miércoles, 14 de septiembre de 2022

EL MUNDIAL SE HARÁ EN QATAR

Sí, lo sabemos desde hace varios años, pero sigue pareciendo raro que el mundial se haga en Qatar. Un país un poco más chico que el conurbano bonaerense y, si no tenemos en cuenta lo que era Uruguay en 1930, el de menor población en organizar una copa del mundo. Un país en el que la tradicional realización en junio-julio tendrá que postergarse hacia el final del año para mitigar un poco los efectos del abrasador calor arábico. Un país que, a pesar de afirmar que el fútbol es su deporte nacional, no ha tenido prácticamente ningún éxito en él y, cuando así ha sido, esas victorias estuvieron teñidas de controversias y sospechas de corrupción.

Aparentemente la única actividad en la que Qatar se destaca verdaderamente, además de la producción y distribución de gas natural, es la realización de eventos. En los últimos años fue la sede del Mundial sub-20 de 1995, de los Juegos Asiáticos de 2006, de los mundiales de clubes de 2019 y 2020, torneos de primer nivel de tenis masculino y femenino, la fórmula 1, y muchos más. La única actividad deportiva que sería razonable que sucediera en Qatar sería el Rally Dakar,(1) en la que desde hace muchos años uno de los corredores más exitosos es el qatarí Nasser Al-Attiyah. Pero claro, luego de los nefastos 10 años de realización en suelo sudamericano, el Dakar se corre desde 2020 en Arabia Saudita, quien es desde hace una década, pero más particularmente desde 2017, uno de los varios Estados árabes que cortaron vínculos diplomáticos y que libra una silenciosa guerra con Qatar.

En los últimos años se ha popularizado el término sporstwashing: la práctica que realizan principalmente Estados, aunque también empresas e instituciones, en la que se asocian económicamente a entidades deportivas, organizando eventos, invirtiendo en publicidad, o directamente comprando y gestionando estas entidades. Todo esto con el simple propósito de lavar su imagen de Estados dictatoriales, con un historial de políticas represivas y de falta de adecuación a los estándares en derechos civiles de las potencias occidentales. Junto a Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Azerbaiyán, Qatar es una de las naciones que más ha refinado esta práctica, y en la actualidad es sponsor de equipos de fútbol como el Barcelona, la Roma, el Bayern Múnich, Boca Juniors, y dueño a través de una corporación privada del Paris Saint Germain.

La lista de controversias y corruptelas asociadas a los mundiales de fútbol y a otros megaeventos deportivos es muy extensa. Podríamos detenernos en algunas irregularidades menores ligadas a esta copa del mundo: la incertidumbre de trabajadores respecto a la calidad de sus alojamientos en hoteles improvisados en containers, la preocupación de los periodistas respecto a la saturación de las líneas de fibra óptica, o a la gran posibilidad de que colapse la infraestructura de transporte. El consumo del alcohol se verá restringido para los turistas de lujo que asistan al mundial, dado que en el país rige la sharía.

Por este mismo motivo, y en otro orden de cuestiones, están prohibidas las manifestaciones afectivas por parte de miembros del colectivo LGBTQ+ así como la utilización de simbologías representativas. Si bien el régimen islámico de Qatar es más flexible de cara al turismo y quienes asistan al mundial, no deja de ser altamente represivo hacia las disidencias sexuales y las mujeres. De hecho, voceros del emirato han insistido con la cuestión a modo de advertencia. Después de todo, el sportswashing coexiste con la imposición de las normas locales a sus visitantes de occidente, en un contexto donde las “batallas culturales” están cada vez más presentes en las disputas comerciales y los conflictos bélicos que estas puedan requerir. Un caso ejemplar es el de Paola Schietekat, una mujer mexicana de 28 años que trabajaba en la entidad organizadora del mundial, quien luego de sufrir y denunciar una violación en suelo qatarí en junio de 2021, fue acusada de haber mantenido una “relación extramatrimonial”, pasando inmediatamente de víctima a acusada. Logró salir del país a la brevedad gracias a la intervención de organismos internacionales de derechos humanos. Fue condenada a 100 latigazos y 7 años en prisión, pena de la que fue absuelta, intervención diplomática mediante.

El progresismo occidental, tan acostumbrado a condenar los excesos y lo “atrasado”, hace la vista gorda cuando están en juego las pasiones populares y sus negocios derivados. Con distintos órdenes de gravedad, no hay que dejar de remarcar que las cuestiones mencionadas afectan principalmente a los hinchas que viajan voluntariamente y a un reducido sector de trabajadores que participan oficialmente del evento. Luego tenemos todo aquello que la burguesía se permite al margen de las leyes de Dios y los Estados.

Si recordamos infames mundiales como el del ‘78 en Argentina, realizado mientras se torturaba, asesinaba y desaparecía personas en campos de concentración, el de este año en Qatar está entre los campeones de la infamia: se ha denunciado la muerte de más de 10.000 trabajadores de la construcción, provenientes en general de países como India, Pakistán, Bangladesh, y otros del sudeste asiático. La cifra es incierta, ya que desde la denuncia de Amnistía Internacional y del periódico The Guardian en febrero de 2021 (que confirmaban, según investigaciones hechas en torno a las embajadas de los países de origen de los trabajadores, 6500 muertes), Qatar y la FIFA se encargaron de encubrir estos hechos y de dar absurdas declaraciones, como que no todas las muertes son atribuibles a la construcción de infraestructuras para el mundial. Si tenemos en cuenta el atraso que llevaban las obras y la necesidad para los organizadores de aumentar el ritmo, en los 17 meses que pasaron desde aquella denuncia esta trágica cifra habrá aumentado considerablemente. No obstante, a pesar de estar cada vez más cerca de la realización del evento, no se han realizado nuevas investigaciones.

Esta situación no es excepcional, sino que forma parte de una práctica ampliamente extendida en todo el golfo arábico, conocida como sistema kafala: una siniestra forma de superexplotación en la cual a los trabajadores migrantes se les paga un salario de subsistencia, que finalmente no les permite enviar dinero a sus lugares de origen, y donde al mismo tiempo se les retienen sus pasaportes y papeles. En Qatar este sistema toma una escala demencial, ya que de los 2,6 millones de habitantes solo el 20% es ciudadano, o sea qatarí; el resto son trabajadores migrantes.

Este sistema kafala o “de patrocinio” es considerado de semiesclavitud por sus condiciones, aunque desarrolla el Capital. Dicho sistema requiere que los trabajadores no calificados tengan un patrocinador (de allí su nombre), generalmente su empleador, quien es responsable de su visa y estado legal. Esto requiere el permiso del empleador para cambiar de trabajo, dejar el país, obtener una licencia de conducir, alquilar una vivienda o abrir una cuenta bancaria. Por otro lado, la explotación sexual es moneda corriente en cada uno de estos megaeventos. En este caso, las redes de trata harán llegar a una gran cantidad de mujeres pobres del sudeste asiático.

Pese a todo esto, el mundial seguirá siendo un evento observado y ansiado por miles de millones. Seguirá alimentando la competencia, la idolatría de los millonarios y el nacionalismo. Justamente en estas últimas semanas observamos el fervor en grandes y chicos por las figuritas del mundial. No sorprende, aunque entristece, ver cómo en esta región donde la vinculación entre deporte y genocidio alcanzó uno de sus hitos históricos en el ‘78 y donde parecería que ese hecho sigue siendo parte de nuestra memoria colectiva, hacemos oídos sordos a los genocidios “distantes”.

Sin embargo, podemos adelantarnos a decir que no es que el deporte sea utilizado en beneficio de los poderosos, este es el espíritu mismo del deporte. Lo hemos señalado con relación al anterior mundial en Brasil, a partir de las protestas masivas que se daban en aquella región.(2) No es la profesionalización del deporte el problema, como si se tratase de la perversión económica y la utilización política de una práctica “sana”, sino que se trata del deporte mismo en tanto sometimiento y trastocamiento del juego, de ciertas prácticas lúdicas, a las necesidades y la propia lógica de valorización del Capital.

El deporte es un fiel reflejo de la competencia capitalista y ha tomado progresivamente un importante papel en la misma. Por eso consideramos que su crítica no es una cuestión menor o marginal.

«El deporte no solo es una válvula de escape y un mecanismo de control social sino también una ideología de la competición, de la selección biogenética, del éxito social y de la participación virtual. Lejos de limitarse a reproducir en formato espectáculo las principales características de la organización industrial moderna (reglamentación, especialización, competitividad y maximización del rendimiento), cumple además una misión ideológica de trascendencia universal: encauzar y contener las tensiones sociales engendradas por la modernidad capitalista.» (Federico Corriente y Jorge Montero, Citius, altius, ortius. El libro negro del deporte. Lazo Ediciones, 2013) 

Notas:
(1) Ver Dakar, nocividad y progreso, La Oveja Negra nro. 11 (diciembre de 2013)
(2) Ver Não vai ter copa!, La Oveja Negra nro. 17 (junio 2014)

lunes, 18 de julio de 2022

CONTRA EL LIBERALISMO Y SUS FALSOS CRÍTICOS

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Genera revuelo e incomodidad, cuando no bronca y asco, la presencia de lo que podríamos denominar apresuradamente “derecha liberal” en Argentina. Nos referimos a Milei y los partidarios de “La libertad avanza”, a los youtubers reaccionarios que mezclan economía con burlas antifeministas. De manera bastante peculiar, las premisas liberales se combinan con críticas reaccionarias sobre debates actuales, como por ejemplo la cuestión del aborto. Así, ciertos defensores de un liberalismo extremo se han ido vinculando directa o indirectamente con otros sectores que versan más expresamente sobre cuestiones como el nacionalismo, la familia, la “ideología de género”, el “marxismo cultural”, todo con una buena dosis de conspiracionismo.

Los voceros de este fenómeno polemizan sobre cuestiones económicas presentándose como “expertos”, repitiendo sin cesar sus preconceptos morales, políticos y culturales, sin los cuales sus teorías económicas pierden sentido. Defienden nociones respecto del individuo, la propiedad privada y la libertad que buscan traficar por naturales a la humanidad. De este modo, abren paso a toda una concepción ideológica sobre la sociedad que se traduce en afirmaciones como: "el pobre es pobre porque quiere", "el patrón es el que más arriesga", etc., etc. Las respuestas no son mejores, una diputada del FITU calificó a Milei de "vago" por no hacer su trabajo parlamentario como ella considera debería hacerse.

Frente a la situación social de ajuste permanente que estamos viviendo, con una inflación y devaluación desmesuradas, precios de los alquileres incontrolables, salarios reales totalmente a la baja, pobreza, desempleo y precarización crecientes, las políticas económicas son presentadas como responsables y a la vez posibles salvadoras. Los economistas liberales ponen la vara bien alta, hablan de un verdadero ajuste, de reducir bruscamente el gasto público, acusan de comunista al gobierno, así como también a los “tibios” de la oposición mayoritaria. Quienes gobiernan se limitan a evitar que la situación estalle, y se nutren de sus detractores liberales para presentarse como benévolos mientras ajustan progresivamente. El ajuste brutal liberal promete dinamizar la economía y un gran despegue nacional. Pero su imposibilidad no remite únicamente al temor de un nuevo estallido social, sino a que no existe un verdadero interés o una salida clara en términos productivos que permita a la burguesía revertir la situación (ni siquiera con una nueva alza del precio de los granos). Si es importante comprender la dinámica de la sociedad capitalista y la competencia entre explotadores no es para indicarles ningún camino, sino para no caer en sus discusiones y las propuestas que nos realizan. Para entender que la lucha por una verdadera transformación de nuestras condiciones de vida se contrapone al desarrollo capitalista, en sus versiones más o menos estatistas.

Volviendo a la curiosa amalgama liberal-conservadora que en su manifestación local pareciera tener al libertarismo a la cabeza, es difícil encontrar una coherencia que vaya más allá de un oportunismo electoralista, que se nutre de la oposición a las políticas instrumentadas en las últimas décadas en la región. Estas, por su parte, se han mostrado impotentes frente a las crecientes problemáticas sociales. De este modo, todo lo que sume en ese sentido es utilizado: liberalismo, constitucionalismo, conspiracionismo, anticomunismo, anticorrupción, antipiquetes, antifeminismo…

Mucha de la bronca social actual ha tomado este extraño cauce. Si la bronca del 2001 contra los políticos se caracterizó por una perspectiva difusa e irracional, pero con una impronta de rechazo al capitalismo sobre una base de solidaridad, piquetes y asambleas; buena parte de la bronca actual contra “la casta política” se expresa en términos completamente capitalistas. A pesar de su ridiculez e impracticabilidad, expresiones como “dinamitar el banco central” son preferibles para el mantenimiento del orden frente al recuerdo del “que se vayan todos”. Pero detrás de tanto discurso de bronca y abiertamente pro-capitalista, cuesta comprender realmente qué capacidad de gobernar tienen estos sectores, bajo qué alianzas y con qué políticas concretas. Porque si bien pueden eventualmente llegar al poder como ha ocurrido con “outsiders” en otros países, luego se demuestran como continuadores de la dinámica actual de funcionamiento en sus características fundamentales. De hecho, Milei, erigido en representante de furibundos anti “planeros”, ya aseguró que en el caso de llegar al gobierno dará continuidad a los planes sociales. Anteriormente Macri, quien hizo campaña con un discurso similar sobre el tema, cuando fue presidente no solo no pudo erradicar los “planes” sino que debió ampliarlos.

Consideramos pertinente salir al cruce de estos personajes ahora organizados en partidos políticos, pero teniendo en cuenta lo que son, otros aspirantes a gestionar y administrar el Estado argentino, cada uno con sus particularidades. Es importante señalar esto último ahora que el gobierno y sus seguidores llaman abiertamente a hacer frente “contra la derecha”, “contra el fascismo”, etc., etc. Esto explicaría por qué intelectuales, periodistas y artistas oficialistas insisten tanto con el tema. Mientras lo que denominan ultraderecha se limitaba a Biondini y otros nacionalsocialistas, con mucho de peronismo no lo olvidemos, era una cosa más bien folklórica. Si bien había quienes temían por el crecimiento de estos grupúsculos, ahora la cosa es seria. A nivel local e internacional crece esta “nueva derecha” que está en sintonía con las condiciones de existencia actuales, a diferencia de los nostálgicos del III Reich.

Para quienes están en una campaña electoral permanente, la mención de la “amenaza fascista” es un recurso más como lo pueden ser las energías renovables o las medidas de seguridad. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado... tal como decía Mussolini. Pero en su justo medio, sin excesos ni extremismos. Frente a este temor, progresistas de todos los colores llaman a hacer un frente común cada vez más amplio y lo que se acepta como un mal menor termina justificando una situación cada vez peor.

Sin embargo, este auge neo-retro-liberal no puede pensarse por fuera de las condiciones actuales del modo de producción capitalista, del auge del individualismo emprendedurista y meritocrático que se expresa no solo en la política sino principalmente en las necesidades de supervivencia en el actual panorama laboral. Este hecho encuentra su correlato en manifestaciones que van desde las letras de trap hasta los postulados new age. No quedan dudas de que tanto el electorado como activos militantes de estas expresiones liberales proceden de los más variados estratos sociales. Como suele ocurrir con las identificaciones políticas, no se parte de una opción ideológica sino de la forma de ganarse el sustento. La justificación suele venir después. Un emprendedor “amante de la libertad” no elige Rappi o ser monotributista, funciona al revés. Como suele decirse, son las condiciones materiales de existencia las que determinan la conciencia.

Nuestra intención, cabe aclarar, no es la de rebatir o “destruir” los argumentos tal como estos sectores gustan de plantear las discusiones, sino invitar a reflexionar sobre muchos de los temas que aparecen cada vez más frecuentemente a partir de su irrupción, tratando de comprender algunas de las particularidades y razones de este fenómeno liberal y neoderechista, principalmente en su variante local. De este modo, podremos ver cuánto en común tienen estos liberales con muchos de sus supuestos críticos.

Estas palabras tampoco tienen como motivo principal persuadir a los jóvenes liberales y anticomunistas. No nos interesa entrar en esas discusiones supuestamente lógicas a las cuales se acostumbra en la nueva arena del debate político. La lista de falacias (ad hominem, del hombre de paja, etc.) es tentadora, y hasta puede ser certera para ciertas discusiones, pero el mundo no se transforma mediante información y contiendas retóricas. Esta predominancia dada a ciertos principios lógicos, al interior del liberalismo, es muy propia de la escuela austríaca que ha ganado repercusión en Argentina a partir de Milei. Más allá de representar una curiosidad a nivel local e internacional, esta forma de “debatir” ha encajado bien en la superficialidad mediática y de las redes sociales. No es que supongamos que sea una forma “falsa” de discutir, pero sí muy limitada si lo que se trata es de comprender la dinámica social. El rebatidor de falacias llega al punto de abstraerse de las condiciones materiales de existencia y su desarrollo histórico. No es casual la aversión de estos sectores respecto del posmodernismo progre, con el que no obstante comparten la obsesión por lo discursivo. Allí donde presupuestos ideológicos se baten a duelo en un terreno sin historia ni determinaciones, difícilmente podamos plantear otras formas de razonamiento.

Podrá resultarle extraño a toda suerte de terraplanistas políticos, a un lado y el otro, leer acerca de aquello sobre lo que se han convertido en negacionistas: sociedad de clases, explotación, condiciones materiales de existencia, revolución… En este sentido, algunos indignados con lo que señalan como derecha liberal encontrarán desagradables coincidencias con aquello que rechazan.

El abandono de la noción de explotación de una clase a otra puede llevar a extrañas creencias: que se trata de un problema cultural, que quien es pobre lo es porque quiere, que no hay sociedad más que como suma de individuos, que la misma estaría regida por la maldad o por una voluntad opresiva, que de haber capitalismo sería un sistema y no un modo de producción, etc., etc., etc. De este modo coinciden quienes esperan la “lluvia de inversiones” con quienes confían en la “teoría del derrame”: ambos consideran que si a la burguesía le va bien, nos irá bien al resto de la sociedad. Ya sea desde un proteccionismo nacional, como desde la apertura total de los mercados, se invita a los proletarios a participar de las disputas burguesas. A su vez, en un escenario donde no aparece un horizonte claro en términos capitalistas sobre cómo sortear sus contradicciones actuales, tampoco aparece una fracción de la burguesía que indique un claro camino a seguir. De este modo, la alternancia política y la disputa en el plano discursivo contribuyen al sostenimiento del orden existente, haciendo de liberales y detractores la novela televisiva de cada noche.

Contra el Estado y el Capital

Milei en plena campaña concluyó que hay que «pelear contra el sistema desde adentro». Igualito a cuando un personaje de izquierda emerge del movimiento social y decide convertirse en candidato a alguna elección: «Esto se cambia metiéndose adentro del sistema, dando la pelea desde adentro para luchar contra el statu quo, pero eso requiere de tener las pelotas para mezclarse con la casta política.»

Liberales, minarquistas, anarcocapitalistas difieren en la minimización del Estado, de poquito a nada, pero coinciden en la defensa de la propiedad privada y el Capital. Así como diferentes corrientes del socialismo plantean la destrucción del Estado para después o durante la “revolución”, mientras se proponen gestionar y desarrollar el capitalismo.

Los denominados anarcocapitalistas imaginan una sociedad en la que haya un orden sin Estado, “impulsado por la creatividad y dinamismo de los empresarios”. Una sociedad donde todos los servicios públicos sean brindados por empresas privadas, sin ningún tipo de financiación a través de impuestos. Esto incluiría desde la salud y educación hasta la policía y la justicia. Las actividades personales y económicas serían reguladas por empresas dedicadas al arbitraje de manera privada. Incluso el dinero (se limitan a su función de moneda) sería proporcionado privada y competitivamente en un mercado abierto, prescindiendo de los bancos centrales, y quitando regulaciones a los bancos privados. La base de este supuesto orden social ideal es la propiedad privada: del propio cuerpo y de los recursos que se dispongan, como es el caso de los medios de producción. En este sentido, todos seríamos “empresarios” y cualquiera podría crecer sobre la base de su esfuerzo y creatividad. Cuando pensemos en empresarios no debemos figurarnos automáticamente al directivo de una multinacional, nos basta con ir a la definición mínima de empresa: una organización de personas y recursos que buscan la consecución de un beneficio económico con el desarrollo de una actividad en particular. Las críticas anarcocapitalistas, por tanto, no solo se dirigen a la “casta” y a ciertas franjas del proletariado que subsisten a partir de ayudas estatales, sino también a los “empresaurios”, aquellos burgueses improductivos que “viven de la teta del Estado”.

Ahora bien, a diferencia de lo que esta utopía capitalista propone, admitir la propiedad es admitir el Estado. Porque es imposible eliminar a este último sin eliminar las relaciones de producción y reproducción que le hacen posible. No hay en la historia conocimiento de una sociedad basada en la propiedad privada en la que no hubiera Estado. En cambio, sabemos que durante miles de años hubo sociedades sin propiedad privada y sin Estado.

Con la propiedad privada aparecen clases sociales con intereses económicos en pugna. Para mantener los choques dentro de los límites “del orden”, el Estado, un poder nacido de la sociedad, se pone por encima de ella. Y para mantener esa fuerza pública se necesitan las contribuciones de los ciuda-danos, es decir, los impuestos. Aquello que los liberales tanto odian, sirve nada más y nada menos que para garantizar el libre mercado. Más o menos libre, el mercado ha sido siempre posible por la acción de los Estados, más allá de ese libre mercado ideal que gustan imaginar.

La mano dura del Estado y la mano invisible del mercado se estrechan en un apretón que garantiza esta sociedad. Si nos hablan de “abolir” el Estado para establecer una seguridad competitiva ligada a la esfera privada y no pública riámonos en sus caras y recordemos que el Estado está constituido a fin de cuentas por una “banda de hombres armados” en defensa de la propiedad, el intercambio y el trabajo asalariado.

En definitiva, el Estado no es un enemigo por razones de gusto, afinidad moral o antipatía ideológica. Lo es en tanto estructura de poder fundamental que garantiza el funcionamiento del modo de producción capitalista. Y si se presenta como necesario eliminarlo no es porque quienes detentan el poder sean malas personas o estén motivados por ciegas ambiciones. Es preciso eliminarlo porque organiza y ordena el sometimiento de nuestras vidas con el Capital, porque es el gobierno del Capital.

NUEVO LIBRO: LUCHA SOCIAL Y REPRESIÓN EN LA PATAGONIA 1920–1922

Tenemos la alegría de compartir nuestro segundo libro editado en lo que va del año. El mismo está conformado por artículos publicados originalmente en el periódico anarquista La Antorcha, acerca de las diversas protestas que fueron reprimidas brutalmente hace más de cien años en el extremo sur del continente, en el marco de lo que se ha dado a conocer como Patagonia Rebelde.

Se trata de episodios de lucha social en los que sus participantes impulsaron reivindicaciones de tipo gremial, a la vez que intentaron oponerse al desarrollo capitalista y la consolidación estatal, promoviendo una sociedad y una sociabilidad diferente, no basada en la explotación de una clase sobre otra. La respuesta del Estado argentino fue una masacre en la que se cuentan más de mil trabajadores asesinados.

El periódico La Antorcha (1920-1932) fue parte activa de la solidaridad con esta lucha a través de diferentes acciones y de las páginas de su periódico. Contemporáneamente a los hechos, publicó testimonios de los huelguistas patagónicos, informes acerca de las condiciones de vida en la región, de las organizaciones proletarias, su actividad y las respuestas burguesas. Además de estos relatos, incluimos en el libro conferencias de Rodolfo González Pacheco y Teodoro Antillí, miembros del periódico, donde se denunciaba la dura represión en el sur. Su realización fue prohibida por la policía en aquel momento y sus palabras publicadas a modo de descargo en su prensa.

Curiosamente, durante el proceso de transcripción y preparación del libro pudimos identificar algunos artículos fundamentales que ya habían pasado por nuestras manos bajo la forma de folleto, pero sobre los que desconocíamos su origen y autoría. De este folleto, que circuló y fue reeditado a través de diversas generaciones, nos llegó un viejo ejemplar que forma parte del archivo histórico de nuestra biblioteca. Para nosotros, justamente, el archivo no se trata simplemente de un tesoro a resguardar o una fría materia de estudio, sino una enorme fuente de experiencias, inspiración, elaboraciones teóricas, memoria de lucha, que buscamos ir compartiendo en nuestras diferentes publicaciones y actividades. En este sentido, cabe remarcar la tarea de los impulsores del sitio antorcha.net que digitalizaron y pusieron a disposición en su hemeroteca virtual las diferentes entregas de La Antorcha. Gracias a su esfuerzo pudimos acceder fácilmente a los números utilizados en este libro.

Como prólogo a esta compilación acerca de la lucha y la represión en el sur, describimos algunos aspectos característicos de las huelgas de Santa Cruz, vinculándolas con las luchas en localidades cercanas y bajo dominio del Estado de Chile, como Punta Arenas y Puerto Natales. De este modo, buscamos situar los hechos relatados por La Antorcha en el marco de la expansión y consolidación de ambos estados y el desarrollo capitalista en la región. Al mismo tiempo, nos aproximamos a las experiencias organizativas de la época con clara impronta revolucionaria, sus posicionamientos, rupturas y ciertas divergencias que se desarrollaban en aquel momento, de las cuales los impulsores de La Antorcha formaban parte. Nos introducimos brevemente en la historia de este periódico, que nos ha dejado un profundo y conmovedor testimonio de las luchas de su época.

Hoy, al promover la memoria rebelde y publicar este libro con nuestra editorial Lazo Ediciones, queremos rescatar nuevamente estos hechos, sin olvidar que el Estado nunca ha dejado de asesinar y reprimir al proletariado en su función de gendarme de los intereses capitalistas.

TEMPERAMENTO NO SE DETIENE

En mayo, dedicamos parte del programa a la realidad que vivimos en la ciudad de Rosario, ligada al narcotráfico y toda la violencia que desata. Siempre aparecen preguntas de compañeros de otras regiones y aquí intentamos responder con una mirada integral. Nos apoyamos en los textos Negocio, delito y muerte en Rosario y Narcotráfico y Capital de este boletín. Comentamos la situación de los anarquistas presos por el escrache a Clarín en Buenos Aires contando con la voz de uno ellos desde el penal. La miseria patriótica se hizo presente ya que atravesábamos el 40 aniversario de la Guerra de Malvinas, que nos dio el pie para seguir afirmando el rechazo a toda guerra capitalista y nacionalista en estos tiempos de escalada bélica.

Hace un tiempo venimos leyendo y reflexionando en torno a la historia latinoamericana y argentina con el objetivo de publicar algún material. David Viñas (1927-2011) es uno de los autores que nos ha brindado un enfoque más original en la búsqueda de una mirada anticapitalista sobre la historia regional. Por eso en el Temperamento de junio, hemos dedicado una parte del programa a recordar su persona y sobre todo a comentar dos obras fundamentales: Rebeliones populares argentinas, Tomo 1: De los montoneros a los anarquistas (1971) e Indios, ejército y frontera (1982). Junio también trajo la conmemoración a 20 años de la Masacre de Avellaneda. Recordamos aquel convulsionado momento de represión y lucha en torno a la propia voz de Darío Santillán, quien fuera asesinado aquel fatídico día junto a Maxi Kosteki. Ya que la destrucción capitalista del mundo no cesa, y la resistencia tampoco, informamos sobre la lucha en Catamarca contra la megaminería y nos solidarizamos con ella.

Gracias a las y los oyentes, quienes programa a programa se siguen encontrando con nosotros y nos acompañan. Temperamento se nutre y aporta a las actividades que se llevan adelante desde la Biblioteca Alberto Ghiraldo, dándole voz a las reflexiones y a la práctica de muchos compañeros y compañeras de ayer y de hoy. Gracias a aquellos que desde otros lugares nos hacen llegar sus palabras aportándonos claridad durante los momentos de agitación, represión y de revuelta. Agradecemos también a los espacios radiales que nos han cobijado para transmitir nuestros podcasts. A 60 programas, con Temperamento seguimos en el camino de la lucha por la revolución social, por el comunismo y la anarquía.

Las emisiones de nuestro podcast pueden escucharse en temperamentoradio.blogspot.com y en el canal de Youtube Biblioteca Ghiraldo.

martes, 3 de mayo de 2022

Recibimos: Textos sobre la guerra en Ucrania

Compañeros del grupo Barbaria acaba de publicar un cuaderno titulado Textos sobre la guerra en Ucrania donde incluyen ¡Contra la guerra capitalista! (nro.81) junto a sus artículos y otros de KRAS-AIT, Tridni Valka y El Esclavo Asalariado Internacionalista:

• El porqué del derrotismo revolucionario
• Ucrania, Rusia y la importancia de las preguntas
• ¡Proletarios en Rusia y en Ucrania! En el frente de producción y en el frente militar... ¡Camaradas!
• Guerra en Ucrania: el ratón y el gato
• Contra la guerra
• Algunas posiciones fundamentales del internacionalismo proletario
• ¡El enemigo principal está en el propio país!
• La guerra económica, la guerra que ya es ¡Contra la guerra capitalista!  

«Desde 1914 los trabajadores del mundo entero solo pueden enarbolar una bandera: la del derrotismo revolucionario. Contra las guerras imperialistas, la necesidad de abatir en primer lugar a la propia burguesía. La solidaridad internacional entre los trabajadores. No hay otra tarea, por ingente y alejada que esté en este momento, que abatir las relaciones sociales capitalistas. Cualquier otra salida es un remedo a la situación presente. Contra quienes enarbolan la bandera de la paz en las condiciones sociales actuales, les decimos que es perpetuar las condiciones de la guerra y la explotación. Es continuar con la degradación del capitalismo mundial. Contraria ente a esta visión de convivencia pacífica en el capitalismo, levantamos la bandera de ¡clase contra clase, explotados contra explotadores, comunismo contra capitalismo, revolución contra reacción!»

1. Mai gegen den nationalismus

Los compañeros del blog Panopticon nos comparten una nueva traducción de La Oveja Negra, en esta ocasión:

1. Mai gegen den nationalismus
https://panopticon.noblogs.org/post/2022/05/02/argentinien-1-mai-gegen-den-nationalismus
PDF
Traducción de: 1° de mayo contra el nacionalismo (nro.82)

Más traducciónes al alemán:
https://boletinlaovejanegra.blogspot.com/2022/03/traducciones-ubersetzungen.html