lunes, 12 de junio de 2017

LA CULTURA DE LA VIOLACIÓN

Dice Virginie Despentes que la violación es también un diálogo privado a través del cual un hombre declara a otros hombres: «yo me cojo a sus mujeres brutalmente». Suena exagerado, pero no lo es tanto. Las amenazas y el deseo de vengarse del violador son parte del diálogo que aunque se haga público excluye a las mujeres. Estos hombres que pretenden apropiarse de mujeres siguen considerándolas parte de un decorado que se puede violar o defender pero carente de vida propia. No se dirige la palabra a las mujeres en cuestión ni para preguntar como se sienten, si precisan algo, o simplemente dar fuerzas. Mucho menos se dirige a otras mujeres, para ver cómo es que suceden estas cosas, cómo podemos detenerlo. Porque no les importa. Lo que les urge en las entrañas es recoger el guante y responder lo más virilmente que se pueda.

En este mismo diálogo se supone que, paradójicamente, la violación combatiría la violación. Y así, se expulsan amenazas al blanco viviente en el que se convirtió el violador acusado. Expresan sin pudor sus fantasías sobre cómo debería ser violado el violador, qué cosas deberían hacerse con su culo, a qué debería ser sometido. Para ellos, la violación sigue siendo una forma de colonizar los cuerpos, de disciplinar a los seres humanos. Tal como actúa el violador, consideran la violación como una herramienta válida, aunque neutral, y que cada quien podría darle un buen o mal uso.

Cabe señalar por qué escribimos líneas arriba lo de blanco viviente, es que mientras esa persona no sea popularmente señalada o legalmente acusada mejor no apuntar, «no meterse en la vida privada de los demás». El ciudadano decente actúa, o más bien opina, como si las violaciones fueran hechos fortuitos, extraordinarios. Refuerzan la idea de que son llevadas a cabo por monstruos enfermos cuando en verdad son realizadas por seres humanos normalizados. Refuerzan la idea, premisa de los medios de comunicación, de que son desconocidos acechantes en calles oscuras solo para que las mujeres vivan aterradas, con miedo a la noche, las salidas, los viajes, al sexo, a moverse lo más libremente que se pueda en este mundo. La realidad es que la gran mayoría de las veces ocurre en el seno del hogar, por familiares, parejas y exparejas. Pero eso es ocultado sistemáticamente por quienes mantienen el terror y la incomunicación.

Es descorazonador que ante cada caso se piense en la venganza y no en comenzar a ayudar y a evitar a que no suceda. ¿Cuándo nos podemos dar cuenta de que estamos frente a un abusador? ¿Es posible que no me lo haga si ya lo hizo, solo porque dijo que iba a cambiar? ¿Aceptar y reproducir esta noción de amor romántico y posesivo no será un factor determinante? ¿Cómo podemos protegernos? ¿Cuándo aún podemos zafar de una relación nociva que seguramente terminará mal? Son preguntas que quedan desplazadas ante el aturdimiento de indignación repetitiva y circular.

La cultura de la violación es culpar a la persona abusada y trivializar una violación por no ser lo suficientemente brutal. Pero también es la cosificación de los cuerpos para el beneficio personal y el empleo de la violación como arma de guerra, sea para invadir un país como hacen los militares de las grandes potencias, o como hacen o desean los civiles, para enderezar a unos supuestos desviados, que no son más que miembros sanos de esta sociedad enfermiza.

ROSARIO SE PONE LA GORRA: PRESENTE CONTINUO

María de los Angeles Paris era bibliotecaria del Complejo Educativo “Francisco de Gurruchaga” y de la Técnica 464. Llegó a la seccional 10° del barrio Alberdi pasadas las 21.30 horas del miércoles 3 de mayo como víctima de un robo callejero, pero luego escapó a la carrera de la comisaría «visiblemente alterada», dijeron los efectivos que la habían recibido. Según fuentes de la Fiscalía, personal policial salió entonces en su búsqueda, la llevó nuevamente a la seccional y luego a su domicilio, pero la mujer «se alteró nuevamente y fue reingresada a la comisaría, donde la dejaron sola en un cuarto aislado». Pasadas las 22 fue encontrada sin vida, aparentemente producto de un paro cardiorrespiratorio… ¿De qué otra manera perdemos la vida los seres humanos?

La terrible situación de morir en el encierro y la soledad rodeada de policías nos estremece. La versión policial y fiscal de encubrimiento ya es lo suficientemente horrososa, e hiela la sangre pensar en qué sucedió verdaderamente. Según AMSAFE (sindicato de docentes de la provincia), que realiza una investigación paralela a la de la justicia, María habría visto sus pertenencias o a quien se las robó y fue ahí que decidió irse de la seccional. Hay testigos que afirman haber presenciado cómo golpeaban y esposaban a María dentro y fuera de la comisaría.

No nos extraña que el fiscal mienta y encubra, como tampoco que el poder político avale o que los médicos, el 28 de mayo, reafirmaran con una nueva autopsia la versión estatal. Todo en esta sociedad está conjugado en nuestra contra, desde el momento en que la policía roba o manda a robarnos (recordemos el caso de Luciano Arruga), pasando por la obligación de denunciar cuando estamos yendo, viniendo o en el trabajo, para luego acabar en el monstruoso aparato de justicia.

Estos últimos meses el sistema represivo afirmó con cada vez más fuerza su función. A principios de abril veíamos cómo entraban a tiros y palazos en el barrio Qom, arrestando a más de diez pibes hasta que los largaron a la tarde, por la presión que hicieron sus madres y las y los solidarios que agitaban afuera. Luego, el 8 de mayo aparecieron uniformados armados en el Museo de la Memoria, media hora después de que familiares y amigos de Jonathan Herrera hicieran la ya tradicional recreación de su asesinato, a prepotear y burlarse de los que participaron en la actividad. Un accionar policial amparado en un llamado telefónico efectuado por un “buen ciudadano” y que se desarrolló en el patio del museo bajo un cartel instalado en su entrada que muy curiosamente versa “Presente continuo”. El viernes 12 le tocó a Elina Rivero, quien de camino a un recital con sus amigos —y mientras los ratis los amenazaban—, sufrió golpes contra la pared que la dejaron con traumatismo severo de cráneo, pasando primero dos horas en la Comisaría 7° (¡Franco Casco presente!) donde la desnudaron, robaron y continuaron golpeando, hasta que la ambulancia del SIES la dejó en el Hospital de Emergencias Dr. Clemente Álvarez, en el que permaneció en coma durante una semana. Afortunadamente ya se encuentra en la calle.

Estos fueron algunos de los hechos que más ruido hicieron en los medios de comunicación, pero detrás de estos sabemos que existe una violencia sistemática y constante, en barrios, comisarías y cárceles. Sería imposible reducirlos todos, junto al odio que sentimos, en una serie de premisas técnicas. Esto no quiere decir que no estemos de acuerdo con algo que se escucha cada vez más en los medios: «No ir a la comisaría a hacer las denuncias». Pero sería iluso creer que gracias a la tercerización de este “servicio” en las fiscalías, se garantizaría la integridad de nuestros hermanos y hermanas de clase.

Reafirmamos una vez más que la crítica a la policía y a toda la institución judicial no es una cuestión política o ideológica. Siempre es y ha sido una cuestión de preservación y solidaridad entre pares. La necesidad de control y represión es constante para este sistema y es por eso que no podemos permitirnos el lujo de entrar en tecnicismos o depositar nuestras esperanzas de cambio en pedidos de justicia. Mientras haya explotación, habrá quienes la gestionen, quienes se sometan y quienes sean insumisos y se organicen contra ella. La única forma de acabar con este círculo vicioso es fortaleciendo la solidaridad y la lucha con el objetivo de destrozar la mismísima raíz que genera toda esta violencia.

RESFRÍOS

Comienzan los fríos del otoño y comienzan los mocos, la tos y hasta alguna fiebre. Hablamos con un amigo sobre cómo los síntomas persisten más de lo debido, que no acaban de irse. Sospechamos de la automedicación, de la falta de reposo. Es posible que sea por alimentarnos mal o por no estar lo suficientemente abrigados. Pero somos humanos y nos enfermamos, es parte de nuestra condición.

La enfermedad es una expresión de nuestra humanidad. Tener una simple gripe y vivir en una sociedad capitalista puede representar muchas cosas. No poder descansar lo suficiente, ir a trabajar enfermo, proseguir con las obligaciones con las piernas temblando, no tener a mano lo necesario para ingerir, padecer en completa soledad o rodeados de demasiada gente. Entonces el problema ya no es tanto la enfermedad sino qué hacemos con ella en las condiciones que nos encontramos.

Ciertamente, el crecimiento exponencial de la enfermedad en una sociedad libre —señala Alfredo M. Bonanno en Enfermedad y Capital—, no podría compararse con el que habría en una sociedad basada en la explotación, tal y como es nuestra sociedad actual. Y agrega que la lucha contra la enfermedad es una parte integral del conflicto de clases. No tanto porque la enfermedad esté causada por el Capital, que sería una declaración determinista y por lo tanto inaceptable, sino porque en una sociedad libre sería diferente.

¡DE NORTE A SUR LUCHEMOS POR LA REVOLUCIÓN SOCIAL!

Desde hace décadas en Santa Cruz se viven, bajo matices económicos distintos, situaciones similares de ajuste, lucha y represión. Muchos aún rememoran la malaria vivida tras el decreto del año 92 cuando, el entonces gobernador menemista Néstor Kirchner, rebajó los sueldos un 15%. Otros tantos, el largo y duro conflicto social del 2007, del cual se cumplen diez años y del cual ofrecemos un relato como complemento a una segunda parte de este breve artículo, en la que tratamos la situación actual. Haciendo hincapié en aquello que respecta a la lucha social y el rol de los agentes del orden social, transcribimos para los lectores de La Oveja Negra las palabras de un compañero.

Iniciamos entonces nuestro texto en sentido cronológico, partiendo desde el año 2007, que comenzó con una serie de paros escalonados por reivindicaciones laborales, asumido por la Mesa de Unidad Sindical (MUS), conformada por sindicatos del sector público, con gran acatamiento y movilizaciones masivas, superando las diez mil personas en la calle.

El Gobierno Provincial, capitaneado hace diecisiete años por el Frente Para la Victoria, no tardó en organizar a los elementos más obedientes de los esclavos asalariados para hacer de fuerza de choque. La lucha de los trabajadores estaba cada vez más volcada en las calles y en las asambleas, y paralelamente el contexto se endurecía, con grandes descuentos a los huelguistas y la militarización de la ciudad. El 9 de mayo, infantería reprimió a balazo limpio una manifestación de trabajadores municipales, dejando en esa ocasión quince compañeros heridos con balas de goma, y uno de ellos con un plomo en el pie que le causó una amputación de tres dedos. «Se auto hieren para dar lástima», dijo un funcionario. La bronca colmó a los compañeros que marcharon de a miles por las calles de Río Gallegos y Caleta Olivia, y realizaron cortes de ruta y piquetes en el interior de Santa Cruz.

Rápidamente, la MUS canalizó la lucha y la organización que emergía desde los acuerdos de base, llamando a elecciones provinciales. Así, este gobierno que perdía la “legitimidad” de sostener el reino de la mercancía, debía ser cambiado por uno mejor, más democrático y efectivo. El gobernador Carlos Sancho renunció tras la represión. Esta sencilla rotación de mandos fue vendida como triunfo por los curas, patrones y sindicalistas de la provincia. Esa fue la manera de ir pergeñando la derrota que se venía. Los asalariados en Santa Cruz, eran un cuerpo gigante, pero sin huesos.

En junio, las expresiones del antagonismo social a nivel local comenzaron a lidiar con una agudización del ambiente represivo, que coincidía con la aprobación de la Ley Antiterrorista. La Ley supuso una amenaza para los luchadores sociales en 2007 y los años posteriores. En agosto, durante una movilización fueron atropellados más de veinte trabajadores, quienes quedaron gravemente heridos. Esta se realizaba paralelamente a un acto partidario encabezado por Néstor y Cristina Kirchner. El asesino al volante no era más que un ex Ministro de Gobierno del FPV, Daniel Varizat (ver La Oveja Negra nro.30: 2007: Atropello a trabajadores en Río Gallegos).

La confianza —mezclada con obediencia— en el Estado, la Iglesia y el Gobierno como garantes de la paz social, y en la Policía y la Gendarmería como gente «que también sufre como nosotros», dio a los trabajadores más de un trago amargo. Esto, que parece una inocentada de sindicalistas, partidos de izquierda y partidos patronales coaligados, no es más que su función social objetiva: hundir la lucha y llevar su reformismo a niveles insultantes.

Santa cruz en la actualidad
Desde 2015, a causa de la bancarrota económica en la que se encuentra la Provincia, las condiciones laborales generales se rebajan hasta el límite, pasando por demoras o falta en el pago de sueldos, y frente a esto, el gobierno hace propuestas de pago en cuotas y aumentos escalonados que no superan el 15%, variando según el sector. Esta situación se arrastra hasta hoy.

El sistema de salud se deterioró a un nivel crítico, suspendiendo servicios por falta de profesionales e insumos básicos (gasas, jeringas, suturas, etc.), así como por problemas con la obra social de los trabajadores estatales, la “Caja de Servicios Sociales”, intervenida hace 27 años por emergencia e irregularidades. Los trabajadores nuevamente son empujados a las calles por las condiciones de vida, en un largo y extenso proceso de lucha que parece tener su eco en lo sucedido años atrás.
A continuación, se transcriben las palabras de un compañero en lucha del sector docente, quien nos da una breve apreciación del contexto:

«Con respecto a las luchas del años pasado y este, se puede decir que el conflicto se ha agravado. Con respecto a la organización de los trabajadores, estos solamente se organizan a través de sus sindicatos. Se pueden ver pequeños grupos trotskistas que intentan adueñarse del poder, pero no son elementos revolucionarios para nada, solamente quieren llegar a sus fines. Es más, podés ver cómo negocian con las camarillas dirigentes de estos sindicatos, a pesar de que en el discurso digan que no, que está todo mal, que los otros son de la patronal y todo, uno puede ver cómo hacen acuerdos, que tiran para el mismo lado y limitan el accionar de los trabajadores.

Fundamentalmente, el sindicato lo único que hace es limitar el accionar de los trabajadores, siempre trata de poner un freno. La lucha no la orienta en un sentido de lucha de clases, el único fin de la lucha es la de recomposición salarial sin cuestionar, sin pensar una crítica al capitalismo, al trabajo asalariado, está vacía de contenido. Es solamente pelear por el valor de nuestra fuerza de trabajo, y nada más. Y ni siquiera eso, porque es un chamuyo, porque ni siquiera lo pelean realmente, ellos arreglan y después te dan lo que quieren. (…) El problema mayor es que fomentan ese espíritu ciudadanista que cree que con la democracia se puede hacer todo, se va a lograr todo, que haciendo marchas vamos a conseguir algo, o presentando notas o haciendo denuncias, ese espíritu está en la gente (…)».

En los últimos meses hemos tomado conocimiento en distintas ocasiones de la grave situación económica y el posterior plan de austeridad que se vive en esta provincia del sur de Argentina. Los medios lo presentan como el corolario de la «corrupción K», como un «pedazo de Venezuela en Argentina». De acuerdo a la actual versión presidencial, eso es lo que le iba a pasar al país si el anterior modelo continuaba al mando del Estado Argentino. Las interpretaciones discursivas no nos preocupan, en esto, como en todo lo trascendental, importan los hechos, y la mierda de vida precaria que enfrentamos a diario nos sirve para darnos por entendidos en lo que diferencia a un político burgués de otro: nada.

 La disputa sobre los errores y aciertos que se producen en el manejo de la maquinaria capitalista, cómo debe organizarse y administrarse la producción que devasta la tierra, los ríos y los animales tampoco va a entretenernos. Sabemos que esas prácticas y discusiones baratas nunca atacan la raíz de las cosas. Apenas arañan penosamente la superficie del problema ofreciendo soluciones aún más humillantes que sus emisores.

En el campo de la lucha y de la memoria, como en todos los aspectos de la lucha entre explotados y explotadores, es preciso defender la revolución social como objetivo, estimular la fuerza revolucionaria para avanzar en un sentido de ruptura colectiva con el ciudadanismo. Romper el aislamiento. Aprender de las derrotas y errores.

Partamos de una premisa sencilla: quiénes son ahora y en todo tiempo los amigos y los enemigos de la emancipación de la clase proletaria, una vez más, no por lo que dicen, sino por la función social que cumplen. Actuemos en consecuencia y habremos dado un gran paso.

S.O.S.

El sábado 27 de mayo se realizó un SOS humano sobre las playas de Puerto Madryn, en el norte de la Patagonia Argentina. ¿Cuál fue el motivo de dicha actividad?: ¿la erosíón de las playas y litorales de toda la región? ¿el crecimiento del nivel del mar por el cambio climático? ¿la extinción de especies y la disminución de poblaciones marinas por la acción humana directa e indirecta?

No. El SOS fue realizado para alertar a la población acerca de la baja del presupuesto en ciencia y educación del gobierno nacional y sus contrapartes provinciales, y las personas que formaron las gigantescas letras fueron principalmente científicos y docentes universitarios.

Hace algunos meses se presentó el libro Un futuro sin porvenir. Por qué no hay que salvar la investigación ciéntifica, editado por Lazo Ediciones. Allí se compartieron opiniones sobre este resurgir de movimientos en defensa de la ciencia, justo en el momento histórico en donde es más claro que nunca que esta ha sido responsable directa no solo de la catástrofe ambiental y la guerra, sino también de la creciente mercantilización de todos los aspectos de nuestras vidas.

Comprendemos la necesidad y el malestar que atraviesa cualquier trabajador cuyo puesto de trabajo peligra. Pero, como ya hemos dicho en numerosas ocasiones, no tenemos que confundir la defensa de la fuerza de trabajo con la defensa de la fuente de trabajo y el Estado que valida, norma y regula esa condición, cuando no es él mismo nuestro empleador. La situación de los proletarios de la empresa científica es sin lugar a dudas precaria, pero no podemos dejar pasar que ha sido justamente la ciencia la que, con su desarrollo de maquinaria, sistemas y técnicas ha precarizado notablemente la situación de la totalidad de los y las trabajadoras.

* * * 

El sábado 17 de junio a las 17 horas, nos encontraremos nuevamente conversando sobre Un futuro sin porvenir, y la cada vez más necesaria crítica de la ciencia, en el Ateneo Anarquista de Constitución, ubicado en Brasil 1551, en la Ciudad de Buenos Aires.

martes, 6 de junio de 2017

Traducción al francés: EL MITO DE LA IZQUIERDA SE CAE DE MADURO

Los compañeros de Materiales por la emancipación han recopilado artículos sobre la lucha de clases en Venezuela. Por su parte los compañeros de Tridni Valka tradujeron todo aquello al francés.

Note du traducteur: la version originale espagnole de ce texte propose en titre (“El mito de la izquierda se cae de maduro”) un jeu de mots intraduisible en français. Maduro est le nom du successeur de Chavez à la tête de l’État-Nation vénézuélien mais signifie aussi «être mûr», «mature».

[Compilado] VENEZUELA: CAPITALISMO Y LUCHA DE CLASES

A raíz de los últimos acontecimientos en Venezuela en el blog Materiales por la emancipación han compilado tres artículos:

  • EL MITO DE LA IZQUIERDA SE CAE DE MADURO (Boletín La Oveja Negra nro.15, abril de 2014)
  • VENEZUELA: CRISIS, PROTESTAS, PUGNA POLÍTICA INTERBURGUESA Y AMENAZA DE GUERRA IMPERIALISTA (Proletarios Revolucionarios)
  • PODER POPULAR Y SOCIALISMO DEL SIGLO XXI; LOS MODERNOS TRAJES DE LA SOCIALDEMOCRACIA (Proletarios Internacionalistas)

Reproducimos algunos extractos de su introducción: 
«Los tres posicionamientos que aparecen a continuación, fueron publicados desde el año 2013 al 2015 por parte de diversos compañeros de lucha. Pese a que han transcurrido dos años desde entonces, estamos convencidos de que su contenido no carece de actualidad, y por el contrario, el balance que realizan corresponde bastante a lo que últimamente acontece en aquellas tierras del mar Caribe.

(...) ni Hugo Chavez ni Maduro han sido dictadores fascistas, muy por el contrario, son tan demócratas como sus homólogos que exigen “la liberación de presos políticos en Venezuela” (obviamente se refieren exclusivamente a los presos de la MUD). Todos los ciudadanistas/derechistas/demócratas que cínica e hipócritamente se indignan y denuncian la represión policial que lleva a cabo el gobierno bolivariano, simultáneamente en “sus propios países” ellos también fungen como cómplices, delatores, auspiciadores y hasta participes directos en la represión y masacre a los proletarios precarios, pauperizados y marginados que luchan contra la explotación y el saqueo que realizan las empresas petroleras, gaseras y mineras.»

martes, 2 de mayo de 2017

1° DE MAYO: ¡ANTICAPITALISMO!

Folleto repartido en la ciudad de Rosario en el acto del 1° de Mayo Internacionalista, Anticapitalista y Revolucionario.

Descargar folleto

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«Yo no combato individualmente a los capitalistas; combato el sistema que da el privilegio. Mi más ardiente deseo es que los trabajadores sepan quiénes son sus enemigos y quiénes son sus amigos.»
George Engel, trabajador tipógrafo y anarquista ahorcado en 1887 por el Estado.


Nos encontramos otro 1° de mayo para afirmar la lucha contra el Capital, por la cual fueron ejecutados por el Estado nuestros compañeros en 1887. Nosotros, quienes perdemos la vida en sostener esta sociedad capitalista, somos los mismos que podemos destruirla. La lucha anticapitalista, aunque trastocada o ridiculizada, es tan necesaria como ayer. Porque sufrimos el Capital en carne propia en cada jornada laboral sea asalariada o doméstica, cada vez que buscamos trabajo, en las necesidades que padecemos, y cada vez que nos relacionamos con otros seres humanos a través del dinero que todo lo cosifica para multiplicarse a costa de nosotros.

Padecemos el Capital porque este no es una simple cosa, una acumulación de máquinas en un galpón o de billetes en un banco, sino que es una relación social. Se trata de una sociedad mercantil generalizada, donde los seres humanos nos relacionamos tal como si fuésemos cosas y a través de las cosas.

Son demasiados los motivos para juntarnos y luchar colectivamente, aunque estos son más notorios cuando se intensifican. Ya es suficiente con que nuestra vida tenga precio, pero como nos acostumbramos a eso decidimos luchar cuando su precio baja. Seguramente sea en la propia lucha que nos demos cuenta que nuestra vida no debería tener precio y que esa realidad es también posible.

Hay que organizarnos y luchar, pero también necesitamos desconfiar de las opciones que nos ofrecen, que no ponen en duda la totalidad de la sociedad de clases. Podemos repudiar la cara más obscena del capitalismo, limitarnos a enfrentar al cuco de turno, apelar al oportunismo en contra del ajuste, echar culpas a los enemigos más visibles desligando al resto de explotadores, y prometer mejoras que nunca llegan. Pero las grandes dificultades se presentan cuando buscamos organizarnos colectivamente para luchar contra el capitalismo. Creemos necesario decir una vez más que si no aspiramos a una revolución social, nuestras luchas serán en vano.

Hace dos años, dedicamos nuestro acto a profundizar acerca de la noción de revolución social, criticando al reformismo, así como también a los partidos y sindicatos que negocian con nuestras necesidades. El primero de mayo pasado, lo dedicamos a la crítica del Estado, su ineludible razón de ser y las perspectivas de su superación. Hoy queremos insistir en la necesidad de una perspectiva anticapitalista en relación al contexto actual. Perspectiva que no surge de un dogma o desde un perfeccionismo teórico, sino que surge de las propias condiciones de vida de los explotados y de las experiencias de lucha por transformarlas. Perspectiva anticapitalista que ya era llevada adelante por todo el movimiento del cual formaron parte los “mártires de Chicago” y que nunca dejará de estar vigente mientras la humanidad se encuentre dividida en dos campos antagónicos: burguesía y proletariado.

Frente a los diversos cambios que se vienen dando en el plano político y el imaginario social en esta región, nos parece necesario criticar algunos discursos en función de los hechos y no como simple oposición de ideas, ya que esto no se trata de un panel de debate. Los poderosos imponen sus discursos no por que hablen muy bien o sean demasiado persuasivos, su fraseología solo justifica lo que ya han impuesto por la fuerza que le permite su poder, procedente de su dinero.

Los últimos años, por si aún era necesario, nos han dado una lección magistral en cuanto a la función capitalista de las denominadas izquierda y derecha. Cuando desde una perspectiva revolucionaria decimos «la izquierda del Capital» no se trata de un recurso discursivo para embarrar un oponente, se trata de una cruda descripción de la realidad. Cuando el avance del capitalismo suele asociarse con el avance de la derecha, es necesario poner en evidencia lo que ya era evidente.

Los últimos años de gobiernos progresistas en la región latinoamericana han demostrado la profunda implicación de la izquierda y el progresismo en el desarrollo capitalista
. No solo no han cuestionado los modelos productivos heredados, sino que los han profundizado enormemente. El extractivismo con monocultivos transgénicos y agrotóxicos, la carrera energética que desconoce todo tipo de límites e impulsa proyectos como el de Vaca Muerta en la cuenca Neuquina, y planes megalómanos de infraestructura para el transporte como el IIRSA, (1) son algunos de los principales ejemplos.

Hoy es más claro que nunca que para frenar el avance del Capital, hay que oponernos también al progresismo y la izquierda, que presentan como gran diferencia unos pequeños matices a la hora de gestionar la economía, y por tanto la explotación y opresión de millones de seres humanos en todo el planeta. Aquí la artimaña del “mal menor” se cae a pedazos. ¿Menor que qué? nos preguntamos, si lo menos malo de hoy era lo malo de ayer. A esta altura la astucia de proponer una salida etapista y sin ruptura es irreal y utópico.

La huida desbocada y hacia adelante que nos presenta el capitalismo, no es obra de la mente de unos pocos millonarios de derecha o de izquierda. Ellos mismos están subidos a un caballo incontrolable con sed de ganancias. Controlarlo tirando las riendas más a la derecha o más a la izquierda, es una fantasía. El Capital se dirige hacia nuestra ruina en su carrera por multiplicarse, porque si deja de crecer muere.

Desde hace varias décadas se identifica erróneamente al neoliberalismo con el capitalismo más brutal y despiadado, con el avance de la mercantilización del mundo y la degradación cultural y de los vínculos sociales, y con un Estado orientado hacia la desregulación de los mercados y el avasallamiento de los derechos y libertades más básicas de los explotados, que facilitan la represión y el aumento de la explotación. Nada nuevo bajo el sol negro del Capital, de ese modo se conquistó hace más de 500 años el continente americano. No se trata de igualar todo, sino de no perdernos en las diferencias.

Ese discurso antineoliberal que aparenta criticar duramente al capitalismo, por lo general, acaba idealizando un capitalismo supuestamente más bondadoso en el pasado en torno al cual articula sus propuestas
. Así es que el progresismo se sigue postulando como una forma de resistencia al desarrollo capitalista, cuando esto es claramente falso como mencionábamos antes.

La izquierda más a la izquierda nos dirá que eso no es verdadero antineoliberalismo, que eso no es verdadera izquierda. Esa izquierda que quiere desmarcarse del progresismo pero se limita a exigir y prometer lo que este no cumple. Su horizonte es común, en tanto no vislumbra una ruptura con el orden dominante.

Para ser más precisos, las políticas llamadas neoliberales no fueron posibles únicamente gracias a las últimas dictaduras cívico-militares y su feroz represión. Algunos de los rasgos de lo que mayormente se identifica como neoliberalismo -el avance de la precarización y especialización en el trabajo, la privatización de diversas industrias y servicios-, son inseparables de ese capitalismo añorado por muchos, que en Argentina representa el peronismo, y que tiene su correlato en diferentes regiones del mundo. Nosotros nos oponemos a esa nostalgia capitalista que fantasea con un pasado “mejor”, así como también queremos exponer la continuidad en el desarrollo capitalista, que las últimas décadas han sido producto de ese pasado y no su contrario.

Por supuesto que mientras exista capitalismo nos opondremos a todo aumento de nuestra explotación, que sufrimos a través de nuestros salarios, los precios y la calidad de lo que consumimos, o los impuestos que debemos pagar. Pero mientras creamos que esto es responsabilidad de un sector político o empresario particular, seguiremos enredados en la dinámica capitalista.

Hoy algunos celebran que se discute más política, y eso… ¿qué significa? Significa, sobre todo, que pensemos nuestras necesidades en los términos de la gestión capitalista
. Que si perdemos el trabajo sea por la falta de “industrialización” del país, o la apertura y cierre de importaciones, que las subas de impuestos sean por la falta de soberanía energética, que la inflación sea por las políticas monetarias o la especulación comercial. Se nos invita a discutir y preocuparnos sobre la estatización de alguna industria o sobre la deuda externa. La raíz de los problemas no es cuestionada y nuestra imaginación es destruida. Nos llaman a opinar sobre cada detalle, para que así no tengamos una noción de la totalidad. Nuestros enemigos más evidentes y nuestras acciones más directas se diluyen en problemas de expertos.

La huelga, por ejemplo, surgió con el objetivo de generar el mayor desorden y pérdidas económicas posibles, se trataba de imponer las reivindicaciones a través de la fuerza, estableciendo el menor diálogo posible con la burguesía y el Estado, o al menos un diálogo desde un lenguaje propio. Las últimas huelgas tienen una impronta totalmente diferente. Se las plantea como una forma de “hacer escuchar la voz de los trabajadores”, cuando los únicos que hablan son los sindicalistas y hasta los periodistas en nuestro nombre, mientras el grueso de los explotados lo perciben como un feriado. Los burgueses se organizan lo mejor posible para disminuir su impacto, así como también aprovechan para victimizarse y apretar los cinturones. Son medidas convertidas en políticas, donde los intereses de los proletarios están lejos de ponerse en juego.

Mientras que, al reflexionar acerca de procesos de lucha de hace algunas décadas o de otras latitudes, resulta necesario poner en palabras los rasgos de fortaleza y radicalidad que se plasman en la acción; hoy la situación en nuestra región se presenta a la inversa. En otros contextos, miles de proletarios se han lanzado a la acción directa, al boicot, a la huelga, al saqueo, se han organizado autónomamente para satisfacer sus necesidades, todo ello en muchos casos desprovistos de escritos, consignas, carteles o volantes. Hoy abundan las palabras, pero no parecen potenciar las luchas o dotarlas de una orientación, sino que aparecen como un techo, como una limitación. La obsesión en el discurso es propia de una época que se manifiesta impotente en la acción. Por eso es necesario saber dónde nos encontramos y afirmar una perspectiva revolucionaria de lucha contra el capitalismo, que se nutra de las experiencias del pasado y de los explotados de todo el mundo, que nos permita enfrentar las debilidades actuales, que nos prepare para los enfrentamientos futuros.

No hay posibilidad de frenar al capitalismo con más democracia porque la democracia es, precisamente, una relación entre personas que se saben desiguales, pero presumen no saberlo. La democracia no acaba con la desigualdad, es solamente una manera de gestionarla y mantenerla ordenada para evitar así cualquier tipo de desborde social.

Hoy como ayer sentimos que la única manera de acabar con este orden social que nos mata, nos hambrea, nos viola, nos envenena, nos deprime y nos devasta, es justamente destruyéndolo y no intentando mejorarlo. Una ruptura en la reproducción continua de esta realidad ha sido y es posible, por eso afirmamos que no hay alternativa junto a quienes mantienen la opresión y la explotación. No hay progresismo sin progreso del Capital. Y el progreso del Capital es obligatoriamente nuestro retroceso.


Notas:
(1) El plan IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana) se propone trazar líneas para el transporte de mercancías sobre las tierras y aguas de Suramérica como si se tratase de un mapa. Todo esto es impulsado por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) cuyo presidente actual es Nicolás Maduro.

[Folleto] 1° de mayo: ¡Afirmemos la ruptura proletaria!

Recibimos desde México esta publicación internacionalista con textos, panfletos y gráfica de compañeros de distintus puntos del planeta.

Podemos encontrar aquí varios artículos publicados en La Oveja Negra. La crítica radical y la agitación anticapitalista recorren el mundo entero, pese a las fronteras que imponen los Estados. Y poder contribuir a ello nos alegra enormemente.

¡Por la revolución mundial!

Contenido:
- Presentación
- 1º de mayo: más de 100 años después
- 1º de mayo: ¡contra los festejos burgueses, retomemos el combate de clase!…
- Contra el capital; acción directa fuera y contra los sindicatos
- El trabajo no dignifica
- Lucha contra el trabajo
- Gloriosa labor sindicalista
- ¿Se puede acabar con el paro?
- ¿Nación o clase?
- ¡Viva la revolución social!
- Notas al vuelo
- Gráficas de Agitación

Descargar Dossier 1° De Mayo de 2017

lunes, 24 de abril de 2017

ACCIÓN DIRECTA Y LUCHA REVOLUCIONARIA

Cada día debería ser más notorio el terreno en disputa que existe. Hablamos en torno a la protesta social y su demonización, la cual busca sentar un ambiente propicio para que judicializaciones más duras sean impartidas desde el Gobierno. Asimismo, esta situación, si bien se presenta cotidianamente, lo hace mediatizada y vaciada de contenido subversivo: la cuestión queda reducida a una disputa por el espacio público.

El mes comenzó con una marcha alentada por el gobierno nacional. Aquel primer sábado de abril se movilizaron sectores del pueblo argentino, explotadores y explotados, quienes consideran que el Estado debe garantizar a los ciudadanos la libertad de circulación y trabajo, o sea, la calle debe estar libre de toda movilización social. La marcha denominada por la democracia, fue una palmada en el hombro a su vez de los atorrantes del gobierno.

Días más tarde, el paro general del 6 de abril, convocado y acatado por las centrales sindicales mayoritarias, tuvo episodios represivos de distinto tenor, el más importante en la zona norte del Gran Buenos Aires, con el desalojo de la Ruta Nacional 9, más conocida como Panamericana. Allí, tras la represión con palos y gases, hubo un fuerte ataque político–mediático dirigido hacia los que utilizaron los palos de las banderas para defenderse del ataque de Gendarmería.

Mientras, en un encuentro rodeado de potenciales inversores, el presidente festejó estar trabajando el día en el que se paralizó por completo la actividad laboral. El Ministerio de Seguridad se regodeó de la eficacia del operativo de desalojo en Panamericana y otros puntos, mientras Jorge Triaca, Ministro de Trabajo, repitió sin cesar la mentira que reza un aumento en la creación de empleo. La CGT y la CTA salieron con culpa en búsqueda de diálogo con el Gobierno, mientras millones de opiniones cibernéticas eran expresadas a través de imágenes que mediatizaban el movimiento real de la sociedad.

El día 7 las fuerzas represivas desalojaron a los trabajadores de AGR–Clarín, quienes se encontraban tomando las instalaciones desde hacía ochenta y dos días. Al día siguiente, reprimieron una protesta de docentes que, después de meses de intenso conflicto con el ejecutivo, buscaban instalar una carpa frente al Congreso de la Nación.

En declaraciones posteriores el presidente Mauricio Macri cerró el mensaje: «la calle no va a ser lugar para la organización y la lucha, sino para la libre circulación».

Así, intentan vetar la acción social como forma de presión y resistencia frente a la prepotencia y el abuso cotidiano. Este firme gesto fue enviado a través de las fuerzas represivas, para abrir paso a la vía democrática, representativa y burguesa, con proyectos de ley que profundizan las penas ya contempladas en otros “protocolos de actuación del Estado”, desarrollados para controlar las medidas de fuerza y las manifestaciones públicas: la acción directa.

Ver más allá del capitalismo y sus mediadores 
A este punto del planteo es útil aclarar que las medidas de fuerza y movilizaciones, a las que estamos por demás de acostumbrados, son de carácter reformista–sindicalista. Pongamos por caso las negociaciones mediadas por el sindicato, las cuales, absurdamente, buscan encontrar algún equilibrio entre el costo de vida y el precio de la fuerza de trabajo. Pero hay algo más en este rol de eterno mediador: el sindicato es el organizador del trabajo en un mundo que requiere del trabajo organizado.

Aquellos empresarios que putean cuando no les sale su jugada y salen en los diarios culpando a los sindicatos de todo, encubren —aunque tampoco tanto— que la empresa capitalista moderna no existe sin el sindicato. El trabajo industrial no funciona sin el sindicato vertical y disciplinador, como tampoco la organización patronal existe sin el sindicato, y a su vez, el sindicato solo puede existir gracias al horrendo monstruo capitalista que lo generó.

En la actualidad los sindicatos se ven obligados a movilizar, porque en algunos casos puntuales la situación los excede pero, por sobre todo, tienen que justificar su existencia misma dentro de este mundo. Como un perro se aplasta contra el suelo y mueve la cola para demostrar al amo que ladra solo porque es un perro, pero, con todo, un perro fiel. Cuando el descontento es creciente queda en evidencia cómo el sindicato, junto al Estado y al empresariado, juega un rol determinante en la contención social.

Los mediadores no luchan por nosotros, sino contra nosotros. Y de ese modo, nosotros debemos intentar ver más allá del restringido panorama sindicalista que nos reduce a trabajadores y nada más, porque dentro de ese horizonte capitalista, que les asegura paz y continuidad, la lucha revolucionaria no tiene sentido.

Si luchamos a pesar de ellos, si potenciamos el rechazo del horizonte reformista aún frente a la posible derrota, también podemos ganar, en espíritu de revuelta, participando junto al resto de los explotados, oponiendo la unidad de clase más allá de los reclamos específicos. Los sindicalistas resisten este punto de vista y se unen a los capitalistas en su miedo común a la rebelión.

Cabe aclarar que el rechazo al sindicato y a toda estructura del Capital, que esbozamos, no es eficientista, ni busca una estructura alternativa que haga lo mismo pero con otro nombre. El sindicato, en sus objetivos de freno a la generalización de la lucha y mantenimiento del orden capitalista, es irreemplazable. Y su grado de eficiencia siempre es medido en torno al porcentaje que consiguen: por ejemplo, en Neuquén el gremio docente firmó un acuerdo del 31%, que rompe con la pauta salarial mantenida por el gobierno a nivel nacional, lo cual es presentado por los sindicalistas como un gran triunfo. Pero ahí se queda la cosa. Pactar un 15 % o plantarse en un 40% es importante para poder mejorar nuestra supervivencia, pero si en la lucha no hay comunidad, si entre trabajadoras no nos cuidamos, contagiamos y transformamos mutuamente nuestra necesidad de vida, si no vislumbramos juntos que nuestra necesidad de vida está contrapuesta a la necesidad de ganancia del patrón, es solo una cuestión de números.

En cualquier período de lucha, y sobre todo en los que vienen, tenemos que desarrollar las luchas sin fortalecer los dirigencialismos y toda utilización de nuestra clase y manipulación de nuestras necesidades. Instando a desacatar las órdenes de los dirigentes, a fortalecer las asambleas y espacios de discusión y combate que se desarrollen fuera de las garras de los posibilistas y aventureros.

Sin exigir a quienes negocian con nuestra vida «que pongan fecha». Tomar el palco del “triunvirato” y pedir con insultos que cumplan con su rol de dirigentes, es reconocer su permanencia y avalar su miserable función. Esta visión parcial y débil presenta la lucha como una simple cuestión de voluntad de los líderes políticos y sindicales. Refuerza el hecho de que, a su vez, los reclamos sociales sean capitalizados por dirigentes puntuales que los hacen suyos para orientar y ahogar aún mejor cualquier manifestación de descontento, esto es justamente lo que está sucediendo en el territorio argentino.

La intención no es pedir nuestra porción de la torta. La torta es capitalista y siempre será así. De la burguesía solo podemos esperar miseria y plomo, por más obedientes que sean nuestras acciones, por más mezquinos y denigrantes sean nuestros reclamos. Frente a la búsqueda de reivindicaciones parciales y aisladas de la normalidad reformista, propaguemos la lucha revolucionaria. A la sociedad burguesa y sus instituciones opongamos la lucha por el comunismo y la anarquía siempre. Aún cuando escuchemos ese coro infame que resuena desde el fondo de la historia afirmando al unísono que la realidad no puede trastocarse, que este orden social no puede abolirse. No hay posibilidad, argumentan, ¡como si viniéramos de caminos de triunfos! Que es pedir demasiado, nos responden, ¡qué van a cambiar la realidad con decretos!

Debemos asumir la lucha revolucionaria y comprenderla como parte de un largo proceso de los explotados y oprimidos a través de la historia. La revolución no es una doctrina que nace de principios dogmáticos, nace de los hechos. La clase explotada del mundo constituye y es a la vez constituida por hechos. No somos espectadores de los sucesos, somos sus protagonistas: ¡asaltemos el tren de la historia! ¡Detengamos la marcha capitalista!

POR UNA SOCIEDAD SIN CLASES

Cada asalariado necesita mejorar sus condiciones laborales. La ideología dominante empuja a la salida individual: hacia el «arreglate como puedas» capitalista, que suele significar huir hacia delante pisando las cabezas necesarias. La otra posibilidad es pensar y actuar colectivamente. Rechazada la opción del «sálvese quien pueda» las reivindicaciones salariales son ineludibles y necesarias mientras exista el salario. Pero una cosa es defender la fuerza de trabajo y otra es defender la fuente de trabajo, en este caso, la escuela o, mejor dicho, el Estado.

Es cierto que hoy las escuelas son un lugar de contención, donde miles de trabajadores de la educación dan lo mejor de sí para brindar conocimiento y afecto a millones de chicos. Pero a su vez, y esto no podemos olvidarlo nunca, son también un espacio de disciplinamiento, y no solo por los contenidos que pueden darse. Allí aprendimos durante años a reprimir nuestros cuerpos, encerrados, fichados, quietos, obedientes, cumpliendo horarios, siendo castigados o recompensados, salimos listos para el mercado laboral.

Como en todas las ocasiones que luchamos por nuestra fuerza, por el precio que ponemos a nuestro tiempo, no es necesario defender la institución educativa, como no lo es para un minero defender la minería a cielo abierto. Ya es suficiente con tener que negociar el precio de nuestras vidas como para agregarle el peso de defender a quienes nos compran, ya sea el Ministerio de Educación, una fábrica o una oficina.

El Capital, y no solo en Argentina, solo puede sobrevivir a costa de ajustes de cinturones cada vez más apretados y para ello es necesaria la disciplina, y no solo la que imparten los medios masivos de comunicación, porque estos no son más que un apoyo al gran disciplinamiento de la rutina a la que nos vemos sometidos proletarios grandes y chicos.

El progresismo, que es el progreso del Capital, también tiene su parte en las propuestas pedagógicas ministeriales que han adoptado cada vez más recursos progresistas, cargando a los maestros con una imposibilidad más, debiendo sostener aquel ideal de educación en un contexto completamente desfavorable, que mantiene aún las estructuras modernistas de educación formal. Una bajada de línea, “bonita” en los discursos pero imposible de implementar. He aquí la evidencia de que el actual conflicto gremial, provincial y nacional, no se centra únicamente en el aspecto salarial. Dentro de estas propuestas estatales se pueden oír cosas como: «procesos de subjetivación múltiples» —dado que los sujetos no son universalmente iguales; «ofrecimiento de mayor cantidad de herramientas de comprensión de signos»; desaparición de la idea o imagen de la escuela colonial; «desestructuración de las prácticas»; adopción de los nuevos recursos tecnológicos, entre otras. Propuestas que, para todo docente que desea “transformar” la sociedad haciendo únicamente modificaciones parciales y graduales, creyendo que el cambio se da desde la educación y que jamás se plantea el verdadero rol de la escuela dentro del sistema capitalista, le resulta de lo más estimulante. No nos dejemos engañar: lo insostenible de estas prácticas queda supeditado al contenido, de por sí demagógico, sumando mayores tareas a las docentes a la hora de planificar sus clases que, además de enseñar, deben cuidar, proteger, escuchar, contener, lidiar, reprender, y un largo etcétera.

Tanto pública como privada, la escuela ha sido y sigue siendo una herramienta de adoctrinamiento de los futuros trabajadores. Ese espacio por el que niños y niñas pasan la mayor parte de su crecimiento y juventud, aprendiendo a cumplir con los horarios preestablecidos, a obedecer a sus superiores, a efectuar debidamente las tareas asignadas, a permanecer en una misma aula durante una determinada cantidad de horas, a asimilar la moral de “buenos alumnos” (para convertirse luego en la de “buenos ciudadanos”) y, por sobre todo, a no cuestionar nunca la estructura de dicho sistema. Progresista o colonial, la escuela será siempre igual.

Es importante para el resto de proletarios que trabajadoras y trabajadores de la educación puedan comprenderse como tales, puedan despegarse de su ámbito de trabajo, criticar su labor civilizatoria y renegar del explícito carácter de género establecido específicamente para las mujeres maestras. Que dejen de entenderse dentro del círculo reducido de su especialidad, sino en solidaridad con otras mujeres trabajadoras y con la totalidad de personas explotadas en este mundo dominado por el Capital. Claro que la labor de los docentes es importante, pero no es importante ni para los niños, ni para sus padres, ni para los mismos trabajadores, es importante para la reproducción de este sistema de ganancia y muerte, que requiere que haya un ciclo de nuevos trabajadores libres y educados para explotar.

Los reclamos por mejoras de las condiciones laborales son la resistencia que tenemos más a mano los trabajadores a la hora de enfrentarnos a la explotación. Pero no debemos olvidar que, si bien se ciernen dentro de las reformas y se encuentran comúnmente dentro de los encuadramientos sindicales, son apenas un primer y pequeño paso para la emancipación total de las condiciones materiales de existencia que nos hacen vivir como vivimos.

Luchemos por una sociedad sin clases, de ningún tipo.

DESDE COMODORO RIVADAVIA: TEMPORAL Y DESASTRE

El día 29 de marzo del 2017, en la ciudad de Comodoro Rivadavia, Chubut, comenzó una intensa jornada de lluvias, la cual se extendería durante dos semanas, provocando el colapso de la ciudad. En tan solo treinta minutos, cuando se intensificó la lluvia, la ciudad estuvo totalmente inundada, con cloacas y desagües desbordados y cortes de luz y agua, cuestión agravada con el correr de los días. Esto generó la suspensión de las actividades laborales y, alrededor de las seis de la tarde, se cortaron los accesos principales que unen el centro de la ciudad con los barrios de zona norte por el peligro de derrumbe del cerro Chenque. Lo cierto es que no es la primera vez que en Comodoro se viven tormentas tan fuertes, ya años anteriores diluvios se habían llevado vidas y hogares y dejaban a la gente en la miseria.

Para el 7 de abril la lluvia seguía azotando, con el condimento de los fuertes vientos característicos de la ciudad, situación que empeoró todo el panorama: la mayoría de los acueductos que alimentan los barrios se rompieron o desplazaron?, dejando sin agua para uso diario, provocando además su contaminación por la filtración de agua sucia e incluso de aguas cloacales. La electricidad comenzó a funcionar con intermitencias (y en algunos barrios nunca volvió), y se aumentaron los riesgos de electrificación en la vía pública. En sectores bajos, rodeados de cerros, el agua y los aludes generaron zanjones de varios metros de anchura y profundidad, y en la costa el agua arrastró casas y vehículos al mar. Hay barrios de zona sur en los que solo se puede llegar con canoa o maquinaria pesada y camiones. Se calcula que el 80% de la ciudad está colapsada y dañada, con más de dos mil evacuados y seis mil autoevacuados. Las rutas norte y sur, con salida a Trelew y Rawson y Caleta Olivia respectivamente, se encuentran inhabilitadas y cerradas, y los vuelos suspendidos.

Situaciones similares se viven en otras provincias como San Juan, Córdoba y zona norte de Santa Cruz, con viviendas totalmente destruidas, evacuados y desaparecidos. El problema no es la naturaleza, esta sigue su dinámica de acuerdo a los ambientes. El problema es que las ciudades no están diseñadas para sobrellevar los problemas naturales, sino que se articulan a la necesidad de que circule gente para producir y consumir la mierda de mercancías. Por supuesto los más humildes, los barrios marginados, se llevan la peor parte, porque suelen ser los terrenos inundables o ubicados en zonas bajas o peligrosas, las que se destinan para viviendas de “bajo costo”. Año tras año se prometen obras para paliar estas situaciones y, sin embargo, cada nuevo desastre nos golpea con más fuerza y desborda toda posibilidad de asistir a los afectados.

Frente a este contexto, donde las condiciones diarias de necesidades se llevan hasta los límites extremos, donde cualquier situación podría ser excusa de egoísmo, de acaparamiento de alimentos, agua y todas aquellos elementos vitales, en Comodoro Rivadavia se produce y generaliza una organización social basada en el apoyo mutuo y la solidaridad. Si bien hay situaciones propias de la ciudad capitalista que salen a flote, de gente que se aprovecha de otros, estas se vuelven situaciones aisladas y repudiables porque la necesidad del conjunto es protegerse y ayudar. La solidaridad no se hace desde el punto de vista de «te doy “cosas”», sino que se traduce en acciones. Muchas personas, al tener vehículos 4x4 o camiones, se ofrecieron voluntariamente a la repartición por el territorio, llegando algunos a viajar 20 km de un barrio a otro para acercar agua, abrigo o alimentos. Otros brindaron sus casas para albergar a quienes perdieron todo, se ofrecieron para cocinar en los centros de evacuados y atender a la gente. El medio de comunicación que hizo de puente para cooperar con la difusión de información fue la radio, dando la oportunidad a la gente para que llame y avise sobre su situación, sirviendo de medio de organización y de nexo entre las partes (quienes ayudan y quienes la necesitan).

El afecto hacia el “desconocido”, cuestión lapidada por la sociedad capitalista, salió como un instinto natural, borrando fronteras barriales, futboleras, racistas, xenofóbicas, etc., viendo el dolor del otro como propio, no porque le puede pasar a los suyos (familiares, amigos, etc.) sino porque lo ve como a un par.

Si bien es muy probable que una vez estabilizada la rutina, en la que la gente vuelve a explotarse para sobrevivir, aislándose y recobrando la interminable tarea de levantarse a trabajar y volver a dormir, esta solidaridad se vea tapada. Pero la experiencia nos grita al oído y nos muestra en la cara que somos capaces de organizarnos para salir adelante. No es casualidad que con la destrucción casi completa de la ciudad haya muerto solo una persona. No necesitamos de un Estado, un gobierno, para sobrevivir. No necesitamos ni de sus leyes ni de sus restricciones para saber cómo comportarnos, si somos capaces de sostenernos cuando peor nos trata la vida, somos capaces de extenderlo y ampliarlo cuando la situación mejore.

Hoy rescatamos la solidaridad y el apoyo mutuo, alentamos el saqueo y la comunización de los bienes materiales, ya sean alimentos o camiones de empresas, máquinas y todo aquello que necesitamos para paliar el desastre que ha quedado, porque solo así podremos salir adelante.

¡Viva la comunidad humana!

ATROPELLO CAPITALISTA

Poco después de la medianoche del día 30 de marzo, un proletario afiliado al Sindicato de Trabajadores de la Vigilancia Privada que estaba sosteniendo un piquete sobre el cruce de las rutas Provincial 10 y Nacional 11, en el acceso norte a la ciudad de San Lorenzo, fue asesinado por un hermano de clase que conducía un camión y pasó por sobre el grupo de personas que se estaban manifestando.

Vale aclarar: asesinatos entre proletarios se dan cotidianamente, pero si nos detenemos en este caso particular es porque tiene el atenuante de que se dio en un contexto de lucha por aumento salarial. De todos modos, este homicidio, que no necesitó de las fuerzas represivas del Estado, no fue el primero ni será el ultimo. En otras épocas han ocurrido episodios de este tipo, y en aquel entonces eran ejecutados carneros mercenarios de las patronales.

Como no tenemos el dato preciso, no podemos afirmar que este hecho fue ejecutado por un asesino a sueldo. El problema es que, sea de la manera que sea, seguimos siendo víctimas de un sistema asesino. Porque en diciembre del año pasado un hombre que vendía su fuerza de trabajo en la cerealera CofCo (ubicada en Timbúes) perdió su vida por asfixia, y en febrero del corriente, falleció otro proletario que realizaba trabajos en la planta Louis Dreyfus (ubicada en General Lagos), luego de caer de varios metros de altura.

Con esto queremos decir, que si bien hay asesinatos que conmueven más que otros, sobre todo cuando lo ejecuta una persona que proviene de nuestra misma clase, los otros casos mencionados no son simplemente “accidentes laborales”. Sea un explotador o un explotado quien los ejecute, se den en el medio laboral o doméstico, no dejan de ser asesinatos de un sistema que no da alternativa a vivir de otra manera que no sea a partir de una vida mercantilizada. Los proletarios nos encontramos desorientados, no nos reconocemos como clase social explotada, y sin esa sospecha es imposible luchar para dejar de serlo. Nos relacionamos como competidores, nos desconocemos, cosificamos a quien está a nuestro lado, lo que hace que nos asesinemos entre nosotros y no luchemos contra el verdadero enemigo: el Capital.

Se hace necesario levantar viejas banderas de lucha, que siguen tan vigentes como antes porque reivindican que la vida humana no debe ser cuantificada a partir de criterios monetarios y mucho menos sometida a un trabajo asalariado. En la actualidad son muchos los conflictos sociales que están surgiendo contra despidos y suspensiones, o por aumentos de salarios. Todos están siendo canalizados por los sindicatos, que lo único que pretenden es garantizar la paz social y que la lucha no exceda los límites que los sindicalistas, junto con las patronales y el Estado, acuerdan.

El 6 de abril un motociclista embistió a una mujer y a su hijo de 4 años en Rosario en el marco del paro general. Y el 11 de abril un automovilista embistió a tres trabajadores de General Motors que cortaban la calle frente al Ministerio de Trabajo por las 350 suspensiones, también en Rosario.

Es necesario un quiebre y que la lucha se radicalice (es decir, que busque ir a la raíz del problema) de manera que se asuma la revolución social como la única opción para una vida fraterna entre hermanos y hermanas.

sábado, 4 de marzo de 2017

¡ABAJO EL TRABAJO DOMÉSTICO!

Hace ya varios años que hemos sumado nuestras voces para exponer la relación entre trabajo asalariado y capitalismo, para asumir la contradicción, no defendiendo el trabajo sino la vida. Porque la contradicción más importante por la que luchamos es la que existe entre Capital y vida humana.

El modo de producción capitalista, pese a su imagen racionalista y científica también produce mitos, actos de fe gracias a los cuales se sostiene. Uno de ellos es que el trabajo es ajeno a la historia, que existe desde siempre y que, por tanto, no podría dejar de existir. Esto es una verdadera falacia. El trabajo aparece como actividad separada en las sociedades de clase. Y el trabajo asalariado, más precisamente, es la forma que adquiere la actividad humana en el capitalismo. Es por ello que cuando miles de proletarios en el mundo insistimos con la consigna «¡Abajo el trabajo!» no estamos proponiendo que haya que dejarse morir de frío e inanición, sino que debemos luchar para constituir una comunidad donde nuestras necesidades de alimento y techo, así como de goce y creatividad sean puestas en común sin ser una coartada para cuantificarlas y generar ganancias. Aunque parezca extraño en este tiempo inmóvil del Capital que se asemeja a un eterno presente, la mayor parte de la existencia de nuestra especie no hemos vivido de esta manera; ello vuelve evidente que este modo de producción también tiene los días contados.

Otro mito necesario para apuntalar la normalidad capitalista es exponer el trabajo doméstico como un atributo natural de las mujeres, quienes se supone que, por naturaleza, serían buenas cocineras, lavanderas, amantes, sensibles, débiles y, por sobre todo, dependientes. No es ninguna casualidad, el primer paso para la domesticación es la creación de dependencia.

Una dependencia que es tanto económica como ideológica, basada en el mito (1) de que siempre fue el trabajador asalariado hombre el que llevó el pan a la mesa. Y en el pobre imaginario social —¡y aunque estaba a simple vista!— este trabajador habría carecido de la necesidad de cuidados, porque se trataba de un adulto sano que se valía por sí mismo. Esta falacia no solo invisibilizó —e invisibiliza— esos cuidados, sino que además produce un modelo, especialmente masculino o masculinizante, que se caracteriza por su pretensión de no necesitar de nadie. Un individuo que rechaza la interdependencia humana en nombre de la fuerte y prominente independencia típica del capitalismo.

Tal como sucede con cualquier trabajo, la función de la ideología dominante es que el trabajo doméstico sea naturalizado, amalgamado a cualquier actividad humana, cuando en verdad se trata de un fenómeno social determinado e histórico. El trabajo doméstico de las mujeres se encuentra bajo mayores sombras aun que el trabajo asalariado, por ser considerado, erróneamente, un atributo natural de la personalidad femenina, una aspiración del “ser mujer”. Pero lo que se olvida es que para crear la imagen de ese supuesto atributo natural fueron necesarios siglos enteros de desposesión y de persecución misógina, cuando las mujeres muy lejos estaban de cuadrar con la imagen de ama de casa sumisa y siempre atenta a las necesidades de su familia, y que el Capital «chorreando sangre y lodo por todos los poros», logró imponer.

No es fácil definir al trabajo doméstico en cuanto categoría. Sin embargo, quien lo sufre en carne propia sabe a qué nos referimos. El trabajo doméstico está constituido por las tareas realizadas en el hogar o para el hogar. No obstante, eso no lo es todo: a diferencia de la mayoría de los trabajos asalariados, la jornada no tiene un horario definido ni tareas precisas. ¿Y el cuidado de niños, ancianos y enfermos al que son confinadas millones de mujeres a diario? ¿Y el “servicio sexual”? Esto ni siquiera termina en casa. Llevarle un café al jefe y charlar con él acerca de sus problemas maritales es trabajo de secretaria y no un favor personal. Preocuparse por cumplir con un perfil físico determinado e imitar la imagen de las mujeres de las publicidades es una condición laboral y no el resultado de la vanidad femenina.

Obtener un segundo trabajo para las mujeres no cambia su rol impuesto, así lo han demostrado décadas y décadas de trabajo “femenino” fuera de casa. Un segundo trabajo no solo incrementa la explotación, sino que además reproduce aquel rol de diferentes maneras. Donde sea que miremos podemos observar que los trabajos llevados a cabo por mujeres son meras extensiones de las labores confinadas a la esfera privada.

Amas de casa, maestras, prostitutas, limpieza, secretarias, enfermeras, niñeras, psicólogas… las virtudes de la esposa homenajeada el día de la madre. La celebración oficial de cada 8 de marzo y las loas mercantiles a las mujeres feroces, valientes e independientes es la celebración de la explotación en nombre de un supuesto heroísmo, de una naturaleza femenina que se reconoce en la imagen masculinizante de la mujer todopoderosa, capaz de dedicarse a las tareas del hogar al mismo tiempo que va a trabajar a la oficina.

Para este 8 de marzo se hace un llamado sorprendente: un paro nacional de mujeres. Como toda medida aislada tiene sus propias limitaciones. Pero, en este caso, el paro además visibiliza un hecho sobre el cual se basa la sociedad capitalista y del cual se habla poco y nada. El Capital domina y se desarrolla a través del sistema de salario y es a través del salario que se organiza también la explotación del proletariado no–asalariado. Esta explotación ha sido aún más efectiva porque la falta de un salario la oculta.

En los años 70 del siglo pasado hubo una campaña titulada Salario para el trabajo doméstico. Esto arrancó el tema del ámbito privado, donde se lo sobreprotegía —y aún sobreprotege— para que no entrara en discusión. Pero, en síntonía con el obrerismo, reclamó su porción al Estado y a las empresas por ser de suma importancia para la producción capitalista.

El Capital, además del trabajo asalariado, depende también del trabajo no remunerado realizado por las mujeres en los hogares. Por eso no hay que defenderlo, hay que destruirlo. Recibir un salario por aquello no ha sucedido, y no pareciera que vaya a suceder. Repartir las tareas de forma más equitativa entre hombres y mujeres es una posibilidad, pero bastante remota también. Y si bien cada vez se paga más por servicios que en otros tiempos se solicitaba gratis a las esposas, madres, hermanas, hijas o abuelas, estas siguen soportando la mayor parte de estos quehaceres.

La imposibilidad de reforma es evidente. Así como la necesidad de abolir tanto el ámbito público como el privado de esta sociedad. No hay nada que salvaguardar de ninguno de los dos, ni entremezclarlos, sino hacerlos saltar por los aires junto a toda la sociedad que los ha creado.


Nota:
(1) Con mito nos referimos a una situación que, escapando a la imagen eurocentrista dominante desde mediados de siglo XX, implica un proceso histórico más amplio que las décadas doradas del capitalismo y abarca la realidad de miles de mujeres que por su lugar y momento de nacimiento fueron confinadas a un trabajo siempre menos pago que el del hombre y tuvieron que cumplir además con el trabajo en el hogar. Es por tanto un mito burgués, un ideal de la familia burguesa impuesto a todo el mundo.

¡HIGUI A LA CALLE!

Tristemente volvemos a escribir desde la rabia. Hoy es el caso Analía de Jesús la chispa que enciende la necesidad, cada vez más urgente, de ponernos a reflexionar, agitar y denunciar que las condiciones materiales y las relaciones sociales en que vivimos están deshumanizadas, y que los hechos de violencia son su expresión.

Higui es una mujer lesbiana que está presa desde marzo de 2016 por defenderse de un grupo de hombres que intentaron violarla y asesinarla. Ella vivía en Lomas de Mariló, Moreno, en el Gran Buenos Aires, y debió mudarse por el continuo hostigamiento de vecinos que, incluso, llegaron a incendiar su casa. Dicen que en esa localidad se da una expresión particularmente violenta y patotera de los hombres que no toleran a mujeres lesbianas, y que éstas son agredidas verbalmente, apedreadas y golpeadas si su elección sexual es reconocida. Dicen que allí los hombres “corrigen” tanto a lesbianas como a gays.

El Día de la Madre pasado Higui volvió a Lomas para visitar a su hermana, luego pasó por lo de un amigo que vive cerca y cuando finalizaba el encuentro, el cuñado de su amigo, conocido misógino del barrio, junto a otros nueve, la atacaron a golpes. Higui cuenta que estos seres despreciables acompañaban sus golpes diciendo: «Sos una tortillera. Sos una puta. Te voy a hacer sentir mujer. Te vamos a empalar, tortillera». Luego le rompieron el pantalón y el bóxer y uno de ellos se le tiró encima, dispuesto a violarla. Ella sacó un cuchillo que llevaba escondido y se defendió con un puntazo en el tórax que terminó con la vida de este agresor. Higui perdió el conocimiento hasta que la policía la despertó.

El horror continuó, esta vez, en el periplo burocrático y sádico de la institución policial. Analía fue llevada por personal del Centro de Operaciones Municipales a la comisaría 2da de San Miguel, donde fue objeto de burla y maltrato… «¿Quién te va a querer tocar o abusar a vos, si sos horrible?» La mantuvieron desnuda, presa, golpeada y sin atención médica durante tres días.

Uno de los agresores declaró entonces que Analía se había metido en una pelea entre dos pibes para separarlos, acuchillando a uno. Otros tres testigos declararon exactamente, al pie de la letra, la misma situación. Como es de esperarse, los vecinos se encuentran amenazados por los agresores que hoy caminan por el barrio tranquilamente, y la causa de Higui se halla repleta de irregularidades. Ella está presa desde entonces, acusada de homicidio, y la localización exacta la conocen unos pocos. Podríamos usar el lenguaje del enemigo e indignarnos por el accionar nefasto de la policía y la justicia, pedir más presencia del Estado, más policías. Pero sabemos que el Estado no está ausente en estos hechos, que la democracia no funciona mal. Si cada hecho se piensa de manera aislada las soluciones van a ser individuales, reivindicando los derechos ciudadanos, legales, de cada uno. 

En 2016 hubo varios casos de homicidios por legítima defensa en situaciones de robo. Sin embargo, a Higui no se le reconoce haber actuado en su legítima defensa, figura que parece ser válida solo cuando lo que está en juego es la propiedad privada de una persona burguesa.

Cada caso no es “un caso más” para sumar a una estadística nacional del tipo que sea, lo que aquí está en juego es el modo en que las relaciones sociales se desarrollan, y estos hechos son parte de un problema social y como tal requieren de una solución también social. Lo que le sucedió a Higui es todo el sistema actuando sobre una mujer, lesbiana y pobre. El foco está en poner en tensión todas las relaciones sociales, la violencia generalizada, y las condiciones que generan, permiten y reproducen esta violencia.

MEMORIA: «вниз с войной!»

«¡Abajo la guerra!» gritaban miles de mujeres en los mítines y manifestaciones aquel 8 de marzo de 1917. Petrogrado estaba muy tensa, las trabajadoras textiles estaban en huelga y los metalúrgicos se les sumaban. Los soldados en el frente y los marineros en las bases cercanas se estaban amotinando y las filas de racionamiento eran frecuentes focos de incidentes y destrozos por parte de las trabajadoras domésticas.

El frío invierno, la autocracia, las condiciones del frente, el desabastecimiento, la estructura patriarcal, la miseria en los hogares... Razones sobraban, pero las cicatrices de 1905 todavía ardían. El 8 era un buen día para aumentar la intensidad de la lucha. En Rusia el día de la mujer trabajadora se conmemoraba desde hacía pocos años pero con intenso fervor. Las primeras en rebelarse fueron las hilanderas de las fábricas textiles del distrito de Výborg al norte de Petrogrado: siete mil de ellas marcharon a otras fábricas y hacia las diez de la mañana habían logrado movilizar a otros veinte mil obreros. Los trabajadores despedidos de la Putílov se unieron a los manifestantes. Al mediodía, ya eran alrededor de cincuenta mil manifestantes y a primeras horas de la tarde comenzaron a unírseles obreros metalúrgicos y de las fábricas de municiones. Previendo incidentes, las autoridades habían ordenado el cierre de tiendas y oficinas, lo que hizo que algunos de los empleados se uniesen a las manifestaciones.

Doscientos cincuenta mil obreras y obreros estaban en huelga para el día 10. Este día comenzaron los enfrentamientos con la policía. Los cosacos, la fuerza más confiable del zarismo, decidieron, no obstante, no reprimir. Las fuerzas represivas habían perdido su halo indestructible, cada soldado tenía amigos y familiares entre los huelguistas y temía la vuelta al frente. El movimiento huelguístico fue astuto, no se aisló y buscó activamente la confraternización con los conscriptos arrancados del campo apenas mayores. La última de las puertas hacia la revolución comenzaba a abrirse.

Al cabo de pocos días el Zar finalmente abdicó y, si bien en su reemplazo emergió un gobierno parlamentario, también se consolidó una forma de asociacionismo proletario que había madurado desde su aparición en la Revolución de 1905, los soviets. En éstos, y como era costumbre ya desde las organizaciones narodnikis (populistas), la presencia femenina era permanente.

Entre febrero y octubre, y más aún durante los años siguientes, incluso a pesar de la guerra civil en curso, se avanzó significativamente en históricas reivindicaciones femeninas,(1) como la posibilidad de tener elección sobre la natalidad, deshacer sus matrimonios, que su formación no dependiera de los designios paternos y muchas más. Se imponían con fuerza en las calles las necesidades sociales que las legislaciones nunca traerían. Las actitudes paternales eran combatidas por mujeres, que renegaban de la idea de que su rol en la revolución fuera de apoyo, manteniendo las tareas domésticas a las cuales habían sido condenadas desde la disolución de las comunidades campesinas. «Las mujeres deben jugar un rol significativo en la campaña por los alimentos», llegó a decir Inessa Armand, una de las mayores referentes femeninas del bolchevismo, en 1916.

Pero todo ese proceso estaba, cada vez más, siendo incluido y deformado bajo el Estado, liderado por el Partido Bolchevique. Éste, siguiendo el ejemplo de las organizaciones socialdemócratas del diecinueve, postulaba que las “cuestiones femeninas” debían de tratarse en organizaciones específicas para las camaradas. Así, formaron el Zhenotdel, cuyo órgano de difusión era Kommunistka (La Mujer Comunista) y pusieron a su cargo a Alexandra Kollontai, primera ministra mujer de la historia que, tras un paso por la minoritaria Oposición Obrera, luego sucumbiría al estalinismo, cumpliendo tareas diplomáticas hasta su muerte. Mientras de la boca para afuera ese organismo se dedicaba a concientizar a las mujeres en las ideas socialistas y las necesidades de la revolución, en la práctica, el rol de estas organizaciones se centraba en el viejo truco de legislar y delimitar lo que efectivamente ya estaba sucediendo: los abortos se realizaban y los violadores eran abandonados. Las necesidades eran asumidas directamente por las mujeres, individualmente o a través de las estructuras de solidaridad que se formaban en el calor revolucionario.

El aislamiento de las cuestiones femeninas llegaría en 1920 hasta el ridículo de formar la Internacional Comunista de Mujeres, análoga a otras especificidades como la Internacional Sindical Roja o la Internacional Campesina Roja. Las y los revolucionarios denunciaron este proceso de ahogamiento y burocratización creciente, muchos incluso insistiendo en el rol capitalista y reaccionario del Partido Bolchevique que, si alguna vez había sido una organización revolucionaria, sin duda ya no lo era. Un momento destacable de la crítica práctica fue el intento de asesinato de Lenin, líder bolchevique, a manos de Fania Kaplan, militante histórica e integrante de los Social–Revolucionarios de Izquierda, en 1918.

El ardor de la revolución se apagaba entre el Comunismo de Guerra y la represión permanente a los núcleos todavía disidentes, como en la región ucraniana con el Ejército Negro Insurreccional, y la gloriosa Kronstadt, vigía de Petrogrado, tomada por los viejos marinos. Mientras tanto, las reivindicaciones de mujeres ya habían pasado su punto álgido y comenzaban a retraerse en los cajones de los escritorios. Eventualmente, el mismo estalinismo terminaría por deshacer las organizaciones de mujeres, ya que bajo el socialismo éstas serían, bajo todos los puntos de vista, “iguales a los hombres y libres en su totalidad”. El derecho al aborto se denegaría nuevamente y la sociedad resumiría el curso patriarcal que soñaba extinguir.
Pero cien años después, los latidos de marzo todavía resuenan entre nosotros. La fuerza de la espontaneidad, del asociacionismo directo, de la solidaridad entre mujeres, entre hombres, entre combatientes por la revolución, fue tan fuerte en 1917 como puede serlo hoy día.


Nota:
(1) Usamos este controversial término para reconocer el hecho de que, en gran parte, han sido mujeres las que históricamente han dado sus vidas por necesidades que son de la humanidad toda, y que no solo mejorarían la calidad de vida de uno de los sexos.

DÍAS DE PRECARIEDAD Y REESTRUCTURACIÓN

Pasó un año desde que Macri asumió la presidencia. Un año de ajuste salvaje; sin embargo, queda mucho por delante. No hay apuro si asumimos la constancia. Nada es inmediato. La lucha es necesaria y la ruina de la sociedad capitalista es inevitable. Vamos a partir reconociendo que existe una miseria global generada por un modo de producción de tipo capitalista. En todos los continentes del globo se pueden ver las consecuencias de la administración de esta miseria. En el continente americano, más allá del discurso predominante en la generación de gobernantes progresistas y desarrollistas, sucede lo mismo.

La crisis económica mundial afecta la industria argentina, cuyos costos son más altos y sus avances técnicos más atrasados que los de aquellos países que lideran los mercados. Esto es central para comprender por qué el gobierno ataca incesantemente, aumentando tarifas, despidiendo y precarizando. En otras palabras, buscan producir más con menos costos, así como también usar el asistencialismo como palanca para neutralizar el poco poder de fuego que tiene la movilización social. Éstos comenzaron a especular, en diciembre pasado, cuando las fuerzas sindicales, políticas, territoriales y religiosas armaron el proyecto de la “Ley de emergencia social”. En éste, a cambio de unas concesiones mínimas, los delatores y disciplinadores de la clase explotada garantizan la paz social. Un programa idéntico al del anterior gobierno. Sintéticamente, podemos decir que las condiciones globales tienen su expresión local, y localmente, también sus sostenedores y su falsa oposición.

Asimismo, el antagonismo se expresa tímidamente. En los últimos años, las luchas de los asalariados convivieron de manera errática con los reclamos socioambientales, y, además, con las masivas demostraciones del movimiento de mujeres. Actualmente, existe en el territorio argentino un proceso de luchas con distintos matices y grados de conflictividad. Estas luchas particulares, necesarias e importantes, sin embargo, permanecen aisladas entre sí, expresando solidaridad solo desde su particularidad, impidiendo ver lo que tienen en común.

Las siempre engañosas cifras acerca de la cantidad de despidos, suspensiones y envío de millones de personas al inframundo de los trabajadores pobres son alarmantes. Sin embargo, las demostraciones de paciencia en el proletariado de la región argentina parecen no agotar sus reservas. Al escribir este artículo, decenas de organizaciones sindicales y de género están anunciando paros y movilizaciones para el mes de marzo.

El 7 de marzo movilizan los mercenarios de la CGT, que además amenazan con una huelga a fin de mes. El sindicalismo argentino lucha por no perder su lugar de interlocutor privilegiado frente al gobierno y las cámaras empresariales. Al día siguiente, va a realizarse un paro de mujeres, el segundo en menos de un año. Ambas movilizaciones, empujadas por reclamos y reivindicaciones auténticamente sentidas por los proletarios y las proletarias. Los reformistas de siempre buscarán impedir cualquier desbande para lograr eficazmente la canalización democrática. Pero sabemos que ésta dependerá de lo institucionalizable de las luchas. Nuestras luchas son prestas al encuadramiento cuando luchan por el reparto de la miseria, son canalizables cuando luchan por migajas ¡Luchemos por todo! ¡Cuando nuestros reclamos no pueden ser recuperados por estos mercenarios es porque vamos por el buen camino, el camino de la revolución!

lunes, 30 de enero de 2017

CHUBUT: COMUNIDADES MAPUCHE EN CONFLICTO

El día 10 de enero del corriente año, a las tres de la mañana, efectivos policiales, Gendarmería y el Grupo Especial de Operaciones Policiales (GEOP) desalojaron con balas de goma, gases y golpes la recuperación de tierras ancestrales del Departamento de Cushamen, en la zona Vuelta del Río, de Leleque, provincia de Chubut, cortando los accesos de la comunidad Pulof, y aislando la Ruca (casa) mayor, donde se encontraban mujeres y niños durmiendo. Casi 400 efectivos fueron desplegados. La orden para intervenir en el territorio fue dictada por el juez Martín Zacchino, acompañada por la fiscal general Camila Banfi de Comodoro Rivadavia, y el juez federal de Esquel Guido Otranto, bajo la justificación de la necesidad de liberar la traza del tren turístico La Trochita que atraviesa los terrenos.

Durante la represión se llevaron diez detenidos. Ellos se encuentran en la Unidad 14 del Servicio Penitenciario Federal de Esquel, los cuales son: Ricardo Antihual, Nicolás Daniel Hernández Huala, y Ariel Garci, Buchili José Luz, Gustavo Jaime, Daniela Gonzales, Huencapan Javier, Huenchupan Ruíz Javier, Pablo Gonzalo Seguí, Ricardo Antigual, quienes tendrán audiencia el día 12 de enero. Les niegan la excarcelación por orden del Juzgado Federal de Esquel, alegando que existe peligro de fuga, y al parecer por abigeato (robo de ganado). Están alojados en carácter de comunicados y se les imputó los delitos de «impedir la circulación del transporte ferroviario», «resistencia a la autoridad», «lesiones» y «daños agravados». Asimismo, Huetelaf Ivana Noemi se encuentra en quirófano herida de bala.

No conformes, gendarmería invade nuevamente el territorio de la comunidad del Lof a eso de las 20 hs del día 11 de enero, reprimiendo con balas de goma y plomo. Esto dejó como saldo cantidad de heridos, muchos de ellos con perdigones de escopeta, dos de ellos de gravedad. Fausto Jones Huala se encuentra en la terapia intensiva del hospital de la localidad de Lago Puelo (Chubut), con traumatismo de cráneo y derrame cerebral, y Emilio Jones tiene fractura de maxilar, debiendo tener una operación de urgencia, hospitalizado en la localidad de El Maitén.

Haciendo memoria
El territorio viene de constantes represiones bajo distintas excusas. Los mapuches lograron recuperar sus tierras hace dos años, las cuales estaban a manos del terrateniente Luciano Benneton.(1) Recordemos que el 27 de mayo del 2016 se produjo una nueva represión, deteniendo a once personas, entre ellas al Lonko Facundo Jones Huala, en otro claro acto de terrorismo, tratando de extraditarlo al Estado Chileno, cuestión frenada gracias a la lucha.(2)

No podemos seguir apáticos frente a la realidad, la cuestión mapuche no es ajena a la de nosotros, que somos, al igual que ellos, los oprimidos de la sociedad. El hecho de que cuestionen y se rebelen contra la sagrada propiedad privada, pilar fundamental de la forma de vida dentro del sistema capitalista, hace que sufran el castigo de la ley y el orden, siendo el Estado el principal ejecutor de la represión para defender los intereses de los ricos, empresarios y políticos. Es así que se crean leyes para justificar el accionar policial y manipular a través de los medios de comunicación el discurso frente a los hechos, como lo es la Ley Antiterrorista, impulsada y aprobada por el gobierno kirchnerista, y utilizada felizmente por el macrista de turno, generando una persecución ideológica. En el presente caso podemos decir que los terrenos como tales no poseen gran importancia en cantidad porque es un espacio mínimo dentro de las extensas propiedades de Benetton, ni tampoco en recursos porque no son los mejores, de hecho, dicho en las palabras de un mapuche: «Lo cierto es que la realidad social en la que nos encontramos no ha cambiado mucho. Seguimos teniendo las peores tierras y la calidad del suelo es abismalmente distinta respecto de las grandes estancias: tienen los mejores pastos, las mejores vertientes, las nacientes de los ríos, los arroyos. Y ese es uno de los motivos por los cuales seguimos viviendo en una situación de extrema pobreza. Así, obligan a nuestra gente a migrar a las ciudades, a vivir en los barrios periféricos, con una calidad de vida peor de la que tenían en los campos, pasando a ser mano de obra barata y trabajando por miseria. Por eso temen esta recuperación: porque cuestiona el estado de las cosas».

Lo que prima, entonces, es la necesidad de castigar el acto de recuperar, la rebeldía, la transgresión a la propiedad.

Defendamos y tomemos como ejemplo la lucha de la comunidad mapuche. Contra el Estado y la propiedad: ¡organización y lucha!


Notas:
Este artículo fue redactado y difundido por compañeros del boletín Chenque Negro (Comodoro Rivadavia, Chubut) el 12 de enero. Al cierre de esta edición la situación es la siguiente: a los heridos de gravedad les han dado el alta médico, Emilio Jones está esperando la operación y Fausto Jones Huala se encuentra en cuidados por si presenta alguna secuela. Siete de los detenidos fueron liberados el día 13 de enero y los tres restantes el día siguiente. El saldo, sin embargo, es de 24 personas procesadas bajo distintas causas.

(1) The Argentinian Southern Land Company fue fundada en Londres en 1889 para realizar actividades comerciales en la Patagonia. En 1896 fue beneficiada con la donación de 10 estancias, de casi 90 mil hectáreas cada una, a cambio de financiar la Campaña, obtuvo tierras estratégicas para el desarrollo del ferrocarril que les sirvió para exportar la producción ganadera. En 1982 la empresa tradujo su nombre –Compañía de Tierras del Sud Argentino– e integró su directorio con un 60% de directores argentinos. Ese paquete accionario fue comprado en 1991 por Benetton por 50 millones de dólares.

(2) Ver el artículo La Justicia está vendida, encarcelamiento de Facundo Jones Huala en territorio Argentino, boletín Chenque Negro nro. 8. Puede descargarse en www.chenquenegrocr.blogspot.com, [así como el de La Oveja Negra Nro. 41].