viernes, 14 de enero de 2022

PASE SANITARIO Y CUESTIÓN SOCIAL

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A partir del 1 de enero de 2022 el Estado argentino impuso el “pase sanitario”, similar al que ya viene aplicándose en diferentes partes del mundo. Aún es pronto para determinar cuál será su impacto local. Por el momento, continúa desviando la atención social principalmente hacia el coronavirus, y en particular hacia el abordaje que los Estados proponen: aislamiento, desconfianza ciudadana, control estatal y vacunación semiobligatoria.

De este modo, a su vez, se opta deliberadamente por responsabilizar a los no vacunados del nuevo pico de contagios. La frustración producto de esta nueva ola, que se desarrolla a pesar del alto nivel de vacunación y el largo acatamiento de medidas de confinamiento, no ha suscitado un pensamiento crítico, sino todo lo contrario.

Ante el empeoramiento de nuestra supervivencia los gobiernos proponen más control y mayor disciplina de la población. Desplazando discursivamente el enfrentamiento al terreno entre vacunados y no-vacunados. Parecieran querer decir que nuestros problemas no se deben a una sociedad dividida entre explotadores y explotados, sino a una nueva y democrática grieta: el esquema completo de vacunación.

Nuevas restricciones…

Según la reciente normativa nacional, mayores de 13 años deberán acreditar esquema de vacunación completo contra covid-19 para asistir a eventos masivos y viajes grupales, dejando abierta la posibilidad de extenderlo en cada provincia a otras actividades, ya sea gastronomía, gimnasios, centros comerciales, realización de trámites en organismos públicos o entidades privadas, etc. De hecho, varias provincias comenzaron con su aplicación algunas semanas antes y ampliaron su utilización, como es el caso de la gastronomía y entidades bancarias en provincia de Buenos Aires, o para la realización de diferentes trámites en las localidades de Santa Fe. Aunque la vacunación contra la covid-19 no es obligatoria en Argentina, comienza a darse una obligatoriedad de facto.

Aún no sabemos cuál va a ser el efecto de la medida en esta región en torno a cuestiones laborales, pero ya supone un problema en los sectores donde se aplica, como es el caso del gastronómico en provincia de Buenos Aires, donde no hay claridad sobre las exigencias de vacunación de los propios trabajadores, que incluso en algunos casos deben ser los encargados de exigir el pase a los clientes. Esta situación genera conflictos, con la vulnerabilidad característica de aquellos empleados de manera informal. Dirigentes sindicales junto a un grupo de empresarios plantearon, en una reunión realizada la primera semana de enero junto al ministro de economía y la ministra de salud, entre otros, la necesidad de un “pase sanitario laboral obligatorio” con el objetivo de no frenar la producción a causa de los contagios.

El chantaje que se impondrá a los trabajadores de los sectores público y privado sin esquema de vacunación completo ya ha comenzado en algunos países de Europa, donde existe la obligatoriedad en diferentes sectores, según el país, afectando principalmente a la sanidad y educación, aplicando sanciones, traslados forzosos e incluso despidos. Las empresas pretenden introducir despidos sin indemnización si se considera que un empleado no vacunado perjudica la rentabilidad, y el pase ya es un requisito de ingreso a diversos trabajos.

Mientras la obligatoriedad de la vacunación parecía imposible en un primer momento, ya se está barajando como posibilidad en la Unión Europea. Austria ya la anunció para el 1 de febrero y en Alemania se avanza en ese sentido. En Italia, por mencionar un ejemplo, se están aplicando multas de hasta 1000 euros a quien viole las normativas de utilización del pase, y las restricciones incluyen la utilización del transporte público. Allí donde se ha aplicado, no ha ido sino profundizándose. Creemos importante destacar una vez más cómo a partir del coronavirus se han globalizado ciertas medidas, perdiendo de vista cualquier especificidad regional y dejando de lado cualquier análisis social. Poco o nada se habla de lo estacional, de las condiciones de vida como la alimentación y lo habitacional, de la salud en un sentido amplio; si no de vacunas, aislamientos, estadísticas y responsabilidad individual.

En el caso de Argentina, al igual que en el resto de los países que han implementado la medida, se registra una alta tasa de vacunación completa, más del 70% (mayor aún si solo tenemos en cuenta la población adulta). El pase sanitario no es necesario para que la gente se vacune, sino que pareciera ser al revés. Como señaló Giorgio Agamben, frente a la aplicación del “green pass” en Italia, la vacuna es en realidad un medio para obligar a la población a tener un pase sanitario. Lo cual, cabe aclarar, afecta a la gran mayoría que está vacunada. En paralelo a la aplicación de la medida, los gobiernos de algunos países como España evalúan comenzar a tratar la enfermedad como una gripe endémica más.

La salud es un concepto cada día más extraño. La covid-19 (con las sucesivas variantes del virus) continúa desplazando la prevención y el tratamiento del resto de las enfermedades. La vacunación, según se asume oficialmente, no previene las nuevas cepas, ni el contagio, ni la enfermedad; aunque aseguran sí disminuye el número de internaciones y muertes. Quienes intentan debatir seriamente acerca de los efectos secundarios y a largo plazo de las vacunas, las nuevas tecnologías implementadas en muchas de sus versiones, su efectividad y la relación entre riesgos y beneficios, son censurados y amalgamados al conspiracionismo. No tenemos el conocimiento específico sobre vacunas para debatir sobre dichos aspectos, pero sí nos interesa remarcar que en tanto mercancía vinculada a la reproducción de la fuerza de trabajo y la “vuelta a la normalidad”, es necesario poder abordarla desde un panorama más amplio.

Ya hemos recibido otras vacunas, así como también empleamos dispositivos que permiten controlar y rastrear nuestros movimientos tanto físicos como virtuales. No se trata de paranoia, sino de una reflexión sobre las nuevas obligaciones y restricciones que nos imponen. Este sanitarismo punitivista se alimenta del miedo y la confusión reinantes, de la delegación y el individualismo. La historia nos demuestra que es muy posible que las medidas anunciadas como temporales estén acá para quedarse. Cabe recordar, como ejemplo más brutal y reciente, la lucha antiterrorista a nivel internacional. Esta trajo aparejada una serie de innovaciones en materia represiva y control social que se aplicaron sobre el conjunto de la población; las cuales, en su mayoría, son constitutivas de la normalidad actual.

... viejas desorientaciones

La falta de respuestas, o siquiera un debate profundo acerca de los avances en el control social y las medidas pandémicas tras estos casi dos años, no pueden comprenderse sin atender el nivel de integración política del proletariado en esta región, inseparable de la forma que ha adquirido la reproducción de gran parte de la fuerza de trabajo, que depende cada vez más del Estado para subsistir cada vez peor, y que a su vez crece continuamente. Duro contraste con la lucha social de hace dos décadas, mientras nos aproximamos cada vez más a los niveles de desocupación y pobreza de aquellos años. Los sueldos y jubilaciones continúan disminuyendo brutalmente frente a la inflación, que en 2021 cerró con más de un 50% anual según datos oficiales. El aumento de los alquileres, por ley, incluso supera dicha cifra en muchos barrios de las principales ciudades del país, y lo mismo ha ocurrido a lo largo del 2021 con los alimentos de primera necesidad. Como siempre, los números no dan cuenta de la disminución de la calidad de los alimentos que producimos y consumimos masivamente, ni de los lugares que habitamos.

Como ya hemos señalado, las medidas tomadas a partir del coronavirus no fueron el origen sino el catalizador de una crisis anunciada tanto en Argentina como a nivel internacional. No es la intención aquí profundizar al respecto, pero cabe remarcar el carácter cíclico de la economía mundial, así como la tendencia, al menos localmente, a analizar la situación económica y social a muy corto plazo, sin poder evidenciar cómo tras cada crisis nunca se alcanzan los niveles económicos del ciclo anterior. Esto contribuye a la lógica del mal menor y las alternancias en el poder, como ocurrió con la gestión de Macri en el período 2015-2019, que le permitió al oficialismo desligarse de ciertas responsabilidades y recuperar circunstancialmente algo de credibilidad.

Amplios sectores del espectro de izquierda y el progresismo se hallan presos de lo políticamente correcto y el oportunismo. Se pretenden ecologistas pero participan, o así lo pretenden, de la gestión de una economía basada en la explotación de la naturaleza (ver texto Chubut: no es no). En lo relativo al coronavirus se olvidaron súbitamente sus lecciones foucaultianas en materia de biopoder o las cátedras de relativismo epistemológico. Decían querer criticarlo todo, y combatir al poder en sus mínimas expresiones, pero acabaron aceptando sin más un dogmatismo científico y estatal con pocos precedentes.

El “no al pago de la deuda” parece ser la consigna elegida para mantener las apariencias, mientras se continúa apoyando al gobierno y amplios sectores de la burguesía local en el mantenimiento del orden. El vaciamiento discursivo poco tiene que envidiarle a las movilizaciones en defensa de la “libertad”. Se trate de la OMS o el FMI, nos enfrentamos a simplificaciones abrumadoras que no contribuyen a la comprensión y el enfrentamiento del orden social.

Paranoia y movimientos sociales

Una ola de paranoia azota al planeta, unos se sienten rodeados de enemigos, posibles contagiadores por todas partes; otros ven conspiraciones cuasiextraterrestres, chips en las vacunas. Unos temen el advenimiento de dictaduras fascistas y los otros de dictaduras comunistas. Un fantasma reaccionario recorría las redes: “La última variante se llamará comunismo”.

En nuestro medio, e incluso más ampliamente, es común escuchar personas que le llaman fascismo a casi cada cosa que les desagrade políticamente o como insulto genérico. Los hay también quienes lo hacen con la palabra comunismo, lo cual para ellos puede representar Marx, Maduro o Bill Gates. Los segundos son ahora quienes, en general, protagonizan globalmente las manifestaciones contra las medidas de los gobiernos.

Nada muy diferente de las típicas manifestaciones de izquierda y progresistas: banderas nacionales, interclasismo, defensa de algún genocida, alguna que otra incoherencia, así como también un descontento bastante amplio sobre las condiciones de vida en el planeta.

Aquellos que llaman altruismo a su pánico y ya tenían ciertas tendencias agorafóbicas y disgusto por vincularse con seres humanos de carne y hueso no comprenden la desconfianza de grandes sectores de la población respecto de los organismos oficiales, los gobiernos y los medios masivos. Tal desconfianza tiene sus fundamentos, pero el problema no es ese, sino las conclusiones absurdas que en general suelen alcanzar. Conclusiones que, ante la ausencia de expresiones de lucha que permitan dinamizar otras discusiones, son rápidamente instrumentalizadas por la “nueva derecha”.

Como señala el colectivo italiano Wu Ming en una entrevista titulada Conspiración y lucha social: «Nos oponemos al enfoque típico del conspiracionismo, es decir, al enfoque idealista, liberal y cientificista. En este marco, desaparecen las clases sociales, las relaciones sociales, las estructuras de poder, las contradicciones del sistema (…) El efecto del conspiracionismo es desviar el descontento y canalizar las energías potencialmente revolucionarias hacia lugares donde se disipan o, peor aún, acaban alimentando proyectos reaccionarios.»

Lo que está ocurriendo con las manifestaciones contra el pase de movilidad puede ser un ejemplo de lo que pueden ser las futuras movilizaciones. A los Chalecos Amarillos en Francia también se los acusó de fascistas o reaccionarios. «Bello como una insurrección impura» escribían en las paredes de aquel país.

Siguiendo con Wu Ming: «Las luchas serán impuras porque los sujetos que las iniciarán carecen de los antecedentes con los que nos sentimos cómodos: memoria de las luchas obreras y de los movimientos sociales, conciencia de clase, tradición de conflicto social en la familia, etc. Sin embargo, paradójicamente, la falta de memoria también eximirá a esas luchas de seguir patrones preestablecidos (…) La mayoría de los miembros de la clase media precarizada, empobrecida y atemorizada nunca dominaron el lenguaje de la lucha social, no son herederos de tradiciones políticas con vocabularios establecidos, y esto tiene mucho que ver con la razón por la que articulan su ira por su propia degradación social en términos de “libertad”, o la injusticia que sienten que han sufrido por la forma en que se manejó la pandemia. Una cosa es el individualismo y el egoísmo, y otra la esfera de autonomía de la que debe gozar cada ser humano. Sobre todo, es importante decir que la gestión capitalista de la pandemia atacó toda la dimensión colectiva, la sociabilidad, las relaciones entre las personas, etc. En este contexto, “libertad” puede significar también la libertad de estar juntos, de actuar colectivamente, de manifestarse. Descartar todo esto como simplemente “fascista” es, como mínimo, una muestra de torpeza ideológica.»

Es necesaria una crítica de los derechos y libertades burguesas, defendidos a su manera tanto por socialdemócratas como liberales, lo que no se puede es criticar la sed de quien exige su “derecho al agua”.

CHUBUT: NO ES NO

Como expresaba una consigna en las protestas contra el proyecto de ley de Zonificación de la Actividad Minera: «Chubut ya decidió. No es No».

El día miércoles 14 de diciembre, aprobada esta ley, una masiva movilización se volcó en las calles de Rawson, con enfrentamientos contra la Policía, que reprimió con balas de goma y gases lacrimógenos, donde además se incendiaron oficinas de Casa de Gobierno y del Tribunal Superior de Justicia. Las movilizaciones en esa ciudad continuaron durante 6 días hasta que, finalmente, el gobernador Arcioni dio marcha atrás el día 20, anunciando la suspensión de la ley, finalmente derogándola. El llamado a un futuro plebiscito también es rechazado por los manifestantes.

Las movilizaciones se extendieron a Comodoro Rivadavia, Esquel y Trelew, donde se incendiaron oficinas del diario El Chubut. A muchos kilómetros de allí se dieron muestras de solidaridad: en Catamarca, Córdoba, Buenos Aires y Rosario.

Es importante recordar que, más allá de que estos hechos se den en las principales ciudades de la provincia, el proyecto de Zonificación afecta directamente a las localidades del interior y zonas rurales de Chubut, específicamente en la zona de la meseta, en el centro-norte provincial.

Zonificar significa habilitar, delimitar en qué regiones de la provincia se podrá instalar la megaminería en contraste con aquellas donde no. Es un recurso surgido tras el rechazo popular a esta práctica a cielo abierto en la zona de Esquel en el año 2003. Por este motivo, se sancionó la ley 5001 que prohíbe dicha actividad y la utilización de cianuro, pero con el poder de exceptuar zonas en las que sí se habilita. Es decir, la Zonificación se intenta vender como una forma más saludable, “inclusiva e innovadora” según el Consejo Federal de Minería, de explotación de la tierra. Hecha la ley, hecha la trampa.

“Traidores” fue la pintada que vimos desde todas partes junto a una ventana que dejaba escapar el fuego y el humo. Contra el gobernador Arcioni y los 14 diputados que el miércoles por la noche aprobaron la ley que habilitó la explotación minera. ¿Son traidores o simplemente hacen lo que tienen que hacer como administradores y defensores del Estado y el Capital?

«A nadie le gusta reprimir, queremos realizar tareas que tienen que ver con el bienestar de la gente, pero hay que hacerse cargo de estas situaciones también … nuestra función es resguardar a los ciudadanos», aseguró Leonardo Das Neves, ministro de seguridad de la provincia.

Además de los balazos de goma y gases por parte del Estado, el día 28 de diciembre se llevó a cabo un gran operativo en la ciudad de Trelew, deteniendo a 3 personas acusadas de ser los responsables del incendio en El Chubut. Las movilizaciones continuaron en apoyo a los detenidos, que fueron liberados el día 31 aunque continúan procesados.

La lucha en Chubut no se trata de “500 ruidosos” como dijo Arcioni, ni puede reducirse a 6 días de disturbios. Las movilizaciones ya cuentan 20 años allí, y lo mismo para Mendoza, La Rioja y Catamarca.

Hace ya diez años, en el segundo número de este boletín, decíamos en un artículo titulado El Capital o la Tierra: «La lucha antiminera es una lucha legítima contra el Capital y si no se deja seducir con los cambios para-que-nada-cambie, recuperaciones o reformas, se profundizará siendo la negación a todas las formas que este puede tener. La llamada “megaminería” o demás desastres naturales motivados por la codicia y el progreso capitalista no son anomalías o hechos aislados, son la vía correcta que toma la ganancia sobre la vida

Estas luchas se han mantenido; ahora bien, cabe recordar que tampoco existe algo tal como la miniminería, y que luchar contra estos megaproyectos implica luchar contra toda una concepción de cómo debe reproducirse esta sociedad. Las llamadas luchas medioambientales suelen por lo general abocarse a los excesos del capitalismo en su depredación de la naturaleza, así como por su parte el ecologismo ciudadanista insiste con la regulación estatal y la responsabilidad individual. A pesar de este marco de fuerte influencia, en regiones como la nuestra, donde se depende en gran medida de la explotación de la tierra, las luchas contra el desarrollo de ciertos emprendimientos productivos como la minería pueden representar un verdadero problema para la rentabilidad capitalista. No se trata simplemente del cuidado del medioambiente, sino de un brusco freno al desarrollo capitalista. A diferencia, por ejemplo, del establecimiento de una industria o un comercio, un yacimiento minero o petrolífero, una hidroeléctrica, una hidrovía, o incluso un emprendimiento turístico, no se pueden trasladar a otro lugar si son rechazados por la población.

Creemos necesario asumir la perspectiva anticapitalista latente en estas luchas, comprender sus consecuencias y ponerlas en tensión respecto de otras luchas en curso. Sin cultivos transgénicos y sus agrotóxicos asociados, por ejemplo, no sería viable la reproducción social capitalista en este país. La búsqueda de alternativas productivas es válida, pero estas nunca tendrán la escala suficiente para ser rentables en los términos de esta sociedad, que depende del incesante desarrollo de las fuerzas productivas. No tememos oponernos al mismo, comprendiendo que su superación implica una total reconfiguración de los lazos sociales negando al valor como regulador de los mismos. ¿De qué sirve concientizar sobre los males de este mundo si no podemos comprender nuestra propia lucha? El debate entre todos aquellos que nos encontramos descontentos queda abierto.

La devastación capitalista nunca descansa. Durante las últimas semanas se agravaron los incendios forestales, tanto en la zona del bosque cordillerano como en los campos de la Península Valdés, situación que se extiende a 10 provincias más. El día 30 de diciembre el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Cabandié, dio luz verde a la explotación petrolífera en la costa bonaerense. Diversas manifestaciones se dieron en la zona de la costa, con epicentro en Mar del Plata. Aquí en Rosario los incendios en las islas se intensifican una vez más y nuevamente se reanudan las movilizaciones en defensa de los humedales y el río Paraná.

¡10 AÑOS DE LA OVEJA NEGRA!

A comienzos del 2012 publicábamos el primer número de nuestro boletín que hoy cumple 10 años. Nos alegra su permanencia en el tiempo y, fundamentalmente, lo que ha posibilitado a lo largo de este recorrido: la reflexión junto a diferentes compañeros de la región y de otras partes del mundo, la participación en diversas luchas, partiendo del abordaje de problemáticas actuales desde una perspectiva radical y anticapitalista.

Este esfuerzo resulta inseparable de una propuesta mayor que venimos impulsando desde la biblio. Se trata de la consolidación de un proyecto editorial que, además del presente boletín, está integrado por la revista Cuadernos de Negación y la editorial Lazo Ediciones, complementado a su vez por el podcast Temperamento y algunas incursiones audiovisuales.

La edición y difusión de panfletos, periódicos, revistas, fanzines y libros ha sido una constante en la biblio y grupos afines a través de distintas generaciones de compañeros. Nos nutrimos de dichas experiencias, a la vez que intentamos dinamizar nuevas reflexiones y discusiones, partiendo de aquello que, aunque complejo o incómodo, nos estimula a ahondar en la crítica social. En este sentido, proponemos salir del resguardo de las tradiciones ideológicas, perder el temor a reformular ciertas preguntas y buscar respuestas que contribuyan a terminar de una vez con el actual orden social.

Agradecemos el apoyo a lo largo de estos años y esperamos esta incesante búsqueda nos siga encontrando.

NUEVO LIBRO: EL PERSISTENTE ATRACTIVO DE LA RELIGIÓN

Comenzamos el año haciendo lo que nos gusta, compartiendo un nuevo título de Lazo Ediciones que tradujimos, maquetamos y diseñamos: El persistente atractivo de la religión de Gilles Dauvé y Karl Nesic. Ya disponible en la biblio, en feria, en distribución y también libre en formato digital en nuestro sitio web: lazoediciones.blogspot.com

«El capitalismo no simplifica el mundo. Su evolución sigue transformando y reinterpretando realidades precapitalistas como la familia, la religión, la identidad nacional, los roles sexuales, las separaciones raciales, etc., pero ciertamente no las disuelve. En la religión, a su vez, hay algo específico: su ambición de presentarse como comunidad y, a menudo, su capacidad de ofrecer una unión mucho más profunda que la que proporcionan la familia, el trabajo, el barrio, la cultura, el deporte o incluso la política. Aún hoy, la religión continúa demostrando ampliamente su persistencia como el idealismo de una sociedad basada en la ganancia.»


martes, 9 de noviembre de 2021

lunes, 8 de noviembre de 2021

NARCOTRÁFICO Y CAPITAL

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Es por sus aspectos más superficiales que el narcotráfico llega a la discusión pública y a la prensa. Intentaremos atravesar la superficialidad del asunto. El narcotráfico es un síntoma de la situación económica que está causando estragos en el tejido social a lo largo y ancho del país. Inseparable de los graves y generalizados problemas de adicciones, se trata de un fenómeno que crece en la sociedad capitalista. Buscaremos abordar este problema social desde un punto de vista de clase.

La droga es otra mercancía producida y distribuida según los criterios de la sociedad capitalista. De hecho, antes de ser prohibidas, algunas drogas eran producidas por laboratorios y vendidas como productos farmacéuticos.

La heroína y la cocaína, desde principios y mediados del siglo XIX respectivamente, fueron desarrolladas y producidas a escala industrial en decenas de países por empresas químicas y farmacéuticas. Ambas eran ampliamente prescritas, suministradas en hospitales y recomendadas por la medicina moderna, fundamentalmente para continuar con el trabajo o soportar dolores de heridas producidas durante las guerras. La fuerte dependencia fisiológica provocada por estas nuevas mercancías generó en los soldados y explotados en general, la veloz formación de un mercado cautivo. A través de las épocas y cambios culturales, el tráfico, las drogas legales e ilegales y los adictos han existido y tomado diversas formas hasta llegar al modo que hoy conocemos.

El tráfico de drogas en la actualidad es una rama más de la economía capitalista y, como en cualquier otra, la explotación, la muerte y la extorsión se hacen presentes. No es la primera ni la única rama productiva en la cual se emplea trabajo esclavizado o medios ilegales para eliminar a la competencia. Sin embargo, por su condición de casi absoluta ilegalidad, su escala internacional, sus consecuencias sobre una gran parte de la población y el abordaje mediático y estatal, la violencia toma una notoriedad mayor. Los productores y vendedores de droga deben asegurar su territorio, extorsionar, desalojar, tirotear, encargar asesinatos, explotar, invertir en negocios lícitos, contribuyendo a la economía. Según un estudio de la ONU el tráfico global de sustancias generó aproximadamente 321.6 miles de millones de dólares en 2003, aproximadamente un 1% del PBI mundial de ese mismo año.

… y Estado

La producción de miedo y la consecuente extensión del silencio garantizan importantes ganancias para los traficantes y sus socios, así como un efecto disciplinario en la población. Lo que hoy vivimos en Rosario ya ha sucedido o está sucediendo en otras ciudades del mundo. De hecho, ya se esperaba que esto ocurriese por parte de quienes “regulan” estas actividades. A mediados de los noventa, dos agentes especiales de la DEA (Drug Enforcement Administration: agencia estadounidense de “Administración para el Control de Drogas”) disertaron para una decena de oficiales de Inteligencia de Drogas Peligrosas de Santa Fe. Uno de ellos cerró la charla diciendo: «Todavía en la Argentina viven una relativa calma urbana con el delito de drogas. Pero esto se terminará no bien empiecen a instalarse cocinas de cocaína. Eso creará un rubro nuevo en la economía local, dará empleo, abaratará la mercadería y también la multiplicará. Cuando eso pase, tengan por seguro que habrá dos efectos: se diseminarán las muertes violentas y la corrupción policial alcanzará niveles que jamás vieron.»

Las mafias aprovechan la miseria y la complicidad estatal para actuar, lo cual no termina en las avenidas que separan los barrios del macrocentro. Hay que ser muy inocente para creer que los proyectos mafiosos que operan en una ciudad se encuentran fuera del territorio de dominio de los Estados, que ocurren donde hay un “Estado ausente”: este no mira para otro lado, ofrece protección e impunidad a los negocios. Es evidente que las mafias no podrían tener negocios millonarios sin recibir el apoyo de amplios sectores del Estado y de la burguesía, dentro y fuera de los gobiernos. Existe una fina línea entre la actividad legal e ilegal, y más delgada aún entre mafia y corrupción. Esto dificulta cada vez más la distinción entre aparato de gobierno y mafia, al igual que ocurre con sindicatos, partidos políticos y empresas.

Diferentes sectores hacen uso de la extorsión, la protección o la desprotección, el adulteramiento de mercancías, el robo y el fraude para hacer negocios. Y no se trata necesariamente de organizaciones ilegales. Quien las define o no como tales es la mafia estatal, para la criminalización de sus rivales menores o de aquellos que no trabajan con ella. Es el Estado el que tiene el poder de declarar legal o ilegal una mercancía o una práctica. En casos específicos, como las mafias del narco, estas pueden adquirir inmenso tamaño e influencia, adentrándose en la estructura estatal y no solo a través de la policía. Es conocido en Rosario que un grupo de narcos fue el encargado de desalojar a los vecinos que habitaban las tierras donde se iba a construir el casino City Center, uno de los más grande de Sudamérica, y un hotel cinco estrellas. Alguien tiene que hacer el trabajo sucio para emprender negocios limpios, aportando tanto mano de obra como financiamiento.

Ley y moral

Los narcotraficantes son presentados como los enemigos de la salud pública y la sociedad en conjunto, y el gobierno como quien los combate. A esta simpleza se reduce la justificación del Estado en su embate contra el tráfico de drogas. Por su parte, la sociedad meritocrática del Capital admira a sus narcotraficantes triunfantes, sean los protagonistas de una serie o los reales devenidos en protagonistas de ficción. Y así sus caras se portan en remeras o se pintan en las paredes.

A menudo la moral está estrechamente relacionada con la ley. La ideología dominante no es más que la ideología de la clase dominante. La economía formal también produce y hace circular otros venenos para la salud, desde cigarrillos hasta comida chatarra. Dicho sea de paso, industrias como las del tabaco comercializan un tercio de su producción de manera ilegal para evadir impuestos. El narcotráfico, la “otra acumulación”, está entroncada estructuralmente con la economía capitalista tradicional. Un método adecuado para abordar este estudio, dejando de lado deliberadamente las formas habituales “moralistas” de realizarlo, es hacer a un lado los discursos y recordar que, tanto en esta como en otras cuestiones, no existen dos o más economías, sino solo una.

El narcotráfico precisa fuerza de trabajo que valorice el valor. ¿De dónde la adquiere? En general, de los desempleados del campo y la ciudad, o de los sectores más desvalidos y peor remunerados de la economía. La sociedad capitalista, además de ser una permanente fábrica de pobres, jamás puede ni podrá lograr el pleno empleo. La desocupación estructural hace que la fuerza de trabajo dependa de las ayudas sociales, se dirija hacia la emigración, la economía informal, o el narcotráfico. A pesar de los peligros que acarrea es una práctica atractiva para un sector joven de esa masa de población excedente, ya que, además de la retribución económica, puede brindar cierto estatus. Y en la corta expectativa de vida de estos proletarios la muerte no se presenta como mayor amenaza.

En el mundo…

Pero no todo se reduce a una villa, un barrio pobre, una zona rural o siquiera una ciudad. Al hablar del narcotráfico es preciso poner de relieve su carácter internacional. El avance del negocio de la droga en el mundo se dio conjuntamente con el de su supuesto control por parte de las fuerzas policíacas y militares. Hacia 1960 la lucha y colaboración internacional contra las drogas, así como contra la subversión se generalizaron. Ambas se cristalizaron en un modelo de seguridad y vigilancia estatal que se ha ido perfeccionando y adaptando a las oscilaciones de cada contexto pero, básicamente, lo que hace es operar en la construcción de la figura del enemigo interno que se esconde y se confunde con la población, legitimando el reforzamiento y la generalización policial-militar de técnicas y dispositivos de control de la población.

Países donde el narco es una referencia, como México o Colombia, no tienen su principal consumo o demanda en su interior, sino en Estados Unidos. Dicho país prohibió, entre los años ‘20 y ‘50 del siglo pasado, la distribución de heroína y cocaína, que en aquel entonces eran producidos principalmente por la industria farmacéutica de Alemania, enemigo que había que enfrentar tanto militar como económicamente. Estados Unidos tomó las riendas del movimiento prohibicionista mundial, sin que esto mejore en nada la situación de los barrios proletarios en sus zonas de influencia. De hecho, como puede comprobarse hasta el día de hoy, la ilegalización de una sustancia solo cambia las reglas del negocio, incluso aumentando su rentabilidad, pero claramente no lo suprime.

Por el contrario, su posición tenía como ventaja poder cuestionar e intervenir en los intereses económicos que otras grandes potencias capitalistas tenían en la producción y la distribución de ciertas drogas. Mientras tanto, la industria estadounidense desarrollaba otras sustancias energizantes o contra el dolor para sus soldados, tales como la morfina, la codeína, el café instantáneo, el tabaco, el alcohol, las metanfetaminas, etc.

Y fue así que el gendarme del continente comenzó a regular los negocios a través del ejército, la CIA o la DEA. Esta última, a la que nos referimos anteriormente, es la agencia del Departamento de Justicia de los Estados Unidos dedicada supuestamente a la lucha contra el contrabando y el consumo de drogas en los Estados Unidos, además del lavado de activos. Pese a compartir jurisdicción con el FBI en el ámbito interno, es la única agencia responsable de coordinar y perseguir las investigaciones antidroga en el extranjero. Sin ironías, sus siglas significan literalmente: Administración para el Control de Drogas.

Empresarios de la violencia

A diferencia del bandido, el mafioso es un empresario: no se limita a tomar una parte de la riqueza, sino que participa en su producción. Al interior de la burguesía, las capas mafiosas tienen su originalidad. En el caso del narcotráfico, sobre la base de la ilegalidad, existe un mayor control del mercado y los precios, posibilitando una enorme rentabilidad, sumado a las deplorables condiciones de explotación en que se suele realizar la producción y distribución de estas mercancías. Estas características hacen que la violencia sea un factor principal en la competencia, en comparación con otros sectores donde la productividad del trabajo y la innovación tecnológica son determinantes. Eso no quita que se busque ampliar aún más los márgenes de ganancia en la producción, fundamentalmente con la disminución de costos, como ocurre con la generalización de sustancias cada vez más nocivas para la salud. Un claro ejemplo es el notable crecimiento de muertes por sobredosis en los principales países consumidores, como Estados Unidos (cerca de cien mil en el último año), muchas de las cuales se atribuyen a la adulteración y disminución de la calidad de aquellas.

Con el narcotráfico, la competencia “desleal” y la violencia extraeconómica (coacción, patotas, secuestros, asesinatos, torturas), aplicada tanto entre mafias como hacia las poblaciones que explotan, someten, o sus consumidores, se ven a plena luz con su rostro más extremo. Pero esto no quiere decir que la competencia capitalista habitual esté exenta de los procedimientos extraeconómicos, así como la explotación de una clase por otra es fundamental en ambas expresiones burguesas.

El narcocapitalismo no puede hallarse separado del capitalismo tradicional, es su engendro y no puede dejar de establecer una innegable y permanente interinfluencia. Esto queda de manifiesto en la ineludible necesidad de lavar las cuantiosas sumas de dinero sucio producidas por el narcotráfico para contribuir a la reproducción del Capital en su conjunto.

Hay múltiples y cambiantes formas de lavar dinero. Una frecuente es entrar en complicidad con una empresa que opera legalmente en la economía formal, de manera tal que el dinero obtenido de las transacciones ilícitas se “mezcle” e incorpore al capital legal, cumpla sus obligaciones fiscales y oculte de esa manera su origen. Otra, es la creación de empresas fantasma, que directamente fingen realizar ciertas operaciones con el objetivo de lavar dinero. Con sus diversos procedimientos, este dinero contribuye a sus socios clandestinos de la banca, la bolsa de valores, empresas de todo tipo, e incrementan la recaudación estatal en países donde es tan habitual la evasión fiscal. Una parte del excedente capitalizado en el narcotráfico, además, se utiliza para sobornos y compra de conciencias, tanto de individuos como de instituciones, tanto con dinero sucio como lavado, dependiendo de las circunstancias en que se realizan dichas transacciones.

En el número anterior del boletín mencionábamos los vínculos del narcotráfico en la región con el desarrollo inmobiliario, las concesionarias de autos o la representación de jugadores de fútbol. A esto sumamos las casas de cambio, las “cuevas”, las financieras, cuyos vínculos son cada vez más evidentes. El lavado de dinero progresivamente aparece también asociado a la comercialización de criptomonedas por la posibilidad del anonimato y la virtualidad para mover grandes sumas, fenómeno ya generalizado en otras partes del mundo.

Un problema sin solución

El desarrollo del narcotráfico en las últimas décadas es inseparable de las dificultades para la obtención de grandes ganancias en diferentes ramas de la producción, así como de la desocupación que arrastra tanto al consumo como al trabajo en esta creciente industria. Se encuentra completamente arraigada en la reproducción del Capital, así como en la reproducción de la fuerza de trabajo.

En este sentido cabe preguntarse si, para las fuerzas del orden, es posible erradicarlo o no existe otro camino que el de ponerle límites. El gran problema en Rosario, asumido por periodistas y funcionarios, es que se trata de un crimen no muy bien organizado, principalmente descentralizado, de una competencia poco regulada y de una fuerza de trabajo poco controlada que no respeta los territorios asignados. En fin, se reclama una falta de monopolio para acabar, de momento, con la extrema violencia.

Los modos más visibles de combatir al narcotráfico por parte de los Estados pueden sintetizarse así: 1) Ataque frontal al avispero, que tiene como resultado no solo los severos daños “colaterales” con niveles de violencia y asesinatos cada vez más alarmantes, sino también, que la aprehensión y muerte de los capos produzca la dispersión, subdivisión y proliferación del narcotráfico, efecto que estamos sufriendo en esta ciudad en los últimos años. 2) Declarar públicamente que se continúa el ataque frontal, pero negociar bajo la mesa con los jefes de la “otra economía”. Esta política que, hasta cierto punto, puede restablecer la paz y corregir los aspectos más negativos del ataque frontal (destinado en realidad al fracaso) está lejos de eliminar la narcoeconomía. Más bien la protege, la alienta y le da un seguro de vida. Y al hacerlo, deja sin corregir los problemas de la salud pública aparejados a la existencia del narcotráfico. 3) Combatir, no tanto directa como indirectamente, al narcotráfico; es decir, dar prioridad a la lucha contra el lavado de dinero y todo lo que implica, en vez de enfrentarse directamente con los carteles productores y comercializadores de las drogas y estupefacientes de todo tipo. Esta táctica, de la que se habla mucho actualmente en la región, ha sido inútil o de efectos muy limitados donde ya fue aplicada, por la obvia e innegable razón de que el régimen capitalista tradicional (importantes sectores de la burguesía y una parte nada desdeñable del Estado) no está dispuesto a deshacerse en verdad de esos recursos económicos que benefician a ciertos particulares y al sistema tomado en conjunto. 4) Pugnar porque se legalicen las drogas, empezando por las menos dañinas, como por ejemplo la marihuana. Esto supone dos problemas: la desaparición abrupta de un sector de la narcoeconomía que acarrearía una crisis de impredecibles consecuencias; y agregamos la impredecible fuga de esas fuerzas narco a otros sectores que puedan producir ganancia. El otro obstáculo tiene que ver con la opinión pública. Su parte más conservadora está convencida de que la legalización de las drogas dañaría más que nunca la salud pública, razón por la cual cada vez que se habla de legalizar las drogas pone el grito en el cielo.

Por otro lado, en Rosario se ha aplicado en varias ocasiones la saturación de la región mediante fuerzas federales como Gendarmería, lo que ocurre actualmente una vez más. Su resultado es una relativa pacificación de breve duración en las zonas de mayor violencia y un efecto de tranquilidad en el humor social, pero no un enfrentamiento directo al narcotráfico, lo cual se evidencia en la falta de avance en las investigaciones, detenciones, incautaciones de droga, etc.

Sin minimizar la situación, tampoco queremos dar la imagen de un escenario apocalíptico. El futuro no está en el reinado de la ilegalidad y la violencia, sino en una mezcla creciente de norma y transgresión, de ilegalidad y legalidad. El llamado Estado de Derecho es una necesidad capitalista. Los negocios rompen las reglas, pero las reglas son necesarias, incluso para el comercio ilegal. Sin la prohibición, determinadas mercancías serían menos rentables. El auge de las mafias es ciertamente un signo de crisis, pero de una crisis que también produce la ilusión de un capitalismo que se ha vuelto ajeno a sí mismo: o virtual, o bárbaro, o en proceso de eliminación progresiva del Estado, y que ya no se basa en las relaciones de clase y en la explotación del trabajo, sino sólo en la depredación mediante la violencia.

De ahí la otra ilusión, la de querer “volver” a un capitalismo decente: virtuoso, pacificado o saneado. Porque la imagen del monstruo alimenta la esperanza de la posibilidad de un mal menor, de un ablandamiento democrático.

 

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Para el presente artículo nos han servido de referencia los textos:

Prolegómenos para un estudio del narcotráfico, Enrique González Rojo Arthur. México, 2013

Capitalismo más drogas igual genocidio, Michael “Cetewayo” Tabor (Panteras Negras). Estados Unidos, 1969

Empresarios en la violencia (Sicilia, mafia y capitalismo), Gilles Dauvé. Francia, 2015, del cual no existe traducción al castellano.

CICLO DE CINE EN LA BIBLIO

En octubre volvimos a las actividades públicas en el local luego de casi dos años completos de restricciones y obstáculos. Los sábados 23 y 30 de octubre proyectamos Diablo, Familia y Propiedad (Dir.: Fernando Krichmar, 1999) y Tierra Adentro (Dir.: Ulises De la Orden, 2011), respectivamente, para conocer y reflexionar acerca de la formación del Estado argentino y el desarrollo del capitalismo en la región, con sus repercusiones hasta la actualidad. Lo titulamos Ciclo de cine anticapitalista y recorrimos de norte a sur la violencia de las fronteras que delimitan “nuestro” mapa. 

Invitamos a reproducir dicho ciclo donde se desee, sea una biblioteca, un centro social o en alguna casa entre amigos, familiares, conocidos… Preparamos un folleto para acompañar las proyecciones y los debates que está disponible en nuestra feria y que también compartimos en nuestro blog, del cual dejamos algunos extractos a continuación: 

«Las regiones del Chaco, la Pampa y la Patagonia tienen, con sus matices, una historia similar. Los montes del Norte y los glaciares del Sur son los puntos extremos de un país que, antes de ser anexados militarmente, era solamente una cuarta parte de lo que es hoy. Muchos años después de haberse declarado libre del Imperio Español su flamante ejército se movilizó para que dichos territorios queden integrados en la República. Considerados heredados del antiguo Virreinato, nunca habían sido realmente ocupados por las fuerzas coloniales. 

La enorme resistencia de casi 400 años en los inmensos montes del Chaco, en la Pampa y el norte patagónico, teniendo su análogo del otro lado de la Cordillera con la Guerra de Arauco, encontró su derrota, no en la Corona Española sino en los nacientes Estados modernos. 

En todas estas regiones, la brutalidad impuesta por la dominación del Estado argentino por medio de la violencia persiste al día de hoy con un mismo objetivo: la coacción a través del trabajo asalariado y la privatización de la tierra.»

Leer y descargar el folleto AQUÍ