¿A dónde vamos? ¡Hacia la incertidumbre y la permanente conflictividad! Algunas palabras desde y por la revuelta de octubre. Chile, 28 de octubre.

Reemergencia global de la lucha

Existe cierta lógica entre los sectores combativos del proletariado de que con violencia contra los representantes del Estado y una buena cuota de autonomía tenemos por resultado un movimiento revolucionario. Sin embargo, lo necesario no es suficiente. La normalidad capitalista puede ser mantenida tanto con partidos autoritarios, como con asambleas constituyentes, referéndums, e incluso con manifestaciones que pueden emplear la violencia.

La ruptura revolucionaria se trata de otra cosa, donde la organización, la coordinación y la acción misma son parte inseparable del contenido social, de la crítica a esta sociedad. Aunque el Capital nos imponga sus condiciones de cosificación, separación, legalidad y jerarquía, esto no significa que tengamos que reproducirlas, sino todo lo contrario.

De hecho, si observamos con atención, en las revueltas actuales no hay una perspectiva de gestionar el objeto de las protestas. En Chile, por ejemplo, el movimiento no se planteó la nacionalización y gestión obrera del transporte, simplemente evadieron pagarlo e incluso lo destruyeron. Por supuesto que años y años de ideología ciudadanista impuesta por todo tipo de instituciónes y herramientas estatales (escuelas, urbanismo, horarios, créditos y deudas, consumo, iglesias, monogamia, propiedad privada y un sinfín de otras más invisibles) han servido para que la propuesta de una Asamblea Constituyente, carta que intenta jugar el reformismo para calmar la agitación en Chile en estos días, no parezca impuesta por los que quieren ser los próximos en dirigir a los pacos. Es una idea que ya está dando vueltas hace años, y por eso en algunas asambleas barriales se plantea como solución. El problema no es solo que sigamos escuchando al reformismo, que es tan solo la continuación de la represión por otros medios, porque plantea que los cambios se hacen simplemente con manifestaciones, peticiones y legislaciones. O que nos comamos el cuento de que existe un solo y mismo proyecto, que tanto proletariado como burguesía deberíamos luchar por lo mismo, gestionándolo de diferentes maneras. Sino que lo más terrible es que estamos en una fase del capitalismo que incluso si quisiera concedernos algunos cambios para mejorar en lo inmediato algunas condiciones de nuestras vidas, como hizo cuando rebajó las extenuantes jornadas laborales que amenazaban directamente con liquidar la fuerza de trabajo, no podría hacerlo. Las condiciones de vida de nuestra clase empeoran cada vez más y el capitalismo, por sus propias contradicciones internas, no puede mejorarlas. Quienes piensan que una asamblea constituyente, o cualquier otro decreto, va a significar una mejor vida para nuestros hijos están completamente equivocados. La única manera de que el capitalismo no nos arrastre hacia un desastre mayor es terminando con él y su Estado.

Sin embargo, en las barricadas y asambleas, a pesar de la ideología democrática dominante, de ninguna manera se puso en práctica una perspectiva tan mezquina como: "hacer lo que el gobierno debería hacer y no hace." Por otra parte, ¿qué debería hacer el gobierno? No es nuestra tarea llevar a cabo lo que el gobierno hace o promete sino todo lo contrario. El gobierno, acá o en cualquier país, hace lo que es necesario para bien de la economía y para eso está. Claro que necesitamos alimentarnos, conocer, aprender, vivir una existencia saludable, amarnos, cuidarnos, comunicarnos, jugar. Pero esas necesidades significan lo contrario a gestionar escuelas, hospitales, cárceles, estadios, parques y plazas, mercados, monopolios mediáticos, etc... Ya que todas estas instituciones y lugares solo satisfacen necesidades de una vida mercantilizada.

Los métodos expuestos como indiscutibles son las armas de la burguesía que nos destruyen día a día. Su comida no alimenta, así como sus medios de comunicación nos incomunican, su noción de “salud” nos enferma y nos mata, las escuelas nos embrutecen y su libertad nos esclaviza.

Parece ser que estamos ante una nueva oleada mundial de revueltas proletarias. Algunas características ya se vienen repitiendo desde hace décadas: los centros laborales no son el espacio central donde transcurren las luchas masivas, ni son el detonante de las mismas. Esto no significa que las personas asalariadas no participen, sino que el proletariado en su conjunto (sin distinción de sexo, edad o si están empleados o no) se lanzan a luchar contra aspectos que afectan a la reproducción social en su conjunto: el precio del transporte, la represión, la salud, el acceso al agua, a la tierra, la vivienda. Porque la mercantilización de la vida no tiene fronteras, y la respuesta a la misma no se limita a la explotación en el trabajo. Por ello, el encuentro en las calles y las plazas, la interrupción de la circulación de mercancías, los saqueos e incluso la destrucción de las mercancías saqueadas. Así también, es difícil encontrar reclamos concretos a los gobernantes, lo que significa una fortaleza ya que es muy difícil cooptar movimientos sociales que no reclaman nada en el lenguaje de los gobernantes.

Esta conflictividad social, además, tiende a sincronizarse porque las medidas de austeridad en épocas de crisis son globales. Porque el aumento de la explotación y el empeoramiento de las condiciones de vida no es un problema nacional o de políticas neoliberales. Ni los burgueses eligen este escenario ni los proletarios en lucha elegimos el nuestro. Las fuerzas ciegas de la economía nos han traído hasta acá. Ahora es importante saber qué hacemos, no de cara al futuro ¡sino lo que ya estamos haciendo!

Pese a la represión y las diferentes distracciones, como clase, buscamos evadir, paralizar la economía, transgredir la normalidad. Veamos el ejemplo en Santiago de Chile, se evade pagar el metro para cumplir con las obligaciones que el mismo Capital no nos permite cumplir, como pueden ser ir a trabajar o estudiar. En esa contradicción estalla la revuelta. En la sociedad capitalista la reproducción de la vida es inseparable de la reproducción del Capital, nos reproducirnos necesariamente como seres mercantilizados. Sin embargo, nuestra existencia se opone al Capital, porque a mayor ganancia del capitalista mayor es nuestro padecimiento, un alza en el boleto es una reducción de los salarios, el tiempo de transporte es tiempo directamente ligado al trabajo. Y la revuelta estalla se comprenda o no. Por eso se puede comenzar evadiendo pagar un pasaje y terminar enfrentado a los carabineros, porque necesariamente nuestras vidas y las necesidades del Capital se encuentran en completo antagonismo «¡Hasta que valga la pena vivir!» gritan los rebeldes al otro lado de la Cordillera.

Es un secreto a voces que la ganancia capitalista depende cada vez más de mecanismos financieros, aplicados no solo al desarrollo de la producción concreta de cosas y su comercialización, sino directamente al saqueo del proletariado mediante mecanismos de deuda e inflacionarios, orquestados entre empresas, Estados y bancos. También es otro secreto a voces que todos los gobernantes son títeres de diferentes intereses comerciales. Esto nos empuja a una respuesta cada vez más total y cada vez menos esperanzada en las reformas. Sin duda el camino aún es largo, pero vamos “tomando conciencia” porque las circunstancias apremian y no gracias a la influencia de quienes se atribuyen traernos esa conciencia desde afuera. Para eso es importante tener en cuenta lo que el proletariado en lucha hace, pero también qué no hace en relación a ciclos de lucha del pasado.

«Cada barricada, cada protesta que se alza contra los sucesivos aumentos de nuestra explotación, cada corte de ruta, cada saqueo, es un llamamiento del proletariado mundial a luchar contra el deterioro de nuestras condiciones de vida, a extender y afirmar la negación de este mundo, a empuñar y levantar de nuevo la bandera de la revolución social.

(...) Lo que está por venir es todavía peor. La catástrofe capitalista que se viene encima es incomparable con lo que se ha vivido hasta ahora. Las insaciables necesidades vitales de la economía capitalista piden sacrificar al ser humano y a todo lo viviente en el altar de la ganancia. Pero los proletarios hemos retomado la vía que abre la puerta a otro futuro: la pelea, la lucha intransigente por imponer una transformación radical, el ataque a las diversas instancias y representantes del capital, la afirmación en las calles de innumerables rincones del mundo de la comunidad de lucha contra el capital.» (Proletarios Internacionalistas, Revuelta internacional contra el capitalismo mundial. Noviembre 2019)

Una acción común contra el Capital

Se pueden abordar las luchas en curso explicando las revueltas mediante lo que dicen los auto proclamados representantes de las mismas o lo que dicen los analistas políticos y periodistas. Incluso se pueden abordar mirando las banderas nacionales (cuando las hay) o las consignas que, no casualmente, son mayormente difundidas por la opinión pública. Del mismo modo, se puede abordar el conflicto escuchando a cada individuo aislado, es decir privado del movimiento del que forma parte. Pero tenemos que saber que un movimiento en lucha no es una agregación de individuos cada uno con sus problemas y sus soluciones individuales. Y que la ideología dominante será la de la clase dominante mientras exista el Capital.

A las ya tradicionales banderas nacionales, en cada manifestación, vemos también cada vez más manifestantes con sus propios carteles. A primera vista, y naturalmente, estos son más simpáticos que los trapos de colores, sin embargo, muestran también el grado de atomización social en el cual vivimos. Cada cartel busca ser original, inteligente, mostrando los problemas propios, en una lógica de sacar las redes sociales a la calle, incluso no ha faltado quien ha impreso sus “memes”. Esto tiene dos características, por un lado, saca a la calle los problemas del ámbito privado, y muestra que los problemas individuales son algo común, por el otro, esa búsqueda de originalidad se conecta con el movimiento desde el problema personal. Esos son nuestros tiempos, ni mejores ni peores.

Es necesario, entonces, poder ir más allá de los discursos y los individuos, para comprender el contenido expresado por la propia actividad colectiva del proletariado en revuelta, por las necesidades que se expresan en la misma lucha, por el claro mensaje de sus acciones, sin poner todo el énfasis en lo que el movimiento dice, ni mucho menos lo que dicen del movimiento.

Una cosa es reivindicar el movimiento proletario comprendiendo sus alcances y sus limitaciones, y otra muy distinta es reivindicar la alternativa burguesa para los proletarios, o mejor dicho la fórmula que encontró la burguesía para canalizar el antagonismo de clases: el electoralismo, el gestionismo económico, el populismo, el legalismo (y sus derechos), el nacionalismo. Es decir, según la burguesía, el proletariado jamás saldría a la calle para luchar directamente por sus necesidades, y en última instancia por la necesidad de revolución, sino que lo harían siempre para cambiar la careta de la dominación. La burguesía muestra como triunfo lo que es en realidad nuestra derrota: haber logrado convencer a los oprimidos que lo mejor que podían hacer era abandonar la lucha, para preparar la próxima campaña electoral, trabajar, endeudarse, obedecer, consumir, rezar y dialogar con el Estado.

Para los representantes de la normalidad nada se parece a nada. Así cada pueblo tendría sus problemas, sus ideas y su solución, cada pueblo debería auto determinarse de acuerdo a sus particularidades, cada condición sexual, cada sector de trabajadores dividido por oficio, cada franja etárea, incluso cada grupo humano definido por gustos particulares
. Esa es la mejor manera de impedir que el proletariado asuma su organicidad. Por el contrario, el capitalismo –¡y no nosotros!– ha dividido el mundo en dos grandes campos enemigos: el proletario y el burgués, y en estas ocasiones de agudización social nos obliga a reunirnos y actuar en común.

Es en la acción directa cotidiana contra el Capital, y no en una concentración o multisectorial, que nos unificamos en base al conjunto de intereses revolucionarios, independientemente de las ilusiones y clarificaciones teóricas que tenga cada proletario. Para tender a centralizar nuestra fuerza y organizar esa acción, nos unificamos en diversas formas de coordinación. Luchando en todas partes contra el mismo enemigo y con una proyectualidad común. Es decir, actuando con una misma perspectiva y descentralizados geográficamente, yendo de este modo en contra de unos de los mayores triunfos de la burguesía: las fronteras nacionales.

Es importante mantener la premisa de enfrentar en cada región a la propia burguesía y al propio Estado, no como un mandato voluntarista de extensión de la revuelta a como dé lugar, sino como una perspectiva común en la actividad cotidiana en cada lugar.

«No hay que olvidar que también es fundamental asumir toda una serie de tareas en los lugares donde la paz social no se acaba de romper. Claro que las mismas no tienen nada que ver con limitarse a la cuestión antirrepresiva o/y movilizaciones en embajadas y consulados que son terreno abonado para discursos reformistas y de derechos, con quejas y condenas contra los “excesos del Estado”. Ni por supuesto con defender la revuelta en tanto “pueblo que no aguanta más” y que es “reprimido brutalmente”. Estas prácticas permiten precisamente a fracciones progresistas liquidar la verdadera solidaridad de clase, hacer de la revuelta y su necesidad algo de otros lugares, ajeno, lo que justifica negarla en su propio territorio defendiendo la paz democrática y los llamados a votar al mal menor. Por el contrario, la solidaridad de clase defiende la revuelta como expresión de nuestra comunidad de lucha contra el capital, como una misma lucha contra un mismo enemigo mundial. Claro que, las necesidades y tareas que se pueden asumir en los diversos lugares viene condicionada, no por la voluntad o determinación de grupos militantes, sino por la correlación de fuerzas locales. Desde luego es necesario crear instancias y comités de solidaridad, para centralizar y difundir las distintas informaciones de la lucha, así como lo que se realiza al interior de la revuelta (la sociabilidad, los saqueos, la organización comunitaria, la autodefensa, los comunicados compañeros etc.); para contraponernos a las mentiras de los medios de comunicación, a las canalizaciones socialdemócratas; para crear redes de ayuda con los refugiados, etc. En definitiva, hay que impulsar la estructuración de nuestra comunidad de lucha internacional, buscar formas de satisfacer las necesidades que se nos plantean en la lucha y saltar los obstáculos que nos encontramos.» (Proletarios Internacionalistas, Revuelta internacional contra el capitalismo mundial. Noviembre 2019)

Debemos señalar también las debilidades y limitaciones de las luchas en curso, no para apartarlas y sumarse cuando todo sea perfecto (según el gusto de cada quien) sino para mejorarlas, intensificarlas, para contribuir a esta acción común. Quienes no critican las posiciones burguesas de los proletarios combativos, populismo obliga, son totalmente incapaces de contribuir a hacer un balance y morirán repitiendo la perorata de lo que es y era evidente: "los enemigos nos trataron mal" y/o "los traidores nos traicionaron". Y la lucha de clases continuará su curso con sus llantos como telón de fondo.

Dejemos que los economistas lloren sus millones perdidos, los urbanistas sus paisajes inhabitables destruidos, dejemos que los sociólogos se quejen del absurdo de la revuelta, los curas y pastores sufran por sus iglesias y templos que ahora sí iluminan, y los aspirantes a representarnos perdidos en su desorientación. El papel de una publicación que aspira a ser y hacer la revolución es no sólo darles la razón a los rebeldes, sino también contribuir a darles sus razones, que son las nuestras, que son las de todos. Explicar con palabras la verdad cuya búsqueda expresa esa acción práctica. Porque la crítica teórica y la crítica práctica se explican una a la otra, incluso cuando se hallan relativamente separadas.

REVUELTA EN ECUADOR

El día 1 de octubre de 2019 el presidente de Ecuador Lenín Moreno anunciaba en cadena nacional un paquete de medidas económicas de austeridad en acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que evidentemente, y como ya conocemos por estas regiones, afectaría las condiciones de vida y supervivencia para la mayoría de la población en aquel país. A los empresarios les reduce impuestos y les perdona millonarias deudas, mientras para las personas explotadas hay flexibilización e inestabilidad laboral, despidos, subempleo y encarecimiento del costo de la vida.

Un pequeño texto difundido ampliamente resumía en cuatro puntos cómo el paquetazo afectaría al proletariado en Ecuador:

«1. Elimina subsidio gasolina extra y diésel: Esto significa incremento de todos los productos de consumo básico y en general de servicios. Se eleva el costo de vida.

2. Reducción de salarios: Trabajador público que se le renueve contrato ocasional será 20% menos de salario actual. Cerca del 40% de trabajadores tiene este tipo de contrato.

3. Trabajadores públicos: Regalarán obligatoriamente un día de su salario al mes al Estado y tendrán solo 15 días de vacaciones incluidos fines de semana.

4. Modalidades de contrato: Se priorizará la flexibilización e inestabilidad laboral beneficiando así al empleador.» (Red de Prensa Popular de Ecuador)

Al otro día, el Frente Unitario de Trabajadores (FUT), la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) y el Frente Popular (FP) anunciaron un paro y una serie de movilizaciones inmediatas. La Federación Nacional de Cooperativas de Transporte Público de Pasajeros (FENACOTIP) anunció la paralización de las labores para el 3 de octubre.

Ya en los comienzos de las manifestaciones en rechazo a tales medidas de austeridad podemos leer en un panfleto la necesidad de salir a protestar, pero también la necesidad de ir más allá si verdaderamente se quiere dejar de sobrevivir:

«Las últimas medidas económicas del gobierno ecuatoriano son medidas de austeridad en tiempos de crisis capitalista, que las han aplicado y las aplican gobiernos de derecha o "neoliberales" y gobiernos de izquierda o "socialistas del siglo XXI" de todo el mundo por igual, porque eso es lo que les determina a hacer la lógica misma del modo de producción capitalista, el cual se fundamenta en, o vive a costa de, la explotación de la clase trabajadora. En efecto, en tiempos de crisis el Capital siempre aplica en todas partes la misma política económica contra nuestra clase: ajuste de cinturones o mayor empobrecimiento, y aumento de la explotación.

En el caso concreto del último "paquetazo" de Moreno, lo primero lo consigue aumentando el costo de la vida debido al aumento del precio de la gasolina (pues aquí se sabe que "si sube la gasolina, sube todo"); y lo segundo, con todas las reformas laborales flexibilizadoras y precarizadoras impuestas (reducción de sueldos, de pensiones jubilares, de vacaciones, de personal, contratos flexibles, teletrabajo, etc.).

Por lo tanto, el problema no es sólo el "paquetazo" ni el gobierno "neoliberal" de Moreno ni el FMI. El problema de fondo es cómo el Capital nos ataca directa y avasalladoramente a la clase trabajadora en tiempos de crisis, y cómo podemos responder. La lucha es el camino, sin duda. Pero también es necesario analizar autocrítica y estratégicamente la lucha de nuestra clase.

(...) Por lo pronto, salir a protestar con las consignas "abajo el paquetazo", "abajo Moreno" y "abajo el FMI", "construir afinidad en las calles", y hacer todo esto de manera colectiva, más o menos organizada, más o menos autónoma, más o menos combativa... es necesario y está bien; pero hay que ir más allá (como se dijo esta noche en una asamblea autoconvocada por ahí): "abajo el gobierno", "abajo los empresarios y los banqueros", "que se vayan todos, que no quede ni uno solo", "abajo el Capital, abajo el Estado, abajo los gobiernos y todos sus lacayos".

Revertir el "paquetazo" y derrocar a Moreno (como se ha derrocado a Bucaram, Mahuad y Gutiérrez en años anteriores) serían reales "victorias" para el posible y nuevo "movimiento" de protestas sociales en este país. Pero, siendo objetivos, aquí y ahora no existen las condiciones y las fuerzas sociales reales, el nivel de lucha de clases real para ello, aunque por algo se empieza. Puede ser que este gobierno de empresarios y banqueros se salga con la suya, pero la lucha de la clase proletaria en las calles tratará de impedírselo y no será en vano. La lucha es el camino y ahí mismo, luchando, se aprende, en especial de los golpes y las derrotas, a fin de transformarlas en su contrario en próximas batallas.» (Anónimo. Breve análisis del "paquetazo" y las próximas protestas en este país desde la crítica radical. Quito, 2 de octubre)

El jueves 3 de octubre, varias organizaciones sociales de todo el país llaman a realizar un paro nacional. La CONAIE junto a sectores del sindicalismo tradicional, apoyan el paro con el objetivo de expresar su oposición al paquete de medidas del Gobierno. Este anuncio conllevó el inicio de una serie de movilizaciones en distintas localidades del país y asambleas permanentes en diversos territorios. La intensificación del Paro en Quito es apoyada con una masiva movilización indígena hacia la capital. Se demanda la derogación inmediata del “paquetazo”, es decir, del Decreto 883 expedido por el Gobierno. Cabe señalar, sin embargo, que del 3 al 7 de octubre quienes sostuvieron las protestas y disturbios en las calles no fueron los indígenas sino las heterogéneas masas proletarias de la ciudad. Así como también, que desde el 3 de octubre el gobierno decretó el estado de excepción y reprimió brutalmente a los manifestantes.

Desde la mañana del 4 de octubre hubo presencia militar y policial en varios sectores del país, tanto para enfrentar las continuas protestas como para garantizar el transporte. Los transportistas anunciaron el fin de su paro para iniciar el diálogo con el gobierno. Y a pesar de este intento rompehuelga de la mafia dirigencial de los transportistas, el Paro siguió en pie, incluyendo la participación de algunas bases de los mismos transportistas. Mientras que, en Guayaquil, se registraron también saqueos en algunos comercios.

El día 5 la CONAIE decretó un "estado de excepción" en todos los territorios indígenas, anunciando la retención del personal de la fuerza pública para que sean sometidos a la justicia indígena (baño de agua helada, ortigazos y latigazos). Tales retenciones ya venían sucediendo en lugares como Alausí donde 47 militares permanecían retenidos hasta la llegada de la gobernadora. Al mismo tiempo, anuncia una gran movilización hacia Quito.

El día 6, en el Puente de la Unidad Nacional (Guayaquil), se crea un cerco militar y policial. En Azuay, se registra el primer muerto. En Quito, se reciben donaciones en la sede de la CONAIE. En horas de la noche, ingresan tanques militares al centro histórico de la capital. El ministro de defensa Oswaldo Jarrín y la ministra de gobierno María Paula Romo dan una cadena nacional en horas de la noche donde dicen que no son tanques sino “blindados”, que «no existen territorios indígenas» sino sólo del Estado nacional, amenazan con «no desafiar a las fuerzas armadas», descalifican las protestas “violentas” y las “noticias falsas”, y justifican el terrorismo de Estado y las mentiras de la prensa.

El día 7, más de 20.000 «indígenas llegaron a Quito y fueron recibidos con aplausos por la población de la ciudad. Los intentos de contener el avance fueron inútiles: tanquetas incendiadas, comisarías destruidas y policías huyendo (…), a la par que llegaban miles de manifestantes caminando o en todo tipo de vehículos a la capital ecuatoriana. Mientras, el presidente Lenín Moreno debió huir de la capital y trasladar la Casa de Gobierno a la ciudad de Guayaquil. Se difundieron imágenes en las redes sociales de los edificios de gobierno evacuados mientras el movimiento indígena rodeaba el palacio de gobierno.» (ANRed. Ecuador: movilización histórica en Quito hace huir al gobierno a Guayaquil) También se tomaron la Asamblea Nacional y la Radio Pública.

Se habla entonces de insurrección. Incluso también de “doble poder”, de la “Comuna de Quito”, debido a las ocupaciones, con centros de acopio, ollas comunes, asambleas permanentes y barricadas. Con epicentro en el Parque “El Arbolito” y el Ágora de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE) –a unas cuadras de la Asamblea Nacional y la Contraloría General del Estado– estas ocupaciones se mantuvieron hasta el último día del paro.

El día 9 de octubre, es el 7° día de Paro Nacional y se convoca a una gran huelga general. Se registran fuertes enfrentamientos callejeros y una brutal represión policial a tal punto que, en horas de la noche, la policía lanza bombas lacrimógenas a los “centros de paz” donde se encontraban mujeres y niños.

Para entonces, las masas proletarias, de las cuales los indígenas son una parte fundamental, se han lanzado a las calles y carreteras de todo el país, con actos de solidaridad y rebeldía que los principales medios de información intentan cercar, encubrir y falsificar. Se ocupa temporalmente la Asamblea Nacional (digamos, el congreso), se ocupan e incendian comisarías y otros edificios públicos. Se capturan militares y policías e incendian sus vehículos, se extiende la lucha en diversas ciudades con ollas comunes al calor de las barricadas, continúan ocupados pozos petroleros(1) y se ocupan Gobernaciones en algunas provincias de la Amazonía y la Sierra. También se realizan cacerolazos, cortes de ruta y marchas en muchos lugares del país. Las masas proletarias en el campo defienden sus territorios y ponen en fuga a los militares, bajando luego a las ciudades a formar parte de la insurrección. La lucha no sólo ha destruido el sórdido mutismo de la rutina capitalista, sino que también ha roto el aislamiento y ha permitido el encuentro rebelde de personas que, hasta hace una semana, jamás se habrían atrevido a hablarse o acercarse. Proliferan las asambleas autoorganizadas y las redes de solidaridad.

Compartimos extractos de un panfleto de ese día realizado «desde donde las papas queman», firmado por un@s proletari@s cabread@s de la región ecuatoriana por la revolución comunista anárquica mundial:

«Hicimos huir al presidente-títere de los empresarios y banqueros ladrones del Palacio de Carondelet y nos tomamos la Asamblea Nacional, mediante acciones directas masivas y redes de solidaridad de clase, a pesar del terrorismo de su Estado (estado de excepción, brutal represión policial y militar, cientos de detenidos, decenas de heridos, varios muertos, toque de queda).

No sabemos cuándo ni cómo va a concluir la situación actual. Pero sí sabemos que la lucha social continúa y debe continuar, teniendo claro y firme las siguientes reivindicaciones mínimas e innegociables:

• Derogar todo el paquetazo económico, no sólo el alza de pasajes.

• Derogar el estado de excepción y el toque de queda.

• Derrocar todos "los poderes" del gobierno de Moreno, sus jefes y sus secuaces.

• No negociar ni ceder con el Estado de los ricos y poderosos que nos matan de hambre y a bala. No dejarse robar por la burguesía y los políticos oportunistas de derecha ni de izquierda el poder que hemos ganado en las calles estos días. No exigir nuevas elecciones y nuevo gobierno. Ya basta del mismo libreto político de mierda de siempre. Autogobierno de las masas.

• Mantener las Asambleas en todas partes para autoorganizar la movilización, la solidaridad, el abastecimiento, la salud y la autodefensa de nuestra gente.

• Exigir la devolución de todo el dinero robado por empresarios, banqueros y políticos, para poder mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora del campo y la ciudad.

• Expulsar a la Minería y al FMI.

• Liberar a los compañeros detenidos.

• Romper el cerco mediático y denunciar el terrorismo económico y policial del Estado.

• Llamar a la solidaridad de clase internacional concreta en todo el mundo.

Proletari@s en lucha de este país:

Ganemos o perdamos, hemos despertado del letargo histórico, respondido a los ataques de todo tipo de la clase dominante, hecho cosas que no se han hecho en muchos años, y estamos aprendiendo en la práctica varias lecciones importantes durante estos días de intensa lucha de clases.

Ganemos o perdamos, mantengamos encendida la llama de la lucha proletaria para poder construir y sostener a mediano y largo plazo una fuerza social autónoma con la capacidad y la claridad necesarias y suficientes para tomar el poder no del Estado burgués, al cual hay que destruirlo de raíz, sino sobre nuestras vidas. (…) ¡Vamos hacia la Vida!»

Debido a la brutal represión del día 9, el 10 amanece con este parte de guerra: «7 muertos, de los cuales 1 recién nacido; 95 heridos graves, más de 500 heridos leves; 83 desaparecidos, de los cuales 47 menores de edad; más de 800 detenidos, de los cuales la mayoría en recintos policiales y militares; 57 periodistas agredidos por la policía; 13 periodistas encarcelados; 9 medios de comunicación intervenidos; 26 políticos apresados; además se reporta la detención arbitraria de 14 ciudadanos venezolanos que no participaban de las marchas» (Coordinadora Ecuatoriana de Contrainformación). Por ello, este es un día de luto, pero también de protestas, policías retenidos, asambleas, marchas y resistencia. En efecto, el 10 en el Ágora de la CCE en Quito, los indígenas retuvieron a 8 policías, solicitando al de más antigüedad que se contactara con el comandante de la policía para que se detenga la represión y derogue el decreto 883. En el mismo lugar se realizaron ceremonias fúnebres para los manifestantes fallecidos. Allí estuvieron 31 periodistas, quienes de acuerdo con la CONAIE «no están secuestrados, están con el pueblo para garantizar el derecho a la información», mientras la Ágora era cerrada como una medida de seguridad.

El día 11 «en el Ecuador era el noveno día de paro y los ecuatorianos ya habían perdido la cabeza. Ese día se inició con el nuevo tarifario para el transporte público [de 25 ctvs. a 35 ctvs. de dólar]. También, con la declaratoria de emergencia en el sector florícola del país. (…) El presidente de Expoflores, Alejandro Martínez, dijo que “si no se retoman las actividades se perderán alrededor de 20 mil toneladas de flores que llegan a ser más de 250 millones de dólares”. La movilización de los indígenas continuaba. (…) La producción petrolera ya había perdido más del 50 % de su producción. Había más de mil detenidos, según los datos de la Defensoría del Pueblo. A las afueras de la Asamblea Nacional se desarrollaba una protesta pacífica. Cientos de mujeres indígenas gritaban: “Somos mujeres, no somos delincuentes”. Para ese día también varios grupos feministas de la capital se unieron a la protesta indígena. Pero la Policía (despúes de sacar una bandera blanca para ganar tiempo y hacerse de más municiones) reprimió a los manifestantes pacíficos y lanzó bombas lacrimógenas. “Fuimos engañados”, dijo una mujer shuar, que contó lo que sucedió en la Asamblea. En sus redes sociales, la Policía denunciaba las agresiones en contra de sus miembros y explicaba que ese tipo de comportamiento “tuvo una preparación en combate”. Ese 11 de octubre, en Quito, se escucharon varias explosiones por la noche. La ministra Romo dijo que la explosión más fuerte que se oyó fue producida por un tanque de gas. La zona de El Arbolito ya era área de combate.» (La Barra Espaciadora. La crisis de octubre, día a día) A pesar del toque de queda y la represión, las barricadas de El Arbolito, cada vez mejor organizadas y resistentes, duraron toda la noche hasta las cinco de la mañana.

El 12 de octubre, aniversario de la colonización del continente americano, mientras transcurrían las protestas sucedieron incidentes en las sedes del canal Teleamazonas, el periódico El Comercio y la Contraloría General. También se hicieron piquetes, cacerolazos y marchas en casi todo Quito, en especial en barrios populares del sur, centro y norte de la ciudad, lo cual fue un hecho novedoso durante estas jornadas. Debido a ello, el gobierno decretó el toque de queda sobre Quito desde las 15:00 y corrían rumores de que la Policía iba a desalojar violentamente el Ágora de la CCE (terror psicológico de Estado), mientras que en el resto del país (donde también había protestas) el toque de queda se mantuvo como antes, es decir desde las 20:00 hasta las 05:00. Previamente indicó que revisaría el decreto que eliminaba los subsidios, tras el anuncio de la CONAIE de aceptar el diálogo directo, a lo que también se integró el FUT y el FP. Evidentemente ya se estaba cocinando la conciliación bajo el argumento de “evitar más derramamiento de sangre”.

El 13, la ciudad de Quito amanecía bajo el toque de queda que duró hasta la tarde, cuando el gobierno lo suspendió para que los dirigentes de la CONAIE puedan movilizarse al punto de encuentro. Dicha reunión sucedió hacia la noche, tras la cual se consiguió la derogatoria del decreto 883 (el cual fue la chispa que encendió la mecha), que finalmente quedaría sin efecto a primera hora del martes 15 de octubre. Una victoria parcial con sabor amargo, debido a que no se derogaron las reformas laborales y el “acuerdo” con el FMI, no renunciaron los ministros y el presidente asesino, y debido a todos los compañeros muertos, heridos y encarcelados. Esa misma noche los dirigentes indígenas depusieron las medidas de hecho, hicieron un llamado a la paz en las calles y habilitación de las vías del país.

El día lunes 14 de octubre comenzó el tratamiento de la derogación del decreto 883 (el cual fue la chispa que encendió la mecha). El acuerdo no ha impedido que se extiendan las detenciones y allanamientos de personas que han impulsado la agitación social en la ciudad de Quito, es más, podríamos decir que esta represión selectiva decanta indirectamente de estas negociaciones. La CONAIE junto con la ciudadanía organizan una mega “minga de limpieza” de los espacios ocupados durante los 11 días de revuelta en Quito, que significa librar todo el territorio que estaba dispuesto al conflicto de barricadas y cualquier registro de las revueltas, para dejarlo al control del Estado. De todos modos, al igual que en el resto de países donde se da marcha atrás con el desencadenante de las revueltas esto ya no alcanza porque el problema no es un único aumento o un paquete de medidas, sino algo mucho más grande.


Notas:
(1) Ecuador dejó de producir 63.250 barriles de crudo al día por ocupación de pozos. Al menos tres campos petroleros suspendieron sus operaciones al ser ocupadas varias instalaciones por «personas ajenas a la operación», según informó el lunes 7 el Ministerio de Energía.

Solidaridad

En estos días de protesta, desobediencia y solidaridad el proletariado en lucha se nutría de barricadas, reuniones y asambleas populares. Se autoorganizaban para abastecerse de piedras, bicarbonato y vinagre (para contrarrestar el efecto de las bombas lacrimógenas), pero también de comida y bebida.

Queremos compartir un testimonio que nos da una idea de la intensidad de los lazos de aquellos días:

«El lunes, un conocido me decía que si no pudimos ni organizarnos cuando fue el terremoto hace dos años, peor íbamos a poder hacerlo ahora, frente a la llegada de miles de personas. Me preguntó: ¿Quién va a pagar eso? ¿Cómo se va a resolver que coman tres veces al día por lo menos algo básico? Y entonces dije: las comunidades saben organizarse. Y así fue. Yo no me refería sólo a las comunidades indígenas, sino a las comunidades de seres humanos. Y en efecto, a mí misma me ha sido posible descubrir que, casi como por acto de magia, decenas de células organizativas se han formado para solicitar donaciones, para cocinar, para dar contención psicológica y emocional, para transportar, para recoger basura, para cuidar, para limpiar, para repartir lo que se requiera, para curar, para comunicar... En fin, para todo lo que se requiere.

Yo misma, de ayer a hoy, soy parte de una red de cariños y empatías en la que tal vez sólo nos encontremos por esta vez en la vida, pero ha sido suficiente compartir estas jornadas para darnos abrazos cariñosos al despedirnos, o para mandarnos abrazos por mensajes entre personas que ni siquiera nos hemos visto.

Y son a estas comunidades a las que me refería el lunes cuando le respondía a mi amigo y él, escépticamente, escuchaba. Y pienso que, si hay tanta gente buena con tanta voluntad de ayudar, tanta gente ayudándose entre sí, tanta gente poniendo el cuerpo en esta lucha, es porque todxs los que estamos ahí sabemos que no solamente estamos ayudando, sino que sabemos que nos estamos jugando el futuro. Tan potente es la lucha que la apoyan hermanxs en México, Argentina, Colombia, Chile, Perú, Bolivia. Y es potente no sólo por masiva y resistente, sino porque visibiliza un pensamiento de respeto y dignidad, pensamiento que nos acompaña desde hace miles de años, y a su vez evidencia un sistema de muerte que es el que quiere someter a toda la humanidad.

Cada quien sabrá a qué sistema acompaña: Yo soy del sistema de la Vida.» (Tomado de un muro de Facebook. 10 de octubre)