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Se constata cada vez más fuertemente una intuición: estamos en una etapa de grandes transformaciones. Pero ¿qué se está transformando? Migración, trabajo, desempleo, guerra, natalidad son solo algunas palabras que, pensadas en el primer cuarto de este siglo, nos indican grandes movimientos.
En el número anterior de La Oveja Negra abordamos la cuestión de la Inteligencia Artificial (IA) a partir de una crítica a la Encíclica del Papa León XIV. Esta vez abordaremos el mismo tema pero partiendo de las posiciones de un sector diferente: el de los grandes magnates de la tecnología al servicio de la guerra y su alianza con los sectores de las nuevas derechas. Recorreremos la historia de la empresa de seguridad Palantir, las posiciones expresadas en el reciente “Manifiesto Palantir”, la figura de su cofundador Peter Thiel y, finalmente, haremos un esbozo del lugar de Argentina en el marco del avance de los grandes capitales tecnológicos.
Palantir y el negocio de la guerra
Palantir es una empresa fundada en Silicon Valley por Peter Thiel y Alexander Karp en 2004. Entre sus primeros financistas se encuentra el fondo de inversiones de la CIA. Históricamente se desarrolló a través de contrataciones con organismos públicos mayormente militares y de seguridad, aunque también se valorizó enormemente con contrataciones en el sector de salud durante la declaración de pandemia en 2020. La empresa se dedica a cruzar gran cantidad de datos de orígenes heterogéneos e interpretarlos para darles uso con fines de seguridad, guerra, represión o control. Tiene la particularidad de ser, además, una empresa que por haber nacido en relación de simbiosis con las fuerzas de seguridad estadounidenses no comercializa sus servicios en países enfrentados al bloque Occidental. Palantir declara no vender ni haber vendido nunca sus herramientas a Rusia o China; países que, por otro lado, han desarrollado sus propias tecnologías y sistemas de control, cuya infraestructura de vigilancia sobre la población se encuentra entre las más sofisticadas del mundo.
Es sabido que el software de Palantir fue usado para el asesinato del General Iraní Soleimani, los ataques en Gaza y las guerras de Ucrania e Irán, con el propósito de identificar objetivos y ejecutar su aniquilación. La nueva utilidad de este software es hacer mucho más potente la capacidad de cálculo para refinar las operaciones bélicas, hacerlas más precisas y letales, además de reducir los costos al disminuir la cantidad de soldados y estrategas de guerra necesarios para planificar y ejecutar este tipo de acciones.
Es también sabido que la fuerza estadounidense de deportaciones ICE, utiliza software específico para analizar cada caso de detención de inmigrantes y decidir si se realiza o no una deportación. Para estos fines se desarrolló un software llamado ImmigrationOS que gestiona el proceso entero de deportación; desde la localización, la detención, los trámites legales y las gestiones para la reubicación de los deportados. Hay quienes compararon este sistema con el de entregas de Amazon: “Identificar, localizar, recoger, entregar”. En materia de guerra, genocidio, invasión, deportación o entrega de paquetes la ley es la misma: reducir los costos.
La inteligencia (artificial) armada vs. la divina mesura
En muchas de las operaciones mencionadas anteriormente, los desarrollos de software de Palantir empezaron a hacer uso de la inteligencia artificial para mejorar sus funciones. Tal vez del nuevo impulso que dio la IA a los propósitos iniciales de la empresa nace la notoriedad que empezó a cobrar desde hace un tiempo, implicando a sus propietarios en una serie de polémicas éticas sobre el uso de la tecnología. Pareciera como si no hubiera habido nada cuestionable en la guerra o en los avances tecnológicos de la industria bélica hasta la aparición de la IA.
La génesis de estas polémicas se halla sobre todo en su participación del secuestro de Nicolás Maduro. En esta operación Palantir utilizó la IA Claude de Anthropic, compañía que luego de finalizada la captura hizo preguntas sobre el uso que se le había dado a su herramienta. Estas dudas activaron las alarmas en el Pentágono que, ante la preocupación por una posible limitación del uso de la IA en medio de una operación, solicitó el uso irrestricto del modelo de IA de Anthropic, a lo cual la empresa no accedió. Esto devino en una serie de polémicas tras las cuales Anthropic perdió el contrato y este fue reasignado a OpenAI. Pero el asunto no termina ahí y llega a tierra santa.
Aquello que se dio a conocer como “Manifiesto Palantir” no apareció originalmente como el capítulo de un libro ni como un ensayo académico: las 22 tesis fueron publicadas como un hilo en la cuenta oficial de X de Palantir Technologies el 18 de abril de 2026, con el propósito explícito de condensar las ideas centrales del libro The Technological Republic de Karp. Allí se explicitan su alineamiento y perspectivas políticas. Se comprometen con la necesidad de sostener la superioridad de Occidente por sobre sus enemigos, plantea que los algoritmos deben reemplazar a la burocracia, a la vez que propone tener en mejor estima a quienes se dedican a la vida pública, es decir a los dirigentes.
El manifiesto pone en evidencia la importancia de herramientas como Palantir para la guerra, coloca al servicio militar como un deber universal argumentando que todos deberían compartir los riesgos de las próximas guerras y arremete solapadamente contra todas los discursos de mesura en el uso de la tecnología: «Nuestros adversarios no se detendrán a enzarzarse en debates teatrales sobre las ventajas del desarrollo de tecnologías con aplicaciones críticas para la seguridad nacional y militar. Seguirán adelante.» (Tesis 5)
Días antes de la publicación del manifiesto, en la primera semana de marzo, Peter Thiel da una serie de conferencias en Roma. El tema parece meramente religioso: el Anticristo y el Apocalipsis. Thiel cita fragmentos bíblicos, argumenta que el Apocalipsis sobrevendrá en un momento de “paz y seguridad” y lo relaciona con un estancamiento provocado por las instituciones que prometen un orden mundial estable y regulado. El Anticristo estaría encarnado por quienes quieren poner trabas al progreso tecnológico.
Muy poco después de esta secuencia, el 25 de mayo de 2026, el papa Prevost alias León XIV publica la Encíclica Magnifica Humanitas, un llamado a la mesura en el uso de la Inteligencia Artificial. Hay un detalle curioso, aparte del contenido: la encíclica es presentada en compañía de Christopher Olah, cofundador de Anthropic. Esta empresa de IA, dejada de lado por el Pentágono después de la polémica, es financiada por Google y Amazon y disputa en el mismo ecosistema tecnológico que el Vaticano pretende regular. ¿Radicará este debate teológico en que a los inversores de Anthropic les conviene la paz y el consumo, mientras que las ganancias de Palantir se nutren de la agudización de los conflictos? ¿La entrada en el debate de la Iglesia Católica no tendrá que ver con alimentar su imagen de santidad luego de los escándalos de corrupción y pederastia de los últimos años? Se trata, después de todo, de un conflicto mundano, demasiado mundano.
Sea como sea, quedan planteados los bandos de una disputa que se presenta de una forma moral y religiosa pero que no son más que dos formas de administración capitalistas: acelerar o desacelerar, capitalismo sin maquillaje o capitalismo con rostro humano. En el número anterior de La Oveja Negra, señalábamos que el nuestro no es un debate espiritual y mucho menos al interior del cristianismo, aunque ese sea uno de los marcos en el cual se da la actual contienda entre las autoridades del Vaticano y las de Silicon Valley.
Al analizar la Encíclica de Prevost, nos encontramos con la tarea de desmenuzar lo que se dice tras las tan aparentemente bienintencionadas palabras. Para el caso del Manifiesto Palantir, si bien se utiliza una retórica algo solapada, podemos efectuar una lectura más literal. Es una cuestión que ya se ha presentado en el análisis de otras disputas entre el progresismo, más cuidadoso y moderado en sus formas, y las nuevas derechas con discursos mucho más directos y descarnados. De hecho, es el discurso blando del progresismo uno de los principales blancos de ataque del Manifiesto, con fragmentos como: «La prudencia que fomentamos involuntariamente en la vida pública es corrosiva. Quienes no dicen nada malo, a menudo no dicen gran cosa en absoluto.» (Tesis 19)
Si tenemos en mente la Encíclica es fácil encontrar disensos a lo largo del Manifiesto: «Los límites del soft power, de la retórica brillante por sí sola, son hoy evidentes. La capacidad de las sociedades libres y democráticas para imponerse exige algo más que un llamado moral. Exige hard power, y el hard power de este siglo se basará en el software». (Tesis 4). Quieren decir: los llamados morales a la mesura como los de Prevost son impotentes, hay que aplicar la autoridad militar en búsqueda de la seguridad y el crecimiento económico y Palantir es fundamental para ese objetivo. Agregan: «La élite de la ingeniería de Silicon Valley tiene la obligación positiva de participar en la defensa de la nación» (Tesis 1) y «El servicio militar debería ser un deber universal» (Tesis 6).
El Manifiesto Palantir difumina permanentemente cualquier distinción entre lo civil y lo militar, tanto para poner a cualquier ciudadano en posición de soldado, como a cualquier empresa como proveedor de material bélico. No debemos olvidar que Palantir tiene, además, un interés en lo relativo a seguridad y control interior que, si bien es dejado de lado en el texto, puede entreverse en fragmentos como: «Silicon Valley debe desempeñar un papel en la lucha contra la delincuencia violenta» (Tesis 17). Difícilmente podamos dejar de vincular este fragmento con las repetidas oportunidades en que la lucha contra la delincuencia, el narcotráfico o el terrorismo es usada como punta de lanza para el control urbano de los territorios.
Un movimiento similar al antes mencionado se hace con respecto a las mercancías: «Si un marine estadounidense pide un mejor rifle, deberíamos fabricarlo; y lo mismo ocurre con el software» (Tesis 7). Mientras Prevost asume la libre producción de las mercancías, excepto en el caso de las armas, en Palantir se entroniza la producción bélica sin ninguna reserva moral. Según esta perspectiva, los instrumentos para la guerra, sean armas o software, deben producirse como si se tratara de cualquier producto de consumo masivo. Los empresarios de la guerra buscan hacer pasar sus intereses económicos particulares como intereses comunes, en este caso los intereses geopolíticos de Occidente. De este modo, promueven la ampliación de la demanda de sus servicios diciendo por ejemplo que «la neutralización de Alemania y Japón tras la guerra debe ser revertida» (Tesis 15).
A la luz de estas declaraciones no resulta extraño el ataque a las organizaciones supranacionales que en el último tiempo buscan mediar cada vez con menos éxito en los conflictos internacionales. El ideal de Palantir es un mundo donde todos los países de Occidente contraten su software, ya sea para la guerra, ya sea para control interno. Se trata de los disciplinadores duros del proletariado discutiendo con los disciplinadores “blandos”. Palantir busca ser la herramienta indispensable en la aplicación de la autoridad de los Estados por sobre sus enemigos. En sus propias palabras: «Una era de disuasión, la era atómica, llega a su fin, y una nueva era de disuasión, basada en la IA, está a punto de comenzar.» (Tesis 12)
El control y eliminación de cualquier elemento que ponga trabas al desarrollo económico, tanto de su empresa como de las naciones a las que vende su software, es la base de todas las argumentaciones del texto. Empresas como Palantir, o cualquier otra que busque ocupar un rol similar, son los verdugos de los desplazados y sobrantes del planeta.
El capital tecnológico en Argentina
La creciente notoriedad internacional de la figura de Peter Thiel encontró un eco local, particularmente a partir de un episodio que despertó la atención de los medios opositores del gobierno nacional. Entre abril y junio pasados, el empresario se instaló dos meses en Buenos Aires. En ese lapso compró una casa y se reunió con varias figuras de la política y la economía argentina. Los motivos de su visita nunca fueron aclarados, lo cual generó una ola de paranoia y especulación, sabrosa comida para redes y medios. Las versiones hablan de grandes inversiones en el país, del uso de Palantir por parte del Estado, del fanatismo de la pareja de Thiel por Argentina, o de alianzas con el sionismo para entregar la Patagonia, entre otras especulaciones que van de mayor a menor nivel de seriedad. Lo cierto es que no conocemos los motivos de la visita, por lo que nos serviremos de algunas posibles vinculaciones para pensar el lugar de Argentina respecto a los grandes capitales tecnológicos.
El país está gobernado por un autopercibido “anarcocapitalista” y Thiel también simpatiza con estas ideas. Claro que, de producirse un movimiento considerable en la economía argentina en torno a los grandes capitales tecnológicos, las simpatías personales no explicarán mucho.
Entre las posibles inversiones, la más discutida es la correspondiente a la instalación de centros de datos en el sur argentino con aprovechamiento de la cercanía a fuentes de energía, las bajas temperaturas y la disponibilidad de agua, con la consecuente disminución de los costos de funcionamiento. Ya había informaciones en circulación hacia octubre del año pasado sobre la llegada de una gran inversión por parte de OpenIA para instalar centros de datos en la Patagonia.
El desarrollo de la IA, al igual que otras grandes transformaciones de los procesos laborales, puede traer aparejada modificaciones en la división internacional del trabajo. Argentina por lo pronto mantiene su rol de país productor de materias primas, con un crecimiento de los hidrocarburos y la minería, sectores hacia donde se dirigen actualmente las grandes inversiones en el país. Precisamente, la primera inversión de Thiel en Argentina fue de 76 millones de dólares por el 1% de la participación accionaria de la empresa Vista Energy, la mayor exportadora de petroleo del país. Los centros de datos podrían ser algo novedoso, aunque por ahora su desarrollo es muy incipiente. No está de más recordar que EEUU y China lideran por lejos el desarrollo de la IA, así como de la infraestructura necesaria para su funcionamiento; por tanto, Argentina se incorporaría a lo sumo como una locación más.
Actualmente se debaten en la legislación argentina diversos proyectos que apuntan a la llegada de inversiones en vistas de obtener financiamiento. No obstante el país haya tenido un buen año de cosechas y haya sumado el ingreso de la explotación petrolífera en Vaca Muerta, no alcanza para pagar plazos de deuda.
Entre las leyes aprobadas se encuentra la Ley de Glaciares, que permite la explotación en zonas antes vedadas y con media sanción se encuentra el proyecto de ley Super RIGI (que amplía el de 2024) orientado a facilitar grandes inversiones. El gobierno presentó al parlamento una modificación de la Ley de Sociedades Comerciales que busca disminuir la intervención del Estado en las empresas y crea nuevos tipos societarios como la «Sociedad Automatizada» donde las decisiones serían tomadas por algoritmos o IA. Si bien su nombre puede referir a la automatización de la industria, en verdad está orientada al sector financiero. Por otro lado, el gobierno logró media sanción en la Ley de inviolabilidad de la propiedad privada que, entre otras cosas, facilita los desalojos. La debilidad del proletariado en la defensa de sus intereses inmediatos toma la apariencia de fortaleza cuando asume como propios los intereses de un sector de la burguesía que lo explota (y le alquila). De este modo, el gobierno tuvo que dar marcha atrás con la modificación de la Ley de Tierras que buscaba permitir mayor concentración de tierras en manos extranjeras y también retrocedió con la Ley de Manejo de Fuego que quitaría límites al uso o venta de terrenos incendiados.
Estas medidas del gobierno argentino, en medio de la visita de Peter Thiel, generaron comparaciones con las ZEDE de Honduras. Estas Zonas de Empleo y Desarrollo Económico fueron aprobadas por una legislación de 2013 en aquel país y están inspiradas en proyectos tecnoutopistas libertarios de “ciudades modelo” donde empresas internacionales operarían prácticamente con autonomía del Estado nacional. Este es el caso de la ciudad Próspera en las Islas de Roatán, financiada por el mismo Thiel, en litigio con el Estado hondureño desde 2022 cuando se derogó la ley de las ZEDE por cuestiones de soberanía. Este tipo de experimentos a pequeña escala (Próspera tiene 23 has.) sirven localmente para comparaciones disparatadas en tiempos de nacionalismo y conspiranoia, donde la nacionalidad de los capitalistas se vuelve más importante que la explotación misma.
En definitiva, estas especulaciones ocultan que la reproducción de la sociedad capitalista está orientada hacia la máxima obtención de ganancia posible y que la principal fuente de ganancia es el plusvalor que se produce a través de la explotación del trabajo asalariado. Esta es nuestra posición y se opone a los diferentes idealismos tanto “progresistas” como “tecnofascistas”, “proteccionistas” o “liberales”. Unos y otros tienen eco en el momento en que el Capital así lo necesite.
La explicación de las disputas geopolíticas a nivel global, las discusiones pseudoteológicas de occidente entre el aceleracionismo belicoso y la mesura deben buscarse en la acumulación del Capital y sus crisis. El mercado mundial y su división internacional del trabajo son el punto de partida para entender las características de las economías nacionales. Desde allí se vuelve más clara la alternancia política local, que responde a la conservación del lugar que el Capital ha otorgado a Argentina en el mundo desde sus orígenes. El problema de empantanarse en el terreno ideológico, sea el nacionalismo o la discusión sobre el uso de la IA en términos religiosos por parte de humanistas y tecnófilos, es que impide la comprensión del funcionamiento de la sociedad en su conjunto y por ende su transformación radical.
