sábado, 19 de agosto de 2017

PALABRAS DE SANTIAGO MALDONADO

Leídas por su hermano, Sergio Maldonado, en la manifestación del 11 de agosto en Buenos Aires, quien las encontró la noche anterior entre las cosas de Santiago:
«Hola querida población, somos el Gobierno, somos tu Gobierno. Somos los que nos apoderamos de tu vida. A cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día. Cada instante que pasa por tu reloj y tu cabeza, te decimos cómo tenés que vivir. Somos los que premiamos a los represores, torturadores y explotadores y castigamos a los que no son como queremos que sean. Y, como si esto fuera poco, aparte de que existe la cárcel, la tortura, la represión y la explotación en la vida cotidiana perpetuada por las autoridades, ejércitos, jueces, policías, fiscales, políticos y demás mequetrefes cómplices y mercenarios, como empresarios que sustentan esta miseria y esclavitud, instalándola en todas las relaciones de nuestras vidas.

Instalaremos muchas cámaras de vigilancia para no dejarte ser libre. A todos lados que vayas quedará tu grabación capturada. Te podremos ver cuando querramos y comentar cualquier tema sobre ti. Si no eras libre hasta ahora, menos lo serás bajo el sistema Gran Hermano, donde el dios que todo lo ve y todo lo sabe, respetando a los poderosos para controlarnos mejor.

Se dice que el problema es la Inseguridad, que los delincuentes son el problema de todos nuestros males, pero nadie se cuestiona la raíz de los problemas: es un mundo artificial, donde el valor del intercambio material es el dinero, que genera desigualdades. Porque hay distintos tipos de clases sociales y costumbres, por lo cual, comienzan a aparecer sometidos/as y sometedores/as. Por lo que viene al caso, el poder y el dinero corrompen a las personas. Porque el dinero genera poder y el poder es respaldado por el dinero, y viceversa, dejando atrás todo tipo de buenos valores, verdaderas relaciones humanas de sentimientos y honestidad».

* Ver video de la lectura del texto.

PALABRAS DE UN COMPAÑERO

Palabras de un compañero en la manifestación del lunes 7 de agosto, por la aparición de Santiago Maldonado en Capital Federal:
El Estado y no solo el gobierno de turno, como muchos dicen para ocultar la verdad, viene secuestrando, torturando y asesinando personas desde que existe, en todas las regiones del mundo.

Su poder se reafirma ante la sociedad mediante el uso de las fuerzas represivas. Puntualmente en el territorio mapuche, desde el regreso de la democracia, el Estado ha desaparecido a un centenar de personas. Los sectores que compiten por el poder buscan utilizar la desaparición de Santiago, un compañero anarquista, siendo que cualquier grupo que busca el poder lo que hace es reafirmar este mundo opresivo y sus relaciones, sus instituciones, la explotación de los cuerpos por la jerarquía, la policía.

Anarquistas, personas solidarias y luchadoras, con pensamientos y voluntad propias, fueron perseguidas y asesinadas en todos los gobiernos dictatoriales y democráticos, fascistas, leninistas o peronistas.

La desaparición de Santiago nos indigna, nos duele, pero, al fin de cuenta, no nos sorprende, reafirma lo que sabemos del Estado: una institución para explotar y reprimir. Y por eso es que constantemente desaparecen mujeres y niñas, por la explotación sexual o hacinando las cárceles con personas marginalizadas por la pobreza. Frente a esto, la lógica de los Derechos Humanos, pidiéndole justicia al torturador declarado, afirma la impotencia de luchar en el terreno de lo que impone el Estado, el respeto a las normas del poder y la institucionalidad que esconde la brutalidad de la explotación. 

Situarse en la crudeza del conflicto implica rechazar la realidad construida por la jerarquía y propiciar las formas organizativas que propician la libertad. Hay que extender la solidaridad, que siente las bases para una sociedad libre, sin Estado, sin políticos, sin empresarios, sin cuerpos policiales.

¡Por la organización de la sociedad sin gobierno! ¡Viva la lucha social de la Revolución!

EL ESTADO PRESENTE

No es la ausencia del Estado lo que da como resultado estas circunstancias, sino su presencia brutal, a través de sus políticos, sus gendarmes, su policía y la complicidad ciudadana. Es el Estado el que reprime, balea y aterroriza a los mapuche y es el Estado el que mantiene desaparecido a Santiago.
Del mismo modo, en cada secuestro de una mujer para trata, no hay un Estado ausente, sino un estado cómplice.

La ministra de seguridad Patricia Bullrich ladró: «esto no ha sido una desaparición forzosa y la Gendarmería no ha detenido en el lugar a Santiago Maldonado ni en ningún lugar», agregando que «de ninguna manera vamos a aceptar que se plantee que esta es una desaparición forzosa, en la medida que eso es una construcción».

Santiago está desaparecido desde el primero de agosto, apresado por Gendarmería Nacional. La última vez que lo vieron, huía de las balas que los gendarmes disparaban durante una irrupción violenta y sin orden judicial, en la comunidad mapuche de Cushamen, Chubut.

Santiago está desaparecido por luchar. Frente a una nueva avanzada del Estado, que busca aislar y reprimir a la comunidad mapuche, él decidió ir contra la corriente para solidarizarse. Los rebeldes del mundo no pensamos que hay que actuar porque «me puede pasar a mí o a mis seres queridos».

Santiago y la comunidad mapuche no están solos. Las movilizaciones por su aparición con vida recorren las calles de Argentina y de otros países. Algunas, en distintas localidades, fueron reprimidas. Y ante el pedido al Estado, éste, con toda la violencia de su ley, allanó el sábado 12 la Biblioteca del Río, en el Bolsón, donde Santiago estaba viviendo.

Con toda la impunidad de sus propias leyes, también hicieron las pericias en sus automóviles ya lavados. ¡Ni barro tenían!* Y pudieron entrar en la Lof a sus anchas aunque los periodistas y gobernantes digan lo contrario; aunque digan que se les prohibió el paso porque, según ellos, los mapuche creen tener «un Estado dentro de otro Estado», que sería el argentino.


* A pesar de esto, en una de las camionetas se encontraron pelos y rastros de sangre, cuyos análisis de ADN aún no dieron resultados.

PANFLETO ANÓNIMO DE COMPAÑEROS CERCANOS A SANTIAGO

El 1 de agosto, como tantas otras veces, el Estado argentino hizo uso del monopolio de la violencia.

Desde ese día buscamos a Santiago Maldonado, el Lechuga o el Brujo, para nosotros. Un joven anarquista que se encontraba por solidaridad en la comunidad mapuche de Cushamen.

La Gendarmería atacó a la comunidad, que viene resistiendo con dignidad una pelea por su vida, teniendo que enfrentar al Estado argentino, el chileno y a una multinacional como Benetton. El Estado ataca, como lo hace con cualquiera que levante la cabeza. No le importa que sea un pibe o una piba de barrio, laburantes que se organicen, comunidades originarias o militantes sociales. Atacaron, quizás sin saberlo, a la solidaridad porque no la entienden, no les entra en la cabeza que una persona tenga convicciones, quiera cambiar este mundo de mierda y actúe en consecuencia.

Que digan lo que quieran, que inventen las historias que más les sirvan para encuadrarnos en su Código Penal. Sabemos que el Estado secuestra, mata o tortura para conservar el privilegio, los medios de vida y la tierra en manos de sus socios. No nos importa, porque no somos estadísticas. 

Santiago, el Lechuga, no es un número en la lista de la que se pueda jactar el Estado. Es una persona de carne y hueso que falta a la familia y, a la vez, un compañero que estamos buscando.

La comunidad permanece en el territorio, con la dignidad que jamás va a tener un burócrata del Estado, sea del color que sea, y mucho menos esos tipos armados al servicio del poder de turno o al patrón de siempre. Facundo Jones Huala sigue preso y en huelga de hambre, jugándose su propia existencia por su gente y sus formas de ver y entender la vida. Santiago Maldonado, el Lechuga, sigue desaparecido por ser solidario.

A Facundo: como dicen ustedes, newen peñi, seguimos en la calle.
A Lechuga: te estamos buscando compañero y no vamos a bajar los brazos.

LA REPRESIÓN SE AGUDIZÓ

La profundización de la represión, así como su aceptación social, no es algo de los últimos meses. La desaparición de luchadores y la muerte de jóvenes en manos de la policía tampoco. El gobierno de los Derechos Humanos, con la excusa del narcotráfico y la inseguridad, invadió con su Gendarmería Nacional todos los barrios del país. Donde algunos ven una “grieta”, nosotros solo vemos continuidad.

A principios de agosto de este año se nacionalizó el cerco informativo, con difamación y mentiras permanentes para desprestigiar los reclamos de la comunidad mapuche, que no son solo en torno a la propiedad de la tierra, sino también sobre el modo de vida en la tierra.

En estos años, se acusó a los mapuche de estar vinculados a las FARC, a ETA, a una supuesta invasión inglesa y, últimamente, resuena su vinculación con el anarquismo. En Chile, donde el Estado se despacha sin clemencia contra las comunidades en lucha, esto se ha vuelto recurrente.

Hace siglos que a los revolucionarios y sectores en lucha se los estigmatiza y persigue, bajo distintos motes. Esto sirve para aislar, para neutralizar, para hacer más fácil la persecución, haciendo distinguibles a los sectores combativos ante los ojos del resto de la sociedad, la cual, a través de estas simplificaciones categóricas, va a garantizar por acción u omisión la delación y la vigilancia.

La mentira es esencial en el orden capitalista y sus falsos críticos. Por un lado, se comenzó un operativo nacional de propaganda para difamar la lucha de la comunidad mapuche en el sur argentino. Varios medios masivos de comunicación vienen articulando un discurso reaccionario. TN, Clarín, Crónica, Infobae, La Nación y tantos otros medios regionales insisten en confundir a la comunidad mapuche con la RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), a la RAM con los anarquistas, a las herramientas para labrar la tierra con arsenales terroristas...

Pero los discursos por sí solos no sirven de mucho, siempre vienen a acompañar el garrote. Los discursos nauseabundos, malintencionados y llenos de estupidez de los periodistas son el festejo de las irrupciones en la vida de las personas, de las golpizas en las movilizaciones y los allanamientos.

LA OTRA REPRESIÓN

En tiempos de elecciones, la miseria política mostró también su cara. Quienes quieren la renuncia de Bullrich o de cualquier funcionario de Cambiemos han intentado instrumentalizar la desaparición, la cárcel y el hostigamiento para fines electoraleros. Esto es aún más sorprendente cuando ni Facundo, ni Santiago, ni toda la comunidad en lucha apoya a ningún partido político y, mucho menos, estaban en campaña, porque no lo han estado nunca.

Nosotros responsabilizamos al Estado y a todos sus funcionarios. Si los mencionamos con nombre y apellido, como a la miserable Patricia Bullrich, es para no olvidarnos que esos grises agentes del Capital son seres humanos de carne y hueso. Despersonalizar la historia es renunciar a actuar. No detestar a los que nos dominan lleva al peor de los conformismos. Pero, una cosa es comprender esto y, otra muy distinta, es partir del pedido de renuncia y buscar luego cualquier “argumento” para cambiar al gobernante de turno.

Otro tipo de represión y censura más sutil ha sido la ejercida por los medios masivos de comunicación que responden al oficialismo y a la oposición misma. La década ganada del kirchnerismo se erige sobre la derrota de los movimientos sociales. Estos últimos años la movilización social ha sido reprimida abiertamente o reprimida asimilándola e institucionalizándola; en fin, ha sido democratizada.

Aquello de que quienes «quieren cambiar el modelo económico de país lo que deben hacer es organizar un partido político, presentarse a elecciones y ganarlas» (Cristina Fernández de Kirchner) es una máxima actual. Y todo aquel que se salga de las urnas y los petitorios, que tome la lucha directamente por sus propios medios será motivo de burla, cuando no, acusado de infiltrado o desestabilizador a sueldo para alguna fracción burguesa.

Quienes siempre responden al interés de algún empresario, a la competencia burguesa, y se mueven toscamente con el chaleco de fuerza de la institucionalidad no pueden ver nada más allá de su propia realidad.

Claro que el Estado crea sus montajes para encarcelar y reprimir, claro que hasta tiene sus infiltrados y cometió, comete y cometerá, en cualquier lugar del mundo, atentados para culpabilizar a algún sector en lucha. Pero eso no significa que los oprimidos y explotados, la clase proletaria mundial, no asume la acción directa para luchar por lo que quiere.

¿Y si las acciones consideradas violentas por quienes mantienen el monopolio de la violencia no fuesen un montaje? ¿Y si no aceptamos mediaciones para luchar? De un lado y del otro de “la grieta” preparan la represión, el señalamiento y abren los portones de la cárcel. Su mensaje es claro: cualquiera que no vaya por las vías electorales y sindicales o que no se quiera encorsetar en el terreno leguleyo que plantean las organizaciones de derechos humanos debe ser, como mínimo, sospechado.

Por eso, para instrumentalizar la lucha de Facundo Jones Huala y toda la comunidad en lucha deben censurarlo, ridiculizarlo y victimizarlo. Exponerlo, como un pobrecito de los pueblos originarios, y callar los llamados a la lucha que hace el compañero. Por eso, si es que lo mencionan, hablan en su nombre y ocultan sus acciones y sus reflexiones.

¡CONTRA EL ESTADO Y SUS REPRESORES! ¡CON LOS REBELDES SIEMPRE!

Hoy, con un compañero desaparecido, hoy, que tenemos el puño cerrado en una mano mientras secamos lágrimas con la otra, ponemos en común una serie de reflexiones nacidas a partir de la lucha de los compañeros y compañeras de la Lof en Resistencia en el Departamento de Cushamen. De la defensa de la acción directa y la lucha por una Revolución con la que nos interpelaron en comunicados y declaraciones. De la búsqueda de un levantamiento de los oprimidos contra los opresores.

Donde hay rebeldía, hay también reflexión, actividad, lucha, solidaridad. Estos son los medios para realizar nuestras necesidades.

Esta lucha, que desarrolla la comunidad mapuche, es un esfuerzo que nos enlaza con ellos y con innumerables esfuerzos del pasado, del presente y del futuro.

Que el miedo no nos paralice, que el dolor no nos engañe y que la complicidad solidaria se extienda. Afirmémonos en la acción para mantenernos de pie, para ser hoy, más que nunca, compañeros.

Vayamos a la raíz del problema. No hablemos el lenguaje de los amos, sino el de los rebeldes, con las heridas abiertas y los puños cerrados.