lunes, 7 de septiembre de 2015

HABLANDO CON LAS PAREDES: «MI CUERPO ES MÍO»

Los inconformes hacen hablar a las paredes para reflexionar, para agitar, para sorprender al transeúnte distraído. Nosotros queremos hablar con las paredes para profundizar lo que gritan.

Una frase que podemos encontrar en algunas paredes y que resuena bastante entre los círculos feministas grita «mi cuerpo es mío». Comprendemos la delicadeza del tema en una época de victimización constante de la mujer impulsada por el Estado, y es justamente por ello que consideramos importante evidenciar lo peligroso de concebir al cuerpo primero como a un elemento separado de nuestro ser, nuestro entorno, y luego como a una propiedad privada. ¿Mi cuerpo es mío porque si quiero puedo venderlo, intercambiarlo? Tras esta afirmación se oculta la reproducción de la lógica del enemigo, que entiende a nuestros cuerpos como un medio, un instrumento sometido a las necesidades del Capital. De esta manera, nuestros cuerpos y nuestra actividad, pertenecen a este sistema de muerte como esclavos de los requerimientos de la producción capitalista cuando cada día al trabajar intercambiamos nuestra fuerza vital por dinero, reproduciendo una y otra vez una vida de miseria. No nos dejemos engañar con su lógica hablando el lenguaje de los opresores. Estamos en contra de toda propiedad privada y separación, porque la propiedad privada y las separaciones estan en contra de nuestras vidas. No se trata de cambiar de dueño, sino de suprimir de manera definitiva las condiciones que posibilitan su existencia.

martes, 4 de agosto de 2015

EL EJEMPLO GRIEGO

Tiempos agitados en Grecia. Tiempos de crisis, de desempleo, de aumento del costo de vida. Pero también —y paradójicamente— tiempos de reconexión de muchos explotados con la política, con la economía, con la retórica nacionalista.

Se anunciaba con bombos y platillos. Hace algunas semanas se votaba el referéndum para determinar popularmente si se aceptaba el paquete de ajustes que proponía la denominada Troika (Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional y Comisión Europea). El pueblo dijo que no y el mundo progresista celebró la demostración de soberanía, «el ejemplo del pueblo griego». Días después, el gobierno acordaba con dichos organismos un paquete muy similar. «¿Qué pasó?» se preguntaban los esperanzados.

Pasó lo de siempre: se abandonaron las calles para pasar a las urnas, se dejó de confiar en el potencial colectivo para dejar el propio destino en manos de los políticos. En definitiva, se restableció la confianza democrática. Y los burgueses, más allá de referéndums y elecciones, acordaron lo que tenían que hacer para salvar a la economía. Ese es el ejemplo griego, ese es el ejemplo del cual tenemos que aprender los proletarios de todo el mundo.
¿La política contra la economía?
En el núcleo del pensamiento izquierdista y progresista se encuentra la idea de que las crisis pueden resolverse con referéndums, consultas populares, agitados discursos de neocaudillos o manifestaciones callejeras para ejercer presión política. Nada más lejos de la realidad. El Estado es manifestación de las relaciones sociales capitalistas de producción y no al revés. La política es el arte de la gestión del conflicto social provocado por el modo de producción y bajo ningún punto de vista podemos depositar nuestra confianza en dicha actividad. «No deleguemos la solución de nuestros problemas a aquellos que los están creando» decía un panfleto difundido en Tesalónica luego de una expropiación en un supermercado, el 5 de julio, el mismo día que se votaba el cacareado referéndum.(1) 

Las crisis son crisis y no juegos conceptuales de la esfera política. Son contextos de recesión, de desvalorización, de aumento de nuestra explotación. Apuntar a las grandes corporaciones, los buitres de las finanzas o los burgueses que se salen de la legalidad sin comprender, o al menos intuir, la lógica a la que nos somete el Capital puede empujarnos a confiar en los políticos con una retórica beligerante. Lamentablemente, empuja a miles de explotados a creer que el problema se encuentra más allá, en otro país. Para unos es Angela Merkel «y sus políticas», para otros los inmigrantes «que roban el trabajo». El Capital es mundial, y exteriorizar el problema nos deja desarmados frente a las posibles soluciones. 

El persistente atractivo del nacionalismo
En los últimos años hemos visto en numerosos países pertenecientes a la Unión Europea un resurgir del nacionalismo, o como lo llaman en muchos casos, Euroescepticismo. Muchos grupos de derecha están aprovechando el contexto de crisis, el problema inmigratorio y otros fenómenos para engrosar sus filas, y esto se nota cada vez más en las urnas. Pero no sólo la derecha lo instrumentaliza, y Grecia es un claro ejemplo. El partido gobernante actual (Syriza) llegó a la presidencia en una alianza con sectores de derecha bajo la premisa de una negociación fuerte con Europa y guiños sobre la posibilidad de dejar el euro (lo que la prensa denomina Grexit).

Sin embargo, esa perspectiva se demostró impracticable para el delicado estado de las finanzas griegas. Volver al dracma sería sólo ventajoso en el largo plazo y se requeriría de un préstamo extra para implementarlo, cosa que en la Troika se evaluó sin llegar a un acuerdo.
La moneda única es una clara determinación imperialista, la única tendencia que asume el Capital. Reduce los precios de los salarios y las materias primas y beneficia a las economías nacionales con un sector industrial y financiero desarrollado, que absorben una cantidad creciente de plusvalor generado en el continente. Esto se sabe desde que nació el euro mismo, pero el fervor del desarrollo económico y el rédito que obtuvieron los gestores del proceso de estandarización regional hizo que sólo ahora se comenzaran a escuchar voces críticas.

De esta manera, el mito de la soberanía nacional se vuelve cada vez más obsoleto en un mundo en el cual se desdibujan las identidades culturales, étnicas y lingüísticas para dar lugar al crecimiento rampante del monstruo Capital. Si continúa apareciendo es por dos razones: porque favorece la concentración de capitales, y porque es una herramienta que se ha probado una y mil veces útil para confundir a los proletarios, para ofuscar la existencia de las clases sociales. El persistente atractivo del nacionalismo es otra clara expresión de la contradicción capitalista. 

El persistente atractivo del “realismo” 
Los llamados al “realismo” no son más que la defensa de esta realidad, negando la posibilidad de su superación revolucionaria. Por un lado, tenemos al “realismo” típico del reformismo que nos ha dicho siempre que no es el momento para grandes transformaciones, que hay que ir de a poco. Pero el “realismo” típico de este momento ni siquiera habla de revolución a futuro, ya no nos habla de esperar, nos dice que no queda otra, que hay que aguantar.

“Ser realistas” es suponer que hay crisis y las seguirá habiendo, que hay gobierno y lo seguirá habiendo. El “realismo” es un recurso de autojustificación desde quienes intentan gobernar nuestras vidas. Nosotros no debemos permitir que gobiernen nuestras vidas ni tragarnos sus discursos.

«Pedimos disculpas a los marxistas de todo el mundo porque Grecia haya rechazado cometer un suicidio ritual para el avance de la causa. Ustedes han sufrido desde sus sofás» dice desde su propio sofá el primer ministro griego, haciendo una reivindicación del “realismo” y dejando entrever que quienes critican el orden de las cosas lo hacen cómodos desde sus sillones, tratándolos de intelectuales y generalizándolos como marxistas. Lo que este gestor de la miseria no comprende, y no esperamos que lo haga, es que quienes nos oponemos a su mundo de muerte somos quienes sufrimos día a día la explotación y la opresión. Algunos lo asumimos y actuamos en consecuencia, otros, pese a la evidencia cotidiana, se entregan a los cantos de sirena de estos psicópatas. 

La economía contra nosotros 
Las idas y vueltas de la negociación griega, que ya llevan años y seguirán por muchos más, nos confunden a los explotados y sirven para obligarnos a asumir posiciones ajenas. Detrás del acting del ministro Varoufakis con su «fuck you» y de los fuertes discursos del primer ministro Tsipras se esconden determinaciones como «la revisión de los convenios colectivos», aumento del IVA, reducción de pensiones, aumento futuro del precio del transporte y la energía eléctrica (por su privatización), y decenas de letras chicas. Eso es el Estado, esa es la izquierda, esa es la política, ese es el Capital.

Tasas de interés y ganancia, dividendos, futuros y derivados. Riesgo país, índice bursátil, PBI y PBI ajustado a la paridad del poder de compra. Cada vez hay más formas de conceptualizar numéricamente nuestra tragedia cotidiana de ir a trabajar. Cada vez son más complejas y cada vez juegan más a futuro con el plusvalor que nos extraerán en 20 o 30 años. 

Tiempos oscuros para el proletariado que vive en la región griega. Tiempos para la solidaridad internacional de los proletarios, especialmente de los que viven en los países acreedores. Tiempos para golpear todos juntos más fuerte y más preciso contra el Capital. No hay solución griega a la crisis griega. Luchemos todos en “nuestro propio” país, contra “nuestra propia” burguesía. Y ese es el ejemplo griego.

Notas:

MEMORIA: 2007, ATROPELLO A TRABAJADORES EN RÍO GALLEGOS

En el año 2007 la lucha de los trabajadores en la ciudad de Río Gallegos (Santa Cruz) estaba cada vez más volcada a las calles y a las asambleas. El 20 de marzo se militarizaba la ciudad con tropas de gendarmería nacional y la policía de Santa Cruz, apostadas en escuelas, en el único hospital, en puntos céntricos de la ciudad cercanos a casa de gobierno y en la propiedad del finado Néstor Kirchner, custodiando además las movilizaciones.
 
El 17 de agosto de ese mismo año se intentó asesinar a trabajadores y trabajadoras que reclamaban por una suba de salarios. Ese día, en un gimnasio de la ciudad, se realizaba un acto partidario encabezado por Néstor y Cristina Kirchner, mientras, en paralelo, estaba en marcha una movilización. Cuando ésta iba a dispersarse, desde un local comercial salieron Daniel Varizat, ministro de gobierno del Frente para la Victoria, junto al presidente de la empresa Fomicruz y tres personas más, que subieron a su camioneta. Tras reconocerlos, quienes se movilizaban comenzaron un escrache. Sin perros guardianes que los defiendan, el ministro reaccionó como lo que es, como un burgués asustado: arrancando el coche, abriéndose paso y atropellando a las personas presentes. Más de veinte trabajadores quedaron gravemente heridos, algunos con riesgo de muerte. El miserable acudió inmediatamente a la comisaría 1ª para denunciar daños contra su vehículo. Allí se encontró con decenas de personas que estaban presentando cargos contra él y quedó detenido, para luego ser alojado y resguardado en la Escuela de Policía. La justicia lo declaró culpable, responsable de 23 delitos (siete lesiones graves y 16 lesiones leves) y condenado a tres años de prisión en suspenso.
 
Esta justicia es la misma que por aquellas regiones castigó con cadena perpetua a los trabajadores petroleros de Las Heras, la misma que recientemente encarceló a diez trabajadores mineros por tomar una planta ubicada en las cercanías del Perito Moreno. Dichos mineros fueron acusados por el Juez de Instrucción N°1 de Las Heras, Eduardo Quelín, y denunciados por personal de la Minera Santa Cruz por entorpecimiento de la actividad productiva, coacciones y presunta asociación ilícita, por lo que fueron trasladados a distintas unidades policiales de zona norte y liberados ¡una semana después!
 
Sin ir más lejos, el 2 de julio del presente año tras la llegada a Río Gallegos de Máximo Kirchner, precandidato a diputado nacional, y de otros funcionarios del Frente para la Victoria, manifestantes cortaron los accesos principales de la autovía «17 de Octubre» con quema de cubiertas y de cartelera política. Para la misma fecha la ciudad se militarizó con la acción conjunta de helicópteros, camiones, gendarmes y policías para proteger a los funcionarios y aislar la lucha de los trabajadores. Los medios oficiales, por su parte, señalaron que fueron los trabajadores quienes «han sitiado Río Gallegos». Exactamente como sucedió en mayo del 2007, cuando Daniel Varizat y Aníbal Fernández dijeron en los medios que los municipales se habían «autoherido para dar lástima» luego de la represión de otra jornada de protesta.
 
Acercarnos hoy a estos hechos también es memoria, porque a pesar de que no hayan transcurrido cien años atrás, sucesos así pintan de cuerpo entero lo que son los políticos y el Estado. Este atropello es una pequeña pero potente muestra de qué es el gobierno, la justicia y todo el orden capitalista y democrático al que nos enfrentamos.
 
Entonces no hablamos de memoria en abstracto, hablamos de la memoria histórica de nuestra clase, que no la recordamos aquí sólo para no olvidarla sino porque para luchar la necesitamos, así como también necesitamos analizar, debatir y aprender de los combates que libraron cientos y miles de trabajadores contra las miserables condiciones de vida impuestas por este sistema.

REPRESIÓN A CHOFERES DE LA LÍNEA 60 EN BUENOS AIRES

28 de julio. El gobierno nacional reprimió unos de los tres cortes programados en el marco de la lucha por la reincorporación de los 53 despedidos de la línea 60 (Buenos Aires). Cinco trabajadores fueron detenidos y al menos otros 20 resultaron heridos, tres de ellos con convulsiones por los palazos en la cabeza asestados por Gendarmería.
 
Al ser consultado sobre el operativo en Panamericana, Aníbal Fernández dijo que no conocía los detalles de la acción de las fuerzas de seguridad. Sin embargo, señaló que hubo agresiones de los trabajadores a las fuerzas del orden. Y para rematar agregó: «Esto no es la Comuna de París. Choferes de base no tienen por qué ser un actor en la discusión con el Ministerio de Trabajo.» Queda claro que para negociar están los amigos sindicalistas, quien quiera luchar sin intermediarios tendrá palos y gases. No esperamos menos del Estado. ¡Que se agrande “la grieta”! Pero ya no entre gobierno y “opositores”, sino entre explotadores y explotados. Los explotadores delimitan cada vez más claramente el terreno, es sólo cuestión de posicionarse.

HABLANDO CON LAS PAREDES: «SI NOS TOCAN A UNO NOS TOCAN A TODOS»

Los inconformes hacen hablar a las paredes para reflexionar, para agitar, para sorprender al transeúnte distraído. Nosotros queremos hablar con las paredes para profundizar lo que gritan.
 
Ante el obediente «cada uno cuida su propio culo» y el piadoso, y también miserable «te podría pasar a vos», se erige firmemente un mural con una frase que sobrepasa lo solidario, que nos recuerda que no es necesario apelar al dolor propio para poder comprender el ajeno: «si nos tocan a uno nos tocan a todos». Recordando que existe un nosotros, a contracorriente del pensamiento egoísta y competitivo, celoso y envidioso del ser humano más cercano o del vecino desconocido. Afirmando que existe un nosotros, un nosotros de explotados y oprimidos, pero no de simples víctimas, porque ese nosotros se siente tocado y reacciona, se siente tocado y se rebela.

PRESOS Y JUBILADOS

«Aumentaron el sueldo a los presos: ahora ganan 46% más que un jubilado» dice el titular de Infobae del lunes 27 de junio. Los comentarios, tanto en la web como en la calle no se hacen esperar: «hay que matarlos a todos» dicen unos, mientras los reaccionarios más ingeniosos bromean con ocurrencias del tipo «entonces metamos presos a los jubilados». Quienes “piensen” este tipo de exquisiteces no van a cambiar por más que les echemos toda la verdad en la cara, pensarán distinto cuando vivan distinto, cuando la obediencia no sea su religión.
 
Ley 24.660. Ejecución de la pena privativa de la libertad, promulgada en Julio 8 de 1996:
 
«Los salarios serán abonados en los términos establecidos en la legislación laboral vigente.
Artículo 121. — La retribución del trabajo del interno, deducidos los aportes correspondientes a la seguridad social, se distribuirá simultáneamente en la forma siguiente:
a) 10 % para indemnizar los daños y perjuicios causados por el delito, conforme lo disponga la sentencia;
b) 35 % para la prestación de alimentos, según el Código Civil;
c) 25 % para costear los gastos que causare en el establecimiento;
d) 30 % para formar un fondo propio que se le entregará a su salida.»
 
Además, sólo el 40 % de los trabajadores presos trabaja y accede a un salario, y sólo el 18 % lo hace 8 horas diarias, porcentaje que cobraría menos del 30 % del salario mínimo…y ese sería el salario máximo de un preso. Está claro que no ganan más que un jubilado.

sábado, 4 de julio de 2015

EN TIEMPO DE ELECCIONES...

La ciudadanía se ha expresado. La ciudadanía que hierve de indignación con el tema inseguridad esta vez pudo elegir quienes van a robarle por los próximos cuatro años, sistemáticamente, con vestimentas aceptadas y sin necesidad de sobresaltos si se está lo suficientemente adiestrado. Los comicios se desarrollaron en total normalidad: votos, gendarmes, urnas, policías, padrones, seres humanos reducidos a ciudadanos, individuos que valen un voto…

Nadie cree estrictamente en la publicidad, sea comercial o política (que cada vez se parecen más entre sí), pero funciona. Pocos creerán que la nueva golosina sea la más sabrosa y llena de diversión, así como pocos o poquísimos creerán que el candidato cumpla con lo prometido, siendo que ninguno promete nada de otro mundo… pero funciona. Muchos compran golosinas y muchos participan en las elecciones. Aunque no tantos como se supone promocionan medios de comunicación y partidos políticos. Hay un discurso sobre el regreso de la confianza en los políticos que llega incluso a ocultar las cifras de votos anulados, en blanco y abstenciones: esto ya no formaría parte de las estadísticas. El recuento es sobre los “votos positivos”, entonces un 30% es falso, es solo el 30% sobre un total de votos que excluye a quienes votaron por nadie. Aclaramos que no nos hacemos fantasías con esto, entre esta masa de votos hay desde un rechazo a la burguesía hasta defensores de la última dictadura cívico–militar. Habría que tener el razonamiento de un maoísta para pensar que se trata de un “voto bronca”. Cuando en 2007 el Partido “Comunista Revolucionario” llamaba a no votar, impugnar o votar en blanco, y eso fue lo que hizo la mayoría en algunas regiones, el PCR se sintió la primera fuerza: «ganó el voto bronca» decían…

«¡Fraude!»

Las garantías de la democracia funcionan mientras no haya inconvenientes. Si salimos a protestar masivamente a las calles declaran el estado de sitio legalizando la represión. Los cacareados “derechos y garantías” sirven mientras no sirvan para mucho.

Si no gana el candidato deseado hacer fraude se vuelve moralmente aceptable. «Que hagan fraude pero que no gane Del Sel» coinciden demócratas de todo pelaje, a excepción de los seguidores del candidato del Pro, claro. Mientras en otras ocasiones es importante decir que «el pueblo debe expresarse libremente a través de las urnas», este pueblo podría equivocarse y la mayoría ya no expresaría lo que hay que hacer. Vericuetos de la representatividad.

«2001»

Del “que se vayan todos” a la resignada elección entre distintos tipos de mierda han pasado catorce años. La mentalidad política nos habla de madurez, de contextos y de opciones. Nos habla de “ser realistas”, cuando su única realidad es la mentira socialmente aceptada y reproducida por la enorme mayoría de la población. «Hay que votar para que no gane la derecha», «si gana el Pro esto va a ser peor» ¿Pero qué harían? ¿Imponer la ley antiterrorista? ¿Encarcelar a los trabajadores que luchan? ¿Firmar acuerdos con multinacionales para destruir el planeta? ¿Proteger un Estado cómplice de la trata y el narcotráfico? ¿Transformarnos en objetos? Todo eso ya está hecho, muy bien hecho, sin la ayuda de “la derecha”.

La rabiosa campaña anti Del Sel aglutinó desde fanáticos del gobierno nacional a incrédulos de los políticos. En los carteles con la cara de este ser miserable que es el ex Midachi se escribieron palabras que supondrían ser insultos como «puto» o «porteño» y se pegaron en su frente unos cartelitos que sólo decían «2001». Dejando en evidencia que de aquel año sólo recuerdan las “políticas neoliberales”, ignorando la protesta, la autoorganización, los ataques al Estado y su policía, a la propiedad privada, la desobediencia. Coleccionan las miserias y las humillaciones del pasado, ignorando de él sólo la revuelta. Lo dijimos antes y lo decimos ahora: ese ensañamiento de los reformistas con palabras como “neoliberalismo” no son casuales, son maneras de desviar la crítica del capitalismo hacia una crítica de sus “excesos”, proponiendo que elijamos entre diferentes formas de administrar la miseria. Las alternativas de izquierda en el parlamento son el más claro reflejo del proceso de canalización reformista de las últimas revueltas en nuestra región. Para la próxima, no olvidemos que quienes dialogan con el Estado quieren ser el Estado.

«Votar diferente»

Frente de Izquierda, Ciudad Futura, Frente Social y Popular, y hasta los que creen obedientemente que el Frente para la Victoria o el Frente Progresista Cívico y Social son una oposición a “los poderosos”. La práctica del “mal menor” se viste de gala y hasta afirma que esta vez hay buenas opciones frente a un “mal mayor”. Naturalmente hablan del cuco de la derecha, que hace agrupar frente a sí feministas y machistas, estrategas políticos y votantes desorientados, y por sobre todo explotadores y explotados.
Es la vieja fórmula socialdemócrata que se presenta como una novedad, año tras año desde hace siglos. Karl Marx, de quien algunos de estos imbéciles se pretenden seguidores, ya en 1851 en El 18 Brumario de Luis Bonaparte expresaba «Frente a la burguesía coligada se había formado una coalición de pequeños burgueses y obreros, el partido socialdemócrata. A las reivindicaciones sociales del proletariado se les limó la punta revolucionaria y se les dio un giro democrático; a las exigencias democráticas de la pequeña burguesía se las despojó de la forma meramente política y se afiló su punta socialista. Así nació la socialdemocracia… El carácter peculiar de la socialdemocracia se resume en el hecho de exigir instituciones democrático–republicanas como medio no para abolir los dos extremos, el capital y el trabajo asalariado, sino para atenuar su antagonismo, convirtiéndolo en armonía. Por mucho que difieran las medidas propuestas para alcanzar este fin, por mucho que se adorne con concepciones más o menos revolucionarias, el contenido es siempre el mismo. Este contenido es la transformación de la sociedad por vía democrática, pero una transformación dentro del marco de la pequeña burguesía.»

Hoy como ayer todo el espectro político quiere hacer olvidar a fuerza, palo e ideología las verdades defendidas por los explotados en sus grandes momentos de lucha. Luego de las grandes derrotas, que nos han presentado como victorias, la mentira toma más fuerza. Hoy no alcanza con decir verdades, es tiempo de atacar la mentira. Y es mentira que apoyar al mal menor en última instancia no hace mal a nadie, ¡nos debilita! haciéndonos confiar en nuestros propios verdugos, en las reformas graduales que son en verdad verdaderos fracasos.

Un puñado de proletarios no puede combatir por sí solo las debilidades de toda una clase, ¡pero lo último que podemos hacer es organizarnos y luchar en base a esas debilidades!

Los oportunistas que quieren nuestro voto se mostrarán amables y sensatos frente al ciudadano timorato. Frente al proletario sediento de revolución dirán que se trata de una cuestión estratégica. La historia nos ha enseñado que el gradualismo, el parlamento y la lucha por reformas no conducen sino a la miseria y la muerte.

Principios…

No somos de una religión en particular porque así nos educaron y por eso rechazamos a los demás dioses. No somos nacionalistas que primero se sienten de tal país y luego odian a los de otros. Tampoco fanáticos de un equipo de fútbol que odian al rival en función de “su propio club”. De esa manera actúan los políticos, llegando a rechazar en otros lo que ellos mismos defienden. Las reflexiones que exponemos no parten de ciertos principios ideológicos, tampoco se trata de un fanatismo absurdo. No nos declaramos primero revolucionarios y por ello rechazamos a las elecciones y a los partidos políticos en bloque…

Por el contrario, es el rechazo a la miseria, a la explotación, a sus defensores y falsos críticos, lo que nos fuerza a asumir la necesidad de revolución social. Si se logra comprender que las posiciones revolucionarias se desprenden de la realidad social y no de ciertos principios ideológicos, quizás no se sigan olvidando tan fácilmente.