lunes, 28 de marzo de 2022

Traducciones / Übersetzungen

Los compañeros del blog Panopticon nos comparten las traducciones de La Oveja Negra que realizaron hasta el momento.

«Für die Anarchie! Knäste, Staat, Patriarchat und Kapital abschaffen!»
(¡Por la anarquía! ¡Abolición de las prisiones, el Estado, el patriarcado y el Capital!)

Gegen den kapitalistischen krieg!
https://panopticon.noblogs.org/post/2022/03/20/oveja-negra-argentinien-gegen-den-kapitalistischen-krieg
Traducción de: ¡Contra la guerra capitalista! (nro.81)

Die Wörter und die Sachen
https://panopticon.noblogs.org/post/2021/10/23/argentinien-oveja-negra-die-woerter-und-die-sachen
Traducción de: Las palabras y las cosas (nro.77)

Bleib zu hause?
https://panopticon.noblogs.org/post/2021/04/28/argentinien-bleib-zu-hause
Traducción de: ¿Quedate en casa? (nro.75)

Die neue Normalität von immer
https://panopticon.noblogs.org/post/2020/11/26/la-oveja-negra-nummer-73-september-2020-die-neue-normalitaet-von-immer
Traducción de: La nueva normalidad de siempre (nro.73)

Coronavirus und Arbeit
https://panopticon.noblogs.org/post/2020/12/31/la-oveja-negra-coronavirus-und-arbeit
Traducción de: Coronavirus y trabajo (nro.70)

Coronavirus und soziale Fragen
https://panopticon.noblogs.org/post/2020/04/26/la-oveja-negra-jahr-neun-nummer-69-april-2020
Traducción de: Coronavirus y cuestión social (nro.69)

Krise und Coronavirus
https://panopticon.noblogs.org/post/2021/05/26/argentinien-krise-und-coronavirus
Traducción de: Crisis y coronavirus (entrevista)

martes, 22 de marzo de 2022

Tegen de kapitalistische oorlog!

Recibimos la traducción de un artículo de La Oveja Negra: ¡Contra la guerra capitalista! (marzo de 2022). 

La traducción corre a cargo de Arbeidersstemmen, que podemos traducir como La voz de los trabajadores.

Tegen de kapitalistische oorlog!  

Carpeta con traducciones de La Oveja Negra

 

«In Nederland begrijpt – voor zover bekend – geen enkele politieke groep de oorlog in Oekraïne vanuit het standpunt van de internationale arbeidersklasse. Daarentegen komen uit andere landen – zelfs uit Rusland – de eerste proletarische internationalistische geluiden die stelling nemen tegen alle bij deze inter-imperialistische oorlog betrokken landen. Zowel tegen de direct betrokken staten van Rusland, van de Oekraïne en van de afgescheiden ‘Volksrepublieken’, alsook tegen al de staten die hopen te profiteren van een nieuwe verdeling van militaire en economische invloedssferen, en die daarom geld, militaire instructeurs, troepen voor de vreemdelingenlegioenen aan beide kanten en massa’s wapens hebben geleverd en nog leveren. Laatste zijn alle staten van de wereld, waaronder ook Nederland. En alle staten van de wereld laten hun eigen arbeidersklasse betalen voor deze deelname aan de oorlog, onmiddellijk door de inflatie de inkomens van de arbeiders te laten opvreten, en door wat zal volgen, meer bezuinigingen op zorg, onderwijs, pensioenen en uitkeringen, meer aantasting van lonen, hogere arbeidsintensiteit, en meer oorlogspropaganda en repressie tegen wie zich tegen dat alles verzetten. Daarom: arbeidersstrijd ter verdediging tegen de kapitalistische aanvallen op onze levenssituatie, tegen de imperialistische deelname van Nederland aan de oorlog in de Oekraïne!
Volgt nu het artikel uit Argentinië.»

Una traducción aproximada de esta introducción:

«En Holanda -que sepamos- ningún grupo político entiende la guerra de Ucrania desde el punto de vista de la clase obrera internacional. Por otra parte, desde otros países -incluso desde Rusia- surgen las primeras voces proletarias internacionalistas que se posicionan contra todos los países implicados en esta guerra interimperialista. Tanto contra los estados directamente implicados de Rusia, Ucrania y las "Repúblicas Populares" escindidas, como contra todos aquellos Estados que esperan beneficiarse de un nuevo reparto de las esferas de influencia militar y económica, y que por tanto han suministrado y suministran dinero, instructores militares, tropas para las legiones extranjeras de ambos bandos y masas de armas. Los últimos son todos los Estados del mundo, incluidos los Países Bajos. Y todos los estados del mundo hacen pagar a su propia clase obrera por esta participación en la guerra, inmediatamente dejando que la inflación se coma los ingresos de los trabajadores, y por lo que seguirá, más recortes en la sanidad, la educación, las pensiones y las prestaciones, más erosión de los salarios, mayor intensidad laboral, y más propaganda de guerra y represión contra los que se oponen a todo eso. Por lo tanto: ¡lucha obrera contra los ataques capitalistas a nuestras condiciones de vida, contra la participación imperialista de los Países Bajos en la guerra de Ucrania!
Sigue ahora el artículo de Argentina.»

domingo, 13 de marzo de 2022

¡CONTRA LA GUERRA CAPITALISTA!

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Ninguna guerra es fácil de comprender, ninguna situación “geopolítica” es simple de captar. Y, menos aún, cuando se supone que en el mundo no hay clases sociales: sólo quedan países, líderes e ideologías políticas. Así hay quienes apoyan y justifican las masacres y el horror de la guerra. Son quienes olvidan o quieren hacer olvidar que las guerras se hacen por dinero. Tal como señalan compañeros en Rusia en estos momentos, detrás de la guerra sólo están los intereses de quienes detentan el poder político, económico y militar: «Para nosotros, trabajadores, jubilados, estudiantes, sólo trae sufrimiento, sangre y muerte. El asedio de ciudades pacíficas, los bombardeos, la matanza de personas no tienen justificación.» (ver panfleto)

La guerra explicita el horror de una sociedad basada en la acumulación y la ganancia. Es la paz capitalista por otros medios. La que acontece en Ucrania se suma a las guerras e invasiones que lamentablemente ya no reportan novedad alguna (Palestina, Yemen, Siria) y a los millones de muertos por el hambre, la miseria, el trabajo, las enfermedades prevenibles o el suicidio.

En las zonas en conflicto se agregan las muertes y penurias por los bombardeos, la falta de agua, comida, medicamentos, abrigo y energía. Así como también ocurre en los campos de refugiados, en las cárceles, en el frente. Reclutan a proletarios de distintos países para masacrarse por los intereses de sus explotadores y gobernantes, ¡por los intereses de la burguesía! Encarcelan a quienes en Rusia se oponen a la guerra y lo manifiestan pública y colectivamente. Militarizan y aumentan la intensidad del trabajo mientras agudizan los ajustes. ¡Eso es una guerra! ¡Estas son las guerras contra el proletariado!

La guerra es la esfera de lo destructivo controlado, del desastre premeditado, de la gestión y administración de la muerte y la miseria. Esta competencia es inherente al Capital. Proletarios luchan, mueren y sufren el estado de guerra en nombre de uno u otro bloque, cuando los proletarios no tenemos patria ni nación que defender. Como señalaba Marx: «El obrero no es ni francés, ni inglés, ni alemán, pues su nacionalidad es el trabajo, la esclavitud libre, la venta de sí mismo y del propio trabajo. No está gobernado por Francia, Inglaterra ni Alemania, sino por el capital. El aire de su tierra no es ni francés, ni inglés, ni alemán, sino el aire de la fábrica. La tierra que le pertenece no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, sino aquella que se encuentra a unos pocos metros bajo tierra. Al interior de un país, el dinero es la patria del industrial.»

Pese a todo hay a quienes, empecinados en pertenecer o identificarse con algún bando capitalista, es decir asesino, justifican una u otra guerra, uno u otro ataque, uno u otro Estado. Con argumentos rancios, sean estos estalinistas o liberales, fascistas o antifascistas, incluso antiimperialistas, todos se concentran en apuntalar la explotación y la opresión: el capitalismo.

Claro que existen diferencias, que sean todos una mierda no significa que sean la misma mierda: Zelenski, Biden, Putin, la OTAN, los neonazis ucranianos, los neonazis rusos. Los dirigentes de Estados, sus conflictos y alianzas, sus paces y guerras, sus desarrollos y destrucciones, sus ciencias y religiones, sus ayudas humanitarias y controles de seguridad ¡todos sirven a un solo interés!: el mantener el dominio de la paz social, que no es más que la paz de los cementerios.

No existe, ni existió, ni existirán “buenos” o “malos” dirigentes burgueses, “buenos” o “malos” partidos burgueses; ni tampoco tiene sentido hablar de “buenas” o “malas” naciones o Estados. Ayer, hoy y mañana, el interés de la clase burguesa se encuentra y se encontrará siempre en guerra contra el proletariado. El trabajo, la explotación, la miseria y la guerra son las formas concretas de ese interés.

En la guerra y en la paz nos ajustan “por los intereses del país”. Pero como decimos desde hace décadas y décadas en todos los continentes: el enemigo también se encuentra “en nuestro propio país”, es “nuestra” burguesía.

La fuerza revolucionaria del proletariado depende de su capacidad para luchar contra las diferentes fracciones burguesas, contra las diferentes formas de dominación que el Capital despliega. Es en este sentido que frente a toda guerra burguesa los revolucionarios se solidarizan con sus pares de las otras regiones y, así como lo han hecho en el pasado, hoy levantan y levantarán siempre una consigna internacionalista y revolucionaria contra la guerra. Puede que estas consignas no tengan actualmente la fuerza necesaria para ser una práctica masiva del proletariado, pero no por ello dejan de ser una dirección y perspectiva.

En la pacífica y mortuoria Argentina los gobiernos nos ajustan por el bien del país, los falsos críticos nos dicen que el problema no es la burguesía local sino el FMI. Nos hablan de “pueblo” como si en esta tierra solo hubiese intereses nacionales y no de clase. Así, nos quieren amansar en la paz y nos preparan para condiciones aún peores, o incluso para la guerra. En Ucrania se ha decretado ley marcial para reprimir todo tipo de acciones consideradas antipatrióticas, desatando a su vez una violenta campaña contra las personas que roban en tiendas o participan en saqueos. En el resto del mundo, el empeoramiento de las condiciones de vida a causa de la guerra ya ha comenzado. Tanto en los países directamente implicados, en sus vecinos de Europa, como en el resto del mundo, quien pagará los costos será el proletariado. Cuando la “guerra” al virus parecía terminar, otra ha comenzado. Una nueva justificación para ajustarnos los cinturones. En Argentina, durante la primera semana de marzo la harina aumentó el 52% en cuatro días. Desde el comienzo del conflicto se dispararon los precios de la materia prima base de la deficiente alimentación de esta región. Y aún hay quienes piensan que deciden el rumbo del país porque votan cada algunos años.

НЕТ ВОЙНЕ! (¡NO A LA GUERRA!)

Panfleto de la Sección de la Asociación Internacional de Trabajadores de la Región de Rusia (KRAS-AIT)

La guerra ha comenzado.

Lo que temían, lo que advirtieron, lo que no querían creer, pero lo que era inevitable, sucedió. Las élites gobernantes de Rusia y Ucrania, instigadas y provocadas por el capital mundial, ávidas de poder e infladas con miles de millones robados a los trabajadores, se enfrentan en una batalla mortal. Su sed de ganancias y dominación ahora la paga con su sangre gente común, como nosotros.

El primer tiro lo disparó el más fuerte, depredador y arrogante de los bandidos: el Kremlin. Pero, como siempre sucede en los conflictos imperialistas, detrás de la causa inmediata se esconde toda una maraña de razones asquerosamente hediondas: esta es la lucha internacional por los mercados del gas, en el afán de las autoridades de todos los países por desviar la atención de la población de la tiranía de las dictaduras “sanitarias”, también la lucha de las clases dominantes de los países de la antigua Unión Soviética por la división y redistribución del “espacio postsoviético”, las contradicciones a mayor escala a nivel global, y la lucha por la dominación mundial entre la OTAN, dirigida por EE. UU. y China, desafiando a la vieja potencia hegemónica y sujetando a su carro al “hermano pequeño” en el Kremlin. Hoy estas contradicciones dan lugar a guerras locales. Mañana amenazan con convertirse en una Tercera Guerra Mundial Imperialista.

Cualquiera sea la retórica “humanista”, nacionalista, militarista, histórica o de cualquier otra índole que justifique el actual conflicto, detrás sólo están los intereses de quienes detentan el poder político, económico y militar. Para nosotros, trabajadores, jubilados, estudiantes, sólo trae sufrimiento, sangre y muerte. El asedio de ciudades pacíficas, los bombardeos, la matanza de personas no tienen justificación.

Exigimos el cese inmediato de las hostilidades y el retiro de todas las tropas a las fronteras y líneas de separación que existían antes del inicio de la guerra.

Hacemos un llamado a los soldados enviados a combatir a que no se disparen unos a otros y más aún a que no abran fuego contra la población civil.

Los instamos a que se nieguen en masa a cumplir las órdenes criminales de sus comandantes.

¡PARAR ESTA GUERRA! ¡BAYONETA AL SUELO!

Llamamos a la gente en la retaguardia a ambos lados del frente, a los trabajadores de Rusia y Ucrania a no apoyar esta guerra, no ayudarla, al contrario, ¡resistirla con todas sus fuerzas!

¡No vayas a la guerra! ¡Ni un solo rublo, ni un solo hryvnia de nuestros bolsillos para la guerra! ¡Hagan huelgas contra esta guerra si pueden!

Algún día, cuando tengan suficiente fuerza, los trabajadores de Rusia y Ucrania exigirán la completa responsabilidad de todos los políticos presuntuosos y oligarcas que nos enfrentan entre nosotros.

Recordamos: ¡NO A LA GUERRA ENTRE LOS TRABAJADORES DE RUSIA Y UCRANIA! ¡NO HAY PAZ ENTRE CLASES! ¡PAZ A LAS CASAS - GUERRA A LOS PALACIOS!

 

Nota: este y más panfletos internacionalistas en panfletossubversivos.blogspot.com

SOBRE EL NUEVO ACUERDO CON EL FMI

Ante un nuevo acuerdo de Argentina con el FMI crece la indignación. ¿De quiénes? La interna del peronismo, la izquierda, nacionalistas de todo color. Este es el resultado del abandono de la crítica de la explotación por la obsesión con la opresión, de hablar de saqueo para no enfrentar a la burguesía nacional, del patriotismo, del antimperialismo, del neo-retro-anticolonialismo, de la tibieza de criticar al capitalismo solo en su aspecto extractivista y destructor de paisajes, así como de la creencia en que la sociedad capitalista podría funcionar mejor sin capital financiero, sin organismos de crédito internacionales como el FMI.

La cuestión es el antagonismo de clase, no “patria o buitres”, ni “pueblo o FMI”. La oposición es de clase, entre explotadores y explotados. No hay salida en la unidad con la burguesía nacional y su progresismo. Detrás de la patria está la sociedad capitalista, detrás del pueblo y la nación se esconde la contradicción de clase.

El ajuste no es simplemente una imposición del FMI ni comenzó en el gobierno anterior. La burguesía que nos explota en la Argentina sea de origen local o extranjero, necesita mantener nuestros sueldos por el piso para mantener la competitividad en el mercado mundial, dada la baja productividad de gran parte de las empresas radicadas en el país. Se trata de un problema estructural acerca de qué y cómo se produce, de la división internacional del trabajo y no simplemente del rol de las finanzas, los organismos de crédito o ciertas políticas en particular.

La pobreza, el hambre, el desempleo, la cuestión de la vivienda no pueden solucionarse con la simple medida de dejar de pagar la deuda como parecen creer los optimistas del capitalismo, desde trotskistas hasta peronistas. Los hay más optimistas, algunos afirman que bastaría con no pagar los intereses de la deuda para arreglar las cosas, al menos las más urgentes.

La nula perspectiva anticapitalista lleva a pensar que la deuda sería un mecanismo de dominación neocolonial, y por lo tanto el no pago sería una medida de soberanía, del tipo “segunda independencia”. Nos hemos acostumbrado a un consignismo oportunista, a aquello que suena bien, da votos o suma adherentes, sin poder comprender la dinámica capitalista y mucho menos enfrentarla. Es ingenuo pensar que, en caso de conseguir frenar el pago al FMI en las calles, se podría dar inicio a un proceso de lucha más amplio y profundo del proletariado. Suponiendo que el Estado se ahorre ese dinero y sin entrar en los posibles resultados de entrar en default: ¿cómo es que el no pago de la deuda significaría un aumento de salarios y jubilaciones o mejoras en los servicios? Si ese es el objetivo, ¿por qué no luchar directamente por conseguirlo en vez de poner el foco en el FMI?

En el contexto actual, el problema de la deuda se ha reducido a una disputa política de cara a las elecciones del 2023: al oficialismo y a la oposición poco les importa realmente qué implicará el acuerdo y su “letra chica”, sino el significado que se le adjudica en torno a la desastrosa situación actual, su pasado reciente y su futuro, y a la que ningún sector político quiere quedar pegado a pesar de ser todos responsables. Por eso, fracciones del kirchnerismo dicen oponerse al acuerdo, para mantener cierta distancia del gobierno del que forman parte. El trotskismo fantasea con que el kirchnerismo le ha dado la razón y supone que con este nuevo acercamiento le podrá quitar algunos votos.

Al margen de lo coyuntural, el “no al pago de la deuda externa” y en particular el rechazo al FMI son, desde hace décadas, consignas que implican al proletariado en la gestión económica del país, abrazando una perspectiva estatista y nacionalista. Por ello, la exigencia del no pago suele venir acompañada de propuestas sobre la nacionalización de la banca o la estatización del comercio exterior, o bien de propuestas básicamente proteccionistas, que ya han demostrado su alcance cada vez más limitado en un mercado mundial crecientemente internacionalizado.

Desde una perspectiva revolucionaria no nos interesa involucrarnos en la gestión de la economía, sino en la crítica para su superación. Pero no podemos dejar de observar cómo quienes se pretenden sus gestores, o en todo caso reclaman una mejor gestión, no comprenden siquiera su dinámica.

La izquierda parlamentaria y su programa de Máximo

A comienzos de febrero Manuela Castañeira, joven promesa del trotskismo argentino, twitteó: «Llamamos a Máximo Kirchner, a Lozano y a todos los sectores kirchneristas críticos del acuerdo a que pasen a los hechos: ¡Hay que tomar las calles junto a la izquierda en repudio a este plan de saqueo brutal para derrotarlo, romper con el FMI e imponer desde abajo una salida en favor de las y los trabajadores!» El candidato a presidente Nicolás del Caño no fue menos: «La renuncia de Máximo Kirchner [como presidente del bloque oficialista en diputados] confirma lo que venimos denunciando desde el @Fte_Izquierda: el acuerdo con el FMI es un nuevo pacto de coloniaje y significará un duro ajuste contra el pueblo trabajador». Por su parte, la diputada Myriam Bregman respondía al diario La Nación: «Lo que acaba de hacer Alberto Fernández es legitimar y ponerle firma a la estafa macrista, algo que nunca puso en duda.» Luego, durante la discusión del acuerdo en el Congreso llegó a hablar de la creación del «virreinato del FMI».

No esperábamos menos. Hasta hace poco, el Frente de Izquierda de los Trabajadores no se distinguía en sus análisis y propuestas del entonces Frente para la Victoria. En la campaña electoral, los trotskistas aseguraban como argumento a su favor que el kirchnerismo no podía realizar tales propuestas y ellos sí. El ahora FIT-Unidad ya no se distingue de los sectores “disidentes” del Frente de Todos. Su programa de máxima es un programa de Máximo.

Es por eso que el socialismo nacional le reclama al presidente que cumpla, que no decepcione a su pueblo. Porque según estos aspirantes a gobierno o ya apoltronados en él, la deuda externa argentina conformaría un mecanismo de dominación “semicolonial”, y por eso llaman a no pagar la deuda, para marcarle el camino a la burguesía nacional. Esta, en cambio, no pareciera hacerse eco del rechazo al FMI, ya que ningún sector del empresariado local se ha pronunciado en contra del acuerdo. Todos, incluso con sus diferencias, aceptan su necesidad. Ocurre que Argentina es un país soberano, con capacidad de autodeterminación. La burguesía argentina no sufre de ninguna prohibición por parte de un país externo sobre qué producir o comerciar, o una apropiación directa del excedente producido. La fuga de capitales que tanto se denuncia en torno a la deuda externa, que ha sido llevada a cabo tanto por burgueses argentinos como extranjeros durante décadas, es el resultado de la dificultad para la reinversión productiva de plusvalía en el país. El problema es estructural, por eso se fuga el dinero, porque rinde más afuera. El capital en su forma dineraria se mueve por la rentabilidad y seguridad de sus inversiones, no por la simple voluntad o maldad de sus poseedores. Evidentemente siempre hay estafadores, pero esa no es la esencia del problema. Suponer que todo se trata de una gran estafa implica un enfoque moralista, subjetivista y hasta conspirativo sobre la dinámica social capitalista, que fomenta la idea de que mejores personas al mando del gobierno y las empresas pueden torcer nuestro destino.

Por eso resulta mejor no hablar de plusvalor y explotación: eso no trae votos ni adhesiones militantes. Mejor hablar de saqueo, de colonia, de estafas y buitres, mover banderitas argentinas, hermanarse con los gobernantes y explotadores. Mejor exigir al Estado que aplique supuestas medidas de transición al socialismo. Se trata de un socialismo que se parece cada vez más a la misma sociedad actual, solo que sin extractivismo y con más paridad de género.

¿Un problema de fondo?

Una crítica usual apunta a que las cláusulas del FMI consisten en la reducción del gasto público y consecuentemente de servicios públicos y beneficios sociales, las cuales deben llevarse a cabo como condiciones de los préstamos realizados. En este nuevo acuerdo, la exigencia que más directamente afectaría al proletariado pareciera ser la reducción del déficit fiscal que buscará obtenerse con el aumento de varios servicios, eliminando o reduciendo, por ejemplo, subsidios a la energía. Por un lado, cabe señalar que estos aumentos ya se veían venir al margen del acuerdo y, de hecho, ya se están implementando. Por otro, el gobierno asegura que los aumentos serán “segmentados” de acuerdo con el nivel de ingresos, pero ya conocemos de sobra los maquillajes redistributivos. Para el grueso de la población se afirma que los aumentos no superarán porcentualmente a los aumentos de salario, pero parecieran olvidar que gran parte de la misma no cuenta con un salario formal. Frente a esta cuestión, una vez más: ¿no sería más sencillo que enfrentemos directamente el aumento de los servicios?

Los argumentos contra el FMI por sus injerencias tienen asidero, pero aislados de una comprensión de conjunto no hacen más que desviar la raíz del problema. Las movilizaciones anti-FMI en Argentina y otros países del mundo fueron muy propias del auge antiglobalización de principios de este siglo, que se caracterizó por limitarse a la crítica de los excesos del capitalismo contemporáneo. Estas protestas solo han logrado avances en la visibilización de la problemática. Sin embargo, más allá de poder situar la cuestión de la deuda en la agenda pública, nunca en la historia reciente se ha conseguido en las calles algo más que resultados simbólicos. Al igual que ocurre con el discurso antineoliberal, se acaba idealizando un capitalismo supuestamente más bondadoso en el pasado en torno al cual se busca articular propuestas, sin comprender que el presente es producto de ese pasado y no su contrario. Más allá de la izquierda parlamentaria y el progresismo, el problema de la deuda es asumido por muchos proletarios en lucha como una cuestión central, lo que constituye otro motivo importante por el cual reflexionar al respecto.

Mientras escribíamos este artículo, la Cámara de Diputados votó a favor del acuerdo en una nueva sesión maratónica entre el jueves 10 de marzo y la madrugada siguiente, siendo rechazado por la izquierda, un sector del kirchnerismo y otros. Ahora queda a la espera de la votación del Senado para hacerse efectivo. Durante la tarde del jueves se produjeron movilizaciones en diferentes partes del país, con su epicentro a las afueras del Congreso, convocadas por numerosas organizaciones de izquierda, gremiales y sectores del kirchnerismo. En general la movilización se desarrolló de manera pacífica, tal como se encargaron de remarcar algunos de los dirigentes que buscaron despegarse de algunas acciones aisladas de violencia como pedradas y quema de contenedores y cubiertas, que fueron reprimidas dejando un saldo de varios detenidos. Ya se han hecho costumbre este tipo de movilizaciones a las afueras del Congreso que, lejos de expresar un rechazo de las instituciones y sus representantes, buscan ser partícipes de lo que ocurre en su interior.

Hace algunos años atrás, en un 1° de mayo decíamos: «Hoy algunos celebran que se discute más política, y eso… ¿qué significa? Significa, sobre todo, que pensemos nuestras necesidades en los términos de la gestión capitalista. Que si perdemos el trabajo sea por la falta de “industrialización” del país, o la apertura y cierre de importaciones, que las subas de impuestos sean por la falta de soberanía energética, que la inflación sea por las políticas monetarias o la especulación comercial. Se nos invita a discutir y preocuparnos sobre la estatización de alguna industria o sobre la deuda externa. La raíz de los problemas no es cuestionada y nuestra imaginación es destruida. Nos llaman a opinar sobre cada detalle, para que así no tengamos una noción de la totalidad. Nuestros enemigos más evidentes y nuestras acciones más directas se diluyen en problemas de expertos».

NUEVO TEMPERAMENTO RADIO

Nro. 58, marzo de 2022:
Guerra capitalista en Ucrania
Incendios en Corrientes
El persistente atractivo de la religión

Esuchar o descargar en:
temperamentoradio.blogspot.com

viernes, 14 de enero de 2022

PASE SANITARIO Y CUESTIÓN SOCIAL

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A partir del 1 de enero de 2022 el Estado argentino impuso el “pase sanitario”, similar al que ya viene aplicándose en diferentes partes del mundo. Aún es pronto para determinar cuál será su impacto local. Por el momento, continúa desviando la atención social principalmente hacia el coronavirus, y en particular hacia el abordaje que los Estados proponen: aislamiento, desconfianza ciudadana, control estatal y vacunación semiobligatoria.

De este modo, a su vez, se opta deliberadamente por responsabilizar a los no vacunados del nuevo pico de contagios. La frustración producto de esta nueva ola, que se desarrolla a pesar del alto nivel de vacunación y el largo acatamiento de medidas de confinamiento, no ha suscitado un pensamiento crítico, sino todo lo contrario.

Ante el empeoramiento de nuestra supervivencia los gobiernos proponen más control y mayor disciplina de la población. Desplazando discursivamente el enfrentamiento al terreno entre vacunados y no-vacunados. Parecieran querer decir que nuestros problemas no se deben a una sociedad dividida entre explotadores y explotados, sino a una nueva y democrática grieta: el esquema completo de vacunación.

Nuevas restricciones…

Según la reciente normativa nacional, mayores de 13 años deberán acreditar esquema de vacunación completo contra covid-19 para asistir a eventos masivos y viajes grupales, dejando abierta la posibilidad de extenderlo en cada provincia a otras actividades, ya sea gastronomía, gimnasios, centros comerciales, realización de trámites en organismos públicos o entidades privadas, etc. De hecho, varias provincias comenzaron con su aplicación algunas semanas antes y ampliaron su utilización, como es el caso de la gastronomía y entidades bancarias en provincia de Buenos Aires, o para la realización de diferentes trámites en las localidades de Santa Fe. Aunque la vacunación contra la covid-19 no es obligatoria en Argentina, comienza a darse una obligatoriedad de facto.

Aún no sabemos cuál va a ser el efecto de la medida en esta región en torno a cuestiones laborales, pero ya supone un problema en los sectores donde se aplica, como es el caso del gastronómico en provincia de Buenos Aires, donde no hay claridad sobre las exigencias de vacunación de los propios trabajadores, que incluso en algunos casos deben ser los encargados de exigir el pase a los clientes. Esta situación genera conflictos, con la vulnerabilidad característica de aquellos empleados de manera informal. Dirigentes sindicales junto a un grupo de empresarios plantearon, en una reunión realizada la primera semana de enero junto al ministro de economía y la ministra de salud, entre otros, la necesidad de un “pase sanitario laboral obligatorio” con el objetivo de no frenar la producción a causa de los contagios.

El chantaje que se impondrá a los trabajadores de los sectores público y privado sin esquema de vacunación completo ya ha comenzado en algunos países de Europa, donde existe la obligatoriedad en diferentes sectores, según el país, afectando principalmente a la sanidad y educación, aplicando sanciones, traslados forzosos e incluso despidos. Las empresas pretenden introducir despidos sin indemnización si se considera que un empleado no vacunado perjudica la rentabilidad, y el pase ya es un requisito de ingreso a diversos trabajos.

Mientras la obligatoriedad de la vacunación parecía imposible en un primer momento, ya se está barajando como posibilidad en la Unión Europea. Austria ya la anunció para el 1 de febrero y en Alemania se avanza en ese sentido. En Italia, por mencionar un ejemplo, se están aplicando multas de hasta 1000 euros a quien viole las normativas de utilización del pase, y las restricciones incluyen la utilización del transporte público. Allí donde se ha aplicado, no ha ido sino profundizándose. Creemos importante destacar una vez más cómo a partir del coronavirus se han globalizado ciertas medidas, perdiendo de vista cualquier especificidad regional y dejando de lado cualquier análisis social. Poco o nada se habla de lo estacional, de las condiciones de vida como la alimentación y lo habitacional, de la salud en un sentido amplio; si no de vacunas, aislamientos, estadísticas y responsabilidad individual.

En el caso de Argentina, al igual que en el resto de los países que han implementado la medida, se registra una alta tasa de vacunación completa, más del 70% (mayor aún si solo tenemos en cuenta la población adulta). El pase sanitario no es necesario para que la gente se vacune, sino que pareciera ser al revés. Como señaló Giorgio Agamben, frente a la aplicación del “green pass” en Italia, la vacuna es en realidad un medio para obligar a la población a tener un pase sanitario. Lo cual, cabe aclarar, afecta a la gran mayoría que está vacunada. En paralelo a la aplicación de la medida, los gobiernos de algunos países como España evalúan comenzar a tratar la enfermedad como una gripe endémica más.

La salud es un concepto cada día más extraño. La covid-19 (con las sucesivas variantes del virus) continúa desplazando la prevención y el tratamiento del resto de las enfermedades. La vacunación, según se asume oficialmente, no previene las nuevas cepas, ni el contagio, ni la enfermedad; aunque aseguran sí disminuye el número de internaciones y muertes. Quienes intentan debatir seriamente acerca de los efectos secundarios y a largo plazo de las vacunas, las nuevas tecnologías implementadas en muchas de sus versiones, su efectividad y la relación entre riesgos y beneficios, son censurados y amalgamados al conspiracionismo. No tenemos el conocimiento específico sobre vacunas para debatir sobre dichos aspectos, pero sí nos interesa remarcar que en tanto mercancía vinculada a la reproducción de la fuerza de trabajo y la “vuelta a la normalidad”, es necesario poder abordarla desde un panorama más amplio.

Ya hemos recibido otras vacunas, así como también empleamos dispositivos que permiten controlar y rastrear nuestros movimientos tanto físicos como virtuales. No se trata de paranoia, sino de una reflexión sobre las nuevas obligaciones y restricciones que nos imponen. Este sanitarismo punitivista se alimenta del miedo y la confusión reinantes, de la delegación y el individualismo. La historia nos demuestra que es muy posible que las medidas anunciadas como temporales estén acá para quedarse. Cabe recordar, como ejemplo más brutal y reciente, la lucha antiterrorista a nivel internacional. Esta trajo aparejada una serie de innovaciones en materia represiva y control social que se aplicaron sobre el conjunto de la población; las cuales, en su mayoría, son constitutivas de la normalidad actual.

... viejas desorientaciones

La falta de respuestas, o siquiera un debate profundo acerca de los avances en el control social y las medidas pandémicas tras estos casi dos años, no pueden comprenderse sin atender el nivel de integración política del proletariado en esta región, inseparable de la forma que ha adquirido la reproducción de gran parte de la fuerza de trabajo, que depende cada vez más del Estado para subsistir cada vez peor, y que a su vez crece continuamente. Duro contraste con la lucha social de hace dos décadas, mientras nos aproximamos cada vez más a los niveles de desocupación y pobreza de aquellos años. Los sueldos y jubilaciones continúan disminuyendo brutalmente frente a la inflación, que en 2021 cerró con más de un 50% anual según datos oficiales. El aumento de los alquileres, por ley, incluso supera dicha cifra en muchos barrios de las principales ciudades del país, y lo mismo ha ocurrido a lo largo del 2021 con los alimentos de primera necesidad. Como siempre, los números no dan cuenta de la disminución de la calidad de los alimentos que producimos y consumimos masivamente, ni de los lugares que habitamos.

Como ya hemos señalado, las medidas tomadas a partir del coronavirus no fueron el origen sino el catalizador de una crisis anunciada tanto en Argentina como a nivel internacional. No es la intención aquí profundizar al respecto, pero cabe remarcar el carácter cíclico de la economía mundial, así como la tendencia, al menos localmente, a analizar la situación económica y social a muy corto plazo, sin poder evidenciar cómo tras cada crisis nunca se alcanzan los niveles económicos del ciclo anterior. Esto contribuye a la lógica del mal menor y las alternancias en el poder, como ocurrió con la gestión de Macri en el período 2015-2019, que le permitió al oficialismo desligarse de ciertas responsabilidades y recuperar circunstancialmente algo de credibilidad.

Amplios sectores del espectro de izquierda y el progresismo se hallan presos de lo políticamente correcto y el oportunismo. Se pretenden ecologistas pero participan, o así lo pretenden, de la gestión de una economía basada en la explotación de la naturaleza (ver texto Chubut: no es no). En lo relativo al coronavirus se olvidaron súbitamente sus lecciones foucaultianas en materia de biopoder o las cátedras de relativismo epistemológico. Decían querer criticarlo todo, y combatir al poder en sus mínimas expresiones, pero acabaron aceptando sin más un dogmatismo científico y estatal con pocos precedentes.

El “no al pago de la deuda” parece ser la consigna elegida para mantener las apariencias, mientras se continúa apoyando al gobierno y amplios sectores de la burguesía local en el mantenimiento del orden. El vaciamiento discursivo poco tiene que envidiarle a las movilizaciones en defensa de la “libertad”. Se trate de la OMS o el FMI, nos enfrentamos a simplificaciones abrumadoras que no contribuyen a la comprensión y el enfrentamiento del orden social.

Paranoia y movimientos sociales

Una ola de paranoia azota al planeta, unos se sienten rodeados de enemigos, posibles contagiadores por todas partes; otros ven conspiraciones cuasiextraterrestres, chips en las vacunas. Unos temen el advenimiento de dictaduras fascistas y los otros de dictaduras comunistas. Un fantasma reaccionario recorría las redes: “La última variante se llamará comunismo”.

En nuestro medio, e incluso más ampliamente, es común escuchar personas que le llaman fascismo a casi cada cosa que les desagrade políticamente o como insulto genérico. Los hay también quienes lo hacen con la palabra comunismo, lo cual para ellos puede representar Marx, Maduro o Bill Gates. Los segundos son ahora quienes, en general, protagonizan globalmente las manifestaciones contra las medidas de los gobiernos.

Nada muy diferente de las típicas manifestaciones de izquierda y progresistas: banderas nacionales, interclasismo, defensa de algún genocida, alguna que otra incoherencia, así como también un descontento bastante amplio sobre las condiciones de vida en el planeta.

Aquellos que llaman altruismo a su pánico y ya tenían ciertas tendencias agorafóbicas y disgusto por vincularse con seres humanos de carne y hueso no comprenden la desconfianza de grandes sectores de la población respecto de los organismos oficiales, los gobiernos y los medios masivos. Tal desconfianza tiene sus fundamentos, pero el problema no es ese, sino las conclusiones absurdas que en general suelen alcanzar. Conclusiones que, ante la ausencia de expresiones de lucha que permitan dinamizar otras discusiones, son rápidamente instrumentalizadas por la “nueva derecha”.

Como señala el colectivo italiano Wu Ming en una entrevista titulada Conspiración y lucha social: «Nos oponemos al enfoque típico del conspiracionismo, es decir, al enfoque idealista, liberal y cientificista. En este marco, desaparecen las clases sociales, las relaciones sociales, las estructuras de poder, las contradicciones del sistema (…) El efecto del conspiracionismo es desviar el descontento y canalizar las energías potencialmente revolucionarias hacia lugares donde se disipan o, peor aún, acaban alimentando proyectos reaccionarios.»

Lo que está ocurriendo con las manifestaciones contra el pase de movilidad puede ser un ejemplo de lo que pueden ser las futuras movilizaciones. A los Chalecos Amarillos en Francia también se los acusó de fascistas o reaccionarios. «Bello como una insurrección impura» escribían en las paredes de aquel país.

Siguiendo con Wu Ming: «Las luchas serán impuras porque los sujetos que las iniciarán carecen de los antecedentes con los que nos sentimos cómodos: memoria de las luchas obreras y de los movimientos sociales, conciencia de clase, tradición de conflicto social en la familia, etc. Sin embargo, paradójicamente, la falta de memoria también eximirá a esas luchas de seguir patrones preestablecidos (…) La mayoría de los miembros de la clase media precarizada, empobrecida y atemorizada nunca dominaron el lenguaje de la lucha social, no son herederos de tradiciones políticas con vocabularios establecidos, y esto tiene mucho que ver con la razón por la que articulan su ira por su propia degradación social en términos de “libertad”, o la injusticia que sienten que han sufrido por la forma en que se manejó la pandemia. Una cosa es el individualismo y el egoísmo, y otra la esfera de autonomía de la que debe gozar cada ser humano. Sobre todo, es importante decir que la gestión capitalista de la pandemia atacó toda la dimensión colectiva, la sociabilidad, las relaciones entre las personas, etc. En este contexto, “libertad” puede significar también la libertad de estar juntos, de actuar colectivamente, de manifestarse. Descartar todo esto como simplemente “fascista” es, como mínimo, una muestra de torpeza ideológica.»

Es necesaria una crítica de los derechos y libertades burguesas, defendidos a su manera tanto por socialdemócratas como liberales, lo que no se puede es criticar la sed de quien exige su “derecho al agua”.