lunes, 18 de julio de 2022

CONTRA EL LIBERALISMO Y SUS FALSOS CRÍTICOS

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Genera revuelo e incomodidad, cuando no bronca y asco, la presencia de lo que podríamos denominar apresuradamente “derecha liberal” en Argentina. Nos referimos a Milei y los partidarios de “La libertad avanza”, a los youtubers reaccionarios que mezclan economía con burlas antifeministas. De manera bastante peculiar, las premisas liberales se combinan con críticas reaccionarias sobre debates actuales, como por ejemplo la cuestión del aborto. Así, ciertos defensores de un liberalismo extremo se han ido vinculando directa o indirectamente con otros sectores que versan más expresamente sobre cuestiones como el nacionalismo, la familia, la “ideología de género”, el “marxismo cultural”, todo con una buena dosis de conspiracionismo.

Los voceros de este fenómeno polemizan sobre cuestiones económicas presentándose como “expertos”, repitiendo sin cesar sus preconceptos morales, políticos y culturales, sin los cuales sus teorías económicas pierden sentido. Defienden nociones respecto del individuo, la propiedad privada y la libertad que buscan traficar por naturales a la humanidad. De este modo, abren paso a toda una concepción ideológica sobre la sociedad que se traduce en afirmaciones como: "el pobre es pobre porque quiere", "el patrón es el que más arriesga", etc., etc. Las respuestas no son mejores, una diputada del FITU calificó a Milei de "vago" por no hacer su trabajo parlamentario como ella considera debería hacerse.

Frente a la situación social de ajuste permanente que estamos viviendo, con una inflación y devaluación desmesuradas, precios de los alquileres incontrolables, salarios reales totalmente a la baja, pobreza, desempleo y precarización crecientes, las políticas económicas son presentadas como responsables y a la vez posibles salvadoras. Los economistas liberales ponen la vara bien alta, hablan de un verdadero ajuste, de reducir bruscamente el gasto público, acusan de comunista al gobierno, así como también a los “tibios” de la oposición mayoritaria. Quienes gobiernan se limitan a evitar que la situación estalle, y se nutren de sus detractores liberales para presentarse como benévolos mientras ajustan progresivamente. El ajuste brutal liberal promete dinamizar la economía y un gran despegue nacional. Pero su imposibilidad no remite únicamente al temor de un nuevo estallido social, sino a que no existe un verdadero interés o una salida clara en términos productivos que permita a la burguesía revertir la situación (ni siquiera con una nueva alza del precio de los granos). Si es importante comprender la dinámica de la sociedad capitalista y la competencia entre explotadores no es para indicarles ningún camino, sino para no caer en sus discusiones y las propuestas que nos realizan. Para entender que la lucha por una verdadera transformación de nuestras condiciones de vida se contrapone al desarrollo capitalista, en sus versiones más o menos estatistas.

Volviendo a la curiosa amalgama liberal-conservadora que en su manifestación local pareciera tener al libertarismo a la cabeza, es difícil encontrar una coherencia que vaya más allá de un oportunismo electoralista, que se nutre de la oposición a las políticas instrumentadas en las últimas décadas en la región. Estas, por su parte, se han mostrado impotentes frente a las crecientes problemáticas sociales. De este modo, todo lo que sume en ese sentido es utilizado: liberalismo, constitucionalismo, conspiracionismo, anticomunismo, anticorrupción, antipiquetes, antifeminismo…

Mucha de la bronca social actual ha tomado este extraño cauce. Si la bronca del 2001 contra los políticos se caracterizó por una perspectiva difusa e irracional, pero con una impronta de rechazo al capitalismo sobre una base de solidaridad, piquetes y asambleas; buena parte de la bronca actual contra “la casta política” se expresa en términos completamente capitalistas. A pesar de su ridiculez e impracticabilidad, expresiones como “dinamitar el banco central” son preferibles para el mantenimiento del orden frente al recuerdo del “que se vayan todos”. Pero detrás de tanto discurso de bronca y abiertamente pro-capitalista, cuesta comprender realmente qué capacidad de gobernar tienen estos sectores, bajo qué alianzas y con qué políticas concretas. Porque si bien pueden eventualmente llegar al poder como ha ocurrido con “outsiders” en otros países, luego se demuestran como continuadores de la dinámica actual de funcionamiento en sus características fundamentales. De hecho, Milei, erigido en representante de furibundos anti “planeros”, ya aseguró que en el caso de llegar al gobierno dará continuidad a los planes sociales. Anteriormente Macri, quien hizo campaña con un discurso similar sobre el tema, cuando fue presidente no solo no pudo erradicar los “planes” sino que debió ampliarlos.

Consideramos pertinente salir al cruce de estos personajes ahora organizados en partidos políticos, pero teniendo en cuenta lo que son, otros aspirantes a gestionar y administrar el Estado argentino, cada uno con sus particularidades. Es importante señalar esto último ahora que el gobierno y sus seguidores llaman abiertamente a hacer frente “contra la derecha”, “contra el fascismo”, etc., etc. Esto explicaría por qué intelectuales, periodistas y artistas oficialistas insisten tanto con el tema. Mientras lo que denominan ultraderecha se limitaba a Biondini y otros nacionalsocialistas, con mucho de peronismo no lo olvidemos, era una cosa más bien folklórica. Si bien había quienes temían por el crecimiento de estos grupúsculos, ahora la cosa es seria. A nivel local e internacional crece esta “nueva derecha” que está en sintonía con las condiciones de existencia actuales, a diferencia de los nostálgicos del III Reich.

Para quienes están en una campaña electoral permanente, la mención de la “amenaza fascista” es un recurso más como lo pueden ser las energías renovables o las medidas de seguridad. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado... tal como decía Mussolini. Pero en su justo medio, sin excesos ni extremismos. Frente a este temor, progresistas de todos los colores llaman a hacer un frente común cada vez más amplio y lo que se acepta como un mal menor termina justificando una situación cada vez peor.

Sin embargo, este auge neo-retro-liberal no puede pensarse por fuera de las condiciones actuales del modo de producción capitalista, del auge del individualismo emprendedurista y meritocrático que se expresa no solo en la política sino principalmente en las necesidades de supervivencia en el actual panorama laboral. Este hecho encuentra su correlato en manifestaciones que van desde las letras de trap hasta los postulados new age. No quedan dudas de que tanto el electorado como activos militantes de estas expresiones liberales proceden de los más variados estratos sociales. Como suele ocurrir con las identificaciones políticas, no se parte de una opción ideológica sino de la forma de ganarse el sustento. La justificación suele venir después. Un emprendedor “amante de la libertad” no elige Rappi o ser monotributista, funciona al revés. Como suele decirse, son las condiciones materiales de existencia las que determinan la conciencia.

Nuestra intención, cabe aclarar, no es la de rebatir o “destruir” los argumentos tal como estos sectores gustan de plantear las discusiones, sino invitar a reflexionar sobre muchos de los temas que aparecen cada vez más frecuentemente a partir de su irrupción, tratando de comprender algunas de las particularidades y razones de este fenómeno liberal y neoderechista, principalmente en su variante local. De este modo, podremos ver cuánto en común tienen estos liberales con muchos de sus supuestos críticos.

Estas palabras tampoco tienen como motivo principal persuadir a los jóvenes liberales y anticomunistas. No nos interesa entrar en esas discusiones supuestamente lógicas a las cuales se acostumbra en la nueva arena del debate político. La lista de falacias (ad hominem, del hombre de paja, etc.) es tentadora, y hasta puede ser certera para ciertas discusiones, pero el mundo no se transforma mediante información y contiendas retóricas. Esta predominancia dada a ciertos principios lógicos, al interior del liberalismo, es muy propia de la escuela austríaca que ha ganado repercusión en Argentina a partir de Milei. Más allá de representar una curiosidad a nivel local e internacional, esta forma de “debatir” ha encajado bien en la superficialidad mediática y de las redes sociales. No es que supongamos que sea una forma “falsa” de discutir, pero sí muy limitada si lo que se trata es de comprender la dinámica social. El rebatidor de falacias llega al punto de abstraerse de las condiciones materiales de existencia y su desarrollo histórico. No es casual la aversión de estos sectores respecto del posmodernismo progre, con el que no obstante comparten la obsesión por lo discursivo. Allí donde presupuestos ideológicos se baten a duelo en un terreno sin historia ni determinaciones, difícilmente podamos plantear otras formas de razonamiento.

Podrá resultarle extraño a toda suerte de terraplanistas políticos, a un lado y el otro, leer acerca de aquello sobre lo que se han convertido en negacionistas: sociedad de clases, explotación, condiciones materiales de existencia, revolución… En este sentido, algunos indignados con lo que señalan como derecha liberal encontrarán desagradables coincidencias con aquello que rechazan.

El abandono de la noción de explotación de una clase a otra puede llevar a extrañas creencias: que se trata de un problema cultural, que quien es pobre lo es porque quiere, que no hay sociedad más que como suma de individuos, que la misma estaría regida por la maldad o por una voluntad opresiva, que de haber capitalismo sería un sistema y no un modo de producción, etc., etc., etc. De este modo coinciden quienes esperan la “lluvia de inversiones” con quienes confían en la “teoría del derrame”: ambos consideran que si a la burguesía le va bien, nos irá bien al resto de la sociedad. Ya sea desde un proteccionismo nacional, como desde la apertura total de los mercados, se invita a los proletarios a participar de las disputas burguesas. A su vez, en un escenario donde no aparece un horizonte claro en términos capitalistas sobre cómo sortear sus contradicciones actuales, tampoco aparece una fracción de la burguesía que indique un claro camino a seguir. De este modo, la alternancia política y la disputa en el plano discursivo contribuyen al sostenimiento del orden existente, haciendo de liberales y detractores la novela televisiva de cada noche.

Contra el Estado y el Capital

Milei en plena campaña concluyó que hay que «pelear contra el sistema desde adentro». Igualito a cuando un personaje de izquierda emerge del movimiento social y decide convertirse en candidato a alguna elección: «Esto se cambia metiéndose adentro del sistema, dando la pelea desde adentro para luchar contra el statu quo, pero eso requiere de tener las pelotas para mezclarse con la casta política.»

Liberales, minarquistas, anarcocapitalistas difieren en la minimización del Estado, de poquito a nada, pero coinciden en la defensa de la propiedad privada y el Capital. Así como diferentes corrientes del socialismo plantean la destrucción del Estado para después o durante la “revolución”, mientras se proponen gestionar y desarrollar el capitalismo.

Los denominados anarcocapitalistas imaginan una sociedad en la que haya un orden sin Estado, “impulsado por la creatividad y dinamismo de los empresarios”. Una sociedad donde todos los servicios públicos sean brindados por empresas privadas, sin ningún tipo de financiación a través de impuestos. Esto incluiría desde la salud y educación hasta la policía y la justicia. Las actividades personales y económicas serían reguladas por empresas dedicadas al arbitraje de manera privada. Incluso el dinero (se limitan a su función de moneda) sería proporcionado privada y competitivamente en un mercado abierto, prescindiendo de los bancos centrales, y quitando regulaciones a los bancos privados. La base de este supuesto orden social ideal es la propiedad privada: del propio cuerpo y de los recursos que se dispongan, como es el caso de los medios de producción. En este sentido, todos seríamos “empresarios” y cualquiera podría crecer sobre la base de su esfuerzo y creatividad. Cuando pensemos en empresarios no debemos figurarnos automáticamente al directivo de una multinacional, nos basta con ir a la definición mínima de empresa: una organización de personas y recursos que buscan la consecución de un beneficio económico con el desarrollo de una actividad en particular. Las críticas anarcocapitalistas, por tanto, no solo se dirigen a la “casta” y a ciertas franjas del proletariado que subsisten a partir de ayudas estatales, sino también a los “empresaurios”, aquellos burgueses improductivos que “viven de la teta del Estado”.

Ahora bien, a diferencia de lo que esta utopía capitalista propone, admitir la propiedad es admitir el Estado. Porque es imposible eliminar a este último sin eliminar las relaciones de producción y reproducción que le hacen posible. No hay en la historia conocimiento de una sociedad basada en la propiedad privada en la que no hubiera Estado. En cambio, sabemos que durante miles de años hubo sociedades sin propiedad privada y sin Estado.

Con la propiedad privada aparecen clases sociales con intereses económicos en pugna. Para mantener los choques dentro de los límites “del orden”, el Estado, un poder nacido de la sociedad, se pone por encima de ella. Y para mantener esa fuerza pública se necesitan las contribuciones de los ciuda-danos, es decir, los impuestos. Aquello que los liberales tanto odian, sirve nada más y nada menos que para garantizar el libre mercado. Más o menos libre, el mercado ha sido siempre posible por la acción de los Estados, más allá de ese libre mercado ideal que gustan imaginar.

La mano dura del Estado y la mano invisible del mercado se estrechan en un apretón que garantiza esta sociedad. Si nos hablan de “abolir” el Estado para establecer una seguridad competitiva ligada a la esfera privada y no pública riámonos en sus caras y recordemos que el Estado está constituido a fin de cuentas por una “banda de hombres armados” en defensa de la propiedad, el intercambio y el trabajo asalariado.

En definitiva, el Estado no es un enemigo por razones de gusto, afinidad moral o antipatía ideológica. Lo es en tanto estructura de poder fundamental que garantiza el funcionamiento del modo de producción capitalista. Y si se presenta como necesario eliminarlo no es porque quienes detentan el poder sean malas personas o estén motivados por ciegas ambiciones. Es preciso eliminarlo porque organiza y ordena el sometimiento de nuestras vidas con el Capital, porque es el gobierno del Capital.

NUEVO LIBRO: LUCHA SOCIAL Y REPRESIÓN EN LA PATAGONIA 1920–1922

Tenemos la alegría de compartir nuestro segundo libro editado en lo que va del año. El mismo está conformado por artículos publicados originalmente en el periódico anarquista La Antorcha, acerca de las diversas protestas que fueron reprimidas brutalmente hace más de cien años en el extremo sur del continente, en el marco de lo que se ha dado a conocer como Patagonia Rebelde.

Se trata de episodios de lucha social en los que sus participantes impulsaron reivindicaciones de tipo gremial, a la vez que intentaron oponerse al desarrollo capitalista y la consolidación estatal, promoviendo una sociedad y una sociabilidad diferente, no basada en la explotación de una clase sobre otra. La respuesta del Estado argentino fue una masacre en la que se cuentan más de mil trabajadores asesinados.

El periódico La Antorcha (1920-1932) fue parte activa de la solidaridad con esta lucha a través de diferentes acciones y de las páginas de su periódico. Contemporáneamente a los hechos, publicó testimonios de los huelguistas patagónicos, informes acerca de las condiciones de vida en la región, de las organizaciones proletarias, su actividad y las respuestas burguesas. Además de estos relatos, incluimos en el libro conferencias de Rodolfo González Pacheco y Teodoro Antillí, miembros del periódico, donde se denunciaba la dura represión en el sur. Su realización fue prohibida por la policía en aquel momento y sus palabras publicadas a modo de descargo en su prensa.

Curiosamente, durante el proceso de transcripción y preparación del libro pudimos identificar algunos artículos fundamentales que ya habían pasado por nuestras manos bajo la forma de folleto, pero sobre los que desconocíamos su origen y autoría. De este folleto, que circuló y fue reeditado a través de diversas generaciones, nos llegó un viejo ejemplar que forma parte del archivo histórico de nuestra biblioteca. Para nosotros, justamente, el archivo no se trata simplemente de un tesoro a resguardar o una fría materia de estudio, sino una enorme fuente de experiencias, inspiración, elaboraciones teóricas, memoria de lucha, que buscamos ir compartiendo en nuestras diferentes publicaciones y actividades. En este sentido, cabe remarcar la tarea de los impulsores del sitio antorcha.net que digitalizaron y pusieron a disposición en su hemeroteca virtual las diferentes entregas de La Antorcha. Gracias a su esfuerzo pudimos acceder fácilmente a los números utilizados en este libro.

Como prólogo a esta compilación acerca de la lucha y la represión en el sur, describimos algunos aspectos característicos de las huelgas de Santa Cruz, vinculándolas con las luchas en localidades cercanas y bajo dominio del Estado de Chile, como Punta Arenas y Puerto Natales. De este modo, buscamos situar los hechos relatados por La Antorcha en el marco de la expansión y consolidación de ambos estados y el desarrollo capitalista en la región. Al mismo tiempo, nos aproximamos a las experiencias organizativas de la época con clara impronta revolucionaria, sus posicionamientos, rupturas y ciertas divergencias que se desarrollaban en aquel momento, de las cuales los impulsores de La Antorcha formaban parte. Nos introducimos brevemente en la historia de este periódico, que nos ha dejado un profundo y conmovedor testimonio de las luchas de su época.

Hoy, al promover la memoria rebelde y publicar este libro con nuestra editorial Lazo Ediciones, queremos rescatar nuevamente estos hechos, sin olvidar que el Estado nunca ha dejado de asesinar y reprimir al proletariado en su función de gendarme de los intereses capitalistas.

TEMPERAMENTO NO SE DETIENE

En mayo, dedicamos parte del programa a la realidad que vivimos en la ciudad de Rosario, ligada al narcotráfico y toda la violencia que desata. Siempre aparecen preguntas de compañeros de otras regiones y aquí intentamos responder con una mirada integral. Nos apoyamos en los textos Negocio, delito y muerte en Rosario y Narcotráfico y Capital de este boletín. Comentamos la situación de los anarquistas presos por el escrache a Clarín en Buenos Aires contando con la voz de uno ellos desde el penal. La miseria patriótica se hizo presente ya que atravesábamos el 40 aniversario de la Guerra de Malvinas, que nos dio el pie para seguir afirmando el rechazo a toda guerra capitalista y nacionalista en estos tiempos de escalada bélica.

Hace un tiempo venimos leyendo y reflexionando en torno a la historia latinoamericana y argentina con el objetivo de publicar algún material. David Viñas (1927-2011) es uno de los autores que nos ha brindado un enfoque más original en la búsqueda de una mirada anticapitalista sobre la historia regional. Por eso en el Temperamento de junio, hemos dedicado una parte del programa a recordar su persona y sobre todo a comentar dos obras fundamentales: Rebeliones populares argentinas, Tomo 1: De los montoneros a los anarquistas (1971) e Indios, ejército y frontera (1982). Junio también trajo la conmemoración a 20 años de la Masacre de Avellaneda. Recordamos aquel convulsionado momento de represión y lucha en torno a la propia voz de Darío Santillán, quien fuera asesinado aquel fatídico día junto a Maxi Kosteki. Ya que la destrucción capitalista del mundo no cesa, y la resistencia tampoco, informamos sobre la lucha en Catamarca contra la megaminería y nos solidarizamos con ella.

Gracias a las y los oyentes, quienes programa a programa se siguen encontrando con nosotros y nos acompañan. Temperamento se nutre y aporta a las actividades que se llevan adelante desde la Biblioteca Alberto Ghiraldo, dándole voz a las reflexiones y a la práctica de muchos compañeros y compañeras de ayer y de hoy. Gracias a aquellos que desde otros lugares nos hacen llegar sus palabras aportándonos claridad durante los momentos de agitación, represión y de revuelta. Agradecemos también a los espacios radiales que nos han cobijado para transmitir nuestros podcasts. A 60 programas, con Temperamento seguimos en el camino de la lucha por la revolución social, por el comunismo y la anarquía.

Las emisiones de nuestro podcast pueden escucharse en temperamentoradio.blogspot.com y en el canal de Youtube Biblioteca Ghiraldo.

martes, 3 de mayo de 2022

Recibimos: Textos sobre la guerra en Ucrania

Compañeros del grupo Barbaria acaba de publicar un cuaderno titulado Textos sobre la guerra en Ucrania donde incluyen ¡Contra la guerra capitalista! (nro.81) junto a sus artículos y otros de KRAS-AIT, Tridni Valka y El Esclavo Asalariado Internacionalista:

• El porqué del derrotismo revolucionario
• Ucrania, Rusia y la importancia de las preguntas
• ¡Proletarios en Rusia y en Ucrania! En el frente de producción y en el frente militar... ¡Camaradas!
• Guerra en Ucrania: el ratón y el gato
• Contra la guerra
• Algunas posiciones fundamentales del internacionalismo proletario
• ¡El enemigo principal está en el propio país!
• La guerra económica, la guerra que ya es ¡Contra la guerra capitalista!  

«Desde 1914 los trabajadores del mundo entero solo pueden enarbolar una bandera: la del derrotismo revolucionario. Contra las guerras imperialistas, la necesidad de abatir en primer lugar a la propia burguesía. La solidaridad internacional entre los trabajadores. No hay otra tarea, por ingente y alejada que esté en este momento, que abatir las relaciones sociales capitalistas. Cualquier otra salida es un remedo a la situación presente. Contra quienes enarbolan la bandera de la paz en las condiciones sociales actuales, les decimos que es perpetuar las condiciones de la guerra y la explotación. Es continuar con la degradación del capitalismo mundial. Contraria ente a esta visión de convivencia pacífica en el capitalismo, levantamos la bandera de ¡clase contra clase, explotados contra explotadores, comunismo contra capitalismo, revolución contra reacción!»

1. Mai gegen den nationalismus

Los compañeros del blog Panopticon nos comparten una nueva traducción de La Oveja Negra, en esta ocasión:

1. Mai gegen den nationalismus
https://panopticon.noblogs.org/post/2022/05/02/argentinien-1-mai-gegen-den-nationalismus
PDF
Traducción de: 1° de mayo contra el nacionalismo (nro.82)

Más traducciónes al alemán:
https://boletinlaovejanegra.blogspot.com/2022/03/traducciones-ubersetzungen.html

sábado, 30 de abril de 2022

1° DE MAYO CONTRA EL NACIONALISMO

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En Argentina, Rusia o Ucrania, en Cuba o en Suecia, en “Oriente” u “Occidente” hay explotadores y hay explotados, hay gobernantes y hay gobernados. Nuestra clase, el proletariado, es una clase mundial. Las condiciones para su explotación o la condena al hambre y la escasez son tan mundiales como la necesidad de destruirlas.

Asumir la lucha internacionalista es solidarizarse con las luchas de los proletarios de otros países, asumirla como nuestra y luchar también en “nuestro” país, contra “nuestro” Estado, contra “nuestra” burguesía; en tiempos de guerra y en tiempos de paz, inseparables para el funcionamiento de la sociedad capitalista. La guerra no es algo extraordinario, es constante, y se prepara en la paz social. ¡Para terminar con las guerras hay que destruir el capitalismo!

En Ucrania, al igual que en todas las demás “zonas en conflicto” como Palestina, Siria, Etiopía, Afganistán o Yemen, las consecuencias de la guerra son sufridas de manera brutal por la clase explotada. Las demás naciones implicadas, como es el caso de Rusia, los miembros de la OTAN y demás gendarmes, también depositan sobre los proletarios los costos y consecuencias de la guerra. Aquellos que habitan en Rusia, además de sufrir más duramente las consecuencias económicas debido al papel del país en el conflicto, son reprimidos frente a cualquier intento de oponerse o criticarla. Incluso al margen de los Estados protagonistas, se hace sentir sobre nuestras espaldas el impacto de las disputas interburguesas, con sus sanciones económicas y su correspondiente aumento de precios, o sus medidas de “excepción” en materia de control social que la guerra “justifica”. Nos hablan de paz y nos hacen la guerra, aunque por otros medios. Nuestra paz es la sumisión al dinero.

En épocas de globalización, de empresas multinacionales, de desterritorialización del Capital, el nacionalismo parecía en vías de extinción. Sin embargo, continúa vivo y fuerte. El nacionalismo dejó de ser cosa exclusiva de los conservadores y se convirtió en credo de la izquierda y los progresistas, incluso como falsa salida a los malestares del capitalismo mundial. Este es el marco que comparten con las nuevas derechas que temen y dicen combatir.

Como señala Fredy Perlman en El persistente atractivo del nacionalismo, los nacionalistas izquierdistas insisten en que sus nacionalismos no tienen nada que ver con el nacionalismo de los fascistas o los nacionalsocialistas, y que el suyo es un nacionalismo de los oprimidos que ofrece no solo la liberación individual sino también cultural. Para refutar estas pretensiones es necesario comprender la división de clase de la sociedad capitalista, que mientras exista trabajo o dinero jamás habrá suficiente para todos y que en nombre de la patria se cometen las peores aberraciones.

A 40 años de la guerra de Malvinas vale la pena recordar cómo los milicos torturadores y asesinos, junto a la ciudadanía cómplice, estaban de acuerdo con la izquierda argentina, prácticamente en su totalidad, en que se trataba de una guerra justa. Las diferencias estaban en cómo y quiénes llevarían adelante esa guerra, siendo de este modo responsables de sus consecuencias y –por acción o aval– de la muerte de más de 600 jóvenes.

Este año también seremos censados por el Estado. Según palabras oficiales, esta información estadística sirve para diseñar políticas públicas y para que las empresas planifiquen y lleven adelante proyectos. En la publicación oficial del primer censo, allá por 1869, cuando se erguía esta nación sobre el genocidio indígena, se puede leer: «el indio arjentino [sic] es tal vez el enemigo más débil y menos temible de la civilización; bárbaro, supersticioso, vicioso, desnudo». Hoy el censo contempla a los “pueblos originarios”: la “patria inclusiva” reconoce a los descendientes de aquellos pueblos que habitan este país, aunque sólo de palabra. En incontables ocasiones, dicho reconocimiento no equivale siquiera al acceso a lo requerido por las necesidades más básicas.

Como si fuera poco, este año habrá que soportar el mundial de fútbol. Otra fiesta empresarial de la burguesía que entretiene con nacionalismo, competencia y contemplación no-participativa. Se trata de exaltaciones del más básico nacionalismo y se trata del mundial de fútbol más infame hasta la fecha. Según cifras del informe «Detrás de la pasión», publicado en mayo del año pasado, ya había más de 6.500 trabajadores muertos para la construcción de los estadios y la infraestructura necesaria. Denuncias actuales por parte de diferentes organismos internacionales estiman que esa terrible cifra ya asciende a 10.000. En Qatar hay más de dos millones de migrantes provenientes principalmente de India, Bangladesh, Nepal, Egipto, Pakistán, Filipinas y Sri Lanka que constituyen el 95% de los trabajadores en el país. Alrededor del 40% trabaja en el sector de la construcción, que ha repuntado por el mundial. Trabajando entre 16 y 18 horas diarias, 7 días a la semana, soportando temperaturas de hasta 50°. Sin embargo parece no importar demasiado, porque son pobres, porque están lejos, porque son extranjeros…

Los partidos de la selección nacional son televisados hasta en las escuelas, institución donde se nos inculca desde bien chicos no solo una rutina de trabajo –o teletrabajo durante los pasados dos años–, sino la identidad nacional, marcadamente ficticia en una región con una historia de fuerte inmigración y aniquilamiento de los nativos. Aunque nos hemos acostumbrado generación tras generación, no podemos dejar de señalar lo ridículo de saludar una bandera todas las mañanas y tardes, jurarle lealtad, y someternos a infinitos actos patrios desde los primeros años de vida.

Incluso al 1° de mayo que estamos conmemorando se lo pretende reducir a un feriado patrio: como día del trabajador, con banderitas argentinas, locro y empanadas. Se intentan borrar así sus orígenes y su significado actual, el de una conmemoración de reflexión y de lucha: internacionalista, anticapitalista y revolucionaria. En las resistencias actuales el nacionalismo pareciera proporcionar cierto amparo comunitario o ligazón, algo común entre quienes se disponen a desobedecer y reunirse para bloquear, hacer asambleas, construir proyectos o simplemente destruir. En no pocas ocasiones muchos lo hacen con la bandera de su país en las manos, que no es más que el símbolo del exterminio en la región, e incluso fuera de sus fronteras. Pero los proletarios rebeldes no se disponen a luchar gracias a su patriotismo, sino a pesar de él. Es la propia lucha en actos la que aplasta esos símbolos de mierda impuestos por los poderosos para hacernos creer que dentro de unas fronteras delimitadas artificialmente coincidimos en nuestros intereses, que todos somos “el pueblo” más allá de las diferencias de clase. Sin embargo, pese a las acciones antipatrióticas, ese patriotismo persiste y es un peligro para la extensión y profundización de la revuelta. Y es un peligro también fuera de las revueltas cuando, para salvaguardar a la burguesía nacional, nos dicen por derecha que el inmigrante nos roba el trabajo y por izquierda que el problema son los ricos, pero de otro país.

No lo olvidemos: a la hora de atacarnos, la burguesía actúa como una fuerza internacional, al contrario de los nacionalismos y regionalismos. Comprender la dimensión internacional del capitalismo nos ayuda a combatir las limitaciones que nos impiden accionar desde una perspectiva que no se restrinja al lugar donde vivimos.

Hablamos de proletariado o burguesía porque nos parecen categorías precisas, mientras otros rebeldes prefieren hablar de oprimidos y opresores, o pueblo y élite. No nos preocupan tanto las terminologías, pero sí nos importa comprender la dimensión internacional y de clase de esta sociedad. Por motivos de este tipo es que insistimos en hablar de capitalismo y no simplemente de neoliberalismo, mucho menos de soberanía o liberación nacional, o siquiera de suma de liberaciones nacionales.

Nuestra consigna de agitación y de provocación «El proletariado no tiene patria» no puede olvidar que mientras exista capitalismo sí tendremos patria tal cual la conocemos. Mientras tanto, habitaremos en un país, incluso a pesar de nuestros deseos. La nacionalidad escrita en nuestras identificaciones es una imposición entre tantas otras. Tristemente, hemos naturalizado tanto el modo de vida que llevamos como asalariados que nos olvidamos de que también somos desposeídos, que nuestros ancestros fueron separados de sus tierras, de sus formas de vida y de producir, que fueron llevados a ciudades y barrios marginales para cubrir las necesidades de la vida mercantil. Esto es así, tanto seamos descendientes de “pueblos originarios”, nietos de inmigrantes de cualquier rincón del planeta, mestizos, o mezcla de inmigrantes e indios.

La patria es la organización que se dieron ricos y opresores en sus competencias: ellos crearon Naciones y Estados a costa de miles y miles de vidas proletarias que sucumbieron en trincheras, campos de trabajo, defendiendo fronteras que no eran las suyas. La patria no es más que la excusa para separarnos y oponernos, porque mientras no estemos luchando contra el Capital estaremos luchando entre nosotros y contra nosotros mismos.

MEMORIA: EXTRANJEROS "INDESEABLES" Y LUCHA INTERNACIONALISTA

De los ocho trabajadores revolucionarios conocidos como “mártires de Chicago” solo dos habían nacido en suelo estadounidense: Oscar Neebe, condenado a 15 años de trabajos forzados, y Albert Parsons, que se entregó a la Justicia para estar con sus compañeros y ser juzgado igualmente. El 11 de noviembre de 1887 fue ahorcado junto a tres alemanes: George Engel, Adolph Fischer y August Spies. Louis Lingg, también alemán, se suicidó en su celda para no ser ejecutado. Tampoco eran estadounidenses los dos condenados a cadena perpetua: Samuel Fielden era inglés y Michael Schwab era alemán.

Es justamente este último quien señala que, antes de partir de Europa, abrigaba la ilusión de que en la llamada “tierra de la libertad” no presenciaría el hambre y el desempleo: «Sin embargo he tenido ocasión de convencerme de lo contrario. En los grandes centros industriales de los Estados Unidos hay más miseria que en las naciones del viejo mundo. Miles de obreros viven en Chicago en habitaciones inmundas, sin ventilación ni espacio suficiente; dos y tres familias viven amontonadas en un solo cuarto y comen piltrafas de carne y algunos vegetales. Las enfermedades se ceban en los hombres, en las mujeres y en los niños, sobre todo en los infelices e inocentes niños».

Pero estos compañeros no luchaban por mejorar Estados Unidos o sus países de origen, luchaban por su clase, luchaban por la revolución social, contra el Estado y el Capital ¡de todos los países!

Desde que existe el trabajo jamás hubo suficiente para todos, y es por eso que los proletarios migran de un país a otro. Y es por eso que Marx pudo afirmar que el obrero no es ni francés, ni inglés, ni alemán, que su nacionalidad es el trabajo, la esclavitud libre, la venta de sí mismo y del propio trabajo. Y es por eso, entre otras razones, que se nos impone el internacionalismo. «El proletariado no tiene patria», y nunca tuvo patria. La patria nos separa y nos enfrenta. «El patriotismo se cree amor y no lo es», decía Rafael Barrett. Nuestro amor y nuestro odio no se detienen en una frontera. Así como a los burgueses no los detiene una frontera en su explotación, sus inversiones, sus ventas legales e ilegales, sus guerras.

Extranjeros “indeseables” junto a proletarios locales han propagado la lucha internacionalista por los rincones del mundo. Argentina ha sido históricamente un país de inmigración y la burguesía local ha intentado expulsar y deportar proletarios revolucionarios con la ley en la mano. Apenas comenzaba el siglo XX confeccionaban a nivel continental el Tratado de extradición y protección contra el anarquismo y, a nivel nacional, la Ley de residencia. Hasta la dictadura cívico-militar que acabaría en el ‘82, los milicos mantendrían oficialmente la idea de que la subversión provenía del extranjero, más precisamente de la URSS, país con el cual comerciaban libremente.

Retomamos las palabras del compañero Albert Parsons antes de ser ejecutado por el Estado:

«Soy internacional: mi patriotismo va más allá de las fronteras que limitan una nación; el mundo es mi patria, todos los hombres son mis paisanos. Eso es lo que el emblema de la bandera roja significa (…). Los trabajadores no tienen patria: en todas partes se ven desheredados; América no es una excepción de la regla. Los esclavos del salario son instrumentos que alquilan los ricos en todos los países; en todas partes son parias sociales sin patria ni hogar. Así como crean toda la riqueza, así también riñen todas las batallas, no en provecho propio, sino de sus amos.»*

 

* Extracto del libro: La Tragedia de Chicago, Ricardo Mella. Lazo Ediciones, Rosario, 2018.