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lunes, 2 de marzo de 2020

HERIDAS INTERNACIONALES

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En los últimos años de aguda crisis capitalista las protestas se multiplicaron alrededor del mundo. Esto trajo aparejado un marcado aumento de la violencia por parte de las fuerzas armadas de la burguesía, generando lesiones graves, discapacidades y muerte a los manifestantes. En un contexto de conflicto creciente, frente a una vida que se ve pauperizada cotidianamente, el armamento antidisturbios toma una importancia central para los Estados.

Se desarrollaron tecnologías represivas que, según sus propios estándares asesinos, se clasifican como “no letales”. No hay nada casual. Por dar un ejemplo, en Argentina hace relativamente poco comenzó a introducirse cada día más la recomendación de las pistolas táser, para reprimir en lugares públicos donde accionar un arma sería, según la lógica del Estado, un acto “irracional”.

A la hora de atacarnos la burguesía actúa como una fuerza internacional, al contrario de los nacionalismos, regionalismos y ¡hasta localismos! que muchas veces cargamos los proletarios en lucha. Comprender la dimensión internacional del conflicto nos ayuda a combatir las limitaciones que nos impiden accionar desde una perspectiva que no se restrinja al lugar donde vivimos.

Del mismo modo, hablamos de proletariado o burguesía porque nos parecen categorías precisas, mientras otros rebeldes prefieren hablar de pueblo y élite. No nos preocupan tanto las terminologías, pero sí nos importa comprender la dimensión de clase de este conflicto mundial, y del antagonismo que hay entre estos dos sujetos. Por motivos de este tipo es que insistimos en hablar de capitalismo y no simplemente de neoliberalismo.

Para mantener la aplastante normalidad del Capital, la burguesía recurre a palos y balas de distintos tipos, numerosos y diversos agentes químicos irritantes a los que solemos llamar sencillamente gases lacrimógenos, camiones hidrantes, granadas de aturdimiento, dispositivos acústicos de largo alcance y armas de energía dirigida. Y claro, sus mercenarios, sin los cuales todo este armamento no podría funcionar. Con acuerdos y desacuerdos en matices, los órganos internacionales del Capital mantienen un esmero incesante en términos represivos.

Nos lo cuentan compañeros de las revueltas en Francia, en Chile, en Ecuador, en Colombia. Leemos situaciones casi idénticas en el Líbano, en Irak. Y aun cuando los vemos, oímos y sentimos, en líneas generales los conocimientos básicos sobre la represión nos pasan de largo. Sin embargo, en todas partes es la misma lucha y en todas partes se reprime de la misma manera: se revientan ojos con armas no letales y se envenena cada vez más con gases lacrimógenos que van modificando sus agentes químicos.

Es evidente que en las revueltas ya existentes y en las que estén por venir hay que aprender a cuidarse si se quiere salir a la calle a protestar: gafas de seguridad, cascos, máscaras, guantes. Nos lo enseñan quienes están luchando, resistiendo y atacando a las fuerzas del orden que protegen la propiedad privada en diferentes ciudades. A medida que las represiones son cada vez más habituales, se hace un hábito el cuidado, la prevención y la atención a los heridos, como puede observarse en las luchas en Francia y Chile.

Las balas de goma, lo sabemos de sobra, generan graves lesiones. Gatilladas a corta distancia, logran un poder de penetración en la piel similar al de las municiones convencionales, pueden matar. Las armas se usan para herir y matar. Ariel Moreno Molina, de 24 años, fue asesinado por carabineros de Chile mientras escribimos este artículo. Un proyectil con componentes metálicos impactó en su sien y murió días después.

Lanzadas o disparadas desde lejos, estas armas son imprecisas y muchas veces impactan en las partes más vulnerables del cuerpo o eventualmente ocasionan lesiones a personas cercanas que no estuvieran participando de la protesta. Esto explica, en gran parte, cómo cientos de manifestantes alrededor del mundo están quedando parcial o completamente ciegos.

En abril de 2007, Carlos Fuentealba, docente en la provincia de Neuquén, fue asesinado durante una represión a un corte de ruta. Las fuerzas policiales avanzaron y se dispersó a la gente, en uno de los autos iba Carlos, que murió al ser impactado por una lacrimógena.

Los llamados “gases lacrimógenos” incluyen una gran variedad de sustancias químicas que irritan la piel y las mucosas. Como consecuencia, provocan efectos inmediatos: ojos irritados, dificultades respiratorias y efectos psicológicos adversos, tales como sensación de desorientación y agitación. Estas granadas provocan lesiones traumáticas al impactar en la cabeza, el cuello o torso de las víctimas, y también lesiones neurovasculares en las extremidades. Si alguna vez pensamos que se trataba de casos aislados, de seguro hoy no.

Los camiones hidrantes, con su poderoso alcance tienen la fuerza de impedir la comunicación de los manifestantes, además de generar pánico por su inmenso tamaño. En Chile, recientemente ha muerto atropellado Jorge Mora, en la misma semana que Ariel Molina. Además, hace tiempo se denuncia el uso de tinturas de color identificatorias o líquidos nocivos mezclados en el agua de los camiones hidrantes que generan graves afecciones en la piel.

Como señalábamos en La Oveja Negra Nro. 66 (especial sobre las revueltas en Chile y Ecuador), en Francia ha habido manifestaciones de “mutilados para el ejemplo”, parafraseando la expresión “fusilados para el ejemplo”, referida a los soldados franceses ejecutados en la Primera Guerra Mundial por evitar el combate. Estos heridos de guerra (de clases) han quedado tuertos o mancos por el uso de armas no letales.

Recientemente el presidente argentino Alberto Fernández visitó Francia y se refirió a Emmanuel Macron como «un nuevo e inesperado amigo». Agregó que «Francia es un inversor muy importante en la Argentina, sus empresas expresan lo mejor del capitalismo, que es invertir para producir y dar trabajo». Pero el capitalismo da trabajo y necesariamente da desocupación, así como da gases lacrimógenos y balas, produce mercenarios y asesinos.

La otra represión

La finalidad de la represión por las armas es acallar a los manifestantes, dispersarlos, no dejarlos avanzar, no dejarlos organizarse, proteger la propiedad privada, proteger los intereses de la burguesía. Pero esta no es la única manera de acabar con una revuelta, hay otras formas igualmente democráticas.

Invirtiendo el lema del Estado chileno podemos decir que no siempre es «por la razón o por la fuerza», de hecho en aquella región viene siendo por la fuerza y luego por la razón. El gobierno poco puede lograr disparando, golpeando, mutilando, torturando y encarcelando. Frente a la continuidad de la lucha, recurre a la razón, más precisamente a la razón estatal.

La burguesía internacional vuelve a advertir a sus pares de esta región: «El mensaje para la próxima generación de líderes latinoamericanos es difícil de ignorar. Los políticos que no logran brindar bienestar o involucrar a los grupos locales en las decisiones políticas son una especie perecedera.»(1)

La democracia representativa ya se ha vuelto más inclusiva y participativa en algunas regiones. En otras, como en Chile, deberá hacerlo para adaptarse a los nuevos tiempos. Los procesos constituyentes no son más que agendas impuestas desde arriba a la clase explotada y oprimida. Una nueva Constitución Nacional puede escribirla el pueblo, pero el lápiz es del Estado y el papel del Capital.

La Asamblea Constituyente de Bolivia en 2006 sirvió para asegurar la democracia mercantil y mantener la explotación y la opresión frente a movilizaciones masivas con el cuento de “una nueva independencia”, el “Estado plurinacional” y “el socialismo comunitario”, tal como dijo Evo Morales en la promulgación de 2009.

En Cataluña hay quienes prometen un Procés Constituent, que mezcla la independencia de una región con el fin del capitalismo. ¿En una sola región también? ¿Cómo terminar con el capitalismo en un solo país si se trata de un sistema mundial? Nuevamente se intenta dejar hacer, pero en el terreno del enemigo, nos dejan jugar siempre que sea en su patio. Y lo que queremos, a fin de cuentas, no es más que lo que ellos nos proponen que juguemos. Haciendo un solo equipo entre patrones y trabajadores, torturadores y torturados, todos unidos en nombre de la patria.

En Argentina no pareciera que estemos cerca de algo así, por el momento los poderosos tienen un consenso garantizado. La grieta entre gobierno y oposición, que se van alternando, no representa más que dos maneras de gestionar el capitalismo en este país: matar de hambre a unos, dejar sobrevivir a otros. En suma, extraer “recursos” de norte a sur.

Para quienes quieren mantener todo como está, en este momento es al pedo reflexionar, pensar colectivamente, actuar globalmente, y cuando la situación se agudice nos dirán que ya no hay tiempo para ello. Por tanto, estas cuestiones “teóricas” son inmediatamente “prácticas”. Una praxis social de enfrentamiento a lo establecido, de desobediencia al Capital, a sus defensores y a sus falsos críticos.


Nota:

domingo, 28 de julio de 2019

LAZO EDICIONES, NUEVOS TÍTULOS

Rodrigo Vescovi desde Barcelona, retoma en Acción directa en Uruguay, 1968-1973, los principales acontecimientos del convulsionado periodo y las expresiones de ruptura en su seno. Insistiendo en que la historia de la lucha no puede limitarse a los aparatos, así como tampoco puede centrarse en los discursos y la palabra escrita. Los recuerdos de los propios hechos, las experiencias, los balances, los compañeros olvidados, ponen de manifiesto una combatividad ocultada por la izquierda del Capital.

El libro La reproducción de la vida cotidiana reúne, junto al ensayo que le da su nombre, algunos de los textos más notables de Fredy Perlman: El fetichismo de la mercancía, El persistente atractivo del nacionalismo, El antisemitismo y el pogromo de Beirut, Progreso y energía nuclear: la destrucción del continente y sus gentes y Diez tesis acerca de la proliferación de ególatras. Acompañados de una introducción escrita por su compañero David Watson para el lector en español, nos adentramos en el pensamiento de este autor que fue más allá de los fuertes dogmas de su tiempo para abordar de manera radical problemáticas centrales de la sociabilidad capitalista. 

Miguel Amorós nos relata en Los situacionistas y la anarquía, el recorrido de estos grupos radicales hasta la inminente revuelta del 68, a través del examen de una ingente correspondencia, folletos, publicaciones, ediciones críticas y conversaciones con sus protagonistas. En el transcurso de los encuentros y desencuentros recogidos en este libro, realiza una radiografía definitiva de la diversidad de enfoques en el complejo universo libertario y de su relación con los situacionistas en Francia, así como en Gran Bretaña y los Estados Unidos. Asimismo, a través de este recorrido se puede comprender no solo la ocasión política que se gestaba ante aquella ebullición social, sino los conocimientos históricos, antecedentes ideológicos, debates en curso y organizaciones formales que podían recoger el guante de la revuelta.

En julio del 2013 editamos nuestro primer libro, Barricadas en Barcelona, han pasado ya seis años de esfuerzo, constancia y cariño por compartir y difundir textos que nos parecen importantes. Libros que de una u otra forma hacen presente la necesidad de cuestionar desde la raíz el funcionamiento y desarrollo del orden social capitalista y el dominio represivo del Estado, manteniendo viva la memoria y perspectiva revolucionaria.
 
Hace seis años decíamos que «publicar un libro excede a la sencilla pero apasionante lectura —considerado el acto individual por excelencia. Desde su concepción, el libro es un modo de comunicar e incluso de intervenir en la vida social. Estrechando lazos entre personas conocidas e incluso entre quienes jamás se cruzarán, sea por la distancia en el espacio como en el tiempo. Creando un lazo entre el lector y el escritor así como entre quienes han protagonizado la historia documentada y quienes simplemente la leerán.»... hoy seguimos tejiendo y estrechando lazos que hacen que este proyecto editorial sea posible y tenga sentido.

Tres nuevos títulos, con temas, sucesos y autores bien diversos, pero con la crítica radical y el compañerismo como elemento común invariante.

domingo, 30 de junio de 2019

NUEVOS MATERIALES: SOBRE LOS CHALECOS AMARILLOS

  • No solo arde París... Anotaciones sobre los chalecos amarillos por Proletarios Internacionalistas.
  • Guerra de Clases Nro.9: Chalecos amarillos.
En ambos materiales se critica y se advierte sobre las debilidades expresadas por el movimiento, pero no se lo limita a ellas. Esta lucha manifiesta la confusión actual, nuestra debilidad como clase, la falta de memoria que los vencedores nos expropiaron a los vencidos. Pero también muestra la defensa instintiva, inevitable, de unas necesidades que el Capital niega para poder expandirse. La defensa de sus necesidades empuja al proletariado a negar a su vez al Capital y su dominio sobre nuestras vidas.
Disponibles en nuestra feria y en proletariosinternacionalistas.org y autistici.org/tridnivalka, respectivamente.

viernes, 13 de julio de 2018

NUEVA PUBLICACIÓN: ZAD. OTRO FIN DEL MUNDO ES POSIBLE

Tradujimos un artículo del colectivo Crimethinc. sobre la Zona A Defender de Notre–Dame–des–Landes, en Francia, conflicto que tratamos en el nro. 54 de la Oveja Negra y el nro. 31 de Temperamento Radio. El artículo se titula ZAD. Otro fin del mundo es posible y lo publicamos como folleto para seguir contribuyendo a las luchas por la tierra y contra el Capital. Disponible en papel y en el blog del boletín (enlace más abajo).

«Defender la zona y luchar contra el aeropuerto y su mundo no significa simplemente ocupar el ZAD o vivir allí mientras se espera el desalojo. También significa construir una ofensiva real contra el proyecto mediante el desarrollo de prácticas de resistencia colectiva.»

sábado, 28 de abril de 2018

FRANCIA: ¡COMBATE AHORA!

Voces de protestas lejanas resuenan con nosotros, como caminos de la noche uniendo mundos. Se acaricia lo posible y además, se cree en lo imposible. Como lo visible y lo invisible, se asemejan, no todos los caminos que une la noche son de este mundo.

Se dice no con la cabeza, más sí con el corazón, sí a lo que se ama, se dice no a la opresión. Infinidad de leyes en los últimos años generan resistencias y revueltas en Francia. Para este número íbamos a evocar el “mayo francés” del 68, sin embargo, escogemos contar las luchas en Francia hoy.

A fines de marzo pasado vimos reacciones de protesta frente a las nuevas medidas de reforma educativa, laboral e inmigratoria que busca realizar Macron, actual presidente. Una decena de facultades bloqueadas por todo el país en protesta contra la nueva ley que modifica los procedimientos de acceso a la universidad. La policía intentando desalojar las universidades tomadas y ocupaciones mixtas, de universitarios y secundarios, irrumpiendo en asambleas, llevándose detenidos y grupos de derecha atacando las ocupaciones.

Ya en 2016 miles de revoltosos se opusieron a los planes de Hollande de reforma del Código de trabajo, hoy Macron con nuevos decretos profundiza esa reforma, con despidos en el Estado y la privatización de los ferrocarriles. Se prevén al menos 100.000 despidos en los próximos años.

En abril, más de 2.500 mercenarios de las fuerzas armadas ocuparon militarmente el bosque de Notre-Dame-des-Landes para desalojar la Zona A Defender (ZAD).

La ZAD formada en esa región en 2008 es uno de los territorios ocupados y comunitarios más extensos de Europa. Su objetivo principal fue prevenir la construcción de un aeropuerto. En enero el gobierno renunció a construir el aeropuerto, proyecto que llevaba 40 años de resistencia por parte de los habitantes en la zona, la mayoría pequeños agricultores. El Estado pronosticó que por el hecho de abandonar el proyecto de aeropuerto desconectaría una parte del movimiento. «Estos gobernantes atrapados en su arrogancia de clase subestiman la potencia de los vínculos que nos unen a todos en la ZAD y que nos llevaron a defenderla sin importar cuál sea el precio que haya que pagar» manifestó un compañero desde allí. Por eso el Estado anunció la evacuación de la zona, su dominio del territorio pretende ser total, al igual que su intromisión en los vínculos humanos y con la tierra.

Es una situación en desarrollo, porque aún hay zadistas en el territorio. Durante la represión al menos 500 personas se acercaron a oponer resistencia, se levantaron barricadas y mantuvieron largos enfrentamientos. La violencia estatal dejó decenas de heridos y detenidos.

«Fuck may 68, fight now!» (¡A la mierda mayo del 68, combate ahora!) escribían en las barricadas griegas del 2008. Esto no es un desprecio por la historia sino por las nostalgias vacías. No volverá a haber Comuna de París, ni Revolución rusa, ni Revolución española, ni siquiera Mayo francés. Será necesario en los desórdenes actuales y futuros contar con los aprendizajes de nuestra historia, así como también tener en cuenta que luchamos en un contexto social obstruído por smartphones y narcisismo. En un espacio cada vez menos habitable en el “campo” o en la ciudad. Con una exclusión social monstruosa y unos ajustes cada vez más fuertes.

Las luchas por el territorio, contra los ajustes y contra las nocividades del sistema tecnoindustrial que se dan con cada vez más frecuencia y en diversas regiones del globo sitúan a sus combatientes, necesariamente, contra el Estado y el Capital.

lunes, 5 de enero de 2015

EN ARGENTINA, FRANCIA O EN LA CHINA: ¡POLICÍA ASESINA!

Siempre nos empeñamos en remarcar que no se trata de una “manzana podrida que pudre el cajón”, que no se trata de un policía particularmente asesino, sino de toda una institución. Lo dijimos cuando en Argentina apareció el cuerpo de Luciano que se negó a robar para la mafia policial, o cuando desaparecieron a Franco en la Comisaría Séptima de la ciudad de Rosario.

En Francia, el 26 de octubre de 2014 el brazo armado del Estado asesinó a Rémi Fraisse. El joven de 21 años murió tras la explosión de una granada aturdidora arrojada por la policía francesa en los enfrentamientos que se desencadenaron después de la manifestación contra la construcción de una represa de agua a lo largo del bosque de Sivens, en el humedal de Testet, en el departamento de Tarn (sur de Francia). Alrededor de 7.000 personas se reunieron en la denominada ZAD (zona a defender) de Testet, después de meses de ataques policiales y de la destrucción del humedal y los refugios de quienes lo defienden. Hacia finales de la tarde y durante la noche decenas de personas atacaron a las fuerzas de orden que protegían las obras de la represa, mostrando su rabia e intentando retrasar la reanudación de las obras. Luego de este asqueroso asesinato, las consignas de las protestas en las calles francesas eran claras y contundentes, en dos banderas que iban juntas podía leerse: «La policía mata», «Llamado a la revuelta».

En un comunicado titulado Matar por el desarrollo se expresa: «Pasadas menos de 48 horas, la prensa y la élite política del país divulgaron los resultados de un informe de expertos, conocido desde hacía días, dando un varapalo (N. de la O. N.: palazo, conclusión) al proyecto de pantano en el riachuelo del Testet: demasiado grande, demasiado destrozo ambiental y, en el fondo, de una utilidad discutible. En resumen, que no debían haber comenzado las obras. Lástima por las numerosas personas heridas en septiembre, particularmente por pelotas de goma, cuando intentaban formar una barrera con sus cuerpos para impedir la destrucción del bosque. Y sobre todo, lástima por Rémi F. Todos tenían razón al protestar, pero la tuvieron demasiado pronto, puesto que para los señores Carcenac (presidente del Consejo General del Tarn, socio del proyecto) y Gentilhomme (el prefecto) resultaba inconcebible la suspensión de las obras durante la espera de dicho informe. Vivimos en un mundo donde a menudo tener razón no sirve de nada.» Ese mismo Carcenac, a propósito de Rémi, dijo que «morir por una idea tiene su valor, pero no deja de ser algo relativamente tonto y estúpido». ¡Lo que no es tonto para estos señores es matar por la ganancia, por la defensa de la propiedad privada!

Para contextualizar lo que vamos a publicar a continuación queremos contar quién es Wissam El–Yamni, camionero de 30 años, vecino de la barriada La Gauthière de Clermont–Ferrand, en el centro de Francia. La noche del 1° de enero de 2012, Wissam fue detenido y golpeado por la policía mientras festejaba el año nuevo con sus amigos, cayó en coma y murió en el hospital nueve días después.

Lo que sigue es una CARTA ABIERTA A LA MADRE DE RÉMI FRAISSE escrita por Farid El–Yamni, hermano de Wissam. Está dirigida a la madre de Rémi y fechada el 3 de noviembre de 2014 fue enviada a los padres de Rémi, pero con la intención de que sea pública. La hemos extraído del sitio web Contra Info, donde ha sido traducida. La publicamos completa porque nos parece que expresa una verdad universal, sin fronteras, fuera de cualquier dogma ideológico. Escrita con pasión, dolor y mucha fuerza (las negritas son nuestras):

«Le escribo esta carta en un tiempo que en París se condena a las manifestaciones violentas y se alaba a las sentadas pacíficas. Perdí a mi hermano en condiciones bastante similares a las que usted ha perdido a su hijo. Mi hermano, que cuidó mucho de mi madre, nos dejó y no volverá. La pérdida de mi hermano me causó un inmenso dolor que siento cada vez que el Estado asesina otra vez. “Allí, donde crece el peligro, también crece lo que salva”, dijo alguien. Cada vez que el Estado asesina también es una oportunidad para pararlo, forzarle a cambiar, y devolver la dignidad perdida a todos los demás. La muerte de Rémi está ligada a mucho más que a la historia de una vida; está ligada a la vida de todos nosotros, individual y colectivamente. La criminalización que ocurrió es terrible; fue lo mismo para nosotros. Me di cuenta más tarde de que fue deliberada. Sólo quería una cosa: que la Justicia llegase a la verdad y devolviese la dignidad que mi hermano merecía, en calma, y que esa historia beneficiase a todos, a nosotros los gobernados con objeto de querernos mejor, igual que a la policía para reconciliarlos con la nación.
Pensaba que la policía no podría aceptar asesinatos entre sus filas, no la conocía lo suficiente entonces. Estaba equivocado. Los barrios han ardido; llamamos a la calma: cada coche o contenedor quemado era percibido como un insulto, como una espina en pleno corazón, una espina que empujaban cada vez más adentro.

Luego pasó el tiempo, nos prometieron la verdad, pero no nos dieron nada excepto mentiras, nada excepto falsas promesas, como a muchos otros antes de nosotros. La gente nos lo avisó, pero no les creímos. François Hollande, él mismo tomó a mi madre en sus brazos y le prometió que nos ayudaría a arrojar luz a la muerte de su hijo.

Sin justicia ni verdad, vivimos el tiempo que pasaba como una sentencia de prisión. Estábamos aún en prisión, asfixiando y pidiendo ayuda a la Justicia. Y entonces nos dimos cuenta que nuestro caso no estaba aislado; otras tantas familias experimentaron, y todavía experimentan lo mismo. ¡Hay tantas humillaciones y mutilaciones cometidas conscientemente por la policía y encubiertas por la Justicia, tantas!

También descubrimos cómo piensa la policía, es algo escalofriante. Aquí va un ejemplo: el pasado miércoles, tras la manifestación de París, uno de los oficiales de policía me dijo “1–0” delante de sus colegas de la comisaría de policía, que se reían cuando nos vieron llevando la camiseta “Urgencia: Nuestra Policía Asesina”.
 
Nadie le dijo nada, nadie… Con ejemplos de este tipo, que tanta gente experimenta a diario en Francia, no pueden más con esta policía, ni pueden ver una salida de todo eso.

Entiendo las llamadas a la calma; nosotros hicimos lo mismo entonces. Usted también tiene que entender que mucha gente ya no crea en este sistema que da impunidad de facto a la policía. Tiene que entender que la no–violencia es concebible sólo si se supone que el oponente es capaz de cuestionarse a sí mismo: ellos son humanamente incapaces de eso, porque consideran que poner en cuestión a la policía significaría poner en cuestión al Estado. Durante 40 años, la policía asesina con impunidad, repetidamente. Durante 40 años, hemos estado presenciando el mismo método de encubrimiento de los asesinatos del Estado, a pesar de los videos, los testigos, las evidencias. Durante 40 años, hay sentadas, manifestaciones, libros, declaraciones oficiales de políticos, declaraciones dirigidas al ministro del interior. Durante 40 años, eso no ha funcionado.

Aquí va como funciona: la agencia de noticias AFP emite la historia de última hora, el fiscal miente, se abre una investigación chapucera y de mala calidad que termina luego de muchos años en una condena ridícula, o incluso una falta de condena. Lo peor es que los que enterrarán el tema serán promocionados y los que asesinaron a nuestros hermanos, nuestros hijos o amigos serán tratados como campeones por sus colegas. Esta es la realidad que usted va a experimentar también.

Manuel Valls, primer ministro francés, dijo que los disturbios son un insulto a la memoria de Rémi, pero que sepa usted que Manuel Valls, mediante su inacción para combatir la impunidad de la policía, es el primer asesino de su hijo. Es un criminal reincidente. Vino a Clermont–Ferrand una semana antes del falso informe de la contra–autopsia, de la que él conocía los resultados, y no habló del caso sino para mejor condenar la violencia de los que se rebelaron contra el asesinato de mi hermano.

Señora, la gente está luchando por Rémi, por su dignidad y sus ideales. Luchan por usted, por todos nosotros, porque la fraternidad sea efectiva. Los que luchan conocen lo suficiente la malicia de nuestros gobernantes para entender que están intentando hacernos creer que vivimos en un Estado basado en la ley, mientras vivimos en un Estado basado en el deber. El Estado no respeta la ley que exige que nosotros respetemos. Juega con nuestros cuerpos, nuestra seguridad, nuestro dinero y nuestra dignidad. Exige que estemos arrodillados, y esto es un imperativo categórico.

Le escribo esta carta a usted, y a todos los que lean mis palabras, para hacer saber que hoy, más que nunca, entiendo cómo la no–violencia en cuestiones de crímenes de Estado tiene sus límites. Porque por su impotencia, la no–violencia a veces es más condenable, más mortal que la violencia misma. Los que nos gobiernan son maliciosos, arribistas, sádicos y reincidentes. Hay que echarlos fuera por todos los medios que sean necesarios