lunes, 2 de marzo de 2020

8 DE MARZO CONTRA EL ESTADO Y EL CAPITAL

Es muy significativo que en el imaginario popular se haya instaurado como origen del 8 de marzo una historia de mujeres que fueron víctimas, en este caso de un incendio en una fábrica textil de Nueva York. Se eluden además los hechos reales, puesto que las trabajadoras habían sido iniciadoras de una combativa huelga por sus condiciones de existencia. El incendio, ocurrido el 25 de marzo de 1911, puso de manifiesto la terrible realidad laboral que venían enfrentando las mujeres inmigrantes.

Hoy como ayer es preciso retomar la lucha internacional de las mujeres proletarias, pero por la emancipación total y no por más derechos, sino por otra vida. No desde la victimización sino desde la fuerza rebelde. Tampoco desde las conferencias de quienes pretenden representarnos para llevarnos a votar, sino por fuera de y contra las organizaciones, partidos y movimientos del Estado que, a fin de cuentas, es quien brega por el orden de cosas que nos mantienen en la opresión y la explotación.

Al 8 de marzo debemos asumirlo como un día de lucha, de memoria, otra buena ocasión para reconocernos y reflexionar colectivamente.

Sabemos que las circunstancias a las que nos enfrentamos no son nada sencillas y nos movilizan a preguntarnos muchas cosas. Queremos mejorar nuestras condiciones en lo inmediato. No queremos ser encarceladas por abortar, ni tratadas como cuerpos-objeto a los que violar, traficar y asesinar. Pero, ¿para qué nos sirve pedirle al sistema que nos reduce a estos roles, nos encarcela y subyuga, que cambie esta situación? ¿Por qué no pensar en la posibilidad de superar de raíz este estado de cosas? También en esto tenemos que pensar mientras nos encontramos en la calle, y a esto nos referimos cuando proponemos profundizar la lucha. Para no dejar de lado tantos esfuerzos de compañeras del pasado que, como nosotras en el presente, pararon y salieron a la calle masivamente. Los avances logrados fueron parciales, sus límites no permitieron que la situación de las mujeres cambie porque es imposible que se transforme sin transformar todo, porque nuestra lucha se opone prácticamente a este sistema cosificador y valorizador de nuestras vidas.

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