lunes, 18 de noviembre de 2019

¿Guerra?

Pese a la decisión anunciada el sábado 19 de dar marcha atrás con el aumento en las tarifas del subte, se recrudeció la revuelta.

A última hora del día domingo 20 fue cuando Piñera rodeado de milicos afirmó aquello de «Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite incluso cuando significa pérdidas de vidas humanas con el único propósito de producir el mayor daño posible». Y agregó que «esos enemigos están en guerra contra todos los chilenos que quieren vivir en democracia». Esa democracia que algunos días permite la excepción de torturar, violar y matar frente a los ojos de cientos de sus ciudadanos, tal como sucedió en Chile y hasta quedó registrado en decenas de videos que han circulado. En la misma declaración advierte que saca a la calle 9500 efectivos de las Fuerzas Armadas y de orden para proteger justamente la libertad y los derechos de los ciudadanos. A pesar del estado de excepción, las manifestaciones se sucedieron en varias regiones del país y provocaron miedo en la burguesía.

La democracia y el Estado de derecho son defendidos por las fuerzas armadas y es así que Piñera manifestó que estas tenían «total apoyo y respaldo de nuestro gobierno», es decir, el gobierno se ponía a las órdenes de los milicos para proteger la democracia. Y no es una contradicción. Amargamente confirmábamos lo que desde hace tiempo venimos afirmando: que democracia y dictadura son las dos caras del Capital, e incluso que estamos entrando en un nuevo período donde se combinarán elementos de los gobiernos parlamentarios con los de los gobiernos de facto como los que conocimos en la década de los 70 del siglo anterior por estos territorios.

Llamar fascista a esa combinación no solo es un error de análisis, ya que luego se paga muy caro en el enfrentamiento abierto, aunque este no quiera ser reconocido. El Estado no es criticado, solo aquellos que lo dirigen son denunciados comparándolos con represores del pasado reciente (ver cuadro Izquierda en Ecuador, derecha en Chile). Así hasta en las nauseabundas muestras de conciliación con los asesinos, cuando llamaban a abrazar a los pacos, en plenos abrazos estos soltaban y continuaban la represión. En un video, ante esta reacción digamos “natural” de estos protectores de los ricos, podemos ver una persona angustiada gritándoles «Estábamos haciendo un pacto de paz». Debemos decir que ese es el resultado de razonar desde un punto de vista no simplemente incauto sino patriótico y burgués, en ausencia de una comprensión material que no comprende el accionar de las fuerzas represivas estatales y apelan a la moralidad como explicación última.

Algunos compañeros comenzaban a pensar que estaba desarrollándose un golpe de Estado encubierto en Chile. Ya que desde el Poder Ejecutivo y los medios de comunicación masivos se estaban desplegando una serie de técnicas para generar caos, confusión y terror, preparando el terreno para una intervención militar masiva con el apoyo de una parte de la población. Con efectivos militares y policiales de civil añadiendo destrucción y caos a la destrucción y el caos generado por la propia revuelta proletaria. La represión ya brutal escalaba rápidamente. Así también comenzaba a manifestarse una tendencia a la autoorganización, con algunas asambleas territoriales autoconvocadas para comenzar la semana.

La intensificación cualitativa y cuantitativa del “sistema penal subterráneo” ya constituye un abierto terrorismo de Estado, ocultado por los grandes medios pero retratado directamente por miles de cámaras y subidos a páginas personales y redes de contra-información. Detenciones ilegales, golpizas, lanzamiento de lacrimógenas al cuerpo, represión indiscriminada sobre manifestantes pacíficos, uso de recintos ilegales de detención, asesinatos, torturas, al menos 20 muertos, 4360 detenidos registrados (y denuncias de detenciones para el sólo efecto de golpear, que no se registran oficialmente), una cantidad de lesionados cercano a los 1650 y que incluye varios en estado grave, incluyendo al menos a 160 personas con heridas oculares por el uso desproporcionado de balines policiales(8). El reporte del INDH al 15 de noviembre nos arroja estos datos, los cuales nunca serán precisos pero nos dan una noción de la situación general. Se ha denunciado también el atropello a las personas en situación de calle, que evidentemente es poco o nulamente contabilizado.

El Estado impone la violencia generalizada y el terror social, sin llegar a matar. Ahogar con gases para asustar y dispersar, arrestar y controlar, someter y humillar…y selectivamente dejar con la marca del Estado desfigurando rostros, mutilando, destruyendo el olfato y globos oculares.

Estas violencias ¡e incluso mutilaciones! no son "excesos fascistas", son constituyentes del terrorismo de Estado que las fuerzas represivas están destinadas a llevar adelante para mantener la paz y el orden. Así como la violación, principal y ampliamente contra las mujeres, ha sido y es un arma de guerra.

«Tocaciones, desnudamientos en los cuarteles, insultos y amenazas de connotación sexual y violación. La violencia político sexual hacia las mujeres se ha mantenido como un continuo. (...) Se trata de una agresión diferenciada hacia los cuerpos y las sexualidades de las mujeres, ejercida como una práctica sistemática y explícita. No son actos sin sentido; no cometen errores ni se les pasa la mano. Es un mecanismo de control y subordinación. Busca imprimir en el cuerpo un castigo, grabar en su memoria una sanción que pretende ser transmitida de generación en generación perpetuando el miedo, como advertencia de permanecer en el lugar asignado. (…) debemos recordar más que nunca que la violencia política sexual ha sido y sigue siendo uno de los instrumentos represivos centrales del Estado en contra de las mujeres.» (El Sol Ácrata nro.5. El continuo de la violencia político sexual. Chile, Octubre de 2019)

Las listas de abusos e injurias(9), los videos que muestran la violencia ejercida contra los rebeldes son necesarios para dejar en evidencia qué es el Estado, cuál es su justicia y cuáles son sus intenciones. Sin embargo, también nos angustian y hasta pueden desmovilizarnos. Circulaba un mensaje que decía «Toda información sobre asesinatos y torturas, mientras no sea confirmada por un organismo calificado de DDHH, debe ser considerada como falsa. Nada interesa más a la burguesía en este momento que traumatizar a los proletarios de Chile y así volver a tenerlos sumisos por treinta años más.» Más allá de que no podemos depositar nuestra confianza en organismos de DDHH o estatales de ningún tipo, es necesario dar cuenta de que los teléfonos y su mensajería instantánea difunden rápidamente, por sobre todo, el desconcierto.

Últimamente suele darse un protagonismo central a las mal llamadas "redes sociales" en el desarrollo de los movimientos sociales. Se llega hasta decir que crean el movimiento, o que son sus actores principales. Cuando, por el contrario, el capitalismo ha creado y desarrollado el individuo egoísta, separado y aislado; y todos los aparatos de enajenación, desde la televisión, al computador, a esas redes, son elementos centrales en la atomización de los seres humanos. Esas técnicas tienen la función central de limitar, todo lo posible, las relaciones humanas directas y sustituirlas por una comunicación basada en la mediación espectacular de las imágenes y textos. Por otro lado, se hace hasta una apología del desarrollo técnico del capitalismo. Sería más correcto afirmar que es a pesar de esas "redes" que nos comunicamos, y que se utilizan esas técnicas desviando, pirateando y rompiendo sus límites para desarrollar un contenido totalmente antagónico al porqué fueron creadas. Tal como se señala en el sexto comunicado de Evade Chile «La organización no puede depender de internet» ni «la comunicación por internet o por teléfono no puede reemplazar la comunicación cara a cara».
Asimismo, desde el panfleto anónimo, Una mirada anárquica al contexto de revuelta y represión del 26 de octubre de 2019 se afirmaba:

«Hoy muchas más personas están siendo testigos de lo que por años llevamos propagando: que a los poderosos no les importa engañar, torturar y asesinar con tal de proteger el mundo que han construido para su beneficio y que la única salida posible a la dominación contra nuestras vidas comienza con la rebelión destructora contra todo lo impuesto por quienes intentan hacer de nuestra existencia un régimen permanente de esclavitud y robo de nuestra libertad.

Estamos plenamente conscientes que todos los matices de la represión estatal, incluso los que pretenden aparentar un rostro “amable” forman parte del manual contrainsurgente inaugurado en Argelia, fortalecido en las dictaduras latinoamericanas y continuado por las tropas de ocupación en Irak, Haití y otros lugares del mundo. Sabemos de manera muy clara que la represión masiva y selectiva, las torturas, el exterminio, los montajes y las tácticas comunicacionales de guerra psicológica no son una novedad y hoy las vivimos y enfrentamos en un escenario que nunca se concibió como imposible: desenvolver nuestra cotidianidad y nuestra lucha en un estado de excepción con militares en la calle. (…)

Nos quieren paranoicxs, angustiadxs y aisladxs, pero seguimos activxs en el combate poniendo también en práctica herramientas de autocuidado y de contención psicológica y emocional en lo personal y lo colectivo para continuar vivxs y en pie de lucha.»Por otra parte, el lunes 21 David Veloso Codoceo (21 años) militar de Antofagasta se negó a obedecer la orden de reprimir. Cuando le ordenaron trasladarse a Santiago tiró su fusil al suelo y decidió desobedecer las órdenes. Hoy ya liberado y dado de baja por la institución Castrense. Y es una muestra de cómo las circunstancias transforman la conciencia de las personas. En revueltas generalizadas estas acciones se multiplican y los desertores llegan a responder con sus fusiles a sus antiguos jefes si no es poniéndolos a disposición de la propia insurrección. 



Notas:
(8) Este dato horroroso nos recuerda que contra los proletarios en Francia, los chalecos amarillos, las fuerzas de pacificación del Capital también apuntan sus lacrimógenas y sus balas no letales contra los ojos de los manifestantes. Incluso ha habido manifestaciones de estos “Mutilados para el ejemplo” que parafrasea la expresión “fusilados para el ejemplo” referida a los soldados franceses ejecutados en la Primera Guerra Mundial por evitar el combate. Estos heridos de guerra (de clases) la señalan como «la ultra violencia de la represión».
(9) INDH reporta 93 víctimas de violencia sexual, 40 corresponden a mujeres (una de ellas embarazada) 30 son hombres, 16 son niñas y 7 son niños.

¿Vuelta a la normalidad?

«La reforma es la continuación de la represión por otros medios.»
(Os Cangaceiros, Trece mil fugas)

El día 25 sucedió en Santiago de Chile la histórica marcha de más de un millón de personas, que se replicó en la mayoría de las ciudades del país. Puede parecer paradójico, pero semejante manifestación puede expresar los primeros sintomas de la derrota del movimiento social en lucha, el movimiento de las barricadas y las ollas populares, del ataque y la defensa. Porque la realidad se transforma principalmente siendo y haciendo la transformación, no exigiéndola, no solo protestando.

Compartimos algunos testimonios luego de aquella jornada:

«Tengo que ir a trabajar. Todo vuelve a la "normalidad". Políticos y empresarios subiéndose al carro de la victoria. Militares que siguen en las calles. Me siento como en una resaca. Y ayer no bebí. Estaba muy contento. "Hicimos historia" dije. "Y ahora qué". Hay asambleas barriales en muchos lados. Sobre todo en lugares donde compañeros y compañeras llevan construyéndolas hace más de 30 años, otras empezaron esta semana. Mañana tenemos actividad en un parque cercano con los más pequeños del barrio pero estoy desanimado. (…) Estas semanas queríamos cambiarlo todo. Y volver al trabajo. Ver que el metro funciona. Ver militares en las calles. Me entristece.» (Anónimo. Tomado de un muro de Facebook)

«Ayer conversaba con una de mis vecinas con la que hemos tocado las ollas y algunas barricadas. Es una mujer muy luchadora y sin mucha formación política, pero con una conciencia de clase admirable. Le pregunté por qué no estaba en la Plaza del barrio tocando la olla y me dijo: "porque ahí están haciendo un acto para los niños y por la paz. Yo no estoy de acuerdo con eso, fue enfática, las viejas creen que disfrazando la realidad le hacen bien a los cabros chicos y ellos deben saber, que esto es lo que les tocará vivir". Entonces me transfiero al contexto político y social en el que nos encontramos, mientras un sector mayoritario de las masas está peleando –el gobierno reconoce 19 muertos hasta el momento– los partidos políticos desde la Democracia Cristiana (DC), Partido Comunista (PC) hasta el Frente Amplio (FA) y corrientes dentro de ellos, viven en la esfera de la institucionalidad tratando de volcar las discusiones al congreso y direccionando la política general hacia la vuelta de los milicos a sus cuarteles, el diálogo y la paz social. Me pregunto si todos aquellos intelectuales que adhieren a la carta encabezada por Javiera Parada, sabrán desde su vida más holgada lo que vive la clase trabajadora... Me pregunto si sabrán que si sube costo de la vida nos vamos a la cresta. Sabrán que hay profesoras trabajando en fábricas porque no les alcanza con la jubilación. Sabrán que cuando sube el precio de la luz, tenemos que recortar todo el presupuesto de la familia. Sabrán a qué hora se levantan las mujeres de la clase à hacer filas en los consultorios, sabrán que te mueres en listas interminables para que te operen en un hospital. Sabrán que se está comprando comida a crédito en los supermercados y un largo etc. que muchos de ustedes también viven... Pues el diálogo y la democracia que tanto les preocupa a ustedes, ha sido sólo la dictadura de los grupos económicos en Chile. Una dictadura que lleva 46 años en que han saqueado todo, han robado impunemente y nos han explotado hasta más no poder. Esta institucionalidad, es la que nos impusieron los ricos y hay que derrumbarla. Es este sistema de explotación de una clase sobre otra, de países ricos a costa de países colonizados como los nuestros, lo que debemos cambiar. No hay poesía ni romanticismo en esto, es lucha contra el capitalismo que debemos profundizar y es tan real como nuestras vidas. Su democracia no nos interesa.» (Anónimo. Tomado de otro muro de Facebook)

«Después de la enorme marcha del día viernes 25 de octubre en la ciudad de Santiago, todos los medios de comunicación al unísono, junto al gobierno, hicieron un llamado a volver a la “normalidad”, pretendiendo así desmovilizar y opacar más de una semana de duros combates en las calles que se han saldado con una feroz represión nunca antes vista en “democracia” –que es solo una de las formas que adopta en determinados contextos el despotismo del capital. Las y los hijos de la burguesía, bajan del barrio alto a “limpiar el centro de la ciudad” de los incontables grafitis y rayados con consignas que se han vuelto parte del paisaje habitual, se suspende el toque de queda, se destituye al gabinete de ministros y se anuncia por todas partes el avance hacia la concreción de un “pacto social” que, supuestamente, pondrá punto final de una vez por todas a esta crisis. Pero para las y los proletarios que hemos estado participando de la revuelta la vida nunca volverá a ser igual: hemos cambiado para siempre y llegado a un punto de no retorno. (…)

¡Vamos hacia la vida!» (Un grupo de Proletari@s "anormales" en lucha. Esto no para: ¡Ya no volveremos a su normalidad! Santiago, 27 de octubre)

Aquel 25 de octubre, hasta Piñera buscó subirse al carro declarando: «La multitudinaria, alegre y pacífica marcha hoy, donde los chilenos piden un Chile más justo y solidario, abre grandes caminos de futuro y esperanza.» De todos modos, podemos decir que no triunfó, al menos no con la eficacia deseada por el poder, el intento de blanqueamiento de las manifestaciones. Con el correr de los días, aquella movilización puede ser también entendida como una muestra de fuerza del proletariado más que como su derrota final. Las convocatorias siguen siendo multitudinarias y cotidianas.

Si bien la perspectiva y el libreto que han seguido los políticos dictaba aquello de “post-marcha empieza el dialogo entre partidos, cambio de gabinete, votaciones de leyes reformistas” es fuerte como el movimiento se mantiene, y ha encontrado, aun de forma dispersa, la continuidad en las escuelas, universidades y lugares de trabajo que han intentado volver a la normalidad.

Sobre las asambleas constituyentes

Con la rabia reprimida y el repliegue de la lucha, la burguesía comienza a hablar fuertemente de pacto social. Organizaciones sociales, sindicatos y partidos políticos como el FA o el PC proponen una “Asamblea Constituyente” para la presunta elaboración de una nueva Constitución para Chile. «Esa vía pacífica y democrática permitiría a Chile dotarse de una Constitución que genere nuevas instituciones y leyes para construir una sociedad diferente.»

Compañeros recordaban las palabras de Errico Malatesta en 1930: «Una Asamblea Constituyente es el medio utilizado por las clases privilegiadas, cuando una dictadura no es posible, ya sea para prevenir una revolución, o, cuando una revolución ya ha estallado, para detener su progreso con la excusa de legalizarla, y retirar muchos de los posibles logros que el pueblo haya obtenido durante el período insurreccional.» Parecía escrito para la ocasión, y para cada vez que se usan los mismos métodos para desactivarnos… una y otra vez si carecemos de memoria subversiva.

Compartimos dos panfletos que expresan el deseo de no dejarse asimilar y su práctica en consecuencia:

«El ciudadanismo neoliberal pretende institucionalizar la rebeldía a través de asambleas formateadas y cabildos coloniales, entre la ingenuidad bien-intencionada de algunos y la empatía asistencialista de otros solo lograrán reciclar el orden hegemónico que se reproduce en la sociedad mercado-céntrica, las fuerzas represivas y la acumulación capitalista. Iniciando así un nuevo ciclo de dominación y traición de las revueltas pasadas.

El proceso "constituyente" funciona como aparato de desarticulación de la Comunidad de Lucha encausando las respuestas a la crisis generalizada para apaciguar la cólera de lxs explotadxs y así reconstruir una nueva cotidianidad con el mismo olor que la anterior a la revuelta de Octubre. Desde barrios e instituciones gubernamentales gestionan la carnada lanzada por el consenso neoliberal para desmovilizar la rebeldía a través de diálogo, respeto y tolerancia con quienes solo merecen juicio y castigo, es decir, la burguesía y sus secuaces. Este nuevo "Pacto Social" solo traerá más de lo mismo, esclavitud y miseria. Nos dicen que la Guerra entre Clases no existe y que es la "unidad nacional" nuestro único salvavidas. Ellos estipulan dónde y cuándo lo harás, sobre qué hablarás, cuánto tiempo te tomará. Tecnócratas amigables profesionales y populares se preparan para dar fin consciente o inconscientemente al último respiro de la humanidad, la lucha final contra el Capital. Nunca podremos construir nueva vida sobre los cimientos de una realidad podrida, agrietar la cotidianidad capitalista y destruir las relaciones sociales capitalistas es tarea inmediata para impulsar un proceso revolucionario eficaz y anticapitalista que no permita la metamorfosis de ninguna forma de dominación humana.

No permitamos que se apague la llama de la revuelta, evitemos que capitalicen nuestra rebeldía y reventemos el ajuste adaptativo de la dominación capitalista. Vida o catástrofe, el porvenir es incierto, pero hemos sabido navegar en aguas turbulentas.

¡Contra lxs dirigentes, contra el Estado que roban los frutos de nuestros combates!» (Autor desconocido, Asambleas destituyentes por la abolición del capital, estado y trabajo asalariado. Desde el norte semiárido de Chile, 28 de octubre 2019)

«Durante los últimos días se ha venido repitiendo una idea que ya se había difundido, con menos eco, tiempo antes: la idea de avanzar hacia una Asamblea Constituyente y la creación de una nueva constitución política. Se plantea que esos sean los objetivos generales que dirijan a las asambleas territoriales. ¿Son esos nuestros objetivos? ¿Responden estas propuestas realmente a nuestros intereses? Como hemos discutido, el Estado no es un aparato neutro que está ahí para organizar nuestra vida, sino una institución que resguarda los intereses de la clase dominante. Para eso es que existen sus Fuerzas Armadas y sus policías. Y esa labor la han dejado lo suficientemente clara durante la revuelta: decenas de personas asesinadas, cientos de otras golpeadas, torturadas, secuestradas, sexualmente abusadas, miles de compañerxs detenidxs. No podemos engañarnos ante esta sangrienta evidencia. Nuestras vidas dependen de tener esto siempre en mente.

Entonces, la canalización política de nuestro malestar, para al final del día dejar intacto el sistema que ha producido todos los conflictos que hoy enfrentamos, no puede ser nuestra opción. Ya la institucionalidad habla de realizar “cabildos”, oponiéndolos a las asambleas territoriales, o fagocitándolas, para que la “clase política” supuestamente nos escuche. Pero para eso nos impondrán condiciones. (…)

Es evidente que ya no nos conformamos con las migajas de los gobernantes de turno, ni nos convencen las críticas de su seudo-oposición, la que en bloque no duda en condenar la masiva combatividad vista en las calles.

No tenemos recetas, ni es posible tenerlas. Pero tampoco podemos celebrar nuestra dispersión, ni tomar por positivas lo que precisamente son nuestras debilidades. Fortalezcamos las organizaciones autónomas que la lucha ha creado: las Asambleas Territoriales. Estrechemos los lazos entre ellas. Rechacemos la intervención politiquera. Generemos reivindicaciones mínimas que alivien nuestra existencia, con miras a cambiar verdaderamente este sistema que está podrido desde sus cimientos.

No volvamos a su “normalidad”, ni hagamos nuestro su “sentido común”, el que es incapaz de concebir un mundo sin explotación, sin maquinaria estatal que nos controle y reprima. No ocupemos el lenguaje de nuestros amos.» (Anónimo. Ya no hay vuelta atrás: la autoorganización y sus desafios. Chile, 30 de octubre)

Siendo la Asamblea Constituyente la carta más segura de la burguesía para sortear con éxito la crisis, y no existiendo por otra parte una fuerza capaz de agitar la perspectiva revolucionaria es importante asegurar la mayor coordinación y comunicación posible entre asambleas para en la medida de lo posible desarrollar una fuerza capaz de seguir impulsando protestas y movilizaciones masivas y procesos de organización fuera y en lo posible contra los organismos oficiales.

Las protestas y movilizaciones masivas, así como la organización territorial autónoma, por sí solas, no aseguran ningún devenir revolucionario. Es la comprensión de sus límites lo que abre la posibilidad de rupturas posteriores más profundas y continuadas. En este sentido, extractamos a continuación algunos párrafos del panfleto: Asambleas territoriales: órganos autónomos creados por la comunidad en lucha:

«El terreno fértil de la insurrección en Chile trajo como su principal fruto las asambleas territoriales, instancias auto convocadas por los pobladores de todo el país como canal para resolver las necesidades inmediatas de la lucha y su propagación. En ellas se están debatiendo las medidas, horizontes y reivindicaciones de este movimiento. En muchos casos, con un fuerte carácter anti institucional y anti partidista. Las asambleas reflejan, de forma embrionaria, la necesidad real del proletariado para dotarse de órganos de poder representativos de la clase, que defiendan e impongan sus necesidades hasta el último aliento, sin transar con la clase política.

Estas organizaciones, aún incipientes, manifiestan el sentir y la necesidad de incidir directamente en la realidad, cuestionando la soberanía de nuestra vida al Estado y al Capital, ya que, en la práctica, organizarse colectivamente para resolver nuestros problemas, y profundizar esta lucha, expresa una disputa contra el Estado por el control y dirección de la vida en sociedad. Por ello es necesario que estas asambleas se planteen autónomas, dirigiendo el diálogo hacia lxs mismxs explotadxs y no hacia la institucionalidad burocrática: son los propios intereses de clase los que están en juego y será enfrentando sus limitaciones que recuperaremos todo lo perdido, no mediando entre las bases y el Estado.

Al ser un órgano barrial, las asambleas están inmersas en la cotidianidad del territorio, por ello su funcionamiento es su principal arma. Su capacidad de cubrir expansivamente las necesidades de la lucha como el abastecimiento, la auto-defensa, la salud, el transporte, las comunicaciones, la solidaridad con sus presxs, etc. será la fuerza que las dotará de legitimidad. En este sentido, las asambleas son la expresión autónoma de la comunidad que auto-organiza sus necesidades y su lucha contra el Estado y el Capital. Es por ello, que su funcionamiento NO PUEDE agotarse en los petitorios o en la asamblea constituyente. Entendemos que muchas personas aún creen en las cantinelas social-demócratas y en que el Estado pueda resolver sus problemas inmediatos, pero sabemos que eso no ocurrirá, de hecho, se agudizará la precarización. Es esencial que para cuando el estallido revolucionario comience, este preludio haya servido para sacar las mejores lecciones: fortalecer las asambleas y su carácter autónomo, que son nuestro principal triunfo hasta ahora. (…) ¡¡¡Todo el poder a las asambleas territoriales!!!»

Notas provisionales...

Compartimos a continuación extractos de Notas provisionales en torno a la “anárquica” revuelta de masas que sacude a la región chilena. Firmado por Algun@s proletari@s en lucha de la región chilena. Chile, 26 de octubre:

Lo favorable del movimiento para la perspectiva antagonista:

• Lo primero que debemos destacar es la generalización espontánea del movimiento y su crítica en los actos a la totalidad del modo de vida capitalista-neoliberal: expropiación y repartición en masa de mercancías de grandes capitalistas (supermercados, centros comerciales, farmacias, bancos, etc.,(10) destrucción de infraestructura estatal (comisarías, edificios municipales, etc.), repudio masivo a los cuerpos represivos del Estado en un contexto “democrático” (carabineros, policía de investigaciones y milicos), y un esbozo intuitivo de crítica a la totalidad de la mercantilización de todos los aspectos de la vida cotidiana (no hay una “demanda” o “reivindicación” concreta, se quiere “cambiar todo”).

• El rol dinamizador que ha jugado y juega el proletariado juvenil, con su intransigencia programática y combatividad subversiva a toda prueba.

• Las protestas salvajes efectivamente constituyeron un daño cuantioso a la propiedad privada de los grandes capitalistas de este país: este fue el verdadero motivo de que el Estado pusiera los milicos en las calles. Esto horrorizó a la clase dominante-capitalista.

• Otro aspecto que nos ha llamado profundamente la atención es la proliferación de núcleos que practican de manera extendida la violencia ofensiva y la autodefensa contra las fuerzas represivas del Estado en las manifestaciones, tanto en el “centro”, como en los barrios periféricos. Existe algo como “violencia proletaria de masas difusa”, que se coordina de manera solidaria en medio de las barricadas, que hace innecesaria –al menos, por ahora– cualquier tipo de especialización o profesionalización de esta actividad por grupúsculos. Hasta el momento, esto ha sido bastante efectivo.

• La fractura del aislamiento y la incomunicación a que somos sometidos a diario en este sistema que se manifiesta en: solidaridad espontánea de clase y comunicación social por fuera de los roles previamente prefabricados.

• A pesar del “Estado de emergencia”, del toque de queda, y de los milicos en las calles, el proletariado no ha tenido miedo y no ha abandonado la lucha pese a la brutal represión que ha cobrado un número aún desconocido de asesinados/as, torturados/as, desaparecidos/as y encarcelados/as. (…)

• Pese a todos los esfuerzos del Estado por volver a “cierta normalidad” y de la difamación de los medios masivos de comunicación, ésta ha sido imposible de restaurar, ya que nuestra clase a continuado protestando a diario sin necesidad siquiera de “pedir permiso” para hacerlo, todas las manifestaciones han sido “ilegales”.

• La realidad de la lucha ha desbordado los intentos de “espectacularizar” la revuelta de la prensa: el proletariado a reconocido que la función social-esencial de la prensa es distorsionar los hechos y montar un relato afín a los intereses de la clase dominante –los/as periodistas son los “voceros” del capital.

• El movimiento, en el contexto de la revuelta, se está dotando –embrionariamente– de órganos de lucha con arraigo territorial, en base a la conformación de asambleas autoorganizadas de vecinas y vecinos, que se encuentran en diversos barrios y poblaciones construyendo desde abajo una perspectiva anticapitalista que se contraponga a la precarización de la vida. Consideramos estos espacios de asociatividad proletaria estratégicos para conformar una comunidad de lucha, debido a que expresa la necesidad de autoactividad por parte de los/as mismos/as proletarios/as de manera autónoma a cualquier intervención externa a ellos/as mismos/as.

• Un sector importante del proletariado ha rechazado en bloque las propuestas de “reformas” con las que el gobierno ha intentado apagar el fuego de la revuelta: son consideradas migajas indignas, lo que tiene al Estado en jaque, al menos, hasta el momento.

• No existe ningún “sector político” capaz de autoproclamarse representante y ente válido para dialogar con el gobierno: cuestión que tiene a la burguesía desconcertada. Es una revuelta sin líderes. De ahí, “lo anárquico” de este movimiento. (…) Perspectivas provisionales: Pese a lo que ocurra en el desenlace de esta gran coyuntura, es claro que se ha producido una ruptura irreversible, una grieta, que marca un cambio de época para nuestra clase en esta región. Lo que han vivido en estos días miles y miles de proletarios/as sin previa experiencia de lucha, difícilmente podrá ser borrado de la memoria combativa de nuestra clase. Esta revuelta ha brindado una oportunidad única que no debe ser desaprovechada: ha quedado claro que solo luchando se imponen las reivindicaciones y las mejoras concretas en las condiciones de vida del proletariado. Nos hemos dado cuenta de nuestra propia fuerza. La revuelta generalizada, anuncia la posibilidad latente de un cambio revolucionario posible, de la reconciliación de la especie humana consigo misma y su entorno natural, a pesar del previo desprecio que manifestaban sectores del entorno subversivo de nuestra región –con discursos del tipo “humano=plaga” o que el “pueblo está muerto”. El proletariado no ha muerto, no somos solo capital variable, tenemos un enorme papel que desempeñar para liquidar este mundo capitalista y ha quedado demostrado en la práctica. Por ahora, la lucha continúa en la calle y en las asambleas contra el pacto social que nos quieren imponer y la recuperación reformista. Esta revuelta cuestionó intuitivamente los cimientos de la estructura social capitalista y eso no se podrá borrar de la memoria histórica. Nosotros/as vamos más allá, vamos hacia la vida.»


Notas:
(10) Nota a la presente edición: En ese “etc” pueden incluirse las iglesias católicas y templos evangélicos quemados, siete en total entre Santiago, Valparaíso, Temuco y La Púa.

Esto no termina...

Mientras vamos preparando este boletín los sucesos continúan en desarrollo por lo cual es imposible poder abordar todo lo sucedido. El miércoles 6 de noviembre continúan grandes movilizaciones, saqueos, barricadas con adoquines y enfrentamientos con las fuerzas del orden. Lo cual incrementa la cifra de heridos y detenidos. Sin embargo, la revuelta no se detiene.

El gobierno de Chile ya ha suspendido la final de la Copa Libertadores, la conferencia de la COP25, el foro APEC y el evento burgués por excelencia, la Teleton.

El 11 comienza la semana en Peñalolen con mas de 300 familias tomando terrenos de la Viña Cousiño Macul. Demandando incumplimientos de acuerdos del Ministerio de Vivienda. Señalando abiertamente, con la acción y la palabra, como se deja el espacio para los ricos y nada para los pobres.

Al otro día se efectúa la huelga general y paro nacional de los gremios estratégicos, excepto los mineros estatales que no se han pronunciado recibiendo el desprecio de gran parte de la población.

El 15 de noviembre el gobierno y la oposición llegan a un histórico acuerdo para cambiar la Carta Magna, un “Acuerdo por la paz social y la nueva Constitución”. Los asesinos y torturadores se han sentado con quienes pretenden representar a los asesinados y torturados para cambiar “la Constitución de Pinochet” que rige desde 1981. Tras casi dos días de negociaciones en el Congreso, Chile Vamos (UDI-RN-Evópoli), la ex Concertación (DC-PPD-PS-PR) y los principales partidos del Frente Amplio (RD, CS, PL y Comunes), “cocinaron” entre cuatro paredes, como se viene diciendo en la calle, sacar al movimiento de masas de las calles, ahogar el pedido de renuncia de Piñera y canalizar la rabia por vía representativa. Mientras en las calles se recordaba el primer aniversario del asesinato de Camilo Catrillanca.

El tercer punto del Acuerdo señala que «La convención mixta constitucional será integrada en partes iguales por miembros electos para el efecto, y parlamentarios y parlamentarias en ejercicio.» Lo cual pone a las asambleas territoriales al servicio de la institucionalidad estatal. En la consulta ciudadana que se realizaría en abril de 2020 para aprobar o rechazar esta nueva Constitución y qué tipo de órgano lo hará, los proletarios que actuaron colectivamente en asambleas, ataques, defensas, cuidados y ollas populares serán nuevamente reducidos a individuos: un ciudadano = un voto. Ese es el terreno del Estado y el Capital, en el cual mantiene la paz y el silencio.

Si la Asamblea Constituyente podía verse como un freno y obstáculo a las asambleas territoriales y autónomas esta nueva Convención Constituyente es aún peor porque representa un freno hasta de la Asamblea Constituyente, por tanto las asambleas ya quedan completamente desmerecidas.

La misma tarde del 15, cientos de miles de personas de personas se movilizan hasta la ex Plaza Italia, hoy bautizada Plaza de la Dignidad, continuando los enfrentamientos y la represión estatal. Al cierre de esta edición, conocimos la noticia de un nuevo compañero muerto en lucha, Abel Acuña fallecido por un paro caridorespiratorio en medio de la represión. Mientras personal del SAMU intentaba reanimarlo Carabineros continuó atacando con el carro lanzaaguas, gran cantidad de gases lacrimógenos y balines de goma, demorando su traslado e hiriendo al personal médico.

Cuadros/ Primer detenido bajo la Ley de Seguridad Interior del Estado por las revueltas de octubre: Roberto Campos

Roberto, un profesor de 35 años que realiza clases de Matemáticas y Estadísticas, tras volver de su trabajo el jueves 17 de octubre se encontró con una nueva y masiva evasión. El 29, mientras las fuertes protestas continúan en el centro de Santiago, personal de la Brigada de Investigaciones Especiales de la Policía de Investigaciones (BIPE-PDI) lo detiene en su domicilio. Las imágenes de Roberto a cara descubierta “destruyendo” los torniquetes fue la principal y única prueba en su contra. No hay labor ni mérito policial, de inteligencia o investigación.

Fue detenido tras demostrarse mediante registros de video que había dado unos cuantos palmetazos y golpes de zapatilla contra unos torniquetes del metro. Dado el nulo daño causado al metal mediante esas vías tan poco idóneas para destruirlo, y la falta de antecedentes penales del imputado, en condiciones normales no hubiera alcanzado ni para una multa por daños menores. Pero la invocación de la Ley de Seguridad del Estado permitiría aplicar una pena absolutamente desproporcionada de entre 3 años y 1 día a 10 años. Los leguleyos del estado dirán que «No es menor señalar que este es el primer hecho donde parten todos los hechos que posteriormente todos conocemos, con destrucción y con quema de algunas estaciones del Metro». O sea que, en flagrante violación de los principios del Derecho penal moderno, a esta persona se la persigue no por lo que hizo en concreto, sino en tanto símbolo del inicio de la insurrección

El nuevo ministro de guerra (o del interior según sea el caso), Gonzalo Blumel solicitó el máximo de penas contra Roberto señalando que «esa persona le causó un daño profundo a cientos de miles de familias chilenas». Hoy se encuentra en prisión preventiva en la Cárcel de Alta Seguridad con un plazo de 90 días de investigación. Lo desproporcional de la respuesta del Estado ante la acusación por la que se le imputa solo evidencia la brutalidad a la que nos somete el sistema capitalista. Las fuerzas represivas del Estado asesinaron, violaron, torturaron, golpearon, detuvieron y aprisionaron en la clandestinidad a decenas de los nuestros, pero no rompieron ni un molinete.

«El gobierno tiene a Roberto como trofeo y desean hacer un castigo ejemplar con él, quieren arruinarle su vida para que la gente lo piense dos veces antes de unirse a la protesta y la desobediencia civil. No olviden a Roberto, podría haber sido cualquiera de nosotros, el Estado quiere solo amedrentar y asustar a la población.» (Comunicado público de su pareja, 2 de noviembre)

Recomendamos la lectura del artículo: ¡Abajo el estado policial! ¡Libertad a todxs lxs presxs de la revuelta! (Anónimo. Chile, 28 de octubre) para ahondar en este tema y sobre la prisión preventiva ya efectiva a tres jóvenes por hacer barricadas prendiendo maderas en la línea del Metrotren. Fueron interrogados en comisaría por funcionarios encapuchados, sin identificación alguna y sin presencia de un abogado. Por las características de la acusación, no debería aplicarse la prisión preventiva durante la investigación y el juicio, pero sucede que hay un ensañamiento especial porque los detenidos están vinculados al Movimiento Juvenil Lautaro.

Cuadros/ Izquierda en Ecuador, derecha en Chile

Un compañero nos recordaba que Lenin Moreno, presidente de Ecuador y por tanto artífice de la brutal represión contra el pueblo insurgente, fue militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) ecuatoriano en los años setenta y del partido Acción Popular Revolucionaria en los noventa. Títulos rimbombantes que en el resto de América Latina suenan familiares.

No hay de qué sorprenderse: toda organización política de izquierda aspira a administrar, ya sea por las armas o mediante elecciones democráticas, el Estado realmente existente, que es el Estado del Capital. El resultado es y será siempre el mismo: marionetas de la economía mercantil, no pueden hacer otra cosa que asegurar la ganancia empresarial y la gobernabilidad de la explotación, adormeciendo a los explotados con espectáculos folklóricos o bajándolos con balas de plomo, según cómo se den las cosas. Al final, el progresismo engaña masivamente sólo en tiempos de paz: su populismo demócrata, su feminismo de última hora, su sencillez fotogénica se acaba en cuanto llega la primera turbulencia, que pone al descubierto su verdadero rostro: el de perro guardián de recambio de un capitalismo que corre hacia la nada a lomos de una sociedad sin alma y sin futuro.

Por su parte en Chile se insiste con que la dictadura no terminó con Pinochet. Bien, si por “dictadura” se refieren a asesinatos, torturas y desapariciones a manos del Estado cabe decir que tampoco empezó con Pinochet.

Otro compañero, desconocido, que escribió un artículo titulado Estado, terror y rebelión, fechado el 28 de octubre, recordaba: «para una de las primeras grandes marchas del 2011, en el momento en que las Fuerzas Especiales de Carabineros comenzaron a atacarnos con palos, agua tóxica y gases, algunos ciudadanos gritaban: “¡Esta es la represión fascista del gobierno de Piñera!”. Les respondí que al parecer no habían estado nunca en la calle durante todo el período de gobiernos concertacionistas (1990-2010), porque era la misma represión, con la misma brutalidad, con la misma ilegalidad, y que incluso durante ese período se había reforzado con mejores equipos y apoyo político transversal desde la Unión Demócrata Independiente (UDI) al Partido Socialista (PS).

La vieja creencia democrática/izquierdista de que las Fuerzas Armadas y de Orden eran fieles y respetuosas guardianas de la Constitución y las leyes hasta el 11 de septiembre de 1973 es un mito que hay que destruir.

La policía torturaba y masacraba incluso en 1971, con el Estado conducido por partidos de la Unidad Popular, como demuestra Carlota Villabona (“Natacha”) en su libro recientemente publicado sobre su vivencia en la Vanguardia Organizada del Pueblo. Las torturas aplicadas a las compañeras de los vopistas incluyeron vejaciones sexuales, y causaron incluso abortos a las que estaban embarazadas. Por supuesto, la izquierda oficial guardó silencio.

Y la policía siguió torturando y masacrando después de que Pinochet le entregara la banda presidencial a Patricio Aylwin el 11 de marzo de 1990. El grueso de la izquierda no quiso darse cuenta de ese dato, y parte de ella se entregó de lleno al trabajo del aparato represivo a través de la Oficina de Seguridad Pública, dedicada sistemáticamente a la infiltración y desarticulación de los grupos que siguieron usando las armas en contra de la dictadura reciclada en “democracia de los acuerdos”. A los lautaristas y frentistas de mi generación se les combatió con delación, tortura, ejecuciones extrajudiciales y prisión política, y la Concertación de Partidos por la Democracia justificaba todos y cada uno de esos hechos, o miraba para el lado y guardaba silencio.

Además de esos eventos puntuales, el sistema penal del estado capitalista tiende permanentemente a violar sus propias leyes, en su funcionamiento cotidiano que rara vez es percibido, pues opera en las sombras de los calabozos y cárceles. A esa dimensión del funcionamiento del aparato represivo se le conoce en la criminología latinoamericana como “sistema penal subterráneo”, e incluye desde las detenciones arbitrarias e ilegales, hasta las vejaciones y torturas, además de desapariciones (como la de José Huenante) y ejecuciones extrajudiciales (como las que se han aplicado a Matías Catrileo, Alex Lemún y Camilo Catrillanca, dentro de un listado mucho más grande).»

Claro que un personaje terrorífico como Andrés Chadwick muestra las continuidades: hasta hace poco Ministro del Interior y Seguridad Pública de la UDI y décadas más atrás participante en la dictadura militar de Pinochet como miembro de la comisión legislativa de la Junta Militar de Gobierno y como fiscal del Ministerio de Planificación Nacional. Sin embargo, la aparición de estos personajes nefastos no explica la continuidad de las políticas de terrorismo de Estado. El Estado es terrorista con o sin Chadwick.