domingo, 23 de octubre de 2016

MEMORIA: OLIMPIA

…era el nombre del nefasto batallón. Atletas de la infiltración. Cracks de la tortura. Campeones de la metralla.

Corría octubre del 68, América Latina iba a ser por primera vez sede del megaevento deportivo por excelencia, los Juegos Olímpicos. Por si fuera poco, dos años después se venía el Mundial de Fútbol. ¡Qué despliegue de logística! ¡Qué orgullo para esa burocracia priista! ¡Qué posibilidad histórica para la creciente burguesía mexicana!

Pero el 68 no era cualquier año, en todo el mundo soplaban aires de revuelta y las y los proletarios que vivían en México no estaban para nada dispuestos a sumarse a los festejos. No había ánimos de bufonear a los turistas, atletas y burócratas del Comité Olímpico Internacional. El grito en las calles era: ¡no queremos olimpíadas, queremos revolución!

El ministerio deportivo del Estado mundial no quería ningún tipo de problemas durante el ritual mes olímpico. Y el gobierno mexicano cumplió con su deber. Formó su grupo paramilitar, alistó a su ejército y dispuso a su policía política. Todos emplazados por el bien del juego capitalista. ¡Más rápidos, más altos, más fuertes!

El dos era un día clave en el creciente movimiento social. Hacía más de un año que los campus y bachilleratos eran un hervidero. Marchas todas las semanas, tomas, detenidos por centenares, decenas de episodios de violencia con las fuerzas represivas. Un movimiento inteligente, persistente, que operaba con celeridad en sus lugares de estudio–trabajo y cuando tomaba fuerza golpeaba duro.

Diez días antes del comienzo de los Juegos, una vez más ¡todos a Plaza Tlatelolco!

Pero ese día fue distinto, ese delicado equilibrio de escaramuzas se encontró con un límite. Desde los diferentes puntos de control policial se encendieron bengalas y, minutos después, lo mismo sucedió desde un helicoptero. Era la señal pactada. Trescientos, doscientos, treinta y cuatro o cuarenta y tres… cuerpos de hermanos y hermanas atravesados por el plomo frío yacían en la plaza. Los tiradores rápidamente apresaban a quienes osaban quedarse en el área y retiraban los cuerpos, llevándoselos en camiones de basura.

El doce —peculiar día eligieron— la XIX Olmpíada de Verano, la «Olimpíada de la Paz» comenzaba. La celebración máxima del internacionalismo burgués iniciaba como si nada hubiera ocurrido.

Los 60 comenzaban a apagarse… Y el deporte cumplía un rol no menor como arma defensiva en esa épica victoria burguesa. Un año después, la Guerra del Fútbol entre Honduras y El Salvador enterraba a los proletarios revolucionarios de ambos países bajo las bombas y el fervor nacionalista–religioso–deportivo. En los años subsiguientes, los estadios de Chile, Brasil y Argentina alternaban sus funciones de concentración de prisioneros y escenarios de espectáculos de masas. Y como bien sabemos, unos gritos silenciaban otros…

* * * * * *

Para profundizar en la crítica del deporte recomendamos los dos programas especiales realizados este mes en Temperamento Radio. Escuchalos en temperamentoradio.blogspot.com

viernes, 21 de octubre de 2016

Panfleto: NOS ESTÁN MATANDO

Nos están matando. En nuestras casas, en el trabajo, en las escuelas, en las comisarías, en la calle. Nos matan a los golpes, linchados, violadas, empaladas, desangradas, torturadas, envenenados, empastillados, encerradas, enfermos, depresivos. Nos matan porque es fácil, porque se puede, por portación de cara, por mujeres, por pobres, por putas, por salir a la calle, por querer tener sexo, por negarnos. Nos matan porque sobramos, en un mundo donde la ganancia es más importante que la vida, donde sometidos aprendimos a vendernos como mercancías y a ser tratados y a tratar a los demás como objetos, como medios para alcanzar un fin, como si fuésemos cifras cuantificables, como lo es todo en este sistema de muerte. Nos matan porque nuestra humanidad y vitalidad son opuestas a esta vida de miseria y porque son el germen de su destrucción.

El asesinato brutal, misógino y antihumano de Lucía en Mar del Plata es una chispa que desata la rabia, la frustración, el asco, el odio y la necesidad de terminar con esta masacre despiadada. «Paro cardíaco por empalamiento anal» realizado por hombres normales —y no monstruos—, hijos sanos del Capital, que tuvieron la frialdad de lavar el cuerpo y llevarlo a un hospital. Se responde con indignación y con una rabia masiva, aun en un necesario clima de catarsis, luego de siglos de invisibilización que sale de casa a la calle, de la conversación al grito, del aislamiento a juntarse masivamente en marchas autoconvocadas.

Sin embargo, cada caso se trata de manera aislada, y los dedos señalan al Estado en su supuesta ausencia, al gobierno de turno, a los medios de comunicación, a las políticas educativas, como si algo pudiera cambiar profundamente acudiendo a la legalidad o a través de nuevos discursos integradores. Algunos piden justicia y más intervención estatal, más policía, que se cumplan las leyes, que la democracia “funcione”. La democracia funciona. El Estado y su policía garantizan la trata a nivel nacional.

Otros, comprendiendo que poco se logra pidiéndole a los mismos opresores, apelan a sus semejantes a través de pintadas. Entre muchas que solo refuerzan posturas identitarias, hay muchas otras con la verdadera intención de poner en común, reflexionar, agitar, denunciar y desahogarse. Del mismo modo, salir colectivamente a la calle, saca de la esfera privada lo que nos quieren hacer tragar que son problemas particulares, personales, en los que no habría que meterse.

Por otro lado se pide la integración de nuevos contenidos en las escuelas, que se instruya a los niños para que sean mejores ciudadanos que sus padres, para que no roben, no maten, no violen ni sean violados, pero al mismo tiempo para que trabajen obedientes sometidos a una vida de miseria. ¿Cómo es posible enseñar a un niño a no violar y a no ser violado, si al mismo tiempo se le enseña a ser un empleado sumiso, eficaz y obediente, o por el contrario, un exitoso patrón? ¿Hasta qué punto puede esto funcionar, si la instrumentalización de la vida está presente en todos los momentos de nuestra existencia, en cada aspecto de nuestra vida cotidiana?

La misma sociedad indignada por estas cuestiones es aquella que cada domingo propone en los estadios de fútbol la violación como una amenaza: «Los vamos a coger», «les vamos a romper el orto». Aquella que concibe la sexualidad como instrumento de poder, es la misma que se horroriza cuando ocurren estos “excesos” que no salen de la lógica diaria. Mientras tanto, cada vez más personas comprendemos que lo personal es lo social, y que una de las llamas que permiten dar calor a la lucha por acabar con esta penosa existencia es poner en cuestión todas las relaciones sociales en las que existimos. No luchando por un nuevo mal menor: que maten y agredan a menos mujeres… Cuando decimos «ni una menos» es enserio.

La desoladora realidad que nos toca a todas las explotadas y explotados no va a cambiar ni con mejor y más educación, ni pidiendo justicia, ni haciendo más pintadas (y esperando que los obedientes las toleren), ni abocándonos a la especificidad de alguna minoría oprimida ni alentando a la venganza. Y no es porque estemos en contra de la venganza, ésta es la respuesta que tenemos más a mano como individuos que no aceptamos pasivos la brutalidad, sin embargo sabemos que aislada no soluciona nada. La salida al problema no es cuantitativa, no porque más personas violadas maten a sus violadores la situación va a cambiar, no porque más mujeres pinten más paredes la realidad va a ser mejor. Además de dejar salir nuestra bronca, de expresar la violencia en lo inmediato, también tenemos que pensar en lo que hay detrás de todas estas violencias individuales, pensar en la violencia general, en las condiciones generales que la permiten, por qué se genera y cómo destruirla. Esto es tan o más urgente como matar al que nos mata. Lo que hace falta es ir a la raíz: se trata de destruir las condiciones materiales que reducen nuestra vida a un producto aprovechable o prescindible según las circunstancias, la instrumentalización de nuestros cuerpos y su sometimiento a las necesidades de este sistema que nos deshumaniza y atomiza hasta la muerte.

Boletín La Oveja Negra.
Rosario. Octubre de 2016.

Descargar panfleto en pdf (alentamos su copia y difusión)

domingo, 16 de octubre de 2016

Recomendamos: PALABRAS DE LUCHA HACIA LA RAÍZ

[Este panfleto fue repartido por las calles de la ciudad de Rosario en Octubre de 2016 en el marco de Encuentro Nacional de Mujeres]

En los últimos años asistimos a todo un movimiento social que aborda la “cuestión de la mujer” desde distintas ópticas, vértices y formas. Así, libros, páginas webs, agrupaciones de todo tipo, marchas, programas de televisión, diarios y también los ámbitos cotidianos hacen presente este tema, generan opinión, debates, algunos encuentros y desencuentros.

Esta cuestión muchas veces se presenta aislada del resto de las problemáticas con que nos encontramos cada día sobre–viviendo en el capitalismo. Sin desconocer las particularidades y especificidades, es importante luchar contra la lógica capitalista, casi como una advertencia, al momento de pensar estas realidades.

La ideología dominante nos dice que el capitalismo siempre estuvo acá, que siempre hubo escuelas, que siempre trabajamos y morimos en los trabajos, siempre formamos familias, parejas monógamas y heterosexuales y que, además, siempre hubo una diferencia radical entre una esfera pública y una privada, en la cual los problemas “personales” e “íntimos” no tienen origen social (son naturales) y, por tanto, son problemas individuales y deben ser solucionados de esa forma.

Tirando por tierra toda esta basura, podemos empezar a pensar desde una perspectiva que no atomice los problemas, sino que los historice y los ponga a jugar como parte de lo que son: un sistema de muerte, de ganancia y valorización constante en el que las necesidades y padecimientos de los seres humanos no son relevantes. Porque el capitalismo no es solo un modo de producir objetos–mercancías, es una relación social y como tal se ha desarrollado y modificado a lo largo de la historia, moldeando la explotación de todos y los vínculos que establecemos, impregnando incluso aquellos ámbitos o actividades que parecieran escapar a la lógica capitalista.

La mujer ha sido explotada y subordinada por el capitalismo desde sus inicios y de distintas formas a lo largo de la historia. Este desarrollo no es lineal ni exento de contradicciones. El Capital y el Estado fueron diseñando ideales y roles femeninos diversos según sus propias necesidades, sostuvieron y reforzaron la subyugación e invisibilización del trabajo doméstico de la mujer, naturalizándolo al mero rol femenino en un “equilibrio armónico” con el masculino, ambos necesarios al sistema productivo. Acompañando este proceso se separó hombres de mujeres y se los enfrentó en polos opuestos y funcionales. El hombre como trabajador fue el administrador principal del salario que repartía en el seno familiar para la reproducción de la futura fuerza de trabajo. Por lo tanto, se lo concibió como el protagonista principal de la producción social. Sin embargo, la reproducción de la sociedad capitalista corrió por cuenta de todos los explotados y explotadas.

Esto no ocurrió siempre del mismo modo, antes hubieron de sucederse otras muchas separaciones en la reproducción de cada ser humano y de la sociedad en su totalidad. La tierra y los cuerpos fueron sometidos al principio de la propiedad privada, enajenados y regulados desde la Iglesia y el Estado.

La división social del trabajo, los ciclos históricos de exclusión e inclusión de la mujer en el mercado de trabajo asalariado, la caza de “brujas” y la imposición de atributos diabólicos que culminarían en su contrario, en la mujer virginal y pasiva, determinaron los roles adecuados al proyecto de sociedad que se instauraba a la fuerza. Yendo un poco más lejos aún, hoy encontramos otro rol que coexiste y que presenta a una “supermujer” que mientras no abandona su “vocación” maternal en la esfera privada, busca posicionarse, en la esfera pública, como profesional exitosa y que aprendió a ciencia cierta lo que el sistema dicta: pisotear cabezas, ser egoísta y competir en el sistema.

Votar, tener un salario y, por lo tanto, penetrar en el mundo de la explotación laboral —el tiempo muerto en el que nuestra vida depende de un horario, un patrón y obligaciones impuestas para poder consumir lo que el mercado nos ofrece—, ser profesionales, formar parte de las fuerzas represivas del Estado, son actividades que a lo largo de estos años nos han ido incorporando. Todo lo cual encima es propagandeado como un cambio en la sociedad, como un logro de las mujeres, como si nos susurraran al oído: «¡Muy bien! Pueden ser iguales a nosotros. Nuestro mundo es la única realidad posible, gracias por sumarse a contribuir a su crecimiento».

Mucho se ha dicho y se ha hecho en pos de la “liberación de la mujer”, mucho de eso sigue significando una mejor integración y adaptación en este mundo impuesto. La liberación y resistencia de la mujer ante un sistema que la necesita aplacada luchando por una ilusión de empoderamiento muy difícilmente podrá escapar de la lógica capitalista.

No se trata de estar agradecidas al sistema por permitirnos vendernos igual que los hombres en el mercado laboral o romper un poco el esquema psíquico de la pasividad que nos han inculcado resquebrajando el rol que nos impusieron para acomodarnos al siguiente que nos darán.

Sabemos que estos roles y relaciones sociales en las que estamos inmersas no están aquí desde siempre y no son eternas. Podemos destruirlas. Esa ha de ser la base que nos permita reflexionar sobre las particularidades de este tema y su imbricación con la totalidad del sistema que nos oprime.

Sabemos que las condiciones a las que nos enfrentamos no son nada sencillas y nos movilizan a preguntarnos muchas cosas: ¿Queremos mejorar nuestras condiciones en lo inmediato? Sí, claro, no queremos ser encarceladas por abortar, tratadas como cuerpos–objetos a los que violar y traficar, usadas para publicitar mercancías y otras tantas aberraciones. Pero, ¿para qué nos sirve pedirle al sistema que nos reduce a estos roles, nos encarcela y subyuga que cambie esta situación? ¿Por qué no pensar en la posibilidad de superar de raíz este estado de cosas? Son estas condiciones las que nos impulsan a luchar y es en la lucha donde vamos encontrándonos e inventando algunas respuestas. La imaginación y la creación son nuestras, destruyamos esta realidad y construyamos el horizonte que queramos.

Rosario. Octubre de 2016.
Contacto: palabrasdelucha@riseup.net

sábado, 17 de septiembre de 2016

UN PATRÓN ES UN PATRÓN

¿Qué podríamos decir de un empresario que explota a sus trabajadores y que en un momento dado decide dejar de pagar los salarios?

Digamos que esencialmente no debiese sorprendernos, tal el desarrollo de la economía, el negocio del burgués particular; pero que aún así no deja de provocarnos indignación y rabia. Nuestro desprecio debiese ser tan o más organizado que los planes para rearticular el funcionamiento de la producción de esa empresa.

¿Qué decir si este mismo empresario u empresaria maneja una cartera de licitaciones otorgadas por el Estado haciendo uso de dichos fondos para —además de acrecentar sus ganancias— ejercer el control social, forzando a responder a sus intereses particulares a quienes se vean “beneficiados” y velando por la represión de quien rechace tal chantaje?

Más indignación, algo de rabia. Tal vez no mucho más que desencanto ciudadano, pues tal es la dinámica que se denuncia en la “corrupción” de las instituciones. Pero hemos de tenerlo claro: el problema no es la corrupción, es el sistema todo.

Aun así, el péndulo del descontento del militante de izquierda o centroizquierda (si es que estas categorías tienen algún sentido) pareciera encontrar un magnetismo que escapa a las normas convencionales de la indignación cuando la acumulación capitalista es asegurada por alguno de sus pares. El patrón es visto con otros ojos y su participación en los negocios del Estado (cuando logra acunarse en su regazo) pareciera transmutarse de movimiento financiero a “movimiento social”, quedando todo cubierto por un fino manto de “promoción” e “integración social”. Toda indignación, toda rabia, toda expresión crítica que intente denunciar y luchar contra las fuerzas ciegas de la economía y del poder son borradas en nombre del progresismo, de la democracia, de la trayectoria de tal o cual militante.

Así las cosas, las condiciones materiales determinadas por el antagonismo de clases son ocultadas tras el velo de la ideología, pues para eso sirve la ideología. Es una fragmentación de la realidad en nombre de una idea, una falsa conciencia que parte de una doctrina y no de los hechos. Frente a la ideología política, la realidad es contundente: ¡no hay nada más parecido a un patrón de derecha que uno de izquierda!

En su necesidad, los proletarios se enfrentan al empresario–dirigente–militante que los explota, cara a cara con el patrón como lo que es. Los obreros empleados por Sueños Compartidos, a mediados del 2011, realizaron diferentes acciones de protesta en los complejos de viviendas en construcción en los que trabajaban en Capital Federal, Gran Buenos Aires, Rosario, Santiago del Estero y Salta. Esa lucha, huérfana de la solidaridad de los militantes de izquierda, fue una medida desesperada ante una realidad de sueldos e indemnizaciones por despidos impagos. Los patrones siempre buscan justificarse, más aún los de izquierda, y la Fundación Madres de Plaza de Mayo con Hebe de Bonafini a la cabeza se presenta como víctima del desvío de fondos llevado a cabo por su apoderado Sergio Schoklender. De lo único que se habla masivamente es de la corrupción y sus responsables, y de la utilización política del gobierno actual para avanzar sobre la oposición. Se habla del desvío de fondos, del exponencial crecimiento patrimonial de la Fundación y sus dirigentes, pero no de la explotación y el sometimiento que hace posible todo esto. De lo que se trata aquí es que Sueños Compartidos era una empresa constructora con más de 5000 empleados, con contratos millonarios con el Estado, donde se apremiaba a los trabajadores que buscaban organizarse por fuera de la UOCRA para luchar por sus necesidades, y en la que se los forzaba a trabajar en condiciones insanas y con jornadas excesivas en nombre de la noción de que «Madres no es una empresa», construyendo casas de Telgopor para otros pobres. Del mismo modo, correspondería referirse al rol de la organización Tupac Amaru o de los sindicatos y sus diferentes negociados a través de obras sociales, centros de capacitación, etc. Cuando el escándalo se desató en 2011, Hebe afirmó: «Los Schoklender son estafadores y traidores. Pero una cosa son ellos y otra son las Madres, que pusimos el cuerpo 34 años para reivindicar a nuestros hijos». La lucha de una organización, por más importante que haya sido, no puede llevarnos a seguir respetando a quienes se convirtieron en una empresa, una entidad apéndice del Estado, que llegó incluso a defender la intervención de gendarmería en los barrios.

No nos interesa deliberar respecto de los delitos económicos en juego, cuando la Justicia persigue y castiga a un burgués particular no se pone en peligro la burguesía en tanto que clase, y mucho menos la ideología que representa el acusado.

La Constitución Nacional está para defender la libertad de explotar y la privación de propiedad para la mayoría de los habitantes del territorio argentino. Los patrones no serán juzgados, naturalmente, por el robo permanente de tiempo, salud y energía a sus empleados, ni siquiera por la represión física que utilizan cuando los trabajadores demandan lo que la ley de los ricos les promete. Los patrones serán juzgados por evasión de impuestos, por corrupción, es decir, por lo que la Ley tipifica como delito: quitarle ilegalmente la propiedad a algún otro capitalista, no aportar lo debido a las arcas del Estado, etc. La Ley, incluso cuando se pronuncia contra algún burgués, existe para proteger la vida… de la burguesía, de sus instituciones y de esta paz de los cementerios.

Pero el “militante” sobreinformado de televisión y redes sociales, cargado de ideología por la universidad, el partido político o tal vez la tradición familiar, prefiere ignorar la lucha de clases, prefiere, en cambio, reproducir el gusto por lo que formalmente se le ha dicho que debe luchar, eligiendo las causas que más le provoquen identificación entre la multiplicidad de ofertas existentes, sin mediar ninguna contemplación de la realidad.

No vamos a extendernos en hacer la necesaria crítica a la dependencia ideológica que genera el mandato de líderes. A lo que estamos apuntando es más bien a la falacia de creer que la realidad de la dominación del Estado y el Capital se torna flexible según la conveniencia o incluso el gusto personal del militante.

Nuestro esfuerzo no intenta machacar con el dedo acusador a una Hebe de Bonafini o a una Milagro Sala, queremos hacer presente la miseria del militantismo, aquel que participa del funcionamiento del orden social al mismo tiempo que lo condena o simula hacerlo sin hacerse cargo de la realidad social en la que vive.

Es evidente que hay intereses burgueses en la condena pública y el procesamiento jurídico a estos patrones de izquierda, no somos incautos, sabemos que entre jefes hay competencia, incluso sabemos que la competencia es el motor de su movimiento, basta leer las portadas de los diarios y las intrigas palaciegas que alimentan la política. Pero no podemos olvidar tratarlos como lo que son: patrones. Y no son patrones porque aquí lo escribimos, lo son pues se han erigido en ello.

La relación salarial no sirve para explicarlo todo, pero cuando no tenemos en cuenta nuestra posición en el antagonismo social terminamos defendiendo al empresario local frente al extranjero, al que sonríe frente al que no, al que antes no era burgués frente al que siempre lo fue. Si bien generalmente los burgueses vienen tras generaciones de dominadores, hay nuevos ricos que proceden de familia obrera y pobre. Claro, serán vistos con desprecio por esos burgueses de familia de renombre, pero el mercado mundial no discrimina raigambre a la hora de hacer circular y multiplicar dinero.

Desde nuestra perspectiva, la de los trabajadores que se las han visto con su explotación, estos individuos no merecen otra contemplación que la que se tiene con cualquier burgués.

LLEGAN LOS CYBORG

El primer ser humano reconocido como cyborg estará de visita por la Argentina a mediados de octubre, para participar de un Encuentro Internacional de Diseño en Mar del Plata llamado Trimarchi. No se trata de un relato de ciencia ficción. Los cyborgs existen, están entre nosotros y son menos estrambóticos de lo que prometían las películas. El acrónimo cyborg proviene de cyber (cibernético) y organism (organismo), y Neil Harbisson es la primera persona en el mundo reconocida como tal por un gobierno. Nacido con acromatopsia (solo percibía los valores blancos, negros y grises) decidió solucionarlo implantándose una antena en la cabeza de forma permanente. Esta le permite oír las frecuencias del espectro de luz incluyendo colores invisibles para el resto de los mortales, como infrarrojos y ultravioletas, desarrollando, según los organizadores del evento, «una sinestésica teoría del color y el sonido que no podíamos dejar de compartir». Sucede que esta criatura compuesta de elementos orgánicos y dispositivos cibernéticos viene en calidad de artista y activista, acompañado por otra artista y activista cyborg llamada Moon Ribas, quien posee un implante sísmico online en su brazo que le permite percibir terremotos mediante vibraciones en tiempo real en cualquier lugar del planeta, que aplica a sus coreografías. También pertenece a la Cyborg Foundation, una organización especializada en facilitar a los humanos el deseo de convertirse en cyborg.

No vamos a opinar de sus disciplinas artísticas sino de su actividad política, del transhumanismo y de la coartada políticamente correcta con la cual buscan difundir su propuesta: «El ser humano está destinado a convertirse en cyborg; llevamos siglos usando la tecnología como herramienta y el siguiente escalón es que pase a ser parte de nuestro cuerpo». Claro, siempre que se pueda acceder a la megamáquina tecnológica que cumpla los caprichos de quien quiera ser un transhumano. Ya desde hace años en el ámbito feminista circula el Manifiesto Cyborg escrito por Donna Haraway, donde afirma que: «El cyborg es una criatura de un mundo posgénero; no tiene nada que ver con la bisexualidad, la simbiosis preedípica o el trabajo no alienado». Nuevamente se intenta dar un contenido positivo a esta pesadilla capitalista.

Zoltan Istvan, líder del Partido Transhumanista en Estados Unidos, es aún más claro: «Un día, nuestra herramienta será la inteligencia artificial y la herramienta nos reemplazará. Por supuesto, nos convertiremos en parte de la herramienta. Nos convertiremos en parte de la tecnología y nos fundiremos con ella». Promete que así viviremos más de quinientos años y que desaparecerá la discriminación porque podremos cambiarnos de sexo o de color de piel cada semana gracias al desarrollo de la nanotecnología. Suena escalofriante, aunque ridículo, y sin embargo es el extremo de un razonamiento que no tarda en extenderse.

Los obedientes de nuestra época —caracterizada por el dogma imperturbable de dudar de todo y de todos con su necesaria dosis de indeterminación—, se arrodillan ciegamente ante la ciencia y toda la tecnología que la hace posible. Los interminables y fofos debates sobre poderes, micropoderes y macropoderes muestran su verdadero carácter al confiar sus esperanzas y sus vidas en manos de la institución médica, de las multinacionales farmacéuticas y del mismo Estado. Sea con terribles definiciones de sometimiento como la de Istvan, o con la infinidad de indefiniciones propias de aquellos que quieren “liberarse” a fuerza de tecnología, todos acompañan los delirios productivos de esta época decadente. Por el momento vamos a ahorrarnos las tentadoras suposiciones sobre un mundo en el cual la cantidad de estos personajes sea cada vez mayor, pero no vamos a pasar por alto la peligrosidad de esta proposición ya en marcha y la realidad que la hace posible.

Los intentos de los seres humanos por transformarse a sí mismos no son hechos recientes sino todo lo contrario, parecería ser propio de la condición humana. Sin embargo, ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar? Los transhumanistas apoyan la emergencia de la nanotecnología, la biotecnología y las posibilidades de la inteligencia artificial. Desde una perspectiva emancipatoria afirmamos que esos desarrollos son solo necesarios para el Capital. Sucede que la asimilación de la lógica capitalista por parte de cada persona y su determinación en cada una de las relaciones sociales hace pasar sus necesidades como las nuestras: es su coartada perfecta. No sabemos cuáles serían nuestros deseos si el Capital no existiese, y este tipo de elucubraciones tampoco aportan demasiado. Lo que sí es fundamental es pensar qué es lo que necesita este sistema asqueroso para mantenerse en su posición dominante, así como entender que muchas de las necesidades que se nos plantean como tales no son ni naturales ni eternas para nuestra especie. El progreso burgués no debe ser cambiado de manos, no tenemos manera de administrar y gestionar algo que desde un comienzo existe no solo a pesar de nosotros sino contra nosotros, los oprimidos y explotados del planeta entero.

Nos ponemos en alerta ante un nuevo atropello a nuestra condición de seres humanos, a nuestra especie toda. Maximilien Rubel en su artículo Contra el pacifismo nuclear afirmaba: «Si es técnicamente posible hacer una cosa, esta debe hacerse. Si es posible fabricar armas nucleares, deben fabricarse aunque se corra el riesgo que nos destruyan a todos. Si es posible ir a la Luna o a otros planetas, debe irse aunque queden muchas necesidades insatisfechas en la Tierra. (…) Todo lo que la tecnología hace posible, lleva consigo la obligación de realizarlo». Sabemos cómo funciona el capitalismo a través de la tecnología. Desde el momento en que “gracias” a los teléfonos móviles existe la posibilidad de ser localizables de forma permanente, esto se nos impone socialmente como una obligación, los mismos localizados contribuimos a hacer cumplir tal condena.

Si no luchamos contra las condiciones materiales que garantizan la explotación y la dominación de la ganancia sobre la vida, con su necesario racismo, machismo y diferentes maneras de desprecio entre seres humanos, acabaremos ajustando nuestros cuerpos a las necesidades del mercado, de los designios tecnológicos, y no seremos ya tratados como cosas, seremos literalmente cosas.

RESISTENCIAS MENORES. OPINIONES MAYORES

«Son ocho las escuelas incendiadas en la Provincia de Buenos Aires» 29 de abril, 2016.
«Más de cien escuelas en Kenia fueron incendiadas por sus propios alumnos. El Gobierno decidió llevar a más de un centenar de estudiantes ante los tribunales y los acusó de conspiración»
28 de julio, 2016.

«Vándalos, inadaptados y drogadictos»; «falló la integración»; «hay que asignar más recursos a educación y menos a políticas represivas»; «hay que aumentar las horas de cursado, la escolaridad doble turno es un estándar en los países nórdicos»; «hay que meterlos a todos en cana»… Cada uno se apresurará a elegir su opinión, ya que nadie quiere recibir con el culo flojo los puntapiés que dan los medios de comunicación.

Aquellos que al salir de un cotidiano trámite en la municipalidad, un banco o una empresa de telefonía móvil, murmuran con malestar que van a prender fuego todo, que van a matar al gerente o a esos hijos de puta, condenarían sin duda a los incendiarios. Quizás lo justifiquen diciendo que «no tiene nada que ver una empresa con una escuela», o con algún otro vericueto patriótico/ciudadanista. Pero en el fondo parecería que odian y antagonizan a quienes se atreven a hacer lo que ellos y ellas solo se permiten pensar en esos míseros segundos de bronca, en los que el Estado y el Capital les “falló”. Más aún, se verán obnubilados por el hecho de que los atacantes no robaron nada… ¿Una actividad criminal, premeditada, cuyo móvil —directo o indirecto— no es el ánimo de lucro? Solo puede ser obra de individuos con problemas mentales.

El sabelotodo, que hizo los deberes y sabe que en Kenia “pasan cosas raras”, acusará como buen cosmopolita occidental a musulmanes, grupos guerrilleros o bandas tribales. «Nos enteramos de que los chicos de otras escuelas incendiadas ya estaban de vacaciones, y quisimos lo mismo» dijo uno de los jóvenes incendiarios, casi como adelantándose insolentemente a las hordas de opinólogos.

Los demás, los ciudadanos que fielmente respetan la legalidad y las normas éticas imperantes, que están fervorosamente integrados a esta sociedad y nunca jamás tienen pensamientos suicidas, agresivos o sediciosos, no tendrían opinión alguna. Y es porque solo existen en los modelos de estadistas y en la ideología ciudadanista que nos somete.

Los pedagogos se resignan crecientemente y se refugian reconociendo la derrota de la escuela como elemento integrador e igualitario, explicitando la natural degradación de este espacio a meras tareas de contención. ¿Contención para que no ocurra qué? Pensamos. Mientras tanto pibes de todo el mundo le presentan resistencia a su obligación, con las herramientas que tienen a mano y sin ninguna ilusión de que la crítica de las escuelas venga del lado de los funcionarios de la escolarización.

TRES IMPORTANTES NOTICIAS DE LA LUCHA SOCIAL

La rabia y el dolor movilizan a cientos en respuesta a la violencia del progreso capitalista. Es común lo que sigue, la lucha impulsa en distintos lugares a generaciones que ni siquiera se adivinan entre sí a oponerse a los mandatos de la economía para defender la vida. El devenir de la lucha social está lleno de idas, venidas y, qué duda cabe, grandes fracasos. La gestión, el negociado, el realismo expresado en conformismo, la confianza más ingenua en promesas políticas o la apatía general son constantes en situaciones donde, como un chispazo, se encendió la rebelión y así como llegó se fue. Y lo peor es que la reacción capitalista nunca se queda quieta ahí donde el proletario fracasa. Allí donde claudicamos, el Capital encuentra terreno fértil para seguir expandiéndose. Esa expansión continúa generando resistencia. En la lucha de la Humanidad contra quienes la convierten en mercancía se expresan victorias, grandes o pequeñas, que se extienden más o menos en el tiempo. Qué alegría es poder conocerlas para hacerlas nuestras y que revivan en nuestras luchas de hoy. Y qué alegría mayor cuando esas victorias se están produciendo ahora y acá cerca y vemos cómo, por momentos, los explotados reunidos y movilizados sirven de escudo contra los ataques del armatoste capitalista.

Desde Malvinas Argentinas en Córdoba y Andalgalá en Catamarca

Aunque todavía sin comunicado oficial (1) todo indica que Monsanto abandona el pueblo cordobés después de cuatro años de lucha y casi tres de bloqueo directo a la construcción de la planta. Los rebeldes enfrentaron las sucesivas represiones de la policía local y la UOCRA, y también las contrariedades que nunca faltan entre los mismo vecinos.

La empresa ordenó el desmantelamiento de lo poco que se había construido y puso el terreno en venta. Aún así se mantendrá el bloqueo hasta que hayan sacado el último tornillo. Es bueno recordar también que a inicios del año pasado la multinacional Syngenta canceló su proyecto de semillas transgénicas en Villa María a causa del bloqueo. Doble triunfo entonces.

Veremos qué depara el futuro, ya que hay rumores de que Bayer, reciente adquisidora de Monsanto, instalará laboratorios en el predio.

En Andalgalá, tras más de seis años de asambleas, marchas, cortes y enfrentamientos contra Agua Rica, propiedad de Yamana Gold, el juez Cecenarro ordenó frenar todas las actividades de la minera. El último paso es realizar un nuevo informe de impacto ambiental.

Uno de los puntos cúlmine de la lucha se dio el 15 de febrero del 2010. La gendarmería y la policía reprimieron el corte a la empresa e inmediatamente se desató la pueblada exigiendo la libertad de los detenidos, arremetiendo contra los perros del orden y destruyendo e incendiando propiedades del Estado y la minera.

¡Facundo Jones Huala está en libertad!

El 1° de septiembre Facundo Jones Huala, detenido en Esquel desde el 27 de mayo y con pedido de extradición a Chile (ver La Oveja Negra nro. 41) quedó en libertad.

Se cayó el pedido de extradición y aunque parecía que se lo iba a derivar a prisión domiciliaria inmediatamente después la Justicia ordenó su libertad total. Se registraron, como tantas veces en estos casos, enormes irregularidades en la causa, incluyendo torturas a testigos para crear testimonios falsos.

Durante su detención fueron muchas las expresiones de solidaridad, no solo en la zona sino en otras regiones de Argentina y del mundo.

Compartimos sus palabras al momento de pisar nuevamente las calles. Palabras de amplio sentido universal que resuenan en la Patagonia, en Córdoba, en Catamarca y en cualquier lugar del mundo donde se sublevan los corazones contra la mercancía:

«Quiero aprovechar este momento para agradecer a todo mi pueblo, al pueblo nación Mapuche y a todos los revolucionarios y progresistas que aún viven en esta sociedad, para que podamos liberar de la opresión a todo el mundo porque no solamente los mapuches tenemos derecho a luchar. Espero que en este momento histórico empiece a replantearse todo el mundo la verdadera historia y la estructura de esta sociedad capitalista y opresora que nos mantiene en la miseria, que se mantiene a fuerza de represión y tortura por culpa de esos perros de azul que nos tienen encarcelados y que cuidan los intereses de los poderosos, de los ricos. Nosotros, la nación Mapuche vamos a darle una lección de historia y vamos a cambiar esta historia de opresión que durante ciento treinta años nos ha mantenido en la marginación.

Así que hermanos muchas gracias. Esto es el resultado de la movilización de todas las comunidades de ambos lados de la cordillera y de la gente que solidariamente ha comprendido el nivel de conciencia de nuestra nación, el nivel de conciencia de nuestros milicianos, de nuestros combatientes. ¡Un abrazo y saludo muy grande a todos mis peñi y lamien que combaten a ambos lados de la cordillera! ¡A los weychafes que arriesgan su vida todos los días, y no importante que los baleen, no importa que los gaseen, siguen combatiendo por la libertad! ¡Somos combatientes ancestrales de la libertad pu peñi, pu lamien! ¡Hasta vencer o morir! ¡Mari chi Weu!» (2)


Notas:
(1) Monsanto usó el medio capitalista La Voz del Interior para anunciarlo como mera noticia. Ver: «Monsanto puso a la venta su terreno y se desactiva el proyecto».
(2) Peñi: Hermano, Lamien: hermana, Weychafes: Guerreros, Pu: prefijo que da sentido plural a las palabras, Mari chi Weu: diez veces venceremos.