La apertura de importaciones propuesta por el Gobierno Nacional afecta directamente al empresariado que actúa localmente. Milei criticó a estos empresarios con la metáfora del cazador en el zoológico: el mercado interno argentino supondría una suerte de mercado cautivo para estos empresarios poco competitivos en términos internacionales. Bajo esa defensa de los consumidores locales, sin distinción de clase, el cierre de empresas y por ende la pérdida de puestos de trabajos es simplemente un mal necesario y transitorio.
El ideal liberal de la libre competencia promovería inversiones y empresas competitivas que generarían empleo genuino. En otras palabras, trabajos donde el salario pague una reproducción normal de la fuerza de trabajo. Todo suena muy lógico, pero la verdad es que esto no ocurrirá más que marginalmente en algunos sectores como la minería. Entonces, las reformas del gobierno apuntan a legitimar y perfeccionar el zoológico en que se ha convertido el mercado laboral, donde los empleadores tienen cada vez más facilidades para degradar el salario y las condiciones laborales. Las reformas no buscan fomentar el empleo formal, sino que el empleo existente decaiga lo menos posible ajustando cada vez más el salario, ya sea directamente o a través de las condiciones laborales.
Se trata de una medida compensatoria frente a la disminución de la rentabilidad de las empresas loca-les orientadas al mercado interno. El hecho de que las empresas que producen en Argentina vean afectada su ganancia cada vez que tienen que competir con las importaciones, pone de manifiesto que su ganancia no depende únicamente del grado de explotación de sus trabajadores, sino que buena parte de esta proviene de otra parte. Quizás forzando la metáfora diríamos que los vendedores de fuerza de trabajo somos una presa menor, incluso un señuelo, en la búsqueda de los capitalistas de la presa más codiciada: ganancia extraordinaria que proviene de la renta de la tierra, principalmente agraria. Quizás no lo saben, pero lo hacen. Porque en este país estos empresarios obtienen su ganancia de la explotación de la fuerza de trabajo, pero fundamentalmente a partir de las condiciones especiales en que lo hacen: subsidios estatales, mercado cerrado, fuerza de trabajo abaratada. Sin todo eso sería en vano que busquen explotarnos con la tecnología y a la escala en que lo hacen. Por eso algunas veces se la ha tildado de “burguesía planera”. Trataremos de indicar brevemente la fuente de esa ganancia extraordinaria y su recorrido hasta los capitalistas que nos explotan.
Argentina posee tierras que, debido a sus características, permiten obtener una mayor productividad del trabajo que se le aplica, en comparación con tierras de otras regiones o países. El precio de venta de la tonelada de soja, por ejemplo, es el mismo en todo el mundo, pero en la Pampa húmeda se requiere bastante menos trabajo para producirla que otras regiones. En principio, esta renta diferencial de la tierra queda en manos de su propietario. Pero al tratarse de una ganancia extraordinaria (en muchos casos muy abultada), los capitalistas locales y de otros países buscan disputarla y apropiarse de la mayor parte posible. Para esto deben producir localmente, ya que son las políticas estatales las que regulan dicha apropiación (dejaremos la deuda para otra ocasión). Los terratenientes podrán quejarse cuando consideren que ganan poco, como en el conflicto del 2008 por las retenciones del agro, pero siempre cederán renta porque de otro modo su propia condición puede verse cuestionada. En la producción minera, por ejemplo, suele ser el Estado el propietario privado de la tierra.
Resumidamente: el Estado se apropia de parte de la renta a través de los impuestos a la exportación (retenciones) y de manera menos evidente, pero en mayor medida, a través de la sobrevaluación de la moneda. Luego los capitalistas se apropian de esa renta a través del Estado de diversas formas, entre ellas los subsidios a la energía o el proteccionismo, que bloquea las importaciones y les permite vender más caro internamente.
Entonces los capitalistas que producen para el mercado interno argentino lo hacen en busca de renta, y la explotación y productividad del trabajo pasa, por así decirlo, a un segundo plano. El problema es que mientras mayor sea la brecha de productividad con el mercado mundial más renta necesitarán para mantener sus ganancias. O si los precios de las mercancías agrarias o mineras caen, la magnitud de renta disponible se reduce.
En contextos de contracción de la renta o en los que la magnitud de renta necesaria para el sostenimiento de la acumulación de capital en Argentina se vuelve demasiado grande, el ajuste debe profundizarse y los capitales menos productivos deben destruirse. Es el turno de los gobiernos liberales. Pero, como decíamos, no se trata simplemente de fases que se repiten, sino que cada vez estamos peor, porque no hay renta que permita sostener esta forma de producción a escala nacional en un mundo globalizado.
El debate entre proteccionismo y aperturismo expresa la encrucijada en que nos encontramos. La conciencia nacionalista que se identifica con el Estado es la que defiende el empleo público y los ingresos que completan el salario; defiende el proteccionismo aunque eso signifique pagar más caras una cantidad de mercancías que hacen a su subsistencia. Por otra parte, quienes adhieren a la apertura económica con el argumento, también válido, de hacer valer mejor sus ingresos no reparan en la destrucción masiva de puestos de trabajo que eso implica. En verdad, ambas conciencias expresan distintos momentos y necesidades de una misma dinámica de acumulación de capital. La “industria nacional” debe su existencia a la misma dinámica que la condena a su incompetencia.
En el número anterior reflexionábamos sobre Venezuela, otra economía determinada por la renta (en su caso, la petrolera) y con otras consecuencias, por particularidades que no cabe detallar aquí. Sin embargo, cabe hacer una comparación para avanzar en conclusiones. Allí decíamos que, mínimamente, tenemos que compren-der en qué encrucijada nos encontramos y cuáles son sus características. De este modo, evitaríamos recurrir automáticamente al nacionalismo para justificar nuestro malestar patrióticamente, o a la libertad de mercado para justificarlo liberalmente.
sábado, 28 de marzo de 2026
EL CAZADOR EN EL ZOOLÓGICO
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