lunes, 24 de febrero de 2014

¡GANANCIA, GANANCIA, GANANCIA!

Al evidente problema que representa la inflación para llegar a fin de mes se le suma el tener que escuchar tanta boludez al respecto. Las discusiones en torno a la inflación, las echadas de culpa entre un sector y otro de la burguesía, no son más que la coartada de su verdadera disputa de fondo: cómo se reparten el fruto de la explotación que sufrimos a diario, quiénes se ven más beneficiados de esta constante intensificación de la explotación. No es novedad para nadie que desde hace años los precios vienen aumentando a una velocidad mucho mayor que la de los salarios, disminuyendo por lo tanto el poder de compra, el salario real.

Luego de la última gran crisis económica de la región en 2001, la tasa de inflación se estabilizó en el año 2004 y permaneció en un dígito hasta 2008, año en el que aumentaron notoriamente los precios y comenzaron a observarse diferencias sustanciales entre los índices del gobierno y los de las diversas consultoras privadas. Contra el 10% que venía afirmando el INDEC, éstas señalaban una tasa del 25%, mucho más cercana a lo que percibimos cotidianamente. Para este año el panorama es aún mas oscuro, ya que el gobierno admitió un 4% de inflación durante el mes de enero, lo que según las proyecciones anuales significaría más de 45% de inflación en 2014.

El Estado, sea a través de los sindicatos, sea a través de las fuerzas represivas (que en muchos casos se confunden), se ha encargado de mantener a raya al proletariado en sus luchas contra estos aumentos de la explotación. El sindicato, órgano vital del Estado burgués, encubre bajo las luchas por el aumento del salario la verdadera esencia de lo que se negocia: el precio de la fuerza de trabajo para asegurar una conveniente tasa de ganancia. Sus representantes, que tanto advierten ahora acerca de la disminución del salario real, vienen arreglando aumentos salariales escalonados que a fin de año resultan irrisorios, y por mucho que prometan, sabemos que en estas paritarias lo van a hacer nuevamente.

Cuando se busca dar explicaciones se recurre a “la economía nacional”, a “la situación de los argentinos” o “la situación del país” para negar que existen clases sociales, para hacernos creer que todos sufrimos por igual: gobernantes, empresarios, patrones y también los explotados y oprimidos.
Se culpa al sector agroexportador por especular con el precio del dólar para vender sus productos, frenando así el ingreso de dinero a la Argentina. Se culpa a los mayoristas y a las cadenas de electrodomésticos y supermercados de aprovechar la situación y especular desmedidamente con el stock y los precios. Se culpa al gobierno por sus políticas proteccionistas y por no poder controlar el precio del dólar. Las industrias se quejan de los aumentos de los insumos y aumentan los precios de los productos, pero no así los salarios. En otros casos, se responsabiliza a los bancos y al sector financiero por ser los causantes de las crisis actuales.

Nos invitan entonces a ir a controlar los precios a los supermercados. Nos invitan a protestar mediante las urnas en las próximas elecciones. Nos invitan a ajustarnos el cinturón. Nos invitan mediante hambre y violencia a ser pacíficos ciudadanos. Así, mientras los burgueses continúan compitiendo entre sí por la mayor ganancia posible, pretenden que los proletarios nos identifiquemos con tal o cual sector.
En este sentido, el sector industrial suele lograrlo con mayor facilidad presentándose como el sector productivo, “el que trabaja”, en contraposición con los “especuladores” de bancos y comercios, que “solo generan ganancias de los intereses y de comprar barato y vender caro”. Esta cuestión merecería un texto aparte para ser profundizada. Aquí lo esencial es, por un lado, que la producción capitalista no puede disociarse, que el comercio y el crédito son fundamentales para la dinámica capitalista en su conjunto, tanto como la producción; y por el otro, que el proletariado no tiene intereses comunes con ningún sector particular de la burguesía y debe enfrentarla como lo que es: una clase, pese a sus disputas internas, que no tienen que despertarnos ninguna simpatía o antipatía.

De hecho, cuando los enfrentamos, los burgueses dejan momentáneamente de lado sus intereses particulares y apuntan todas sus armas contra nosotros. Nos tiran, encarcelan y obligan a exiliar, como sucedió con la última gran oleada de luchas proletarias  en los ‘60 y ‘70.

Dicen los que “la vivieron” que a fines de los ‘60, en el apogeo de estas luchas, el precio del alquiler de una vivienda para un trabajador equivalía a un cuarto del salario medio, y que en estos 40 años el poder de compra descendió mas del 70%. Fue en esa década cuando el Estado, bajo gobiernos dictatoriales y democráticos, y empleando grupos para-policiales, profundizó su estrategia de represión física y legal sobre los sectores más combativos. Tendencia que aún se mantiene con miles de procesados, represiones y persecuciones, siendo el caso de los petroleros de Las Heras uno de los ejemplos más terribles y recientes. Los gobiernos progresistas pretenden esconder esta esencia represiva del Estado cambiando algún detalle y presentándolo como benefactor. Así, por ejemplo, nos dicen que algunos productos en ciertos supermercados tendrán sus “precios cuidados” y pretenden que no solo sus soldaditos se encarguen de controlarlos sino que también se comprometa la población en general.

Lo más lamentable es que a estas campañas del gobierno se suman campañas no oficiales como los “apagones de consumo”, lo que demuestra que las burlonas medidas del gobierno se apoyan en una previa confusión que existe en torno a la esfera de la comercialización y el consumo. A la ilusión de que la política puede dominar la economía se le suma la ilusión de que la demanda puede controlar la oferta, de que los consumidores pueden determinar las mercancías que se deciden producir y su precio. ¡Si la democracia es la expresión política de la economía capitalista! ¡Si mediante la publicidad nos enseñan a necesitar lo que producen! ¡Si la producción capitalista no depende de las necesidades humanas sino de la ganancia!

En el momento en que el ciudadano indignado se descarga la última aplicación del gobierno para chequear con un moderno celular los precios del supermercado, o en su defecto supone que con más democracia se pueden bajar los precios, es cuando deberíamos hacernos algunas preguntas.

Los aspectos ocultos del salario

No podemos ignorar la disminución de la calidad de los alimentos, la obsolescencia programada de los artefactos electrónicos y todas las implicaciones destructivas para la salud y el medio ambiente que esta situación conlleva.

Al aumentar la productividad con innovaciones técnicas industriales, los capitalistas logran bajar los costos de producción de cada mercancía individual. Pero sabemos bien que su precio de venta no disminuye tanto como disminuye su costo de producción y que los salarios no aumentan en la misma medida en que aumenta el valor que producimos en el mismo tiempo de trabajo. Así, se incrementa notablemente la ganancia del capitalista. Su único problema es que ahora tiene más mercancías que vender. La respuesta, claro, la dan los consumidores, televidentes sometidos a una intensa terapia de manipulación de sus deseos que se creen dueños de la economía.

Nuestros salarios, entonces, no solo disminuyen en relación al aumento de precios (disminución del salario real), sino que además -y de forma socialmente encubierta- disminuyen permanentemente respecto a la propia dinámica capitalista de acumulación (disminución del salario en relación a la plusvalía).
Por lo tanto, caen por la borda de manera estructural todas esas mitologías del posible bienestar de los obreros bajo el Capital.

Estas constantes transformaciones en la producción, que cada vez se acentúan más, responden a la búsqueda de cada vez mayor ganancia y nada tienen que ver con las necesidades humanas. Es por eso que en estas innovaciones productivas poco importa cuánto se degrade el medio ambiente o la salud de los trabajadores. En el capitalismo el ser humano es esencialmente fuerza de trabajo y la naturaleza un recurso, ambos igualados a insumos para la producción sobre los que se especula en base a la ganancia. La especulación está en la esencia del capitalismo así como sus rutinarias crisis, el malestar, la destrucción, la desinformación y las falsas promesas de un mundo mejor que no precisaría de la destrucción del sistema capitalista de producción.

Pero, ¿a qué apuntamos con todo esto? ¿A exigir entonces una disminución de los precios, un aumento de la calidad de los productos con precios estables? ¿A un aumento del salario real? ¿A un cambio generalizado de los hábitos de consumo? Estas propuestas, si bien al menos captan mejor el problema, no son más que meras fantasías  en el mundo de la mercancía y el trabajo asalariado. Todas estas transformaciones que describimos son necesarias para la continuidad del capitalismo, no son simples excesos que podamos frenar. Quizás podamos limitarlos un poco pero ¿hasta cuándo vamos a seguir haciendo listados de injusticias y desigualdades sin apuntar directamente a las causas estructurales?

Las necesidades y deseos humanos deben ir en directa contraposición a las necesidades del Capital. O continuamos sufriendo con su desarrollo o buscamos una nueva vida sobre su tumba.

LA GENUINA FUNCIÓN DEL DEPORTE

Entre el 7 y el 23 de febrero del corriente se celebran en Sochi, Rusia, los XXII Juegos Olímpicos de Invierno. Lo que a ojos de la modernidad es una celebración de fraternidad internacional y paz mundial esconde efectivamente tras de sí un festejo de guerra, muerte y dominación capitalista.
 
En su interesante libro de 2011: «Citius, Altius, Fortius», de Editorial Pepitas de Calabaza; Federico Corriente y Jorge Montero desarrollan el nexo histórico de dominación que une desde sus inicios a eventos como las Olimpiadas y el Mundial de Fútbol con la dinámica imperialista del Capital mundial. Esta ocasión no es la excepción y brinda elementos de sobra para condenar una práctica por demás nefasta.
Durante la década del 80, en la fase final de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, dos Juegos Olímpicos, celebrados en 1980 en Moscú y en 1984 en Los Angeles, fueron boicoteados respectivamente por el bloque antagónico. Uno era el llamado primer mundo, el del Capital vertiginoso y transparente, y el otro, el segundo mundo, el del Capital ocultado bajo una capa de ideología y falsificado mundialmente como comunismo. Esta utilización política de eventos deportivos no fue la primera y de seguro no será la última, como claramente demuestran Corriente y Montero en muchos ejemplos a lo largo de su libro.
 
Sochi es una ciudad turística que se encuentra en el Cáucaso, una de las regiones del mundo con mayor diversidad cultural y una importancia étnica e histórica superlativa para la especie humana. Reúne dos características inusuales, ya que posee playas de veraneo en el Mar Negro y a escasos kilómetros se asientan centros de esquí. A pesar de esto, es curiosa su designación como sede de este evento, ya que la Federación Rusa podría elegir infinidad de localidades más propicias para celebrar el atletismo invernal.
Para realizar este evento, Rusia invirtió 50 mil millones de dólares, convirtiéndolos en los Juegos de Invierno más costosos de la historia (más que todos los anteriores juntos). Una importante parte de este dinero se destina justamente a maquillar una ciudad de veraneo como centro invernal, generando nieve artificial e infraestructura inexistente en una ciudad con picos de 40ºC en el mes de julio. Sorprende entonces esta determinación, hasta que comenzamos a recordar que esta región fue el escenario de casi 10 conflictos armados en los últimos 25 años y que, aún hoy, la insurgencia jihadista (musulmanes sunnis que quieren crear un emirato árabe en el Cáucaso con imposición de la sharia) continúa atacando posiciones rusas a casi 5 años del fin de la Segunda Guerra Chechena.
 
Luego de la disolución de la URSS en 1991 la capacidad imperial del capital ruso decayó considerablemente, así como su prestigio y su posición como árbitro  internacional. De ser el segundo Estado mundial con mayor injerencia y capacidad imperialista pasó a ser simplemente una potencia regional subimperialista que encima sufriría durante gran parte de los ‘90 una importante crisis económica de su mercado interno. El proyecto de recuperación, encabezado por el nacionalista Vladimir Putin, hizo énfasis en la concentración de los hidrocarburos de la región, lo que significó pacificar las regiones que históricamente presentaron objeciones a su inclusión en la Federación Rusa, especialmente en el Cáucaso.
 
Sochi es entonces -como los hipermodernos rascacielos de la reconstrucción de Grozny, Chechenia- el símbolo de la dominación. Dominación rusa sobre naciones y credos beligerantes. Dominación humana frente a la naturaleza, mediante la destrucción de miles de hectáreas de bosques y áreas de biodiversidad para celebrar una olimpíada financiada con millardos de petrodólares. Dominación sobre etnias, como la de los Circasianos, que sufrieron un genocidio y fueron expulsados de esos territorios durante el siglo XIX y convertidos hasta la actualidad en pueblo errante, que sufre, ahora en Siria, otra contraposición ajena entre Estado y Jihadistas. Dominación del cuerpo humano por el deporte, una contemporánea actividad fruto de la división social del trabajo y la exacerbación de la cultura física. El deporte admite la atrofia de los cuerpos de niños, el dopaje que genera adicciones y cánceres y el consumo de cantidades insólitas de proteínas, vitaminas y minerales en busca de los récords y las fotos que maravillarán a los que carecemos de la habilidad para realizar tales hazañas. Ni hablar de su función embrutecedora en estadios, programas televisivos y como nueva religión de sociedades destrozadas culturalmente, como vemos diariamente en las ciudades de nuestra región.
 
Recientemente en este boletín publicamos un material acerca del Dakar 2014, el Rally Raid que se inició en Rosario. En él criticábamos abiertamente al deporte, lo cual generó algunos debates con compañeros que mencionaban su desacuerdo al respecto, aduciendo que el problema no es con el deporte en sí, sino con su utilización por la burguesía con fines de dominación social. Para intentar evitar esta confusión nos parece importante hacer una distinción entre juego y deporte; pudiendo ser el juego una expresión de humanidad, lúdica, de disfrute de la corporalidad, de aprendizaje entre generaciones y de reproducción de la especie.
El deporte en cambio es, a nuestro entender, la manifestación de la dominación de clase del juego, emergiendo en el siglo XIX, principalmente en Inglaterra, como disciplinamiento del cuerpo y de las expresiones populares de diversión, capturando además la energía proletaria luego de las arduas jornadas de trabajo. El deporte es entonces juego disciplinado, transformado en actividad humana separada y valorizable, estandarizada, fragmentada, reglamentada y por último, codificable legalmente. Habiendo dicho esto: ¡Abajo el deporte! ¡Abajo las fiestas mundiales de la burguesía! ¡Viva el juego sin reglamentos!

LA MUERTE DEL COMANDANTE CEBOLLITA

Ha muerto el ingeniero Jorge Obeid, dos veces gobernador de la provincia de Santa Fe vía la ley de lemas. La historia lo recordará como un versátil y ultra-pragmático. Fervoroso joven peronista de los años setenta del pasado siglo XX, Obeid, a quien se conocía en esos años como el Comandante Cebollita, se encolumnó en la JP-Lealtad. Con la reapertura constitucional fue concejal y luego intendente de la ciudad de Santa Fe. Mantuvo relación y colaboración con militares y con el católico ultramontano monseñor Edgardo Gabriel Storni, recordado como abusador de menores.

Obeid fue montonero, menemista, reutemista, duhaldista y diligente mandadero privatizador durante la orgía neoliberal de los noventa.
 
Cristina Fernández de Kirchner recurrió a él en la última elección parlamentaria para “salvar las papas”, encabezando así la lista de diputados del Frente para la Victoria, entrando cómodo tercero detrás de Miguel Del Sel. Fue el ideólogo de las T.O.E (Tropas de Operaciones Especiales) de la policía santafesina, cuerpo creado durante su gestión.
 
Ha muerto un muchacho peronista, obediente, negociador y maniobrero, siempre listo para servir a los intereses de los poderosos. Siempre alentando al Capital.

jueves, 16 de enero de 2014

Traducción al francés de DAKAR: NOCIVIDAD Y PROGRESO

Recibimos una nueva traducción de otro artículo de La Oveja Negra, se trata esta vez de Dakar: Nocividad y progreso, que ya había circulado por varios sitios web por donde pasaría esta caravana de la muerte. Los realizadores del blog Camotazo lo han traducido al francés: Le Dakar : nocivité et progrès


¡Por la revolución mundial!

miércoles, 15 de enero de 2014

Traducción al alemán de: BRASIL: ¿DISTURBIOS SIN SENTIDO?

Compañeros que llevan adelante el blog a3yo nos informan que han traducido un texto del boletin al alemán, se trata de Brasil: ¿Disturbios sin sentido? que se publica como Brasilien: Ausschreitungen ohne Sinn?

Puede parecer un tanto extraño que un texto sobre las revueltas en la región dominada por el Estado brasilero, escrito desde Argentina sea traducido por compañeros que habitan en Europa, sin embargo de ese traspaso de las fronteras nacionales se trata la rebeldia y la desobediencia.

¡Por la revolución mundial!

martes, 24 de diciembre de 2013

¡LIBERTAD A LOS PRESOS DE LAS HERAS!

Contexto social: Las Heras, 2006

A fines del año 2005 y comienzos del 2006 se llevó a cabo la lucha de los trabajadores del petróleo en la ciudad de Las Heras, Santa Cruz. El reclamo contemplaba elevar el mínimo no imponible con respecto al impuesto al salario (mal llamado ganancia) y la devolución de los días caídos. A la vez, se reclamaba el encuadramiento gremial en petroleros para los trabajadores de la UOCRA que trabajaban en el campo haciendo lo mismo que ellos, y los cuales además reclamaban mejores condiciones dado que, en muchos casos no tenían agua, baños ni papel higiénico.

El estado provincial de Santa Cruz –quien obtenía más de $740 por minuto en concepto de regalías petroleras y con una de las cuencas más productivas de todo el país, la del Golfo San Jorge– no dudó en apoyar a las multinacionales, como ser REPSOL, Pan American Energy, Serpecom, etc., iniciando una campaña de represión a los trabajadores para mantener su estabilidad y la de las empresas, y poder así seguir robando y explotando a los obreros.

Aún en este contexto, se declara la huelga general petrolera que es acatada masivamente en el norte de Santa Cruz —gobernada en ese momento por el entonces kirchnerista Sergio Acevedo— y comienzan a sentirse los piquetes en las puertas de las empresas. Hay un gran apoyo por parte de la población y las diversas actividades se organizan y sostienen con una amplia participación de obreros. Por otra parte, el gremio de los petroleros, dirigido por Hector “Chaco” Segovia (quien entrega una lista al juzgado de Pico Truncado con 180 nombres de petroleros que estaban en actividad en ese momento), muy estrecho al gobernador y al presidente Néstor Kirchner, se opuso a la protesta, en un claro ejemplo de cómo los sindicatos son fieles al aparato burócrata del estado, por lo cual los trabajadores decidieron en asamblea iniciar sus acciones de lucha por fuera de la conducción sindical. Las medidas de fuerza se hacían cada vez más duras: paros, cortes de ruta o toma de yacimientos para frenar la producción, siendo respondidas por las empresas con denuncias penales por usurpación, amenazas, persecuciones y detenciones, para garantizar el libre tránsito y el libre acceso a los yacimientos. Rápidamente la ciudad comenzó a militarizarse, gendarmes y grupos policiales patrullando y ocupando la ciudad y los pozos petroleros, fuerzas policiales realizando operativos de requisa con personas extrañas que decían ser de la Brigada de Investigaciones, que se trasladan en autos con vidrios polarizados y sin patente, amedrentando a las familias de los activistas e impidiendo la realización de asambleas de trabajadores en las empresas.

Finalmente el 6 de febrero, tras cumplidos 20 días de huelga, el gobierno de Acevedo detuvo por la noche, sin causa y sin explicaciones, a Mario Navarro, vocero de los huelguistas mientras comunicaba los objetivos de la protesta en una radio local. Los obreros, cuando se enteraron de la noticia, se movilizaron exigiendo la inmediata liberación de su compañero, siendo recibidos con disparos, balas de goma y gases lacrimógenos.
Durante la represión se dispara un arma de fuego y es herido un policía, quien muere horas después. Nadie pudo constatar de donde salió el disparo, sin embargo el 24 de febrero son detenidos 12 trabajadores acusados de la muerte del oficial, siendo liberados 6 de ellos, mientras los otros 6 quedan encarcelados durante 3 largos años, donde sufren torturas.

La condena

El pasado 12 de diciembre, en Caleta Olivia, se llevó a cabo el juicio a los trabajadores acusados de la muerte del policía Sayago ocurrida en la pueblada en la que participaron más de 2000 personas, realizada en Las Heras en el año 2006.

Catrihuala, trabajador petrolero participante de dicha manifestación, argumentaba: «Nuestra lucha fue en contra del impuesto al salario y por el pase a convenio petrolero de los trabajadores que estaban bajo el de la UOCRA, por eso cuando estábamos cortando una ruta en defensa de nuestros reclamos, nos metieron preso a Navarro, nuestro vocero. Cuando fuimos a liberarlo nos reprimieron, nos tiraron con todo lo que tenían, incluidas balas de plomo. Pero ellos quieren inventar otra historia y decir ahora que los “heridos” fueron los policías».

Finalmente, el jueves 12 la Cámara del Crimen de Caleta Olivia da su veredicto: perpetua por homicidio agravado para Hugo Gonzales, Inocencio Cortés, José Rosales y Franco Padillla (a quien confinan bajo régimen de tutoría por haber sido menor en 2006); 5 años para Darío Catrihuala por partícipe necesario y lesiones graves, 5 años a Pablo Mansilla, Carlos Mansilla, Daniel Aguilar, Nestor Aguilar y Rubén Bach por coacción agravada; y Juan Domingo Bilbao y Alexis Pérez quedan absueltos. Todo ello basado en nada, sin evidencia alguna y sin identificación del autor de los disparos, en un claro acto de persecución. Afuera, cerca de 300 personas escuchaban con bronca y tristeza la sentencia, pero sus acciones no pasaban más que de un acto de apoyo y solidaridad. Si bien es importante este apoyo, no puede quedar en eso ni terminar allí. Los jueces y gobernantes deben saber que esto no quedará así, y que se llevarán adelante las acciones necesarias hasta lograr la absolución de los compañeros, que esas acciones serán violentas y que no confiamos ni esperamos nada de ellos. Cortés dijo: «Nos dieron cadena perpetua. Somos inocentes. Es una vergüenza. ¿Cómo se llena la boca la presidenta con los derechos humanos cuando se condena en su provincia a trabajadores por una movida política? Quieren que estemos presos para que nadie más se anime a salir a pelear por sus derechos. Le pedimos a la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), al Frente de Izquierda, a todas la organizaciones que salgan a pedir un paro nacional. Nos quedan pocos días de libertad y nos van a encerrar sin ninguna prueba de nada».

Así como condenaba a muerte a los mártires de Chicago en Estados Unidos en 1887, la democracia vuelve a poner sus garras sobre trabajadores que salen a luchar por una mejor calidad de vida. Otra vez buscando aniquilar los ideales de lucha y la organización de la clase explotada, imponiendo el miedo y el castigo como método de sumisión. Esto es un claro ejemplo de cómo el capitalismo y sus instituciones siguen operando sobre nuestras vidas, haciendo lo que sea para mantener su orden y continuidad, persiguiendo, asesinando o encarcelando a quienes ponen en juego su estabilidad.

No podemos permanecer callados y aceptar esta situación como algo dado o acabado, debemos usar nuestra fuerza y organizarnos, siempre horizontalmente y por fuera del Estado, para hacerles saber que no estamos pasivos y que no vamos a aceptar que nos traten como ganado en el matadero, que vamos a luchar hasta el final para conseguir la apreciada libertad y destruir la sociedad de clases que nos mantiene explotados.

¡Por la abolición del sistema capitalista, su Estado y sus cárceles!
¡Viva la solidaridad, viva la revolución social!

EL CONTEXTO NACIONAL: 30 AÑOS DE DEMOCRACIA

Los festejos por los 30 años de democracia se realizaron en total coherencia con dicho sistema político y económico. Con artistas progres cantando «que la muerte no me sea indifierente», la presidenta bailando, el oficialismo espectador con sus banderas y afuera la fiesta de la gendarmería tomando las calles.
 
Asimismo, los saqueos vuelven a mostrar la debilidad de la ideología de la propiedad privada. Lo que se necesita o se desea a fuerza de publicidad sólo esta ahí para ser contemplado porque las fuerzas represivas y las leyes lo impiden… o lo intentan impedir. Los ciudadanos obedientes se escandalizan, piensan y ladran que «hay que meterlos a todos presos», que «es robo, es delito, que hay que trabajar», los más blandos justifican el saqueo sólo en caso de «extrema necesidad», «si es para comer está bien, pero vino y sidra no». No han aprendido nada de los verdugos que votan cada algunos años, quienes no han logrado su fortuna con esfuerzo y trabajo, pero de los que sin embargo sí se tragan todo su discurso ideológico. La mentira de la propiedad privada y las leyes se vislumbra en la infinidad de delitos que ocurren a diario, y se evidencia aún más con la consistente complicidad policial. Pero no alcanza con denunciar el sinsentido del orden. La importancia de los saqueos radica en que contienen la potencialidad de atacar realmente la propiedad privada para su destrucción. Su generalización, su efectividad, la total autonomía respecto de partidos, sindicatos, mafias narco–policiales, pueden convertir un simple delito en un ataque contra el Capital. Es entendible que el conformismo se indigne con los saqueos, pero si se quiere cambiar esta realidad no se puede querer menos que los saqueos sino más.

Por aquellos días en la prensa «Aseguran que en los cuatro días de crisis policial hubo menos delitos en las calles» (La Capital 15/12/2013) y agregan que «Durante las 96 horas que Gendarmería custodió la ciudad, los taxistas no sufrieron robos, en Tribunales las jornadas no fueron tan agitadas y en las guardias ingresaron menos heridos». A pesar de tanto palabrerío e indignación progresista cuando algún ciudadano políticamente incorrecto se excede pidiendo la vuelta de los milicos, recordando aquellos años de “seguridad en las calles”, hoy se refuerzan nuevamente las bondades de la militarización, que gana consenso a la vez que la policía consigue el aumento exigido. Y a pesar del descrédito de ésta con su corrupción, casi nadie cuestiona su existencia y hasta se justifican sus “abusos” por los bajos salarios. Desde el gobierno nacional, poniéndose a tono con las ilusiones progresistas de la izquierda del Capital, se llega incluso a hablar de democratización de las fuerzas policiales. Cuando la ideología flaquea y reaparece la amenaza de los saqueos, gendarmería sale a las calles y se agudiza la represión; mientras que una vez pasado el temblor, nos hablan de reformar el aparato represivo. En estos 30 años, si algo hemos aprendido, es como la enfermedad de ayer puede tranquilamente, tras un poco de maquillaje, ser la cura de hoy.

El incremento de la militarización de la región ha comenzado desde hace tiempo. En la conmemoración del 203° aniversario de la Revolución de Mayo, la presidenta señaló que «en medio de una tragedia y una desgracia como la que ocurrió en los primeros días de abril en mi querida ciudad de La Plata, estaba en el Colegio Nacional entregándole fondos al Hospital Español, una vieja institución por más de 70 años, privada, comunitaria, porque había sido arrasada por la inundación. Quiero que tomemos ese ejemplo, cómo se volcó el pueblo solidario y también algo maravilloso que me llenó el corazón y que fue ver trabajar a miles y miles de jóvenes de la política, de las iglesias, junto a los hombres de las Fuerzas Armadas, porque ¿saben qué? Yo estoy segura que quienes pergeñaron ese golpe terrible del 24 de marzo de 1976, quisieron tender un río de sangre que separara al pueblo de las Fuerzas Armadas. Tenemos que cerrar ese río con memoria, con verdad, con justicia, con trabajo y con convicciones de que tenemos que unirnos porque la patria es el otro, sea quién sea».

Hace días encontramos el guiño de Hebe de Bonafini a Milani, el jefe del ejército que afirma que nunca torturó ni mató, en la entrevista que Bonafini le realizó para la revista ¡Ni un paso atrás! de Madres de Plaza de Mayo. Las ironías entre el nombre de la revista y la entrevista sobran… Bonafini vuelve a insistir con que el Ejército «tiene que ir a las villas», Milani respode: «No depende de mí. Si me dijeran “te damos una villa, cualquiera, y tenés ahí para trabajar y urbanizarla”, yo creo que sería espectacular». No debemos olvidar que fue la misma Bonafini quien en la catástrofe de las últimas inundaciones, cuando sus pobladores no dejaban entrar a los milicos, advirtió que éstas son otras fuerzas armadas, es decir, que las personas debían dejar entrar a los milicos buenos a sus casas, a sus barrios.
«Hebe, con ayuda de ustedes, el Ejército está dispuesto a ir por todos los cambios y yo quiero ser el más trasgresor», decía el capo de los milicos. Los explotados y oprimidos sabemos que el problema no es tal o cual milico, sino todo el ejército, que como se dice con los otros verdugos «para muestra sobra un botón, no es un policía, es toda la institución».