domingo, 26 de abril de 2020

CORONAVIRUS Y TRABAJO

Las medidas tomadas en torno al coronavirus(1) por los Estados y las empresas han agudizado la precariedad y la miseria a las que diariamente nos somete el trabajo. Todos los pronósticos indican terribles tiempos para la clase proletaria: desempleo en aumento, reestructuración y flexibilización laboral. El tóxico y contradictorio mundo del trabajo nos expulsa pero a la vez nos necesita. Y por eso nos chantajea, empobreciendo constantemente nuestras condiciones de vida.

Durante la cuarentena, diversas modalidades de trabajo a distancia se han impuesto sin remuneración adicional alguna, y con escasa o nula capacitación. La adaptación forzada al trabajo vía internet es una realidad para millones de trabajadores empleados por empresas privadas e instituciones del Estado. Sumado a la separación de los compañeros de trabajo, esta situación desdibuja aún más los límites entre la actividad laboral asalariada y el resto de la vida.

La burguesía mundial lo expresa mediante sus voceros y gerentes. Hablan de comercio electrónico, de logística. Pronostican y perfilan una vida más sedentaria, con educación a distancia y con las “bondades” del teletrabajo. Señalan el “ahorro” en transporte para quienes trabajan desde sus casas, pero no el de las patronales en particular y el del sistema capitalista en su conjunto.(2)

En el ámbito doméstico experimentamos una mayor presión, sea por una intensificación de las tareas domésticas —por ejemplo la educación y cuidado de los niños, o los problemas de salud frente a la reducción de la atención en los distintos sectores—, o bien a nivel laboral, trabajando desde casa, absorbiendo los efectos del desempleo, o las enormes dificultades para el trabajo informal en una situación de confinamiento.

El servicio de entregas a domicilio, con su precariedad distintiva, y las empresas de comercialización vía internet, se expanden notablemente a raíz del aislamiento social. La presente situación nos recuerda el profundo significado del fetichismo mercantil, a través del cual las relaciones sociales son en verdad relaciones entre cosas a través de las personas: sólo las mercancías siguen circulando, y a las personas únicamente se les permite circular en carácter de mercancía fuerza de trabajo. Algunas por imposición, como trabajadores que realizan “actividades esenciales”, otras porque no les queda opción, como aquellos trabajadores informales que salen por necesidad y quedan expuestos a ser sancionados. Del trabajo se escapa como de la peste, y más aún si existe un riesgo adicional. Pero para la gran mayoría de proletarios en todo el mundo no hay alternativa por más subsidios miserables o discursos acalorados sobre rentas universales e impuestos a la riqueza.

Los numerosos conflictos laborales frente a los despidos, suspensiones, recortes, licencias y condiciones de trabajo, se enfrentan a una economía de guerra, donde los sindicatos y “movimientos sociales” repiten al unísono el discurso sacrificial del Estado y de la patria. El miedo se ha hecho carne y es un terrible impedimento para la reflexión y la acción colectivas. Los pronósticos hablan de cientos de millones de desempleados a nivel mundial a causa de las medidas tomadas en relación al coronavirus, y del aumento brutal de la pobreza sobre la miseria ya existente. Se insiste, sin embargo, en que todo es en defensa de la salud y la vida.

El aislamiento masivo nos somete a una de las mayores situaciones de impotencia proletaria a nivel mundial de la historia. No se trata solo de discursos de guerra y llamados ciudadanistas por el bien común. La lucha misma se vuelve una actividad ilegal. Traslados, reuniones, movilizaciones, y hasta las expresiones vía internet son censuradas y reprimidas.

Este primero de mayo, jornada histórica de lucha proletaria a nivel mundial, debe recordarnos incluso en los tiempos más adversos, que solo la lucha puede cambiar nuestras condiciones de existencia. Que la lucha por emanciparnos del trabajo es tan urgente como lo es un plato de comida o el cuidarnos de una enfermedad. Es necesario romper el aislamiento, preservar nuestra sociabilidad, los espacios de organización y retomar las calles. Para enfrentar al Capital y todas sus pestes. Toda lucha tiene riesgos y responsabilidades, que a diario asumimos colectivamente. Quedarnos a merced del Estado será siempre nuestra peor opción.


Notas:
1. Para profundizar en torno a diversos aspectos de la situación actual ver La Oveja Negra nro. 69: Coronavirus y cuestión social.
2. Estas fueron afirmaciones realizadas por el presidente Alberto Fernandez, en una entrevista para Perfil y Net TV publicada el 12 de abril, a las que agregó que el peronismo será «el partido de los trabajadores y de los teletrabajadores».

No hay comentarios:

Publicar un comentario